PREHISTORIA Y GENESIS

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PREHISTORIA Y GENESIS

Notapor Aristides » Dom Ago 02, 2015 11:47 am

Hola,
Leí el otro día que hallaron cráneos de homínidos de más de 40.000 años y tengo entendido que según la Iglesia desde adán a nosotros hay unos 6000 años. Tampoco estoy seguro dónde vi lo de los 6000 años pero creo que fue de la datación histórica que la propia biblia hace de las épocas descritas de los personajes bíblicos. Lo que sí está claro es que la cifra 40.000 se sale de cualquier interpretación bíblica. ¿Cómo se puede explicar esto? La historia de Adan contradice la del hombre prehistórico? Si la paleontología nos dice que los primeros hombres eran simiescos y adan fue hecho a imagen y semejanza de Dios algo no cuadra.
gracias
Aristides
 
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Re: PREHISTORIA Y GENESIS

Notapor eduarod » Mar Ago 04, 2015 11:47 pm

Estimado en Cristo Aristides:

En realidad el asunto es simple: lo que no cuadra es realizar una interpretación fundamentalista de la Escritura al estilo de ciertos grupos protestantes, lo cual NO ES lo que dice la Iglesia. Por consiguiente, en realidad lo que tenías entendido era erroneo: NO es correcto afirmar que "según la Iglesia" desde Adán a nosotros hay unos 6000 años. De hecho, la Iglesia NO se pronuncia respecto a este tipo de cuestiones que la propia Iglesia reconoce y señala que son competencia de las ciencias respectivas. La Iglesia, pues, ACEPTA lo que la ciencia seria y bien fundamentada pueda establecer al respecto. Lo cual, dicho sea de paso, en la actualidad NO SON 40,000 años o algo similar, sino los estimados de la aparición del ser humano sobre la Tierra andan entre 1 y 2 MILLONES de años.

Te dejo un texto del Papa Francisco para que conozcas mejor la posición católica en la materia:
Estáis afrontando el tema altamente complejo de la evolución del concepto de naturaleza. No entraré en absoluto, lo entendéis bien, en la complejidad científica de esta importante y decisiva cuestión. Quiero sólo destacar que Dios y Cristo caminan con nosotros y están presentes también en la naturaleza, como lo afirmó el apóstol Pablo en el discurso en el areópago: «Pues en Él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17, 28). Cuando leemos en el Génesis el relato de la creación corremos el riesgo de imaginar que Dios haya sido un mago, con una varita mágica capaz de hacer todas las cosas. Pero no es así. Él creó los seres humanos y los dejó desarrollarse según las leyes internas que Él dio a cada uno, para que se desarrollase, para que llegase a la propia plenitud. Él dio autonomía a los seres del universo al mismo tiempo que les aseguró su presencia continua, dando el ser a cada realidad. Y así la creación siguió su ritmo durante siglos y siglos, milenios y milenios hasta que se convirtió en lo que conocemos hoy, precisamente porque Dios no es un demiurgo o un mago, sino el Creador que da el ser a todas las cosas. El inicio del mundo no es obra del caos que debe a otro su origen, sino que se deriva directamente de un Principio supremo que crea por amor. El Big-Bang, que hoy se sitúa en el origen del mundo, no contradice la intervención de un creador divino, sino que la requiere. La evolución de la naturaleza no se contrapone a la noción de creación, porque la evolución presupone la creación de los seres que evolucionan.

Respecto al hombre, hay un cambio y una novedad. Cuando, el sexto día del relato del Génesis, llega la creación del hombre, Dios da al ser humano otra autonomía, una autonomía distinta a la autonomía de la naturaleza, que es la libertad. Y dice al hombre que ponga nombre a todas las cosas y que siga adelante a lo largo de la historia. Lo hace responsable de la creación, para que domine la creación, para que la desarrolle y así hasta el fin de los tiempos. Así, pues, al científico, y sobre todo al científico cristiano, le corresponde la actitud de interrogarse acerca del futuro de la humanidad y de la tierra, y, como ser libre y responsable, cooperar a prepararlo, preservarlo, y a eliminar los riesgos del medio ambiente tanto naturales como humanos. Pero, al mismo tiempo, el científico debe estar movido por la confianza de que la naturaleza oculte, en sus mecanismos evolutivos, las potencialidades que corresponde a la inteligencia y a la libertad descubrir y poner en práctica para llegar al desarrollo que está en el designio del Creador. Entonces, por muy limitada que sea, la acción del hombre participa en el poder de Dios y es capaz de construir un mundo adecuado a su doble vida corpórea y espiritual; construir un mundo humano para todos los seres humanos y no para un grupo o una clase de privilegiados. Esta esperanza y confianza en Dios, autor de la naturaleza, y en la capacidad del espíritu humano son capaces de dar al investigador una energía nueva y una serenidad profunda. Pero es también verdad que la acción del hombre, cuando su libertad se convierte en autonomía —que no es libertad, sino autonomía— destruye la creación y el hombre ocupa el sitio del Creador. Y este es el grave pecado contra Dios Creador.
SESIÓN PLENARIA DE LA ACADEMIA PONTIFICIA DE LAS CIENCIAS
DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
Lunes 27 de octubre de 2014


El punto es que el lenguaje de la Escritura NO ES un lenguaje riguroso en el que se tenga que entender textualmente todo lo que se dice. Sino que, técnicamente hablando, es un lenguaje MÍTICO en el cual lo importante es transmitir HECHOS y enseñanzas fundamentales, pero NO de la manera rigurosa en la que solemos expresar las cosas importantes hoy en día; sino en un lenguaje especialmente apto para ser MUY resistente a las deformaciones propias de la transmisión oral de las historias y enseñanzas; forma de transmisión (la oral) que durante muchísimo tiempo fue la ÚNICA opción antes de la invención de la escritura. AsÍ, el lenguaje mítico debe ser tal que, a pesar de que se quiten o pongan detalles en la historia, como suele hacerse en la transmisión oral, la ESENCIA de lo que se quiere transmitir permanezca inalterada. Y es entonces bajo ese lenguaje mítico que la humanidad durante muchos siglos transmitió lo que creía importante transmitir a las futuras generaciones. No es de extrañar entonces en lo más mínimo que, cuando el pueblo de Israel fue movido por el Espíritu Santo a poner en forma Escrita sus enseñanzas ancestrales, estas estuvieran codificadas en ese lenguaje mítico que, por lo mismo, fue el utilizado por los Autores Sagrados Inspirados por Dios que Escribieron los PRIMEROS Libros de la Santa Biblia.
Y, por supuesto, no es de extrañar tampoco cómo este lenguaje fue desapareciendo en forma más o menos rápida una vez que la Escritura ya estaba firmemente establecida en Israel.
Como todos estos aspectos téncicos respecto al lenguaje mítico no suelen ser del dominio público, la Iglesia NO suele usar esa expresión para referirse al estilo en que fueron escritos muchos pasajes de la Escritura, sino suele decir "lenguaje simbólico" o expresiones equivalentes, las que son mucho mejor comprendidas por el común de los fieles, pero a veces tiene el riesgo de que EQUIVOCADAMENTE se inteprete entonces que todo lo que se dice es más bien como una fábula o un cuento, y se OLVIDE entonces que el lenguaje mítico SI EXPRESA cosas REALES; y esto aún cuando no toda la textualidad o literalidad de la manera en que lo expresa sea completamente real a su vez. El Catecismo realiza una explicación clara de estas cuestiones al referirse no propiamente al relato de la Creación, sino al de la caída del hombre:
Para leer el relato de la caída

390 El relato de la caída (Gn 3) utiliza un lenguaje hecho de imágenes, pero afirma un acontecimiento primordial, un hecho que tuvo lugar al comienzo de la historia del hombre (cf. GS 13,1). La Revelación nos da la certeza de fe de que toda la historia humana está marcada por el pecado original libremente cometido por nuestros primeros padres (cf. Cc. de Trento: DS 1513; Pío XII: DS 3897; Pablo VI, discurso 11 Julio 1966).

Vemos claramente cómo en este texto del Catecismo se ven LOS DOS elementos que hemos señalado: la REALIDAD del acontecimiento o hecho que tuvo lugar, pero la EXPRESIÓN de este hecho REAL en la forma de imágenes y NO de una descripción detallada y rigurosamente exacta.

Que Dios te bendiga.
eduarod
 
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