43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Este curso tiene el objetivo de difundir la catequesis del amor humano, también conocida como Teología del Cuerpo.

En esta segunda parte se toca el adulterio, la concupiscencia, la donación mutua del hombre y a mujer en el matrimonio, la dignidad del cuerpo y del sexo, lo «ético» y lo «erótico» en el amor humano y el respeto al cuerpo.

Fechas:
Este curso consta 40 sesiones que se impartirán todos los martes y sábados a partir del 27 de agosto de 2013 , la última será el 3 enero de 2014

Moderadores: pilar calva, Catholic.net, Margarita Gonzalez, Moderadores Animadores

43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor pilar calva » Vie Nov 01, 2013 3:12 pm

43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada
Quiero concluir hoy el análisis de las palabras que pronunció Cristo, en el sermón de la montaña, sobre el «adulterio» y sobre la «concupiscencia», y en particular del último miembro del enunciado, en el que se define específicamente a la «concupiscencia

(8-X-80/12-X-80)

1. Quiero concluir hoy el análisis de las palabras que pronunció Cristo, en el sermón de la montaña, sobre el “adulterio” y sobre la “concupiscencia”, y en particular del último miembro del enunciado, en el que se define específicamente a la “concupiscencia de la mirada”, como “adulterio cometido en el corazón”.

Ya hemos constatado anteriormente que dichas palabras se entienden ordinariamente como deseo de la mujer del otro (es decir, según el espíritu del noveno mandamiento del decálogo). Pero parece que esta interpretación -más restrictiva- puede y debe ser ampliada a la luz del contexto global. Parece que la valoración moral de la concupiscencia (del “mirar para desear”) a la que Cristo llama “adulterio cometido en el corazón”, depende, sobre todo, de la misma dignidad personal del hombre y de la mujer; lo que vale tanto para aquellos que no están unidos en matrimonio, como -y quizá más aún- para los que son marido y mujer.

2. El análisis, que hasta ahora hemos hecho del enunciado de Mt 5, 27-28 “Habéis oído que fue dicho. No adulterarás. Pero yo Os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón”, indica la necesidad de ampliar y, sobre todo, de profundizar la interpretación presentada anteriormente, respecto al sentido ético que contiene este enunciado. Nos detenemos en la situación descrita por el Maestro, situación en la que aquel que “comete adulterio en el corazón”, mediante un acto interior de concupiscencia (expresado por la mirada), es el hombre. Resulta significativo que Cristo, al hablar del objeto de este acto, no subraya que es “la mujer del otro”, o la mujer que no es la propia esposa, sino que dice genéricamente: la mujer. El adulterio cometido “en el corazón no se circunscribe a los límites de la relación interpersonal, que permiten individuar el adulterio cometido “en el cuerpo”. No son estos límites los que deciden exclusiva y esencialmente el adulterio cometido “en el corazón”, sino la naturaleza misma de la concupiscencia, expresada en este caso a través de la mirada, esto es, por el hecho de que el hombre -del que, a modo de ejemplo, habla Cristo- “mira para desear”. El adulterio “en el corazón” se comete no solo porque el hombre “mira” de ese modo a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira así a una mujer. Incluso si mirase de este modo a la mujer que es su esposa, cometería el mismo adulterio “en el corazón”.

3. Esta interpretación parece considerar, de modo más amplio, lo que en el conjunto de los presentes análisis se ha dicho sobre la concupiscencia, y en primer lugar sobre la concupiscencia de la carne, como elemento permanente del estado pecaminoso del hombre ( status naturæ lapsæ). La concupiscencia que, como acto interior, nace de esta base (como hemos tratado de indicar en el análisis precedente), cambia la intencionalidad misma del existir de la mujer “para” el hombre, reduciendo la riqueza de la perenne llamada a la comunión de las personas, la riqueza del profundo atractivo de la masculinidad y de la feminidad, a la mera satisfacción de la “necesidad” sexual del cuerpo (a la que parece unirse más de cerca el concepto de “instinto”). Una reducción tal hace, sí, que la persona (en este caso, la mujer) se convierta para la otra persona (para el hombre) sobre todo en objeto de la satisfacción potencial de la propia “necesidad” sexual. Así se deforma ese recíproco “para”, que pierde su carácter de comunión de las personas en favor de la función utilitaria. El hombre que “mira” de este modo, como escribe Mt 5, 27-28, “se sirve” de la mujer, de su feminidad, para saciar el propio “instinto”. Aunque no lo haga con un acto exterior, ya en su interior ha asumido esta actitud, decidiendo así interiormente respecto a una determinada mujer. En esto precisamente consiste el adulterio “cometido en el corazón”. Este adulterio “en el corazón” puede cometerlo también el hombre con relación a su propia mujer, si la trata solamente como objeto de satisfacción del instinto.

4. No es posible llegar a la segunda interpretación de las palabras de Mt 5, 27-28, si nos limitamos a la interpretación puramente psicológica de la concupiscencia, sin tener en cuenta lo que constituye su específico carácter teológico, es decir, la relación orgánica entre la concupiscencia (como acto) y la concupiscencia de la carne, como, por decirlo así, disposición permanente que deriva del estado pecaminoso del hombre. Parece que la interpretación puramente psicológica (o sea, “sexológica”) de la “concupiscencia”, no constituye una base suficiente para comprender el relativo texto del sermón de la montaña. En cambio, si nos referimos a la interpretación teológica - sin infravalorar lo que en la primera interpretación (la psicológica) permanece inmutable - ella, esto es, la segunda interpretación (la teológica) se nos presenta como más completa. En efecto, gracias a ella, resulta mas claro también el significado ético de enunciado-clave del sermón de la montaña, el que nos da la adecuada dimensión del ethos del Evangelio.

Al delinear esta dimensión, Cristo permanece fiel a la ley: “No penséis que he venido a abrogar la ley y los profetas no he venido a abrogarla, sino a consumarla” (Mt 5, 17) En consecuencia, demuestra cuanta necesidad tenemos de descender en profundidad, cuánto necesitamos descubrir a fondo las interioridades del corazón humano, a fin de que este corazón pueda llegar a ser un lugar de “cumplimiento” de la ley.

El enunciado de Mt 5, 27-28, que hace manifiesta la perspectiva interior del adulterio cometido “en el corazón” -y en esta perspectiva señala los caminos justos para cumplir el mandamiento: “no adulterarás”-, es un argumento singular de ello. Este enunciado (Mt 5, 27-28), efectivamente, se refiere a la esfera en la que se trata de modo particular de la “pureza del corazón” (cf. Mt 5, 8) (expresión que en la Biblia -como es sabido- tiene un significado amplio). También en otro lugar tendremos ocasión de considerar cómo el mandamiento “no adulterarás” -el cual, en cuanto al modo en que se expresa y en cuanto al contenido, es una prohibición unívoca y severa (como el mandamiento “no desearás la mujer de tu prójimo” Ex 20, 17)- se cumple precisamente mediante la “pureza de corazón”. Dan testimonio indirectamente de la severidad y fuerza de la prohibición las palabras siguientes del texto del sermón de la montaña, en las que Cristo habla figurativamente de “sacar el ojo” y de “cortar la mano”, cuando estos miembros fuesen causa de pecado (cf. Mt 5, 29-30). Hemos constatado anteriormente que la legislación del Antiguo Testamento, aun cuando abundaba en castigos marcados por la severidad, sin embargo, no contribuía “a dar cumplimiento a la ley”, porque su casuística estaba contramarcada por múltiples compromisos con la concupiscencia de la carne. En cambio, Cristo enseña que el mandamiento se cumple a través de la “pureza de corazón”, de la cual no participa el hombre sino a precio de firmeza en relación con todo lo que tiene su origen en la concupiscencia de la carne. Adquiere la “pureza de corazón” quien sabe elegir coherentemente a su “corazón”: a su “corazón” y a su “cuerpo”.

6. El mandamiento no adulterarás” encuentra su justa motivación en la indisolubilidad del matrimonio, en el que el hombre y la mujer, en virtud del originario designio del Creador, se unen de modo que “los dos se convierten en una sola carne” (cf. Gén 2, 24) El adulterio contrasta, por su esencia, con esta unidad, en el sentido de que esta unidad corresponde a la dignidad de las personas. Cristo no solo confirma este significado esencial ético del mandamiento, sino que tiende a consolidarlo en la misma profundidad de la persona humana. La nueva dimensión del ethos está unida siempre con la revelación de esa profundidad, que se llama “corazón” y con su liberación de la “concupiscencia”, de modo que en ese corazón pueda resplandecer más plenamente el hombre: varón y mujer, en toda la verdad del recíproco “para”. Liberado de la constricción y de la disminución del espíritu que lleva consigo la concupiscencia de la carne, el ser humano: varón y mujer, se encuentra recíprocamente en la libertad del don que es la condición de toda convivencia en la verdad, y, en particular, en la libertad del recíproco donarse, puesto que ambos, marido y mujer, deben formar la unidad sacramental querida por el mismo Creador, como dice el Génesis 2, 24.

7. Como es evidente, la exigencia, que en el sermón de la montaña propone Cristo a todos sus oyentes actuales y potenciales, pertenece al espacio interior en que el hombre -precisamente el que le escucha- debe descubrir de nuevo la plenitud perdida de su humanidad y quererla recuperar. Esa plenitud en la relación recíproca de las personas: del hombre y de la mujer, el Maestro la reivindica en Mt 5, 27-28, pensando sobre todo en la indisolubilidad del matrimonio, pero también en toda otra forma de convivencia de los hombres y de las mujeres, de esa convivencia que constituye la pura y sencilla trama de la existencia. La vida humana, por su naturaleza, es “coeducativa”, y su dignidad, su equilibrio dependen, en cada momento de la historia y en cada punto de longitud y latitud geográfica, de “quién” será ella para el, y él para ella.

Las palabras que Cristo pronunció es el sermón de la montaña tienen indudablemente este alcance universal y a la vez profundo. Sólo así pueden ser entendidas en la boca de Aquel, que hasta el fondo “conocía lo que en el hombre había” (Jn 2, 25), y que, al mismo tiempo, llevaba en sí el misterio de la “redención del cuerpo”, como dirá San Pablo. ¿Debemos temer la severidad de estas palabras, o más bien, tener confianza en su contenido salvífico, en su potencia?

En todo caso, el análisis realizado de las palabras pronunciadas por Cristo en el sermón de la montaña abre el camino a ulteriores reflexiones indispensables para tener plena conciencia del hombre “histórico”, y sobre todo del hombre contemporáneo: de su conciencia y de su “corazón”.

Pregunta:
Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón? ¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor lindoro50 » Sab Nov 02, 2013 11:50 am

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.

Porque el adulterio en el corazón puede cometerlo también el hombre con relación a su propia mujer, si la trata solamente como objeto de satisfacción del instinto.

¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?

El acto mediante el cual el hombre ‘mira con concupiscencia’, como describe Mt.5, 27-28, y ‘se sirve’ de la mujer, de su feminidad, para saciar su propio ‘instinto carnal’. Incluso aunque no lo haga con un acto exterior, ya en su interior asume esa actitud, decidiendo interiormente respecto a una determinada mujer.

¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?

En el antiguo testamento se consideraba adulterio la posesión de la mujer perteneciente a otro, sin embargo no lo era la posesión de otras mujeres como esposas junto a la primera, es decir, la poligamia. Toda la tradición de la Antigua Alianza indica que en la conciencia de las generaciones que se sucedían en el pueblo elegido, a su ethos no fue añadida jamás la exigencia efectiva de la monogamia, como implicación esencial e indispensable del mandamiento ‘no cometer adulterio’.

Cristo en al sermón de la montaña afirma: "Ustedes han oído que se dijo: 'No cometas adulterio.' Pero yo les digo que cualquiera que mira a una mujer y la codicia ya ha cometido adulterio con ella en el corazón." (Mt 5, 27). En otras palabras, adulterio no sólo incluye el acto sexual con una persona diferente a su esposo o esposa, sino mirar y desear a una mujer en su corazón. Como se puede observar, la exigencia, que en el sermón de la montaña propone Cristo a todos, pertenece al espacio interior en que el hombre debe descubrir de nuevo la plenitud perdida de su humanidad y quererla recuperar. Dicha plenitud, el Maestro la reivindica, pensando sobre todo en la indisolubilidad del matrimonio, pero también en toda forma de convivencia de los hombres y de las mujeres, de esa convivencia que constituye la pura y sencilla trama de la existencia.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor Ligia Barrios » Sab Nov 02, 2013 7:02 pm

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.

Cuando el hombre desea a su propia esposa como un objeto para satisfacer su instinto sexual.

¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?

Es cuando el hombre mira con concupiscencia, a su propia esposa o a la ajena, y se sirve de ella para satisfacer su deseo carnal.

¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?

En el antiguo testamento se permitía la poligamia cuando, como en el caso de Sara, no le podía dar un hijo a su esposo. Esta tradición se transmitió en el pueblo de Israel y no existía una exigencia o prohibición para no continuarla.

En el sermón de la montaña Jesús afirma que no se cometerá adulterio, ni aún con el corazón, sin hacer diferencia si se trata de la propia esposa o de una mujer ajena. Ya establece la monogamia y se refiere a la parte interior del ser humano (hombre o mujer) y a la indisolubilidad del matrimonio.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor Rolis » Dom Nov 03, 2013 7:01 pm

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.

Por que deja de ver a su esposa como su compañera fiel en el camino del matrimonio, pierde el
verdadero sentido de su compañía comenzando a verla simplemente como un escape sexual dejando
a un lado el amor, y convirtiéndolo en places.

¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?

El Papa lo describe como ‘mira con concupiscencia’, en donde se centra en ver a la mujer como
la manera de saciar su instinto carnal y de placer y dejar a un lado lo divino.


¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?

Que en el antiguo testamento se creía que se cometía adulterio solo en el caso de que el hombre mantuviera relaciones con la mujer de su prójimo y no con quien fuese la suya, y ahora se recalca muy bien que el hombre n necesariamente necesita estar con una mujer, si no mas bien desde el momento en el que mira a cualquier mujer este esta ya cometiendo adulterio en su corazón.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor marielflo » Lun Nov 04, 2013 1:53 am

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
Porque el adulterio “en el corazón” se comete no solo porque el hombre “mira” con concupiscencia a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira así a una mujer.
¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?
Incluso si mirase de este modo a la mujer que es su esposa, cometería él mismo adulterio “en el corazón”.

¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?
La legislación del Antiguo Testamento, abundaba en castigos marcados por la severidad, sin embargo, no contribuía “a dar cumplimiento a la ley”, porque su casuística estaba contramarcada por múltiples compromisos con la concupiscencia de la carne. En cambio, Cristo enseña que el mandamiento se cumple a través de la “pureza de corazón”, y la plenitud en la relación recíproca del hombre y de la mujer, el Maestro la reivindica en Mt 5, 27-28, pensando sobre todo en la indisolubilidad del matrimonio, pero también en toda otra forma de convivencia de los hombres y de las mujeres, de esa convivencia que constituye la pura y sencilla trama de la existencia.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor Maria 2 » Lun Nov 04, 2013 12:22 pm

Ya hemos constatado anteriormente que dichas palabras se entienden ordinariamente como deseo de la mujer del otro (es decir, según el espíritu del noveno mandamiento del decálogo). Pero parece que esta interpretación -más restrictiva- puede y debe ser ampliada a la luz del contexto global. Parece que la valoración moral de la concupiscencia (del "mirar para desear") a la que Cristo llama "adulterio cometido en el corazón", depende, sobre todo, de la misma dignidad personal del hombre y de la mujer; lo que vale tanto para aquellos que no están unidos en matrimonio, como -y quizá más aún- para los que son marido y mujer.

Resulta significativo que Cristo, al hablar del objeto de este acto, no subraya que es "la mujer del otro", o la mujer que no es la propia esposa, sino que dice genéricamente: la mujer. El adulterio cometido "en el corazón no se circunscribe a los límites de la relación interpersonal, que permiten individuar el adulterio cometido "en el cuerpo". No son estos límites los que deciden exclusiva y esencialmente el adulterio cometido "en el corazón", sino la naturaleza misma de la concupiscencia, expresada en este caso a través de la mirada, esto es, por el hecho de que el hombre -del que, a modo de ejemplo, habla Cristo- "mira para desear". El adulterio "en el corazón" se comete no solo porque el hombre "mira" de ese modo a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira así a una mujer. Incluso si mirase de este modo a la mujer que es su esposa, cometería el mismo adulterio "en el corazón".

Una reducción tal hace, sí, que la persona (en este caso, la mujer) se convierta para la otra persona (para el hombre) sobre todo en objeto de la satisfacción potencial de la propia "necesidad" sexual. El hombre que "mira" de este modo, como escribe Mt 5, 27-28, "se sirve" de la mujer, de su feminidad, para saciar el propio "instinto". Aunque no lo haga con un acto exterior, ya en su interior ha asumido esta actitud, decidiendo así interiormente respecto a una determinada mujer. En esto precisamente consiste el adulterio "cometido en el corazón". Este adulterio "en el corazón" puede cometerlo también el hombre con relación a su propia mujer, si la trata solamente como objeto de satisfacción del instinto.

Cristo permanece fiel a la ley: "No penséis que he venido a abrogar la ley y los profetas no he venido a abrogarla, sino a consumarla" (Mt 5, 17) En consecuencia, demuestra cuanta necesidad tenemos de descender en profundidad, cuánto necesitamos descubrir a fondo las interioridades del corazón humano, a fin de que este corazón pueda llegar a ser un lugar de "cumplimiento" de la ley.

Hemos constatado anteriormente que la legislación del Antiguo Testamento, aun cuando abundaba en castigos marcados por la severidad, sin embargo, no contribuía "a dar cumplimiento a la ley", porque su casuística estaba contramarcada por múltiples compromisos con la concupiscencia de la carne. En cambio, Cristo enseña que el mandamiento se cumple a través de la "pureza de corazón", de la cual no participa el hombre sino a precio de firmeza en relación con todo lo que tiene su origen en la concupiscencia de la carne. Adquiere la "pureza de corazón" quien sabe elegir coherentemente a su "corazón": a su "corazón" y a su "cuerpo".

Como es evidente, la exigencia, que en el sermón de la montaña propone Cristo a todos sus oyentes actuales y potenciales, pertenece al espacio interior en que el hombre -precisamente el que le escucha- debe descubrir de nuevo la plenitud perdida de su humanidad y quererla recuperar. Esa plenitud en la relación recíproca de las personas: del hombre y de la mujer, el Maestro la reivindica en Mt 5, 27-28, pensando sobre todo en la indisolubilidad del matrimonio, pero también en toda otra forma de convivencia de los hombres y de las mujeres, de esa convivencia que constituye la pura y sencilla trama de la existencia.

En todo caso, el análisis realizado de las palabras pronunciadas por Cristo en el sermón de la montaña abre el camino a ulteriores reflexiones indispensables para tener plena conciencia del hombre "histórico", y sobre todo del hombre contemporáneo: de su conciencia y de su "corazón".

COMENTARIO: Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa?
S.S Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa cuando deja de verla como su compañera fiel en el camino del matrimonio al perder el verdadero sentido de su compañía y comenzando a verla simplemente como un escape sexual dejando a un lado el amor y convirtiéndolo solo en placer.

¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?

El Papa lo describe como: ‘mirar con concupiscencia’ o sea que “mira” como la manera de saciar su instinto sexual y de placer y deja a un lado lo sublime del amor y el principio para lo que Dios los creó.

¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?

En el antiguo testamento se creía que solo se cometía adulterio solo en el caso de que el hombre mantuviera relaciones sexuales con la mujer de su prójimo y no con quien fuese la suya; ahora se recalca muy bien que el hombre no necesariamente necesita estar con la mujer de su prójimo si no mas bien que desde el momento en el que mira a cualquier mujer deseándola sexualmente ya esta cometiendo adulterio desde su corazón.

Un abrazo y hasta pronto.-
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor fpelaez » Lun Nov 04, 2013 12:53 pm

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.

Si el hombre mira a la mujer tan sólo deseándola, para que satisfaga sus instintos sexuales, obteivizandola, comete adulterio con ella en su corazón. Olvidando así que es un don para él, así como él lo es parfa ella. Y lo principal es el amor y donarse por amor y para el amor.

¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?

Cuando se ‘mira con concupiscencia’ al otro. En donde se centra a la persona como objeto que puede saciar los deseos e instinto de la carne.

¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?

En el Antiguo Testamento sólo era adulterio aquello que se comete con la carne, en cambio Cristo le da plenitud, explicando que se puede cometer aduleterio con el corazón, consumando así el noveno mandamiento. Y más allá que incluso se puede cometer adulterio con la propia esposa, pues sólo se refier a la mujer, en general y no a la mujer que no es la esposa. Pero a la vez hace tan grande la donación de los esposos, pues sólo así se puede retornar al plan orginal, de la donación de personas.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor Silviamaria » Lun Nov 04, 2013 2:53 pm

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
Porque se mira a la esposa como un objeto de satisfacción sexual, no como la compañera que Dios le dio, en matrimonio, para que se amen y que fruto de ese amor vengan los hijos. Confunden el amor con placer.

¿Cómo describe el Papá el adulterio del corazón?
Lo describe como el deseo de poseer a la otra persona como objeto para satisfacer los deseos carnales. No se valora el amor sino el placer.

¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?
En el Antiguo Testamento se aceptaba la poligamia pero en el Nuevo Testamento Cristo llama a la plenitud del matrimonio es decir no acepta el adulterio bajo ningún concepto.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor mariaines » Mar Nov 05, 2013 1:44 pm

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón? ¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?

El adulterio "en el corazón" se comete no solo porque el hombre "mira" de ese modo a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira así a una mujer. Incluso si mirase de este modo a la mujer que es su esposa, cometería el mismo adulterio "en el corazón".

Hemos constatado anteriormente que la legislación del Antiguo Testamento, aun cuando abundaba en castigos marcados por la severidad, sin embargo, no contribuía "a dar cumplimiento a la ley", porque su casuística estaba contramarcada por múltiples compromisos con la concupiscencia de la carne. En cambio, Cristo enseña que el mandamiento se cumple a través de la "pureza de corazón", de la cual no participa el hombre sino a precio de firmeza en relación con todo lo que tiene su origen en la concupiscencia de la carne. Adquiere la "pureza de corazón" quien sabe elegir coherentemente a su "corazón": a su "corazón" y a su "cuerpo".
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor RoxanaGomez25 » Mar Nov 05, 2013 3:15 pm

Dice Juan Pablo II que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa, porque el adulterio depende de la dignidad de la persona se reduce a objeto, se comete al "mirar para desear", mira de ese modo, de modo que por la concupiscencia, desde el interior se desea, la intención es de reducir la riqueza de la persona a utilizarla para una necesidad sexual y esto puede ser incluso con la esposa. El adulterio del corazón el Papa lo describe, como una actitud interior, que incluso puede que no lo haga un acto exterior, que desde adentro desea, perdiendo la comunión, el don, por lo tanto quita riqueza a la dignidad, reduce, se ve al troo como objeto para satisfacer una necesidad sexual. En el AT el adulterio tiene un valor exterior, nunca cumple la ley, tienen leyes que se forman pero en conveniencia de su concupiscencia, tienen muchas esposas y si faltan a alguna entonces si se aplicaba la falta, pero vivían totalmente la poligamia, y Cristo viene a dar plenitud, a dar un sentido ético, el nuevo ethos, donde se considera la conciencia, el interior a donde descender, ahí hasta el corazón, para el cumplimiento de la ley según es querida por Dios desde la creación, en el "principio", donde la relación es en comunión, marido y mujer, formando una sola carne, en libertad del don.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor CasJor » Mar Nov 05, 2013 5:25 pm

El adulterio y la concupiscencia de la mirada
Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón? ¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?


Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
Se comete adulterio cuando se busca la satisfacción de la “necesidad” sexual del. De esta forma, se hace, que la persona (en el caso en cuestión, la mujer) se convierta para la otra persona en objeto de la satisfacción potencial de la propia “necesidad” sexual. Así se deforma ese recíproco “para”, que pierde su carácter de comunión de las personas en favor de la función utilitaria. El hombre que “mira” de este modo, como escribe Mt 5, 27-28, “se sirve” de la mujer, de su feminidad, para saciar el propio “instinto”.

¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?
Jesús no habla de "mirar" a una mujer de manera convencional, ni de mirarla para admirar y apreciar su belleza, sino que habla de la mirada prolongada y sensual para codiciarla. La palabra clave es para, que indica intento, disposición, o propósito. La mira para, con el propósito de, codiciarla.

El mirar a una mujer para codiciarla significa estimular y excitar las pasiones para cometer en el pensamiento el acto de adulterio con ella, es decir, llevar a cabo el acto de adulterio en la imaginación.

Tal adulterio en el corazón precede y es la causa del adulterio físico. El que mira a una mujer para codiciarla es capaz también de cometer el acto físico de adulterio en un momento de tentación fuerte cuando no hay temor de ser descubierto.

¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?
Algunos teólogos dicen que debido a que Dios creó a Adán y Eva el uno para el otro, quedaba implícito en la Ley que el adulterio era el mismo tanto en el Nuevo Testamento como en el Antiguo Testamento. Aunque no hay duda de que Dios originalmente diseñó al matrimonio como una relación para dos, tampoco hay duda de que la poligamia comenzó tempranamente —sólo siete generaciones después de Adán (Génesis 4:19)— y estaba reglamentada en la Ley Mosaica (Éxodo 21:10; Levítico 18:18; Deuteronomio 21:15). Es bien sabido que las 12 tribus de Israel existen debido a que Jacob tuvo dos esposas y dos concubinas, y tuvo hijos con ambas. Muchos “grandes nombres” del Antiguo Testamento tuvieron múltiples esposas y concubinas, y lo hicieron sin desobedecer el mandamiento de Dios.

Dios no explica por qué Él reglamentó la posibilidad de tener múltiples esposas en el Antiguo Testamento. Obviamente no era Su plan original para el matrimonio, porque Él estableció que “dos” fueran “una sola carne”. La necesidad de conectarse y de “sentirse especial” es fundamental en toda relación matrimonial, y esto resalta poderosamente en Cantares, escrito por Salomón. Es difícil imaginar que una mujer pueda compartir el afecto del “amor de su vida” (Cantares 3:1-5) con otra mujer.

En la actualidad, el punto central es el siguiente: el Nuevo Testamento específicamente ordena que cada hombre y cada mujer tengan su “propio” cónyuge y, por lo tanto, la definición de adulterio en el Nuevo Testamento es más estrecha que la definición en el Antiguo Testamento ya que se incluye a toda persona casada que tenga relaciones sexuales con quien no sea su cónyuge.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor aleezysam » Mié Nov 06, 2013 1:23 am

RESUMEN: Cristo dice en el sermón de la montaña: “No penséis que he venido a abrogar la ley o los Profetas: no he venido a abrogarla, sino a darle cumplimiento” (Mt 5, 17).
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor virginia castro » Mié Nov 06, 2013 7:12 pm

Virginia Castro. # 43

Explica por que Juan PabloII dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa?
Como describe el Papa el adulterio del Corazon?
En cuando uno de los esposos mira a otro que no es conyugue e igual para las parejas que viven juntas sin estar casadas estan cometiendo el pecado, cuando miran y desean.

Cual es la diferencia en el adulterio del AT y la plenitude a la que llama Cristo en el Sermon del Monte?

En el AT. aunque habian castigos Fuertes por pecados en contra del Decalogo pero la Ley no daba cumplimiento y que su casuistica estaba marcado por compromisos contra la concupiscencia de la carnen en cambio Cristo ensena que el mandamiento se cumple a traves de la pureza del Corazon de la cual el hombre no participa y no cuida su cuerpo y Corazon.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor Rutilo De Los Santos » Jue Nov 07, 2013 1:11 pm

Pregunta.-Explica porque Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa
R= El adulterio " en el corazón" puede cometerlo también el esposo con su esposa, si la trata solamente como objeto de satisfacción del instinto.
Pregunta.- ¿ Cómo describe el Papa el adulterio del corazón ?
R= El adulterio cometido " en el corazón" no se circunscribe a los límites de la relación interpersonal, que permiten individuar el adulterio cometido " en el cuerpo", no son estos límites los que deciden exclusiva y esencialmente el adulterio cometido " en el corazón", sino la naturaleza misma de la concupiscencia, expresada en este caso a través de la mirada, esto es por el hecho de que el hombre como Cristo dice " mira para desear". El adulterio " en el corazón" se comete no sólo porque el hombre " mira" de este modo a la mujer que no es su esposa , sino precisamente porque mira así a cualquier mujer incluyendo a su esposa.
Pregunta.- ¿Cuál es la diferencia entre el " adulterio" en el antiguo testamento y la plenitud a la que Llama Cristo en el sermón del monte?
R = La legislación del antiguo testamento aún cuando abundaba en castigos marcados por la severidad,sin embargo,no contribuía " a dar cumplimiento a la Ley", porque sus disposiciones " legales" estaban contramarcadas por múltiples compromisos con la concupiscencia de la carne ya que la mujer tan sólo era objeto de pertenencia.En cambioCristo enseña que el mandamiento se cumple a través de " la pureza de corazón", de la cual no participa el hombre sino a precio de firmeza en relación con todo lo que tiene su origen en la concupiscencia de la carne.Adquiere la "pureza de corazón" quien sabe elegir coherentemente a su corazón : a su " corazón" y a su cuerpo". Marido y mujer deben formar la unidad sacramental querida por el mismo Creador y es la única forma esponsal como Cristo puede " redimir" o salvar al hombre y a la mujer en su alma y en su cuerpo.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor yaluz » Jue Nov 07, 2013 10:16 pm

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
R
: Excelente esta interpretación de Juan Pablo II, realmente valiosa. El adulterio se comete, bien sea a través de la concupiscencia como acto exterior o como acto interior y ocurre precisamente cuando el hombre, valiéndose o aprovechando la feminidad de su mujer, se sirve de ella para saciar su instinto. De hecho dice el Papa, refiriéndose al adulterio del corazón: “El adulterio “en el corazón” se comete no solo porque el hombre “mira” de ese modo a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira así a una mujer. Incluso si mirase de este modo a la mujer que es su esposa, cometería el mismo adulterio “en el corazón”.

¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?
R:
El Papa describe el adulterio del corazón como aquel que se expresa a través de la mirada y que no es más que el deseo sexual utilitario, con un sentido intuitivo, dejando a un lado la dignidad de la persona El adulterio del corazón no requiere de una interrelación personal, basta una mirada que expresa el deseo de la concupiscencia carnal.
¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?
R:
Hay una gran diferencia. En el Antiguo Testamento, los legisladores hicieron un acomodo de acuerdo a sus costumbres, por lo que a pesar de ser muy severos en sus castigos para con los adúlteros, lo propiciaban al aceptar la poligamia. Jesús, conociéndonos y conociendo al Gran Legislador, nuestro Padre, resalta que no basta con no cometer adulterio, tampoco lo puedes desear y que el adulterio interior también se comete con la esposa, cuando esta se convierte en un simple objeto para saciar tu necesidad sexual
¡Cristo vino para hacer cumplir las leyes! Y por eso hace una exigencia, al proponer desde el Sermón de la Montaña, para los hombres de todas las Naciones y de todas las épocas, a “descubrir la plenitud perdida de su humanidad y quererla recuperar” pensando en la comunión, en el donarse mutuamente, en la reciprocidad del hombre y la mujer y esto no solamente pensando en el matrimonio, sino también en la convivencia del hombre histórico. Jesús nos trae la Buena Noticia y es en el Sermón de la Montaña, donde nos expone, un sermón crudo, pero tan real, que nos da la confianza para alcanzar la salvación.
Zulay R. de Álvarez (yaluz)
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor NELSON » Vie Nov 08, 2013 11:09 am

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
". El adulterio "en el corazón" se comete no solo porque el hombre "mira" de ese modo a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira así a una mujer. Incluso si mirase de este modo a la mujer que es su esposa, cometería el mismo adulterio "en el corazón".
¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?
La nueva dimensión del ethos está unida siempre con la revelación de esa profundidad, que se llama "corazón" y con su liberación de la "concupiscencia", de modo que en ese corazón pueda resplandecer más plenamente el hombre: varón y mujer, en toda la verdad del recíproco "para”. Liberado de la constricción y de la disminución del espíritu que lleva consigo la concupiscencia de la carne, el ser humano: varón y mujer, se encuentra recíprocamente en la libertad del don que es la condición de toda convivencia en la verdad, y, en particular, en la libertad del recíproco donarse, puesto que ambos, marido y mujer, deben formar la unidad sacramental querida por el mismo Creador

¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?
La legislación del Antiguo Testamento, aun cuando abundaba en castigos marcados por la severidad, sin embargo, no contribuía "a dar cumplimiento a la ley", porque su casuística estaba contramarcada por múltiples compromisos con la concupiscencia de la carne. En cambio, Cristo enseña que el mandamiento se cumple a través de la "pureza de corazón", de la cual no participa el hombre sino a precio de firmeza en relación con todo lo que tiene su origen en la concupiscencia de la carne. Adquiere la "pureza de corazón" quien sabe elegir coherentemente a su "corazón": a su "corazón" y a su "cuerpo".
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor garu » Sab Nov 09, 2013 1:35 pm

El adulterio “en el corazón” puede cometerlo también el hombre con relación a su propia mujer, si la trata solamente como objeto de satisfacción del instinto. La concupiscencia que proviene del interior, trastoca la intención del existir de la mujer “para” el hombre, reduciendo la riqueza de la llamada a la comunión de las personas, a solamente la satisfacción de la “necesidad” sexual del cuerpo. Liberado de la constricción y de la disminución del espíritu que lleva consigo la concupiscencia de la carne, el ser humano: varón y mujer, se encuentra recíprocamente en la libertad del don que es la condición de toda convivencia en la verdad, y, en particular, en la libertad del recíproco donarse, puesto que ambos, marido y mujer, deben formar la unidad sacramental querida por el mismo Creador. El Antiguo Testamento, como vimos en clases pasadas, basaba en gran parte el significado del adulterio, en una violación al derecho de propiedad (recordemos que era lícito que un hombre tuviera varias mujeres como excusa de la búsqueda de descendencia) y Cristo, en el sermón de la montaña, pretende que el hombre descubra, la pérdida de su humanidad y de que quiera recuperarla. La relación del hombre y la mujer, es reivindicada por Jesús, pensando en la indisolubilidad del matrimonio, así como en cualesquiera otra forma de convivencia de hombres y mujeres. La dignidad y equilibrio de la naturaleza humana, dependerán siempre del significado de “quién” será ella para el, y él para ella.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor maandreuster » Sab Nov 09, 2013 7:31 pm

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
Transformandola en un objeto de satisfacción de deseo
¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?
El deseo por la mujer
¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?
El adulterio era tal si se cometía fisicamente ahora basta con que lo pienses para que lo sea
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor jcuengar » Dom Nov 10, 2013 9:47 pm

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
Si la ve como objeto.
¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?
La pérdida que neciamente el hombre experimenta, alimentando su ser con la insatisfacción de sí mismo y buscando inútilmente en otros el objeto de su satisfacción sin saber que su completez esta en la donación de sí mismo como imagen de Dios.
¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?
El adulterio en el antiguó testamento esta mal entendido por la serie de compromisos históricos de los líderes y de la gente que encontró formas de reducir el entendimiento de su propia naturaleza divina.
Cristo abre el camino y la verdad hacia la verdadera naturaleza del hombre, devolviéndolo en todo sentido a su origen divino de imagen y semejanza de Dios, para que a través de este camino de donación ambos hombre y mujer sean ña sola carne.
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Re: 43. El adulterio y la concupiscencia de la mirada

Notapor Jeanette Palacios » Lun Nov 11, 2013 12:06 am

Explica por qué Juan Pablo II dice que el hombre puede cometer adulterio con su propia esposa.
La Valoracion moral de la Concuspiscencia "Mirar para desear" a la que Cristo llamo adulterio cometido en el corazon se comete solo con el hecho de que un esposo mira a su esposa con lujuria osea de una manera para sastifacer sus intintos sexuales y reduce a su esposa como un objeto.1ra Tesalonisence 4:4-5 Que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en Santidad y honor y no en pasion de concuspisencia como los gentiles que no conocen a Dios.

¿Cómo describe el Papa el adulterio del corazón?
Como Concuspiscencia de la mirada se entiende ordinariamente como deseo de la mujer del otro. Parece que el valor moral de la Concuspiscencia del mirar para decear ala que Cristo llama adulterio cometido en el corazon depende sobre todo de la misma dignidad personal del hombre y de la mujer.

¿Cuál es la diferencia entre el adulterio en el Antiguo Testamento y la plenitud a la que llama Cristo en el Sermón del Monte?
Viejo Testamento: "No adulterara" describe la concuspiscencia de la carne o disposicion permanente que deriva del estado pecaminoso del hombre. Aqui los escribas y fariseos no podian ignorar el septimo mandamiento y asi lo cumplian externamente, permaneciendo fieles asus esposas pero fansasiaban hacerca de hacer el amor con otras mujeres. Mentalmente desbestian a las mujeres que miraban en el mercadoy se convertian en adulteros de Corazon. Ellos no eran personas muy correctas, tenian algun grado de justicia externa pero como muchos Cristianos profesantes eran lujuriosos egoistas, sin misericordia, mentirosos y tergiversadores de la escritura.
Nuevo Testamento o plenitud ala que llamo Cristo:
Cristo hace 2 interpretaciones del adulterio a) interpretacion psicologica (permanece inmutable) b) interpretacion Teologica (se presenta mas completa)
Gracias ala interpretacion Teologica resulta mas claro el significado etico clave del sermon de la motaña al que nos da la adecuada dimension del ethos del Evangelio. Cristo vino hacer cumplir la ley y el nos demuestra cuanta nesecidad tenemos de descubrir a fondo las interioridades del corazon humano para que asi pueda llegar hacer un lugar del cumplimiento de la ley.. Jesus cumplira la ley al revelar la verdad y original intencion divina dentro de esta. Aprobando la ley, y explicandola a su perfeccion completando asi lo que faltaba en el entendimiento de esta.
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