Taller tema 8: Las Cruzadas

En este curso, haremos un recorrido turístico-religioso por los Santos Lugares, conoceremos y comprenderemos cómo conviven las tres grandes religiones monoteístas en Tierra Santa: Cristianismo Judaísmo e Islam, sus costumbres y tradiciones, visitaremos los lugares de la vida de Cristo y la Santísima Virgen.

Conjuntamente al curso de turismo religioso, que se enviará cada semana por correo y se desarrollará en el foro como hacemos habitualmente, cada domingo nos uniremos a la plataforma de http://www.evangelizaciondigital.org/encuentros-on-line/tierra-santa/ Evangelización Online para peregrinar por los lugares que vayamos visitando y conocer la Tierra Santa, de primera mano, con guías conocedores de los lugares santos, y además con materiales de estudio y de formación.

Fecha de inicio
2 de septiembre de 2013

Fecha final:
22 diciembre 2013

Moderadores: Catholic.net, Ignacio S, hini, Moderadores Animadores

Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor Sergio Arturo » Mié Oct 30, 2013 7:02 pm

Historia de las Cruzadas

Desde el Renacimiento hasta nuestros días pocos temas han resultado tan atractivos como el de las Cruzadas. A su alrededor se han forjado mitos y leyendas muy alejadas de la realidad histórica y que la literatura se ha encargado de difundir.
En general, se denomina como Cruzadas a la serie de campañas, comúnmente militares, que a partir del siglo XI se emprendieron desde el Occidente cristiano contra los musulmanes para la recuperación de Tierra Santa. Estas campañas se extendieron hasta el siglo XIII y se caracterizaban por la bendición que les concedió la Iglesia, otorgando a los particulares indulgencias espirituales y privilegios temporales a los combatientes. Con el tiempo el término se aplicaría a cualquier guerra que se emprendiera al servicio de la Iglesia, como, por ejemplo, la cruzada contra los albigenses.
El origen de las Cruzadas
La I Cruzada fue predicada por el Papa Urbano II en el Concilio de Clermont (1095), tras la conquista de Jerusalén por los turcos seljúcidas (1076) y las peticiones de ayuda del emperador bizantino Alejo I Comneno. Aparte de la recuperación de los Santos Lugares, con su clara connotación religiosa, los Papas vieron las Cruzadas como un instrumento de ensamblaje espiritual que superase las tensiones entre Roma y Constantinopla, que además elevaría su prestigio en la lucha contra los emperadores germanos, afianzando su poder sobre los poderes laicos. También como un medio de desviar la guerra endémica entre los señores cristianos hacia una causa justa que pudiera ser común a todos ellos, la lucha contra el infiel.
El éxito de esta iniciativa y su conversión en un fenómeno histórico que se extenderá durante dos siglos, se deberá tanto a aspectos de la vida económica y social de los siglos XI al XIII, como a cuestiones políticas y religiosas, en las que intervendrán una gran variedad de agentes: como la difícil situación de las masas populares de Europa occidental; el ambiente escatológico, que hacía de la peregrinación a Jerusalén el cumplimiento del supremo destino religioso de los fieles; o los intereses comerciales de las ciudades del norte de Italia que participaban en estas expediciones y que encontraron en las cruzadas su oportunidad de intensificar sus relaciones comerciales con el mediterráneo oriental, convirtiéndose en las grandes beneficiarias del proceso. Los comerciantes italianos reabrieron el Mediterráneo oriental al comercio occidental, monopolizaron el tráfico y se convirtieron en intermediarios y distribuidores en Europa de las especies y otros productos traídos de China e India.
También tuvo su papel la necesidad de expansión de la sociedad feudal, en la que el marco de la organización señorial se vio desbordado por el crecimiento, obligando a emigrar a muchos segundones de la pequeña nobleza en busca de nuevas posibilidades de lucro. De esta procedencia eran la mayoría de los caballeros franconormandos que formaron la mayor parte de los contingentes de la primera cruzada.
Espiritualmente dos corrientes coinciden en las Cruzadas. Por un lado, la idea de un itinerario espiritual que enlaza la cruzada con la vieja costumbre penitencial de la peregrinación. Así se intenta alcanzar la Jerusalén celestial por vía de la Jerusalén terrestre. Ambas a ojos del cristiano del siglo XI resultaban prácticamente inseparables. Y más que para los caballeros para las masas populares imbuidas de unas ideas mesiánicas y en extremo anarquizantes, que chocaron repetidamente con el orden social establecido. Son las llamadas cruzadas populares, como la de Pedro el Ermitaño, que precedió a la expedición de los caballeros, la de los Niños (1212) y la los Pastoreaux (1250). Por otro lado, está la idea de una "guerra santa" contra los infieles, en la que Jerusalén no constituye el único objetivo, se lucha contra el Islam.
Las ocho Cruzadas
La historiografía tradicional contabiliza ocho cruzadas, aunque en realidad el número de expediciones fue mayor. Las tres primeras se centraron en Palestina, para luego volver la vista al Norte de África o servir a otros intereses, como la IV Cruzada.
La I cruzada (1095-1099) dirigida por Godofredo de Bouillon, Raimundo IV de Tolosa y Bohemundo I de Tarento culminó con la conquista de Jerusalén (1099), tras la toma de Nicea (1097) y Antioquia (1098), y la formación de los estados latinos en Tierra Santa: el reino de Jerusalén (1099), el principado de Antioquia (1098)y los condados de Edesa (1098) y Trípoli (1199).
La II Cruzada (1147-1149) predicada por San Bernardo de Clairvaux tras la toma de Edesa por los turcos, y dirigida por Luis VII de Francia y el emperador Conrado III, terminó con el fracasado asalto a Damasco (1148).
La III Cruzada (1189-1192) fue una consecuencia directa de la toma de Jerusalén (1187) por Saladino. Dirigida por Ricardo Corazón de Léon, Felipe II Augusto de Francia y Federico III de Alemania, no alcanzó sus objetivos, aunque Ricardo tomaría Chipre (1191) para cederla luego al Rey de Jerusalén, y junto a Felipe Augusto, Acre (1191)
La IV Cruzada (1202-1204), inspirada por Inocencio III ya contra Egipto, terminó desviándose hacia el Imperio Bizantino por la intervención de los venecianos, que la utilizaron en su propio beneficio Tras la toma y saqueo de Constantinopla (1204) se constituyó sobre el viejo Bizancio el Imperio Latino de Occidente, organizado feudalmente y con una autoridad muy débil. Desapareció en 1291 ante la reacción bizantina que constituyeron el llamado Imperio de Nicea, al tiempo que Génova sustituía a Venecia en el control del comercio bizantino.
La V (1217-1221) y la VII (1248-1254) Cruzadas, dirigidas por Andrés II de Hungría y Juan de Brienne, y Luis IX de Francia, respectivamente, tuvieron como objetivo el sultanato de Egipto y ambas terminaron en rotundos fracasos.
La VIII cruzada (1271) también fue iniciativa de Luis IX. Dirigida contra Túnez concluyó con la muerte de San Luis ante la ciudad sitiada.
La VI Cruzada (1228-1229) fue la más extraña de todas, dirigida por un soberano excomulgado, Federico II de Alemania, alcanzó unos objetivos sorprendentes para la época: el condominio confesional de Jerusalén, Belén y Nazareth (1299), status que sin embargo duraría pocos años.
Consecuencias
Las Cruzadas influyeron en múltiples aspectos de la vida medieval, aunque, en general, no cumplieron los objetivos esperados. Casi todas las expediciones militares sufrieron importantes derrotas. Jerusalén se perdería en 1187 y lo que quedó de las posiciones cristianas tras la III Cruzada hasta su definitiva pérdida en el siglo XIII (San Juan de Acre -1291) se limitaba a una estrecha franja litoral cuya pérdida era cuestión de tiempo. Además, los señores de Occidente llevaron sus diferencias tanto a las propias Cruzadas (Luis VII de Francia y Conrado III en la II Cruzada; Ricardo Corazón de León y Felipe II Augusto en la III) como a los estados cristianos fundados en Tierra Santa, dónde los intereses de los diferentes grupos dieron lugar a numerosos conflictos.
En el intento de reensamblar las cristiandades latina y griega, no sólo falló la Cruzada, sino que acentuó el odio y la diferencia entre ellas, convirtiéndose en causa última de la ruptura definitiva entre Roma y Bizancio. Cierto es que Bizancio pidió ayuda a Occidente, pero al modo tradicional, pequeños grupos de soldados que le ayudasen a recobrar las provincias perdidas, no con grandes ejércitos poco dispuestos a someterse a la disciplina de los mandos bizantinos, o que se convirtieran en poderes independientes en las tierras que ocupasen o en la propia Constantinopla, como ocurrió en la IV Cruzada. Historiadores como Ana Comneno o Guillermo de Tiro nos han dejado testimonios del impacto del paso de los cruzados por las tierras bizantinas y el choque entre la brutalidad de costumbres de los occidentales y el refinamiento cultural bizantino.
Por último, y a pesar de los réditos políticos que las Cruzadas tuvieron para el Papado como director de la política exterior europea, pronto se encontró Roma con voces que criticaban su uso como instrumento al servicio de los intereses papales, sobre todo desde que no se limitaron a los musulmanes, y se dirigieron también contra los disidentes religiosos o los enemigos políticos.
Sergio Arturo
 
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor patricio » Jue Oct 31, 2013 11:27 am

Las cruzadas fueron una serie de campañas militares impulsadas por el papado y llevadas a cabo por gran parte de la Europa latina cristiana, principalmente, por la Francia de los Capetos y el Sacro Imperio Romano. Las cruzadas, con el objetivo específico inicial de restablecer el control cristiano sobre Tierra Santa, se libraron durante un período de casi doscientos años, entre 1095 y 1291. Más tarde, otras campañas en España y Europa oriental, de las que algunas no vieron su final hasta el siglo XV, recibieron la misma calificación. Las cruzadas fueron sostenidas principalmente contra los musulmanes, aunque también contra los eslavos paganos, judíos, cristianos ortodoxos griegos y rusos, mongoles, cátaros, husitas, valdenses, prusianos y, principalmente, contra los enemigos políticos de los papas. Los cruzados tomaron votos y se les concedió la penitencia por los pecados del pasado, a menudo llamada indulgencia.

Contexto Histórico

El origen de las Cruzadas está enraizado en el cataclismo político que resultó de la expansión de los Selyúcidas en el Próximo Oriente a mediados del siglo XI. La conquista de Siria y Palestina llevada a cabo por los Selyúcidas islámicos alarmó a los cristianos de occidente. Otros invasores turcos también penetraron profundamente en el igualmente cristiano Imperio bizantino y sometieron a griegos, sirios y armenios cristianos a su soberanía. Las Cruzadas fueron, en parte, una reacción a todos estos sucesos. También fueron el resultado de la ambición de unos papas que buscaron ampliar su poder político y religioso. Los ejércitos cruzados fueron, en cierto sentido, el brazo armado de la política papal.
En un esfuerzo por entender por qué los cruzados las llevaron a cabo, los historiadores han apuntado como razones el dramático crecimiento de la población europea y la actividad comercial entre los siglos XII y XIV. Las Cruzadas, por tanto, se explican como el medio de encontrar un amplio espacio donde acomodar parte de esa población en crecimiento; y como el medio de dar salida a las ambiciones de nobles y caballeros, ávidos de tierras. Las expediciones ofrecían, como se ha señalado, ricas oportunidades comerciales a los mercaderes de las pujantes ciudades de occidente, particularmente a las ciudades italianas de Génova, Pisa y Venecia.
Aunque estas explicaciones acerca de las Cruzadas quizá tengan alguna validez, los avances en la investigación sobre el tema indican que los cruzados no pensaron encontrarse con los peligros de enfermedades, las largas marchas terrestres y la posibilidad de morir en combate en tierras lejanas. Las familias que quedaron en Europa tuvieron que combatir en muchas ocasiones durante largos periodos de tiempo para mantener sus granjas y sus posesiones. La idea de que los cruzados obtuvieron grandes riquezas es cada vez más difícil de justificar; la Cruzada fue un asunto extremadamente caro para un caballero que tuviera el propósito de actuar en Oriente si se costeaba por sí mismo la expedición, ya que probablemente le suponía un gasto equivalente a cuatro veces sus ingresos anuales.
Sin embargo, a pesar de ser una empresa peligrosa, cara y que no daba beneficios, las Cruzadas tuvieron un amplio atractivo para la sociedad contemporánea. Su popularidad se cimentó en la comprensión de la sociedad que apoyó este fenómeno. Era una sociedad de creyentes, y muchos cruzados estaban convencidos de que su participación en la lucha contra los infieles les garantizaría su salvación espiritual. También era una sociedad militarista, en la que las esperanzas y las ambiciones estaban asociadas con hazañas militares.
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor sorines » Jue Oct 31, 2013 8:59 pm

ESTE TRABAJO, AUNQUE TARDE NO QUERIA DEJAR DE COLOCARLO PUES DESPUES DE LLEVAR MAS DE UNA SEMANA PENSANDO EN EL, ME HA HECHO ESCRIBIR ESTAS LINEAS. OJALA NO SEAN UN DISPARATE. (GRACIAS HINI)

1.¿Que son las Cruzadas?

Fueron una serie de campañas militares ideadas o convocadas por el Papado, especialmente por el Papa Urbano II en 1095 en el Concilio de Clermont, preocupado por la presencia y ocupación de los turcos, musulmanes y otros en la Tierra Santa, Urbano II invita a obispos y cristianos en general de toda la región europea a llevar a cabo una “justa guerra” contra la ocupación y maltrato de los cristianos que duro casi doscientos años. Posteriormente hubo otras cruzadas que terminaron en el siglo XV.

2.Causas de las Cruzadas.

Como casi toda acción estas Cruzadas tuvieron sus causas y se cree después de investigaciones que sus causas visibles fueron varias, entre ellas:

Causas políticas. La extensión de los turcos llegó a conquistar el Asia Menor, estableciendo su capital en Nicea. El emperador bizantino Alejo I, temeroso de perder poder y territorios solicitó ayuda al Papa Urbano II, el cual con agrado aceptó unirse a la conquista y lucha por los territorios de la Tierra Santa convocando a las Cruzadas.

Causas religiosas. El objetivo principal era “salvaguardar la fe de Europa”. Y tanto fue que la frase de invitación era: “Renuncia a ti mismo, toma tu cruz y sígueme.” La respuesta unánime fue: “Dios lo quiere.” El resultado: rivalidad entre el cristianismo y el islam.

•Causas económicas. Esta expansión prometía gloria, fama, fortuna y nuevas tierras. Y en general riquezas, comercio con Oriente lo cual estaba limitado por la presencia de los musulmanes y satisfacción del espíritu aventurero ansioso de lo desconocido y lo extraño.

3.Consecuencias de las Cruzadas.

Por supuesto que las Cruzadas tuvieron grandes consecuencias de todo tipo pero vamos a destacar las que se siguen de las causas que hemos citado anteriormente.

Consecuencias políticas. Fortalecimiento de las monarquías europeas, impulso para el surgimiento de una nueva clase social llamada burguesía, la cual daría paso a las grandes ciudades mercantiles autónomas. El poder tanto religioso como político se vio fortalecido.

•Consecuencias económicas. Nuevas rutas para el comercio entre Occidente y Oriente, lo cual fortalecía las ciudades del Mediterráneo, las cuales llegaron a reemplazar el Imperio Bizantino. También se favoreció el uso del dinero metálico como el oro, y otras monedas que entraron en el mercado internacional. Las culturas comenzaron a intercambiar, y se preparó el camino para el Renacimiento.

Consecuencias religiosas. Propagación de la religión Católica. Surgimiento de Órdenes Religiosas que tendrían como fin el cuidado y salvaguarda de la fe. Desprestigio del poder Papal, por los fracasos de las Cruzadas y las disputas con los reyes.

•Consecuencias culturales. Mayor intercambio cultural. Nuevos conocimientos geográficos.

FUENTES CONSULTADAS:
http://www.historiacultural.com/2010/07 ... zadas.html
http://es.wikipedia.org/wiki/Cruzadas


4.Reflexión

Una acción, sea de la dimensión que sea o de la índole que sea siempre tiene sus causas y sus consecuencias. Y con esto me uno a aquel refrán español: aquellos polvos trajeron estos lodos. Puedo observar que ayer como hoy, el afán de poder y de tener sigue dando al traste con el ser humano y llevándolo por caminos desconocidos y en ocasiones difíciles. Creo que si algo que puedo reconocer de positivo en las Cruzadas es la experiencia de aprender que un mal no se soluciona con otro mal, aunque éste se presente “con destellos de luces mágicas y de colores”. Es cierto que todo aquel proceso abrió paso a otros que fueron mejores, pero las heridas quedaron.

Cuánto agradezco que personas importantes como Santo Tomás de Aquino y los Papas contemporáneos hayan dejado en la Iglesia y en la humanidad signos visibles de la misericordia de Jesucristo como: el perdón, la caridad, la justicia, la solidaridad y el diálogo. Estos signos y no aquellos, son los que harán más creíbles que el mensaje del Hombre que vivió, caminó y enseñó en Galilea, es verdadera Vida.
NADA TE TURBE, NADA TE ESPANTE. SOLO DIOS BASTA. QUIEN A DIOS TIENE NADA LE FALTA.
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor claudia corchado » Vie Nov 01, 2013 1:41 pm

¿Qué sucedió en cada Cruzada?
Influencia de las Cruzadas en la historia de la Iglesia

Siglo XI
Siglo de las cruzadas: “¡Dios lo quiere!”
Este siglo vio nacer la primera de las ocho cruzadas (70) que se sucedieron hasta bien entrado el siglo XIII. Urbano II convocó la primera durante el concilio de Clermont en 1095, con el fin de reconquistar los santos lugares de Jerusalén que estaban en manos de los mahometanos desde 1071. Pedro el Ermitaño la promovió entre el pueblo y así logro reunir un ejército enorme de veinte mil cruzados. Con hambre y desorientados, llegaron al imperio bizantino que los miraba con recelo por las tropelías que cometían a su paso. Después de ellos llegó un ejército de 60 mil hombres al mando de Gogofredo de Bouillon. Los cruzados tomaron plazas importantes, por ejemplo, Antioquía y aun la misma Jerusalén, a la que arrasaron. Establecieron allí un reino, pequeño islote rodeado de turcos y bizantinos. Fue llamado Reino cristiano de Jerusalén. Perdió su última posesión en 1290.

Siglo XII
Nuevas cruzadas…
Para frenar la invasión de los turcos se organizaron la segunda y la tercera cruzadas.
La segunda (1147-1149) fue comandada por Luis VII de Francia y el emperador alemán Conrado III. San Bernardo fue el alma espiritual. Nuevos contingentes salieron por mar, de paso ayudaron al rey de Portugal a liberar Lisboa de los moros (1147). Primero y único éxito. Sobre las espaldas de San Bernardo cayeron fracasos y acusaciones. En el bando opuesto a los cruzados, surgió un gran guerrero llamado Saladino, de temple noble y elevado, uno de los grandes hombres del Islam, ante quien quedan pequeños los cruzados que, por divisiones y mezquindades y por la resistencia de los bizantinos, habían perdido el objetivo principal. Saladino infligió a los cristianos una fuerte derrota y tomó prisioneros al rey de Jerusalén. Jerusalén cayó nuevamente en el poder del Islam. La pérdida de Jerusalén produjo una gran conmoción y consternó a todo el orbe cristiano.
La tercera (1189-1192) fue guiada por Federico Barbarroja, Felipe II Augusto, rey de Francia y por Enrique II de Plantagenet de Inglaterra. Murieron Federico y Enrique. El hijo de Enrique II, Ricardo Corazón de León, lo suplió. Felipe II se apoderó de san Juan de Acre. Ricardo firmó un acuerdo de acceso libre de los cristianos a Tierra Santa, estampando su nombre junto al del sultán Saladino. Aunque esta cruzada fue la más universal de todas, sin embargo, tampoco ahora los resultados correspondieron a las esperanzas. También el emperador Barbarroja murió en el camino de Tierra Santa. Jerusalén no fue recuperada y la gran cruzada se diluyó sin más fruto que una ligera consolidación de la presencia cristiana en algunos territorios.

Siglo XIII
“¡Que se me pegue la lengua al paladar, si no me acuerdo de ti, Jerusalén…!”
Las cruzadas del siglo XIII presentan ya signos de decadencia.
La cuarta (1202-1204) tenía como fin devolver vida y fuerzas al agonizante reino franco, que se había establecido en Tierra Santa. Pero se desvío de sus verdaderos fines, y en vez de dirigirse a Palestina, los cruzados penetraron en Bizancio (Constantinopla) en 1204 y depusieron al emperador Alejo V. Coronaron a Balduino de Flandes e instauraron allí un imperio latino que perduraría más de medio siglo. Bizancio quedó así convertida en feudo papal, hasta 1260. Este hecho fue uno de los principales agravios cometidos por los cristianos occidentales a los cristianos ortodoxos de oriente.
En la quinta cruzada (1217-1221) Andrés II de Hungría obtuvo únicamente avances precarios. Esta cruzada se dirigió a Siria y Egipto.
La sexta cruzada (1228-1229) fue capitaneada por el emperador Federico II, emperador excomulgado por el Papa. Mediante alianzas habilísimas, propias de su genio político, y sin recurrir a las acciones bélicas, instauró en Jerusalén una política de tolerancia religiosa. Un tratado con el sultán de Egipto puso en manos de Federico Jerusalén, Belén, Nazaret y otros lugares, a cambio de territorios poseídos por los cristianos al norte de Siria. En marzo de 1229, Federico hizo su entrada solemne en Jerusalén, mientras el patriarca latino lanzaba el entredicho sobre la ciudad. Jerusalén permaneció tan sólo quince años en manos de los cristianos y en agosto de 1244 se perdió definitivamente.
Las dos últimas cruzadas fueron empresas completamente francesas, organizadas por el santo rey Luis IX.
La séptima (1248-1254), dirigida contra Egipto, tenía como fin recobrar nuevamente Jerusalén, caída en poder turco en 1244. Los cristianos se habían replegado a unas cuantas fortificaciones, como san Juan de Arce y Antioquía. Terminó en un desastre. El rey y el ejército fueron hechos prisioneros y tuvieron que pagar un cuantioso rescate por la libertad.
La octava y última cruzada (1270) fue llevada a cabo por el mismo rey san Luis, en respuesta al llamado del papa Inocencio IV para contener el avance turco. Antes de partir hacia Jerusalén, se apoderó de Túnez, en el norte de África. Allí murió, víctima de la disentería; y con él su ejército sufrió también esa terrible epidemia. No se haría otro intento más para reconquistar la Tierra Santa.
En España hubo una cruzada contra los musulmanes, en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), que terminó con la victoria de los europeos que auxiliaron al rey español Alfonso IX. Durante el resto del siglo san Fernando III, Alfonso X el sabio, Alfonso el batallador y Jaime el conquistador, harán retroceder a los moros hacia el sur de la península ibérica.

Balance de las cruzadas
Una palabra sobre la cuarta cruzada en la que cruzados arrasaron Bizancio o Constantinopla en 1202. Fue un triste episodio(89). Este hecho se presenta de ordinario como algo querido por el papa de entonces. En realidad, está documentado que Inocencio III se horrorizó al conocer la noticia y excomulgó a los responsables de semejante barbarie. Ese acto vandálico estuvo motivado por la ambición política de algunos de los caballeros cruzados, capitaneados por la República de Venecia que buscaba la supremacía comercial.
Hagamos un breve saldo de las cruzadas:
Encauzaron el espíritu caballeresco de la época hacia ideales religiosos. Esto no quita que entre los cruzados hubiera gente indeseable.
Al menos el inicio, unió a pueblos diversos en la defensa de la fe común. Pero poco a poco se evidenciaron sus divisiones e intereses.
En algunos despertó el espíritu misionero: san Francisco de Asís viajó a Siria (1212) y envió los primeros franciscanos a Marruecos (1219).
Hubo muchos hechos ignominiosos, pero no deben hacer olvidad personales ilustres como Godofredo y san Luis de Francia, que lucharon con grande idealismo cristiano.


(70)Las cruzadas son la gesta más grandiosa de la época medieval. Son la exposición del espíritu medieval y sólo dentro de ese marco pueden entenderse. Cruzados se llamaron porque llevaban una cruz cosida sobre sus ropas, pero no siempre llevaban el evangelio; armados estaban, pero no eran guerreros; conquistaban territorios, pero su finalidad no eran las cosas terrenas. Eran idealistas medievales. Nacieron para expulsar de Roma a un antipapa (Clemente III). Después quisieron librar los santos lugares de Tierra anta del dominio musulmán. Papas y reyes, señores feudales y príncipes, monjes y caballeros, mercaderes y mercachifles aparecen entremezclados en esos ejércitos. La idea surgió en el cerebro del Papa Gregorio VII, para unir a Europa en una gran movimiento cristiano ante el avance del Islam. No logró realizarlo; lo llevó a cabo su sucesor Urbano II (concilio de Clermont, año 1095), pero sin medir las dificultades. Miles y miles de hogares quedaron sin padre y a la deriva en toda Europa. Los cruzados estaban sobrados de entusiasmo, pero carecerían de disciplina militar. Capitaneados por Godofredo de Bouillón, y sobre la base de entusiasmo y heroísmo, lograron tomar Jerusalén. Primer objetivo cumplido (año 1099).
(89)El Papa Juan Pablo II, en su visita a Grecia el 4 y 5 de mayo de 2001, pidió perdón en nombre de la Iglesia por los atropellos que algunos hijos dela Iglesia católica hicieron en el año 1204. Dijo el papa: “Algunos recuerdos son particularmente dolorosos, y algunos acontecimientos del pasado lejano han dejado profundas heridas en la mente y en el corazón de las personas hasta hoy. Pienso en el desastroso saqueo de la ciudad imperial de Constantinopla, que fue durante mucho tiempo bastión de la cristiandad en Oriente. Es trágico que los asaltantes, que habían prometido garantizar el libre acceso de los cristianos a Tierra Santa, luego se volvieran contra sus hermanos en la fe. El hecho de que fueran cristianos latinos llena a los católicos de profundo pesar. No podemos por menos de ver allí el “mysterium iniquitatis” actuando en el corazón humano. Sólo a Dios toca juzgar y, por eso, encomendamos la pesada carga del pasado a su misericordia infinita, suplicándole que cure las heridas que aún causan sufrimiento al espíritu del pueblo griego. Debemos colaborar en esta curación si queremos que la Europa que está surgiendo sea fiel a su identidad, que es inseparable del humanismo cristiano compartido por Oriente y Occidente” (Discurso del Papa durante el encuentro con el patriarca ortodoxo Cristódulos, 4 de mayo de 2001).

-Bibliografía
Rivero Antonio
Historia de la Iglesia Siglo a Siglo
Editorial El Arca Editores
Págs. 162, 182-183,192-194, 197-198

Saludos a todos y que DIOS nos ayude a permanecer en el curso.
claudia corchado
 
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor sandrop » Sab Nov 02, 2013 4:25 pm

saludos en Cristo

he ahi algunos datos pocos sobre las cruzadas

¡Dios lo quiere!
El emperador Alejo I de Bizancio (1048-1118) pidió el auxilio de la cristiandad occidental.
Quien escuchó el llamado de ayuda fue el Papa Urbano II, quien no solo se interesó por la suerte de los peregrinos y de los lugares donde vivió y murió Jesús, entre ellos el Santo Sepulcro en Jerusalén, ahora bajo el dominio turco, sino que vio la oportunidad de acabar con las luchas que se producían entre los propios europeos, al unirlos ante un frente común.
Efectivamente, al ser exhortados por el Pontífice en el concilio de Clermont, en 1095, a participar en las cruzadas, con la promesa de que serían perdonados todos sus pecados y deudas, y que tendrían nuevas tierras en los territorios conquistados, la multitud reunida aceptó al grito de ¡Dios lo quiere!. Luego, cada uno se consiguió paños rojos que cosieron en forma de cruz sobre sus vestimentas; de ahí la palabra "cruzado" con que se les conoce.
Se admite en general que hubo ocho cruzadas mayores, organizadas por los reinos cristianos y casi siempre por el papado.

Las cruzadas (siglo XI - XIII)

Dentro del periodo de la Edad Media, entre el siglo XI y XIII, se desarrollaron las luchas entre el cristianismo e islamismo llamadas cruzadas. Fueron una reacción de la Europa medieval contra la invasión turca selyúcida de Tierra Santa y su intolerancia y maltrato a los cristianos.
Sin esperar la formación y apoyo de un ejército regular, hordas de personas, incluyendo mujeres y niños, se movilizaron en 1096 hacia Tierra Santa desde todos los puntos de Europa. Eran guiadas por un ex soldado, ahora fraile, llamado Pedro el Ermitaño, el cual había sido maltratado por los turcos. También encabezaba la expedición un caballero pobre de nombre Gualterio Sans-Avoir.
Durante su marcha saquearon poblaciones y degollaron a sus habitantes. Los búlgaros tomaron represalias y los diezmaron parcialmente. Cien mil de ellos llegaron a Asia Menor y prosiguieron con sus desmanes, sin discriminar entre cristianos y musulmanes, siendo aniquilados por los turcos.
Tras esta cruzada popular, un poderoso ejército de alrededor de 700.000 hombres viajó a Tierra Santa en 1097. Entre los señores que lo comandaban se encontraba Godofredo de Bouillón, duque de Lorena. Pero luego de tres años solo 20.000 llegaron a las puertas de Jerusalén, tras sufrir pestes, bajas en combates y deserciones y después de haber capturado las ciudades de Nicea y Antioquía. Luego de cuarenta días de lucha tomaron la ciudad, masacrando a sus habitantes. Fue tal la matanza, que se dice que los caballos caminaban con la sangre de los enemigos hasta las rodillas.

Godofredo fue nombrado defensor del Santo Sepulcro. A su muerte, su hermano Balduino fue proclamado rey de Jerusalén, en 1100. La presencia de un reino latino en Palestina actuó como un área de amortiguación entre el Imperio Bizantino y las fuerzas musulmanas.
Niños cruzados
A pesar de la decadencia de las cruzadas, un grupo de niños, liderados por un joven pastor francés, Stephan, se movilizó desde diferentes partes de Europa, para luchar contra los musulmanes. El rey de Francia alcanzó a impedir su viaje, pero los niños de Alemania comenzaron su travesía a Tierra Santa, con la venia de sus padres que creían que la fe de un niño era más poderosa que las armas de un caballero. Estos jóvenes ni siquiera llevaron provisiones, pues suponían que Dios les proveería de todo lo que necesitaran. Muchos murieron de hambre, frío y enfermedades, y los pocos que sobrevivieron llegaron a la costa del Mediterráneo, donde fueron vendidos como esclavos por mercaderes cristianos.
Reconquista de Jerusalén
Sitio de Jerusalén.
Durante su dominio en Palestina, los cruzados impusieron el feudalismo como sistema administrativo y se dividieron el territorio, lo que ocasionó continuas peleas entre ellos. Estas, unidas al constante asedio de los turcos, arruinó a la región. Cuando los musulmanes reconquistaron la ciudad de Edesa, en Siria, exterminando a su población, los cristianos pidieron auxilio a Europa.
San Bernardo predicó entonces la Segunda Cruzada (1147-1149), en la que se involucraron el rey Luis VII de Francia y el emperador Conrado III de Alemania, además de los reyes de Polonia y de Bohemia. La expedición resultó un total fracaso, al no poder reconquistar la ciudad de Antioquía.
Tiempo después, el sultán Saladino reunió las fuerzas de Egipto y Bagdad, y predicó la jihad o jehad, la guerra santa, la contracruzada de todos los musulmanes contra los cristianos. Con sus fuerzas recuperó Jerusalén en 1187, lo que provocó la organización de la Tercera Cruzada (1189-1192). En ella participaron el rey Guillermo II de Sicilia, el emperador alemán Federico I Barbarroja, el rey Felipe Augusto de Francia y Ricardo I Corazón de León.

Después de capturar Acre, en Palestina, Federico I murió ahogado, y el rey de Francia se disgustó con Ricardo I, abandonando la expedición. Gracias a unos pocos triunfos en Arsuf, Jaffa y Darón, Corazón de León firmó un armisticio de cinco años que protegía a los reinos y peregrinos cristianos de oriente, conservando la franja costera que iba desde Tiro hasta Jaffa y asegurando la libre entrada de los peregrinos cristianos a Jerusalén al igual que a los musulmanes se les permitiría el acceso a las mezquitas de la Meca por territorios cristianos. Jerusalén no fue reconquistada y Ricardo I nunca pudo entrar en ella, se dice que debido a que Saladino se lo prohibió aterrado por la barbarie demostrada por Ricardo I, el cual mandó a degollar a 3.000 prisioneros que se habían rendido, con el pretexto de no haber sido pagados algunos dineros debidos por Saladino después de la rendición de Acres.
Monjes guerreros
Para defender los territorios conquistados y proteger a los peregrinos, luego de la Primera Cruzada se crearon diferentes órdenes militares religiosas, formadas por guerreros que renunciaban a la vida laica asumiendo una existencia monacal. Entre ellas destacaron las de los Hospitalarios, de los Templarios y la del Santo Sepulcro. Durante la época de las Cruzadas, los templarios participaron activamente en la defensa de Palestina, donde poseían numerosas fortalezas. Además, actuaron como banqueros de los peregrinos, con lo que se hicieron de grandes riquezas. Al ser expulsados los cristianos de Palestina, los Templarios se retiraron a Chipre.
Cruzada equivocada
La Cuarta Cruzada (1202-1204) cambió de objetivo apenas terminó de ser organizada por los nobles que participaron en ella. El transporte del ejército, al mando de Balduino, conde de Flandes, fue realizado por los venecianos, en esa época poderosos comerciantes y navegantes, cuyas relaciones con Constantinopla (capital del Imperio Bizantino) eran muy tensas. Esto tenía su causa en una matanza de venecianos que realizaron los bizantinos en 1182, en represalia por los privilegios comerciales que gozaban en la ciudad italiana de Venecia.

Los cruzados tenían intenciones de atacar la potencia islámica de Egipto, pero carecían de fondos para pagar el traslado. Los venecianos negociaron con ellos y los convencieron de atacar la rica ciudad de Constantinopla y así conseguir financiamiento para el viaje.
Sin embargo, una vez conquistada Constantinopla y secundados por los venecianos, los cruzados instalaron su propio gobierno, olvidándose de sus ideales religiosos. El Papa Inocencio III aceptó el hecho con la esperanza de volver a reunir a las dos iglesias cristianas (de Occidente y de Oriente, separadas desde el Cisma de Oriente, siglo XI).

Sin embargo, lo que se llamó imperio latino de Constantinopla o de oriente fue siempre un estado débil que en 1261 fue reconquistado por los bizantinos. Pero el imperio bizantino no volvió a recobrar su poderío debido al estado calamitoso e n que fue dejado por los cruzados, quienes no solo saquearon sus riquezas, sino que también los más preciosos tesoros de arte y literatura, acumulados por la antigüedad griega y latina.

Esta Cruzada demostró que el espíritu religioso que animó a las primeras, ahora estaba dando paso al materialismo y a la sed de riquezas. Además, se había hecho un uso indiscriminado de la institución de las cruzadas por parte de los papas (cualquier problema era resuelto con una "cruzada"), por lo que se estaban desprestigiando.
Tropas papales

La importancia de la Quinta Cruzada (1218-1221) radica en que fue la última en que participaron tropas papales, las que, en conjunto con un ejército al mando de Jean de Brienne, llegaron a Egipto y conquistaron Damieta (entonces llamada Tamiathis), ciudad al noreste de este territorio. Sin embargo, el cardenal Pelagio, al mando del ejército del Papa, rehusó un acuerdo con los musulmanes, por el que los cristianos recibían Jerusalén, por esperar más refuerzos y completar así una ejército invencible. Pero los refuerzos no llegaron y los sobrevivientes de esa Cruzada retornaron a Europa después de evacuar sin gloria Damieta.

La Sexta Cruzada (1228-1229) fue organizada por el emperador de Alemania, Federico II, a pesar de estar excomulgado por el Papa. Casi sin derramamiento de sangre, se coronó rey de Jerusalén gracias a un tratado con el sultán de Egipto, por el cual recibía la ciudad santa, Belén y un pequeño corredor hacia el mar. Además, firmó convenios de comercio con varios sultanes del Islam, para gran escándalo de la iglesia. Federico II regresó a Europa y se reconcilió con el Papa en 1230.

Las últimas cruzadas

Aunque se habían realizado numerosas cruzadas, Jerusalén y casi toda Palestina seguían en manos de los musulmanes. Por ello, el rey Luis IX de Francia (después canonizado) intentó una nueva Cruzada, la Séptima (1248-1254). Con 50.000 hombres se dirigió a Egipto y después de capturar Damieta se encaminó a El Cairo, pero en el trayecto fue derrotado y tomado prisionero en El Mansura. Luego de pagar un cuantioso rescate, se lo liberó junto a otros caballeros. Permaneció guerreando en Siria hasta 1254, pero tuvo que volver a Francia sin siquiera haber visto Jerusalén.

Organizó una nueva Cruzada, la Octava (1270), dirigida contra el puerto de Túnez (África), pero murió víctima de la peste tan pronto como desembarcaron. Esta Cruzada fue la última, cerrando para siempre la era de este tipo de expediciones, quedando el Oriente y Tierra Santa definitivamente en manos de los discípulos del profeta Mahoma.
Repercusiones

Las cruzadas pusieron en contacto a los hombres de la Edad Media con una civilización muy superior que cambió su modo de vida. Abrieron nuevas rutas comerciales, fomentaron el uso del dinero por sobre el trueque, perfeccionaron las armas y equipos y debilitaron el poder de los señores feudales, estimulando el ascenso de una nueva clase social: la burguesía.

Fuente
www.icarito.cl/enciclopedia/articulo/se ... xiii.shtml
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor Menendez » Mar Nov 05, 2013 11:17 pm

Algunos datos sobre las cruzadas. Abrazo en Cristo.
Las cruzadas fueron una serie de campañas militares impulsadas por el papado y llevadas a cabo por gran parte de la Europa latina cristiana, principalmente, por la Francia de los Capetos y el Sacro Imperio Romano. Las cruzadas, con el objetivo específico inicial de restablecer el control cristiano sobre Tierra Santa, se libraron durante un período de casi doscientos años, entre 1095 y 1291. Más tarde, otras campañas enEspaña y Europa oriental, de las que algunas no vieron su final hasta el siglo XV, recibieron la misma calificación. Las cruzadas fueron sostenidas principalmente contra los musulmanes, aunque también contra los eslavos paganos, judíos, cristianos ortodoxos griegos y rusos, mongoles, cátaros, husitas, valdenses, prusianos y, principalmente, contra los enemigos políticos de los papas. Los cruzados tomaron votos y se les concedió la penitencia por los pecados del pasado, a menudo llamada indulgencia.
Básicamente, parece que fueron motivadas por los intereses expansionistas de la nobleza feudal, el control del comercio con Asiay el afán hegemónico del papado sobre las monarquías y las iglesias de Oriente, aunque se declararan con principio y objeto de recuperar Tierra Santa para los peregrinos, de los cuales los turcos selyúcidas, una vez conquistada Jerusalén, abusaban sin piedad, a diferencia de los sarracenos, que trataban a los cristianos con más respeto. Además, el emperador bizantino Alejo I solicitó protección para los cristianos de oriente al papa Urbano II, quien en el concilio de Clermont de 1095 inició la predicación de la cruzada. Al terminar su alocución con la frase del Evangelio «renuncia a ti mismo, toma tu cruz, y sígueme» (Mateo 16:24), la multitud, entusiasmada, manifestó ruidosamente su aprobación con el grito Deus le volt, Dios lo quiere.12
Posiblemente, las motivaciones de quienes participaban en ellas fueron muy diversas, aunque en muchos casos se puede suponer también un verdadero fervor religioso.
Las Cruzadas fueron expediciones emprendidas en cumplimiento de un solemne voto para liberar los Lugares Santos de la dominación musulmana. El origen de la palabra se remonta a la cruz hecha de tela y usada como insignia en la ropa exterior de los que tomaron parte en esas iniciativas.
Sobre el término
Escritores medievales utilizan los términos crux (pro cruce transmarina, Estatuto de 1284, citado por Du Cange (s.v. crux), croisement (Joinville),croiserie (Monstrelet), etc. Desde la Edad Media, el significado de la palabra cruzada se extendió para incluir a todas las guerras emprendidas en cumplimiento de un voto y dirigidas contra infieles, p. ej. contra musulmanes, paganos, herejes, o aquellos bajo edicto de excomunión.
Las guerras que desde el siglo VIII mantuvieron los reinos cristianos del norte de la Península Ibérica contra el musulmán Califato de Córdoba y que la historiografía conoce como Reconquista, continuaron de forma igualmente discontinua desde el siglo XI contra los reinos de taifas, losalmorávides y los almohades. En algunas ocasiones, el Papa les otorgó la calificación de «cruzada», como sucedió con la batalla de las Navas de Tolosa (1212) o con el episodio final de la Reconquista: la Guerra de Granada (1482-1492). En el norte de Europa se organizaron cruzadas contra los prusianos y lituanos. El exterminio de la herejía albigense se debió a una cruzada y, en el siglo XIII, los papas predicaron cruzadas contra Juan Sin Tierra y Federico II Hohenstaufen.
Pero la literatura moderna ha abusado de la palabra aplicándola a todas las guerras de carácter religioso, como, por ejemplo, la expedición deHeraclio contra los persas en el siglo VII y la conquista de Sajonia por Carlomagno. Nuevamente resonó dicho término durante la primera mitad del siglo XX, utilizado por las potencias del Eje o de su círculo de influencia: la Guerra Civil Española o la invasión alemana de la URSS, recibieron tal calificativo por parte de la propaganda oficial.
Sin embargo, utilizada con un criterio estricto, la idea de la cruzada corresponde a una concepción política que se dio sólo en la Cristiandad del siglo XI al XV; suponía una unión de todos los pueblos y soberanos bajo la dirección de los papas. Todas las cruzadas se anunciaron por la predicación. Después de pronunciar un voto solemne, cada guerrero recibía una cruz de las manos del Papa o de su legado, y era desde ese momento considerado como un soldado de la Iglesia. A los cruzados también se les concedían indulgencias y privilegios temporales, tales como exención de la jurisdicción civil, inviolabilidad de personas o tierras, etc. De todas esas guerras emprendidas en nombre de la Cristiandad, las más importantes fueron las Cruzadas Orientales, que son las tratadas en este artículo.
Antecedentes


Europa y el Mediterráneo en la época de la primera Cruzada.


La dinastía selyúcida en su período de mayor extensión.
Para poder comprender qué razones tenían los dirigentes de Europa y del Oriente Próximo para tomar semejantes decisiones, debemos remontarnos a los años inmediatamente anteriores al comienzo del fenómeno cruzado y ver qué estaba sucediendo en el mundo de aquel entonces.
En torno al año 1000, Constantinopla se erigía como la ciudad más próspera y poderosa del «mundo conocido» en Occidente. Situada en una posición fácilmente defendible, en medio de las principales rutas comerciales, y con un gobierno centralizado y absoluto en la persona del Emperador, además de un ejército capaz y profesional, hacían de la ciudad y los territorios gobernados por ésta (el Imperio bizantino) una nación sin par en todo el orbe. Gracias a las acciones emprendidas por el Emperador Basilio IIBulgaroktonos, los enemigos más cercanos a sus fronteras habían sido humillados y anulados en su totalidad.
Sin embargo, tras la muerte de Basilio, monarcas menos competentes ocuparon el trono bizantino, al tiempo que en el horizonte surgía una nueva amenaza proveniente de Asia Central. Eran los turcos, tribus nómadas que, en el transcurso de esos años, se habían convertido al islam. Una de esas tribus, los turcos selyúcidas (llamadas así por su mítico líder Selyuk), se lanzó contra el Imperio de Constantinopla. En la batalla de Manzikert, en el año 1071, el grueso del ejército imperial fue arrasado por las tropas turcas, y uno de los co-emperadores fue capturado. A raíz de esta debacle, los bizantinos debieron ceder la mayor parte de Asia Menor (hoy el núcleo de la nación turca) a los selyúcidas. Ahora había fuerzas musulmanas apostadas a escasos kilómetros de la misma Constantinopla.
Por otra parte, los turcos también habían avanzado en dirección sur, hacia Siria yPalestina. Una tras otra las ciudades del Mediterráneo Oriental cayeron en sus manos, y en 1070, un año antes de Manzikert, entraron en la Ciudad Santa, Jerusalén.
Estos dos hechos conmocionaron tanto a Europa Occidental como a la Oriental. Ambos empezaron a temer que los turcos fueran a dominar lentamente al mundo cristiano, haciendo desaparecer su religión. Además, empezaron a llegar numerosos rumores acerca de torturas y otros horrores cometidos contra peregrinos en Jerusalén por las autoridades turcas.
La Primera Cruzada no supuso el primer caso de Guerra Santa entre cristianos y musulmanes inspirada por el papado. Ya durante el papado deAlejandro II, éste predicó la guerra contra el infiel musulmán en dos ocasiones. La primera ocasión fue durante la guerra de los normandos en su conquista de Sicilia, en 1061, y el segundo caso se enmarcó dentro de las guerras de la Reconquista española, en la Cruzada de Barbastro de1064. En ambos casos el papa ofreció la Indulgencia a los cristianos que participaran.3
En 1074, el papa Gregorio VII llamó a los milites Christi ("soldados de Cristo") para que fuesen en ayuda del Imperio bizantino tras su dura derrota en la batalla de Mantzikert.4 Su llamada, si bien fue ampliamente ignorada e incluso recibió bastante oposición, junto con el gran número de peregrinos que viajaban a Tierra Santa durante el siglo XI y a los que la conquista de Anatolia había cerrado las rutas terrestres hacia Jerusalén, sirvieron para enfocar gran parte de la atención de occidente en los acontecimientos de oriente.5
En 1081, subió al trono Bizantino un general capaz, Alejo Comneno, que decidió hacer frente de manera enérgica al expansionismo turco. Pero pronto se dio cuenta de que no podría hacer el trabajo solo, por lo que inició acercamientos con Occidente, a pesar de que las ramas occidental y oriental de la cristiandad habían roto relaciones en el Gran Cisma de 1054. Alejo estaba interesado en poder contar con un ejército mercenario occidental que, unido a las fuerzas imperiales, atacaran a los turcos en su base y los mandaran de vuelta a Asia Central. Deseaba en particular usar soldados normandos, los cuales habían conquistado el reino de Inglaterra en 1066 y por la misma época habían expulsado a los mismos bizantinos del sur de Italia. Debido a estos encuentros, Alejo conocía el poder de los normandos. Y ahora los quería como aliados.
Alejo envió emisarios a hablar directamente con el papa Urbano II, para pedirle su intercesión en el reclutamiento de los mercenarios. El Papado ya se había mostrado capaz de intervenir en asuntos militares cuando promulgó la llamada "Tregua de Dios", mediante la cual se prohibía el combate desde el viernes al atardecer hasta el lunes al amanecer, lo cual disminuyó notablemente las contiendas entre los pendencieros nobles. Ahora era otra oportunidad de demostrar el poder del papa sobre la voluntad de Europa.
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor soranamaria » Mié Nov 06, 2013 2:50 pm

Desde que el Papa Inocencio III, tuvo y vivió en su corazón el deseo de recuperar la Tierra Santa, el pontifice en 1198, convocó al Concilio con varios Objetivos importantes para la vida de la Iglesia, en diferentes decretos: reforma del clero, lucha contra los herejes, praxis sacramental, etc. la finalidad principal fue la de legitimar la nueva cruzada. Emprende la cuarta cruzada Inmediatamente después el mismo Papa proclamará en nombre propio el documento conciliar. La cruzada fue uno de los puntos de conflicto entre San Francisco y la Iglesia institucional. El Papa Inocencio fue un celoso protector de la verdadera fe y un oponente vigoroso frente a la herejía.
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor Titica » Sab Nov 16, 2013 2:28 pm

Para entender las Cruzadas hay que entender como surgieron y sus motivos:

Las cruzadas fueron una serie de campañas militares impulsadas por el papado y llevadas a cabo por gran parte de la Europa latina cristiana, principalmente, por la Francia de los Capetos y el Sacro Imperio Romano. Las cruzadas, con el objetivo específico inicial de restablecer el control cristiano sobre Tierra Santa, se libraron durante un período de casi doscientos años, entre 1095 y 1291. Más tarde, otras campañas en España y Europa oriental, de las que algunas no vieron su final hasta el siglo XV, recibieron la misma calificación. Las cruzadas fueron sostenidas principalmente contra los musulmanes, aunque también contra los eslavos paganos, judíos, cristianos ortodoxos griegos y rusos, mongoles, cátaros, husitas, valdenses, prusianos y, principalmente, contra los enemigos políticos de los papas. Los cruzados tomaron votos y se les concedió la penitencia por los pecados del pasado, a menudo llamada indulgencia.

Para mas informacion pueden ir a: http://es.wikipedia.org/wiki/Cruzadas
Las Cruzadas respondieron a una epoca para la defensa del cristianismo en aquellos paises en que habia oposicion como por ejemplo los mulsumanes.
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor Yennis Silva » Vie Nov 22, 2013 10:25 pm

Primera Cruzada

En esta Primera cruzado se vivió la Masacre de judíos.

Se da la captura de Jerusalén durante la Primera Cruzada. Al Papa Gregorio VII se debe la idea de que los países cristianos se unieran para luchar contra el común enemigo religioso que era el Islam.
El Papa Urbano II (1088-1099) fue quien la puso en práctica. En 1095, la invitación a la lucha contra los turcos arribaría en embajadas francesas e inglesas a las cortes de las naciones europeas medievales más importantes: Francia, Inglaterra, Alemania y Hungría (Hungría no se unirá a las primeras cruzadas por guardar el luto de tres años del recientemente fallecido rey San Ladislao I de Hungría (1046-1095), quien antes de morir habría aceptado participar en la campaña de Urbano II). El llamamiento formal de Urbano II sucedió en el penúltimo día del Concilio de Clermont (Francia), jueves 27 de noviembre de 1095, cuando proclamó, al grito de '"Dieu lo volti"'(¡Dios lo quiere!), la denominada primera cruzada (1096-1099).

Segunda Cruzada

Gracias a la división de los Estados musulmanes, los Estados latinos (o francos, como eran conocidos por los árabes), consiguieron establecerse y perdurar. Los dos primeros reyes de Jerusalén, Balduino I y Balduino II fueron gobernantes capaces que expandieron su reino a toda la zona situada entre el Mediterráneo y el Jordán, e incluso más allá. Rápidamente, se adaptaron al cambiante sistema de alianzas locales y llegaron a combatir junto a estados musulmanes en contra de enemigos que, además de musulmanes, contaban entre sus filas con guerreros cristianos.


El Papa Eugenio III, a través de Bernardo, abad de Claraval (famoso predicador, autor de la regla de los templarios) predicó en diciembre de 1145 la Segunda Cruzada.

A diferencia de la primera, en esta participaron reyes de la cristiandad, encabezados por Luis VII de Francia (acompañado de su esposa, Leonor de Aquitania) y por el emperador germánico Conrado III. Los desacuerdos entre franceses y alemanes, así como con los bizantinos, fueron constantes en toda la expedición. Cuando ambos reyes llegaron a Tierra Santa (por separado) decidieron que Edesa era un objetivo poco importante y marcharon hacia Jerusalén. Desde allí, para desesperación del rey Balduino III, en lugar de enfrentarse a Nur al-Din (hijo y sucesor de Zengi), eligieron atacar Damasco, estado independiente y aliado del rey de Jerusalén.

La expedición fue un fracaso, ya que tras sólo una semana de asedio infructuoso, los ejércitos cruzados se retiraron y volvieron a sus países. Con este ataque inútil consiguieron que Damasco cayera en manos de Nur al-Din, que progresivamente iba cercando los Estados francos. Más tarde, el ataque de Balduino II a Egipto iba a provocar la intervención de Nur al-Din en la frontera sur del reino de Jerusalén, preparando el camino para el fin del reino y la convocatoria de la Tercera Cruzada

Tercera Cruzada

Las intromisiones del Reino de Jerusalén en el decadente califato fatimí de Egipto llevaron al sultán Nur al-Din a mandar a su lugarteniente Saladino a hacerse cargo de la situación. No hizo falta mucho tiempo para que Saladino se convirtiera en el amo de Egipto, aunque hasta la muerte de Nur al-Din en 1174 respetó la soberanía de éste. Pero tras su muerte, Saladino se proclamó sultán de Egipto (a pesar de que había un heredero al trono de Nur al-Din, su hijo de sólo 12 años que murió envenenado) y de Siria, dando comienzo la dinastía ayyubí. Saladino era un hombre sabio que logró la unión de las facciones musulmanas, así como el control político y militar desde Egipto hasta Siria.

La radicalidad religiosa y el apoyo al brazo más radical de la orden de los Templarios en sus ataques a diversas localidades y estructuras sarracenas desembocarían en un enfrentamiento final entre Guy de Lusignan y el propio Saladino. De hecho, se hace culpable a Guy de lusignan de la derrota y pérdida de Jerusalén por su obsesión en enfrentarse al ejército de Saladino y su falta de visión para la protección de la ciudad y de sus habitantes.

Declarada la guerra, el grueso del ejército cruzado, junto con los Templarios y los Hospitalarios, se enfrentó a las tropas de Saladino en los Cuernos de Hattin el 4 de julio de 1187. Los ejércitos cristianos fueron derrotados, dejando el reino indefenso y perdiendo uno de los fragmentos de la Vera Cruz.

Saladino mató con sus propias manos a Reinaldo de Châtillon. Algunos de los caballeros Templarios y Hospitalarios capturados fueron también ejecutados. Saladino procedió a ocupar la mayor parte del reino, salvo las plazas costeras, abastecidas desde el mar, y en octubre del mismo año conquistó Jerusalén. Comparada con la toma de 1099, esta fue casi incruenta, aunque sus habitantes debieron pagar un considerable rescate y algunos fueron esclavizados. El reino de Jerusalén había desaparecido.

La toma de Jerusalén conmocionó a Europa y el papa Gregorio VIII convocó una nueva cruzada en 1189. En esta participaron reyes de los más importantes de la cristiandad: Ricardo Corazón de León (hijo de Enrique II y de Leonor de Aquitania), Felipe II Augusto de Francia y el emperador Federico I Barbarroja (sobrino de Conrado III). Éste último, al mando del grupo más poderoso, siguió la ruta terrestre, en la que sufrió algunas bajas. Cerca de Siria, sin embargo, el emperador murió ahogado mientras se bañaba en el río Salef (en la actual Turquía) y su ejército ya no continuó hacia Palestina.

Felipe II Augusto estaba preocupado por los problemas en su país y molesto por las rivalidades con Ricardo Corazón de León, por lo que regresó a Francia, dejando a Ricardo al mando de la cruzada. Este llegó hasta las proximidades de Jerusalén, pero en lugar de atacar prefirió firmar una tregua con Saladino, temiendo que su ejército diezmado de 12.000 hombres no fuera capaz de sostener el sitio de Jerusalén. Pensando en una próxima cruzada y en no arriesgar militarmente una derrota que no le daría a los cristianos la posibilidad del control posterior de la Ciudad Santa, pactaron con el mismo Saladino, quien también estaba cansado y diezmado, la tregua que permitía el libre acceso de los peregrinos desarmados a la Ciudad Santa.

Saladino falleció seis meses después. Ricardo murió en 1199 por una herida de flecha en su regreso a Europa. De esta forma, se cerraba la Tercera Cruzada con un nuevo fracaso para los dos bandos, dejando sin esperanzas a los Estados francos. Era cuestión de tiempo para que desapareciera la estrecha franja litoral que controlaban. Sin embargo, resistieron aún un siglo más.

Cuarta Cruzada

En esta cruzada se puede observar las Fortalezas templarías.

Tras la tregua firmada en la Tercera Cruzada y la muerte de Saladino en 1193, se sucedieron algunos años de relativa paz, en los que los Estados francos del litoral se convirtieron en poco más que colonias comerciales italianas. En 1199, el Papa Inocencio III decidió convocar una nueva cruzada para aliviar la situación de los Estados cruzados. Esta Cuarta Cruzada no debería incluir reyes e ir dirigida contra Egipto, considerado el punto más débil de los estados musulmanes.

Al no ser ya posible la ruta terrestre, los cruzados debían tomar la ruta marítima, por lo que se concentraron en Venecia. El dux Enrico Dandolo se coaligó con el jefe de la expedición Bonifacio de Montferrato y con un usurpador bizantino, Alejo IV Ángelo para cambiar el destino de la cruzada y dirigirla contra Constantinopla, al estar los tres interesados en la deposición del basileus del momento, Alejo III Ángelo.

Inicialmente, los cruzados fueron empleados para luchar contra los húngaros en Zara, por lo que fueron excomulgados por el Papa. Desde allí se dirigieron hacia Bizancio, donde consiguieron instalar a Alejo IV como basileus en 1203. Sin embargo, el nuevo basileus no pudo cumplir las promesas hechas a los cruzados, lo que originó toda clase de disturbios. Fue depuesto por los propios bizantinos, que coronaron a Alejo V Ducas. Esto provocó la intervención definitiva de los cruzados, que conquistaron la ciudad el 12 de abril de 1204. El saqueo de la ciudad fue terrible. Miles de cristianos (incluyendo mujeres y niños) fueron asesinados por los cruzados. Desvalijaron y destruyeron mansiones, palacios, iglesias y la propia basílica de Santa Sofía. Europa occidental recibió un aluvión de obras de arte y reliquias sin precedentes, producto de este saqueo.

Con ello llegaba a su fin el Imperio Bizantino, que se desmembró en una serie de Estados, algunos latinos y otros griegos. De éstos, el llamado Imperio de Nicea conseguiría restaurar una sombra del Imperio Bizantino en 1261.

Los cruzados establecieron el llamado Imperio Latino, organizado feudalmente y con una autoridad muy débil sobre la mayoría de los territorios que supuestamente controlaba (y nula sobre los Estados griegos de Nicea, Trebisonda y Epiro).

La Cuarta Cruzada asestó un doble golpe a los Estados francos de Palestina. Por un lado, les privó de refuerzos militares. Por otro, al crear un polo de atracción en Constantinopla para los caballeros latinos, produjo la emigración de muchos que estaban en Tierra Santa hacia el Imperio Latino, abandonando los Estados francos.

Las cruzadas menores

Tras el fracaso de la cuarta, el espíritu cruzado se había apagado casi por completo, pese al interés de algunos papas y reyes por reavivarlo. Si los Estados francos sobrevivieron hasta 1291 fue por la intervención de los mongoles que ,al acabar con el califato Abbasí en 1258 y conquistar la región de Oriente Medio, dieron un respiro a los latinos, al no ser los mongoles hostiles al cristianismo.

La convicción de que los reiterados fracasos se debían a la falta de inocencia de los cruzados, llevó a la conclusión de que sólo los puros podrían reconquistar Jerusalén. En 1212 un predicador de 12 años organizó la llamada cruzada de los niños, en la que miles de niños y jóvenes recorrieron Francia y embarcaron en sus puertos para ir a liberar Tierra Santa. Fueron capturados por capitanes desaprensivos y vendidos como esclavos. Tan sólo algunos consiguieron regresar al cabo de los años. El cuento era popular en la Edad Media, pero la mayoría de los historiadores creen que este cuento se exagera, o que es un mito.

Quinta Cruzada

La V Cruzada fue proclamada por Inocencio III en 1213 y partió en 1218 bajo los auspicios de Honorio III, uniéndose al rey cruzado Andrés II de Hungría, quien llevó hacia oriente el ejército más grande en toda la Historia de las Cruzadas. Como la IV Cruzada, tenía como objetivo conquistar Egipto. Tras el éxito inicial de la conquista de Damieta en la desembocadura del Nilo, que aseguraba la supervivencia de los Estados francos, a los cruzados les pudo la ambición e intentaron atacar El Cairo, fracasando y debiendo abandonar incluso lo que habían conquistado, en 1221.

Sexta Cruzada

La organización de la VI Cruzada fue un tanto audaz. El papa había ordenado al emperador Federico II Hohenstaufen que fuera a las cruzadas como penitencia. El emperador había asentido, pero había ido demorando la partida, lo que le valió la excomunión. Finalmente, Federico II (que tenía pretensiones propias sobre el trono de Jerusalén) partió en 1228 sin el permiso papal. Sorprendentemente, el emperador consiguió recuperar Jerusalén mediante un acuerdo diplomático. Se autoproclamó rey de Jerusalén en 1229 y también obtuvo Belén y Nazaret.

Séptima Cruzada

En 1244 volvió a caer Jerusalén (esta vez de forma definitiva), lo que movió al devoto rey Luis IX de Francia (San Luis) a organizar una nueva cruzada, la Séptima. Como en la V, se dirigió contra Damieta, pero fue derrotado y hecho prisionero en Mansura (Egipto) con todo su ejército.

Octava Cruzada

Después de transcurridos 25 años; Luis IX de Francia una vez más organizó otra cruzada, la octava (1269), el plan era desembarcar en Túnez y moverse en tierra hasta Egipto; esto fue propuesto por Carlos de Anjou rey de Nápoles, con la intención secreta de aniquilar la competencia de los mercaderes tunecinos. Desembarcaron desconociendo que había una epidemia de disentería en la región, Luis fue infectado y murió a los pocos días. (1270).

Aunque algunos papas intentaron predicar nuevas cruzadas, ya no se organizaron más y, en 1291, tras la caída de San Juan de Acre, los cruzados evacuaron sus últimas posesiones en Tiro, Sidón y Beirut. A fin de cuentas, el único triunfo relevante de la Cristiandad durante los dos siglos de más de ocho cruzadas fue la toma de Jerusalén por Godofredo de Bouillon en la primera cruzada en el año 1099, la cual, a pesar de las innumerables matanzas de sarracenos, judíos (hombres, mujeres y niños), logró sostener la Ciudad Santa por muchos años, y encontró los objetivos marcados inicialmente por los defensores de la idea de reconquistar la tierra llamada santa para los cristianos de Europa.


Es importante hacer mención que existen otras Cruzada en territorio europeo

Las cruzadas bálticas

Fueron una serie de campañas emprendidas por los líderes cristianos de Alemania, Dinamarca y Suecia, entre los siglos XII y XVI, con el objetivo principal de subyugar y convertir a los pueblos paganos de la cuenca del Báltico y contra otros pueblos cristianos considerados igualmente infieles. Uno de los actores principales de dichas campañas fue la Orden Teutónica, que había sido previamente creada en Palestina.

Las cruzadas en el Báltico responden a un movimiento social desarrollado en el Imperio Alemán a mediados del siglo XII. Este movimiento se conoce como Drang nach Osten.

Cruzada contra los albigenses
En 1209 el Papa Inocencio III proclamó la cruzada albigense con el fin de eliminar la herejía de los cátaros y erradicarlos del sur de Francia.

Cruzada Aragonesa
Cruzada contra la Corona de Aragón
La Cruzada contra la Corona de Aragón fue declarada por el Papa Martin IV contra el Rey de Aragón Pedro III el Grande, en 1284 y 1285.

Cruzadas en la Reconquista española
Algunos momentos del período final de la Reconquista recibieron del Papa la calificación de cruzada, dada su condición de enfrentamiento de reinos cristianos contra reinos islámicos. No obstante, la motivación de la búsqueda de tal denominación no era tanto el interés por lograr la presencia de nobles europeos del otro lado de los Pirineos (muy poco importante), como la de obtener algún tipo de derechos fiscales para la monarquía (sobre los ingresos del clero o como Bula de Cruzada). Las ocasiones principales fueron la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la que estuvieron presentes casi todos los reyes cristianos peninsulares, y la Guerra de Granada (1482-1492).

La cruzada de Segismundo de Hungría
Batalla de Nicópolis

Esta cruzada es considerada la última de magnitud paneuropea que se libró contra el Imperio otomano. En 1396, el rey Segismundo de Hungría organizó una cruzada para asediar la ciudad de Nicópolis, por entonces bajo control turco otomano. Los ejércitos del príncipe Mircea I de Valaquia y del duque Juan I de Borgoña avanzaron bajo la dirección del rey Segismundo decididos a expulsar a los otomanos de los territorios de los Balcanes.

La defensa de la ciudad resultó imposible de vencer, y la falta de máquinas de asedio por parte de las fuerzas aliadas concluyó en una severa derrota. La victoria turca en el asedio de Nicópolis supuso una amenaza para las naciones centroeuropeas y consolidó el poder otomano en la frontera con el reino de Hungría.

Cruzada de Juan Hunyadi, regente de Hungría

Sitio de Belgrado

El avance turco sobre el Reino de Hungría resultaba inminente. El fracaso de los ejércitos cruzados del rey Segismundo de Hungría en la Batalla de Nicópolis de 1396 y la derrota de los ejércitos húngaros en la Batalla de Varna en 1444 en la cual murió el rey Vladislao I de Hungría le dio fortaleza al Imperio otomano. De esta forma, continuó su marcha en dirección hacia Belgrado, ciudad serbia fronteriza con el reino húngaro en 1456. De inmediato, el regente húngaro Juan Hunyadi (quien tras la muerte del monarca conducía el reino mientras el príncipe heredero Ladislao el Póstumo cumplía la mayoría de edad para ascender al trono) respondiendo al llamado del Papa Calixto III y asistido por San Juan Capistrano, organizaron un ejército cruzado húngaro que hizo frente a los otomanos invasores. La batalla concluyó con una total victoria para el regente húngaro y la amenaza turca fue detenida por casi un siglo más. Ante la victoria de Belgrado de los húngaros, el Papa ordenó que las campanadas del mediodía en las iglesias de todo el mundo sonasen en honor a tal acontecimiento.

Y para finalizar se presenta la Guerra civil española
Cruzada del 36

Con objeto de dar un sentido católico al denominado Movimiento Nacional la guerra civil española fue declarada cruzada. Así se denominó oficialmente durante la dictadura de Franco.


QUE EL ESPIRITÚ SANTO NOS SIGA ILUMINANDO CADA DIA, DIOS LES BENDIGA!!!
Yennis Silva
 
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor soranamaria » Sab Nov 30, 2013 7:22 pm

Fue una epoca en la que con muchos trabajo el Papa Inocencio ayuda a rescatar los Santos Lugares, ahora a como dicen los Hermanos Franciscanos, necesitamos ir a visitar los Santos Lugares y hospedarse en sus hoteles que tienen en Jerusalem, para que de esta forma estamos ayudando al sostenimiento de sus casas, que han logrado embellecer, perfeccionar, mantener los Santos Lugares, para poder continuar, visitar, y acercarse a vivir los Sagrados Momentos que paso Jesus entre nosotros.

El mantenimiento es costoso, tanto en lo material, edificios, construcciones, com lo espiritual, lo físico, etc, es decir, necesitamos ayudar, cooperar para que ese esfuerzo que hicieron en las cruzadas, no sea en vano. pues en realidad fue muy inteligente y llenos de valentía que los Franciscanos hayan cooperado para ayudar a recuperar los Santos Lugares.
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Re: Taller tema 8: Las Cruzadas

Notapor FSC » Lun Dic 09, 2013 9:18 pm

El siglo XI fue el apogeo de la fe cristiana, donde la ilusión de una Europa unificada bajo la autoridad papal, parecía ser una realidad palpable.

Esta época gloriosa se empañó cuando los turcos seléucidas abrazaron el islam y se opusieron a toda fe distinta de la suya. Con el objetivo de eliminar a sus adversarios religiosos, atacaron el imperio de Oriente y se apoderaron del Asia menor.

Los peregrinajes a Tierra Santa fueron prohibidos y el odio se hizo evidente entre estos fanáticos musulmanes y los caballeros, que también habían jurado defender la fe católica aún a riesgo de sus vidas.

Con el objetivo de erradicar a los infieles musulmanes de Tierra Santa, enarbolando una bandera que mostraba como símbolo una cruz roja, se inició la Guerra Santa, por orden del Papa Urbano II.

Los cruzados obtenían privilegios terrenales por participar en estas campañas y sobre todo los motivaba hallar la salvación espiritual al luchar por los ideales cristianos.

Hubo en total ocho cruzadas, entre los siglos XI y XIV.

La Primera Cruzada, desarrollada entre 1096 y 1099, estaba integrada por una parte por la llamada Cruzada de los pobres, que reunió desorganizadamente a mucha gente humilde, dirigidas por Pedro el Ermitaño. Este grupo fue literalmente masacrado.

Mejor suerte corrió la llamada Cruzada de los Príncipes, más organizados, con fuerzas provenientes de Francia, Países Bajos y Sicilia, que pudieron tomar Jerusalén en 1909 y obtener cuantiosas ganancias con las que crearon cinco estados feudales (entre ellos, el reino de Jerusalén, el principado de Antioquia, el condado de Odessa y el de Trípoli) y numerosos castillos. Sin embargo, no midieron el costo de la represalia que no tardó en llegar. Los turcos se apoderaron de uno de los cinco estados, el de Odessa.

La Segunda Cruzada fue organizada por San Bernardo, y en ella tomaron ingerencia activa los reyes cristianos, sobre todo el de Francia, Luis VII y el emperador germano Conrado III, pero no obtuvo los logros esperados.

Los turcos reconquistaron Jerusalén en el año 1171, gracias a la acción unificadora de los reinos musulmanes, realizada por Saladino, sultán de Siria y Egipto, hombre de gran carácter y humanidad que ocupó además toda la Siria musulmana y una parte de los países situados más allá del Eufrates medio.

Todo se precipitó por la acción de Reinaldo de Châtillon, que se dedicó a violar las treguas y a la piratería, e incluso atacó la caravana que integraba la hermana de Saladino, quien fue asesinada, provocando la ira del sultán, quien juró venganza. Esta se concretó luego de la derrota cristiana en la batalla de Cuernos de Hattin ocurrida el 4 de julio de 1187, oportunidad en la que Saladino ejecutó al asesino de su hermana.

El fracaso de la Tercera Cruzada puede atribuirse a la enemistad entre Francia e Inglaterra y entre el imperio de Oriente y los cristianos de Occidente. Fue convocada por el papa Gregorio VIII, con la participación de numerosos monarcas, entre los que se destacó Ricardo Corazón de León, que logró apoderarse de Acre el 13 de julio de 1191, y se puso al frente de la Cruzada, firmando una tregua con Saladino, iniciándose un período de paz, a pesar de la muerte del sultán ocurrida pocos meses después.

La Cuarta Cruzada fue contra Egipto, por ruta marítima y no incluyó monarcas, estando organizada por el Papa Inocencio III en el año 1199. Sin embargo una confabulación entre quienes dirigían la Cruzada dirigió el objetivo hacia Constantinopla.

Llegados a Bizancio instalaron en el mando a Alejo IV, quien fue depuesto recayendo el mando en Alejo V; pero los Cruzados lograron imponerse y exterminaron a los cristianos ortodoxos, determinando la extinción del Imperio Bizantino, que quedó sumamente debilitado, oportunidad que luego aprovecharían los turcos en 1453, para asestar el golpe definitivo. Fue una cruzada de cristianos contra cristianos.

Las siguientes cruzadas recibieron el nombre de bálticas, por estar dirigidas contra los paganos de la cuenca del báltico y fueron realizadas entre los siglos XII y XVI, por Dinamarca, Alemania y Suecia.

La Quinta Cruzada fue obra de Inocencio III y se llevó a cabo en el año 1218, con la intención de conquistar Egipto, pero fracasó.

La Sexta Cruzada se realizó sin permiso papal, en el año 1228 y fue realizada por Felipe II. Logró reconquistar Belén, Nazareth y Jerusalén, convirtiéndose en su rey por decisión personal, aunque Jerusalén fue nuevamente ocupada en el año 1224.

La toma de Jerusalén motivó la Séptima Cruzada, organizada por el rey Luis IX de Francia, pero fue un fracaso rotundo, culminando con su líder prisionero.

Sin embargo, no desalentado aún, Luis IX, una vez en libertad, organizó la Octava Cruzada en el año 1269, con peor suerte aún que la anterior, ya que falleció en Túnez víctima de la peste junto a una gran parte de su ejército en el año 1270.
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