39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Montaña

Este curso tiene el objetivo de difundir la catequesis del amor humano, también conocida como Teología del Cuerpo.

En esta segunda parte se toca el adulterio, la concupiscencia, la donación mutua del hombre y a mujer en el matrimonio, la dignidad del cuerpo y del sexo, lo «ético» y lo «erótico» en el amor humano y el respeto al cuerpo.

Fechas:
Este curso consta 40 sesiones que se impartirán todos los martes y sábados a partir del 27 de agosto de 2013 , la última será el 3 enero de 2014

Moderadores: pilar calva, Catholic.net, Margarita Gonzalez, Moderadores Animadores

39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Montaña

Notapor pilar calva » Dom Oct 20, 2013 8:11 pm

(10-IX-80/14-IX-80)

1. Reflexionemos sobre las siguientes palabras de Jesús, tomadas del sermón de la montaña: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (”ya la ha hecho adúltera en su corazón”) (<i>Mt</i> 5, 28). Cristo pronuncia esta frase ante los oyentes que, basándose en los libros del Antiguo Testamento, estaban preparados, en cierto sentido, para comprender el significado de la mirada que nace de la concupiscencia. Ya el miércoles pasado hicimos referencia a los textos tomados de los llamados Libros Sapienciales.

He aquí, <i> por ejemplo, otro pasaje</i>, en el que el autor bíblico analiza <i> el estado de ánimo del hombre dominado por la concupiscencia de la carne</i>:
“...el que se abrasa en el fuego de sus apetitos que no se apaga hasta que del todo le consume; el hombre impúdico consigo mismo, que no cesará hasta que su fuego se extinga; el hombre fornicario, a quien todo el pan es dulce, que no se cansará hasta que no muera; el hombre infiel a su propio lecho conyugal, que dice para sí: ‘¿Quién me ve? la oscuridad me cerca y las paredes me ocultan, nadie me ve, ¿qué tengo que temer? El Altísimo no se da cuenta de mis pecados’. Sólo teme los ojos de los hombres. Y no sabe que los ojos del Señor son mil veces más claros que el sol y que ven todos los caminos de los hombres y penetran hasta los lugares más escondidos... Así también la mujer que engaña a su marido y de un extraño le da un heredero” (<i>Sir</i> 23, 22-32).

2. No faltan descripciones análogas en la literatura mundial (1). Ciertamente, muchas de ellas se distinguen por una más penetrante perspicacia de análisis psicológico y por una mayor intensidad sugestiva y fuerza de expresión. Sin embargo, la descripción bíblica del Sirácida (23, 22-32) comprende algunos elementos que pueden ser considerados “clásicos” en el análisis de la concupiscencia carnal. Un elemento de esta clase es, por ejemplo, <i> el parangón entre la concupiscencia de la carne y el fuego</i>: éste, inflamándose en el hombre, invade sus sentidos, excita su cuerpo, envuelve los sentimientos y en cierto sentido se adueña del “corazón”. Esta pasión, originada por la concupiscencia carnal, sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios; y precisamente esto, de modo particular, se pone en evidencia en el texto bíblico que acabamos de citar. Por otra parte, persiste el pudor exterior respecto a los hombres -o más bien, una apariencia de pudor-, que se manifiesta como temor a las consecuencias, más que al mal en sí mismo. Al sofocar la voz de la conciencia, la pasión trae consigo inquietud de cuerpo y de sentidos: es la inquietud del “hombre exterior”. Cuando el hombre interior ha sido reducido al silencio, la pasión, después de haber obtenido, por decirlo así, libertad de acción, se manifiesta como tendencia insistente a la satisfacción de los sentidos y del cuerpo.

Esta satisfacción, según criterio del hombre dominado por la pasión, debería extinguir el fuego; pero, al contrario, no alcanza las fuentes de la paz interior y se limita a tocar el nivel más exterior del individuo humano. Y aquí el autor bíblico constata justamente que el hombre, <i> cuya voluntad está empeñada en satisfacer los sentidos</i>, no encuentra sosiego, ni se encuentra a sí mismo, sino, al contrario, “se consume”. La pasión mira a la satisfacción; por esto embota la actividad reflexiva y desatiende la voz de la conciencia; así, sin tener en sí principio alguno indestructible, “se desgasta”. Le resulta connatural el dinamismo del uso, que tiende a agotarse. Es verdad que donde la pasión se inserte en el conjunto de las más profundas energías del espíritu, ella puede convertirse en fuerza creadora; pero en este caso debe sufrir una transformación radical. En cambio, si sofoca las fuerzas mas profundas del corazón y de la conciencia (como sucede en el relato del Sirácida 23, 22-32), “se consume” y, de modo indirecto, en ella se consume el hombre que es su presa.

3. Cuando Cristo en el sermón de la montaña habla del hombre que “desea”, que “mira con deseo”, se puede presumir que tiene ante los ojos también las imágenes conocidas por su oyentes a través de la tradición “sapiencial”. Sin embargo, al mismo tiempo, se refiere a cada uno de los hombres que, <i> según la propia experiencia interior</i>, sabe <i> lo que quiere decir “desear”, “mirar con deseo”</i>. El Maestro no analiza esta experiencia ni la describe, como había hecho, por ejemplo, el Sirácida (23, 22-32); El parece presuponer, diría, un conocimiento suficiente de ese hecho interior, hacia el que llama la atención de los oyentes, presentes y potenciales. ¿Es posible que alguno de ellos no sepa de qué se trata? Si verdaderamente no supiese nada de ello, no le atañería el contenido de las palabras de Cristo, ni habría análisis de descripción alguna que se lo pudieran explicar. En cambio, si sabe -se trata efectivamente en este caso de <i> una ciencia totalmente interior, intrínseca al corazón y a la conciencia</i> - entenderá rápidamente que dichas palabras se refieren a él.

4. Cristo, pues, no describe ni analiza lo que constituye la experiencia del “desear”, la experiencia de la concupiscencia de la carne. Incluso se tiene la impresión de que El no penetra esta experiencia en toda la amplitud de su dinamismo interior, como sucede, por ejemplo, en el citado texto del Sirácida, sino que más bien se queda en sus umbrales. El “deseo” no se ha transformado todavía en una acción exterior, aun no ha llegado a ser “acto del cuerpo”; hasta ahora es el acto interior del corazón; se manifiesta en la mirada, en el modo de “mirar a la mujer”. Sin embargo, ya deja entender, desvela su contenido y su calidad esenciales.

Es preciso que hagamos ahora estos análisis. <i> La mirada expresa lo que hay en el corazón</i>. La mirada expresa, diría a todo el hombre. Si generalmente se considera que el hombre “actúa conforme a lo que es” <i>( operari sequitur esse) </i>, Cristo en este caso quiere poner en evidencia que el hombre “mira” conforme a lo que es: <i> intueri sequitur esse</i>. En cierto sentido, el hombre a través de la mirada se revela al exterior y a los otros; sobre todo revela lo que percibe en el “interior” (2).

Cristo enseña, pues, a considerar la mirada como umbral de la verdad interior. Ya en la mirada, “en el modo de mirar”, es posible individuar plenamente lo que es la concupiscencia. Tratemos de explicarla. “Desear”, “mirar con deseo” indica una experiencia del valor del cuerpo, en la que su significado esponsalicio deja de ser tal, precisamente a causa de la concupiscencia. Además, cesa su significado procreador, del que hemos hablado en nuestras consideraciones precedentes, el cual -cuando se refiere a la unión conyugal del hombre y de la mujer- se arraiga en el significado esponsalicio del cuerpo y casi emerge de él orgánicamente. Ahora bien, el hombre “al desear”, “al mirar para desear” (como leemos en <i>Mt</i> 5, 27-28) <i> experiencia</i> de modo más o menos explícito <i> el alejamiento de ese significado del cuerpo</i>, en el cual (ya hemos observado en nuestras reflexiones) se basa en la comunión de las personas: tanto fuera del matrimonio, como -de modo particular- cuando el hombre y la mujer están llamados a construir la unión “en el cuerpo” (como proclama el “Evangelio del principio en el texto clásico del Génesis 2, 24).

La experiencia del significado esponsalicio del cuerpo esta subordinada de modo particular a la llamada sacramental, pero no se limita a ella. Este significado califica la libertad del don, que -como veremos con más expresión en ulteriores análisis- puede realizarse no sólo en el matrimonio sino también de modo diverso.
Cristo dice: “Todo el que mira a una mujer deseándola (el que mira con concupiscencia), ya adulteró con ella en su corazón” (”ya la ha hecho adúltera en el corazón”) (<i>Mt</i> 5, 28). ¿Acaso no quiere decir con esto que precisamente -como el adulterio- es un alejamiento interior del significado esponsalicio del cuerpo? ¿No quiere remitir a los oyentes a sus experiencias interiores de este alejamiento? ¿Acaso no es por esto por lo que lo define “adulterio cometido en el corazón”?

(1) Cf., por ejemplo, las <i> Confesiones de San Agustín: </i>
“Deligatus morbo carnis mortifera suavitate trahebam catenam meam, solvi timens, et quasi concusso vulnere repellens verba bene suadentis tamquam manum solventis. (...) Magna autem <i>Ex</i> parte atque vehementer consuetudo satiandae insatiabilis concupiscentiae me captum excruciabat (<i> Confesiones</i>, lib. VI, cap. 12, 21, 22).
“Et non stabam frui Deo meo, sed rapiebar ad te decore tuo; moxque deripiebar abs te pondere meo, et ruebam in ista cum gemitu: et pondus hoc, consuetudo carnalis” <i> Confesiones</i>, lib, VII cap. 17).
“Sic aegrotabam et excruciabar accusans memetipsum solito acerbius nimis, ac volvens et versans me in vinculo meo, donec abrumperetur totum, quo iam exiguo tenebar, sed tenebar tamen. Et instabas tu in occultis Domine, severa misericordia, flagella ingeminans timoris et pudoris, ne rursus cessarem, et non abrumperetur idipsum exiguum et tenue quod remanserat; et revelasceret iterum et me robustius alligaret...” (<i> Confesiones</i>, lib. VIII, cap. 11).

Dante describe esta ruptura interior y la considera merecedora de pena:
Quando giungo davanti alla ruina quivi le strida, il compianto, il lamento; bestemmian quivi la virtú divina. Intesis che a cosí fatto tormento enno dannati i peccator carnali, che la ragion sommettono al talento. E come gli stornei ne portan l’ali nel freddo tempo a schiera larga e piena, cosí quel fíato gli spiriti mali: di qua, di là, di giù, di su li mena; nulla speranza li conforta fai, non che di posa, ma di minor pena” (Dante, <i> Divina Comedia</i>, Inferno, V, 37-43).
“Shakespeare has described the satisfaction of a tyrannous lust as something. Past reason hunted and, no sooner had, past reason hated” (C. S. Lewis, <i> The Four Loves, New York</i>, 1960. Harcourt, Brace, pág. 28).

(2) El análisis filosófico confirma el significado de la expresión <i> ho blépon</i> (”el que mira” o ,”todo el que mira”: <i>Mt</i> 5, 28).
“Si blépo de <i>Mt</i> 5, 28 tiene el valor de percepción interna, equivalente a <i> ‘pienso, fijo la atención, observo’</i>, resulta severa y más elevada la enseñanza evangélica respecto a a las relaciones interpersonales de los discípulos de Cristo.
Según Jesús, no es necesaria siquiera una mirada lujuriosa para convertir en adúltera a una persona. Basta incluso un pensamiento del corazón” M. Adinolfi, “Il desiderio della donna in Matteo 5, 28”, in: <i> Fondamenti biblici della teología morale - Atti della XXII Settimana Biblica Italiana</i>, Brescia, 1973, Paideia, pág. 279).


Pregunta:
¿Qué sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor Rutilo De Los Santos » Mar Oct 22, 2013 7:12 pm

Pregunta¿Qué sofoca en el corazón la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?
R= El "fuego de la pasión" carnal que " quema" el interior del hombre adueñandose de su corazón es la pasión originada por la concupiscencia,sofoca en el corazón la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios.
Rutilo De Los Santos
 
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor matrapaga » Mar Oct 22, 2013 7:59 pm

OBSERVACIÓN:
NO ENCONTRÉ LA PREGUNTA DEL TEMA, POR LO QUE HARÈ UNA SÍNTESIS DE ESTE CAPÌTULO LA RELACION ENTRE CONCUSCENCIA Y ADULTERIO SEGÚN EL SERMON DE LA MONTAÑA.

“Todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (”ya la ha hecho adúltera en su corazón”) (<i>Mt</i> 5, 28). Cristo pronuncia esta frase ante los oyentes que, basándose en los libros del Antiguo Testamento, estaban preparados, en cierto sentido, para comprender el significado de la mirada que nace de la concupiscencia. Esta pasión, originada por la concupiscencia carnal, sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios.Cuando el hombre interior ha sido reducido al silencio, la pasión, después de haber obtenido, por decirlo así, libertad de acción, se manifiesta como tendencia insistente a la satisfacción de los sentidos y del cuerpo.Esta satisfacción, según criterio del hombre dominado por la pasión, debería extinguir el fuego; pero, al contrario, no alcanza las fuentes de la paz interior y se limita a tocar el nivel más exterior del individuo humano. Y aquí el autor bíblico constata justamente que el hombre, <i> cuya voluntad está empeñada en satisfacer los sentidos</i>, no encuentra sosiego, ni se encuentra a sí mismo, sino, al contrario, “se consume”.
Es verdad que donde la pasión (que viene de la concupiscencia) se inserte en el conjunto de las más profundas energías del espíritu, ella puede convertirse en fuerza creadora; pero en este caso debe sufrir una transformación radical. En cambio, si sofoca las fuerzas mas profundas del corazón y de la conciencia (como sucede en el relato del Sirácida 23, 22-32), “se consume” y, de modo indirecto, en ella se consume el hombre que es su presa. El “deseo” no se ha transformado todavía en una acción exterior, aun no ha llegado a ser “acto del cuerpo”; hasta ahora es el acto interior del corazón; se manifiesta en la mirada, en el modo de “mirar a la mujer”. Sin embargo, ya deja entender, desvela su contenido y su calidad esenciales.

Es preciso que hagamos ahora estos análisis. <i> La mirada expresa lo que hay en el corazón</i>. La mirada expresa, diría a todo el hombre. Si generalmente se considera que el hombre “actúa conforme a lo que es” <i>( operari sequitur esse) </i>, Cristo en este caso quiere poner en evidencia que el hombre “mira” conforme a lo que es: <i> intueri sequitur esse</i>. En cierto sentido, el hombre a través de la mirada se revela al exterior y a los otros; sobre todo revela lo que percibe en el “interior” (2).
Cristo enseña, pues, a considerar la mirada como umbral de la verdad interior. Ya en la mirada, “en el modo de mirar”, es posible individuar plenamente lo que es la concupiscencia. Tratemos de explicarla. “Desear”, “mirar con deseo” indica una experiencia del valor del cuerpo, en la que su significado esponsalicio deja de ser tal, precisamente a causa de la concupiscencia. Además, cesa su significado procreador, se arraiga en el significado esponsalicio del cuerpo y casi emerge de él orgánicamente. Ahora bien, el hombre “al desear”, “al mirar para desear” se produce el alejamiento de ese significado del cuerpo, en el cual se basa en la comunión de las personas: tanto fuera del matrimonio, como -de modo particular- cuando el hombre y la mujer están llamados a construir la unión “en el cuerpo”.
¿Acaso no quiere decir con esto que precisamente -como el adulterio- es un alejamiento interior del significado esponsalicio del cuerpo? ¿No quiere remitir a los oyentes a sus experiencias interiores de este alejamiento? ¿Acaso no es por esto por lo que lo define “adulterio cometido en el corazón”?
LO QUE SOFOCA ENEL CORAZON LA VOZ DE LA CONCIENCIA es la pasiòn que nace de la concupiscencia e induce al adulterio.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor Maria 2 » Mié Oct 23, 2013 11:59 am

RESUMEN:

En palabras de Jesús, tomadas del sermón de la montaña: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (”ya la ha hecho adúltera en su corazón”) análisis de la concupiscencia carnal. Un elemento de esta clase es, por ejemplo, el parangón entre la concupiscencia de la carne y el fuego: éste, inflamándose en el hombre, invade sus sentidos, excita su cuerpo, envuelve los sentimientos y en cierto sentido se adueña del “corazón”. Esta pasión, originada por la concupiscencia carnal, sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios; persiste el pudor exterior respecto a los hombres -o más bien, una apariencia de pudor-, que se manifiesta como temor a las consecuencias, más que al mal en sí mismo. Al sofocar la voz de la conciencia, la pasión trae consigo inquietud de cuerpo y de sentidos: es la inquietud del “hombre exterior”. Cuando el hombre interior ha sido reducido al silencio, la pasión, después de haber obtenido, por decirlo así, libertad de acción, se manifiesta como tendencia insistente a la satisfacción de los sentidos y del cuerpo.

Esta satisfacción, según criterio del hombre dominado por la pasión, debería extinguir el fuego; pero, al contrario, no alcanza las fuentes de la paz interior y se limita a tocar el nivel más exterior del individuo humano. Y aquí el autor bíblico constata justamente que el hombre, cuya voluntad está empeñada en satisfacer los sentidos, no encuentra sosiego, ni se encuentra a sí mismo, sino, al contrario, “se consume”. Es verdad que donde la pasión se inserte en el conjunto de las más profundas energías del espíritu, ella puede convertirse en fuerza creadora; pero en este caso debe sufrir una transformación radical. En cambio, si sofoca las fuerzas mas profundas del corazón y de la conciencia (como sucede en el relato del Sirácida 23, 22-32), “se consume” y, de modo indirecto, en ella se consume el hombre que es su presa.

Cristo, pues, no describe ni analiza lo que constituye la experiencia del “desear”, la experiencia de la concupiscencia de la carne. El “deseo” no se ha transformado todavía en una acción exterior, aun no ha llegado a ser “acto del cuerpo”; hasta ahora es el acto interior del corazón; se manifiesta en la mirada, en el modo de “mirar a la mujer”. Sin embargo, ya deja entender, desvela su contenido y su calidad esenciales.

La mirada expresa lo que hay en el corazón</i>. Cristo en este caso quiere poner en evidencia que el hombre “mira” conforme a lo que es: intueri sequitur esse.

“Desear”, “mirar con deseo” indica una experiencia del valor del cuerpo, en la que su significado esponsalicio deja de ser tal, precisamente a causa de la concupiscencia. Además, cesa su significado procreador, del que hemos hablado en nuestras consideraciones precedentes, el cual -cuando se refiere a la unión conyugal del hombre y de la mujer- se arraiga en el significado esponsalicio del cuerpo y casi emerge de él orgánicamente.

COMENTARIO:

Cuando Cristo habla del hombre que “desea”, se refiere a cada uno de los hombres que sabe lo que quiere decir “mirar con deseo. Cristo dice: “Todo el que mira a una mujer deseándola ya adulteró con ella en su corazón (”ya la ha hecho adúltera en el corazón”). Según Jesús, no es necesaria una mirada lujuriosa para convertir en adúltera a una persona porque basta con un pensamiento del corazón”.

P.D: No encontré las preguntas a responder por lo que hice un resumen y una opinión personal sobre el tema.

Un abrazo y hasta pronto.-
Maria 2
 
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor lindoro50 » Mié Oct 23, 2013 1:46 pm

¿Qué sofoca en el corazón la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?

La concupiscencia de la carne, que inflama al hombre, invade sus sentidos, excita su cuerpo, envuelve sus sentimientos y en cierto sentido se adueña de su corazón. Esta pasión, sofoca en el corazón la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios. Esta satisfacción, según criterio del hombre dominado por la pasión, debería extinguir el fuego; pero, al contrario, no alcanza las fuentes de la paz interior y se limita a tocar el nivel más exterior del individuo humano. Y el hombre, cuya voluntad está empeñada en satisfacer los sentidos, no encuentra sosiego, ni se encuentra a sí mismo, sino, al contrario, ‘se consume’.
lindoro50
 
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor Dolovalencia » Mié Oct 23, 2013 3:12 pm

Resumen

La concupiscencia de la carne invade sus sentidos, exita su cuerpo, envuelve los sentidos y en cierto modo se adueña del corazón. Esta pasión originada por la concupiscencia sofoca en el corazón la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad con Dios. Al sofocar la voz de la conciencia, la pasión trae consigo inquietud de cuerpo y de sentidos. Según el criterio del hombre dominado por la pasión el fuego debería ser extinguido por la satisfacción; pero es esto contrario no alcanza La Paz interior. La pasión mira la satisfacción y es por esto que el hombre desatiende la conciencia.
La mirada expresa lo que hay en el corazón. Si se considera que el hombre "actúa conforme a lo que es" ; Cristo quiere poner en este caso que el hombre mira a lo que es. Cristo enseña a considerar la mirada como umbral de la verdad interior.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor mariaines » Mié Oct 23, 2013 8:05 pm

¿Qué sofoca en el corazón la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?
La concupiscencia es la que sofoca en el corazón la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor garu » Mié Oct 23, 2013 10:02 pm

Es increíble la cantidad de citas, que debo confesar no conocía muchas de ellas, que aparecen en el Antiguo Testamento sobre la concupiscencia. Esta deformadora de la conducta del hombre produce en él, no la satisfacción por lo conseguido, sino, por el contrario, es algo que lo consume y no le permite llegar a un fin, por cuanto el mal no puede dar plenitud o descanso. En cuanto a la mirada-deseo, hay un dicho, por lo menos por estos lados del mundo: los ojos son el espejo del alma. Pues bien, unos ojos que miran deseando lo que no es lícito, en este caso específico, una mujer y por qué no, un hombre, son el reflejo de un alma enferma y no importa si no hay consumación física de ese deseo. Basta eso sólo para que ofenda por cuanto nace del interior del hombre. El adulterio, como otros pecados contra la pureza, son manifestación de esa concupiscencia que entra al mundo con el pecado original y contra la cual mantenemos una confrontación constante. Jesús conocía y conoce al hombre de ayer, al de hoy y al de mañana, y por eso habla con propiedad sobre lo que el hombre es capaz de hacer. Quiere que comprendamos el ángulo abierto del significado del sexto y noveno mandamiento y no únicamente la letra que los contiene.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor virginia castro » Vie Oct 25, 2013 11:56 am

Virginia Castro #39

Que sofoca en el Corazon la voz mas profunda de la conciencia, el sentido de la responsabilidad ante Dios?

Provoca el deseo, pues nuestra Mirada se revela a otros, y en el modo de mirar empezamos a pecar; hay que analizar la concupiscencia pues se esta percibiendo el "interior". Por eso debemos tener muy presente nuestro significado esponsalicio del cuerpo que particularmente es un Sacaramento ante Dios y que al pensar en que somos libres se va metiendo la persona en el mirar del deseo, que nos lleva al pecado y nos olvidamos de Dios.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor fpelaez » Vie Oct 25, 2013 12:27 pm

¿Qué sofoca en el corazón la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?

La concupiscencia, aquello que aleja al hombre del plan original de Dios y todo aquello que lo lleva a Dios y al significado verdadero del cuerpo y de la relación esponsal. Aquello que lo consume, lo seduce y aleja de Dios, pero lo deja vacío y no le permite alcanzar su plenitud, especialmente en referencia a la relación matrimonial.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor Titica » Vie Oct 25, 2013 8:12 pm

Esta pasión, originada por la concupiscencia carnal, sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios;(como sucede en el relato del Sirácida 23, 22-32).
Por otra parte, persiste el pudor exterior respecto a los hombres -o más bien, una apariencia de pudor-, que se manifiesta como temor a las consecuencias, más que al mal en sí mismo. Al sofocar la voz de la conciencia, la pasión trae consigo inquietud de cuerpo y de sentidos: es la inquietud del “hombre exterior”. Cuando el hombre interior ha sido reducido al silencio, la pasión, después de haber obtenido, por decirlo así, libertad de acción, se manifiesta como tendencia insistente a la satisfacción de los sentidos y del cuerpo.
La conciencia de sentido de resposabilidad ante Dios se sofoca por la falta de la concupiscencia del "corazon".
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor NELSON » Vie Oct 25, 2013 8:21 pm

¿Qué sofoca en el corazón la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?
El parangón entre la concupiscencia de la carne y el fuego</i>: éste, inflamándose en el hombre, invade sus sentidos, excita su cuerpo, envuelve los sentimientos y en cierto sentido se adueña del “corazón”. Esta pasión, originada por la concupiscencia carnal, sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios; y precisamente esto, de modo particular, se pone en evidencia. Por otra parte, persiste el pudor exterior respecto a los hombres -o más bien, una apariencia de pudor-, que se manifiesta como temor a las consecuencias, más que al mal en sí mismo.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor patricio » Vie Oct 25, 2013 9:06 pm

¿Acaso no quiere decir con esto que precisamente -como el adulterio- es un alejamiento interior del significado esponsalicio del cuerpo? ¿No quiere remitir a los oyentes a sus experiencias interiores de este alejamiento? ¿Acaso no es por esto por lo que lo define “adulterio cometido en el corazón”?

-Cuando el hombre interior ha sido reducido al silencio, la pasión, después de haber obtenido, por decirlo así, libertad de acción, se manifiesta como tendencia insistente a la satisfacción de los sentidos y del cuerpo.

Cristo, pues, no describe ni analiza lo que constituye la experiencia del “desear”, la experiencia de la concupiscencia de la carne. El “deseo” no se ha transformado todavía en una acción exterior, aun no ha llegado a ser “acto del cuerpo”; hasta ahora es el acto interior del corazón; se manifiesta en la mirada, en el modo de “mirar a la mujer”.

El parangón entre la concupiscencia de la carne y el fuego: éste, inflamándose en el hombre, invade sus sentidos, excita su cuerpo, envuelve los sentimientos y en cierto sentido se adueña del “corazón”. Esta pasión, originada por la concupiscencia carnal, sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor MA SOCORRO A REYES L » Dom Oct 27, 2013 2:56 am

Sofoca el no considerar la mirada como umbral de la verdad interior. En el modo de mirar con deseo indica una experiencia del valor del cuerpo, en la que su significado esponsalicio deja de ser tal, a causa de la concupiscencia. Cesa su significado procreador, la unión conyugal del hombre y de la mujer. Al mirar para desear es el alejamiento de ese significado del cuerpo en que se basa la comunión de las personas. Y cuando el hombre y la mujer están llamados a construir la unión en el cuerpo, Génesis 2, 24.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor marcela64 » Mié Oct 30, 2013 5:15 pm

¿Qué sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?
La concupiscencia, la falta de pureza interior
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor Jeanette Palacios » Mié Oct 30, 2013 6:49 pm

¿Qué sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?

Lo que sofoca al hombre en su corazon es el deseo carnal, el fuego de la pasion, el pensamiento lujurioso que lo hace adulterar y a su vez tambien la voz de su corazon que alberga el amor y un temor de Dios, temor de herirlo por la falta que ha cometido. De esta manera el hombre siente que su conciencia le dice como ha ofendido a un Dios bueno y misericordioso. El respeto es la dimension contemplativa de la caridad cuando el hombre es contemplado en Dios.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor CasJor » Jue Oct 31, 2013 8:54 am

Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Montaña
¿Qué sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios?

La pasión originada por la concupiscencia carnal, sofoca la conciencia en el <<corazón>>, el sentido de responsabilidad ante Dios.

Al sofocar la voz de la conciencia la pasión, viene acompañada de la inquietud del cuerpo y de los sentidos: la inquietud del ser exterior.

Cuando el ser interior ha sido reducido al silencio, la pasión se aboca hacia la satisfacción sensual del cuerpo. Esa satisfacción, según el criterio humano dominado por la pasión debería extinguir el fuego, pero al contrario altera la paz interior.

Se constata de esta manera que aquel que se empeña en satisfacer los sentidos, no encontrará sosiego, ni se encontrará a sí mismo.

La pasión se orienta a la satisfacción; por eso obnibula la capacidad reflexiva y apaga la voz de la conciencia.
CasJor
 
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor RoxanaGomez25 » Jue Oct 31, 2013 2:13 pm

La pasión que invade el cuerpo y los sentidos por la concupiscencia original carnal, sofoca en el corazón la voz mas profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios, asi lo expresa el texto de Siracidas, existe apariencia de pudor, pero es un temor a las consecuencias mas que al mal en sí. Al sofocar la voz, la pasión viene con inquietud de cuerpo y sentidos, del hombre exterior, el interior es acallado para que la pasión actúe libre lo manifiesta la tendencia a satisfacer dl cuerpo y los sentidos donde deberia apagarse el fuego, pero al contrario, por falta de paz interior, hay sosiego, no se encuentra a sí mismo, se condume.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor maguie » Jue Oct 31, 2013 6:30 pm

La voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios es sofocado en el corazón del hombre por las pasiones a las que él les da rienda suelta. Cuando el hombre se convence a sí mismo de que no habrá consecuencias, ni siquiera se sabrá lo que él hace sabiendo que está mal, se ‘da el permiso’ para actuar así, sin darse cuenta de que Dios lo está viendo todo y que su propio ser ‘sabe’ que está actuando mal, por lo que piensa encontrar una cierta ‘paz’ cuando haya satisfecho sus instintos, pero la realidad es que no encuentra paz, después de un poco tiempo sufrirá de nuevo la exigencia de sus sentidos, que él no ha sabido controlar. Y mientras más se envuelva en esa forma de actuar, mas lo envolverá el pecado dañando su conciencia.
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Re: 39. Concupiscencia y adulterio según el Sermón de la Mon

Notapor Alejandra S » Jue Oct 31, 2013 10:34 pm

Un fuego, una “pasión, originada por la concupiscencia carnal, sofoca en el “corazón” la voz más profunda de la conciencia, el sentido de responsabilidad ante Dios”
“La pasión mira a la satisfacción; por esto embota la actividad reflexiva y desatiende la voz de la conciencia; así, sin tener en sí principio alguno indestructible, “se desgasta”.
Alejandra S
 
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