Investigación turística 9: La Gran Final

En esta ocasión, en el curso “Basílicas y Capillas papales”, haremos un recorrido virtual por Roma. Nuestro objetivo religioso es claro: las basílicas y capillas papales, una cada semana, pero al mismo tiempo iremos conociendo Roma y todos los atractivos socioculturales que tiene para el turista.


Fecha de inicio del curso: 7 mayo de 2012

Fecha de finalización del curso: 7 julio de 2012

Periodicidad de envió de las lecciones: semanal

Moderadores: Catholic.net, Ignacio S, hini, Moderadores Animadores

Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor J Julio Villarreal M » Mar Jul 03, 2012 2:37 pm

NOVENO MANDAMIENTO:
NO CONSENTIRÁS PENSAMIENTOS NI DESEOS IMPUROS


¿Qué exige el noveno mandamiento?
El noveno mandamiento exige vencer la concupiscencia carnal en los pensamientos y en los deseos. La lucha contra esta concupiscencia supone la purificación del corazón y la práctica de la virtud de la templanza.

¿Qué prohíbe el noveno mandamiento?
El noveno mandamiento prohíbe consentir pensamientos y deseos relativos a acciones prohibidas por el sexto mandamiento.

¿Cómo se llega a la pureza del corazón?
El bautizado, con la gracia de Dios y luchando contra los deseos desordenados, alcanza la pureza del corazón mediante la virtud y el don de la castidad, la pureza de intención, la pureza de la mirada exterior e interior, la disciplina de los sentimientos y de la imaginación, y con la oración.

¿Qué otras cosas exige la pureza?
La pureza exige el pudor, que, preservando la intimidad de la persona, expresa la delicadeza de la castidad y regula las miradas y gestos, en conformidad con la dignidad de las personas y con la relación que existe entre ellas. El pudor libera del difundido erotismo y mantiene alejado de cuanto favorece la curiosidad morbosa. Requiere también una purificación del ambiente social, mediante la lucha constante contra la permisividad de las costumbres, basada en un erróneo concepto de la libertad humana.


COMENTARIO:
El noveno mandamiento de la Ley de Dios es: "No consentirás pensamientos ni deseos impuros." Quiere decir que seamos puros y castos en pensamientos y deseos. El hombre debe mirar a la mujer con el máximo respeto y delicadeza a su dignidad, honor y pureza. Y lo mismo debe hacer la mujer respecto al hombre. En todos los pensamientos, deseos y miradas debe reinar la pureza y la honestidad. El mismo Jesucristo, en el Sermón de la Montaña, nos dice: "Habéis oído que fue dicho: No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón." (Mateo, 5.) Un joven puede mirar a una chica por encantadora y bella que es y complacerse en conversar con ella. Esto es noble y bueno. Pero mirarla con deseos impuros es pecado grave.
Los espectáculos como el cine, el teatro, etc., en si son buenos, una película o una representación teatral buenas son altamente educativas, forman el gusto artístico, educan el espíritu, lo elevan a un plano de vida digno y noble. Pero si el teatro y cine que se ve es inmoral, no se debe asistir, pues nos incitan al pecado. Son focos de corrupción y destruyen las buenas costumbres.
Para llevar una vida de pureza, lo mejor es frecuentar la Comunión. Cristo nos dará fortaleza y gracia para mantenernos castos y puros. El demonio no podrá contra vosotros. También es muy conveniente la consagración diaria a la Virgen María. Ella cuidará de nuestra alma.
Si nos aplicamos serenamente al trabajo y al estudio; si llevamos una vida sana, llena de alegría, nos libraremos de muchos peligros contra la pureza.
¿Cuál sería la norma de Conducta?
Que mis pensamientos, deseos y miradas sean limpios y puros. Jesucristo lo quiere.

Este mandamiento se refiere a los pecados internos contra la castidad: pensamientos y deseos. Nuestra moral cristiana no es una moral persona que finge sentir lo que no siente, que se fija sólo en lo externo; al contrario, exige una congruencia entre el acto interno de la voluntad y la acción externa.

Hoy la televisión propaga las fantasías sexuales. Es un modo de difundir la inmoralidad, pues dicen los psicólogos que la idea lleva al acto. Por eso la moral católica manda rechazar los pensamientos y deseos deshonestos.

Quien sinceramente desea evitar un acto prohibido, debe evitar también el camino que lleva a él. Se trata, naturalmente, de deseos de cosas prohibidas. Para los esposos son lícitos los deseos de todo aquello a lo que tienen derecho. Igualmente los novios pueden desear que llegue el día de su matrimonio.

Es claro que para que haya pecado en este mandamiento, como en cualquier otro, es necesario desear o recrearse voluntariamente en lo que está prohibido hacer. Quien tiene malos pensamientos, imaginaciones o deseos contra su voluntad, no peca. Sentir no es consentir. El sentir no depende muchas veces de nosotros; el consentir, siempre. El pecado está en el consentir, no en el sentir.

Siente el cuerpo, consiente el alma. Y quien peca es el alma, no el cuerpo.



http://www.es.catholic.net/conocetufe/3 ... hp?id=3556

http://www.es.catholic.net/abogadoscato ... p?id=25263
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor algarra » Mar Jul 03, 2012 2:42 pm

Hola a todos:
La verdad nunca había visto completo el catecismo de la Iglesia, solo los compendos que nos dan cuando vamos a celebrar algún sacramento, asi es que no me siento capacitada para hacer algun comentario.
Me propongo leerlo con calma, aunque para esta investigación voy a escoger alguna parte para comentar.
Gracias por todo Hinni y espero que sigamos juntos en otros cursos para aprender más acerca de nuestra religion
Alejandra :D

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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor Maria de Guadalupe » Mar Jul 03, 2012 6:32 pm

Le agradezco a Hini y a todos lo que hicieron posible este curso, por toda la información y no solamente de las construcciones arquitectónicas, sino también de la información espiritual que nos dieron, agradezco de todo corazón el que haya personas que se preocupen y dediquen su tiempo a este tipo de cursos.
También les agradezco a los compañeros por la información extra que no dieron a conocer.
Y doy Gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de haberme hecho llegar este precioso curso. ;)
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor PEPITA GARCIA 2 » Mar Jul 03, 2012 6:42 pm

CARTA APOSTÓLICA« LAETAMUR MAGNOPERE »
Imagen
por la que se aprueba la edición típica latina del Catecismo de la Iglesia Católica

A los Venerables Hermanos Cardenales, Patriarcas, Arzobispos, Obispos, Presbíteros, Diáconos y demás miembros del Pueblo de Dios

JUAN PABLO II, OBISPO, SIERVO DE LOS SIERVOS DE DIOS PARA PERPETUA MEMORIA

Es motivo de gran alegría la publicación de la edición típica latina del Catecismo de la Iglesia Católica, que apruebo y promulgo con esta Carta apostólica, y que se convierte así en el texto definitivo de dicho Catecismo. Esto tiene lugar casi cinco años después de la promulgación de la Constitución Apostólica Fidei depositum, del día 11 de octubre de 1992, la cual encabezaba la publicación del texto del Catecismo universal, redactado en lengua francesa, y editado con ocasión del trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II.

Todos hemos podido comprobar felizmente la acogida positiva general y la vasta difusión que el Catecismo ha tenido durante estos años, especialmente en las Iglesias particulares, que han procedido a la traducción a sus respectivas lenguas, para hacerlo más accesible a las diversas comunidades lingüísticas del mundo. Este hecho confirma cuán oportuna fue la petición que me presentó la Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos de 1985, proponiéndome que se elaborara un Catecismo o compendio de toda la doctrina católica, tanto de la fe como de la moral.

Con la citada Constitución Apostólica, que conserva aún hoy su validez y actualidad, y encuentra su aplicación definitiva en la presente edición típica, aprobé y promulgué el Catecismo, que fue elaborado por la correspondiente Comisión de cardenales y obispos instituida en 1986.

Esta edición la ha preparado una Comisión formada por miembros de los diversos dicasterios de la Sede Apostólica, que constituí con dicha finalidad en 1993. Presidida por el cardenal Joseph Ratzinger, dicha comisión ha trabajado asiduamente para cumplir el mandato recibido. Ha dedicado particular atención al examen de las numerosas propuestas de modificación de los contenidos del texto, que durante estos años han llegado de varias partes del mundo y de diferentes componentes del ámbito eclesial.

A este respecto, se puede notar oportunamente que el envío tan considerable de propuestas de mejora manifiesta, en primer lugar, el notable interés que el Catecismo ha suscitado en todo el mundo, incluso en ambientes no cristianos. Confirma, además, la finalidad del Catecismo de presentarse como una exposición completa e íntegra de la doctrina católica, gracias a lo cual, cualquiera pueda conocer aquello que la Iglesia profesa y celebra, lo que vive y ora en su quehacer diaria. Al mismo tiempo, muestra el gran esfuerzo de todos por querer ofrecer su contribución, para que la fe cristiana, cuyos contenidos esenciales y fundamentales se resumen en el Catecismo, pueda presentarse en nuestros días a los hombres de nuestro tiempo del modo más adecuado posible. A través de esta colaboración múltiple y complementaria de los diversos miembros de la Iglesia se realiza así, una vez más, cuanto escribí en la Constitución Apostólica Fidei depositum: «El concurso de tantas voces expresa verdaderamente lo que se puede llamar sinfonía de la fe»

También por estos motivos, la comisión ha tomado en seria consideración las propuestas enviadas, las ha examinado atentamente a través de las diversas instancias, y ha sometido a mi aprobación sus conclusiones. He aprobado estas conclusiones en la medida en que permiten expresar mejor los contenidos del Catecismo respecto al depósito de la fe católica, o formular algunas verdades de la misma fe del modo más conveniente a las exigencias de la catequesis actual. Y, por tanto, han entrado a formar parte de la presente edición típica latina. Esta repite fielmente los contenidos doctrinales que presenté oficialmente a la Iglesia y al mundo en diciembre de 1992. Con esta promulgación de la edición típica latina concluye, pues, el camino de elaboración del Catecismo, comenzado en 1986, y se cumple felizmente el deseo de la referida Asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos. La Iglesia dispone ahora de esta nueva exposición autorizada de la única y perenne fe apostólica, que servirá de «instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial» y de «regla segura para la enseñanza de la fe», así como de «texto de referencia seguro y auténtico» para la elaboración de los catecismos locales.

En esta presentación auténtica y sistemática de la fe y de la doctrina católica la catequesis encontrará un camino plenamente seguro para presentar con renovado impulso a los hombres de nuestro tiempo el mensaje cristiano en todas y cada una de sus partes. Todo catequista podrá recibir de este texto una sólida ayuda para transmitir, en el ámbito de la Iglesia local, el único y perenne depósito de la fe, tratando de conjugar, con la ayuda del Espíritu Santo, la admirable unidad del misterio cristiano con la multiplicidad de las necesidades y de las condiciones de vida de aquellos a quienes va destinado este anuncio. Toda la actividad catequética podrá experimentar un nuevo y amplio impulso en el Pueblo de Dios si acierta a valorar y a utilizar rectamente este Catecismo postconciliar.

Todo esto resulta aún más importante hoy en los umbrales del tercer milenio. En efecto, es urgente un compromiso extraordinario de evangelización, para que todos puedan conocer y acoger el anuncio del Evangelio, y cada uno pueda llegar «a la madurez de la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13).

Por tanto, exhorto encarecidamente a mis venerables hermanos en el episcopado, a quienes de manera especial queda encomendado el Catecismo de la Iglesia Católica, para que, aprovechando esta notable ocasión de la promulgación de la edición típica, intensifiquen su compromiso a favor de una mayor difusión del texto, y, sobre todo, de su cordial acogida, como don privilegiado para las comunidades a ellos encomendadas, las cuales podrán redescubrir aún más las inagotables riquezas de la fe.

Quiera Dios que, gracias al compromiso concorde y complementario de todos los sectores que componen el Pueblo de Dios, el Catecismo sea conocido y aceptado por todos, para que se fortalezca y se propague hasta los confines del mundo la unidad en la fe que tiene su modelo y principio supremo en la unidad trinitaria.

A María, Madre de Cristo, a quien hoy celebrarnos elevada al cielo en cuerpo y alma, encomiendo estos deseos, a fin de que se realicen para el bien de toda la humanidad.


Castelgandolfo, 15 de agosto de 1997, año decimonoveno de mi pontificado.

IOANNES PAULUS PP II

ESTE CATECISMO DE LA IGLESIA ES UNA JOYA QUE NOS HACE ACERCARNOS Y DESCUBRILO CADA DÍA MÁS A: DIOS. NO DEJEMOS DE ESTUDIARLO Y APLICARLO A NUESTRA VIDA DIARIA
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor PEPITA GARCIA 2 » Mar Jul 03, 2012 7:12 pm

Himi termina el curso, una gra experiencia para todos poder particpar en este magnifico curso.

En lo personal, aprendi y me gusto mucho, aunque apenas vamos iniciando la última sesión que porcierto no la recibí.

Me parece que fuimos menos en dicho curso los que participamos, muy interesante pero muy muy dificil.

Gracias por todo y ojala que recibamos la última sesión para poder aportar lo que nos falta.

Te agradezco a ti y a los colaboradores, a los compañeros y sobre todo a Dios el poder partiipar y hacer este viaje juntos.

Dios te bendiga.

IL DIO BENEDICE A VOI

Oremos y demos gracias a Dios y pidamos unidos por la paz del mundo, de las familias, a Jesús Eucaristía y que interceda S.S. Juan Pablo II

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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor Maria de Guadalupe » Mar Jul 03, 2012 9:27 pm

No se si por este medio puedo pedir que me manden Correos pues nunca me llegaron los temas, todos los busque por la pág. De catholic net. Se los agradezco mucho, gracias :(
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor J Julio Villarreal M » Mié Jul 04, 2012 8:36 am

DÉCIMO MANDAMIENTO:
NO CODICIARÁS LOS BIENES AJENOS


¿Qué manda y qué prohíbe el décimo mandamiento?
Este mandamiento, que complementa al precedente, exige una actitud interior de respeto en relación con la propiedad ajena, y prohíbe la avaricia, el deseo desordenado de los bienes de otros y la envidia, que consiste en la tristeza experimentada ante los bienes del prójimo y en el deseo desordenado de apropiarse de los mismos.

¿Qué exige Jesús con la pobreza del corazón?
Jesús exige a sus discípulos que le antepongan a Él respecto a todo y a todos. El desprendimiento de las riquezas –según el espíritu de la pobreza evangélica– y el abandono a la providencia de Dios, que nos libera de la preocupación por el mañana, nos preparan para la bienaventuranza de «los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mt 5, 3).

¿Cuál es el mayor deseo del hombre?
El mayor deseo del hombre es ver a Dios. Éste es el grito de todo su ser: «¡Quiero ver a Dios!». El hombre, en efecto, realiza su verdadera y plena felicidad en la visión y en la bienaventuranza de Aquel que lo ha creado por amor, y lo atrae hacia sí en su infinito amor.
«El que ve a Dios obtiene todos los bienes que se pueden concebir» (San Gregorio de Nisa).


COMENTARIOS:
El décimo mandamiento desdobla y completa el noveno, referido a la concupiscencia de la carne.
Este mandamiento prohíbe el deseo de los bienes de los demás, raíz de los hurtos, robos, fraudes, atracos, desfalcos, estafas, pillaje, saqueos, hurtos, rateos.etc. El décimo mandamiento tiene como objetivo la intención del corazón, alejando de él la ENVIDIA, y el deseo desordenado nacido de la pasión inmoderada de las riquezas y el poder. Resume, junto con el noveno, todos los preceptos de la ley.
Debemos, pues, apartar nuestros deseos de todo aquello que no nos pertenece ya que la sed de los bienes que no nos pertenecen es inmensa y jamás se ve satisfecha en el hombre, a causa del la inclinación perversa introducida en én por el pecado original. Se trata de un pecado de envidia que designa de hecho la tristeza que sentimos al contemplar los bienes de los demás de donde nace el deseo de apoderarnos de ellos aunque fuere con medios injustos e ilícitos. De la envidia nacen el odio, la maledicencia, la calumnia, el gozo causado por el mal del prójimo y la tristeza causada al contemplar su prosperidad. El cristiano, por el contrario, debe alegrarse del progreso de sus hermanos.
No olvidemos que la oración, la recepción de los sacramentos, la asistencia a la celebración Eucarística del domingo junto con el fervoroso deseo personal de conversión y el esfuerzo de una permanente vigilancia de nuestros bajos instintos, apartan al hombre de la AMBICIÓN y de la ENVIDIA y por el contrario, le inician en el deseo fervoroso del Bien Supremo que es Dios, lo que produce la paz y la satisfacción del hombre.

Los cristianos debemos ordenar rectamente todos nuestros sentimientos, bajo la luz de las Escrituras y la acción del Espíritu santo, presente en nosotros, a fin de que el uso de los bienes de este mundo realizado con deseo de riquezas y no con espíritu de pobreza evangélica, nos impida buscar y hallar el amor perfecto. “Bienaventurados los pobres en el espíritu” (Mt.5,3). Esa llamada de Jesús revela un nuevo orden de felicidad, de gracia y de paz. Jesús celebra la alegría de los pobres a los cuales ya pertenece el Reino de los cielos.
El deseo de la felicidad verdadera aparta al hombre del apego inmoderado a los bienes pasajeros de este mundo, a fin de realizarse en plenitud en la visión y felicidad de Dios. La promesa de ver a Dios supera toda felicidad. En la escritura “ver” es poseer. Quien ve a Dios ha conseguido todos los bienes que pueden concebirse.
San Agustín nos ha dejado estas bellísimas palabras “Allá (al cielo) habrá la gloria verdadera. Nadie será alabado por error o por adulación. Los verdaderos honores ni rechazados a quienes los merecen, ni concedidos a los indignos. Por otra parte, ningún indigno lo pretenderá, allá donde solo serán admitidos los dignos. Allí reinará la paz verdadera, donde nadie hallará oposición, ni en él mismo ni en los demás. Dios mismo será la recompensa de la virtud y se ha prometido Él mismo como el mejor premio, el mas grande que pueda existir. “Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo” (Levítico,1,2). “Dios lo será todo en todos”, nos dice S.Pablo . (I Corintos, 15,28).Y sigue S.Agustín : Allá será Él mismo el fin sin fin de nuestros deseos. Le contemplaremos por siempre y le amaremos sin fatiga.
Y lo alabaremos incesantemente sin jamás cansarnos. Y este don, este amor, esta ocupación, serán, con toda certeza, comunes a todos, como la misma vida eterna”.




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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor maycito » Mié Jul 04, 2012 12:20 pm

Gracias por todo, hemos aprendido y profunizado mucho, sirve para la vida, para transmitirlo a las nuevas generaciones, para hacerlo gustar y vivir como cristianos hoy.

Me gusta del Catecismo mucho la parte de la Iglesia ya que me parece es una sección clara, precisa, concreta que ayuda a comprender lo que en la Tradición debemos comprender y aclarar.

rtículo 9: « Creo en la Santa Iglesia Católica » (748-750)

Párrafo l: La Iglesia en el designio de Dios (751-780)

Los nombre y las imágenes de la Iglesia
Origen, fundación y misión de la Iglesia
El misterio de la Iglesia
Resumen

Párrafo 2: La Iglesia, Pueblo de Dios, Cuerpo de Cristo, Templo del Espíritu Santo (781-810)

La Iglesia, Pueblo de Dios
La Iglesia, Cuerpo de Cristo
La Iglesia, Templo del Espíritu Santo
Resumen

Párrafo 3: La Iglesia es una, santa, católica y apostólica (811-870)

La Iglesia es una
La Iglesia es santa
La Iglesia es católica
La Iglesia es apostólica
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor J Julio Villarreal M » Mié Jul 04, 2012 4:05 pm

EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

¿Qué es la Eucaristía?
La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna.

¿Cuándo instituyó Jesucristo la Eucaristía?
Jesucristo instituyó la Eucaristía el Jueves Santo, «la noche en que fue entregado» (1 Co 11, 23), mientras celebraba con sus Apóstoles la Última Cena.


Imagen

Última cena. Capilla Sixtina, Cosimo Rosselli (1,481 – 1,482)

¿Cómo instituyó la Eucaristía?
Después de reunirse con los Apóstoles en el Cenáculo, Jesús tomó en sus manos el pan, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros». Después tomó en sus manos el cáliz con el vino y les dijo: «Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía».

¿Qué representa la Eucaristía en la vida de la Iglesia?
La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna.

¿Qué nombres recibe este sacramento?
La inagotable riqueza de este sacramento se expresa con diversos nombres, que evocan sus aspectos particulares. Los más comunes son: Eucaristía, Santa Misa, Cena del Señor, Fracción del Pan, Celebración Eucarística, Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, Santo Sacrificio, Santa y Divina Liturgia, Santos Misterios, Santísimo Sacramento del Altar, Sagrada Comunión.

¿Qué lugar ocupa la Eucaristía en el designio divino de salvación?
En la Antigua Alianza, la Eucaristía fue anunciada sobre todo en la cena pascual, celebrada cada año por los judíos con panes ázimos, como recuerdo de la salida apresurada y liberadora de Egipto. Jesús la anunció en sus enseñanzas y la instituyó celebrando con los Apóstoles la Última Cena durante un banquete pascual. La Iglesia, fiel al mandato del Señor: «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11, 24), ha celebrado siempre la Eucaristía, especialmente el domingo, día de la resurrección de Jesús.

¿Cómo se desarrolla la celebración de la Eucaristía?
La celebración eucarística se desarrolla en dos grandes momentos, que forman un solo acto de culto: la liturgia de la Palabra, que comprende la proclamación y la escucha de la Palabra de Dios; y la liturgia eucarística, que comprende la presentación del pan y del vino, la anáfora o plegaria eucarística, con las palabras de la consagración, y la comunión.

¿Quién es el ministro de la celebración de la Eucaristía?
El ministro de la celebración de la Eucaristía es el sacerdote (obispo o presbítero), válidamente ordenado, que actúa en la persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia.

¿Cuáles son los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía?
Los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía son el pan de trigo y el vino de vid.

¿En qué sentido la Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo?
La Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, en el sentido de que hace presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, una vez por todas, sobre la Cruz en favor de la humanidad. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las mismas palabras de la institución: «Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros» y «Este cáliz es la nueva alianza en mi Sangre que se derrama por vosotros» (Lc 22, 19-20). El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Son idénticas la víctima y el oferente, y sólo es distinto el modo de ofrecerse: de manera cruenta en la cruz, incruenta en la Eucaristía.


Imagen

La eucaristía.


¿De qué modo la Iglesia participa del Sacrificio eucarístico?
En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la Eucaristía se ofrece también por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del cielo está unida a la ofrenda de Cristo.

¿Cómo está Jesucristo presente en la Eucaristía?
Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino.

¿Qué significa transubstanciación?
Transubstanciación significa la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. Esta conversión se opera en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, permanecen inalteradas las características sensibles del pan y del vino, esto es las «especies eucarísticas».

La fracción del pan, ¿divide a Cristo?
La fracción del pan no divide a Cristo: Él está presente todo e íntegro en cada especie eucarística y en cada una de sus partes.

¿Cuánto dura la presencia eucarística de Cristo?
La presencia eucarística de Cristo continúa mientras subsistan las especies eucarísticas.

¿Qué tipo de culto se debe rendir al sacramento de la Eucaristía?
Al sacramento de la Eucaristía se le debe rendir el culto de latría, es decir la adoración reservada a Dios, tanto durante la celebración eucarística, como fuera de ella. La Iglesia, en efecto, conserva con la máxima diligencia las Hostias consagradas, las lleva a los enfermos y a otras personas imposibilitadas de participar en la Santa Misa, las presenta a la solemne adoración de los fieles, las lleva en procesión e invita a la frecuente visita y adoración del Santísimo Sacramento, reservado en el Sagrario.

¿Por qué la Eucaristía es el banquete pascual?
La Eucaristía es el banquete pascual porque Cristo, realizando sacramentalmente su Pascua, nos entrega su Cuerpo y su Sangre, ofrecidos como comida y bebida, y nos une con Él y entre nosotros en su sacrificio.

¿Qué significa el altar?
El altar es el símbolo de Cristo mismo, presente como víctima sacrificial (altar-sacrificio de la Cruz), y como alimento celestial que se nos da a nosotros (altar-mesa eucarística).

¿Cuándo obliga la Iglesia a participar de la Santa Misa?
La Iglesia establece que los fieles tienen obligación de participar de la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto, y recomienda que se participe también en los demás días.

¿Cuándo se debe recibir la sagrada Comunión?
La Iglesia recomienda a los fieles que participan de la Santa Misa recibir también, con las debidas disposiciones, la sagrada Comunión, estableciendo la obligación de hacerlo al menos en Pascua.

¿Qué se requiere para recibir la sagrada Comunión?
Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en señal de respeto a Cristo.

¿Cuáles son los frutos de la sagrada Comunión?
La sagrada Comunión acrecienta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia, conserva y renueva la vida de la gracia, recibida en el Bautismo y la Confirmación y nos hace crecer en el amor al prójimo. Fortaleciéndonos en la caridad, nos perdona los pecados veniales y nos preserva de los pecados mortales para el futuro.

¿Cuándo se puede administrar la sagrada Comunión a los otros cristianos?
Los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica, siempre que éstos lo soliciten espontáneamente y tengan las debidas disposiciones.
Asimismo, los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de otras comunidades eclesiales que, en presencia de una grave necesidad, la pidan espontáneamente, estén bien dispuestos y manifiesten la fe católica respecto al sacramento.

¿Por qué se dice que la Eucaristía es «prenda de la gloria futura»?
La Eucaristía es prenda de la gloria futura porque nos colma de toda gracia y bendición del cielo, nos fortalece en la peregrinación de nuestra vida terrena y nos hace desear la vida eterna, uniéndonos a Cristo, sentado a la derecha del Padre, a la Iglesia del cielo, a la Santísima Virgen y a todos los santos.
«En la Eucaristía, nosotros partimos "un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto no para morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre"» (San Ignacio de Antioquía).
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor jair ovallos » Mié Jul 04, 2012 5:00 pm

Mil Gracias... por esta bella experiencia y este tiempo de reflexion y profundizacion de nuestra fe, pienso que terminamos con broche de oro este curso, sobretodo por la riqueza y profundiodad que tiene en catesismo de la Iglesia Catolica... Les comparto una parte que me parece importante en este camino de ser nosotros discipulos y misioneros de Jesús, para ese camino tenemos que ir fortalecidos y alimentarno muy bien, y el mayor alimento ya lo sabemos todo es cristo Eucaristia, pero tambien la Oracion y el catecismo nos ofrece una bonita deficnicion de lo que es :

534. ¿Qué es la oración?

La oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones.

Elevemos nuestro espiritu a Dios todo poderoso y demosle gracias por esta experiencia.... Bendiciones para todos
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor carlos_cossio » Mié Jul 04, 2012 8:35 pm

Bueno me va a tomar toda la semana terminar de leer el Catecismo de la iglesia Cristiana.
Comentare que el sacerdote de nuestra comunidad en su homilía del domingo, pregunto a todo el pueblo asistente: Y ustedes aman a Dios? ; la respuesta general fue : Sí. Inmediatamente nos pregunto los diez mandamientos de la ley de Dios, ninguno pudimos responder de manera completa y menos en orden. La conclusión fue que no podemos amar lo que no conocemos.
Se porto bien y acepto nuestro amor, dado que finalmente pues ahí estábamos. Quedo viva desde luego la situación de sustituir nuestro catecismo infantil algunas veces por un catecismo de adulto, siempre actualizado, reflexionado, compartido y hecho vida en la medida de nuestras limitaciones.
En distintos movimientos de Iglesia que he participado, me llama la atención un cuestionario que me toco levantar donde se relacionaba en forma individual, el tiempo dedicado a la oración y que oraciones se hacían. El resultado fue raquítico.
Y no estamos hablando del rezo diario del Rosario ni de comunión y Eucaristía con la mayor frecuencia que nos sea posible.
Es en estas circunstancias que la existencia del Catecismo brilla como un faro orientador en nuestra vida cristiana.
Ha sido un placer el compartir este curso con ustedes que Dios los guarde y los bendiga; nos vemos pronto.
carlos_cossio
 
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor Liliana Apolonio » Mié Jul 04, 2012 8:51 pm

Para comenzar esta “Gran Final” quiero agradecer a los organizadores de este curso.
Ha sido el primero de este tipo en el que participé y fue de un gran valor, porque con cada tema, con cada invitado se fueron incrementando de una manera importante todos los conocimientos. Me encantó participar del mismo. Hubo algunas investigaciones más sencillas, otras no tanto, pero todas ricas en crecimiento.
Espero por otra parte haber estado a la altura de lo requerido por Uds.
Y, ya en tema, me parece fantástico que el CEC sea el broche de oro, ya que es el “Libro de cabecera” de quienes desde los diferentes ministerios de la Iglesia se nos pide “ser signo” de nuestra fe. Es el material más completo y a la vez sencillo de consultar. Su texto claro, sin lugar a dudas nos permite adentrarnos en los puntos de duda que podamos tener a la hora de ejercer nuestro ministerio en la Iglesia, además de ser el punto de apoyo seguro al que podemos citar para fundamentar nuestras palabras.
Y, haciendo un poco de Historia, es bueno recordar cómo ha nacido.
En el Catecismo de la Iglesia católica ("CEC" por su título en latín Catechismus Ecclesiae Catholicae) es la expresión de la fe de la Iglesia y de su doctrina católica, iluminadas por la Sagrada Escritura, la Tradición apostólica y el Magisterio eclesiástico. A lo largo de la Historia de la Iglesia Universal han sido redactados dos catecismos , éste es uno de ellos, razón por la cual podemos decir que es la fuente segura en la que los católicos podemos informarnos sobre nuestra doctrina y es consecuencia de la renovación iniciada en el Concilio Vaticano II.
Es una verdadera innovación el hecho de que este documento esté orientado al hecho de que los fieles podamos consultarlo, citarlo y tener la absoluta libertad de adentrarnos en él para aprender, confirmar y reforzar conocimientos de nuestra fe.
El CEC es el texto universal para la confección de los catecismos católicos de todo el mundo.
El 25 de enero de 1985 el Papa Juan Pablo II convocó a una sesión extraordinaria del Sínodo de los obispos para agradecer a Dios y celebrar los enormes frutos espirituales productos del Concilio Vaticano II, para conmemorar los veinte años de la clausura del mismo.
De allí, el Sínodo pidió al Papa la redacción de un Catecismo de toda la doctrina católica para que fuese el modelo para los catecismos del mundo y además fuese instrumento de derecho público para la Iglesia Universal, que expusiera con rigor todos los aspectos de la doctrina, expusiera claramente los principios de la moral y la liturgia; siendo a la vez ameno en su lenguaje y adaptado a los tiempos modernos.
Atendiendo el deseo del Sínodo en 1986 el Papa convocó a una Comisión de doce obispos lideradas por el cardenal Joseph Ratzinger (que se convertiría en el Papa Benedicto XVI) para preparar el proyecto del Catecismo.
Ellos abrieron la consulta a toda la Iglesia a través de todos los obispos católicos y los institutos de teología y de catequesis. Durante 6 años se estuvieron revisando las aportaciones de la iglesia mundial, a la par que se iniciaban los trabajos de redacción. Se realizaron nueve versiones del texto, incluyendo las modificaciones de teólogos y expertos de todo el mundo.
Juan Pablo II declaró que se puede decir que el Catecismo es fruto de toda la colaboración del episcopado de la Iglesia católica.
El equipo de redactores quedó compuesto así: de la parte de la confesión de fe se responsabilizaron el Arzobispo Estepa (España) y el Obispo Maggiolini (Italia); de los sacramentos, el Obispo Medina (Chile) y el Arzobispo Karlic (Argentina); y de la parte moral, el Arzobispo Honoré (Francia) y el Obispo Konstant (Inglaterra). Más tarde se decidió dedicar una parte del Catecismo a la oración, y se optó porque la redacción se encomendara a un sacerdote católico del Líbano, el Padre Jean Corbon.
El 11 de octubre de 1992 se publica en francés el Catecismo de la Iglesia católica (CCE) como una exposición oficial de las enseñanzas de la Iglesia católica, por autoridad del papa Juan Pablo II. También se publica una en español derivada de esta primera versión. En el año de 1993 una nueva comisión, liderada nuevamente por Joseph Ratzinger, se encargó de recibir las numerosas modificaciones recibidas de todo el mundo de esta primera versión con el fin de redactar en latín el texto definitivo, proyecto concluido con la publicación de la versión latina oficial el 15 de agosto de 1997, fruto de una intensa labor de más de diez años donde participaron muchos miembros de la Iglesia Universal.
Estructura
El Catecismo se encuentra estructurado de la manera en que tradicionalmente se han estructurado los catecismos católicos: Teología Dogmática, Teología Litúrgica, Teología Moral y Teología Mística. El catecismo actual contiene.
 La Carta Apostólica Laetamur Magnopere, para aprobar la edición típica latina oficial del Catecismo.3
 La Constitución apostólica Fidei depositum, escrita por Juan Pablo II aplicando el Concilio Ecuménico Vaticano II y el deseo del Sínodo de los Obispos de 1986 proclamando la versión inicial del Catecismo.
Muchas gracias por todo lo que nos han regalado
Lili
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor ana fedez » Jue Jul 05, 2012 6:41 pm

Hola amigos de viaje, con mucha pena despedirme de vosotros y los preparadores del curso , nunca imagine que me hiciera tanto bien espero volver a leerles otra vez en proximos cursos de seguro tan bonitos gratificantes y educativos en nuestra fe, que poco sabemos, cuanto mas estudiamos te das cuenta.
Gracias por esta oportunidad, gracias a todos preparadores y "tertulianos" gracias, que Dios les bendiga en sus vidas y les colme de felicidad, se lo merecen...


Hoy quisiera hablar sobre el catecismo y la familia, ya que hace un tiempo hice un trabajo sobre ello y me resulto muy util (llego a mis mano cuando mas lo necesitaba, ya saben Dios siempre" enreda" aunque a veces no te acuerdes de El, El si lo hace...) además como siempre para clarificar y saber más y por supuesto aumentar mi fe y despejar dudas.


ARTÍCULO 4
EL CUARTO MANDAMIENTO

«Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar» (Ex 20, 12).

«Vivía sujeto a ellos» (Lc 2, 51).

El Señor Jesús recordó también la fuerza de este “mandamiento de Dios” (Mc 7, 8 -13). El apóstol enseña: “Hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor; porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa: para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra» (Ef 6, 1-3; cf Dt 5 16).

El catecismo en la vida de la familia

El Catecismo nos dice: “en la creación del mundo y del hombre, Dios ofreció el primero y universal testimonio de su amor todopoderoso y de su sabiduría, el primer anuncio de su «designio benevolente» que encuentra su fin en la nueva creación en Cristo”.[15] Aquí vemos la verdad fundamental según la cual, en el plan de Dios, la creación misma está ordenada a la redención. Por lo tanto, la familia, como realidad creada, encuentra su pleno significado sólo como familia cristiana, como comunidad para la cual Jesucristo mismo es el único Salvador. Jesús hace de esta comunidad un instrumento de su propia obra salvífica en favor de la humanidad. El Catecismo destaca esta realidad al citar la Exhortación Apostólica Familiaris Consortio sobre la familia: “«La familia cristiana constituye una revelación y una actuación específicas de la comunión eclesial; por eso... puede y debe decirse Iglesia doméstica»”.[16] El ver a la familia como Iglesia “en miniatura”, y el llamarla “familia de Dios”, son ideas que han estado presentes desde los primeros siglos del Cristianismo.

San Pablo, en la Carta a los Efesios, trata el misterio de la Iglesia en relación al matrimonio y a la familia. En ella insta a que la relación entre marido y mujer imite el amor sacrificial de Cristo por la Iglesia. En este mismo sentido el Catecismo afirma que “el sacramento del matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo amó a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona así el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna”.[17] La familia tiene una vocación alta en la Iglesia. Por eso el Catecismo dice que ya que la familia es una “comunión de personas”, es “reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo.”

Además de esta imagen Trinitaria, la familia, en “su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de Dios. Está llamada a participar en la oración y el sacrificio de Cristo. La oración cotidiana y la lectura de la Palabra de Dios fortalecen en ella la caridad. La familia cristiana es evangelizadora y misionera”.[18]

Vivir la vocación de “iglesia doméstica” no es seguramente ninguna tarea fácil. Por esta razón quisiera ahora invertir el título que me fue asignado para esta charla, o sea, “La Familia en el Catecismo de la Iglesia Católica”, para sugerir que el Catecismo podría ser una herramienta sumamente útil para la familia en la realización de su vocación y misión.

En primer lugar, el Catecismo mismo ha recibido un nuevo acompañante para servir mejor a las familias. Me refiero al recién publicado “Compendio” del Catecismo que presenta todas las enseñanzas del Catecismo en forma de preguntas y respuestas para hacerlo más accesible. Su contenido está sacado del Catecismo, y hace referencia a éste para un tratamiento más completo de cada pregunta. Así se presenta como particularmente útil para los padres, que son los “primeros catequistas” de sus hijos. Y cuando, en los padres e hijos crezca la gratitud por la belleza del plan salvífico de Dios y vean su verdad más claramente, estarán mejor preparados, no sólo para ser los testigos vivos que, como miembros de toda familia cristiana, están llamados a ser, sino también para transformar el orden social. Sólo entonces podrán colaborar más eficazmente con sus conciudadanos en la creación de un nuevo orden mundial, basado en la justicia, el amor, la paz y la libertad.

Además, el Catecismo y su nuevo Compendio, pueden servir como instrumento para una pastoral familiar más eficaz. Hoy en día muchas familias han encontrado apoyo y formación cristiana en los Nuevos Movimientos Eclesiales surgidos durante el siglo pasado. Lamentablemente, con frecuencia, la célula fundamental de la vida pastoral de la Iglesia, o sea, la parroquia, no presta una asistencia suficientemente eficaz a las familias para vivir su importante vocación en medio de un mundo cada vez más secularizado. En este sentido el Catecismo y el nuevo Compendio son herramientas que pueden ayudar a las familias a profundizar en el conocimiento de la fe, para realizar así los ideales contenidos en las virtudes como estilo de vida “en Cristo”, animándose y apoyándose mutuamente para vivir con amor su fe cristiana, con verdadero espíritu apostólico y misionero.

¡Queridos amigos! Todos estamos experimentando cómo, en nuestra sociedad secularizada, la transmisión de la fe en la familia se hace cada vez más difícil. Por esa misma razón la atención a la familia es importante y urgente. Hablando de este gran desafío, el Papa Benedicto XVI ha dicho en días pasados: “Precisamente en esta situación todos, especialmente nuestros muchachos, adolescentes y jóvenes, necesitan vivir la fe como alegría, gustar la serenidad profunda que brota del encuentro con el Señor. En la encíclica Deus caritas est escribí: «Hemos creído en el amor de Dios: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (n. 1). La fuente de la alegría cristiana es esta certeza de ser amados por Dios, amados personalmente por nuestro Creador, por Aquel que tiene en sus manos todo el universo y que nos ama a cada uno y a toda la gran familia humana con un amor apasionado y fiel, un amor mayor que nuestras infidelidades y pecados, un amor que perdona…

Queridos hermanos y hermanas, esta certeza y esta alegría de ser amados por Dios debe hacerse de algún modo palpable y concreta para cada uno de nosotros, y sobre todo para las nuevas generaciones que están entrando en el mundo de la fe”.[19]

Ambos, el Catecismo y su Compendio, pueden ayudar a las familias y a cada uno de nosotros, a descubrir la belleza de la fe católica y vivirla gozosamente, para transmitirla a las nuevas generaciones, a los padres y madres del mañana.
....

2205 La familia cristiana es una comunión de personas, reflejo e imagen de la comunión del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo. Su actividad procreadora y educativa es reflejo de la obra creadora de Dios. Es llamada a participar en la oración y el sacrificio de Cristo. La oración cotidiana y la lectura de la Palabra de Dios fortalecen en ella la caridad. La familia cristiana es evangelizadora y misionera.


Por supuesto este es solo un pequeño resumen del texto completo que esta en la TERCERA PARTE
LA VIDA EN CRISTO

Espero que al igual que ami les sea de mucha utilidad vale la pena leerlo con calma, claro está igual que el resto del catecismo.
Ana

Ha sido un verdadero placer conocerles!!!!

ARRIVEDERCHI? SE ESCRIBE ASÍ? SEGURAMENTE QUE NO PERO YA ME ENTIENDEN...
ana fedez
 
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor PEPITA GARCIA 2 » Jue Jul 05, 2012 10:42 pm

EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

271. ¿Qué es la Eucaristía? Imagen

1322-/1323 1409
La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna.

272./1323 1337-1340
Jesucristo instituyó la Eucaristía el Jueves Santo, «la noche en que fue entregado» (1 Co 11, 23), mientras celebraba con sus Apóstoles la Última Cena.

273. / 1337-1340 1365, 1406
Después de reunirse con los Apóstoles en el Cenáculo, Jesús tomó en sus manos el pan, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros». Después tomó en sus manos el cáliz con el vino y les dijo: «Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía».

274. /1324-1327 1407
La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna.

275./ 1328-1332
La inagotable riqueza de este sacramento se expresa con diversos nombres, que evocan sus aspectos particulares. Los más comunes son: Eucaristía, Santa Misa, Cena del Señor, Fracción del Pan, Celebración Eucarística, Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, Santo Sacrificio, Santa y Divina Liturgia, Santos Misterios, Santísimo Sacramento del Altar, Sagrada Comunión.

276. / 1333-1334
En la Antigua Alianza, la Eucaristía fue anunciada sobre todo en la cena pascual, celebrada cada año por los judíos con panes ázimos, como recuerdo de la salida apresurada y liberadora de Egipto. Jesús la anunció en sus enseñanzas y la instituyó celebrando con los Apóstoles la Última Cena durante un banquete pascual. La Iglesia, fiel al mandato del Señor: «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11, 24), ha celebrado siempre la Eucaristía, especialmente el domingo, día de la resurrección de Jesús.

277. / 1345-1355 1408
La celebración eucarística se desarrolla en dos grandes momentos, que forman un solo acto de culto: la liturgia de la Palabra, que comprende la proclamación y la escucha de la Palabra de Dios; y la liturgia eucarística, que comprende la presentación del pan y del vino, la anáfora o plegaria eucarística, con las palabras de la consagración, y la comunión.

278./ 1346 1411
El ministro de la celebración de la Eucaristía es el sacerdote (obispo o presbítero), válidamente ordenado, que actúa en la persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia.

279./1412
Los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía son el pan de trigo y el vino de vid.

280. /1362-1367
La Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, en el sentido de que hace presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, una vez por todas, sobre la Cruz en favor de la humanidad. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las mismas palabras de la institución: «Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros» y «Este cáliz es la nueva alianza en mi Sangre que se derrama por vosotros» (Lc 22, 19-20). El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Son idénticas la víctima y el oferente, y sólo es distinto el modo de ofrecerse: de manera cruenta en la cruz, incruenta en la Eucaristía.

281. /1368-1372 1414
En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la Eucaristía se ofrece también por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del cielo está unida a la ofrenda de Cristo.

282. /1373-1375 1413
Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino.

283. /1376-1377 1413
Transubstanciación significa la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. Esta conversión se opera en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, permanecen inalteradas las características sensibles del pan y del vino, esto es las «especies eucarísticas».

284. /1377
La fracción del pan no divide a Cristo: Él está presente todo e íntegro en cada especie eucarística y en cada una de sus partes.

285. /1377
La presencia eucarística de Cristo continúa mientras subsistan las especies eucarísticas.

286./1378-1381 1418
Al sacramento de la Eucaristía se le debe rendir el culto de latría, es decir la adoración reservada a Dios, tanto durante la celebración eucarística, como fuera de ella. La Iglesia, en efecto, conserva con la máxima diligencia las Hostias consagradas, las lleva a los enfermos y a otras personas imposibilitadas de participar en la Santa Misa, las presenta a la solemne adoración de los fieles, las lleva en procesión e invita a la frecuente visita y adoración del Santísimo Sacramento, reservado en el Sagrario.

287. /1382-1384 1391-1396
La Eucaristía es el banquete pascual porque Cristo, realizando sacramentalmente su Pascua, nos entrega su Cuerpo y su Sangre, ofrecidos como comida y bebida, y nos une con Él y entre nosotros en su sacrificio.

288. / 1383 1410
El altar es el símbolo de Cristo mismo, presente como víctima sacrificial (altar-sacrificio de la Cruz), y como alimento celestial que se nos da a nosotros (altar-mesa eucarística).

289. /1389 1417
La Iglesia establece que los fieles tienen obligación de participar de la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto, y recomienda que se participe también en los demás días.

290./ 1389
La Iglesia recomienda a los fieles que participan de la Santa Misa recibir también, con las debidas disposiciones, la sagrada Comunión, estableciendo la obligación de hacerlo al menos en Pascua.

291. /1385-1389 1415
Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en señal de respeto a Cristo.

292. /1391-1397 1416
La sagrada Comunión acrecienta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia, conserva y renueva la vida de la gracia, recibida en el Bautismo y la Confirmación y nos hace crecer en el amor al prójimo. Fortaleciéndonos en la caridad, nos perdona los pecados veniales y nos preserva de los pecados mortales para el futuro.

293. /1398-1401
Los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica, siempre que éstos lo soliciten espontáneamente y tengan las debidas disposiciones.
Asimismo, los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de otras comunidades eclesiales que, en presencia de una grave necesidad, la pidan espontáneamente, estén bien dispuestos y manifiesten la fe católica respecto al sacramento.

294. /1402-1405
La Eucaristía es prenda de la gloria futura porque nos colma de toda gracia y bendición del cielo, nos fortalece en la peregrinación de nuestra vida terrena y nos hace desear la vida eterna, uniéndonos a Cristo, sentado a la derecha del Padre, a la Iglesia del cielo, a la Santísima Virgen y a todos los santos.

«En la Eucaristía, nosotros partimos "un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto no para morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre"» (San Ignacio de Antioquía).

________________ ESTE CAPITULO EN EL QUE HABLA DE LA EUCARISTIA ES UNA DELICIA EN LA QUE APRENDEMOS A RESPETAR, ADORAR Y RECIBIR A JESÚS SACRAMENTADO CON TODA LA HUMILDAD RESPETO, AMOR....OJALA LO PODAMOS HACER CON GRAN RESPETO Y PUREZA LA COMUNIÓN SACRAMENTAL.

¿Cómo debo prepararme para poder recibir la sagrada Eucaristía? Quien quiera recibir la sagrada EUCARISTÍA, debe ser católico. Si fuera consciente de un pecado grave o mortal, debe confesarse antes. Antes de ponerse sobre el altar hay que reconciliarse con el prójimo. [1385-1387, 1415]

Hasta hace pocos años estaba dispuesto no comer nada como mínimo tres horas antes de una celebración eucarística; de este modo se quería estar preparado para el encuentro con Cristo en la COMUNIÓN. Hoy en día la Iglesia pide al menos una hora de ayuno. Un signo de respeto es el vestido, bonito y algo especial, pues al fin y al cabo tenemos una cita con el Señor del mundo.
"No anteponer nada al amor de Dios"

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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor Silviamaria » Vie Jul 06, 2012 9:00 am

Hola, que pena :( que es mi última participación, pero si hay otra convocatoria, me inscribiré :D:

Gracias por las enseñanzas impartidas, por ese tiempo dedicado a nosotros. Sí tengo el Catecismo Católico, pero mentiría al decir que lo he leído todo, por partes sí, es un excelente manual para los católicos, me ha servido mucho en los deberes de Religión, de mis hijos. Siempre lo consulto cuando tengo dudas o quiero reafirmar algún concepto. Pero no lo he leído todo. También mi reconocimiento por ese viaje virtual que me permitió conocer lugares a los que nunca llegaré personalmente y que han reafirmado mi Fe y me invitan a continuar estudiando temas relacionados a nuestra Religión.

Un fuerte abrazo a la distancia a los compañeros e instructores. Recemos mucho para que S.S. Beato Juan Pablo II llegue pronto a los altares. Gracias, :) Gracias.
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor chicha2012 » Vie Jul 06, 2012 6:01 pm

Buenas tarde, quiero agradecer a la señora Hini y a todo el equipo de colaboradores de este segundo curso, por dedicar tiempo para que todos fortalezcamos nuestra fe atraves de las visitas estos lugares y tambien de las enseñanzas de los papas de la historia. Han sido dias de crecimiento espiritual, doy gracias a Dios por la oportunidad de seguir en la fe por medio de estos cursos virtuales, ya llevo dos y realmente me siento cada vez mas comprometido ante los infinitos regalos y gracias que Dios nos da. Para todos mis compañeros de viaje, le pido a Dios su bendicion para que sigan iluminando sus caminos. Solo les quiero pedir que por favor incluyan en sus oraciones a mi pais Venezuela,para que encuentre caminos de fe y luz. Hastaaaaa la proxima....
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor BlancaElena » Vie Jul 06, 2012 11:36 pm

CUARTA PARTE
LA ORACIÓN CRISTIANA

SEGUNDA SECCIÓN
LA ORACIÓN DEL SEÑOR:
"PADRE NUESTRO"

ARTÍCULO 3
LAS SIETE PETICIONES



Imagen


2803. Después de habernos puesto en presencia de Dios nuestro Padre para adorarle, amarle y bendecirle, el Espíritu filial hace surgir de nuestros corazones siete peticiones, siete bendiciones. Las tres primeras, más teologales, nos atraen hacia la Gloria del Padre; las cuatro últimas, como caminos hacia El, ofrecen nuestra miseria a su Gracia. "Abismo que llama al abismo" (Sal 42, 8).

2804. El primer grupo de peticiones nos lleva hacia El, para El: ¡tu Nombre, tu Reino, tu Voluntad! Lo propio del amor es pensar primeramente en Aquél que amamos. En cada una de estas tres peticiones, nosotros no "nos" nombramos, sino que lo que nos mueve es "el deseo ardiente", "el ansia" del Hijo amado, por la Gloria de su Padre,(cf Lc 22, 14; 12, 50): "Santificado sea ... venga ... hágase ...": estas tres súplicas ya han sido escuchadas en el Sacrificio de Cristo Salvador, pero ahora están orientadas, en la esperanza, hacia su cumplimiento final mientras Dios no sea todavía todo en todos (cf 1 Co 15, 28).

2805 El segundo grupo de peticiones se desenvuelve en el movimiento de ciertas epíclesis eucarísticas: son la ofrenda de nuestra esperanza y atrae la mirada del Padre de las misericordias. Brota de nosotros y nos afecta ya ahora, en este mundo: "danos ... perdónanos ... no nos dejes ... líbranos". La cuarta y la quinta petición se refieren a nuestra vida como tal, sea para alimentarla, sea para curarla del pecado; las dos últimas se refieren a nuestro combate por la victoria de la Vida, el combate mismo de la oración.

2806 Mediante las tres primeras peticiones somos afirmados en la fe, llenos de esperanza y abrasados por la caridad. Como criaturas y pecadores todavía, debemos pedir para nosotros, un "nosotros" que abarca el mundo y la historia, que ofrecemos al amor sin medida de nuestro Dios. Porque nuestro Padre cumple su plan de salvación para nosotros y para el mundo entero por medio del Nombre de Cristo y del Reino del Espíritu Santo.


I Santificado sea tu nombre

2807 El término "santificar" debe entenderse aquí, en primer lugar, no en su sentido causativo (solo Dios santifica, hace santo) sino sobre todo en un sentido estimativo: reconocer como santo, tratar de una manera santa. Así es como, en la adoración, esta invocación se entiende a veces como una alabanza y una acción de gracias (cf Sal 111, 9; Lc 1, 49). Pero esta petición es enseñada por Jesús como algo a desear profundamente y como proyecto en que Dios y el hombre se comprometen. Desde la primera petición a nuestro Padre, estamos sumergidos en el misterio íntimo de su Divinidad y en el drama de la salvación de nuestra humanidad. Pedirle que su Nombre sea santificado nos implica en "el benévolo designio que él se propuso de antemano" para que nosotros seamos "santos e inmaculados en su presencia, en el amor" (cf Ef 1, 9. 4).

2808 En los momentos decisivos de su Economía, Dios revela su Nombre, pero lo revela realizando su obra. Esta obra no se realiza para nosotros y en nosotros más que si su Nombre es santificado por nosotros y en nosotros.

2809 La santidad de Dios es el hogar inaccesible de su misterio eterno. Lo que se manifiesta de él en la creación y en la historia, la Escritura lo llama Gloria, la irradiación de su Majestad (cf Sal 8; Is 6, 3). Al crear al hombre "a su imagen y semejanza" (Gn 1, 26), Dios "lo corona de gloria" (Sal 8, 6), pero al pecar, el hombre queda "privado de la Gloria de Dios" (Rm 3, 23). A partir de entonces, Dios manifestará su Santidad revelando y dando su Nombre, para restituir al hombre "a la imagen de su Creador" (Col 3, 10).

2810 En la promesa hecha a Abraham y en el juramento que la acompaña (cf Hb 6, 13), Dios se compromete a sí mismo sin revelar su Nombre. Empieza a revelarlo a Moisés (cf Ex 3, 14) y lo manifiesta a los ojos de todo el pueblo salvándolo de los egipcios: "se cubrió de Gloria" (Ex 15, 1). Desde la Alianza del Sinaí, este pueblo es "suyo" y debe ser una "nación santa" (o consagrada, es la misma palabra en hebreo: cf Ex 19, 5-6) porque el Nombre de Dios habita en él.

2811 A pesar de la Ley santa que le da y le vuelve a dar el Dios Santo (cf Lv 19, 2: "Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios soy santo"), y aunque el Señor "tuvo respeto a su Nombre" y usó de paciencia, el pueblo se separó del Santo de Israel y "profanó su Nombre entre las naciones" (cf Ez 20, 36). Por eso, los justos de la Antigua Alianza, los pobres que regresaron del exilio y los profetas se sintieron inflamados por la pasión por su Nombre.

2812 Finalmente, el Nombre de Dios Santo se nos ha revelado y dado, en la carne, en Jesús, como Salvador (cf Mt 1, 21; Lc 1, 31): revelado por lo que él ss, por su Palabra y por su Sacrificio (cf Jn 8, 28; 17, 8; 17, 17-19). Esto es el núcleo de su oración sacerdotal: "Padre santo ... por ellos me consagro a mí mismo, para que ellos también sean consagrados en la verdad" (Jn 17, 19). Jesús nos "manifiesta" el Nombre del Padre (Jn 17, 6) porque "santifica" él mismo su Nombre (cf Ez 20, 39; 36, 20-21). Al terminar su Pascua, el Padre le da el Nombre que está sobre todo nombre: Jesús es Señor para gloria de Dios Padre (cf Flp 2, 9-11).

2813 En el agua del bautismo, hemos sido "lavados, santificados, justificados en el Nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios" (1 Co 6, 11). A lo largo de nuestra vida, nuestro Padre "nos llama a la santidad" (1 Ts 4, 7) y como nos viene de él que "estemos en Cristo Jesús, al cual hizo Dios para nosotros santificación" (1 Co 1, 30), es cuestión de su Gloria y de nuestra vida el que su Nombre sea santificado en nosotros y por nosotros. Tal es la exigencia de nuestra primera petición.

¿Quién podría santificar a Dios puesto que él santifica? Inspirándonos nosotros en estas palabras 'Sed santos porque yo soy santo' (Lv 20, 26), pedimos que, santificados por el bautismo, perseveremos en lo que hemos comenzado a ser. Y lo pedimos todos los días porque faltamos diariamente y debemos purificar nuestros pecados por una santificación incesante... Recurrimos, por tanto, a la oración para que esta santidad permanezca en nosotros (San Cipriano, Dom orat. 12).

2814 Depende inseparablemente de nuestra vida y de nuestra oración que su Nombre sea santificado entre las naciones:

Pedimos a Dios santificar su Nombre porque él salva y santifica a toda la creación por medio de la santidad... Se trata del Nombre que da la salvación al mundo perdido pero nosotros pedimos que este Nombre de Dios sea santificado en nosotros por nuestra vida. Porque si nosotros vivimos bien, el nombre divino es bendecido; pero si vivimos mal, es blasfemado, según las palabras del Apóstol: 'el nombre de Dios, por vuestra causa, es blasfemado entre las naciones'(Rm 2, 24; Ez 36, 20-22). Por tanto, rogamos para merecer tener en nuestras almas tanta santidad como santo es el nombre de nuestro Dios (San Pedro Crisólogo, serm. 71).

Cuando decimos "santificado sea tu Nombre", pedimos que sea santificado en nosotros que estamos en él, pero también en los otros a los que la gracia de Dios espera todavía para conformarnos al precepto que nos obliga a orar por todos, incluso por nuestros enemigos. He ahí por qué no decimos expresamente: Santificado sea tu Nombre 'en nosotros', porque pedimos que lo sea en todos los hombres (Tertuliano, or. 3).

2815 Esta petición, que contiene a todas, es escuchada gracias a la oración de Cristo, como las otras seis que siguen. La oración del Padre nuestro es oración nuestra si se hace "en el Nombre" de Jesús (cf Jn 14, 13; 15, 16; 16, 24. 26). Jesús pide en su oración sacerdotal: "Padre santo, cuida en tu Nombre a los que me has dado" (Jn 17, 11).


II Venga a nosotros tu reino

2816 En el Nuevo Testamento, la palabra "basileia" se puede traducir por realeza (nombre abstracto), reino (nombre concreto) o reinado (de reinar, nombre de acción). El Reino de Dios está ante nosotros. Se aproxima en el Verbo encarnado, se anuncia a través de todo el Evangelio, llega en la muerte y la Resurrección de Cristo. El Reino de Dios adviene en la Ultima Cena y por la Eucaristía está entre nosotros. El Reino de Dios llegará en la gloria cuando Jesucristo lo devuelva a su Padre:

Incluso puede ser que el Reino de Dios signifique Cristo en persona, al cual llamamos con nuestras voces todos los días y de quien queremos apresurar su advenimiento por nuestra espera. Como es nuestra Resurrección porque resucitamos en él, puede ser también el Reino de Dios porque en él reinaremos (San Cipriano, Dom. orat. 13).

2817 Esta petición es el "Marana Tha", el grito del Espíritu y de la Esposa: "Ven, Señor Jesús":

Incluso aunque esta oración no nos hubiera mandado pedir el advenimiento del Reino, habríamos tenido que expresar esta petición , dirigiéndonos con premura a la meta de nuestras esperanzas. Las almas de los mártires, bajo el altar, invocan al Señor con grandes gritos: '¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia por nuestra sangre a los habitantes de la tierra?' (Ap 6, 10). En efecto, los mártires deben alcanzar la justicia al fin de los tiempos. Señor, ¡apresura, pues, la venida de tu Reino! (Tertuliano, or. 5).

2818 En la oración del Señor, se trata principalmente de la venida final del Reino de Dios por medio del retorno de Cristo (cf Tt 2, 13). Pero este deseo no distrae a la Iglesia de su misión en este mundo, más bien la compromete. Porque desde Pentecostés, la venida del Reino es obra del Espíritu del Señor "a fin de santificar todas las cosas llevando a plenitud su obra en el mundo" (MR, plegaria eucarística IV).

2819 "El Reino de Dios es justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo" (Rm 14, 17). Los últimos tiempos en los que estamos son los de la efusión del Espíritu Santo. Desde entonces está entablado un combate decisivo entre "la carne" y el Espíritu (cf Ga 5, 16-25):

Solo un corazón puro puede decir con seguridad: '¡Venga a nosotros tu Reino!'. Es necesario haber estado en la escuela de Pablo para decir: 'Que el pecado no reine ya en nuestro cuerpo mortal' (Rm 6, 12). El que se conserva puro en sus acciones, sus pensamientos y sus palabras, puede decir a Dios: '¡Venga tu Reino!' (San Cirilo de Jerusalén, catech. myst. 5, 13).

2820 Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. Esta distinción no es una separación. La vocación del hombre a la vida eterna no suprime sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz (cf GS 22; 32; 39; 45; EN 31).

2821 Esta petición está sostenida y escuchada en la oración de Jesús (cf Jn 17, 17-20), presente y eficaz en la Eucaristía; su fruto es la vida nueva según las Bienaventuranzas (cf Mt 5, 13-16; 6, 24; 7, 12-13).


III Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo

2822 La voluntad de nuestro Padre es "que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tm 2, 3-4). El "usa de paciencia, no queriendo que algunos perezcan" (2 P 3, 9; cf Mt 18, 14). Su mandamiento que resume todos los demás y que nos dice toda su voluntad es que "nos amemos los unos a los otros como él nos ha amado" (Jn 13, 34; cf 1 Jn 3; 4; Lc 10, 25-37).

2823 El nos ha dado a "conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en él se propuso de antemano ... : hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza ... a él por quien entramos en herencia, elegidos de antemano según el previo designio del que realiza todo conforme a la decisión de su Voluntad" (Ef 1, 9-11). Pedimos con insistencia que se realice plenamente este designio benévolo, en la tierra como ya ocurre en el cielo.

2824 En Cristo, y por medio de su voluntad humana, la voluntad del Padre fue cumplida perfectamente y de una vez por todas. Jesús dijo al entrar en el mundo: " He aquí que yo vengo, oh Dios, a hacer tu voluntad" (Hb 10, 7; Sal 40, 7). Sólo Jesús puede decir: "Yo hago siempre lo que le agrada a él" (Jn 8, 29). En la oración de su agonía, acoge totalmente esta Voluntad: "No se haga mi voluntad sino la tuya" (Lc 22, 42; cf Jn 4, 34; 5, 30; 6, 38). He aquí por qué Jesús "se entregó a sí mismo por nuestros pecados según la voluntad de Dios" (Ga 1, 4). "Y en virtud de esta voluntad somos santificados, merced a la oblación de una vez para siempre del cuerpo de Jesucristo" (Hb 10, 10).

2825 Jesús, "aun siendo Hijo, con lo que padeció, experimentó la obediencia" (Hb 5, 8). ¡Con cuánta más razón la deberemos experimentar nosotros, criaturas y pecadores, que hemos llegado a ser hijos de adopción en él! Pedimos a nuestro Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo para cumplir su voluntad, su designio de salvación para la vida del mundo. Nosotros somos radicalmente impotentes para ello, pero unidos a Jesús y con el poder de su Espíritu Santo, podemos poner en sus manos nuestra voluntad y decidir escoger lo que su Hijo siempre ha escogido: hacer lo que agrada al Padre (cf Jn 8, 29):

Adheridos a Cristo, podemos llegar a ser un solo espíritu con él, y así cumplir su voluntad: de esta forma ésta se hará tanto en la tierra como en el cielo (Orígenes, or. 26).

Considerad cómo Jesucristo nos enseña a ser humildes, haciéndonos ver que nuestra virtud no depende sólo de nuestro esfuerzo sino de la gracia de Dios. El ordena a cada fiel que ora, que lo haga universalmente por toda la tierra. Porque no dice 'Que tu voluntad se haga' en mí o en vosotros 'sino en toda la tierra': para que el error sea desterrado de ella, que la verdad reine en ella, que el vicio sea destruido en ella, que la virtud vuelva a florecer en ella y que la tierra ya no sea diferente del cielo (San Juan Crisóstomo, hom. in Mt 19, 5).

2826 Por la oración, podemos "discernir cuál es la voluntad de Dios" (Rm 12, 2; Ef 5, 17) y obtener "constancia para cumplirla" (Hb 10, 36). Jesús nos enseña que se entra en el Reino de los cielos, no mediante palabras, sino "haciendo la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt 7, 21).

2827 "Si alguno cumple la voluntad de Dios, a ese le escucha" (Jn 9, 31; cf 1 Jn 5, 14). Tal es el poder de la oración de la Iglesia en el Nombre de su Señor, sobre todo en la Eucaristía; es comunión de intercesión con la Santísima Madre de Dios (cf Lc 1, 38. 49) y con todos los santos que han sido "agradables" al Señor por no haber querido más que su Voluntad:

Incluso podemos, sin herir la verdad, cambiar estas palabras: 'Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo' por estas otras: en la Iglesia como en nuestro Señor Jesucristo; en la Esposa que le ha sido desposada, como en el Esposo que ha cumplido la voluntad del Padre (San Agustín, serm. Dom. 2, 6, 24).


IV Danos hoy nuestro pan de cada día

2828 "Danos": es hermosa la confianza de los hijos que esperan todo de su Padre. "Hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos" (Mt 5, 45) y da a todos los vivientes "a su tiempo su alimento" (Sal 104, 27). Jesús nos enseña esta petición; con ella se glorifica, en efecto, a nuestro Padre reconociendo hasta qué punto es Bueno más allá de toda bondad.

2829 Además, "danos" es la expresión de la Alianza: nosotros somos de El y él de nosotros, para nosotros. Pero este "nosotros" lo reconoce también como Padre de todos los hombres, y nosotros le pedimos por todos ellos, en solidaridad con sus necesidades y sus sufrimientos.

2830 "Nuestro pan". El Padre que nos da la vida no puede dejar de darnos el alimento necesario para ella, todos los bienes convenientes, materiales y espirituales. En el Sermón de la montaña, Jesús insiste en esta confianza filial que coopera con la Providencia de nuestro Padre (cf Mt 6, 25-34). No nos impone ninguna pasividad (cf 2 Ts 3, 6-13) sino que quiere librarnos de toda inquietud agobiante y de toda preocupación. Así es el abandono filial de los hijos de Dios:

A los que buscan el Reino y la justicia de Dios, él les promete darles todo por añadidura. Todo en efecto pertenece a Dios: al que posee a Dios, nada le falta, si él mismo no falta a Dios. (S. Cipriano, Dom. orat. 21).

2831 Pero la existencia de hombres que padecen hambre por falta de pan revela otra hondura de esta petición. El drama del hambre en el mundo, llama a los cristianos que oran en verdad a una responsabilidad efectiva hacia sus hermanos, tanto en sus conductas personales como en su solidaridad con la familia humana. Esta petición de la Oración del Señor no puede ser aislada de las parábolas del pobre Lázaro (cf Lc 16, 19-31) y del juicio final (cf Mt 25, 31-46).

2832 Como la levadura en la masa, la novedad del Reino debe fermentar la tierra con el Espíritu de Cristo (cf AA 5). Debe manifestarse por la instauración de la justicia en las relaciones personales y sociales, económicas e internacionales, sin olvidar jamás que no hay estructura justa sin seres humanos que quieran ser justos.

2833 Se trata de "nuestro" pan, "uno" para "muchos": La pobreza de las Bienaventuranzas entraña compartir los bienes: invita a comunicar y compartir bienes materiales y espirituales, no por la fuerza sino por amor, para que la abundancia de unos remedie las necesidades de otros (cf 2 Co 8, 1-15).

2834 "Ora et labora" (cf. San Benito, reg. 20; 48). "Orad como si todo dependiese de Dios y trabajad como si todo dependiese de vosotros". Después de realizado nuestro trabajo, el alimento continúa siendo don de nuestro Padre; es bueno pedírselo, dándole gracias por él. Este es el sentido de la bendición de la mesa en una familia cristiana.

2835 Esta petición y la responsabilidad que implica sirven además para otra clase de hambre de la que desfallecen los hombres: "No sólo de pan vive el hombre, sino que el hombre vive de todo lo que sale de la boca de Dios" (Dt 8, 3; Mt 4, 4), es decir, de su Palabra y de su Espíritu. Los cristianos deben movilizar todos sus esfuerzos para "anunciar el Evangelio a los pobres". Hay hambre sobre la tierra, "mas no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la Palabra de Dios" (Am 8, 11). Por eso, el sentido específicamente cristiano de esta cuarta petición se refiere al Pan de Vida: la Palabra de Dios que se tiene que acoger en la fe, el Cuerpo de Cristo recibido en la Eucaristía (cf Jn 6, 26-58).

2836 "Hoy" es también una expresión de confianza. El Señor nos lo enseña (cf Mt 6, 34; Ex 16, 19); no hubiéramos podido inventarlo. Como se trata sobre todo de su Palabra y del Cuerpo de su Hijo, este "hoy" no es solamente el de nuestro tiempo mortal: es el Hoy de Dios:

Si recibes el pan cada día, cada día para ti es hoy. Si Jesucristo es para ti hoy, todos los días resucita para ti. ¿Cómo es eso? 'Tú eres mi Hijo; yo te he engendrado hoy' (Sal 2, 7). Hoy, es decir, cuando Cristo resucita (San Ambrosio, sacr. 5, 26).

2837 "De cada día". La palabra griega, "epiousios", no tiene otro sentido en el Nuevo Testamento. Tomada en un sentido temporal, es una repetición pedagógica de "hoy" (cf Ex 16, 19-21) para confirmarnos en una confianza "sin reserva". Tomada en un sentido cualitativo, significa lo necesario a la vida, y más ampliamente cualquier bien suficiente para la subsistencia (cf 1 Tm 6, 8). Tomada al pie de la letra [epiousios: "lo más esencial"], designa directamente el Pan de Vida, el Cuerpo de Cristo, "remedio de inmortalidad" (San Ignacio de Antioquía) sin el cual no tenemos la Vida en nosotros (cf Jn 6, 53-56) Finalmente, ligado a lo que precede, el sentido celestial es claro: este "día" es el del Señor, el del Festín del Reino, anticipado en la Eucaristía, en que pregustamos el Reino venidero. Por eso conviene que la liturgia eucarística se celebre "cada día".

La Eucaristía es nuestro pan cotidiano. La virtud propia de este divino alimento es una fuerza de unión: nos une al Cuerpo del Salvador y hace de nosotros sus miembros para que vengamos a ser lo que recibimos... Este pan cotidiano se encuentra, además, en las lecturas que oís cada día en la Iglesia, en los himnos que se cantan y que vosotros cantáis. Todo eso es necesario en nuestra peregrinación (San Agustín, serm. 57, 7, 7).

El Padre del cielo nos exhorta a pedir como hijos del cielo el Pan del cielo (cf Jn 6, 51). Cristo "mismo es el pan que, sembrado en la Virgen, florecido en la Carne, amasado en la Pasión, cocido en el Horno del sepulcro, reservado en la Iglesia, llevado a los altares, suministra cada día a los fieles un alimento celestial" (San Pedro Crisólogo, serm. 71)


V Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

2838 Esta petición es sorprendente. Si sólo comprendiera la primera parte de la frase, -"perdona nuestras ofensas"- podría estar incluida, implícitamente, en las tres primeras peticiones de la Oración del Señor, ya que el Sacrificio de Cristo es "para la remisión de los pecados". Pero, según el segundo miembro de la frase, nuestra petición no será escuchada si no hemos respondido antes a una exigencia. Nuestra petición se dirige al futuro, nuestra respuesta debe haberla precedido; una palabra las une: "como".

Perdona nuestras ofensas...

2839 Con una audaz confianza hemos empezado a orar a nuestro Padre. Suplicándole que su Nombre sea santificado, le hemos pedido que seamos cada vez más santificados. Pero, aun revestidos de la vestidura bautismal, no dejamos de pecar, de separarnos de Dios. Ahora, en esta nueva petición, nos volvemos a él, como el hijo pródigo (cf Lc 15, 11-32) y nos reconocemos pecadores ante él como el publicano (cf Lc 18, 13). Nuestra petición empieza con una "confesión" en la que afirmamos al mismo tiempo nuestra miseria y su Misericordia. Nuestra esperanza es firme porque, en su Hijo, "tenemos la redención, la remisión de nuestros pecados" (Col 1, 14; Ef 1, 7). El signo eficaz e indudable de su perdón lo encontramos en los sacramentos de su Iglesia (cf Mt 26, 28; Jn 20, 23).

2840 Ahora bien, este desbordamiento de misericordia no puede penetrar en nuestro corazón mientras no hayamos perdonado a los que nos han ofendido. El Amor, como el Cuerpo de Cristo, es indivisible; no podemos amar a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano, a la hermana a quien vemos (cf 1 Jn 4, 20). Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre; en la confesión del propio pecado, el corazón se abre a su gracia.

2841 Esta petición es tan importante que es la única sobre la cual el Señor vuelve y explicita en el Sermón de la Montaña (cf Mt 6, 14-15; 5, 23-24; Mc 11, 25). Esta exigencia crucial del misterio de la Alianza es imposible para el hombre. Pero "todo es posible para Dios".

... como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

2842 Este "como" no es el único en la enseñanza de Jesús: "Sed perfectos 'como' es perfecto vuestro Padre celestial" (Mt 5, 48); "Sed misericordiosos, 'como' vuestro Padre es misericordioso" (Lc 6, 36); "Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que 'como' yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros" (Jn 13, 34). Observar el mandamiento del Señor es imposible si se trata de imitar desde fuera el modelo divino. Se trata de una participación, vital y nacida "del fondo del corazón", en la santidad, en la misericordia, y en el amor de nuestro Dios. Sólo el Espíritu que es "nuestra Vida" (Ga 5, 25) puede hacer nuestros los mismos sentimientos que hubo en Cristo Jesús (cf Flp 2, 1. 5). Así, la unidad del perdón se hace posible, "perdonándonos mutuamente 'como' nos perdonó Dios en Cristo" (Ef 4, 32).

2843 Así, adquieren vida las palabras del Señor sobre el perdón, este Amor que ama hasta el extremo del amor (cf Jn 13, 1). La parábola del siervo sin entrañas, que culmina la enseñanza del Señor sobre la comunión eclesial (cf. Mt 18, 23-35), acaba con esta frase: "Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial si no perdonáis cada uno de corazón a vuestro hermano". Allí es, en efecto, en el fondo "del corazón" donde todo se ata y se desata. No está en nuestra mano no sentir ya la ofensa y olvidarla; pero el corazón que se ofrece al Espíritu Santo cambia la herida en compasión y purifica la memoria transformando la ofensa en intercesión.

2844 La oración cristiana llega hasta el perdón de los enemigos (cf Mt 5, 43-44). Transfigura al discípulo configurándolo con su Maestro. El perdón es cumbre de la oración cristiana; el don de la oración no puede recibirse más que en un corazón acorde con la compasión divina. Además, el perdón da testimonio de que, en nuestro mundo, el amor es más fuerte que el pecado. Los mártires de ayer y de hoy dan este testimonio de Jesús. El perdón es la condición fundamental de la reconciliación (cf 2 Co 5, 18-21) de los hijos de Dios con su Padre y de los hombres entre sí (cf Juan Pablo II, DM 14).

2845 No hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino (cf Mt 18, 21-22; Lc 17, 3-4). Si se trata de ofensas (de "pecados" según Lc 11, 4, o de "deudas" según Mt 6, 12), de hecho nosotros somos siempre deudores: "Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor" (Rm 13, 8). La comunión de la Santísima Trinidad es la fuente y el criterio de verdad en toda relación (cf 1 Jn 3, 19-24). Se vive en la oración y sobre todo en la Eucaristía (cf Mt 5, 23-24):

Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión, los despide del altar para que antes se reconcilien con sus hermanos: Dios quiere ser pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es nuestra paz, nuestra concordia, la unidad en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de todo el pueblo fiel (San Cipriano, Dom. orat. 23: PL 4, 535C-536A).


VI No nos dejes caer en la tentación

2846 Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos "deje caer" en ella. Traducir en una sola palabra el texto griego es difícil: significa "no permitas entrar en" (cf Mt 26, 41), "no nos dejes sucumbir a la tentación". "Dios ni es tentado por el mal ni tienta a nadie" (St 1, 13), al contrario, quiere librarnos del mal. Le pedimos que no nos deje tomar el camino que conduce al pecado, pues estamos empeñados en el combate "entre la carne y el Espíritu". Esta petición implora el Espíritu de discernimiento y de fuerza.

2847 El Espíritu Santo nos hace discernir entre la prueba, necesaria para el crecimiento del hombre interior (cf Lc 8, 13-15; Hch 14, 22; 2 Tm 3, 12) en orden a una "virtud probada" (Rm 5, 3-5), y la tentación que conduce al pecado y a la muerte (cf St 1, 14-15). También debemos distinguir entre "ser tentado" y "consentir" en la tentación. Por último, el discernimiento desenmascara la mentira de la tentación: aparentemente su objeto es "bueno, seductor a la vista, deseable" (Gn 3, 6), mientras que, en realidad, su fruto es la muerte.

Dios no quiere imponer el bien, quiere seres libres ... En algo la tentación es buena. Todos, menos Dios, ignoran lo que nuestra alma ha recibido de Dios, incluso nosotros. Pero la tentación lo manifiesta para enseñarnos a conocernos, y así, descubrirnos nuestra miseria, y obligarnos a dar gracias por los bienes que la tentación nos ha manifestado (Orígenes, or. 29).

2848 "No entrar en la tentación" implica una decisión del corazón: "Porque donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón ... Nadie puede servir a dos señores" (Mt 6, 21-24). "Si vivimos según el Espíritu, obremos también según el Espíritu" (Ga 5, 25). El Padre nos da la fuerza para este "dejarnos conducir" por el Espíritu Santo. "No habéis sufrido tentación superior a la medida humana. Y fiel es Dios que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito" (1 Co 10, 13).

2849 Pues bien, este combate y esta victoria sólo son posibles con la oración. Por medio de su oración, Jesús es vencedor del Tentador, desde el principio (cf Mt 4, 11) y en el último combate de su agonía (cf Mt 26, 36-44). En esta petición a nuestro Padre, Cristo nos une a su combate y a su agonía. La vigilancia del corazón es recordada con insistencia en comunión con la suya (cf Mc 13, 9. 23. 33-37; 14, 38; Lc 12, 35-40). La vigilancia es "guarda del corazón", y Jesús pide al Padre que "nos guarde en su Nombre" (Jn 17, 11). El Espíritu Santo trata de despertarnos continuamente a esta vigilancia (cf 1 Co 16, 13; Col 4, 2; 1 Ts 5, 6; 1 P 5, 8). Esta petición adquiere todo su sentido dramático referida a la tentación final de nuestro combate en la tierra; pide la perseverancia final. "Mira que vengo como ladrón. Dichoso el que esté en vela" (Ap 16, 15).


VII Y Líbranos del mal

2850 La última petición a nuestro Padre está también contenida en la oración de Jesús: "No te pido que los retires del mundo, sino que los guardes del Maligno" (Jn 17, 15). Esta petición concierne a cada uno individualmente, pero siempre quien ora es el "nosotros", en comunión con toda la Iglesia y para la salvación de toda la familia humana. La oración del Señor no cesa de abrirnos a las dimensiones de la economía de la salvación. Nuestra interdependencia en el drama del pecado y de la muerte se vuelve solidaridad en el Cuerpo de Cristo, en "comunión con los santos" (cf RP 16).

2851 En esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El "diablo" ["dia-bolos"] es aquél que "se atraviesa" en el designio de Dios y su obra de salvación cumplida en Cristo.

2852 "Homicida desde el principio, persona ue dice mentiras y padre de la mentira" (Jn 8, 44), "Satanás, el seductor del mundo entero" (Ap 12, 9), es aquél por medio del cual el pecado y la muerte entraron en el mundo y, por cuya definitiva derrota, toda la creación entera será "liberada del pecado y de la muerte" (MR, Plegaria Eucarística IV). "Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios le guarda y el Maligno no llega a tocarle. Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero yace en poder del Maligno" (1 Jn 5, 18-19):

El Señor que ha borrado vuestro pecado y perdonado vuestras faltas también os protege y os gua rda contra las astucias del Diablo que os combate para que el enemigo, que tiene la costumbre de engendrar la falta, no os sorprenda. Quien confía en Dios, no tema al Demonio. "Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?" (Rm 8, 31) (S. Ambrosio, sacr. 5, 30).

2853 La victoria sobre el "príncipe de este mundo" (Jn 14, 30) se adquirió de una vez por todas en la Hora en que Jesús se entregó libremente a la muerte para darnos su Vida. Es el juicio de este mundo, y el príncipe de este mundo está "echado abajo" (Jn 12, 31; Ap 12, 11). "El se lanza en persecución de la Mujer" (cf Ap 12, 13-16), pero no consigue alcanzarla: la nueva Eva, "llena de gracia" del Espíritu Santo es preservada del pecado y de la corrupción de la muerte (Concepción inmaculada y Asunción de la santísima Madre de Dios, María, siempre virgen). "Entonces despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos" (Ap 12, 17). Por eso, el Espíritu y la Iglesia oran: "Ven, Señor Jesús" (Ap 22, 17. 20) ya que su Venida nos librará del Maligno.

2854 Al pedir ser liberados del Maligno, oramos igualmente para ser liberados de todos los males, presentes, pasados y futuros de los que él es autor o instigador. En esta última petición, la Iglesia presenta al Padre todas las desdichas del mundo. Con la liberación de todos los males que abruman a la humanidad, implora el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo. Orando así, anticipa en la humildad de la fe la recapitulación de todos y de todo en Aquél que "tiene las llaves de la Muerte y del Hades" (Ap 1,18), "el Dueño de todo, Aquél que es, que era y que ha de venir" (Ap 1,8; cf Ap 1, 4):

Líbranos de todos los males, Señor, y concédenos la paz en nuestros días, para que, ayudados por tu misericordia, vivamos siempre libres de pecado y protegidos de toda perturbación, mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo (MR, Embolismo).


http://www.ewtn.com/library/catechsm/spanish/p4s2a3.asp
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor marisa725 » Vie Jul 06, 2012 11:41 pm

Historia
La redacción del Catecismo ha sido una tarea muy costosa y larga. Los trabajos empezaron en Enero de 1987, pero la designación pública de la Comisión de Redactores no se hizo hasta unos meses después, y se terminó la redacción en Mayo de 1992 con José Manuel Estepa y el cardenal Ratzinger, comenzaron a elaborar en el mes de Noviembre de 1986.
El veintenio que va desde 1945 hasta el final del Concilio Vaticano II, tiene una gran significación, para el que se denominó
" Movimiento Catequético ". Muchas personas colaboraron con ésta tarea como José Montero Vives, Ricardo Lázaro, Elías Yanes, Antonio Palenzuela, Alfredo García Suárez, excelente teólogo, sacerdote de la Prelatura del Opus Dei, a quien se le permitió dedicar , más o menos desde 1975, casi todo su tiempo a colaborar; además con él se corrigió diversas polarizaciones que se habían introducido, durante la primera década postconciliar, en el dinamismo de la renovación catequética, que dificultaban gravemente la aplicación auténtica de las orientaciones dadas por el propio Concilio Vaticano II
La figura del Cardenal Ratzinger ha sido clave en la redacción del Catecismo de la Iglesia Católica; porque prestó su atención a la información de carácter histórico, sobre todo la relativa a la crisis del primer quinquenio postconciliar. El Cardenal afrontó más honda y directamente la elaboración del nuevo Catecismo.
El Papa Pablo VI, que había asignado como tema para el sínodo Uiversal de Obispos de 1974, la reflexión sobre la evangelización del mundo contemporáneo, encomendó el Sínodo Universal de 1977, que se centrara en el tema de la catequesis.
En los siguientes años se comprobó que la escucha, en bastantes sitios y sectores, no fue suficientemente entusiasta y operativa.

La redacción del Catecismo de la Iglesia Católica, no sería posible sin el apoyo directo y personalísimo de juan pablo II.
Juan Pablo II convirtió la propuesta, en un deseo y empeño directamente suyo. Fue decisión suya, incluso las características de las personas a las que se les designó el encargo.
Juan Pablo II visitaba a la Comisión de Catecismo, estuvo en seis sesiones, animando las tareas, principalmente cuando se celebraban sesiones conjuntas de trabajo de las dos Comisiones. De éste modo no había lejanía, ni mucho menos, sino presencia. Era admirable ver la relación entre el Cardenal Ratzinger, presidente de la Comisión, y el Papa. Entre la Comisión general presidida por Ratzinger, y la Comisión redactora, siempre hubo una gran sintonía.
Juan Pablo II declaró que se puede decir que el Catecismo, es fruto de toda la colaboración del episcopado de la Iglesia Católica.
El equipo de redactores quedó compuesto así: de la parte de la confesión de fe se responsabilizaron el Arzobispo Estepa
( España)y el Obispo Maggiolini ( Italia ); de los sacramentos, el Obispo Medina ( Chile ) y el Arzobispo Karlic ( Argentina ); y de la parte moral, el Arzobispo Honoré ( Francia ) y el Obispo Konstant ( Inglaterra ). Mas tarde se decidió dedicar una parte del Catecismo a la oración y se optó porque la redacción se encomendara a un sacerdote católico del Líbano, el Padre Jean Corbon.
El 11 de Octubre de 1992 se publica en francés el Catecismo de la iglesia Católica ( CCE ) como una exposición oficial de las enseñanzas de la iglesia Católica, por autoridad del Papa Juan Pablo II. Su versión en español tiene el ISBN 968605674 de ésta primera versión. En el año de 1993 una nueva Comisión, liderada nuevamente por Joseph Ratzinger, se encargó de recibir las numerosas modificaciones de todo el mundo, de ésta primera versión con el fin de redactar en latín el texto definitivo, proyecto concluido con la publicación de la versión latina oficial el 15 de Agosto de 1997, fruto de una intensa labor de más de diez años, donde participaron muchos miembros de la Iglesia Universal.
El Catecismo Oficial sirve de referencia, para elaborar los Catecismos Católicos de todo el mundo.

Importancia del Catecismo de la Iglesia Católica
Durante los 20 años del Catecismo de la Iglesia Católica, hemos aprendido a conocer y vivir la fe esencial del Pueblo de Dios, recogida de las Sagradas Escrituras y del Magisterio de la Iglesia.
El Catecismo de la Iglesia Católica es una exposición armoniosa y auténtica de fe y de la moral cristiana. Se ofrece a todos los fieles, que quieren conocer la riqueza inagotable de la salvación.
El 25 de Junio de 1992, Juan Pablo II aprobó el Catecismo.
El Catecismo es considerado como la fuente más confiable sobre aspectos doctrinales básicos de la Iglesia Católica.
El Catecismo de la Iglesia Católica es un texto de dominio público para la Iglesia Universal, es decir, es un documento que puede ser consultado, citado y estudiado con plena libertad por todos los integrantes de la Iglesia Católica, para aumentar el conocimiento con respecto a los aspectos fundamentales de la fe. De la misma manera es el texto de referencia oficial para la redacción de los catecismos católicos de todo el mundo.
Durante estos veinte años los católicos, han nutrido su fe con el conocimiento de los lineamientos en que está sustentada la Iglesia Católica.
La presencia de éste nuevo Catecismo apunta hacia una finalidad: la renovación de la vida eclesial.
Según el Concilio de Trento y el Concilio Vaticano II se observa, la renovación de la Iglesia, su adaptación y preparación para la misión evangelizadora, después de sufrir momentos muy didíciles. Y luego se vió una ola de santidad entre muchos hombres dedicados a la catequesis.
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor lia mera figueroa » Sab Jul 07, 2012 8:57 am

Ha llegado el momento del final de este magnífico curso-
Gravias a Hini por toda su paciencia y entreg para hacernos vivir todo lo que nos dió este curso y este viaje por Roma-
Gracias a todos los que nos acompañaron-
Es la primera vez que participé de un foro-
Soy muy poco hábil para manejarme por Internet,perdón por las veces que habré escrito mal algunas palabras-No pude aprender a insertar fotos,será en el próximo-
Pero lo que SI APRENDI es a conocer y amar mas mi propia fe y mi Iglesia-
Las maravillas de l arte-y de los artistas -Me deslumbró la figura y la obra del padre Marco Iván Rupnik,y ahora estoy con el tema de leer su obra,sus libros,en fin ,me llenó el curso de paz y gozo -El interés por estudiar ,compartir ,son 9 semanas que mis prnsamientos estuvieron casi exclusivamente puestos en la dinámica y los temas del curso,Me acercaron mucho al Señor,a sus apóstoles a SU palabra y eso da vida -Ha sido un alegre retiro espiritual-
Ahora voy a extrañar la compañía de todos los compañeros de viaje-Como trabaja Pepita García,y todos los que nos dieron tantos links buenísimos-
Al Catecismo lo tendremos que seguir profundizando de a poco todos los días,para poder aplicar sus enseñanzas a la vida cotidiana-Fué una gracia del Señor haber estado compatiendo estas semanas-Gracias y felicitaciones a Carholic net por hacer tanto por la humanidad entera y a los hermanos mejicanos por ser como son,su alegría contagia y la Virgen de Guadalupe protege a todos-Espero poder encontratnos en otro viaje o curso con Hini-Que Dios nos bendiga -Hasta la próxima Lia Mera Figueroa
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Re: Investigación turística 9: La Gran Final

Notapor BlancaElena » Sab Jul 07, 2012 9:00 am

Apreciada Hini, " La Gran Final " nostalgia por el tiempo que se pasa tan rápido y un inmenso agradecimiento por la oportunidad de aprender cada dia más. Me siento muy feliz de haber encontrado en Catholic.net, un medio excelente para profundizar sobre nuestra Doctrina y nuestras riquezas artisticas, culturales cuidadas con tanto respeto por nuestra Iglesia Católica en el Vaticano y Roma. Desde Colombia un saludo fraterno para Hini, Páter Ignacio y cada uno de los participantes que hicieron conmigo este recorrido virtual tan maravilloso y nos enriquecieron aún más con sus respuestas ya quisieramos en la realidad poder ir todos juntos a visitar las Basilicas y Capillas Papales. Hini esperamos un nuevo Curso para seguir compartiendo estos ratos de amistad sincera y por supuesto conocimientos !!! Blanca Elena
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