85. La abstinencia en el matrimonio

En esta tercera y cuarta partes se toca la teología del cuerpo, la
resurrección de los cuerpos, la virginidad, el celibato,la abstinencia en el
matrimonio, la doctrina paulina sobre virginidad y matrimonio .

Esta parte consta 23 lecciones que se enviarán todos los martes y viernes a
partir del 14 de enero de 2014 , la última será el 1 de abril del 2014
.Estas son la tercera y cuarta partes de seis partes que se darán de manera
consecutiva e ininterrumpida. El curso completo se dará a lo largo de un año
y consta de:

Parte I: Principios del amor humano (23 lecciones)

Parte II: La purificación del corazón (40 lecciones)

Parte III: La resurrección de la carne (9 lecciones)

Parte IV: La virginidad cristiana (14 lecciones)

Parte V: El sacramento del matrimonio (27 lecciones)

Parte VI: Amor y fecundidad (16 lecciones)

Este curso tiene el objetivo de difundir la catequesis del amor humano,
también conocida como Teología del Cuerpo.

Moderadores: raulalonso, tito, Catholic.net, gache, Moderadores Animadores

85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor pilar calva » Jue Ene 16, 2014 7:12 pm

85. La abstinencia en el matrimonio

Afirmando que quien elige el matrimonio «hace bien», pero el que escoge la virginidad «hace mejor», el Apóstol se refiere a la caducidad del mundo, o sea, a todo lo que es temporal. Es fácil intuir que el motivo de la caducidad y fugacidad de lo temporal

1. En mis anteriores reflexiones, analizando el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios, he tratado de captar y comprender las enseñanzas y los consejos que San Pablo da a los destinatarios de su Carta, sobre las cuestiones referentes al matrimonio y a la continencia voluntaria (o sea, la abstención del matrimonio ).

Afirmando que quien elige el matrimonio "hace bien", pero el que escoge la virginidad "hace mejor", el Apóstol se refiere a la caducidad del mundo, o sea, a todo lo que es temporal.
Es fácil intuir que el motivo de la caducidad y fugacidad de lo temporal tiene, en este caso, más fuerza que la referencia a la realidad del "otro mundo". El Apóstol encuentra cierta dificultad para exponer su pensamiento; sin embargo, es claro que en la base de la interpretación paulina del tema "matrimonio-virginidad" está no sólo la metafísica misma del ser accidental (y por consiguiente pasajero), sino sobre todo la teología de una gran esperanza de la que Pablo fue entusiasta defensor. El destino eterno del hombre no es el "mundo", sino el reino de Dios. El hombre no debe apegarse demasiado a los bienes del mundo perecedero.

2. También el matrimonio está ligado a la "escena de este mundo" que pasa; y en esto nos encontramos, en cierto sentido, muy cerca de la perspectiva abierta por Cristo en su enunciación sobre la resurrección futura (cf. Mt 22, 23-32; Mc 12, 18-27; Lc 20, 27-40). Por eso el cristiano, según las enseñanzas de Pablo, debe vivir el matrimonio desde el punto de vista de su vocación definitiva. Y, mientras el matrimonio esta ligado a la escena de este mundo que pasa y por lo tanto impone, en un cierto sentido la necesidad de "encerrarse" en esta caducidad; la abstención del matrimonio, en cambio, está libre -se puede decir- de esa necesidad. Precisamente por esto el Apóstol afirma que "hace mejor" quien elige la continencia. Y aunque su argumentación sigue por este camino, sin embargo aparece claramente en primer plano (como hemos constatado ya) sobre todo el problema de "agradar al Señor" y "preocuparse de las cosas del Señor".

3. Se puede admitir que las mismas razones valen para lo que el Apóstol aconseja a las mujeres que se han quedado viudas: "La mujer está ligada por todo el tiempo de vida a su marido; mas una vez que se duerme el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero en el Señor. Más feliz será si permanece así, conforme a mi consejo, pues también creo tener yo el espíritu de Dios" (1Cor 7 39-40).
Así pues permanezca en la viudez en lugar de contraer un nuevo matrimonio.

4. En lo que descubrimos con una lectura atenta de la Carta a los Corintios (especialmente del cap. 7) aparece todo el realismo de la teología paulina sobre el cuerpo. El Apóstol en la Carta afirma que "vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros" (1Cor 6, 19), pero al mismo tiempo es plenamente consciente de la debilidad y de la pecabilidad a las que el hombre está sujeto, precisamente a causa de la concupiscencia de la carne.

Sin embargo, esta conciencia no ofusca en él de modo alguno la realidad del don de Dios, del que participan tanto los que se abstienen del matrimonio, como los que toman mujer o marido. En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que "hace mejor" quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas "carnales" y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia "espirituales". Efectivamente, en uno y en otro modo de vida -hoy diríamos, en una y en otra vocación-, actúa ese "don" que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en "templo del Espíritu Santo" y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no "deshonra" este "templo del Espíritu Santo", que es su cuerpo.

5. En las enseñanzas de Pablo, contenidas sobre todo en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios, no encontramos ninguna premisa para lo que más tarde se llamará "maniqueísmo". El Apóstol es plenamente consciente de que -aunque la continencia por el reino de los cielos sea siempre digna de recomendación- la gracia, es decir, "el don propio de Dios" ayuda también a los esposos en esa convivencia, en la cual (según las palabras del Gén 2, 24) ellos se unen tan estrechamente que forman "una sola carne".

Así, pues, esta convivencia carnal está sometida a la potencia del "don propio de Dios" que cada uno recibe. El Apóstol escribe sobre esto con el mismo realismo que caracteriza toda su argumentación en el capítulo 7 de esta Carta: "El marido otorgue lo que es debido a la mujer, e igualmente la mujer al marido. La mujer no es dueña de su propio cuerpo, es el marido, e igualmente el marido no es dueño de su propio cuerpo: es la mujer".

6. Se puede decir que estas enunciaciones son un comentario claro, por parte del Nuevo Testamento, a las palabras del libro del Génesis (Gén 2, 24) que acabo de recordar. Sin embargo, los términos usados aquí, en particular las expresiones "lo que es debido" y "no es dueña (dueño)" no se pueden explicar prescindiendo de la justa dimensión de la alianza matrimonial, como traté de aclarar cuando analice los textos del libro del Génesis; procuraré hacerlo más ampliamente aún cuando hable de la sacramentalidad del matrimonio según la Carta a los Efesios (cf. Ef 5, 22-23). En su momento, será necesario volver sobre estas expresiones significativas que del vocabulario de San Pablo han pasado a toda la teología del matrimonio.

7. Por ahora, sigamos fijando la atención en las otras frases del mismo párrafo del capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios, en el que el Apóstol dirige a los esposos las siguientes palabras: "No os defraudéis uno al otro, a no ser de común acuerdo por algún tiempo, para daros a la oración, y de nuevo volved a lo mismo a fin de que no os tiene Satanás de incontinencia. Esto os lo digo condescendiendo, no mandando"(1Cor 7, 5-6). Es un texto muy significativo, al que habrá que referirse de nuevo en el contexto de las meditaciones sobre otros temas.

En toda su argumentación sobre el matrimonio y la continencia, el Apóstol hace, como Cristo, una clara distinción entre el mandamiento y el consejo evangélico: por eso, es muy significativo el hecho de que siente la necesidad de referirse también a la "condescendencia" como a una regla suplementaria, y esto precisamente sobre todo con referencia a los esposos y a su recíproca convivencia. San Pablo dice claramente que tanto la convivencia conyugal como la voluntaria y periódica abstención de los esposos, debe ser fruto de ese "don de Dios" que es "propio" de ellos, y que, cooperando conscientemente con él, los mismos cónyuges pueden mantener y reforzar ese recíproco vínculo personal y al mismo tiempo esa dignidad que el hecho de ser "templo del Espíritu Santo, que está en vosotros" (cf. 1Cor 6, 19), confiere a su cuerpo.

8. Parece que la regla paulina de "condescendencia" indica la necesidad de tomar en consideración todo lo que, de alguna manera, corresponde al carácter subjetivo tan diferenciado del hombre y de la mujer. Todo lo que en este aspecto subjetivo es de naturaleza no sólo espiritual sino también sico-somatica, toda la riqueza subjetiva del hombre -la cual entre su naturaleza corporal, se expresa en la sensibilidad específica tanto del hombre como de la mujer-, todo esto debe permanecer bajo la influencia del don que cada uno recibe de Dios don que es propio de cada uno.
Como se ve, en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios, San Pablo interpreta las enseñanzas de Cristo sobre la continencia por el reino de los cielos en esa forma, tan pastoral, que le es característica, acentos naturalmente muy personales. El interpreta las enseñanzas sobre la continencia, sobre la virginidad, en línea paralela a la doctrina sobre el matrimonio, conservando el realismo propio de un pastor y, al mismo tiempo, los parámetros que encontramos en el Evangelio, en las palabras del mismo Cristo.

9. En la enunciación paulina se encuentra esa fundamental estructura-cuadro de la doctrina revelada sobre el hombre que esta destinado, también con su cuerpo, a la "vida futura". Esta estructura-cuadro constituye la base de todas las enseñanzas evangélicas sobre la continencia por el reino de Dios (cf. Mt 19, 12); pero al mismo tiempo en ella se basa también el cumplimiento definitivo (escatológico) de la doctrina evangélica sobre el matrimonio (cf. Mt 22, 30; Mc 12, 25; Lc 20, 36). Estas dos dimensiones, de la vocación humana no se oponen entre sí, sino que se complementan. Ambas dan respuesta plena a uno de los interrogantes fundamentales del hombre: el interrogante sobre el significado del "ser cuerpo", es decir, sobre el significado de la masculinidad y feminidad, de ser "en el cuerpo" un hombre o una mujer.

10. Lo que generalmente llamamos teología del cuerpo aparece como algo verdaderamente fundamental y constitutivo para toda la hermenáutica antropológica y al mismo tiempo igualmente para la ética y para la teología del ethos humano. En cada uno de estos sectores, hay que tener muy presentes las palabras de Cristo, en las que El se remite al "principio" (cf. Mt 19, 4) o al "corazón" como lugar interior y contemporáneamente "histórico" cf. Mt 5, 28) del encuentro con la concupiscencia de la carne; pero hay que tener también bien presentes las palabras con las que Cristo se ha referido a la resurrección, para injertar en el mismo inquieto corazón del hombre las primeras semillas de la respuesta al interrogante sobre el significado de ser carne en la perspectiva del "otro mundo".

Pregunta:
“En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que «hace mejor» quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas «carnales» y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia «espirituales». Efectivamente, en uno y en otro modo de vida -hoy diríamos, en una y en otra vocación-, actúa ese «don» que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en «templo del Espíritu Santo» y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no «deshonra» este «templo del Espíritu Santo», que es su cuerpo”. ¿Qué sería una concepción maniqueista de la abstención del celibato?
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor virginia castro » Mar Abr 01, 2014 8:54 am

Virginia Castro #85

Que encontramos en el Cap, 7 de la 1 carta a los Corintos?

San Pablo en esta carta es muy claro para los que no quieren casarse, para los viudos o viudas y para los esposos basandose en Genesis 2, 24; en el que el hombre y mujer se hacen una sola carne al unirseen matrimonio y Pablo nos recuerda "No os defraudeis uno del otro, a no ser de comun acuerdo por algun tiempo, para daros de Nuevo en oraciony de Nuevo volved a lo mismo a fin de que nos tiene satanas de incontenencia (1Cor 7, 5-6). En todo el argumento sobre el matrimonio y la continencia, el apostol Pablo nos dice como Cristo una clara distinction entre el mandamiento y el consejo evangelico y se refiere tambien a la "condescendencia" como regla suplementaria y precisamente en referencia a los esposos y su reciproca convivencia y la convivencia conyugal, como voluntaria y periodica abstencion de los esposos, debe de ser fruto de ese don de Dios, que es propio y que ayudandose uno al otro los esposos mantendran y refuerzan el vincula personal y al mismo tiempo esa dignidad que el hecho de ser "Templo del Espiritu Santo esta en nosotros y se refiere a su cuerpo" 1 Cor 6, 19.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor lindoro50 » Mar Abr 01, 2014 11:09 am

La teologia paulina sobre el cuerpo, que incluye: los deberes conyugales; los matrimonios entre cristianos y paganos; la condición social del cristiano; la excelencia de la virginidad; la brevedad del tiempo presente y la consagración a Dios. Al leer este capítulo hay que tener presente: que Corinto era notoria por su inmoralidad y falta de normas para el hogar; que Pablo se refería a problemas locales y que era un tiempo de persecución para los cristianos.

Expone la doctrina del matrimonio. En los versículos del 1 al 9 los temas son: la responsabilidad conyugal mutua, se deja en claro que cada uno le pertenece al otro, y que ambos no pueden negarse a no ser por mutuo consentimiento y con algún propósito específico. El otro tema es el celibato, lo trata a nivel de consejo, aquellos que no se han casado que puedan permanecer así, y los que enviudaron que no busquen casarse nuevamente; siempre y cuando puedan permanecer de esa manera sin pecar.

Es bueno para el hombre no tocar a una mujer, por lo tanto, digo a los solteros y a las viudas que es bueno para ellos soportarlo así como yo. Pero si no pueden contenerse, que se casen, porque es mejor casarse que arder. Algunos afirman que el apóstol Pablo era de esta idea porque tenía el regreso del Señor Jesucristo como inminente, por tanto era mejor concentrarse en asuntos del Evangelio en esos «últimos tiempos» antes que en asuntos de pareja.

Del versículo 10 al 24 se trata el tema del divorcio. Este siempre ha sido un tema bastante conflictivo. En los versos 10 y 11 es claro que lo que el Apóstol aconseja es permanecer juntos, aún afirma que aquel que sufrió una separación debe permanecer sin casarse; en este caso ambos son creyentes. El conflicto está en el versículo 15, donde el matrimonio es mixto, uno creyente y otro no. Pablo ha dejado claro que el creyente debe procurar no separarse en los matrimonios mixtos. El asunto está cuando es el no creyente el que decide divorciarse, sin lugar a dudas esta persona se divorcia para volverse a casar, ¿qué debe hacer el creyente divorciado?, ¿es para él el mandato de Pablo de I Co. 7:11 "y si se separa, quédese sin casar". Algunos pensadores bíblicos no nos dicen nada y enrumban sus comentarios por la posición conservadora... quédese sin casar, otros toman el texto de I Co. 7:15 pues no está el hermano o la hermana sujeto a servidumbre y se interpreta que esto abre la puerta a volverse a casar si el cónyuge no creyente lo hace.

Da la impresión que el apóstol Pablo tenía plena conciencia de que estaba creando reglas, normas y disposiciones que pasarían a ser normativas para toda la Iglesia en el futuro. Y como tales han perdurado, en efecto, gracias precisamente a su cuidadosa distinción entre obligación y precepto por un lado, y recomendación y consejo por otro. La Iglesia puede así mantenerse firme en los preceptos decisivos y elástica en las múltiples circunstancias cambiantes. Por eso es posible hoy aplicar con mayor luz las enseñanzas del Apóstol a los problemas de nuestro tiempo.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor antonio_7 » Mar Abr 01, 2014 2:43 pm

En la primera carta a los Corintos en el capitulo 7, Pablo hase referensia a el matrimonio, es una Buena eleccion pero esmejor el celibato o la abstinencia por el reino de los cielos, demanera muy personal refiere, su deseo espesial, por la eleccion de la continencia y el celibato por el reino de los cielos, como meta absoluta para todo ser humano baron y hembra, el context paulista expresivo por mostrararnos la manera de adquirir lo bueno por lo extraordinario, como el hombre corporio concupisente tiene que tener fijada su Mirada en Cristo ejmplo vivo, modelo a seguir y consecuente con su mismo ejemplo dado a que somos inclinados a la debilidad de la carne, y si busca el matrimonio el reino de los cielos es mas esfuerzo, el que tiene cada individuo su propias preocupaciones sus diferentes nesecidades, y de esta forma, su preocupacion es tanbien el conyuge pues viven en unidad desde el momento de cotraer matrimonio, pueden buscar el mismo proposito como nos comenta el texto, de la donacion resiproca del matrimonio por la abstinencia en el sacramento, si el hombre es dueno de da mujer y la mujer es dueno del hombre tendria una unidad mutual de eleccion si asi lo desiden, y en encambio si buscan el celibato y la abstinensia, no como un mandato o imposicion , si no es una subjetividad, pensando en el presente benidero, y ademas siendo que estamos de paso en este mundo, y nuestro fin es el reino de los cielos,Pablos simple mente quiere que toda creatura se deje encontrar por el amor de Cristo, como el encontro a Cristo y su bida fue Cristo, y ese es el mensaje paulista, dejarse abrasar por el Espiritu Santo, y el nos guiara a lo bueno lo grato lo agradable a cristo, para glorificacion del padre, como seres hechos a semejansa de Dios, templos del Espiritu Santo.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor Jeanette Palacios » Mar Abr 01, 2014 4:03 pm

¿ Que encontramos en el Cap, 7 de la 1 carta a los Corintos?

En lo que descubrimos con una lectura atenta de la Carta a los Corintios (especialmente del cap. 7) aparece todo el realismo de la teología paulina sobre el cuerpo. El Apóstol en la Carta afirma que "vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros" (1Cor 6, 19), pero al mismo tiempo es plenamente consciente de la debilidad y de la pecabilidad a las que el hombre está sujeto, precisamente a causa de la concupiscencia de la carne.
El afirma que el que elige el matrimonio hace bien pero el que escoge la virginidad hace mejor.

¿Qué sería una concepción maniqueista de la abstención del celibato?
En las enseñanzas de Pablo, contenidas sobre todo en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios, no encontramos ninguna premisa para lo que más tarde se llamará "maniqueísmo
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor Silviamaria » Mar Abr 01, 2014 5:10 pm

¿Qué encontramos en el capítulo 7 de la primera carta a los corintios?
Encontramos que señala que el que está comprometido cumpla con su cónyuge, el que está célibe que no se comprometa. Él se pone de ejemplo para el celibato pero el que no pueda mantener la continencia que se case. Que cada uno viva según los dones que Dios le ha dado, recordando que el cuerpo es templo del Espíritu Santo.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor patricio » Mar Abr 01, 2014 6:07 pm

Pregunta:
¿Qué encontramos en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios?
Aquí aparece todo el realismo de la teología paulina sobre el cuerpo. El Apóstol en la Carta afirma que "vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros", pero al mismo tiempo es plenamente consciente de la debilidad y de la pecabilidad a las que el hombre está sujeto, precisamente a causa de la concupiscencia de la carne.
Sin embargo, esta conciencia no ofusca en él de modo alguno la realidad del don de Dios, del que participan tanto los que se abstienen del matrimonio, como los que toman mujer o marido. En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que "hace mejor" quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas "carnales" y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia, "espirituales". Efectivamente, en uno y en otro modo de vida, hoy diríamos, en una y en otra vocación, actúa ese "don" que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en "templo del Espíritu Santo" y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no "deshonra" este "templo del Espíritu Santo", que es su cuerpo.
En las enseñanzas de Pablo, contenidas en este capítulo, no encontramos ninguna premisa para lo que más tarde se llamará "maniqueísmo". El Apóstol es plenamente consciente de que aunque la continencia por el reino de los cielos sea siempre digna de recomendación, la gracia, es decir, "el don propio de Dios" ayuda también a los esposos en esa convivencia, en la cual ellos se unen tan estrechamente que forman "una sola carne".
Así, pues, esta convivencia carnal está sometida a la potencia del "don propio de Dios" que cada uno recibe. El Apóstol escribe y dice esto con el mismo realismo que caracteriza toda su argumentación: "El marido otorgue lo que es debido a la mujer, e igualmente la mujer al marido. La mujer no es dueña de su propio cuerpo, es el marido, e igualmente el marido no es dueño de su propio cuerpo: es la mujer".
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor yaluz » Mar Abr 01, 2014 8:37 pm

Qué encontramos en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios?
R:
San Pablo, de manera muy personalizada, tiene un enfoque o una interpretación de lo que dijo Cristo sobre la continencia y la virginidad y lo hace de forma paralela con lo que es el matrimonio En ambas interpretaciones, caracterizadas por su sentido escatológico, San Pablo, en definitiva, trata de hacernos ver o indicarnos el camino menos cruento para alcanzar la trascendencia. Las dos vías, tanto en la continencia como en el matrimonio, el cuerpo es templo del Espiritu Santo y recibe ese don de Dios para servirlo a Él.
Claro! El Apóstol ,en palabras coloquiales, consideraba que “nos rendiría” más el agradar a Dios, ya desde aquí, como lo harían los que voluntariamente se van por la continencia, que los que seleccionan la vida matrimonial, cuyo servicio seria compartido con la mujer o con el marido. Más aún, si se toman en cuenta las palabras Jesús sobre el significado de ser carne en la perspectiva del "otro mundo
Zulay R. de Álvarez (yaluz)
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor Maria 2 » Jue Abr 03, 2014 4:57 pm

¿Qué encontramos en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios?

Las enseñanzas y los consejos que San Pablo afirman que quien elige el matrimonio "hace bien", pero el que escoge la virginidad "hace mejor", el Apóstol se refiere a la caducidad del mundo, o sea, a todo lo que es temporal.

El destino eterno del hombre no es el "mundo", sino el reino de Dios. El cristiano, según las enseñanzas de Pablo, debe vivir el matrimonio desde el punto de vista de su vocación definitiva. Y aunque su argumentación sigue por este camino, sin embargo aparece claramente en primer plano (como hemos constatado ya) sobre todo el problema de "agradar al Señor" y "preocuparse de las cosas del Señor".

Se puede admitir que las mismas razones valen para lo que el Apóstol aconseja a las mujeres que se han quedado viudas: "La mujer está ligada por todo el tiempo de vida a su marido; mas una vez que se duerme el marido, queda libre para casarse con quien quiera, pero en el Señor. Más feliz será si permanece así, conforme a mi consejo, pues también creo tener yo el espíritu de Dios" (1Cor 7 39-40).

Así pues permanezca en la viudez en lugar de contraer un nuevo matrimonio.

El Apóstol en la Carta afirma que "vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros" (1Cor 6, 19), pero al mismo tiempo es plenamente consciente de la debilidad y de la pecabilidad a las que el hombre está sujeto, precisamente a causa de la concupiscencia de la carne.

El Apóstol es plenamente consciente de que -aunque la continencia por el reino de los cielos sea siempre digna de recomendación- la gracia, es decir, "el don propio de Dios" ayuda también a los esposos en esa convivencia, en la cual (según las palabras del Gén 2, 24) ellos se unen tan estrechamente que forman "una sola carne".

La mujer no es dueña de su propio cuerpo, es el marido, e igualmente el marido no es dueño de su propio cuerpo: es la mujer".

El Apóstol dirige a los esposos las siguientes palabras: "No os defraudéis uno al otro, a no ser de común acuerdo por algún tiempo, para daros a la oración, y de nuevo volved a lo mismo a fin de que no os tiene Satanás de incontinencia. Esto os lo digo condescendiendo, no mandando"(1Cor 7, 5-6).

San Pablo dice claramente que tanto la convivencia conyugal como la voluntaria y periódica abstención de los esposos, debe ser fruto de ese "don de Dios" que es "propio" de ellos, y que, cooperando conscientemente con él, los mismos cónyuges pueden mantener y reforzar ese recíproco vínculo personal y al mismo tiempo esa dignidad que el hecho de ser "templo del Espíritu Santo, que está en vosotros" (cf. 1Cor 6, 19), confiere a su cuerpo.

Estas dos dimensiones, de la vocación humana no se oponen entre sí, sino que se complementan. Ambas dan respuesta plena a uno de los interrogantes fundamentales del hombre: el interrogante sobre el significado del "ser cuerpo", es decir, sobre el significado de la masculinidad y feminidad, de ser "en el cuerpo" un hombre o una mujer.

COMENTARIO: En conclusión señala que el que está comprometido cumpla con su cónyuge y el que está célibe que no se comprometa con otra persona, solo con Dios.

Un abrazo y hasta pronto.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor mariaines » Vie Abr 04, 2014 11:44 am

¿Qué encontramos en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios?
En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que "hace mejor" quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas "carnales" y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia "espirituales". Efectivamente, en uno y en otro modo de vida -hoy diríamos, en una y en otra vocación-, actúa ese "don" que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en "templo del Espíritu Santo" y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no "deshonra" este "templo del Espíritu Santo", que es su cuerpo.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor Mary Jo » Vie Abr 04, 2014 5:53 pm

Preguntas:
1. ¿Qué encontramos en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios?
- Las enseñanzas y los consejos que San Pablo da a los destinatarios de su Carta, sobre las cuestiones referentes al matrimonio y a la continencia voluntaria (o sea, la abstención del matrimonio).
- Afirma que quien elige el matrimonio "hace bien", pero el que escoge la virginidad "hace mejor".
- San Pablo aconseja permanecer en la viudez en lugar de contraer un nuevo matrimonio.
- San Pablo en este capítulo cuando habla sobre matrimonio dice que la mujer no es dueña de su propio cuerpo, es el marido, e igualmente el marido no es dueño de su propio cuerpo: es la mujer.
- San Pablo dice que tanto la convivencia conyugal como la voluntaria y periódica abstención de los esposos, debe ser fruto de ese "don de Dios" que es "propio" de ellos.

2. “En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que «hace mejor» quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas «carnales» y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia «espirituales». Efectivamente, en uno y en otro modo de vida -hoy diríamos, en una y en otra vocación-, actúa ese «don» que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en «templo del Espíritu Santo» y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no «deshonra» este «templo del Espíritu Santo», que es su cuerpo”.
¿Qué sería una concepción maniqueísta de la abstención del celibato?

Una concepción maniqueísta concebiría al matrimonio y al celibato como opuesto y que uno se presente como superior a otro. En este caso, como bien dice el Papa Juan Pablo II cada vocación es un don y Dios nos da la gracia para descubrirla y abrirnos a ella.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor NELSON » Sab Abr 05, 2014 2:38 pm

Pregunta:
¿Qué encontramos en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios?
En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que "hace mejor" quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas "carnales" y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia "espirituales". Efectivamente, en uno y en otro modo de vida -hoy diríamos, en una y en otra vocación-, actúa ese "don" que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en "templo del Espíritu Santo" y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no "deshonra" este "templo del Espíritu Santo", que es su cuerpo.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor RoxanaGomez25 » Mar Abr 08, 2014 2:30 pm

“En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que «hace mejor» quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas «carnales» y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia «espirituales». Efectivamente, en uno y en otro modo de vida -hoy diríamos, en una y en otra vocación-, actúa ese «don» que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en «templo del Espíritu Santo» y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no «deshonra» este «templo del Espíritu Santo», que es su cuerpo”. ¿Qué sería una concepción maniqueista de la abstención del celibato?
La concepción maniqueísta sería algo sin fundamento, y transformatorio de las palabras de Cristo y de Pablo.
Sería considerar el matrimonio solo de este mundo y no como un don de Dios, como un camino para agradar a Dios, así como la continencia. En todo momento queda claro que Pablo reconoce el cuerpo como templo del Espíritu Santo, igual reconoce el estado pecaminoso, pero no ofusca la realidad del don de Dios. Maniqueismo sería contraponer el matrimonio y la vida en contienencia, lo que en ningún momento se contraponen.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor MA SOCORRO A REYES L » Mar Abr 08, 2014 3:56 pm

De la Carta a los Corintios especialmente del cap. 7, aparece todo el realismo de la teología paulina sobre el cuerpo. El Apóstol en la Carta afirma que "vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros" (1Cor 6, 19), pero al mismo tiempo es plenamente consciente de la debilidad y de la pecabilidad a las que el hombre está sujeto, precisamente a causa de la concupiscencia de la carne. En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que "hace mejor" quien opta por ella, hoy diríamos, en una y en otra vocación, actúa ese "don" que cada uno recibe de Dios, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en "templo del Espíritu Santo" y que permanezca tal, así en la virginidad, como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no "deshonra" este "templo del Espíritu Santo", que es su cuerpo. El Apóstol señala que el que está en matrimonio cumpla con su cónyuge y el que está célibe su compromiso es con Dios y el maniqueísmo sería en dos principios creadores, el bien y el mal y el Apóstol afirma que el cuerpo es templo del Espíritu Santo.
MA SOCORRO A REYES L
 
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor maguie » Mar Abr 08, 2014 7:19 pm

En el capítulo 7 de la Primera Carta a los Corintios, encontramos una clara preferencia del Apóstol al celibato por el Reino, aunque también podemos definir que quien respete su vocación y por lo tanto su cuerpo respecto de esa vocación es templo del Espíritu santo, sea célibe o casado.
La concepción maniqueísta de la abstención propia del celibato sería despreciar el cuerpo y su capacidad unitiva y procreadora, su belleza, potencialidades y habilidades y evitar usarlo como debe ser en el celibato, para predicar el Reino, a fin de ganar 'hijos espirituales'. Esta actitud sería contraria a la abstención por el Reino de la que hemos venido hablando en los últimos capítulos.
maguie
 
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor b. gabriel reyes reyes » Mar Abr 15, 2014 8:34 pm

[b]¿Qué encontramos en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios?[/b]
[i]En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos una enseñanza en línea paralela sobre la continencia “por el reino de los cielos” y sobre el matrimonio, con gran fidelidad a las palabras del mismo Cristo. El apóstol reconoce ambos estados de vida como un don que Dios otorga a cada uno y que cada uno vive con la gracia que hace de su cuerpo “templo del Espíritu Santo”.
En el mismo capítulo el Apóstol expone que el destino del hombre no es el “mundo” caduco y fugaz, sino el reino de Dios. En esta dimensión de pensamiento quien elige el matrimonio «hace bien», pero el que escoge la virginidad «hace mejor».[/i]

[b]“En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que «hace mejor» quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas «carnales» y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia «espirituales». Efectivamente, en uno y en otro modo de vida -hoy diríamos, en una y en otra vocación-, actúa ese «don» que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en «templo del Espíritu Santo» y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no «deshonra» este «templo del Espíritu Santo», que es su cuerpo”. ¿Qué sería una concepción maniqueista de la abstención del celibato?[/b]
[i]La concepción maniqueísta de la abstención del celibato niega la acción de la gracia de Dios, la cual hace que el cuerpo se convierta en "templo del Espíritu Santo" y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio; se califica el cuerpo como fuente de maldad, de pecado que merece desprecio en cuanto encierra al espíritu, le impide llegar al Reino de Dios.[/i]
b. gabriel reyes reyes
 
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor garu » Mar Abr 15, 2014 10:22 pm

Una concepción maniqueista del celibato, sería pretender que el sentido de la abstención es por la culpabilidad del cuerpo de todo lo que es malo y no ver la abstención “ por el reino de Dios”. El Apóstol es plenamente consciente de que -aunque la continencia por el reino de los cielos sea siempre digna de recomendación- la gracia, es decir, "el don propio de Dios" ayuda también a los esposos en esa convivencia, en la cual ellos se unen tan estrechamente que forman "una sola carne".
Estas dos dimensiones, de la vocación humana no se oponen entre sí, sino que se complementan.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor Alejandra S » Mar Abr 22, 2014 10:53 am

El capítulo 7 de la 1ra. Carta a los Corintios contiene consejos y enseñanzas de San Pablo sobre cuestiones referentes al matrimonio y a la continencia voluntaria. Habla de la caducidad del mundo, del destino eterno del hombre en el reino de Dios, de la preocupación por las cosas del Señor.
También da consejos a las mujeres viudas. Es importante señalar que no hay aquí ninguna premisa para lo que más adelante se llamará maniqueísmo.
También habla de los esposos, del amor que deben brindarse (lo que constituye un comentario al Génesis), y de su eventual continencia para dedicarse a la oración; habla del respeto mutuo por ser cada uno de ellos Templo del Espíritu Santo.
“en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios, San Pablo interpreta las enseñanzas de Cristo sobre la continencia por el reino de los cielos en esa forma, tan pastoral, que le es característica, acentos naturalmente muy personales. El interpreta las enseñanzas sobre la continencia, sobre la virginidad, en línea paralela a la doctrina sobre el matrimonio, conservando el realismo propio de un pastor y, al mismo tiempo, los parámetros que encontramos en el Evangelio, en las palabras del mismo Cristo”.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor BlancaElena » Lun May 12, 2014 3:10 pm

“En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que «hace mejor» quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas «carnales» y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia «espirituales». Efectivamente, en uno y en otro modo de vida -hoy diríamos, en una y en otra vocación-, actúa ese «don» que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en «templo del Espíritu Santo» y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no «deshonra» este «templo del Espíritu Santo», que es su cuerpo”.

¿Qué sería una concepción maniqueista de la abstención del celibato?

Un desprecio por el cuerpo humano en su masculinidad por sentir que el cuerpo atrapa el espíritu para mal o por considerar que la carne pertenece al demonio esa sería la concepción maniqueista de la abstención del Celibato. La fidelidad al Celibato por Vocación consiste en aceptar voluntariamente ser Templos del ESPIRITU SANTO con exclusividad de tiempo solo para DIOS con un amor sin reservas para EL y a la caridad que es amor para todos. Es una paternidad espiritual por el Reino de los Cielos.
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Re: 85. La abstinencia en el matrimonio

Notapor Carlos64 » Dom May 18, 2014 6:24 pm

Pregunta: “En el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios encontramos un claro estímulo a la abstención del matrimonio, la convicción de que «hace mejor» quien opta por ella; sin embargo, no encontramos ningún fundamento para considerar a los casados personas «carnales» y a los que, por motivos religiosos, han elegido la continencia «espirituales». Efectivamente, en uno y en otro modo de vida -hoy diríamos, en una y en otra vocación-, actúa ese «don» que cada uno recibe de Dios, es decir, la gracia la cual hace que el cuerpo se convierta en «templo del Espíritu Santo» y que permanezca tal, así en la virginidad (en la continencia), como también en el matrimonio, si el hombre se mantiene fiel al propio don y, en conformidad con su estado, o sea, con la propia vocación, no «deshonra» este «templo del Espíritu Santo», que es su cuerpo”. ¿Qué sería una concepción maniqueista de la abstención del celibato?"

Desde una concepción maniqueísta, enlistamos:

1. Se renunciaría al matrimonio por considerar todo lo relativo al amor carnal o sexual entre el varón y la mujer como intrínsecamente pecaminoso, o moralmente inferior; como una realidad meramente animal, concupiscente en su definición, opuesta desde su esencia al espíritu e irreconciliable con éste;
2. se consideraría que únicamente la virginidad sería espiritual; el cuerpo y todo lo que le pueda atañer sería incompatible con el espíritu;
3. la única forma en que el espíritu podría imponerse al cuerpo sería mediante la supresión o represión negativa de éste último, dado que la armonía espíritu-cuerpo que propugna la ética cristiana se considera imposible;
4. el matrimonio correspondería a una mera necesidad biológica de reproducción con el fin de que la especie se perpetúe, una especie de mal necesario;
5. no habría don divino sustentando ni bendiciendo al matrimonio: el don de la gracia de Dios se daría exclusivamente al celibato, de manera que el matrimonio nunca podría considerarse como una vocación de santidad;
6. la vivencia de la castidad, en el sentido de mantener el cuerpo en pureza y santidad, se consideraría imposible en el estado matrimonial, dado que la única forma de lograrlo sería la abstención absoluta y perpetua del célibe;
7. cualquier acto de amor carnal entre los esposos se valoraría como un acto de impureza y de irrespeto al cuerpo en tanto templo del Espíritu de Dios;
8. en suma, únicamente los célibes podrían aspirar a vivir en gracia de Dios, agradándole y sirviéndole. Los casados, por el contrario, seríamos moral y espiritualmente inferiores, viviendo en pecado constante e irremediable en virtud de nuestro estado, lejos de la gracia del Señor, sin posibilidad alguna de alcanzar la santidad a la que nos llama a todos Cristo.

Bendiciones, Dra. Pilar.
Discípulo de Cristo por amor del Padre y unción del Espíritu. Miembro de la Iglesia por gracia divina. Amar a Jesús es mi mayor alegría.

Dios te salve, María, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.
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