Estimado en Cristo Campeador:
Campeador escribió:Hola, esta duda me surge siempre que veo a alguien pidiendo por la calle, o a gente en necesidad.
Como pongo en el título, ¿cómo hemos de ejercer la caridad? ¿Cómo hemos de amar al prójimo?
Evidentemente la pregunta "¿cómo hemos de amar al prójimo?" es un tema complejo, ya el hermano montealegredelariv ha citado apropiadamente las Obras de Misericordia tradicionalmente reconocidas por la Iglesia, aunque la respuesta se puede dar todavía más resumida: tenemos el mandato de amar al prójimo
como Cristo nos ha amado. Es decir, entregándonos por él hasta la Cruz.
Sin embargo, en todo el contexto, se puede ver que tu pregunta en realidad no es tan genérica, sino referida a la circunstancia concreta de cómo asistir a la gente en necesidad y/o pidiendo en la calle. Y aquí es donde "se complica" la cuestión, porque eso nos introduce al tema de
qué significa amar a ese prójimo como Cristo nos ha amado.
Tú te planteas de entrada la dificultad sobre decidir si es mejor una asistencia directa, o si es mejor darla através de un asociación:
Y, un caso en concreto (siempre me quedo con esta duda en el interior), si no das limosna a un pobre, ¿estás faltando a la caridad, o al amor al prójimo? ¿Hemos de dar limosna a los pobres en las calles, o es mejor dárselo a alguna asociación de caridad, como Cáritas?
Lo que, profundizando un poco, plantea en realidad varias disyuntivas:
1. La ayuda en sí misma: ¿qué es más eficiente? ¿dar una moneda a cada uno de dos pobres que se ve en la calle, con lo cual cada una de esas personas podría comprarse, digamos un kilo de arroz? ¿o dar dos monedas a una asociación que con esas mismas dos monedas, por acuerdos, donativos y economía de escala, podría comprar hasta 5 kilos de arroz, beneficiando entonces con la misma cantidad a 5 familias en vez de nada más a 2?
2. La distribución de la ayuda: ¿qué es más eficaz? ¿cómo podrá mi ayuda beneficiar realmente a quien yo quiero beneficiar? ¿los 5 kilos irán realmente a familias en necesidad? ¿o 3 1/2 llegarán a las mesas de los funcionarios de la asociación, dejano en 1 1/2 las familias beneficiadas con mis dos monedas? ¿Podré llegar a través de la asociación a las personas que realmente son las más necesitadas y que yo no sé ni dónde buscar? ¿o podré llegar a una familia realmente no tan necesitada que vive muy lejos, pero no llegar a los verdaderamente pobres que viven a mi lado y que me encontré y desatendí en mi camino? ¿quién es, pues, mi prójimo? ¿la persona más necesitada del mundo? ¿o la persona necesitada que Dios puso en mi camino? ¿y a cualquiera de ellos puedo llegar a través de la asociación? ¿y yo directamente?
3. La caridad real implicada. Esto va relacionado con lo anterior (bueno, en realidad todos estos puntos están relacionados). San Pablo nos recuerda que repartir bienes en sí mismo NO ES necesariamente caridad. Puede existir repartición de bienes sin caridad:
Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada.
I Corintios 13, 3
Luego, el repartir bienes NO nos garantiza vivir la Caridad, sino es al revés: la Caridad es lo que nos debe mover a repartir los bienes. Pero ¿acaso puedo amar a quien no conozco? o, más precisamente ¿puedo decir que amo en Cristo a quien está en necesidad pero no conozco, si a quien si conozco no le amo ni le ayudo? Entonces, si meramente recurro a la asociación ¿realmente estoy amando, o estoy meramente repartiendo mis bienes para "cumplir" o "sentirme bien"?
4. La persona ayudada. ¿Realmente la estoy ayudando? ¿realmente lo que le doy gratuitamente le ayuda a resolver un problema? ¿o no más bien pudiera estar resolviendo la superficie, pero agravando el fondo de su problema, fomentando su vagancia tal vez, financiando el acceso a drogas, etc.? ¿la asociación puede tener mejor control que el que yo pueda tener sobre estos factores (es decir, ayudar a quien realmente lo va a aprovechar de manera constructiva)?
5. La naturaleza de la ayuda misma ¿qué es mejor, en virtud de varios de los puntos anteriores, dar las monedas, o mejor ir a comprar los kilos de arroz; donde tal vez yo mismo puedo obtener una mejor economía de escala, es decir, tal vez por 5 monedas yo puedo conseguir 8 kilos, de donde cada moneda beneficiaría no a las 2.5 familias por moneda de la asociación, pero tampoco a una sola familia por moneda, que es lo que pasa si les doy a ellos las monedas, sino a 1.6 familias por moneda; y donde además me aseguro que la ayuda es al menos algo bueno y nutritivo, si bien sigo sin controlar si estoy fomentando o no la vagancia.
En fin, ciertamente es una preocupación legítima:
Me surgen todas estas preguntas porque a veces me pregunto si de verdad estoy amando bien al prójimo,tal como nos lo mandó N.S. Jesucristo, y me preocupó más de otras cosas.
Gracias!
Un saludo en Cristo.
Y, como puedes ver de todas las disyuntivas anteriores, y sobre muchos otros aspectos que no hemos mencionado, pero con los que podríamos abundar por páginas y páginas, las decisiones no son NADA sencillas. Hay demasiadas variables, y la mayor parte de ellas las desconocemos y/o están fuera de nuestro control. Las asociaciones pueden tener un poco más de control en algunos aspectos, pero no en todos, y, por otra parte, finalmente lo que controlan, lo controlan ellos, no nosotros, por lo que para nosotros lo que la asociación haga o no, sigue estando fuera de control (y al respecto sobran ejemplos de fraudes en asociaciones de ayuda, tanto ficticias, como reales).
Asi pues, habiendo tantas variables tan fuera de control, es imposible aspirar siquiera a tomar una decisión óptima informada y racional sobre cómo ejercer nuestra ayuda.
Pero, como te podrás haber dado ya cuenta, el asunto también ha dado muchas vueltas dentro de la cabeza de un servidor, por lo que entiendo perfectamente tu preocupación. Y bueno, Dios me ha dado la Gracia de contar con tres respuestas particulares de sacerdotes que considero de "primerísima línea" (tanto a los sacerdotes como las respuestas):
a) Del padre Stanley Jaki, relatando una experiencia con otro sacerdote hindú ante el aparentemente innumerable número de pequeños niños en evidente necesidad que llegaban a pedirles ayuda (la respuesta original incluía citas de Santo Tomás de Aquino, pero no recuerdo los detalles, sino tan solo el núcleo de la respuesta): no puedes siquiera aspirar a tener una idea de la necesidad real que pudiera tener cada uno de ellos, por lo cual no puedes seleccionar a quién darle más o menos, ni a quién darle o no, para excluir o favorecer a alguien, tendrías que saber mucho más de esa persona de lo que puedes llegar a saber; por tanto, dale a todos, pero pequeñas cantidades, pues así te alcanzará para darle a todos (o a muchos) aunque sea un poco, y así también obligarás a que no todo sea tan sencillo como estirar la mano, sino tiene que haber también un esfuerzo de su parte para obtener lo que necesitan.
Como comentario adicional de un servidor a esta opinión: cuando alguien externa tener una necesidad mayor, una necesidad tan costosa que no sea lógico pedirle que logre alcanzar mediante la acumulación de pequeños donativos, por ese mismo hecho, por requerir de uno una atención particular y especial, le da derecho a uno a averiguar más sobre qué necesita exactamente, porqué y para qué, asi como derecho para pedirle pruebas o evidencia de que lo que dice es verdad. Esto, desde luego, exige más involucramiento y atención de uno que la simple decisión de dar o no dar, es decir, comienza a exigir verdadera Caridad, amor por el prójimo para ayudarle a resolver su verdadera situación, y no meramente la "aspirina de conciencia" de soltar la moneda. Por demás, en mi experiencia, que no es ya tan pequeña, la mayor parte de la gente que pide ayuda para algo especial no está diciendo la verdad; sin embargo, esto no puede simplemente suponerse, sino hay que tener alguna prueba de que es así. Estos dos puntos tienen que ver más con las dos opiniones que siguen.
b) Del padre Chinchachoma (Alejandro Garíca Durán) quien dedicó su vida al servicio, cuidado y rehabilitación de niños de la calle; su opinión fue más o menos esto: "dales, pero no les des mucho dinero, porque necesitan poco; ni les des nada más dinero, sino, sobre todo, si quieres hacerles un bien, dales también un consejo; diles que no pueden estar en la calle para siempre, sino deben buscar cómo salir adelante".
Luego abundó diciendo que había que darles, porque, si te piden, es porque necesitan: si necesitan comida, pedirán para comprar comida, y eso comprarán; si necesitan llegar a un lado, pedirán para pagar el transporte y eso pagarán; si necesitan para llevarlo a un adulto que los está explotando, lo usarán para evitar que ese adulto los maltrate; si necesitan droga (y esto es ciertamente controversial, pero impresionante por venir de quien vino: alguien que dedicó su vida a tratar de erradicar de ellos esos vicios) para eso te pedirán, y para eso lo usarán.
En cuanto a esto último, lo que entendió un servidor (y espero no haber mal-interpretado al padre), no solo de la respuesta, sino de entender cómo era la vida de estos niños, es que, a lo que se refería el padre, es que si están en la calle y no hay quien les pueda apoyar emocionalmente (cosa que SI tienen cuando estan en una institución, pero entonces normalmente no se les permite pedir, ni por supuesto drogarse), al entrar en una crisis sobre las vivencias tan duras que han tenido tienen básicamente dos opciones: la evasión (por medio de las drogas), o el colapso emocional (lo que típicamente llevará al suicidio). Entonces, subrayando nuevamente que normalmente no tendrás manera de saber en qué usarán el dinero; en cierto sentido se podría decir que, aún si ocurre el peor de los casos: que lo que les des, en vez de usarlo para alimento, lo usen para drogarse; al darles ese dinero y al usarlo ellos en esa "necesidad", podrías estar realmente salvándoles la vida. Por un momento, claro, pues ya sabemos que la droga terminaría acabando con ellos. Pero ese momento de vida "adicional" es el que puede llegar a permitirles ser captados por una institución que verdaderamente atienda a sus necesidades y les ayude a superar sus problemas, dejar los vicios y reincorporarse a la sociedad. Controversial, ciertamente (como muchas otras cosas fueron controversiales en el pensamiento y acción del padre Chinchachoma), pero vuevlo a subrayar que no es un pensamiento basado en la opinión de un cualquiera, sino de una persona que, en opinión de un servidor, realmente amó a los niños de la calle con el Amor de Cristo.
De cualquier manera es importante señalar que sería un craso error pensar que siempre usarán el dinero en drogas. Pues la mayor parte de las veces no será para eso, sino para otras necesidades básicas: comer, transportarse, dormir, etc.
Y es importante también subrayar que, aún cuando no estuviera uno de acuerdo respecto a eso de que incluso lo de las drogas es una necesidad que en ese momento no queda otra sino atender; entonces ese "no estoy de acuerdo" no es tan simple de vivir; porque la alternativa
NO ES el abandono; sino al contrario, la alternativa sería
tomar sobre uno la responsabilidad de resolver esa crisis por medios más constructivos. Y viene entonces la pregunta: ¿tengo la capacidad, preparación y, sobre todo, DISPOSICIÓN para que el niño pueda desfogar en mi esa crisis? y si no, ¿tengo entonces al menos la DISPOSICIÓN y el AMOR para canalizar al niño con quien SI tenga esa capacidad y preparación?
Vemos entonces que es muuuy fácil ponerse en una actitud moralista y puritana de "¡¿cómo que ayudarles aunque se vayan a drogar?!" (lo que ya dijimos que la mayor parte de las veces NO será el caso), mucho más fácil aún es usar eso como pretexto para abandonar al hermano que pide nuestra ayuda; pero muchísimo más difícil es comprometerse realmente con todas las implicaciones que esa actitud moralista conlleva a la hora de vivir la Caridad. Y ese camino NO se puede vivir a medias, si se opta por eso, hay que llevarlo
HASTA EL FINAL.
Ese es el glorioso espectáculo que numerosas organizaciones y congregaciones de la Iglesia han dado al mundo a lo largo y ancho de la historia: vivir la Caridad no solo como ese dar una moneda, con soluciones parciales para "salvar el día", sino con personas capaces de vivir el Amor de Cristo hasta comprometerse a resolver el problema de sus hermanos a fondo.
Por lo que, eso si, si de plano uno no se considera capaz de hacer nada personalmente, que al menos de su talento a los "banqueros" (esas instituciones de la Iglesia que SI son capaces de hacer el trabajo) para que el Señor, a su regreso, al menos lo encuentre con esos "intereses". Pues ya sabemos lo que sucederá si, con el pretexto de un falso moralismo, dejamos bien guardadito el talento para que nadie lo toque y entonces se lo queremos entregar, enterito y reluciente, al Señor a su regreso:
Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes".
San Mateo 25, 30
Ahora bien, siendo realistas, la gran mayoría no va a hacer todo esto, por eso, es mejor dejar de lado esos falsos moralismos, y simplemente tomar el consejo como lo dió el padre: "dales, porque si te piden, es porque necesitan, pero no necesitan mucho..."; lo cual, por demás, no deja de recordar esto otro:
Dale a todo el que te pida, y al que tome lo tuyo no se lo reclames.
San Lucas 6, 30
Pero todo lo anterior solo era la mitad de la respuesta del padre Chinchachoma, la otra mitad es más interesante aún: no les des solo dinero, dales un consejo. Y en esto abundó: te parecerá que es inútil, incluso se voltearán y creerás que ni te han hecho caso, pero creeme que has hecho mucho más de lo que parece, porque fuiste el único de cientas de personas que no se limitó a dar una moneda o una mala cara y siguió de largo; sino fuiste el único que se detuvo, aunque fuese un segundo, a interesarse por ellos. Tu consejo, entonces, lo atesorarán en su corazón como el de la única persona a la que le importó lo que les podía suceder. Y un simple consejo asi, sencillo como "busca una casa-hogar que te ayude", o "no puedes pedir para siempre en la calle, sería bueno que buscaras la manera de aprender un oficio para que después te puedas ganar tú solito tu dinero", puede ser realmente el motivador que los lleve a tener una nueva esperanza, buscar una institución (en las grandes ciudades normalmente los niños ya saben dónde están esas instituciones, es solo cosa de animarlos a ir); o, si no están solos, sino hay un adulto que los está "explotando", a tener miras mayores que las que ese adulto está enseñando e imponiendo, buscando en tíos u otros familiares cómo realmente ir más allá.
Por ese sencillo consejo ciertamente se puede darles e influir en sus vidas muchísimo más que con muchas monedas. Implica, ciertamente, la disposición y el amor de dedicar algo más, aunque sean unos segundos, aunque sea un pequeño esfuerzo más, pero justamente por eso es ya Caridad, y no meramente repartir los bienes sin sentido ni fruto.
c) Un tercer sacerdote, no tan famoso como los dos anteriores, pero ciertamente un buen sacerdote, me dijo una vez una frase, que, si mal no recuerdo, le atribuyó a San Maximiliano María Kolbe (esta autoría no la he podido verificar a pesar de haberlo intentado varias veces): "Si quieres asegurarte de vivir la Caridad en este mundo, tienes que aceptar que serás engañado muchas veces".
En otras palabras, y tomando de las opiniones anteriores, es un hecho que es casi imposible saber para qué realmente nos piden nuestros hermanos necesitados que alargan sus manos buscando nuestra ayuda, pero entonces, ante la imposibilidad de saber con certeza, y pese a que sabemos que hay muchos vividores por ahí, en general es mejor aceptar la posibilidad de ser engañados que tomar una actitud de negar la ayuda llenos de suspicacia. En el primer caso, lo peor que puede pasar es que quien nos engañó lleve con ello la responsabilidad de su mentira, nosotros simplemente habremos ayudado a nuestro prójimo; mientras que, en el segundo caso, corremos el riesgo de dejar de ayudar a quien REALMENTE necesitaba nuestro apoyo, es decir, a Cristo que necesitaba de nuestra atención. Claramente es mejor aceptar la posibilidad de ser engañado que la de darle la espalda a Cristo.
Insisto en el punto de que, cuando se trata de un apoyo mayor, en el solo hecho de considerar darlo adquiere uno un cierto "derecho" de averiguar más, el cual se funda precisamente en que si uno le da todo lo que puede a esa persona, y la necesidad es falsa, entonces no tendrá uno ya para ayudar a otros que pudieran tener necesidades verdaderas; por tanto, por justicia a los demás, es necesario que quien pide mucho justifique porqué necesita tanto. Y si no puede o no quiere justificarlo, bueno, pues además de que "estadísticamente" tenemos un altísimo grado de probabilidad de que no es verdad lo que se nos está diciendo (por lo cual YA NO estamos en esa situación de ignorancia total que ha jugado un papel importante en las consideraciones anteriores), por otro lado tampoco tenemos una justificación que nos permita diferenciar la ayuda que se le da a esa persona respecto a la que se le da a cualquier otra. En esos casos podemos dar (lo normal) pero incluso con una amonestación en contra de la mentira: "si usted necesita para algo y no ha logrado conseguir trabajo para ganarlo, pida, que hay disposición de apoyarle, pero pida para lo que necesita, no se invente un cuento".
En fin, creo que ya te dí material para darle 500,000 vueltas más al asunto de las que de por si seguramente ya le habías dado. Pero, al final, lo importante es que te des cuenta de que es imposible saber con certeza qué es lo que "se debe" hacer en cada situación, simplemente desconocemos la mayor parte de la información que necesitaríamos para siquiera intentar evaluar objetivamente la situación.
Por tanto, sin dejar de considerar los elementos fundamentales de los consejos anteriores (que espero haber logrado reflejar fielmente) lo más importante es remitirse a ese gran consejo que nos dio San Agustín:
"Ama y haz lo que quieras".
Porque, mas que una razón rodeada de limitaciones, el Amor de Cristo es el que realmente nos ayudará a discernir las diferentes situaciones y actuar con verdadera Caridad y Justicia en cada ocasión. Dejemos, pues, que sea Cristo El que Actúe en nosotros, y Él hará Su Obra sin que nosotros nos compliquemos tanto el pensamiento.
Que Dios te bendiga.