Que quiere Dios de nosotros

La Teología es la ciencia de Dios en cuanto Dios, conocida a partir de la revelación. La Teología es y debe seguir siendo la humilde sierva de la Palabra de Dios. Al ser un servicio, la Teología tiene que ejercer su tarea en comunión con el Magisterio. En las materias difíciles entre las que se mueve es compatible que haya cierta diversidad de opiniones, no graves, en el marco de la unidad de la fe y la fidelidad al Magisterio, ya que la historia demuestra que siempre ha habido lugar en la Iglesia para una gran diversidad de teólogos y de teologías. La fe es una, sí, pero ¡qué diferencia existe entre las teologías de Justino, Cipriano, Orígenes, San Agustín o Santo Tomás de Aquino! Esta diversidad también trae ventajas para la Iglesia y ha sido fuente de progreso teológico. Por ello este es un espacio de discusión sobre temas opinables de la teología, pero estrictamente dedicado a lo que se opina en las diversas escuelas para exponer y defender una u otra posición y dar de esta forma una visión de conjunto, recordando que no hay verdadera Teología sin Magisterio y sin fe

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Que quiere Dios de nosotros

Notapor apiter » Lun Dic 28, 2015 4:01 pm

Mi pregunta parece fácil pero para mi no se si lo es tanto, y es, que es lo que Dios quiere de nosotros, es decir de cada uno de nosotros, de las personas comunes que trabajamos todos los días, no somos poderosos ni influimos en las masas y somos uno mas del monton, lo primero que me viene en la mente son las palabras de Jesús, Amar a Dios y a tu prójimo, pero si somos realistas nunca lo hacemos como lo hizo Jesús, siempre podemos Amar mas a Dios y ciertamente podemos hacer mas por el otro, creo que no es posible para la mayoría (por lo menos hablo por mi) tener la caridad de la Madre Teresa o Rezar con tanta devoción como las monjas y monjes de clausura, y por supuesto que siempre caemos en algún pecado que por pequeño que sea no quiere decir que no sea importante, lo que quiero decir es que las personas comunes que tenemos que vivir (sobrevivir) en el mundo no le dedicamos todo el tiempo a Dios que el merece, tampoco somos perfectamente buenos, y para colmo caemos en el pecado, como podemos hacer para agradar mas a Dios?
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Re: Que quiere Dios de nosotros

Notapor eduarod » Mar Dic 29, 2015 1:33 am

Estimado en Cristo apiter:

No caigamos en el error del mundo de juzgar la importancia de las cosas en función de lo "grandes", "influyentes" o "apantalladoras" que puedan llegar a ser.
Recordemos que, a los ojos del mundo, la vida de Nuestra Santísima Madre fue una verdadera insignificancia. Lo que la hizo relevante fue el amor y fidelidad con el que la vivió... y ve nada más lo que surgió de ahí.
Por demás, tenemos el MANDATO de Jesús de amarnos unos a otros NO meramente como a nosotros mismos (eso era la ley y los profetas) sino como ÉL nos Amó. Y si nos lo pide, es que TENEMOS la Gracia para HACERLO. Si no lo hacemos, eso entonces es simple y necesariamente porque NO QUEREMOS y NO porque NO PODAMOS.
Eso no quiere decir que tengamos que fingir mucha caridad o devoción, sino eso quiere decir que debemos dejar de interponer nuestro egoismo para permitir a Dios Hacer Su Obra en nosotros.
TODOS estamos llamados a la santidad, pero eso no quiere decir necesariamente una santidad "relevante" a los ojos del mundo, sino puede ser una santidad vivida en la pequeñez y humildad de nuestra vida ordinaria... pero, eso si, vivida con MUCHO amor y fidelidad a Dios.

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Re: Que quiere Dios de nosotros

Notapor apiter » Mar Dic 29, 2015 9:04 am

Gracias por tu respuesta eduarod, tu ejemplo sobre Nuestra Santisima Madre es sencillo de entender y aclaro mis dudas, me gustaría, si no es mucha molestia, algún material o comentario mas sobre el amor al prójimo.
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Re: Que quiere Dios de nosotros

Notapor eduarod » Mié Dic 30, 2015 3:06 am

Estimado en Cristo apiter:

Tendemos a pensar que el amor que requiere la santidad se obtiene por una especie de ascesis o auto-negación digna de las voluntades más firmes y heroicas, vamos, algo inalcanzable para los simples mortales. Nos lo imaginamos como la resistencia de un maratonista o de un iron-man que se insensibiliza al esfuerzo, el sufrimiento y el dolor con tal de lograr su objetivo. Vamos, algo cercano al masoquismo más puro. Y, obviamente, sentimos que no tenemos ni la fuerza ni las ganas como para buscar algo así nosotros mismos.
Pero la realidad es que, si actuamos así, no solamente no tenemos un amor verdadero, sino lo que tenemos es una actitud cercana a un desorden mental (o ya tenemos el desorden francamente declarado). Peor aún, tal actitud, lejos de ayudar a aquellos que se pretende amar, en realidad suele ser más bien inútil y hasta estorbosa.
Es tal el estereotipo que se nos ha creado en ese sentido, que resulta un tanto difícil combatirlo de manera directa. Afortunadamente, sin embargo, podemos recurrir a imágenes sencillas que nos ayudarán mucho más a entender el verdadero trasfondo de la cuestión.
Imaginemos el caso de una señora, a la que le podemos preguntar si desea quedarse toda una noche en vela sin dormir, cuando tiene cosas importantes que hacer al día siguiente. No por entretenerse en algún evento nocturno, sino simplemente sentada en una silla. Naturalmente que cualquier señora en su sano juicio nos volteará a ver con cara de extrañeza y nos preguntará si creemos que está loca o qué es lo que sucede.
Pongamos ahora el caso de que esa señora sea una madre de familia, y que la silla esté colocada junto a la cama de su hijo. Por lo que ahora le preguntamos a la señora si quiere quedarse toda la noche en vela mirando a su hijo dormir plácidamente. Quizá si es una madre primeriza y se trata de la primera o segunda noche que tiene a su hijo, nos contestará que ella no quiere que le pase nada al niño y que desde luego que se quedará cuidándolo todas las noches enteras hasta que el niño cumpla 30 años. Pero la tercera noche en que el niño con su llanto pidiendo comida la deje realmente sin dormir una vez más, lo que nos pedirá es un somnífero junto con una fórmula mágica para que el niño se pueda dormir toda la noche. Y a partir de ahí nos verá con la misma cara de si creemos que está loca cuando le preguntemos si quiere quedarse toda la noche sentada en una silla junto a la cama del niño teniendo que hacer múltiples actividades al día siguiente.
Ahora bien, supongamos que el niño está enfermo y con fiebre, sin que la descripción de los síntomas le haya permitido al doctor al que hablaron por teléfono tener un claro diagnóstico del problema, habiendo este aconsejado algunas medidas de control, y habiendo pedido que le lleven al niño a primera hora de la mañana urgentemente para revisarlo. La mirada de que si creemos que está loca o qué nos pasa nos la dirigirá ahora la mamá no si le preguntamos que si quiere quedarse sin dormir toda la noche junto al niño, sino si nos ponemos a insistir en que ella también debería descansar, que tiene cosas que hacer al día siguiente, y que deje al niño y se vaya a dormir. Y por supuesto que se quedará la noche entera en vela no pudiendo esperar a que amanezca, pero no para ya poder ir a descansar, sino para poder llevar al niño al médico y asegurarse de que esté bien.
Esa es la diferencia entre el vano heroísmo pseudo-masoquista que solemos imaginar y atribuir a los santos, respecto al verdadero amor. El verdadero amor NO anda en busca de dificultades o de acciones sobresalientes, heroicas o admirables simplemente por la dificultad o la complicación misma. Por el contrario, como la señora que no le ve sentido a pasar la noche en vela nada más porque si, no tiene el menor sentido y es más bien propio de un desorden mental el querer pasar esas dificultades nada más porque si. Pero, en cambio, al igual que la madre que ni siente el cansancio por la preocupación que tiene por su hijo, el verdadero amor de un santo de algún modo ni se entera de las dificultades que pasa para ayudar a otros. Y es que el verdadero amor no se entrega nada más para apantallar o porque si, sino se entrega cuando ve que el ser amado necesita algo que uno tiene y que, al dárselo, puede aliviar el sufrimiento o las dificultades en el otro y, entonces, sin pensar en si mismo, simplemente entrega lo que tiene para que el otro pueda estar mejor. Y así como nos admira que la mamá tan fácilmente se pase la noche en vela por su niño, así también es que nos admiran las obras del santo. Y nos admiran precisamente porque no es algo que nosotros haríamos nada más porque si, pues nos costaría mucho trabajo hacerlo. Pero, insisto, el secreto NO está en dominar la voluntad para que sufra y quiera lo que naturalmente no quiere sufrir ni querer. Sino el secreto está en que la voluntad se niegue a sí misma porque no le interesa de momento lo que le ocurre a sí misma, sino le interesa mucho más lo que le ocurre al ser amado y cómo puede contribuir a remediar su estado de necesidad.

Ahora bien, el gran obstáculo que solemos encontrar para hacer eso es nuestro egoísmo. Pero nuestro egoísmo, hay que entenderlo bien si queremos superarlo, NO es gratuito. Somos egoístas porque nos damos cuenta de lo limitados que somos, y nos damos cuenta de que, si damos de lo que tenemos, tendremos aún menos de lo que teníamos al principio. Por consiguiente, nos gusta evaluar con mucho cuidado si lo que vamos a dar "vale la pena" en el sentido de que lo daremos como inversión para acabar obteniendo más de lo que dimos; ya sea directamente nosotros mismos u obteniendo "algo más" en la persona de un tercero al que queremos beneficiar.
Otra imagen que nos puede ayudar a entender bien esto es la de un donador de sangre: sabemos que necesitamos nuestra sangre para vivir y que no tenemos mucha (unos pocos litros), por lo que no la damos nada más porque si: es francamente cuestión de un loco o un suicida pedir que le saquen la sangre nada más porque si. Pero sabemos que podemos ayudar a otros si, de manera mesurada y controlada, damos tan solo un poco de nuestra sangre para que otra persona que la necesita viva. Sin embargo, por lo general no vamos donando sangre a cualquiera y nada más porque si. Sino la mayor parte de los donadores solo dona cuando un pariente o amigo lo necesita porque sabe que con algo que no lo va a matar, sino tan solo si acaso debilitar un poco, puede contribuir a ayudar y salvar la vida a esa persona amada.
Algo curioso ocurre, sin embargo, cuando las personas se encuentran en situación de que no consiguen los donadores que necesita un familiar enfermo, y de pronto, por el regalo de un donador altruista, reciben la sangre que necesitaban. Es muy posible que entonces alguno de los familiares se convierta también en donador altruista, pues es su manera de agradecer el regalo que de manera tan gratuita y desinteresada recibió.
Pues bien, eso mismo es lo que nos pasa cuando nos damos cuenta REALMENTE del Amor de Dios. Pues nos damos cuenta de que lo que Dios nos Puede y Quiere dar es MUY SUPERIOR a aquello que podemos llegar a perder si nos damos nosotros mismos a los demás.
El que ha experimentado el Amor de Dios se da cuenta de que no tiene que andar vigilando y dando a cuenta gotas eso que tiene para no correr el riesgo de llegar a quedarse sin nada; pues SABE que Dios le dará MUCHO MÁS de lo que en su propia entrega puede llegar a dar él mismo en favor de otros. Y, por eso, es que se puede olvidar de si mismo y puede comenzar a preocuparse por lo que otros necesitan y por cómo puede contribuir a remediar esa necesidad. Lo cual hace gustosa esta persona en agradecimiento de todo lo que sabe que en su momento y sin merecerlo de manera igualmente gratuita recibió.
El secreto para alcanzar la santidad y realmente comenzar a amar profundamente al prójimo, entonces, NO consiste en un pseudo-masoquista y falsamente heroico esfuerzo al que no le importa quedarse sin nada, lo que no puede hacerse con esta simple razón más que si la persona de manera patológica tiene instintos auto-destructivos (justo como el suicida al que no le importa llegar a quedarse sin sangre).
Sino el secreto consiste, simplemente, en abrirse a experimentar plenamente el Amor de Dios en nuestra vida. Quien se llega a percatar de la forma y plenitud en que es Amado por Dios, queda en ello mismo capacitado y en libertad para amar a otros de manera semejante.
Y la verdad es que eso no es nada extraordinario ni imposible de alcanzar, sino es algo que TODOS tenemos MUY a la mano. Lo único que necesitamos es tener la humildad necesaria para decir: "no conseguí 'la sangre' que me voy a abrir a la posibilidad de que un donador anónimo me la de y a sentir el agradecimiento que de ello se derive y sus consecuencias"; pero no, algo dentro de nosotros nos dice: "no quiero sentir ese agradecimiento, me da miedo que me vuelva DEMASIADO generoso por culpa de ello, y me sienta entonces OBLIGADO a dar más de lo que ahora quiero dar; mejor me empeño en conseguir yo la sangre para no tener esa 'deuda' con nadie". Y entonces, tontamente, nos empeñamos en conseguir la sangre sin importarnos si en ese inútil empeño acabamos obstaculizando la operación de nuestro familiar. Y eso es lo que hacemos casi siempre para negarnos a ver el Amor que Dios nos Manifiesta de manera continua y creer que de esa manera "evitamos" tener que corresponder con agradecimiento a los dones que creemos no haber recibido... sin percatarnos de que TODO lo que somos y tenemos es en realidad un Don Suyo.
La verdad es que, cuando lo ponemos así de claro, es muy evidente esa tontería que continuamente hacemos, y parece ridículo que nos empeñemos tanto en hacerla. Pero la realidad es que tenemos tanto miedo de tener que agradecer, que nos vale un pepino y nos empeñamos hasta la muerte en seguir haciendo esas tonterías sin sentido.
Todo lo que tenemos que hacer entonces es librarnos de ese miedo a tener que agradecer, pudiendo entonces comenzar a sentir sin limitaciones ni reservas el Amor de Dios, y eso en si mismo nos capacitará para amar a los demás en la forma, tiempo y lugar en que Dios necesita que les amemos.

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Re: Que quiere Dios de nosotros

Notapor apiter » Mié Dic 30, 2015 3:09 pm

Muchas gracias eduarod por extender tu respuesta.
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Re: Que quiere Dios de nosotros

Notapor kurisusu » Jue Ene 07, 2016 2:54 pm

apiter escribió:Mi pregunta parece fácil pero para mi no se si lo es tanto, y es, que es lo que Dios quiere de nosotros, es decir de cada uno de nosotros, de las personas comunes que trabajamos todos los días, no somos poderosos ni influimos en las masas y somos uno mas del monton, lo primero que me viene en la mente son las palabras de Jesús, Amar a Dios y a tu prójimo, pero si somos realistas nunca lo hacemos como lo hizo Jesús, siempre podemos Amar mas a Dios y ciertamente podemos hacer mas por el otro, creo que no es posible para la mayoría (por lo menos hablo por mi) tener la caridad de la Madre Teresa o Rezar con tanta devoción como las monjas y monjes de clausura, y por supuesto que siempre caemos en algún pecado que por pequeño que sea no quiere decir que no sea importante, lo que quiero decir es que las personas comunes que tenemos que vivir (sobrevivir) en el mundo no le dedicamos todo el tiempo a Dios que el merece, tampoco somos perfectamente buenos, y para colmo caemos en el pecado, como podemos hacer para agradar mas a Dios?
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El que seamos insignificantes y no influyamos en las masas no significa que no podamos de alguna manera servir a Dios, buscar el camino de la santidad y ayudar a los pocos que se cruzan en nuestros caminos :).

Yo creo que Dios quiere que seamos felices, que vivamos en donde nos tocó vivir con lo poco que nos tocó y seamos felices, siguiendo sus caminos, obrando el bien y amando al prójimo.

Todos somos imperfectos, siempre caemos en pecado de una u otra forma porque es nuestra naturaleza, sin embargo, nosotros mismos podemos buscar evitar caer en pecado valiéndonos de las armas que Dios nos ha dado: la oración, el asistir a misa, comulgar, confesarse y estar en gracia. Dios nos da muchos medios para evitar el pecado, para luchar contra ello y para buscar ir siempre a su lado por el buen camino.

Yo comprendo perfectamente lo que dices, pues yo, tampoco soy alguien importante para el mundo, pero la diferencia aquí es que soy y eres y todos somos importantes para Dios, aún y que el mundo nunca nos note. Dios siempre nos va a notar y nos va a cuidar, nos acompaña.

Busca primero el reino de Dios, y lo demás se dará por añadidura. Dentro de tu rutina diaria, dentro de tus ratos libres, busca orar. La oración hace mucho bien al alma. Platica con Dios sobre tu día, sobre tus obras, sobre lo que te preocupa. Cada día tiene su afán y verás que aunque no sea mucho, cada día puedes hacer algo por tí y por tu prójimo y ser feliz, claro está ^^.

¡Dios te bendiga! ;)
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Re: Que quiere Dios de nosotros

Notapor paubra » Vie Ene 15, 2016 8:22 pm

apiter escribió:Muchas gracias eduarod por extender tu respuesta.
Que Dios y La Santa Virgen te Bendigan.


Buenas noches. Soy nueva en este foro y queria compartir mi opinión.
Coincido con los comentarios y creo que al hacernos a SU imagen y semejanza, Dios nos invita a poner la fe y las obras al servicio de nuestros hermanos, pero en primer lugar, disponerlas para que podamos hacer que nuestra alma llegue a Él.
En mi experiencia personal aún estoy haciendo discernimiento de esta frase "qué quiere Dios de nosotros", como hermana, como amiga, como profesional, como persona y como hija bautizada.
Creo que mi responsabilidad va más allá de lo que la doctrina pueda decir. En mi humilde opinión tengo que poner en práctica lo que aprendí, pero dejar también al corazón actuar, puesto que desde el corazón salen las buenas intenciones.
Espero que Dios los bendiga.
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Re: Que quiere Dios de nosotros

Notapor eduarod » Sab Ene 16, 2016 3:09 am

Estimada en Cristo paubra:

Si, del corazón pueden y deben salir muchas cosas buenas, pero recuerda que el Mismo Cristo nos Enseñó que del corazón TAMBIÉN salen las cosas que manchan al hombre:
Jesús le respondió: «¿Ni siquiera ustedes son capaces de comprender?
¿No saben que lo que entra por la boca pasa al vientre y se elimina en lugares retirados?
En cambio, lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que mancha al hombre.
Del corazón proceden las malas intenciones, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios, las difamaciones.
Estas son las cosas que hacen impuro al hombre, no el comer sin haberse lavado las manos».
San Mateo 15, 16-20

Entonces, desde luego que hay que dejar al corazón actuar, pero no solito, sino SIEMPRE guiado por la Fe y la razón.

Que Dios te bendiga.
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Re: Que quiere Dios de nosotros

Notapor eduarod » Sab Ene 16, 2016 3:17 am

P.D. Y por "guiado por la razón" NO se entienda que hay que "hacer un cálculo matemático" para decirle al corazón si su intención de ayudar a un desamparado es correcta o no. Sino que la razón este al cuidado de que las intenciones del corazón NO entren en contradicción con la Verdad Revelada por Jesucristo. Pues, sobre todo en situaciones difíciles, es común que el corazón se sienta inclinado a actuar en lo que cree es bueno para el prójimo porque a primera vista parece serlo; pero que, a la larga, puede perjudicarle más que ayudarle. Un ejemplo claro es la ideología comunista que llegó a penetrar en la Iglesia bajo el disfraz de las teologías de la liberación inspiradas en el análisis marxista. Se creía ayudar al pobre a obtener justicia, pero en realidad se le estaba perjudicando al hacerle esclavo de una ideología que pone la realidad material por encima de la dignidad del ser humano. Y así como este fenómeno ocurrió en gran escala, en lo personal también nos pueden pasar cosas así, en donde el sufrimiento de un hermano nos tienta a creer que es necesario aplicar soluciones que en realidad son contrarias a las Verdades de la Fe. Es pues la razón la que nos DEBE guiar a no incurrir en estas contradicciones que, lejos de aliviar el sufrimiento, lo incrementarán mucho más.

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Re: Que quiere Dios de nosotros

Notapor martina12 » Mar Feb 09, 2016 6:17 pm

gracias por toda esta informacion me ha sido realmente util

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