49. La redención del cuerpo

Este curso tiene el objetivo de difundir la catequesis del amor humano, también conocida como Teología del Cuerpo.

En esta segunda parte se toca el adulterio, la concupiscencia, la donación mutua del hombre y a mujer en el matrimonio, la dignidad del cuerpo y del sexo, lo «ético» y lo «erótico» en el amor humano y el respeto al cuerpo.

Fechas:
Este curso consta 40 sesiones que se impartirán todos los martes y sábados a partir del 27 de agosto de 2013 , la última será el 3 enero de 2014

Moderadores: pilar calva, Catholic.net, Margarita Gonzalez, Moderadores Animadores

49. La redención del cuerpo

Notapor pilar calva » Mar Oct 22, 2013 10:09 pm

(3-XII-80/7-XII-80)

1. Al comienzo de nuestras consideraciones sobre las palabras de Cristo en el sermón de la montaña (<i>Mt</i> 5, 27-28), hemos constatado que contienen un profundo significado ético y antropológico. Se trata aquí del pasaje en el que Cristo recuerda el mandamiento: “No adulterarás”, y añade: “Todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella (o con relación a ella) en su corazón”. Hablamos del significado ético y antropológico de estas palabras, porque aluden a las dos dimensiones íntimamente unidas del <i>ethos</i> y del hombre “histórico”. En el curso de los análisis precedentes, hemos intentado seguir estas dos dimensiones, recordando siempre que las palabras de Cristo se dirigen al “corazón”, esto es, al hombre interior. El hombre interior es el sujeto específico del <i>ethos</i> del cuerpo, y Cristo quiere impregnar de esto la conciencia y la voluntad de sus oyentes y discípulos. Se trata indudablemente de un <i>ethos</i> “nuevo”. Es “nuevo” <i> en relación con el <i>ethos</i> de los hombres del Antiguo Testamento</i>, como ya hemos tratado de demostrar en análisis más detallados. Es “nuevo” también respecto al estado del hombre “histórico”, <i> posterior al pecado original, esto es, respecto al “hombre de la concupiscencia”</i>. Se trata, pues, de un <i>ethos</i> “nuevo” en un sentido y en un alcance universales. Es “nuevo” respecto a todo hombre, independientemente de cualquier longitud y latitud geográfica e histórica.

2. Este “nuevo” <i>ethos</i> , que emerge de la perspectiva de las palabras de Cristo pronunciadas en el sermón de la montaña, lo hemos llamado ya más veces “<i>ethos</i> de la redención” y, más precisamente, <i>ethos</i> de la redención del cuerpo. Aquí hemos seguido a San Pablo, que en la Carta a los Romanos contrapone “la servidumbre de la corrupción” (<i>Rom</i> 8, 21) y la sumisión a “la vanidad” (<i>ib</i> ., 8, 20) -de la que se hace participe toda la creación a causa del pecado- al deseo de la “redención de nuestro cuerpo” (<i>ib</i> ., 8, 23). En este contexto, el Apóstol habla de los gemidos de “toda la creación” que “abriga la esperanza de que también ella será libertada de la servidumbre de la corrupción, para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (<i>ib</i> ., 8, 20-21). De este modo, San Pablo desvela la situación de toda la creación, y en particular la del hombre después del pecado. Para esta situación es significativa la aspiración que -juntamente con la “adopción de hijos” (<i>ib</i> ., 8, 23)- <i> tiende precisamente a la “redención del cuerpo”</i>, presentada como el fin, como el fruto escatológico y maduro del misterio de la redención del hombre y del mundo, realizada por Cristo.

3. ¿En qué sentido, pues, podemos hablar del <i>ethos</i> de la redención y especialmente del <i>ethos</i> de la redención del cuerpo? Debemos reconocer que en el contexto de las palabras del sermón de la montaña (<i>Mt</i> 5, 27-28), que hemos analizado, este significado no aparece todavía en toda su plenitud. Se manifestará más completamente cuando examinemos otras palabras de Cristo, esto es, aquellas en las que se refiere a la resurrección (cf. <i>Mt</i> 22, 30; <i><i>Mc</i> </i> 12, 25; <i>Lc</i> 20, 35-36). Sin embargo, no hay duda alguna de que también en el sermón de la montaña Cristo <i> habla en la perspectiva de la redención</i> del hombre y del mundo (y precisamente, por lo tanto, de la “redención del cuerpo”). De hecho, ésta es la perspectiva de todo el Evangelio, de toda la enseñanza, más aún, de toda la misión de Cristo. Y aunque el contexto inmediato del sermón de la montaña señale a la ley y a los Profetas como el punto de referencia histórico, propio del Pueblo de Dios de la Antigua Alianza, sin embargo, no podemos olvidar jamás que en la enseñanza de Cristo la referencia fundamental a la cuestión del matrimonio y al problema de las relaciones entre el hombre y la mujer, se remite al “principio”. Esta llamada sólo puede ser justificada por la realidad de la redención; fuera de ella, en efecto, permanecería únicamente la triple concupiscencia, o sea, esa “servidumbre de la corrupción”, de la que escribe el Apóstol Pablo (<i>Rom</i> 8, 21).


Solamente la perspectiva de la redención justifica la referencia al “principio”, o sea, la perspectiva del misterio de la creación en la totalidad de la enseñanza de Cristo acerca de los problemas del matrimonio, del hombre y de la mujer y de su relación recíproca. Las palabras de Mateo 5, 27-28 se sitúan, en definitiva, en la misma perspectiva teológica.

4. En el sermón de la montaña Cristo no invita al hombre a retomar al estado de la inocencia originaria, porque la humanidad la ha dejado irrevocablemente detrás de sí, <i> sino que lo llama a encontrar</i> -sobre el fundamento de los significados perennes y, por así decir, indestructibles de lo que es “humano”- las formas vivas del <i> “hombre nuevo”</i>. De este modo se establece un vínculo, más aún, una continuidad entre el “principio” y la perspectiva de la redención. En el <i>ethos</i> de la redención del cuerpo deberá reanudarse de nuevo el <i>ethos</i> originario de la creación. Cristo no cambia la ley, sino que confirma el mandamiento: “No adulterarás”; pero, al mismo tiempo, lleva el entendimiento y el corazón de los oyentes hacia esa “plenitud de la justicia” querida por Dios creador y legislador, que encierra este mandamiento en sí. Esta plenitud se descubre: primero con una visión interior “del corazón”, y luego con un modo adecuado de ser y de actuar. La forma del hombre “nuevo” puede surgir de este modo de ser y de actuar, en la medida en que el <i>ethos</i> de la redención del cuerpo domina la concupiscencia de la carne y a todo el hombre de la concupiscencia. Cristo indica con claridad que el camino para alcanzarlo debe ser camino de templanza y de dominio de los deseos, y esto en la raíz misma, ya en la esfera puramente interior (”todo el que mira para desear..”). El <i>ethos</i> de la redención contiene en todo ámbito -y directamente en la esfera de la concupiscencia de la carne- el imperativo del dominio de sí, la necesidad de una inmediata continencia y de una templanza habitual.

5. Sin embargo, <i> la templanza y la continencia no significan</i> -si es posible expresarse así- <i> una suspensión en el vacío: ni en el vacío de los valores ni en el vacío del sujeto</i>. El <i>ethos</i> de la redención se realiza en el dominio de sí, mediante la templanza, esto es, la continencia de los deseos. En este comportamiento el corazón humano permanece vinculado al valor, del cual, a través del deseo, se hubiera alejado de otra manera, orientándose hacia la mera concupiscencia carente de valor ético (como hemos dicho en el análisis precedente). En el terreno del <i>ethos</i> de la redención <i> la unión con ese valor</i> mediante un acto de dominio, se confirma, o bien se restablece, con una fuerza y una firmeza todavía mas profundas. Y se trata aquí del valor del significado esponsalicio del cuerpo, del valor de un signo transparente, mediante el cual el Creador -junto con el perenne atractivo recíproco del hombre y de la mujer a través de la masculinidad y feminidad- ha escrito en el corazón de ambos el don de la comunión, es decir, la misteriosa realidad de su imagen y semejanza. De este valor se trata en el acto del dominio de sí y de la templanza, a los que llama Cristo en el sermón de la montaña (<i>Mt</i> 5, 27-28).

6. Este acto puede dar la impresión de la suspensión “en el vacío del sujeto”. Puede dar esta impresión particularmente cuando es necesario decidirse a realizarlo por primera vez, o también, mas todavía, cuando se ha creado el hábito contrario, cuando el hombre se ha habituado a ceder a la concupiscencia de la carne. Sin embargo, incluso ya la primera vez, y mucho más si se adquiere después el hábito, el hombre realiza la gradual experiencia de la propia dignidad y, mediante la templanza, atestigua el propio autodominio y demuestra <i> que realiza lo que en él es esencialmente personal</i>. Y, además, experimenta gradualmente la libertad del don, que por un lado es la condición, y por otro es la respuesta del sujeto al valor esponsalicio del cuerpo humano, en su feminidad y masculinidad. Así, pues, el <i>ethos</i> de la redención del cuerpo se realiza a través del dominio de sí, a través de la templanza de los “deseos”, cuando el corazón humano estrecha la alianza con este <i>ethos</i> , o más bien, <i> la confirma mediante la propia subjetividad integral</i>: cuando se manifiestan las posibilidades y las disposiciones más profundas y, no obstante, más reales de la persona, cuando adquieren voz los estratos más profundos de su potencialidad, a los cuales la concupiscencia de la carne, por decirlo así, no permitiría manifestarse. Estos estratos no pueden emerger tampoco cuando el corazón humano está anclado en una sospecha permanente, como resulta de la hermenéutica freudiana. No pueden manifestarse siquiera cuando en la conciencia domina el “antivalor” maniqueo. En cambio, el <i>ethos</i> de la redención se basa en la estrecha alianza con esos estratos.

7. Ulteriores reflexiones nos darán prueba de ello. Al terminar nuestros análisis sobre el enunciado tan significativo de Cristo según Mateo 5, 27-28, vemos que en él el “corazón” humano es sobre todo objeto de una llamada y no de una acusación. Al mismo tiempo, debemos admitir que <i> la conciencia del estado pecaminoso</i> en el hombre histórico es no sólo un necesario punto de partida, sino también una <i> condición</i> indispensable de su <i> aspiración</i> a la virtud, a la “pureza de corazón”, a la perfección. El <i>ethos</i> de la redención del cuerpo permanece profundamente arraigado en el realismo antropológico y axiológico de la Revelación. Al referirse, en este caso, al “corazón”, Cristo formula sus palabras del modo más concreto: efectivamente, el hombre es único e irrepetible sobre todo a causa de su “corazón”, que decide de él “desde dentro”. La categoría del “corazón” es, en cierto sentido, lo equivalente de la subjetividad personal. El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el <i> otro sujeto, que es originaria y perennemente “conllamado”</i>.
La pureza es exigencia del amor. Es la dimensión de su verdad interior en el “corazón” del hombre.


Pregunta:
¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis? ¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo? ¿Qué es la templanza? Explica la Frase:
El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor lindoro50 » Jue Nov 21, 2013 3:13 pm

¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?

Porque alude a las dos dimensiones íntimamente unidas del ethos y del hombre histórico. Las palabras de Cristo siempre se dirigen al corazón, esto es, al hombre interior. El hombre interior es el sujeto específico del ethos del cuerpo, y Cristo quiere impregnar de esto la conciencia y la voluntad de sus oyentes y discípulos. Se trata indudablemente de un ethos novedoso. Es nuevo en relación con el ethos de los hombres del Antiguo Testamento y con respecto al estado del hombre histórico, posterior al pecado original, esto es, respecto al hombre de la concupiscencia. Se trata, pues, de un ethos nuevo en un sentido y en un alcance universales.

¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo?

Cristo no invita al hombre a retomar el estado de la inocencia originaria, porque ya ha quedado detrás de sí, sino que lo llama a encontrar las formas vivas del hombre nuevo. De ahí se establece un vínculo, entre el principio y la perspectiva de la redención. En el ethos de la redención del cuerpo debe reanudarse el ethos originario de la creación. Cristo no cambia la ley, sino que confirma el mandamiento: No adulterarás; pero, al mismo tiempo, lleva el entendimiento y el corazón de los oyentes hacia esa plenitud de la justicia deseada por Dios creador y legislador, que incluye este mandamiento. Esta plenitud se descubre: primero con una visión interior del corazón, y luego con un modo adecuado de ser y de actuar y esto sucede en la medida en que el ethos de la redención del cuerpo domina la concupiscencia de la carne y al hombre de la concupiscencia. Cristo indica con claridad que el camino para alcanzarlo debe ser camino de templanza y de dominio de los deseos. El ethos de la redención contiene en su espacio-y directamente en la esfera de la concupiscencia de la carne- la necesidad del dominio de sí, de una inmediata continencia y de una templanza habitual.

¿Qué es la templanza?

La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar ‘para seguir la pasión de su corazón’ (Si 5,2; cf 37, 27-31). En el Nuevo Testamento es llamada ‘moderación’ o ‘sobriedad’.

Explica la Frase:
El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".

Cuando el primer hombre, al ver a la primera mujer exclama: «Es carne de mi carne y hueso de mis huesos» (Gén 2, 23), afirma sencillamente la identidad humana de ambos. Exclamando así, parece decir: ¡He aquí un cuerpo similar al mío! Se puede afirmar también: este cuerpo revela al alma viviente, tal como fue el hombre cuando Dios Yahvé alentó la vida en él (Gén 2, 7), por la cual comenzó su soledad frente a todos los seres vivientes.

Precisamente atravesando la profundidad de esta soledad originaria, surge ahora el hombre en la dimensión del don recíproco, cuya expresión de su existencia como persona, es el cuerpo humano en toda la verdad originaria de su masculinidad y feminidad. El cuerpo manifiesta la reciprocidad y la comunión de las personas. La expresa como característica fundamental de la existencia personal. El cuerpo: testigo de la creación como de un don fundamental, es testigo del Amor como fuente de la que nació este mismo donar. La masculinidad-feminidad -esto es, el sexo- es el signo indeleble de una donación creadora y de una toma de conciencia por parte del hombre, varón-mujer, de un don vivido, por así decirlo, de modo originario.

El Sermón de la Montaña es, por consiguiente, una invitación que Cristo dirige al hombre para que recupere el sentido de lo que hay profundamente en el proyecto de Dios: un ser hecho para la comunión. Esto es posible para el hombre histórico, sólo si adopta una actitud de castidad que resulta de la purificación de su corazón. Esto es obra de la gracia obtenida por la redención.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor Rutilo De Los Santos » Sab Nov 23, 2013 11:50 am

Pregunta.-¿Porqué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?
R= Aquí. Juan Pablo II habla de que la realidad del ser humano en lo biológico y social a través de la historia, esta unida a su conducta y comportamiento en su ser y actuar, es decir a sus valores y normas,y que Cristo quiere impregnar en la conciencia de sus oyentes,la nueva forma de vivir, diferente al antiguo estilo de vida de los seres humanos desde la entrada de la concupiscencia a su corazón. Cristo quiere que nos " transformemos" de un hombre " carnal" a un hombre " espiritual". Es decir que vivamos según el " espíritu" y no según la " carne",que dejemos al " hombre viejo" y seamos " el hombre nuevo"
Pregunta.- ¿En qué sentido podemos hablar del " ethos" de la redención y especialmente la redención del cuerpo?
R= nosotros fuimos rescatados o liberados de nuestros pecados por el pacto o nueva alianza sellada con la sangre de Cristo,pero seremos completamente " liberados" y " transformados" en nuestro cuerpo al final de los tiempos cuando seamos resucitados en " cuerpo" y " alma" y así manifestaremos la gloriosa libertad de los hijos de Dios ( con un cuerpo glorioso) .Sin embargo en lo referente a la cuestión del" matrimonio" y al problema de las relaciones entre el hombre y la mujer,Cristo se remite " al principio" o sea a la perspectiva del misterio de la creación y hace una llamada al varón y a la hembra en su relación recíproca en su corazón a encontrar lo que es indestructible en el ser humano,a encontrar la forma del " hombre nuevo", para establecer un vínculo, más aún, a una continuidad entre este" principio" y la perspectiva de la redención.En el " ethos" de la redención del cuerpo, deberá reanudarse de nuevo el " ethos " originario de la creación. Esta plenitud se descubre primero con una visión interior " del corazón" y luego con un modo adecuado de ser y de actuar,esto se logra en la medida en que el " ethos" de la redención del cuerpo domina la concupiscencia de la carne y a todo el hombre de la concupiscencia.
Pregunta ¿ Qué es la templanza?
R= La templanza es una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en moderar los apetitos y el uso excesivo de los sentidos, sujetándolos a la razón .Es la moderación,sobriedad y continencia.
Pregunta.- Explica la frase: el camino de la llamada a la pureza del corazón , tal como fue expresada en el Sermón de la Montaña,es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre- varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente" con llamado"
R= El ser humano( varón y hembra) a través de su historia en su realidad biológico- social y de valores siempre a aspirado a la virtud de la " pureza de corazón" y Cristo se remonta al " principio" cuando el hombre( varón) estaba " solo", y necesitaba a alguien igual en dignidad para poder relacionarse y es cuando Dios " crea" a la mujer( leer Gen 2,18-25). Donde la pareja humana es auténtica imagen de Dios que es comunión en su mismo ser eterno.unidad y comunión está era la" ley del comienzo"
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor jcuengar » Sab Nov 23, 2013 1:00 pm

La redención no retrotrae al hombre al estado original. La redención posiciona al hombre en un nuevo punto de partida para llegar a ser imagen y semejanza de Dios.
El hombre puede en virtud de la redención aspirar a un camino de vida en el que conociendo se a sí mismo y reconociendo su naturaleza divina viva su plenitud en la donación a los demás y en particular a su otro más significativo que es su pareja. Para ello, el conocerse, aceptarse y amarse es indispensable. Desarrollar la virtud de la templanza es a la vez camino y efecto de conocerse a sí mismo. La inteligencia profunda "del corazón" y la libertad la única posibilidad de integrar el ethos y el eros de la relación esponsalicia con los componentes concupiscentes de la naturaleza caída y lograr el dominio de los primeros sobre los segundos siempre que la decisión libre de la donación de sí sea el propósito integrador
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor CasJor » Lun Nov 25, 2013 1:13 pm

La redención del cuerpo
¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?

Se habla del significado ético y antropológico en esta parte de la catequesis, porque aluden a las dos dimensiones íntimamente unidas del ethos y del hombre “histórico”. En los análisis realizados antes, se ha intentado seguir esas dos dimensiones, recordando siempre que las palabras de Cristo se dirigen al “corazón”, esto es, al hombre interior. El hombre interior es el sujeto específico del ethos del cuerpo, y Cristo quiere impregnar de esto la conciencia y la voluntad de sus oyentes y discípulos.

¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo? ¿Qué es la templanza?

El ethos, que emerge de la perspectiva de las palabras de Cristo pronunciadas en el sermón de la montaña, llamado ethos de la redención y, más precisamente, ethos de la redención del cuerpo. Aquí hemos seguido a San Pablo, que en la Carta a los Romanos contrapone “la servidumbre de la corrupción” (Rom 8, 21) y la sumisión a “la vanidad” (ib., 8, 20) -de la que se hace participe toda la creación a causa del pecado- al deseo de la “redención de nuestro cuerpo” (ib., 8, 23). En este contexto, el Apóstol habla de los gemidos de “toda la creación” que “abriga la esperanza de que también ella será libertada de la servidumbre de la corrupción, para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios” (ib., 8, 20-21). De este modo, San Pablo desvela la situación de toda la creación, y en particular la del hombre después del pecado. Para esta situación es significativa la aspiración que -juntamente con la “adopción de hijos” (ib. 8, 23)- tiende precisamente a la “redención del cuerpo”, presentada como el fin, como el fruto escatológico y maduro del misterio de la redención del hombre y del mundo, realizada por Cristo.

Esta plenitud se descubre: primero con una visión interior “del corazón”, y luego con un modo adecuado de ser y de actuar. La forma del hombre “nuevo” puede surgir de este modo de ser y de actuar, en la medida en que el ethos de la redención del cuerpo domina la concupiscencia de la carne y a todo el hombre de la concupiscencia. Cristo indica con claridad que el camino para alcanzarlo debe ser camino de templanza y de dominio de los deseos, y esto en la raíz misma, ya en la esfera puramente interior (”todo el que mira para desear...”). El ethos de la redención contiene en todo ámbito -y directamente en la esfera de la concupiscencia de la carne- el imperativo del dominio de sí, la necesidad de una inmediata continencia y de una templanza habitual.

Explica la Frase: El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".

La pureza es exigencia del amor. Es la dimensión de su verdad interior en el corazón del hombre. La pureza del corazón, entonces, es la liberación interior de la concupiscencia con sus consecuencias, para que la persona se realice en el don de sí a los demás: La nueva dimensión del ethos, de los valores fundamentales, está unida siempre con la revelación de esa profundidad, que se llama “corazón” y con su liberación de la “concupiscencia”, de modo que en ese corazón pueda resplandecer más plenamente el hombre, varón y mujer, en toda la verdad del recíproco “para”. Liberado de la constricción y de la disminución del espíritu que lleva consigo la concupiscencia de la carne, el ser humano, varón y mujer, se encuentra recíprocamente en la libertad del don que es la condición de toda convivencia en la verdad, y, en particular, en la libertad del recíproco donarse...

La pureza de corazón, de la que habló Cristo en el sermón de la montaña, se realiza precisamente en la “vida según el Espíritu.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor Maria 2 » Mar Nov 26, 2013 6:08 pm

¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis? ¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo? ¿Qué es la templanza? Explica la Frase: El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "con llamado".

¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?

Porque alude a las dos dimensiones íntimamente unidas del ethos del hombre histórico. Las palabras de Cristo siempre se dirigen al corazón, al hombre interior y Cristo quiere impregnar de esto la conciencia y la voluntad de sus oyentes y discípulos. Se trata indudablemente de un ethos nuevo en relación con el ethos de los hombres del Antiguo Testamento y con respecto al estado del hombre histórico, posterior al pecado original (hombre de la concupiscencia).

¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo?

Cristo no invita al hombre a retomar el estado de la inocencia originaria porque ya ha quedado atrás; lo llama a encontrar las formas vivas del hombre nuevo el ethos originario de la creación. Cristo no cambia la ley, sino que confirma el mandamiento: No adulterarás; y al mismo tiempo, lleva el entendimiento y el corazón de los oyentes hacia esa plenitud que se descubre primero con una visión interior del corazón, y luego con un modo adecuado de ser y de actuar y esto sucede en la medida en que el ethos de la redención del cuerpo domina la concupiscencia de la carne. Cristo dice que el camino para alcanzarlo debe ser un camino de templanza y de dominio de los deseos.

¿Qué es la templanza?

La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. La persona moderada orienta hacia el bien sus apetitos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar ‘para seguir la pasión de su corazón’

Explica la Frase:
El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "con llamado".

Cuando el primer hombre al ver a la primera mujer exclama: «Es carne de mi carne y hueso de mis huesos» (Gén 2, 23), afirma sencillamente la identidad humana de ambos. Precisamente atravesando la profundidad de esta soledad originaria, surge ahora el hombre en la dimensión del don recíproco, cuya expresión de su existencia como persona, es el cuerpo humano en toda la verdad originaria de su masculinidad y feminidad. El cuerpo manifiesta la reciprocidad y la comunión de las personas y la expresa como característica fundamental de la existencia personal.

COMENTARIO: El Sermón de la Montaña es una invitación que Cristo hace al hombre para que recupere el sentido de lo que hay profundamente en el proyecto de Dios y de su corazón: un ser hecho para la comunión hombre – mujer cuando adopte una actitud de castidad que resulte de la purificación de su corazón que es obra de la gracia obtenida por la redención.

Un abrazo y hasta pronto.-
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor yaluz » Jue Nov 28, 2013 9:35 pm

¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?
R
: El sentido ético y antropológico de este tema o parte de la catequesis de Juan Pablo II tiene un significado especial, puesto que el ethos tiene estas dos dimensiones que confluyen en el hombre histórico que se proyecta hasta nuestros días. Y esto, por supuesto que lo prevé Jesús, de allí que en el Sermón de la Montaña, sus palabras, aunque las relaciona con los mandamientos (Antiguo Testamento)conforman el núcleo del Nuevo Testamento y van directamente dirigidas al hombre interior, al sujeto específico del cuerpo y esto es totalmente nuevo, es parte de la Buena Noticia que quiere hacer llegar a sus oyentes y a sus discípulos.
Jesús, a través de sus palabras, le da la oportunidad al hombre de la concupiscencia, de todos los tiempos y de toda la geografía, a redimirse. Su llamado es para “No cometer Adulterio “y es entonces cuando involucra la mirada y el deseo que hacen cometer adulterio en el corazón. Es decir, está hablando del hombre interior, que a través de sus actos comete el mismo adulterio. Se habla entonces de la triple concupiscencia.
Por esto el Papa habla de lo ético, del deber ser, la norma que orienta el ethos, y a la vez habla de la antropología adecuada que estudia al hombre desde su humanidad, como persona, que se concreta en lo corpóreo. Este hombre creado por Dios, tiene una trayectoria: inocencia original, hombre concupiscente, el hombre histórico que Jesús lo llama a la REDENCIÓN, por lo que emerge el ethos de la redención

¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo?
R:
Dice Juan Pablo II que se habla del ethos de la redención del cuerpo cuando Jesús habla de la resurrección y aclara que en la eternidad seriamos como los ángeles, etéreos llenos de plenitud y es por eso que remite al “principio” ya no a la inocencia originaria, pero si indica el camino para que el hombre nuevo vuelva a esa plenitud, mirándose al corazón y cambiando su forma de ser y actuar, el imperativo del dominio de sí, la necesidad de una inmediata continencia y de una templanza habitual

¿Qué es la templanza?
R:
La templanza es la virtud moral que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad
Según Juan Pablo II, templanza es, “la continencia de los deseos. En este comportamiento el corazón humano permanece vinculado al valor, del cual, a través del deseo, se hubiera alejado de otra manera, orientándose hacia la mera concupiscencia carente de valor ético”

Explica la Frase:
El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado"
.

R: Cuando Jesús indica el camino de la llamada a la pureza del corazón, se establece un vínculo, más aún, una continuidad entre el “principio” y la perspectiva de la redención. En si, la pureza del corazón siempre se reflejará en la medida que te des al otro. La pureza del corazón no tiene sentido, si no existiese el otro sujeto, que como desde un principio, fue conllamado.
Zulay R. de Álvarez (yaluz)
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor Silviamaria » Vie Nov 29, 2013 4:22 pm

¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?
Porque hace referencia al hombre interior y al hombre histórico, al ser humano en conjunto como cuerpo y espíritu.

¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del cuerpo?
En el sentido de que Cristo no vino a cambiar la ley sino a ratificar el camino que el hombre debe seguir para obtener la salvación. El hombre debe buscar la redención con el dominio de sus deseos y llevando una vida de mesura.

¿Qué es la templanza?
Es una virtud moral que consiste en la moderación de los apetitos y de la atracción que ejercen los placeres a partir de la razón, permite que la persona sea equilibrada y sopese su tendencia natural hacia los placeres de los sentidos y el recogimiento espiritual.

Explica la Frase: El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la solidad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente “conllamado”.
Esta frase se puede explicar considerando que el hombre siempre busca la salvación, la pureza del corazón se da con la participación del otro ser humano (hombre y mujer) el hombre no fue creado solo sino en compañía por lo tanto la pareja humana es imagen de Dios en la tierra.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor maguie » Lun Dic 02, 2013 8:08 pm

El Papa habla del sentido ético y antropológico en esta parte, porque están estrechamente relacionados, la antropología del hombre necesita de la ética pues ella está basada en la antropología, haciendo referencia al hombre histórico en conjunto con el hombre interior que forman la naturaleza humana. En necesario atender a estas dos dimensiones del hombre para comprender de qué modo debe actuar para obtener la verdadera felicidad.

Podemos hablar del 'Ethos' de la redención, especialmente de la redención del cuerpo en el sentido de que Cristo al rebelar en el Sermón de la Montaña la profundidad y alcances del nuevo Ethos viene a enseñar que el cuerpo -parte esencial de la naturaleza humana- tiene la posibilidad de redención por el papel que juega dentro de la historia humana de la salvación. El hombre al considerar el nuevo Ethos como Cristo lo planteó alcanzará un grado de perfección mas alto y realizará con mucha mayor facilidad tanto el matrimonio como el celibato por amor.

Templanza es la virtud por la cual el hombre realiza el dominio de sí, haciendo que el hombre tienda al bien y a ello subordine sus apetitos sensibles.

La frase dicha significa que el hombre al ser orientado a la vivencia del nuevo Ethos, recuerda como vivía el hombre originario, dominando sus apetitos -aunque ahora, debemos decirlo, le cuesta trabajo- pero ahora es en función de la apertura al don completo de sí, es decir ahora tiene significado esa renuncia a experimentar todo porque va en función de la mujer a la que está unido y con la que está siempre ''llamado'
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor garu » Mié Dic 04, 2013 2:48 pm

Se habla del sentido ético y antropológico, porque ambos engloban las dos dimensiones del hombre, El uno porque se refiere al hombre interior y el otro porque abarca a todo hombre, como sociedad, a la humanidad.
El hombre, con motivo del pecado, pierde la inocencia originaria y no hay vuelta atrás, pero no quiere ello decir que todo está perdido. Cristo, llama a retomar el significado perenne e indestructible de lo que es humano, tal como lo quiso Dios Creador. Lo llama a reanudar ese modo de ser (ethos) originario de la creación, donde no sólo confirma el mandato de no adulterarás, sino que lo perfecciona llevando el corazón del hombre hacia la plenitud de la justicia que este mandato encierra, conforme a lo establecido por el Legislador, pudiéndose hablar de esta manera de la redención del cuerpo. El hombre nuevo puede ver su corazón y actuar en consecuencia, conforme a esa visión, donde el cuerpo redimido domina la concupiscencia y todo lo que ella conlleva. El modo de alcanzar este dominio no es otro que a través de la templanza, virtud cardinal que modera la atracción de los placeres, la continencia de los deseos, el dominio de sí, permitiendo al hombre retomar el significado de su cuerpo, su carácter esponsal, el don de la comunión, como misteriosa realidad de la imagen y semejanza de Dios. Y es a todo esto a los que nos llama Cristo en el Sermón de la Montaña, que, como dijéramos anteriormente, es mas una apelación al hombre interior que una acusación.
La frase “ El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado", hace alusión a esa casi olvidada soledad original del hombre, antes de que Dios creara a la mujer y al contenido del Génesis que dice…”por esta razón deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y los dos se hacen una sola carne…”, instituyéndose el matrimonio y su indisolubilidad, y la promesa tácita de “la pureza, como exigencia del amor”.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor Jeanette Palacios » Mar Dic 10, 2013 9:45 pm

¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?
La etica personal forma parte integral del actuar de las personas respecto a las acciones realizadas en la ejecucion de sus actos vivenciales sean estos de cualquier naturaleza. Tambien es un compromiso permanente cuya violacion es inexcusable ante la propia persona y aquellos que conocieron de las acciones violatorias. El sentido Antropologico incluye el conocimiento, la moral, costumbre, habitos adquiridos por el hombre en el hambito de la sociedad.
El Papa habla de estas dos palabras porque las dos palabras aluden a las dos dimenciones intimamente unidas del ethos del cuerpo y del hombre historico. El sentido etico forma parte integral del actuar del hombre respecto a las acciones realizadas en la ejecucion de sus actos vivenciales y el sentido Antropologico es el derecho, la moral, las costumbres y habitos adquiridos por el hombre en su cultura en sentido etnografico.

¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo?
Reconociendo el contexto de las palabras del sermon de la montaña, Cristo habla en la perspectiva de la redencion del hombre y del mundo y en especialmente de la redencion del cuerpo. Esta es la perspectiva de todo el Evangelio y la mision de Jesuscristo. No podemos olvidar que la enseñanza fundamental de Jesus era hacerca del matrimonio y al problema de las relaciones entre el hombre y la mujer que se remite al principio. Esta llamada solo puede ser justificada por la realidad de la redencion, el ethos nuevo que es llamado ethos de la redencion del cuerpo.

¿Qué es la templanza?
Templanza es la virtud cardinal que recomienda moderacion en las atracciones de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados.

Explica la Frase:
El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".
El Hombre interior es el sujeto especifico del ethos del cuerpo y Cristo quiere impregnar de esto la conciencia y la voluntad de sus oyentes y de sus discipulos. El quiere que atravez de la templanza o dominio de si, podramos mantener un comportamiento en nuestro corazon un vinculo al valor. Se trata del valor del significado esponsalicio del cuerpo. Este Valor del acto del dominio de si y de la templanza es a lo que llama Cristo en el sermon de la montaña.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor b. gabriel reyes reyes » Mié Dic 11, 2013 10:19 pm

[b]¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?[/b]
[i]Porque las palabras de Cristo que se ha venido reflexionando hacen referencia a estas dos dimensiones íntimamente unidas en la persona humana: Su ser y su actuar, su esencia y su acción, su modo de ser y de actuar. [/i]

[b]¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo?[/b]
[i]Hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo sólo puede justificarse en la perspectiva de la resurrección; el cuerpo es redimido para la resurrección.[/i]

[b]¿Qué es la templanza?[/b]
[i]La templanza, también llamada moderación o sobriedad, es la virtud cardinal que modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. Su objeto es moderar las pasiones del apetito concupiscible, es decir, el amor y el deseo del bien sensible ausente y el placer gozoso del bien poseído, y sólo indirectamente la tristeza que produce la ausencia de ese placer.[/i]

[b]Explica la Frase:
El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".[/b]
[i]La frase nos lleva a profundizar en el misterio de la creación del hombre:
• El hombre creado a imagen y semejanza de Dios, en su subjetividad personal vive la soledad que rompe al descubrir a la mujer “hueso de mis huesos y carne de mi carne”.
• Hombre y mujer, masculinidad y feminidad, se complementan, son llamados (“conllamados”) a la donación recíproca, a formar una comunidad de personas que en el amor llegan a “ser una misma carne”. Esta vocación es obscurecida por la triple concupiscencia, fruto del pecado, pero no destruida. En la naturaleza humana se conserva la atracción hombre-mujer como reminiscencia del llamado al amor pleno.
• La redención nos da fuerzas para dominar los impulsos de la concupiscencia, hace posible aspirar a la perfección, a la “pureza de corazón”.
• Nuestro destino más verdadero, nuestra vocación más profunda: ser amados, ser transformados por el amor (Pp Francisco).[/i]
b. gabriel reyes reyes
 
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor patricio » Mié Dic 11, 2013 10:49 pm

Pregunta:
¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?
Habla del significado ético y antropológico porque alude a las dos dimensiones íntimamente unidas del ethos y del hombre “histórico”. Anteriormente, hemos visto a estas dos dimensiones, recordando siempre que las palabras de Cristo se dirigen al “corazón”, esto es, al hombre interior. El hombre interior es el sujeto específico del ethos/ del cuerpo, y Cristo quiere impregnar de esto la conciencia y la voluntad de sus oyentes y discípulos. Se trata indudablemente de un ethos “nuevo”. Es “nuevo” en relación con el ethos de los hombres del Antiguo Testamento; es “nuevo” también respecto al estado del hombre “histórico”, posterior al pecado original, esto es, respecto al “hombre de la concupiscencia”. Se trata, pues, de un ethos “nuevo” en un sentido y en un alcance universales.

¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo?

Debemos reconocer que en el contexto de las palabras del sermón de la montaña (Mt 5, 27-28), que hemos estudiado, este significado no aparece todavía en toda su plenitud. Este se manifestará más completamente, cuando examinemos otras palabras de Cristo, esto es, aquellas en las que se refiere a la resurrección (Mt 22, 30; Mc 12, 25; Lc 20, 35-36). Sin embargo, no hay duda alguna de que también en el sermón de la montaña, Cristo habla en la perspectiva de la redención del hombre y del mundo (y precisamente, por lo tanto, de la “redención del cuerpo”). De hecho, ésta es la perspectiva de todo el Evangelio, de toda la enseñanza, más aún, de toda la misión de Cristo. Y aunque el contexto inmediato del sermón de la montaña señale a la ley y a los Profetas como el punto de referencia histórico, propio del Pueblo de Dios de la Antigua Alianza, sin embargo, no podemos olvidar jamás que en la enseñanza de Cristo la referencia fundamental a la cuestión del matrimonio y al problema de las relaciones entre el hombre y la mujer, se remite al “principio”. Esta llamada sólo puede ser justificada por la realidad de la redención; fuera de ella, en efecto, permanecería únicamente la triple concupiscencia, o sea, esa “servidumbre de la corrupción”, de la que escribe el Apóstol Pablo (Rom 8, 21).

¿Qué es la templanza? Explica la Frase:
El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".

La templanza es la virtud cardinal que recomienda moderación en la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y mantiene los deseos en los límites de la honestidad. En un sentido más amplio, algunos la definen como sinónimo de "moderación, sobriedad y continencia".

La pureza es exigencia del amor. Es la dimensión de su verdad interior en el “corazón” del hombre.
El misterio de la inocencia originaria del hombre es un misterio de su existencia, anterior a la ciencia del bien y del mal, y como "al margen" de ésta. El hecho de que el hombre exista en este mundo, antecedentemente a la ruptura de la primera Alianza con su Creador, pertenece a la plenitud del misterio de la creación. Si, como hemos dicho antes, la creación es un don hecho al hombre, entonces su plenitud es la dimensión más profunda y determinada de la gracia, esto es, de la participación en la vida íntima de Dios, en su santidad. Esta es también en el hombre fundamento interior y fuente de su inocencia originaria.
Esta inocencia originaria pertenece a ese misterioso don hecho a lo más íntimo del hombre al "corazón" humano que permite a ambos, varón y mujer, existir desde el "principio" en la recíproca relación del don desinteresado de sí. En esto está encerrada la revelación y a la vez el descubrimiento del significado "esponsalicio" del cuerpo en su masculinidad y feminidad. Se comprende por qué hablamos, en este caso, de revelación y a la vez del descubrimiento.
Puesto que la felicidad y la inocencia están inscritas en el marco de la comunión de las personas, como si se tratase de dos hilos convergentes de la existencia del hombre en el mismo misterio de la creación, la conciencia beatificante del significado del cuerpo esto es, del significado esponsalicio de la masculinidad y feminidad humanas está condicionada por la inocencia originaria. No parece que haya impedimento alguno para entender aquí esa inocencia originaria como una particular, que conserva una fidelidad interior al don según el significado esponsalicio del cuerpo.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor Mary Jo » Vie Dic 13, 2013 11:52 pm

¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?
El Papa Juan Pablo II habla del significado ético y antropológico de las palabras que Cristo dijo en el Sermón de la Montaña, porque aluden a las dos dimensiones íntimamente unidas del “ethos” y del hombre “histórico”.
Las palabras de Cristo se dirigen al “corazón”, esto es, al hombre interior. El hombre interior es el sujeto específico del “ethos” del cuerpo. Cristo quiere impregnar esta verdad en la conciencia y voluntad de todo hombre, independientemente de cualquier longitud y latitud geográfica e histórica.

¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo?
Sin duda alguna en el sermón de la montaña Cristo habla en la perspectiva de la redención del hombre y del mundo (y precisamente, por lo tanto, de la “redención del cuerpo”). De hecho, ésta es la perspectiva de todo el Evangelio, de toda la enseñanza, más aún, de toda la misión de Cristo.
En la enseñanza de Cristo la referencia fundamental a la cuestión del matrimonio y al problema de las relaciones entre el hombre y la mujer, se remite al “principio”. Esta llamada sólo puede ser justificada por la realidad de la redención; fuera de ella, en efecto, permanecería únicamente la triple concupiscencia.
Solamente la perspectiva de la redención justifica la referencia al “principio”, o sea, la perspectiva del misterio de la creación en la totalidad de la enseñanza de Cristo acerca de los problemas del matrimonio, del hombre y de la mujer y de su relación recíproca.

¿Qué es la templanza?
La continencia de los deseos.

Explica la Frase:
“El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".
Como bien dice el Papa, Cristo basó sus enseñanzas en el “principio”, en el que Dios vio que el hombre estaba sólo e hizo una compañera semejante a él. Están llamados a ser “uno” y formar una sola carne. La pureza es exigencia del amor. Es la dimensión de su verdad interior en el “corazón” del hombre.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor RoxanaGomez25 » Lun Dic 16, 2013 1:36 pm

El Papa habla en el sentido ético y antropológico, porque las palabras de Cristo en el sermón de la montaña Mt 5, 27-28, aluden a las 2 dimensiones íntimamente unidas el ethos y el hombre histórico, sus palabras van siempre al corazón, al hombre interior.
¿En que sentido podemos hablar del ethos de la redención y espíritu del cuerpo? En sentido de que el hombre interior es el sujeto específico del ethos del cuerpo y Cristo quiere impregnar de esto la conciencia y la voluntad. Se trata del ethos nuevo en relación con el ethos del hombre del Antiguo Testamento. Es nuevo también respecto al estado del hombre histórico, hombre de concupiscencia. Este ethos nuevo es el ethos de la redención del cuerpo, esta redención justifica la referencia del principio, en perspectiva con el misterio de la creación, así la redención del hombre y del mundo, las palabras se sitúan en la perspectiva teológica. Cristo llama a encontrar los significados perennes, indestructibles lo humano, las formas vivas del hombre nuevo. Así establece un vínculo, continuidad entre el principio y la perspectiva de la redención. Esta plenitud se descubre primero con una visión interior del corazón, luego el modo adecuado de ser y actuar, y en la medida que el ethos de la redención del cuerpo domina la concupiscencia de la carne, va a todo el hombre de la concupiscencia.
Templanza: es dominio de sí, dominio de los deseos, por una necesidad de una inmediata continencia de los deseos. Con la templanza el corazón humano permanece vinculado al valor, orienta al valor ético, mediante un acto de dominio, se confirma o restablece con una fuerza y firmezas profundas ante el deseo. Este valor es el significado esponsalicio del cuerpo, el perenne atractivo del hombre y mujer en comunión, escrito en sus corazones, de este valor se trata el dominio de sí.
La frase: "El camino de la llamada pureza del corazón tal como fue expresada en el sermón de la montaña es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue librado el hombre-varón mediante la apertura del otro ser humano mujer. La pureza de corazón en fin de cuentas es con relación hacia otro sujeto que es originaria y perenne conllamado": Esto es el don recíproco, la comunión, que el hombre-varón obtiene esta apertura mediante otro ser humano, así esta pureza del corazón es exigencia de amor, es un don recíproco, es una alianza entre los seres humanos solo así se puede dar el don con verdadero amor.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor Carlos64 » Vie Dic 27, 2013 1:24 pm

Pregunta: “¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis? ¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo? ¿Qué es la templanza?”

El sentido ético y antropológico del Ethos de Cristo, tal como es anunciado por Él en Mateo 5, 27-28, es esencial para comprender su obra redentora. Es un Ethos nuevo en relación a todo lo preexistente, tanto lo relativo a la Antigua Alianza como la realidad del hombre histórico en tanto hombre de la concupiscencia. Así, el sentido ético y antropológico del Ethos de Cristo remite a la concepción esencial de lo humano y de la relación establecida por Dios con lo humano a través de la historia. Y es en esta línea que se define como Ethos de la Redención, esto es, de la liberación de lo humano en su historicidad y en su sentido más profundo, que es un sentido teológico, de manera que lo específicamente humano pueda ser reorientado (restituido) al Principio, es decir, al designio divino original para con el valor o significado del cuerpo, del eros, de la atracción varón-mujer, de la comunión como don libre de sí. Y es precisamente este carácter redentor de la llamada de Cristo lo que permite la referencia final al Principio.

Cristo nos llama, pues, a ser redimidos en nuestra humanidad específica e histórica, que es una humanidad corporal y sexuada. Nuestro cuerpo ha de ser liberado de la “servidumbre de la corrupción” para encontrar gradualmente su verdadero sentido, que es su significado esponsalicio. La concupiscencia que nos ata ha de ser vencida y sustituida, progresivamente, por la libertad del don y la vivencia de la comunión abierta a la vida entre el varón y la mujer. Esto implica necesariamente una apelación al hombre interior, a nuestro corazón en el sentido bíblico, para que sea el hombre interior el que domine los impulsos eróticos según el significado que los tales tienen en el designio divino, y no sean los impulsos los que maniaten el corazón del hombre y hagan surgir la distorsión existencial del “hombre carnal”.

En este dominio el hombre interior es esencial la templanza. La templanza, la continencia, alude claramente a la necesidad de este dominio espiritual sobre la carne. La llamada de Cristo al corazón humano implica un modo de ser y actuar caracterizado por la constante auto-vigilancia, el auto-dominio, la toma consciente de decisiones en favor de la dimensión trascendental de nuestro cuerpo y en renuncia a su degradación concupiscente. San Francisco de Asís diría que el hermano asno ha de ser sujetado. A través de esta disciplina diaria el corazón humano se redime y se involucra activamente en la redención del cuerpo, en el descubrimiento paulatino de su sentido esponsalicio. Y se conquista paso a paso la propia y verdadera dignidad, la libertad del don de sí, la riqueza insondable de la propia subjetividad a imagen y semejanza de Dios. Se prepara el terreno para la vivencia del amor conyugal como comunión plena.

Pregunta: “Explica la Frase: El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".

La pureza de corazón en su sentido de bienaventuranza es comprensible únicamente a través de la comunión en el amor. Su fundamento primigenio es la naturaleza misma de Dios, que es comunión perfecta y eterna en el Misterio de la Trinidad, y se puede por tanto entender como reflejo de esa naturaleza divina en el corazón humano, hecho a su imagen y semejanza. En la medida en que amamos nos entregamos libremente, hacemos de todo nuestro ser un don libre al otro. Y esto nace de la pureza del corazón y a esa pureza remite en última instancia. No es en la soledad que podemos ver a Dios sino en la comunión, en la apertura al otro ser humano, en la entrega de lo que somos al otro que, al igual que nosotros, también es llamado a esta vivencia.

Para el caso específico de la comunión entre el varón y la mujer, la pureza del corazón necesaria para la comunión, para la libertad del don, está ligada al significado esponsalicio del cuerpo, a la redención del cuerpo y de la dimensión erótica humana. De la diferencia de los géneros surge la realidad de su complementariedad, aspecto vital de su unión llamada a la vida, a la co-creación, al logro pleno de la humanidad a través de la unión íntima entre lo masculino y lo femenino. Todos estos aspectos, tendientes desde su misma naturaleza a la comunión, se ven potenciados a través de la pureza de corazón, conquista final del hombre interior sobre la carne, trascendencia lograda a través de la redención del cuerpo, prenda final del cuerpo dotado de su pleno y auténtico sentido según el designio del Creador. Y todo esto es el alcance de la llamada de Cristo al corazón humano, llamada que es redención. La apertura al otro (mujer u hombre, según sea el caso) libera al corazón, lo hace puro, lo hace partícipe de la naturaleza misma de Dios en tanto Amor.

“La pureza es exigencia del amor. Es la dimensión de su verdad interior en el corazón del hombre.”

El Señor la bendiga, Dra. Pilar.
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Dios te salve, María, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor Dolovalencia » Mié Ene 01, 2014 10:02 pm

El significado de las palabras de Cristo en el sermón de la montaña (Mt5,27-28) aluden a dos dimensiones íntimamente unidas del ethos y el hombre histórico, recordando siempre que estas palabras van dirigidas al corazón al hombre interior. Cristo quiere impregnar de esto la conciencia y la voluntad de sus oyentes y discípulos.
La enseñanza de Cristo a la cuestión del matrimonio al problema entre el hombre y la mujer se remite al principio. Esta llamada de Cristo sólo puede ser justificada por la realidad de la redención, fuera de ella permanecerá la triple concupiscencia (servidumbre de la corrupción). Cristo nos llama a encontrar lo que es humano las formas vivas del hombre nuevo. Esta plenitud se descubre primero con una visión interior al corazón, y luego con un modo adecuado de ser y actuar. La forma del nuevo hombre es en la medida en el ethos de la redención del cuerpo domina la concupiscencia de la carne. Para alcanzarlo debe ser un camino de templanza y dominio de los deseos.
Templanza= Continencia de los deseos.
En este comportamiento el corazón humano permanece vinculado al valor. El ethos de la redención del cuerpo se realiza a travez de la templanza de los deseos.
El hombre es único e irrepetible sobre toda causa de su corazón que decide de el desde dentro.
La pureza de corazón se explica con la relación hacia el otro sujeto que es originaria y perennemente "conllevado". La pureza es exigencia del amor.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor mari_pily » Vie Ene 03, 2014 5:29 pm

¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?
Porque aluden a las dos dimensiones unidas del ethos y del hombre histórico.
¿En que sentido podemos hablar del ethos de la redención y especialmente de la redención del cuerpo?
Ético y antropológico recordando que Cristo desde el principio dirige sus palabras al corazón es decir al hombre interior.
¿Qué es la templanza?
La continencia de los deseos.
Explica la frase:El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza del corazón explica, en fin de cuentas, con la relación al otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".
Pareciera fácil explicar esto pero cuando lo voy a hacerse me dificulta, el camino de la llamada a la pureza del corazón,viene entonces desde la soledad originaria de la que fue liberado el hombre al crear a la mujer, ese camino lo recorremos todos y todos los días pues en realidad estamos llamados a esa pureza ,como lo dijo ahora el Papa Francisco todos estamos llamados a la santidad , no quiere santos con velo y con sotana sino santos de jeans y zapatillas, universitarios, etc.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor Alejandra S » Sab Ene 18, 2014 7:00 pm

El Papa habla del sentido ético y antropológico porque ellos “aluden a las dos dimensiones íntimamente unidas del <i>ethos</i> y del hombre “histórico (…) El hombre interior es el sujeto específico del <i>ethos</i> del cuerpo (…) Es “nuevo” respecto a todo hombre, independientemente de cualquier longitud y latitud geográfica e histórica”.

Podemos hablar del sentido del ethos de la redención y en especial de la redención del cuerpo porque la redención del hombre abarca la redención del cuerpo, no la excluye. Redimir al hombre es redimirlo entero, en cuerpo y alma.

La templanza es la virtud del dominio y señorío de sí mismo, la continencia de los deseos. Se la alcanza por acercarse al ethos del hombre, no se la alcanza por el miedo o el maniqueísmo.
“El <i>ethos</i> de la redención contiene en todo ámbito -y directamente en la esfera de la concupiscencia de la carne- el imperativo del dominio de sí, la necesidad de una inmediata continencia y de una templanza habitual”.

Explica la Frase:
El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".

“En el sermón de la montaña Cristo no invita al hombre a retomar al estado de la inocencia originaria, porque la humanidad la ha dejado irrevocablemente detrás de sí, <i> sino que lo llama a encontrar</i> -sobre el fundamento de los significados perennes y, por así decir, indestructibles de lo que es “humano”-
Las palabras de Cristo son una llamada que hablan al corazón del hombre, a lo que es justo y adecuado. La pureza del corazón es el punto de partida y condición para llegar a la plenitud de la entrega al otro, y se conecta con el origen del Génesis, en el que el hombre fue liberado de la soledad originaria para encontrarse con la mujer, y en el sentido esponsalicio del cuerpo formar una sola carne.
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Re: 49. La redención del cuerpo

Notapor fpelaez » Lun Ene 27, 2014 3:04 pm

1. ¿Por qué habla el Papa del sentido ético y antropológico en esta parte de la catequesis?
Porque el ethos (sentido ético) va unido al hombre histórico (sentido antropológico). Las palabras de Cristo fueron pronunciadas para impregnar el corazón y la consciencia del hombre, de sus oyentes y posteriormente los lectores de esas palabras. Impregna en el corazón del hombre histórico y a través de lo que parece ser un nuevo ethos.

2. ¿En qué sentido podemos hablar del “ethos” de la redención y especialmente la redención del Cuerpo?
Cristo redime al hombre no para que sea como el hombre originario, puesto que el hombre aunque redimido, ha sido transformado por el pecado. Ahora bien, quiere Cristo que quiere que el hombre caído redimido por la gracia, viva dentro de sus posibilidades de hombre nuevo las enseñanzas de Cristo en el sermón de la montaña.

3. ¿Qué es la templanza?
Es la virtud de la moderación de los apetitos y la atracción a partir de la razón.

4. Explica la Frase:
El camino de la llamada a la pureza del corazón, tal como fue expresada en el sermón de la montaña, es en todo caso reminiscencia de la soledad originaria, de la que fue liberado el hombre-varón mediante la apertura al otro ser humano, a la mujer. La pureza de corazón se explica, en fin de cuentas, con la relación hacia el otro sujeto, que es originaria y perennemente "conllamado".

El hombre pierde la soledad a partir de la creación de la mujer, y que a partir de ese momento se convierten en don uno del otro, capaces de admirar en todo su esplendor la belleza de la creación tanto en el cuerpo como en el corazón. Sus pensamientos, sentimientos y deseos eran en torno a ese don de Dios del uno para el otro. Es reminiscencia, puesto que ahora el hombre nuevo puede vivir la pureza de corazón sólo en relación al otro, en relación al plan original de Dios. No vivir de acuerdo a ese plan es como el sentimiento de la soledad originaria, no hay complemento, mi ser no está completo ni es pleno. Con la gracia del hombre nuevo es posible abrirse a vivir de acuerdo al sermón de la montaña.
fpelaez
 
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