2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

En este curso, haremos un viaje en el tiempo para situarnos en los orígenes del monacato cristiano. Conoceremos las distintas órdenes monásticas, a sus fundadores, sus monasterios, su arte, cultura, forma de vida y su importancia para la civilización a través de la historia hasta la actualidad.

Fecha de inicio:
11 de agosto de 2014

Fecha final:
27 de octubre de 2014

Responsable: Hini Llaguno

Moderadores: Catholic.net, Ignacio S, hini, Betancourt, PEPITA GARCIA 2, rosita forero, J Julio Villarreal M, AMunozF, Moderadores Animadores

Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor EsterNini » Lun Ago 25, 2014 9:07 pm

He leído los diferentes aportes al foro y quisiera felicitarlos a todos, entre todos han escrito casi cuatrocientas páginas de información muy valiosa sobre San Benito, su Regla y la Orden Benedictina. He entrado tarde al foro por la desconexión de la semana pasada y porque no me ha llegado la invitación al foro, pero creo que esto ha sido lo mejor puesto que me ha permitido ver la gran aportación de todos. Después de leerlo veo que no hay mucho que agregar pero quisiera hacer un pequeño aporte complementando lo que han dicho.
La Orden Benedictina toma su nombre de San Benito, más específicamente está formada por monasterios que siguen la Regla de San Benito. Como vimos en el tema anterior, existieron en los primeros siglos muchas personas que comenzaron a retirarse del mundo para entregarse totalmente a Dios, estos, inicialmente se ubicaron en la zona oriental del Imperio Romano, Egipto, Jerusalén, Palestina, etc. Cada uno de ellos vivía según su parecer una vida dedicada a Dios, pero entre ellos se distinguían los solitarios o eremitas, y los que vivían en comunidad o cenobitas. San Benito cuando se retiró del mundo inicialmente vivió como eremita, pero debido a la llegada de discípulos poco a poco se convirtió en monje cenobita, en Abad de un monasterio que debía dirigir. Esto sucedía en el siglo VII, cuando no existía ningún tipo de regulación religiosa, y normalmente el Abad del monasterio establecía una Regla de vida que seguían los monjes que vivían bajo la dirección de su Abad o Padre espiritual. De la misma forma san Benito estableció una Regla para sus monjes, donde en su primer capítulo establece que es una Regla para monjes “que viven en un monasterio y que militan bajo una regla y un abad » (RB 1,2), aunque considera mucho mejor la vida eremítica discurre que los monjes primero deben ser probados en la vida cenobítica antes de comenzar a vivir una vida eremítica. El primer Monasterio que se conoce que vivió bajo la Regla de san Benito fue el Monasterio de Monte Casino, en Italia, y esta regla fue difundiéndose por toda Europa por la fundación de nuevos monasterios en los que se seguía la Regla del monasterio de dónde venían los monjes fundadores.
La principal característica de la Regla de San Benito es que es muy paternal, permitiendo al Abad y a la comunidad adaptarse a los cambios de costumbres, ya sea por tiempo o lugar, es decir, no obliga a los monjes de este siglo a vivir como monjes del siglo VII, se vive la regla interpretada en este siglo, para hombres y mujeres de este siglo. Por esto San Benito al final concluye diciendo que es una mínima regla de vida y recomienda seguir las enseñanzas de la Iglesia para así seguir mejor a Cristo (RB 73).
Actualmente estamos acostumbrados a pensar en los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia como los votos que siguen los religiosos profesos, pero esto no son los únicos votos de los monjes que viven bajo la Regla de san Benito. En la profesión monástica el monje y la monja se comprometen ante Dios con votos de estabilidad, vivir como monje y obediencia (RB 58,17 El que va a ser recibido, prometa en el oratorio, en presencia de todos, su estabilidad, vida monástica y obediencia). Esto es, se obliga a vivir en esa comunidad hasta la muerte, según las costumbres monásticas, lo que incluiría la pobreza y la castidad, en obediencia a la Regla y al Abad.
La Regla regula la vida del monje alrededor de la vida litúrgica, la lectio y el trabajo, por esto se dice que la base de la vida benedictina es el “ora et labora”, una vida continua de oración y de trabajo. Los monjes benedictinos pueden dedicarse a diferentes tipos de vida, algunos monasterios son contemplativos totalmente y otros tienen parroquias, o dirigen colegios o universidades. Hay monjes benedictinos que trabajan en diferentes profesiones o dan clases en colegios o universidades. En la actualidad, además de los monjes, también existen laicos que viven según la Regla de san Benito, asociados como oblatos a un monasterio.
Los monasterios benedictinos surgieron durante la caída del Imperio Romano de Occidente, y fueron faros de luz y de civilización cuando Europa perdió todo los signos de la civilización romana y griega, por las diferentes invasiones, por esto san Benito es el patrono principal de Europa al difundir los monjes benedictinos la cultura y las costumbres cristianas por todo el continente.
Durante el imperio Carolingio, San Benito de Aniano, a pedido del emperador Luis el Piadoso emprende la reforma del monaquismo, y durante el concilio de Aquisgrán en 817 imponen la Regla de San Benito para todos los monjes del Imperio, es decir de Europa.
“Todas las casas habían de reducirse a una uniformidad absoluta de disciplinas, observancia, y aun hábito, de acuerdo con el modelo del monasterio de Inde, del que San Benito era Abad; se nombrarían visitadores para que vigilaran la observancia de la regla según las constituciones. El nuevo plan sería lanzado en la asamblea de abades en Aquisgrán en 817. "Pero planear es una cosa," el Sr. Bishop agrega, "y llevar al cabo es otra. Es claro que en la asamblea general de abades, Benito, respaldado como estaba por el emperador para conservar la paz y poder llevar a cabo reformas substanciales, tuvo que renunciar a muchos detalles de observancia que él estimaba mucho. Parece que esto mismo afirma su biógrafo y amigo Ardo, quien había observado todo personalmente. Sin embargo, los decretos de esta asamblea, de la cual era Benito al mismo tiempo autor, alma y vida fueron un punto decisivo en la historia de los benedictinos, porque éstos formaron la base de la legislación y práctica posterior. Después del gran fundador, Benito de Nursia, ningún otro hombre ha influido tanto en el monasticismo occidental como lo hizo el segundo Benito, el de Aniane." ("Liturgia Histórica," 1918, pp. 212-213).” http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=8277
Así, en el siglo IX, la Regla de san Benito se transforma en la Regla de todos los monasterios de Occidente, y las reglas futuras deberían basarse en ella. Esto fue así hasta la aparición de las Ordenes Mendicantes.
Es de notar que en la América Española no fue posible el establecimiento de monasterios Benedictinos durante la colonia, ya que solo se dio permiso real para la evangelización a los frailes franciscanos y dominicos. Por esto no es sino hasta el siglo XX que comienzan a aparecer monasterios benedictinos en América latina, en cambio, en Brasil existieron desde la colonia.
EsterNini
 
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor LAYDI YAEL SANABRIA » Lun Ago 25, 2014 10:03 pm

Milagros de San Benito.

He aquí algunos de los muchos milagros relatados por San Gregorio, en su biografía de San Benito. El muchacho que no sabía nadar. El joven Plácido cayó en un profundo lago y se estaba ahogando. San Benito mandó a su discípulo preferido Mauro: "Láncese al agua y sálvelo." Mauro se lanzó enseguida y logró sacarlo sano y salvo hasta la orilla. Y al salir del profundo lago se acordó de que había logrado atravesar esas aguas sin saber nadar. La obediencia al santo le había permitido hacer aquel salvamento milagroso. El edificio que se cae. Estando construyendo el monasterio, se vino abajo una enorme pared y sepultó a uno de los discípulos de San Benito. Este se puso a rezar y mandó a los otros monjes que removieran los escombros, y debajo de todo apareció el monje sepultado, sano y sin heridas, como si hubiera simplemente despertado de un sueño. La piedra que no se movía. Estaban sus religiosos constructores tratando de quitar una inmensa piedra, pero esta no se dejaba ni siquiera mover un centímetro. Entonces el santo le envió una bendición, y enseguida la pudieron remover de allí como si no pesara nada. Por eso desde hace siglos cuando la gente tiene algún grave problema en su casa que no logra alejar, consigue una medalla de San Benito y le reza con fe, y obtiene prodigios. Es que este varón de Dios tiene mucho influjo ante Nuestro Señor. Panes que se multiplican. Muertes anunciadas. Un día exclamó: "Se murió mi amigo el obispo de Cápua, porque vi que subía al cielo un bello globo luminoso." Al día siguiente vinieron a traer la noticia de la muerte del obispo. Otro día vio que salía volando hacia el cielo una blanquísima paloma y exclamó: "Seguramente se murió mi hermana Escolástica." los Monjes fueron a averiguar, y sí, en efecto acababa de morir tan santa mujer. El, que había anunciado la muerte de otros, supo también que se aproximaba su propia muerte y mandó a unos religiosos a excavar…….(Bibliografía Butler; Vida de los Santos; Sálesman, P. Eliécer, "Vidas de los Santos" Sgarbossa, Mario; Giovannini, Luigi, "Un santo para cada día").

La Santa Regla.

Benedicto decidió que lo mejor era irse a vivir a un lugar solitario donde entregarse a la oración. No quería verse envuelto en las luchas por el poder, en la codicia, en la ambición y el egoísmo que suelen dominar la vida de los ricos y los poderosos.

En vez de eso quería tener tiempo para pensar en Dios, y en la vida de Jesucristo, y en cómo ser un buen cristiano. Durante una temporada vivió completamente solo en una cueva cerca de Subiaco, pero más adelante se le unieron otros hombres que acudían a pedirle que les enseñara a vivir como monjes. Para poder guiarles, Benedicto redactó su "regla para principiantes," donde explicaba lo principal que debía hacer un cristiano "si realmente busca a Dios." En ella decía que un cristiano debe vivir en paz con los demás, sin intentar salirse siempre con la suya, y sin tener una idea demasiado elevada de sí mismo. Debe vivir una vida sencilla, y no desear la posesión de muchas cosas que le hagan sentir importante y seguro. Un cristiano debe rezar a menudo, y también leer la Biblia.

Puesto que normalmente un grupo de gente que vive en común debe ponerse de acuerdo respecto a cómo hacer las cosas, Benedicto tuvo que descender también a detalles concretos: dijo cómo había que gobernar un monasterio, cuáles eran las tareas específicas que debían llevarse a cabo, qué oraciones había que rezar y cuándo había que rezarlas, qué tipo de persona debía ser el abad, cómo había que atender a los invitados, etc. Todos los monjes debían prometer obediencia al abad, y permanecer en la abadía durante toda su vida; y aunque los monjes hacían promesa de no casarse, la vida en el monasterio debía ser como una gran familia, de la cual el abad fuera el padre. Al abad lo elegían entre todos los monjes, y una vez elegido permanecía en el cargo durante toda su vida. El monasterio debía cubrir todas las necesidades de los monjes, y los hombres que llegaban allí venían de todos los estratos de la sociedad: desde hijos de campesinos que no sabían leer ni escribir hasta hijos de familias nobles que se habían educado en la escuela del monasterio. Sin embargo tenían que ser capaces de vivir juntos en paz y armonía.

Tuvo algunas dificultades, algunos monjes trataron a veces de matarle porque no estaban de acuerdo con sus ideas. En el año 520 se fue de Subiaco dirigiéndose hacia el sur, a Monte Cassino, donde fundó un nuevo monasterio. Pasó allí el resto de su vida, mientras Italia se convertía en un campo de batalla donde los godos y los ejércitos del emperador oriental libraban una guerra larga y salvaje que ningún lado podía ganar porque no era suficientemente poderoso. Mientras esta guerra cruel e inútil convertía una parte tras otra de Italia en una ruina asolada, San Benito trabajaba en Monte Cassino, donde murió hacia el año 555. Los reyes y generales dejaron tras ellos una tierra devastada, pero el Santo dejó su famosa "Regla."

Las ideas de Benedicto tuvieron una importancia especial en un mundo en el que el gobierno organizado, el comercio y las comunicaciones se estaban desmoronando ante las invasiones bárbaras. Sus monasterios eran una especie de islas" autosuficientes, que podían vivir durante larguísimos periodos de tiempo sin ayuda de ningún gobierno ni ninguna ciudad.

Esta Regla era tan práctica y funcionaba tan bien, que un monasterio tras otro decidió aceptarla, hasta que llegó a convertirse en la Regla principal de los monasterios de toda Europa durante los siguientes mil años. Durante una gran parte de ese tiempo, los monasterios serían los lugares más civilizados y Pacíficos de toda Europa.

A finales del siglo 6, un monje benedictino fue elegido papa: Gregorio el Grande, llamado así por todo lo que hizo por la Iglesia. Una de las cosas que hizo fue enviar un grupo de monjes a Inglaterra entre el 596 y el 597, dando comienzo con esta misión a la conversión de los ingleses al cristianismo; más tarde, el jefe de este grupo, Agustín, llegó a ser el primer arzobispo de Canterbury.

Con el paso de los siglos, la forma de vida de los grandes monasterios de Inglaterra y Francia fue cambiando, y se fue alejando de lo que predicaba San Benedicto. Los edificios se fueron haciendo cada vez más espléndidos y las oraciones más elaboradas; los monjes trabajaban menos en los campos y pasaban más tiempo dedicados al estudio y a la escritura y decoración de hermosos libros. Entre estos monasterios, los ingleses tenían unas características específicas. Los edificios se modificaron para adaptarse al clima frío de Inglaterra, e incluyeron una habitación especial en la que se encendía un fuego para calentarse en invierno. Además, los monasterios ingleses no estaban tan separados de la vida del país como pretendía San Benedicto: los reyes y las reinas se convirtieron en patrones de los monasterios, o en guardianes, y en muchas ocasiones la iglesia del monasterio era además la catedral de una región grande y el obispo vivía con los monjes. Además, las campanas de la abadía repicaban los domingos y los días festivos para avisar a la gente para que acudiera a la iglesia, y en ocasiones especiales los monjes y los ciudadanos organizaban procesiones por las calles de la ciudad.


Regla de San Benito.

Prólogo.

Escucha, hijo, los preceptos del Maestro, e inclina el oído de tu corazón; recibe con gusto el consejo de un padre piadoso, y cúmplelo verdaderamente. Así volverás por el trabajo de la obediencia, a Aquel de quien te habías alejado por la desidia de la desobediencia. Mi palabra se dirige ahora a ti, quienquiera que seas, que renuncias a tus propias voluntades y tomas las preclaras y fortísimas armas de la obediencia, para militar por Cristo Señor, verdadero Rey.

Ante todo pídele con una oración muy constante que lleve a su término toda obra buena que comiences, para que Aquel que se dignó contarnos en el número de sus hijos, no tenga nunca que entristecerse por nuestras malas acciones. En todo tiempo, pues, debemos obedecerle con los bienes suyos que Él depositó en nosotros, de tal modo que nunca, como padre airado, desherede a sus hijos, ni como señor temible, irritado por nuestras maldades, entregue a la pena eterna, como a pésimos siervos, a los que no quisieron seguirle a la gloria.

Levantémonos, pues, de una vez, ya que la Escritura nos exhorta y nos dice: "Ya es hora de levantarnos del sueño" (Rom. 13:11). Abramos los ojos a la luz divina, y oigamos con oído atento lo que diariamente nos amonesta la voz de Dios que clama diciendo: "Si oyeren hoy su voz, no endurezcan sus corazones" (Sal 94:8). Y otra vez: "El que tenga oídos para oír (Mt 11:15), escuche lo que el Espíritu dice a las iglesias" (Apoc 2:7). ¿Y qué dice? "Vengan, hijos, escúchenme, yo les enseñaré el temor del Señor" (Sal 33:12). "Corran mientras tienen la luz de la vida, para que no los sorprendan las tinieblas de la muerte" (Jn 12:35).

Y el Señor, que busca su obrero entre la muchedumbre del pueblo al que dirige este llamado, dice de nuevo: "¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?" (Sal 33:13). Si tú, al oírlo, respondes "Yo," Dios te dice: "Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela" (Sal 33:14-15). Y si hacen esto, pondré mis ojos sobre ustedes, y mis oídos oirán sus preces, y antes de que me invoquen les diré: "Aquí estoy." ¿Qué cosa más dulce para nosotros, caros hermanos, que esta voz del Señor que nos invita? Vean cómo el Señor nos muestra piadosamente el camino de la vida.

Ciñamos, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, y sigamos sus caminos guiados por el Evangelio, para merecer ver en su reino a Aquel que nos llamó.

Si queremos habitar en la morada de su reino, puesto que no se llega allí sino corriendo con obras buenas, preguntemos al Señor con el Profeta diciéndole: "Señor, ¿quién habitará en tu morada, o quién descansará en tu monte santo?" (Sal 14:1). Hecha esta pregunta, hermanos, oigamos al Señor que nos responde y nos muestra el camino de esta morada diciendo: "El que anda sin pecado y practica la justicia; el que dice la verdad en su corazón y no tiene dolo en su lengua; el que no hizo mal a su prójimo ni admitió que se lo afrentara" (Sal 14:2-3). El que apartó de la mirada de su corazón al maligno diablo tentador y a la misma tentación, y lo aniquiló, y tomó sus nacientes pensamientos y los estrelló contra Cristo. Estos son los que temen al Señor y no se engríen de su buena observancia, antes bien, juzgan que aun lo bueno que ellos tienen, no es obra suya sino del Señor, y engrandecen al Señor que obra en ellos, diciendo con el Profeta: "No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria" (Sal 113b:1). Del mismo modo que el Apóstol Pablo, que tampoco se atribuía nada de su predicación, y decía: "Por la gracia de Dios soy lo que soy" (1 Cor 15:10). Y otra vez el mismo: "El que se gloría, gloríese en el Señor" (2 Cor 10:17). Por eso dice también el Señor en el Evangelio: "Al que oye estas mis palabras y las practica, lo compararé con un hombre prudente que edificó su casa sobre piedra; vinieron los ríos, soplaron los vientos y embistieron contra aquella casa, pero no se cayó, porque estaba fundada sobre piedra" (Mt 7:24-25).

Después de decir esto, el Señor espera que respondamos diariamente con obras a sus santos consejos. Por eso, para corregirnos de nuestros males, se nos dan de plazo los días de esta vida. El Apóstol, en efecto, dice: "¿No sabes que la paciencia de Dios te invita al arrepentimiento?" . Pues el piadoso Señor dice: "No quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva" (Ez 33:11).

Cuando le preguntamos al Señor, hermanos, sobre quién viviera en su casa, oímos lo que hay que hacer para habitar en ella, a condición de cumplir el deber del morador. Por tanto, preparemos nuestros corazones y nuestros cuerpos para militar bajo la santa obediencia de los preceptos, y roguemos al Señor que nos conceda la ayuda de su gracia, para cumplir lo que nuestra naturaleza no puede. Y si queremos evitar las penas del infierno y llegar a la vida eterna, mientras haya tiempo, y estemos en este cuerpo, y podamos cumplir todas estas cosas a la luz de esta vida, corramos y practiquemos ahora lo que nos aprovechará eternamente.

45 Vamos, pues, a instituir una escuela del servicio divino, y al hacerlo, esperamos no establecer nada que sea áspero o penoso. Pero si, por una razón de equidad, para corregir los vicios o para conservar la caridad, se dispone algo más estricto, no huyas enseguida aterrado del camino de la salvación, porque éste no se puede emprender sino por un comienzo estrecho. Mas cuando progresamos en la vida monástica y en la fe, se dilata nuestro corazón, y corremos con inefable dulzura de caridad por el camino de los mandamientos de Dios. De este modo, no apartándonos nunca de su magisterio, y perseverando en su doctrina en el monasterio hasta la muerte, participemos de los sufrimientos de Cristo por la paciencia, a fin de merecer también acompañarlo en su reino. Amén.

1. Las Clases de Monjes.

Es sabido que hay cuatro clases de monjes. La primera es la de los cenobitas, esto es, la de aquellos que viven en un monasterio y que militan bajo una regla y un abad.

La segunda clase es la de los anacoretas o ermitaños, quienes, no en el fervor novicio de la vida religiosa, sino después de una larga probación en el monasterio. aprendieron a pelear contra el diablo, enseñados por la ayuda de muchos. Bien adiestrados en las filas de sus hermanos para la lucha solitaria del desierto, se sienten ya seguros sin el consuelo de otros, y son capaces de luchar con sólo su mano y su brazo, y con el auxilio de Dios, contra los vicios de la carne y de los pensamientos.

La tercera, es una pésima clase de monjes: la de los sarabaítas. Éstos no han sido probados como oro en el crisol por regla alguna en el magisterio de la experiencia, sino que, blandos como plomo, guardan en sus obras fidelidad al mundo, y mienten a Dios con su tonsura. Viven de dos en dos o de tres en tres, o también solos, sin pastor, reunidos, no en los apriscos del Señor sino en los suyos propios. Su ley es la satisfacción de sus gustos: llaman santo a lo que se les ocurre o eligen, y consideran ilícito lo que no les gusta.

La cuarta clase de monjes es la de los giróvagos, que se pasan la vida viviendo en diferentes provincias, hospedándose tres o cuatro días en distintos monasterios. Siempre vagabundos, nunca permanecen estables. Son esclavos de sus deseos y de los placeres de la gula, y peores en todo que los sarabaítas.

De la misérrima vida de todos éstos, es mejor callar que hablar. Dejándolos, pues, de lado, vamos a organizar, con la ayuda del Señor, el fortísimo linaje de los cenobitas.

2. Como Debe Ser el Abad.

Un abad digno de presidir un monasterio debe acordarse siempre de cómo se lo llama, y llenar con obras el nombre de superior. Se cree, en efecto, que hace las veces de Cristo en el monasterio, puesto que se lo llama con ese nombre, según lo que dice el Apóstol: "Recibieron el espíritu de adopción de hijos, por el cual clamamos: Abba, Padre" (Rom 8:15).

Por lo tanto, el abad no debe enseñar, establecer o mandar nada que se aparte del precepto del Señor, sino que su mandato y su doctrina deben difundir el fermento de la justicia divina en las almas de los discípulos. Recuerde siempre el abad que se le pedirá cuenta en el tremendo juicio de Dios de estas dos cosas: de su doctrina, y de la obediencia de sus discípulos. Y sepa el abad que el pastor será el culpable del detrimento que el Padre de familias encuentre en sus ovejas. Pero si usa toda su diligencia de pastor con el rebaño inquieto y desobediente, y emplea todos sus cuidados para corregir su mal comportamiento, este pastor será absuelto en el juicio del Señor, y podrá decir con el Profeta: "No escondí tu justicia en mi corazón; manifesté tu verdad y tu salvación, pero ellos, desdeñándome, me despreciaron" (Sal 39:11; Is. 1:2). Y entonces, por fin, la muerte misma sea el castigo de las ovejas desobedientes encomendadas a su cuidado.

Por tanto, cuando alguien recibe el nombre de abad, debe gobernar a sus discípulos con doble doctrina, esto es, debe enseñar todo lo bueno y lo santo más con obras que con palabras. A los discípulos capaces proponga con palabras los mandatos del Señor, pero a los duros de corazón y a los más simples muestre con sus obras los preceptos divinos. Y cuanto enseñe a sus discípulos que es malo, declare con su modo de obrar que no se debe hacer, no sea que predicando a los demás sea él hallado réprobo, y que si peca, Dios le diga: "¿Por qué predicas tú mis preceptos y tomas en tu boca mi alianza? pues tú odias la disciplina y echaste mis palabras a tus espaldas" (Sal 49:16-17) y "Tú, que veías una paja en el ojo de tu hermano ¿no viste una viga en el tuyo?" (cf. Mt 7:3).

No haga distinción de personas en el monasterio. No ame a uno más que a otro, sino al que hallare mejor por sus buenas obras o por la obediencia. No anteponga el hombre libre al que viene a la religión de la condición servil, a no ser que exista otra causa razonable. Si el abad cree justamente que ésta existe, hágalo así, cualquiera fuere su rango. De lo contrario, que cada uno ocupe su lugar, porque tanto el siervo como el libre, todos somos uno en Cristo, y servimos bajo un único Señor en una misma milicia, porque no hay acepción de personas ante Dios. Él nos prefiere solamente si nos ve mejores que otros en las buenas obras y en la humildad. Sea, pues, igual su caridad para con todos, y tenga con todos una única actitud según los méritos de cada uno.

El abad debe, pues, guardar siempre en su enseñanza, aquella norma del Apóstol que dice: "Reprende, exhorta, amonesta" (2 Tim 4:2), es decir, que debe actuar según las circunstancias, ya sea con severidad o con dulzura, mostrando rigor de maestro o afecto de padre piadoso. Debe, pues, reprender más duramente a los indisciplinados e inquietos, pero a los obedientes, mansos y pacientes, debe exhortarlos para que progresen; y le advertimos que amoneste y castigue a los negligentes y a los arrogantes.

No disimule los pecados de los transgresores, sino que, cuando empiecen a brotar, córtelos de raíz en cuanto pueda, acordándose de la desgracia de Helí, sacerdote de Silo. A los mejores y más capaces corríjalos de palabra una o dos veces; pero a los malos, a los duros, a los soberbios y a los desobedientes reprímalos en el comienzo del pecado con azotes y otro castigo corporal, sabiendo que está escrito: "Al necio no se lo corrige con palabras" (Prov 29:19), y también: "Pega a tu hijo con la vara, y librarás su alma de la muerte" (Prov 23:14).

El abad debe acordarse siempre de lo que es, debe recordar el nombre que lleva, y saber que a quien más se le confía, más se le exige. Y sepa qué difícil y ardua es la tarea que toma: regir almas y servir los temperamentos de muchos, pues con unos debe emplear halagos, reprensiones con otros, y con otros consejos. Deberá conformarse y adaptarse a todos según su condición e inteligencia, de modo que no sólo no padezca detrimento la grey que le ha sido confiada, sino que él pueda alegrarse con el crecimiento del buen rebaño.

Ante todo no se preocupe de las cosas pasajeras, terrenas y caducas, de tal modo que descuide o no dé importancia a la salud de las almas encomendadas a él. Piense siempre que recibió el gobierno de almas de las que ha de dar cuenta. Y para que no se excuse en la escasez de recursos, acuérdese de que está escrito: "Busquen el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura" (Mt 6:33), y también: "Nada falta a los que le temen" (Sal 33:10).

Sepa que quien recibe almas para gobernar, debe prepararse para dar cuenta de ellas. Tenga por seguro que, en el día del juicio, ha de dar cuenta al Señor de tantas almas como hermanos haya tenido confiados a su cuidado, además, por cierto, de su propia alma. Y así, temiendo siempre la cuenta que va a rendir como pastor de las ovejas a él confiadas, al cuidar de las cuentas ajenas, se vuelve cuidadoso de la suya propia, y al corregir a los otros con sus exhortaciones, él mismo se corrige de sus vicios.

3. Convocación de los Hermanos a Consejo.

Siempre que en el monasterio haya que tratar asuntos de importancia, convoque el abad a toda la comunidad, y exponga él mismo de qué se ha de tratar. Oiga el consejo de los hermanos, reflexione consigo mismo, y haga lo que juzgue más útil. Hemos dicho que todos sean llamados a consejo porque muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor.

Los hermanos den su consejo con toda sumisión y humildad, y no se atrevan a defender con insolencia su opinión. La decisión dependa del parecer del abad, y todos obedecerán lo que él juzgue ser más oportuno. Pero así como conviene que los discípulos obedezcan al maestro, así corresponde que éste disponga todo con probidad y justicia.

Todos sigan, pues, la Regla como maestra en todas las cosas, y nadie se aparte temerariamente de ella. Nadie siga en el monasterio la voluntad de su propio corazón. Ninguno se atreva a discutir con su abad atrevidamente, o fuera del monasterio. Pero si alguno se atreve, quede sujeto a la disciplina regular. Mas el mismo abad haga todo con temor de Dios y observando la Regla, sabiendo que ha de dar cuenta, sin duda alguna, de todos sus juicios a Dios, justísimo juez.

Pero si las cosas que han de tratarse para utilidad del monasterio son de menor importancia, tome consejo solamente de los ancianos, según está escrito: "Hazlo todo con consejo, y después de hecho no te arrepentirás."



Virtudes.

4. Los Instrumentos de las Buenas Obras.

Primero, amar al Señor Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas;
después, al prójimo como a sí mismo.
Luego, no matar;
no cometer adulterio,
no hurtar,
no codiciar,
no levantar falso testimonio,
honrar a todos los hombres,
no hacer a otro lo que uno no quiere para sí.
Negarse a sí mismo para seguir a Cristo.
Castigar el cuerpo,
no entregarse a los deleites,
amar el ayuno.
Alegrar a los pobres,
vestir al desnudo,
visitar al enfermo,
sepultar al muerto.
Socorrer al atribulado,
consolar al afligido.
Hacerse extraño al proceder del mundo,
no anteponer nada al amor de Cristo.
No ceder a la ira,
no guardar rencor.
No tener dolo en el corazón,
no dar paz falsa.
No abandonar la caridad.
No jurar, no sea que acaso perjure,
decir la verdad con el corazón y con la boca.
No devolver mal por mal.
No hacer injurias, sino soportar pacientemente las que le hicieren.
Amar a los enemigos.
No maldecir a los que lo maldicen, sino más bien bendecirlos.
Sufrir persecución por la justicia.
No ser soberbio,
ni aficionado al vino,
ni glotón
ni dormilón,
ni perezoso,
ni murmurador,
ni detractor.
Poner su esperanza en Dios.
Cuando viere en sí algo bueno, atribúyalo a Dios, no a sí mismo;
en cambio, sepa que el mal siempre lo ha hecho él, e impúteselo a sí mismo.
Temer el día del juicio,
sentir terror del infierno,
desear la vida eterna con la mayor avidez espiritual,
tener la muerte presente ante los ojos cada día.
Velar a toda hora sobre las acciones de su vida,
saber de cierto que, en todo lugar, Dios lo está mirando.
Estrellar inmediatamente contra Cristo los malos pensamientos que vienen a su corazón, y manifestarlos al anciano espiritual,
guardar su boca de conversación mala o perversa,
no amar hablar mucho,
no hablar palabras vanas o que mueven a risa,
no amar la risa excesiva o destemplada.
Oír con gusto las lecturas santas,
darse frecuentemente a la oración,
confesar diariamente a Dios en la oración, con lágrimas y gemidos, las culpas pasadas,
enmendarse en adelante de esas mismas faltas.
No ceder a los deseos de la carne,
odiar la propia voluntad,
obedecer en todo los preceptos del abad, aun cuando él — lo que no suceda — obre de otro modo, acordándose de aquel precepto del Señor: "Hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen."
No querer ser llamado santo antes de serlo, sino serlo primero para que lo digan con verdad.
Poner por obra diariamente los preceptos de Dios,
amar la castidad,
no odiar a nadie,
no tener celos,
no tener envidia,
no amar la contienda,
huir la vanagloria.
Venerar a los ancianos,
amar a los más jóvenes.
Orar por los enemigos en el amor de Cristo;
reconciliarse antes de la puesta del sol con quien se haya tenido alguna discordia.
Y no desesperar nunca de la misericordia de Dios.
Estos son los instrumentos del arte espiritual. Si los usamos día y noche, sin cesar, y los devolvemos el día del juicio, el Señor nos recompensará con aquel premio que Él mismo prometió: "Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni llegó al corazón del hombre lo que Dios ha preparado a los que lo aman." El taller, empero, donde debemos practicar con diligencia todas estas cosas, es el recinto del monasterio y la estabilidad en la comunidad.
LAYDI YAEL SANABRIA
 
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor bundis » Mar Ago 26, 2014 12:24 am

El lema "Ora et labora" de los benedictinos
La Regla dejada por Benito, cuyo principio fundamental es Ora et labora, es decir, Oración y Trabajo ha inspirado a muchas órdenes religiosas.
El principal mandato es el ora et labora, con una especial atención a la regulación del horario. Se tuvo muy en cuenta el aprovechamiento de la luz solar según las distintas estaciones del año, para conseguir un equilibrio entre el trabajo (generalmente trabajo agrario), la meditación, la oración y el sueño. Se ocupó San Benito de las cuestiones domésticas, los hábitos, la comida, bebida, etc.
Tomado de: http://es.wikipedia.org/wiki/Regla_de_San_Benito
bundis
 
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor Ana M+ 97 » Mar Ago 26, 2014 7:25 am

He encontrado mucha información sobre San Benito; quiero compartir esta información:
LA SANTA REGLA
Inspirado por Dios, San Benito escribió un Reglamento para sus monjes que llamó "La Santa Regla" y que ha sido inspiración para los reglamentos de muchas comunidades religiosas monásticas. Muchos laicos también se comprometen a vivir los aspectos esenciales de esta regla, adaptada a las condiciones de la vocación laica.
La síntesis de la Regla es la frase "Ora et labora" (reza y trabaja), es decir, la vida del monje ha de ser de contemplación y de acción, como nos enseña el Evangelio.
Algunas recomendaciones de San Benito:
• La primera virtud que necesita un religioso (después de la caridad) es la humildad.
• La casa de Dios es para rezar y no para charlar.
• Todo superior debe esforzarse por ser amable como un padre bondadoso.
• El ecónomo o el que administra el dinero no debe humillar a nadie.
• Cada uno debe esforzarse por ser exquisito y agradable en su trato
• Cada comunidad debe ser como una buena familia donde todos se aman
• Evite cada individuo todo lo que sea vulgar. Recuerde lo que decía San Ambrosio: "Portarse con nobleza es una gran virtud".
• El verdadero monje debía ser "no soberbio, no violento, no comilón, no dormilón, no perezoso, no murmurador, no denigrador… sino casto, manso, celoso, humilde, obediente".
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor Pachelli1960 » Mar Ago 26, 2014 7:37 am

Medalla de San Benito Abad.


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Regla Benedictina: Imagen


Fray Gabriel Chavez de la Mora, osb Imagen

Pachelli1960
Gracias
Dios nos bendiga a todos

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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor chilecito-renata » Mar Ago 26, 2014 8:05 am

San Benito de Nursia, Italia (480-543), hermano mellizo de Santa Escolástica, es considerado como el padre del monacato occidental y su "Regla de San Benito" vino a ser la base de la organización para muchas ordenes religiosas. La orden tenía su base en Monte Cassino a unos 80 Kms. de Roma. Para comprender el simbolismo de la medalla se debe conocer un evento en la vid de San Benito. El santo había estado viviendo en una cueva unos tres años. Conocido por su santidad, llegó hasta el una comunidad que despues de la muerte de su abad le pidió a San Benito tomar su relevo, pero a algunos de sus miembros no les gustó esto y trataron de matarlo con pan y vino envenenados. San Benito se salvó milagrosamente porque cuando hizo la señal de la cruz sobre estas cosas la copa cayó y un cuervo se llevó el pan.

Medalla del jubileo
Un lado de la medalla lleva la imagen de San Benito con una cruz en la mano derecha y la Santa Regla en la izquierda. A un lado de la imagen vemos una copa y en el otro un cuervo y por encima de la copa y el cuervo se leen las palabras "Cruz Sancti Patris Benedict" (Cruz del Santo Padre Benito) En el margen de la medalla se presenta la leyenda "Ejus en obita nostro praesentia muniamus" (Permite en nuestra muerte ser fortalecidos por su presencia" El reverso de la medalla lleva una cruz con las letras iniciales de las palabras "Crux Sacra Sit Mihi Lux"(La Santa Cruz sea mi luz) escrito hacia abajo en la barra perpendicular. En la barra horizontal van las iniciales de las palabras "Non Drago Sit Mihi Dux" (No permitas que el

dragón sea mi guía) y en los ángulos de la cruz las letras iniciales de "Crux Sancti Patris Benedicti" (Cruz del Santa Padre Benito) Alrededor del margen están las letras iniciales de "Vade Retro Satana, Nunquam Suade Mihi Vana - Sunt Mala Quae Lilas, Ipse Venena Bibas" (Vete Satanás, no me sugieras tus vanidades - mas están las cosas que tu pretendes, b ebe tu propio veneno). En la parte superior de la cruz se encuentra la palabra Pax (Paz) o el monograma IHS (Jesús). Esta es la medalla del jubileo para conmemorar el catorce centenario del nacimiento de San Benito en 1880. La Archiabadía de Monte Cassino tiene el derecho exclusivo de esta medalla.
La medalla ordinaria de San Benito difiere de esta en la omisión de las palabras "Ejus en obitu...." y otros detalles menores.
Esa dudoso cuando se originó la medalla de San Benito. Durante un juicio por brujería en Nattemberg, en Baviera cerca de la Abadía de Metten en 1647, las mujeres acusadas declararon que estaban protegidas por la cruz. Una serie de cruces pintadas, rodeadas por las letras que se encuentran ahora en la medalla benedictina, fueron encontradas en las paredes de la Abadía, pero su significado había sido olvidado.
Por último, en 1415, en un viejo manuscrito, se encontró un cuadro que representa a San Benito sosteniendo en una mano un bastón que termina en una cruz y un pergamino en la otra. Estaban escritas por completo las misteriosas palabras de las cuales las letras eran sus iniciales. Medallas con la imagen de San Benito, una cruz y estas letras comenzaron a distribuirse en Alemania y pronto por toda Europa. Fueron aprobadas por Benedicto XIV en sus escritos del 23 de diciembre de 1741 y 12 de Marzo de 1742.
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor Adriana Espinoza » Mar Ago 26, 2014 10:18 am

La Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos 
Edificado entre 1940 y 1958. Lugar: España, San Lorenzo de El Escorial. Importancia: Posee la cruz más alta de la cristiandad con 150 m. de altura, y la Basílica más grande con 260 m de longitud. Es Patrimonio Nacional, recibe medio millón de visitantes al año. Francisco Franco, Jefe de Estado ordenó su construcción y allí se encuentra su tumba. También es tumba de más de 33 mil combatientes de la Guerra Civil Española. En 1960 el Papa Juan XXIII la declara como Basílica Menor centrándose más en su misión religiosa y más espiritual dedicado a los Caídos de la Guerra Civil Española. La Abadía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos tiene a su cargo una hospedería y la abadías se rige mediante las reglas de San Benito, su primer abad fue Fray Justo Pérez de Urbel. Tiene en su historia de construcción la controversia de que miles de presos republicanos fueron forzados a su construcción como redención de su condena mediante la fórmula: “1 día de trabajo = 5 días de remisión de pena”, sin embargo la información del arquitecto de la época desmiente la versión al constatar que durante 15 años de construcción se mantenían unos 2000 obreros pagos a diario y 46 presos de guerra que una vez obtenida su libertad se mantuvieron por libre decisión en los trabajos de la abadía. Actualmente la Abadía se dedica a los oficios divinos, a la hospedería y recibe público visitante al Monumento y sitio histórico que representa la memoria de los combatientes de España de ambos bandos.  
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor PEPITA GARCIA 2 » Mar Ago 26, 2014 2:23 pm

Cuatro Mártires Benedictinos

Los cuatro mártires del Monasterio Benedictino tuvieron trayectorias vitales muy diversas:

El Padre Prior José Antón Gómez, o.s.b.,
Imagen nace en Hacinas, Burgos el 26 de agosto de 1878.

Ingresa al Monasterio Benedictino de Silos como niño oblato en la escuela monástica, en 1891. Toma el hábito el 16 de septiembre de 1894 e inicia su noviciado canónico el 11de noviembre de 1895.

Su primera profesión el 21 de noviembre de 1896 y profesa solemnemente el 20 de octubre de 1900.

Es ordenado presbítero el 31 de agosto de 1902.

En el monasterio desempeña los cargos de bibliotecario, director de los oblatos, profesor de lenguas y de la “Revista Eclesiástica”. Es nombrado superior de la residencia de Madrid el 8 de septiembre de 1919. Como prior de Montserrat de Madrid, fue piadoso, bondadoso, y caritativo.

El 19 de julio de 1936 abandono el monasterio, refugiándose en varias casas de amigos y amistades y finalmente en el Hotel Laris, donde recibía a feligreses que pedían la Confesión y consejo.

Fue detenido el 24 de septiembre de 1936 y conducido para ser interrogado. Sacrificado, in odium fidei, a las puertas de Madrid, carretera de Andalucía, la madrugada del 25 de septiembre de 1936.

“Presiento que no volveremos a vernos, yo me pongo en las manos de Dios” R. P. José Antón

El R. P. Antolín Pablos Villanueva, o.s.b.,
Imagen nació en Lerma, Burgos el 2 de septiembre de 1871.

En 1884 ingresa en el Monasterio Benedictino de Santo Domingo de Silos, como niños oblato en la escuela monástica,; toma el hábito el 28 de septiembre de 1888 e inicia su noviciado canónico el 8 de septiembre de 1889.

Su primera profesión el 11 de septiembre de 1890, profesa solemnemente el 3 de enero de 1894 y es ordenado presbítero el 19 de septiembre de 1896.

De 1898 a 1900 amplia estudios en L´Ecole des Chartes de París, aprovechando el verano para estudiar alemán en la Abadía de Beuron.

De mayo de 1901 a septiembre de 1904 permanece en México, a donde fue con el objetivo de establecer una fundación silense y es cuando funda en 1902 el Templo de San Rafael Arcángel y San Benito Abad, en la Colonia San Rafael, de la Ciudad de México.

En 1904 regresa a Silos y en septiembre de 1909 es enviado nuevamente a México, hasta abril de 1919 cuando fue expulsado por la Revolución, regresó a España y se estableció en el Priorato madrileño, donde ejerció un gran papel a favor de las almas.

Fue sacrificado en Soto de Aldovea de Torrejón de Ardoz, Madrid, el 8 de noviembre de 1936.

El R.P. Luis Vidaurrázaga González, o.s.b.,
Imagen nació en Bilbao el 13 de septiembre de 1901, estudio en el Colegio de los Padres Escolapios.

En 1914 ingresa al Monasterio de Santo Domingo de Silos, como niño oblato en la escuela monástica; el 27 de septiembre de 1917 toma el hábito e inicia su noviciado canónico el 14 de septiembre de 1918.

Su primera profesión el 15 de septiembre de 1919, renueva por un año el 5 de septiembre de 1922; profesa solemnemente el 15 de septiembre de 1923, y ordenado presbítero en Burgos el 19 de diciembre de 1925.

Pasó un año (julio 1927- julio 1928) en Nuestra Señora de Cogullada, Zaragoza. Y el 27 de julio de 1928 se incorpora a la comunidad del Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat de Madrid.

Abandona el monasterio el 19 de julio de 1936 refugiándose en una casa, hasta el 3 de agosto en el que fue detenido y trasladado a la cárcel de Ventas, de donde sale el 11 de diciembre, llegando a la casa de un amigo es sorprendido por los milicianos en la tarde del 31 de diciembre de 1936, detenido e inmediatamente fusilado.

Tuvo una vida breve pero de intenso fervor y humildad. Algunos monjes ancianos lo recuerdan por su discreción y amor al oficio divino y a la Liturgia.

R. P. Rafael Alcocer Martínez, o.s.b.,Imagen nace en Madrid, el 29 de octubre de 1889, durante su infancia y juventud vive en Madrid, Orense, Toledo y Vitoria. Cursa estudios de Historia en la Universidad de Madrid en 1906-1907. En septiembre de 1909 ingresa en el Monasterio Benedictino de Santo Domingo de Silos. Toma el hábito el 19 de octubre de 1909 e inicia su noviciado canónico el 18 de septiembre de 1910. Interrumpe el noviciado en marzo de 1911 para hacer el servicio militar en Ceuta. Volverá a Silos a reincorporarse al noviciado en marzo de 1914.

Su primera profesión el 6 de abril de 1915 y profesa solemnemente el 9 de mayo de 1918. Ordenado presbítero en Burgos el 25 de agosto de 1918, celebrando su primera Misa en Silos el 8 de septiembre.

Desde abril de 1919 a marzo de 1920, en que vuelve a Silos, reside en el monasterio de Santa María de Cogullada, Zaragoza. Marcha al Monasterio de Nuestra Señora de Montserrat de Madrid en abril de 1925, donde multiplica el P. Rafael su actividad como orador sagrado y conferenciante por diversas ciudades de España, al tiempo que se dedica a los trabajos científicos, en especial al estudio de la literatura hispanoárabe.

El 19 de julio de 1936 abandona el monasterio, al igual que los demás monjes, y se oculta en casa de su primo Santos Alcocer, pero pronto se refugian ambos en una pensión. Pasado algún tiempo, el Padre Rafael encuentra acomodo en la Librería Saeta.

El 30 de septiembre es detenido por individuos de la C.N.T. Es llevado a la checa de Ferraz 16, donde coincide con otro sacerdote, Don Antonio Cortés Moral, párroco de Horche, Guadalajara. Juntos fueron fusilados el 4 de octubre de 1936 en el barrio de la Elipa.

Sus restos, junto con los de los otros 3 monjes, se conservan en la “Sacristía de los Mártires” en número 79 de la calle San Bernardo, en la Iglesia de Montserrat de Madrid.

El 11 de julio de 2002 fue introducida su causa de beatificación en la Archidiócesis de Madrid, llevando hasta la fecha esta causa el R. P. Mariano Palacios Gonzalez, O.S.B. que reside en el Monasterio de Santo Domingo de Silos, España.

Fuentes. Escritos, biografías, libros del R.P. Mariano Palacios Gonzales, O.S.B. Fotografías de religionenlibertad. Google.
"No anteponer nada al amor de Dios"

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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor claudia corchado » Mar Ago 26, 2014 3:18 pm

SOBRE NURSIA Y LOS ANICIO
Nursia era, en el siglo quinto de la era cristiana, una población pequeña de la provincia de Umbría, a unos cien kilómetros de Roma. De los habitantes de Nursia corre la fama de que eran de recio temple, amantes de la libertad y de valor inquebrantable en la defensa de su libertad. El pueblo actual de Norcia corresponde a la antigua Nursia.
El año 480 nacieron en Nursia los hermanos gemelos Escolástica y Benito, que al pasar los años llegarían a ser venerados por toda la Iglesia Católica como santos. El nombre Benito significa bendito, y realmente la influencia universal que representó ese niño, superando el tiempo y el espacio, ha sido una completa bendición, En gran medida, las raíces cristianas de Europa están marcadas por la influencia decisiva de San Benito de Nursia, fundador y Abad de Montecassino.
De la familia de loa Anicio, -sus padres se llamaban Eupropio y Abundancia- eran aristócratas, de clase noble, acomodada. Indudablemente inculcaron una piedad sólida en sus hijos: ¡no en cualquier hogar los hijos que Dios concede son santos canonizados! A Escolástica, desde muy jovencita, sus padres la enviaron a un convento, donde abrazó la vida religiosa. Refiere la tradición que abrió un convento en Piumarola, cerca de Montecassino, más o menos coincidiendo a a cuando su hermano fundó la Abadía, y que en Piumarola vivía cuando murió santamente, unas cuantas semanas antes que Benito, el mismo año 547. En ese momento, él vio –estando en su monasterio- que una paloma blanquísima salía volando al Cielo, y con toda tranquilidad le oyeron decir: “Seguramente se murió mi hermana Escolástica”.
Para Benito, en cambio, su padre tenía la ilusión de verlo convertido en un hombre importante, culto y famoso; todo se lo concedió Dios, pero de un modo completamente distinto al que Eupropio quería para su único hijo varón.

ESTUDIANTE EN LA ROMA PAGANA
Benito concluyó en Nursia su educación elemental. Viajó a Roma a realizar los estudios de las ciencias liberales, acompañado por su nodriza, quien le prepararía sus alimentos y cuidaría de la limpieza de ropa y vivienda. Entre otras ramas de la cultura, Benito aprendió retórica, a hablar y convencer con elocuencia. Aunque el Imperio Romano había perdido sus provincias una tras otra, sin embargo, todavía era Roma una ciudad floreciente, y allí conoció Benito el esplendor del mundo al que muy pronto renunciaría.
Roma era todavía pagana en sus costumbres. Muchos profesores eran paganos, y los estudiantes se iban con facilidad por el precipicio de los vicios Benito perdió el interés por continuar en ese ambiente y decidió retirarse a la soledad a rezar, como sabía que vivía los ermitaños anacoretas, que llevaban una vida contemplativa, en el silencio y la soledad. Le interesaba encontrar a Dios pero retirándose del mundo, elevándose por encima de sí mismo en la contemplación.

EN BUSCA DE SU IDEAL
No muy lejos de Roma, en la población de Effide, encontró Benito a un sacerdote piadoso y docto que lo orientó. En Effide vivieron Benito y su nodriza junto a la iglesia de San Pedro. Los habitantes del lugar quedaron impresionados por la bondad y amor a Dios que notaban en el joven aristócrata. Sin embargo, como Benito no buscaba las alabanzas, sino fatigarse por Cristo, huyó ocultamente, incluso de su nodriza, y buscó el retiro de un lugar solitario.
Cerca, en el mismo valle de Anio, en Subiaco, estaba un palacio en ruinas, que había sido de Nerón; el excéntrico emperador, para impresionar más, mandó construir hasta un lago artificial. Las aguas frescas y limpias se concentraban en el lago, de donde salían formando un río. En la época de Benito, a excepción del lago, todo era ruinas y matorrales. Allí le gustó al joven quedarse; encontró una gruta, le pareció que era ideal para concentrarse en la oración y la penitencia, sin distracciones, y se estableció en esa cueva de estrechas dimensiones. Res años habitó, prácticamente ignorado por todos, en ese lugar, en absoluta pobreza, él, que estaba acostumbrado a comodidades y lujos.

FUNDACIÓN DE DOCE MONASTERIOS
Su fama seguía difundiéndose, y poco a poco Benito fue rodeándose de quienes estaban interesados en seguir el tipo de vida que practicaba; incluso desde Roma personas piadosas de la nobleza romana enviaban a sus hijos al Subiaco para que Benito los educara en la ley de Dios. Con todos ellos pudo formar doce monasterios, con doce monjes cada uno, más su superior.
Así dio comienzo a una organización nueva en la historia monacal. Benito retuvo en su compañía a algunos, por considerar que serían mejor formados si permanecían a su lado Euticio le encomendó a su hijo Mauro, joven dotado de buenas costumbres, y el patricio Tértulo le dejó a su hijo Plácido, todavía niño (tanto Mauro como Plácido alcanzaron la gloria de los altares). Benito oraba de día y de noche, sin descuidar el gobierno material y la dirección de sus monjes.

FUNDACIÓN DE LA ABADÍA DE MONTECASSINO
Acompañado Benito de unos cuantos monjes, tomando el camino del sur por la vía Latina, llego hasta Cassino, situado en la ladera de una alta montaña, donde tiempo atrás personajes importantes como el emperador Marco Antonio habían llegado a tener su villa.
Hubo en esta fortificación romana un templo pagano muy antiguo, en donde daban culto al dios Apolo. A su alrededor había un pequeño bosque consagrado al culto de los demonios, donde todavía en tiempos de Benito se ofrecían sacrificios sacrílegos. Cuando él y sus monjes llegaron a Cassino, echaron por tierra lo que había de pagano, talaron el bosque, y donde había estado el altar de Apolo edificaron una capilla dedicada a San Juan Bautista. Benito empezó a predicar en las cercanías, moviendo a la gente, del culto a los ídolos, a la fe en Dios.
El demonio, por su parte, se aparecía a Benito y a gritos se quejaba de lo que el santo hacía; los monjes oían su voz, pero no veían su figura. Oían que le gritaba: “¡Benito! ¡Benito!”, y ante el silencio del hombre de Dios, añadía, haciendo referencia a su nombre: “¡Maldito y no bendito! ¿qué tienes contra mí? ¿por qué me persigues?”. Por el mismo Benito supieron que se aparecía a sus ojos corporales horrible y envuelto en fuego, amenazándole echando fuego por la boca y por los ojos.

LA SANTA REGLA
La Santa Regla escrita por San Benito, esto es, las leyes que debían aplicarse en la vida diaria del monasterio, fue consignada por escrito directamente por él alrededor del año 540, después de diez años de haber sido puesta en práctica entre los monjes de Montecassino, y más número de años de seguir esas directrices los religiosos de los doce monasterios anteriores a la Abadía de Montecassino.
San Benito dejó en la Santa Regla normas y consejos que podían adaptarse con facilidad, aunque las condiciones de vida de otros monasterios y conventos fueran muy diferentes. Esta versatilidad de su reglamento convirtió al Abad de Montecassino en el legislador monástico del centro y occidente de Europa, primordialmente, porque al pasar los siglos la Regla benedictina se ha aplicado en otros continentes.
La Regla consta de un prólogo y 73 capítulos. En el prólogo se lee: <<Vamos a establecer una escuela del servicio divino, en cuya institución no esperamos ordenar nada duro, nada penoso. Pero, si dictándola alguna razón de equidad. Debiera disponerse algo un tanto más severo para nuestra enmienda y conservación de la caridad, no rehúyas enseguida, sobrecogido de temor, el camino de salvación, que no puede iniciarse sino por un principio estrecho. Pero, por el progreso en la vida monástica y en la fe, dilatado el corazón, córrese con inefable dulzura de caridad, por el camino de los mandamientos de Dios>>.
Según el juicio de la época, la Santa Regla no era rigurosa en la austeridad. Los benedictinos destinaban entre cuatro y ocho horas para celebrar el Oficio divino y siete horas para dormir. El resto del día estaba dividido con el mismo número de horas para trabajar (generalmente en la agricultura), y para el estudio y la lectura religiosa.
Con la apertura que lo caracterizaba, San Benito aconsejó en el último capítulo de la Regla: “Hemos escrito esta Regla para que, a base de cumplirla en los monasterios, podamos demostrarnos a nosotros mismos que tenemos un cierto grado de bondad en la vida y el inicio de la santidad. Pero para aquellos que desean acelerar su camino a la perfección de la religión, ahí están las enseñanzas de los Santos Padres, cuyo seguimiento puede llevar a los hombres al culmen de la perfección”.

LA MUERTE DE UN SANTO
Dios concedió a Benito a saber que su muerte se aproximaba, así que rogó a los monjes cavar su sepultura en el monasterio. Según la opinión más común, Benito falleció santamente el 21 de marzo del año 547, durante los Oficios del Jueves Santo. Sus últimas palabras fueron: “Hay que tener un deseo inmenso de ir al Cielo”. Dos de sus monjes, que no estaban en la capilla, vieron una luz espléndida que subía hacia el Cielo, y exclamaron: “Seguramente es nuestro padre Benito, que ha volado a la eternidad”; en efecto, la visión extraordinaria ocurrió en el momento mismo en que el Abad murió.
Tenía la edad de 67años y fue enterrado en el mismo Montecassino, al lado de donde había sido enterrada su santa hermana gemela Escolástica, quien murió poco antes que él y habían trasladado el cuerpo desde Piumarola.
No sabemos la edad de Benito cuando fundó los primeros doce monasterios, pero sí que tenía 49 años cuando llevó a cabo la fundación de la gran Abadía de Montecassino; por tanto, vivió dieciocho años al frente de este monasterio.
Ciento veinticinco años después (siglo VII) trasladaron sus restos al monasterio de Fleury sur Loire, y el siglo XI varias reliquias del santo fueron entregadas al monasterio de Montecassino, ante el reclamo de los monjes, que deseaban tener los venerables restos mortales de su fundador.

PERSONALIDAD DE SAN BENITO
San Benito era serio, reflexivo, con una madurez de juicio superior a su edad. Sereno, apacible, grave. Condenaba con gran energía las burlas, las palabras ociosas. Le molestaban la frivolidad y el desorden. Era un hombre de autoridad, a veces revestida de cierta dureza; bondadoso y comprensivo.
Su inteligencia era de índole práctica, metódica. De voluntad firme, inquebrantable, supo tomar decisiones radicales cuando el bien de su alma y la de los demás lo exigía. San Gregorio lo define como vir Dei, hombre de Dios. Para Benito, Dios lo es todo. Si dejó el mundo, fue para agradar a Dios. Quiso que los monasterios fueran escuelas de servicio divino. Su ocupación preferente es la alabanza divina, buscar a Dios sinceramente.

MONASTERIOS BAJO LA REGLA BENEDICTINA
San Benito no pretendía fundar una Orden religiosa propiamente, sino reglamentar la vida de un monasterio, Su celo por la salvación de las almas lo impulsó a las fundaciones cercanas a él que realizó, y algunas otras por insistencia ajena. Previó, eso sí, que otros cenobios podrían adoptar su Regla, pero no estableció que entre esos monasterios hubiera mayores lazos de unión o federación, propiamente centralizados. Propiamente hablando, la expansión de la Regla benedictina, que fue adoptada por muchos monasterios.
Son benedictinos los Cluniacences, Camaldulenses, Cistercienses, Trapenses, Silvestrinos, Celestinos, Olivetanos, Casinenses, Vallisoletanos, Vallumbrosanos. A partir del Concilio de Trento, en el siglo XVI, se formaron distintas Congregaciones benedictinas, que en su mayoría llevan el nombre de la localidad o país donde radican; por ejemplo, Congregación Portuguesa, Suiza, Inglesa, de Francia; en Estados Unidos, el siglo XIX nació la Congregación Americano-Casinense. Hay numerosas Abadías que funcionan con independencia, también bajo la Regla de San Benito.
Un dato interesante de la influencia que ha ejercido en toca clase de personas la orden benedictina, es la cantidad de 1,560 santos canonizados que tiene, y unos 5,000 beatos. Además, han estado vinculados a esta orden religiosa 20 emperadores, q0 emperatrices, 47 reyes y 50 reinas.
A comienzos del siglo XXI, la cifra de religiosos benedictinos es de unos 11,000 hombres y 25,000 mujeres. También hay laicos que viven con mentalidad propias de los religiosos, según el espíritu de San Benito; se les llama oblatos seculares y se afilian a uno de los aproximadamente dos mil monasterios benedictinos que existen en el mundo. Los monasterios se encuentran sobre todo en Europa, en algunas partes de África, Asia y Australia; en América los hay en México, Estados Unidos, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Uruguay, Venezuela y Guinea Ecuatorial.

HÁBITO BENEDICTINO
El hábito de los benedictinos consta de una túnica y de un escapulario, sobre el que llevan una capa, con una capucha para cubrirse la cabeza. El color no está especificado en sus reglamentos y se piensa que los primeros benedictinos se vestían de blanco, el color natural de la lana sin teñir. Sin embargo, durante muchos siglos el negro ha sido el color más predominante, y por eso a los benedictinos la gente solía decirles “monjes negros”.

COMUNIDADES FEMENINAS BENEDICTINAS
Aunque San Benito escribió la Regla pensando sólo en monasterios de hombres, desde los primeros tiempos de la expansión de la Orden benedictina, se aplicó también a las mujeres que deseaban consagrarse a buscar la perfección evangélica según el espíritu de San Benito. Así surgieron las primeras comunidades femeninas benedictinas. Las tradiciones de la Orden se remontan hacia Santa Escolástica, cuya vida es un modelo de existencia consagrada a Dios apartándose del mundo, al igual que su hermano Benito.
Hay constancia de monasterios benedictinos femeninos en el siglo II. Las monjas benedictinas de aquellos silos se distinguieron en el arte de ilustración de manuscritos. Las benedictinas sobresalen también por su empeño en el estudio de la Teología, la Sagrada Escritura y la Patrística.
En la actualidad, las congregaciones benedictinas femeninas son, en su mayoría, agrupaciones de conventos con el sólo vínculo de una misma observancia. Los conventos están bajo la exclusiva dirección de una Abadía o bajo la jurisdicción del Obispo del lugar.

MEDALLA DE SAN BENITO
Ha sido difunda por sus hijos espirituales, por la maravillosa ayuda que la intercesión de San Benito ante Dios consigue en quien llevan la Medalla. En todas partes es referencia de fe y devoción. Esta Medalla es un sacramental, es decir, “un signo sagrado, por medio del cual se significan efectos espirituales” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1667).
La medalla se enlaza con la gran devoción que Benito tenía a la Santa Cruz. Se servía de esta señal bendita para vencer las tentaciones y evitar los lazos de demonio. De aquí se desprende la veneración que los benedictinos profesan a la Santa cruz y que propagan por el mundo entero.
En el siglo once, contribuyó a extender la devoción a la Medalla, la curación milagrosa de Bruno Egissheim, quien gobernó la Iglesia como Papa León IX (San León).
Otro hecho fue la declaración de las hechiceras de Baviera (Alemania), al ser apresadas en 1647. Confesaron que sus maleficios contra el Monasterio de Metten resultaban sin efecto alguno. Indagando la causa de esto, observaron en las paredes del monasterio la imagen de la Santa Cruz rodeada de letras, cuyo significado ignoraban en aquel lugar; al ser encontrado en la biblioteca del monasterio un manuscrito del año 1415, el enigma quedó descifrado. En el manuscrito se veía pintado San Benito, empuñando la Santa Cruz, en la cual tremolaba una bandera, y en ella se hallaban las letras que hoy se encuentran reunidas en la Medalla.
En 1742 el Papa Benedicto XIV otorgó Indulgencia plenaria por el uso de la Medalla de San Benito, cumpliendo las condiciones de Confesión, Comunión, rezar por el Papa, rechazo al pecado incluso venial.
Además de la Medalla, existe el Crucifijo con la Medalla de San Benito, llamado “Crucifijo de la Buena Muerte”, también reconocido por la Iglesia como una ayuda para el cristiano en la hora dela tentación, peligros, males, y especialmente a la hora de la muerte. Goza, al igual que la Medalla, del privilegio de Indulgencia plenaria. Este Crucifijo debe tener la imagen de Cristo Crucificado, no sólo la Cruz.

Frente de la Medalla:
Muestra a San Benito de pie, sosteniendo una Cruz en una mano y el libro de la Santa Regla en la otra. A los lados están en latín las palabras: Crux S. Patris Benediciti: Cruz del Santo padre Benito (C.S.P.B.). Y abajo a sus pies: Ex S.M. Casino MDCCCLXXX: Del Santo Monte Casino, 1880. En ese año la Orden benedictina conmemoraba los cuatrocientos años del nacimiento de San Benito. LA Medalla recibió una bendición jubilar especial. Inscrito ene l círculo que rodea la imagen de San Benito, están las palabras: Eius in obitu nosto praesentia muniamur: Que su presencia (la de la Cruz) nos proteja a la hora de la muerte.

Reverso de la Medalla:
Se refiere al poder en contra de los malos espíritus. En el centro está a Cruz. San Benito amaba la Cruz, confiado en que en ella Jesús venció el poder del mal y todas sus consecuencias.
El brazo vertical dela Cruz tiene cinco letras: C.S.S.M.L. (Cruz Sacra Sit Mihi Lux: La Cruz Santa Sea Mi Luz).
El brazo horizontal de la Cruz tiene también cinco letras: N.D.S.M.D. (Nunquam Cdraco Sit Mihi Dux: Nunca sea el dragón –el demonio- mi guía).
Las cuatro letras grandes en los ángulos de la Cruz: C.S.P.B. (Crux Sancti Patris Benedicti: Cruz del Santo Padre Benito).
Rodeando la Cruz, en el margen derecho, están las letras: V.R.S.N.S.M.V.: Vade Retro Satanas, Nunquam Suave Mihi Vana: ¡Apártate de mí, Satanás! Nunca me sugieras pensamientos vanos.
Rodeando la Cruz, en el margen izquierdo, están las letras: S.M.Q.L.I.V.B. (Sunt Mala Quae Libas: Ipse Venena Bibas: Las bebidas que tú ofreces son malas; bebe el veneno tu mismo)
En la parte de arriba del círculo está la palabra PAX: Paz.
La cara de la Medalla con la imagen de San Benito puede variar, per las letras en la parte de atrás no cambian.
La Medalla suele llevar también el monograma del Salvador (I.H.S.). (Iesus Homo Salvator: Jesús Hombre Salvador).
La Medalla puede ser llevada al cuello, en un monedero o cartera, unida al rosario, colocada en el vehículo, hay quienes la colocan en la puerta de ingreso a su casa u oficina.
Al pretender alguna gracia usando la Medalla, se a de procurar invocar de algún modo a San Benito. Es importante esforzarse por estar en gracia de Dios, mediante el sacramento de la Confesión.

-Bibliografía
Galindo Michel Javier
San Benito de Nursia, Abad de Montecasino
Editorial Ikonarte
Págs. 12-15, 25-26, 34-36, 41-45, 48-51

Saludos a todos.
claudia corchado
 
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor wyseen » Mar Ago 26, 2014 4:29 pm

Saint-Benoît-du-Lac

Es una Abadía que pude visitar cuando estuve por Canadá en Quebéc zona de habla francesa hace ya algunos años. Es un lugar muy apacible y rodeado por un bello paisaje natural que favorece el recogimiento e invitan a la reflexión. Su nombre en español sería San Benito del Lago, pues se encuentra cerca de un lago Memphremagog. Estar allí es fascinante y marca una experiencia inolvidable que perdura en el tiempo.

Historia

La Abadía de Saint-Benoît-du-Lac, fundada en 1912, cuenta con unos cuarenta monjes que viven de acuerdo a la regla monástica escrita por San Benito, de ahí el nombre "benedictino". Retirados del mundo, buscan a Dios en el servicio litúrgico de oración, alimentado por la meditación de la Escritura y en el trabajo diario, la comunidad y bajo la dirección paterna de un abad.

Los institutos están totalmente dedicados a la contemplación, a fin de que sus miembros únicamente para las cosas de Dios en la soledad y el silencio, en la oración y la penitencia constante voluntariamente conservan para siempre, aunque sea urgente la necesidad de un apostolado activo, hay un lugar preeminente en el Cuerpo místico de Cristo, ya que "no todos los miembros tienen el mismo propósito" (Romanos 12: 4).
Decreto del Vaticano Perfectæ Caritatis

Desaparecida de Francia desde la Revolución vivida, la vida benedictina florecerá de nuevo en 1833 gracias a los esfuerzos de Dom Prosper Guéranger. Hombre dotado de profunda fe y un agudo sentido de las necesidades de la Iglesia, comenzó, con la ayuda de Dios, la restauración de la vida monástica en el antiguo priorato de Saint-Pierre de Solesmes. Después de haber reunido un gran número de seguidores, se le permitirá, en 1853, la reactivación de la antigua abadía de Ligugé que, a su vez, restauraría la abadía de Saint-Wandrille en Normandía done se originó la abadía de Saint-Benoît-del-lago.
En 1901, un derecho civil anticlerical obliga a los benedictinos de Francia en el exilio. Los monjes de St. Wandrille, habiendo encontrado un precario refugio en Bélgica, tienen la intención de establecerse en Canadá. En 1912, el Padre Dom Paul Vannier, por tanto, envió con instrucciones para preparar un lugar para la comunidad. Con la aprobación del obispo de Sherbrooke, compró una granja cerca del lago Memphremagog.

Algunos postulantes se presentan, y cinco monjes franceses fueron enviados como refuerzos poco antes de la guerra, durante la cual la pequeña comunidad de Saint-Benoît-du-Lac está aislada de su abadía fundadora. El 30 de noviembre de 1914, el P. Vannier se ahoga en el lago, mientras iba a Magog en un barco de motor. La situación se vuelve crítica para la joven fundación y al final de la guerra, la abadía madre decidió poner fin al experimento. Pero para pedir el mantenimiento de la base, Saint-Benoît-du-Lac envía dos monjes a Europa que finalmente regresan con una respuesta favorable. La comunidad de St. Wandrille, después de haber sido capaz de abandonar Bélgica y regresar a Francia, nunca llegará a Canadá.

Es bajo el priorato Dom Leonce Crenier entre 1931-1944, que la obra monástica crece en todos los puntos de vista y toma su swing final.

En 1935, la fundación de Saint-Benoît-du-Lac es elevada a un priorato monástico, es decir, se convierte en una casa independiente. Luego, en 1938, se decidió construir un monasterio. Dom Pablo Bellot, un monje de la abadía de Solesmes y reconocido arquitecto, aceptó la invitación para dibujar los planos para el nuevo edificio. Los edificios son bendecidos el 11 de julio de 1941.

En 1944, Jorge Mercurio fue elegido como prior, y se convirtió en el primer superior canadiense.
El canto litúrgico tiene su beneficia la soledad; también se ocupa de la educación y el fortalecimiento del espíritu monástico.

Imagen

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En un atardecer

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Vista aérea

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El hall

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La Comunidad

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Al interior de la Abadía

Links:

+ Página web del monasterio http://www.st-benoit-du-lac.com/ Disponible sólo en Inglés y Francés.

+ Los Monjes de San Benito: Película sobre la vida de los monjes, un poco antigua disponible solo en francés pero da una idea de las tareas que realizan al interior de la Abadía.
http://www.onf.ca/film/moines_de_saint_benoit/

+ Visita a la Abadía conmemorando los 100 años de su fundación: ¡Se la recomiendo!
https://www.youtube.com/watch?v=FL__bXKG_qA

+ Capilla St-Benoit-du-lac, está en Francés pero las imágenes nos pueden ayudar en esta visita virtual.
https://www.youtube.com/watch?v=KssqgYna8nc

+ Cantos Gregorianos interpretados por los monjes de esta abadía
https://www.youtube.com/watch?v=TL41pJPMMM0

Espero que disfruten de su visita a esta Abadía ;). ¡Saludos a todos!
wyseen
 
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor NayeLyPalma » Mar Ago 26, 2014 5:12 pm

SAN BENITO
Primer Fundador de Religiosos
Año 517

Benito significa: "Bendecido".

En 1980 el Santo Padre Juan Pablo II nombró a San Benito como patrono de toda Europa, en el XV Centenario de su nacimiento, porque ha sido el santo que más in- fluencia ha tenido quizás en ese continente, por medio de la Comunidad religiosa que fundó, y por medio de sus maravillosos escritos y sabias enseñanzas.

SU VIDA Y OBRA
San Benito nació en Nursia (Italia, cerca de Roma) en el año 480. De padres acomodados, fue enviado a Roma a estudiar filosofía y letras, y se nota que aprendió muy bien el idioma nacional (que era el latín) porque sus escritos están redactados en muy buen estilo.
Todos los datos de su biografía los tomamos de la Vida de San Benito, escrita por San Gregorio Magno, que fue monje de su comunidad benedictina.

SU PRIMERA HUIDA. La ciudad de Roma estaba habitada por una mezcla de cristianos fervorosos, cristianos relajados, paganos, ateos, bárbaros y toda clase de gentes de diversos países y de variadas creencias, y el ambiente, especialmente el de la juventud, era espantosamente relajado. Así que Benito se dio cuenta de que si permanecía allá en medio de esa sociedad tan dañada, iba a llegar a ser un tremendo corrompido. Y sabía muy bien que en la lucha contra el pecado y la corrupción resultan vencedores los que en apariencia son "cobardes", o sea, los que huyen de las ocasiones y se alejan de las personas malvadas. Por eso huyó de la ciudad y se fue a un pueblecito alejado, a rezar, meditar y hacer penitencia.

PEQUEÑO PERCANCE. Segunda huida. Pero sucedió que en el pueblo a donde llegó, obtuvo un milagro sin quererlo. Vio a una pobre mujer llorando porque se le había partido un precioso jarrón que era ajeno. Benito rezó y le dio la bendición, y el jarrón volvió a quedar como si nada le hubiera pasado. Esto conmovió mucho a las gentes del pueblo y empezaron a venerarlo como un santo. Entonces tuvo que salir huyendo hacia más lejos.
SUBIACO. Principios heroicos. Se fue hacia una región totalmente deshabitada y en un sitio llamado "Subiaco"(que significa: debajo del lago, porque había allí cuevas debajo del agua) se retiró a vivir en una roca, rodeada de malezas y de espinos, y a donde era dificilísimo subir. Un monje que vivía por los alrededores lo instruyó acerca de cómo ser un buen religioso y le llevaba un pan cada día, el cual amarraba a un cable, que Benito tiraba desde arriba. Su barba y su cabellera crecieron de tal manera y su piel se volvió tan morena en aquella roca, que un día unos pastores que buscaban unas cabras, al encontrarlo, creyeron que era una fiera. Más luego al oírle hablar, se quedaron maravillados de los buenos consejos que sabía dar. Contaron la noticia y mucha gente empezó a visitarlo para pedirle que les aconsejara y enseñara.

SUPERIOR CONTRA SU VOLUNTAD. Y sucedió que otros hombres, cansados de la corrupción de la ciudad, se fueron a estos sitios deshabitados a rezar y a hacer penitencia, y al darse cuenta de la gran santidad de Benito, aunque él era más joven que los otros, le rogaron que se hiciera superior de todos ellos. El santo no quería porque sabía que varios de ellos eran gente difícil de gobernar y porque personalmente era muy exigente con los que querían llegar a la santidad y sospechaba que no le iban a hacer caso. Pero tanto le rogaron que al fin aceptó el cargo de superior. Con todos ellos fundó allí 12 pequeños conventos de religiosos, cada uno con un superior o abad. El tenía la dirección general de todo.

PRIMER ATENTADO. Cuando algunos de aquellos hombres se dieron cuenta de que Benito como superior era exigente y no permitía "vivir prendiéndole un vela a Dios y otra al diablo", que no permitía vivir en esa vida de retiro tan viciosamente como si se viviera en el mundo, dispusieron deshacerse de él y matarlo. Y echaron un fuerte veneno en la copa de vino que él se iba a tomar. Pero el santo dio una bendición a la copa, y esta saltó por los aires hecha mil pedazos. Entonces se dio cuenta de que su vida corría peligro entre aquellos hombres, y renunció a su cargo, se alejó de allí.

TERRIBLES TENTACIONES. Al joven Benito le llegaron espantosas tentaciones impuras. A su imaginación se le presentaban escenas más corruptas y le llegaba el recuerdo de cierta mujer que él había visto hacía tiempo y sentía toda la fuerza de la pasión. Rezaba y pedía ayudas al cielo, y al fin cuando sintió que ya iba a consentir, se lanzó contra un matorral lleno de punzantes espinas y se revolcó allí hasta que todo su cuerpo quedó herido y lastimado. Así, mediante esas heridas corporales logró curar las heridas de su alma, y la tentación impura se alejó de él.

SU FUNDACIÓN MÁS FAMOSA. Con unos discípulos que le habían sido siempre fieles (San Mauro, San Plácido y otros) se dirigió hacia un monte escarpado, llamado Monte Casino. Allá iba a fundar su famosísima Comunidad de Benedictinos. Su monasterio de Monte Casino ha sido famoso durante muchos siglos.
En el año 530, después de ayunar y rezar por 40 días, empezó la construcción del convento, en la cima del Monte. En ese sitio había un templo pagano, dedicado a Apolo; lo hizo derribar y en su lugar construyó una capilla católica. Luego con sus discípulos fue evangelizando a todos los paganos que vivían en los alrededores, y enseguida sí empezó a levantar el edificio, del cual por tantos siglos han salido santos misioneros a llevar la santidad a pueblos y naciones.

EL MUCHACHO QUE NO SABÍA NADAR. El joven Plácido cayó en un profundo lago y se estaba ahogando. San Benito mandó a su discípulo preferido Mauro: "Láncese al agua y sálvelo". Mauro se lanzó enseguida y logró sacarlo sano y salvo hasta la orilla. Y al salir del profundo lago se acordó de que había logrado atravesar esas aguas sin saber nadar. La obediencia al santo le había permitido hacer aquel salvamento milagroso.
EL EDIFICIO QUE SE CAE. Estando construyendo el monasterio, se vino abajo una enorme pared y sepultó a uno de los discípulos de San Benito. Este se puso a rezar y mandó a los otros monjes que removieran los escombros, y debajo de todo apareció el monje sepultado, sano y sin heridas, como si hubiera simplemente despertado de un sueño.
LA PIEDRA QUE NO SE MOVÍA. Estaban sus religiosos constructores tratando de quitar una inmensa piedra, pero esta no se dejaba ni siquiera mover un centímetro. Entonces el santo le envió una bendición, y enseguida la pudieron mover de allí como si no pesara nada. Por eso desde hace siglos cuando la gente tiene algún grave problema en su casa que no logra alejar, consigue una medalla de San Benito y le reza con fe, y obtiene prodigios. Es que este varón de Dios tiene mucho influjo ante Nuestro Señor.
EL DISFRAZADO. El terrible rey Totila, pagano, estaba invadiendo a Italia, y oyó ponderar la santidad del famoso fundador. Entonces mandó al jefe de su guardia que se vistiera de rey y fuera con los ministros, a presentarse ante el santo, como si él fuera Totila. San Benito, apenas lo vio le dijo: "Quítate esos vestidos de rey que no son los tuyos". El otro volvió a contarle al rey lo sucedido y este se fue a visitarlo con gran respeto. El venerable anciano le anunció que lograría apoderarse de Roma y de Sicilia, pero que poco después de llegar a esa isla moriría. Y así le sucedió, tal cual.
PANES QUE SE MULTIPLICAN. Hubo una gran escasez en esa región y San Benito mandó repartir entre los pobres todo el pan que había en el convento. Solamente dejó cinco panes, y los monjes eran muchos. Al verlos aterrados ante este atrevimiento les dijo: "Ya verán que el Señor nos devolverá con la misma generosidad con la que hemos repartido". A la mañana siguiente, llegaron a las puertas del monasterio 200 bultos de harina, y nunca se supo quién los envió.

MUERTES ANUNCIADAS. Un día exclamó: "Se murió mi amigo el obispo de Cápua, porque vi que subía al cielo un bello globo luminoso". Al día siguiente vinieron a traer la noticia de la muerte del obispo. Otro día vio que salía volando hacia el cielo una blanquísima paloma y exclamó: "Seguramente se murió mi hermana Escolástica". Los monjes fueron a averiguar, y sí, en efecto acababa de morir tan santa mujer. El, que había anunciado la muerte de otros, supo también que se aproximaba su propia muerte y mandó a unos religiosos a excavar en el suelo su sepultura. Duraron seis días haciéndola, y apenas la terminaron, empezó él a sentir las altísimas fiebres, y poco después murió.

[list=]UN DÍA EN LA VIDA DE SAN BENITO[/list]
. Se levantaba a las dos de la madrugada a rezar los salmos. Pasaba horas y horas rezando y meditando. Jamás comía carne. Dedicaba bastantes horas al trabajo manual, y logró que sus seguidores se convencieran de que el trabajo no es un rebajarse, sino un ser útil para la sociedad y un modo de imitar a Jesucristo que fue un gran trabajador, y hasta un método muy bueno para alejar tentaciones. Ayunaba cada día, y su desayuno lo tomaba en las horas de la tarde. La mañana la pasaba sin comer ni beber. Atendía a todos los que le iban a hacer consultas espirituales, que eran muchos, y de vez en cuando se iba por los pueblos de los alrededores, con sus monjes a predicar y a tratar de convertir a los pecadores. Su trato con todos era extremadamente amable y bien educado. Su presencia era venerable.

[list=]SU FAMOSO REGLAMENTO: LA SANTA REGLA.[/list]
Inspirado por Dios, escribió nuestro santo un Reglamento para sus monjes que llamó "Santa Regla". Es un documento que se ha hecho famoso en todo el mundo, y en el cual se han basado los Reglamentos de todas las demás Comunidades religiosas en la Iglesia Católica. Allí recomienda ciertos detalles como estos:
• La primera virtud que necesita un religioso (después de la caridad) es la humildad.
• La casa de Dios es para rezar y no para charlar.
• Todo superior debe esforzarse por ser amable como un padre bondadoso.
• El ecónomo o el que administra el dinero no debe humillar a nadie.
• Nuestro lema debe ser: Trabajar y rezar.
• Cada uno debe esforzarse por ser exquisito y agradable en su trato.
• Cada comunidad debe ser como una buena familia donde todos se aman.
• Evite cada individuo todo lo que sea rústico y vulgar. Recuerde lo que decía San Ambrosio: "Portarse con nobleza es una gran virtud".
Y los que vivieron con él afirmaban que todo lo bueno que recomienda en su Santa Regla, lo practicaba él en su vida diaria. Con estos principios, su Comunidad de Benedictinos ha hecho inmenso bien en todo el mundo en 15 siglos.

MORIR DE PIE, COMO LOS ROBLES. El 21 de marzo del año 543, estaba el santo en la Ceremonia del Jueves Santo, cuando se sintió morir. Se apoyó en los brazos de dos de sus discípulos, y elevando sus ojos hacia el cielo cumplió una vez más lo que tanto recomendaba a los que lo escuchaban: "Hay que tener un deseo inmenso de ir al cielo", y lanzando un suspiro como de quien obtiene aquello que tanto había anhelado, quedó muerto.
Dos de sus monjes estaban lejos de allí rezando, y de pronto vieron una luz esplendorosa que subía hacia los cielos y exclamaron: "Seguramente es nuestro Padre Benito, que ha volado a la eternidad". Era el momento preciso en el que moría el santo.
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor sandrop » Mar Ago 26, 2014 7:44 pm

Queridos hermanos, les comparo este apartado sobre las Virtudes del La Regla de San Benito, meditemosla y es muy práctica para todos nosotros

saludos

sandro

Virtudes.

4. Los Instrumentos de las Buenas Obras.

Primero, amar al Señor Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas;

después, al prójimo como a sí mismo.

Luego, no matar;

no cometer adulterio,

no hurtar,

no codiciar,

no levantar falso testimonio,

honrar a todos los hombres,

no hacer a otro lo que uno no quiere para sí.

Negarse a sí mismo para seguir a Cristo.

Castigar el cuerpo,

no entregarse a los deleites,

amar el ayuno.

Alegrar a los pobres,

vestir al desnudo,

visitar al enfermo,

sepultar al muerto.

Socorrer al atribulado,

consolar al afligido.

Hacerse extraño al proceder del mundo,

no anteponer nada al amor de Cristo.

No ceder a la ira,

no guardar rencor.

No tener dolo en el corazón,

no dar paz falsa.

No abandonar la caridad.

No jurar, no sea que acaso perjure,

decir la verdad con el corazón y con la boca.

No devolver mal por mal.

No hacer injurias, sino soportar pacientemente las que le hicieren.

Amar a los enemigos.

No maldecir a los que lo maldicen, sino más bien bendecirlos.

Sufrir persecución por la justicia.

No ser soberbio,

ni aficionado al vino,

ni glotón

ni dormilón,

ni perezoso,

ni murmurador,

ni detractor.

Poner su esperanza en Dios.

Cuando viere en sí algo bueno, atribúyalo a Dios, no a sí mismo;

en cambio, sepa que el mal siempre lo ha hecho él, e impúteselo a sí mismo.

Temer el día del juicio,

sentir terror del infierno,

desear la vida eterna con la mayor avidez espiritual,

tener la muerte presente ante los ojos cada día.

Velar a toda hora sobre las acciones de su vida,

saber de cierto que, en todo lugar, Dios lo está mirando.

Estrellar inmediatamente contra Cristo los malos pensamientos que vienen a su corazón, y manifestarlos al anciano espiritual,

guardar su boca de conversación mala o perversa,

no amar hablar mucho,

no hablar palabras vanas o que mueven a risa,

no amar la risa excesiva o destemplada.

Oír con gusto las lecturas santas,

darse frecuentemente a la oración,

confesar diariamente a Dios en la oración, con lágrimas y gemidos, las culpas pasadas,

enmendarse en adelante de esas mismas faltas.

No ceder a los deseos de la carne,

odiar la propia voluntad,

obedecer en todo los preceptos del abad, aun cuando él — lo que no suceda — obre de otro modo, acordándose de aquel precepto del Señor: "Hagan lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen."

No querer ser llamado santo antes de serlo, sino serlo primero para que lo digan con verdad.

Poner por obra diariamente los preceptos de Dios,

amar la castidad,

no odiar a nadie,

no tener celos,

no tener envidia,

no amar la contienda,

huir la vanagloria.

Venerar a los ancianos,

amar a los más jóvenes.

Orar por los enemigos en el amor de Cristo;

reconciliarse antes de la puesta del sol con quien se haya tenido alguna discordia.

Y no desesperar nunca de la misericordia de Dios.

Estos son los instrumentos del arte espiritual. Si los usamos día y noche, sin cesar, y los devolvemos el día del juicio, el Señor nos recompensará con aquel premio que Él mismo prometió: "Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni llegó al corazón del hombre lo que Dios ha preparado a los que lo aman." El taller, empero, donde debemos practicar con diligencia todas estas cosas, es el recinto del monasterio y la estabilidad en la comunidad.
sandrop
 
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor Rosario Gua » Mar Ago 26, 2014 8:01 pm

Soy Rosario Gua, Dios los bendiga. Al buscar sobre la regla de San Benito, encontré este bello comentario de San Juan Pablo II y me parece muy importante para compartirlo literalmente. Saludos a todos, desde el país de la eterna primavera, Guatemala.
<<El ejemplo de San Benito: “Ora et labora” Juan Pablo II, Nursia, 23-3-1980 San Benito supo interpretar con perspicacia y de modo certero los signos de los tiempos de su época, cuando escribió su Regla en la que la unión de la oración y del trabajo llega a ser para los que la aceptan el principio de la aspiración a la eternidad: “Ora et labora, ora y trabaja”...Interpretando los signos de los tiempos, Benito vio que era necesario realizar el programa radical de la santidad evangélica...de una forma ordinaria, en las dimensiones de la vida cotidiana de todos los hombres. Era necesario que “lo heroico” llegara a ser lo normal, lo cotidiano, y que lo normal y lo cotidiano llegue a ser heroico. De este modo, como padre de los monjes, legislador de la vida monástica en Occidente, llegó a ser también pionero de una nueva civilización. Por todas partes donde el trabajo humano condicionaba el desarrollo de la cultura, de la economía, de la vida social, añadía Benito el programa benedictino de la evangelización que unía el trabajo a la oración y la oración al trabajo... En nuestra época, San Benito es el patrón de Europa. No lo es únicamente por sus méritos particulares de cara a este continente, su historia y su civilización. Lo es también en consideración a la nueva actualidad de su figura de cara a la Europa contemporánea. Se puede desligar el trabajo de la oración y hacer de él la única dimensión de la existencia humana. La época actual tiene esta tendencia... Se tiene la impresión de una prioridad de la economía sobre la moral, de una prioridad de lo material sobre lo espiritual. Por una parte, la orientación casi exclusiva hacia el consumo de bienes materiales quita a la vida humana su sentido más profundo. Por otra parte, en muchos casos, el trabajo ha llegado a ser un peso alienante para el hombre...y casi contra su propia voluntad, el trabajo se ha separado de la oración, quitando a la vida humana su dimensión trascendente... No se puede vivir de cara al futuro sin comprender que el sentido de la vida es más grande que lo material y pasajero, que este sentido está por encima de este mundo. Si la sociedad y las personas de nuestro continente han perdido el interés por este sentido, tienen que recobrarlo... Si mi predecesor Pablo VI llamó a San Benito de Nursia patrón de Europa, es porque podía ayudar a este respecto a la Iglesia y a las naciones de Europa.>>
Estas palabras pronunciadas por Juan Pablo Segundo, hablan del gran impacto que tuvo esta preciosa regla de San Benito, la cual no fue muy bien aceptada en la orden benedictina, pero que tiene total validez en nuestros días y en todo el mundo, no solamente en un continente.
Aunque el ser humano tiende en la actualidad a desligar lo material de lo espiritual, nunca el ser humano puede dividirse como tal. Si trabajamos lo hacemos con nuestra corporalidad y no podemos dejar por aparte nuestra parte espiritual.
Cada día nosotros podemos estar en una oración continua, ya que si nosotros ofrecemos a Dios nuestro esfuerzo de tratar de ser mejor y dar a los demás un buen testimonio cristiano, estamos respaldando nuestra fe con las obras y esto tiene mucha más fuerza en la acción de conversión del prójimo.
Ya lo dice San Pablo: "La Fe sin obras, nada vale", por lo que esta preciosa regla de San Benito tiene un gran significado para cada creyente, porque se debe vivir una espiritualidad activa reflejada en el trabajo ofrecido con amor a Dios.
También puedo decir que se debe orar insistentemente, como lo dijo nuestro Señor Jesucristo, para que las cosas que realizamos se lleven a cabo, según la voluntad de Dios.

[url][url]http://i2.wp.com/www.mariannhillpress.co.za/wp-content/uploads/2013/06/ora-et-labora.jpg?fit=900%2C900[/url][/url]
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor tralalá » Mar Ago 26, 2014 8:30 pm

hini escribió:La Orden de San Benito, Ordo Sancti Benedicti (O.S.B.), es la orden religiosa católica dedicada a la contemplación, fundada por Benito de Nursia,
¿Nos ponemos a recorrer este apasionante Camino, peregrinos?


HINI: Si, después de leerlo, querés borrar este mensaje fuera de lugar, hacelo.
Quiero saludarte y agradecerte con mucho cariño.
En vez de estar mejor, por el momento se me sumaron problemas de salud.
DIOS proveerá.
DIOS bendiga tu persona, tu familia y tus actividades. Tralalá
Todo sea para la mayor honra y gloria de DIOS por
amor a Jesús, María y José.
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor Betancourt » Mié Ago 27, 2014 7:39 am

(Del artículo Familias: ora et labora) Fuente: http://www.alfayomega.es/Revista/2014/890/01_enportada3.php

El libro San Benito y la vida familiar (Libreria Editrice Fiorentina), en el que el padre benedictino Massimo Lapponi realiza una lectura original de la Regla benedictina adaptándola a la vida en familia, y traduciéndola al día a día de las familias en pequeños destellos de vida y luz:

* Trabajo: ayuda de todos en las labores domésticas, sacrificio de uno mismo en el servicio a los demás, no privilegiar la vida laboral sobre la vida familiar.

* Descanso: las películas y los juegos, mejor juntos, que no en solitario; un rato de recreo y juego en común tras la cena familiar, parando el ritmo para encontrarnos y descansar: «El reposo es un tiempo de comunión con Dios y con las almas, y de alegría por esta comunión», escribe el autor.

* Comidas: oración antes de las comidas, y comer juntos: la comida es un momento de comunión y de conversación, y sin televisión de fondo.

* Vida en común: en general, evitar el lujo y la superficialidad, sin llenar las habitaciones de los niños de cosas y juguetes; sobriedad en el uso de elementos electrónicos, tanto padres como niños -y, cuando se haga, que no sea un uso solitario, sino comunitario y enriquecedor-. Fomento de la lectura y la conversación.

* Oración: un lugar para rezar y un tiempo para rezar, gracias a la presencia de un pequeño altar familiar para la oración en común; proteger a la familia de la invasión mundana, para favorecer un clima en el que padres e hijos puedan encontrase con Dios cada día.

* Caridad: evitar el egoísmo familiar, por el que una familia está centrada exclusivamente en sí misma, para aliviar en lo posible los sufrimientos ajenos, en especial poniendo a los hijos en contacto con los más desfavorecidos.

Iglesia doméstica y pequeño monasterio doméstico, las familias de hoy están llamadas a ser islas luminosas de fe, educación y cultura en medio del barrio, del colegio, en el supermercado, en el parque, con los amigos... Se trata de construir el futuro como hicieron los hijos de san Benito: Buscando a Dios. El autor presenta el libro con una cita de san Cipriano: «No hablamos de cosas grandes; las vivimos». Necesitamos familias que vivan a fondo su vocación. El Instrumentum laboris del próximo Sínodo afirma que «la finalidad primaria de la familia es anunciar la belleza del amor». El mundo aguarda la manifestación gloriosa de este amor, que se vive y se contagia desde las familias.

Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
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El amor de Dios es maravilloso!
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor Gar » Mié Ago 27, 2014 9:20 am

La Regla está compuesta de 73 capítulos , de los cuales, 9 tratan de los deberes del Abad, 13 regulan el culto a Dios, 29 se refieren a la disciplina y al código penal, 10 a la administración interna del monasterio, y los restantes 12 consisten en regulaciones de tema vario.
La regla comienza con un prólogo o prefacio exhortatorio en el que San Benito expone los principios fundamentales de la vida religiosa: la renuncia a la propia voluntad y el alistarse bajo el estandarte de Cristo. Propone establecer una "escuela" en la que se enseñe la ciencia de la salvación de tal forma que sus discípulos, perseverando en ella hasta la muerte, "merezcan llegar a ser partícipes del Reino de Cristo".
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor Gar » Mié Ago 27, 2014 10:00 am

Las formas más antiguas de monacato cristiano estaban caracterizadas por su extrema austeridad y por su carácter más o menos eremítico. En Egipto, los discípulos de San Antonio eran puramente eremitas, mientras que aquellos que seguían la Regla de San Pacomio, carecían todavía del elemento de estabilidad en el que insistirá después San Benito, "la vida comunitaria" y el espíritu familiar. Bajo el régimen de Antonio las austeridades de los monjes se dejaban por completo a su propia discreción; los Pacomitas, quedaban libres para añadir otras prácticas ascéticas que ellos mismos eligieran. Y en ambos casos, la idea predominante fue la de que eran atletas espirituales, y como tales rivalizaban entre sí en austeridad. Cuando San Basilio (siglo IV) organizó el monacato griego, él mismo se pronunció contra la vida eremítica e insistió en la vida comunitaria, con comida, trabajo y oración, todo en comunidad. Con él, la práctica de la austeridad, a diferencia de los egipcios, iba a estar sujeta al control del superior, porque consideraba que deteriorar el cuerpo con mortificaciones hasta incapacitarlo para el trabajo, era una interpretación errónea del precepto de la Escritura sobre la penitencia y la mortificación. Su concepción de la vida monástica era el resultado del contacto de ideas primitivas, como las existentes en Egipto y en el Oriente, con la cultura y formas de pensamiento europeas.
El monacato llegó a Europa Occidental desde Egipto. Por lo que sabemos, cada monasterio tenía en la práctica su propia regla, y tenemos ejemplos de esta forma irresponsable de vida monástica en la comunidad a la que San Benito fue llamado para gobernar desde su cueva, y en los Giróvagos y Sarabaítas a los que menciona de forma condenatoria en el primer capítulo de su Regla. Una prueba de que el espíritu difundido en el monacato italiano era el egipcio se encuentra en el hecho de que cuando San Benito decidió renunciar al mundo para convertirse en monje, adoptó, casi como algo normal, la vida de ermitaño en una cueva.
Cuando San Benito se puso a escribir su propia Regla para los monasterios que había fundado, introdujo en ella el resultado de su propia experiencia madura y observación. Él mismo había llevado la vida de un ermitaño según el modelo egipcio más extremo, y en sus primeras comunidades había probado completamente sin duda el tipo predominante de regla monástica. Por tanto, siendo plenamente conocedor de lo inadecuado para los tiempos y las circunstancias en las que vivía de gran parte del sistema egipcio, avanzó a partir de aquí en una nueva dirección, y en lugar de tratar de vivificar las viejas formas de ascetismo, consolidó la vida cenobítica (que enfatiza la vida en común), acentuó el espíritu familiar, y desaprobó todas las aventuras personales en materia de penitencias. De esta manera, su Regla se basa en la combinación prudente y deliberada de viejas y nuevas ideas; la competencia en austeridad fue eliminada y se produjo a partir de este momento la absorción de lo individual en la comunidad. Al adaptar un sistema esencialmente Oriental a las condiciones de Occidente, San Benito le proporcionó coherencia, estabilidad y organización, y el veredicto de la historia es unánime en alabar los resultados de dicha adaptación.

Fuente:http://ec.aciprensa.com/wiki/Regla_de_San_Benito#El_texto_de_la_Regla
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor AMunozF » Mié Ago 27, 2014 10:38 am

----------------------DEL ABAD DOM PERIGNON, INVENTOR DEL CHAMPAGNE----------------------

Imagen...◄ ABAD DOM PERIGNON

Casi todos Uds. habrán degustado y disfrutado alguna vez de los espumosos caldos comercializados bajo la marca “Dom Perignon”, pero probablemente son muy pocos los que entre Uds. se han preguntado de dónde procede marca tan original y sonora, o quién fue el tal Perignon. Y menos aún los que habrán sospechado que se trataba de uno más de esos frailes grandes que tan maravillosamente han contribuido a hacer la vida de los seres humanos a lo largo de los siglos.

Pierre Perignon es bautizado el 5 de enero de 1639, de donde hay que deducir que nace unos días antes, en Sainte-Menehould, en Francia, en una familia acomodada que tiene siete hijos. La madre muere a los siete meses de nacer él. Su padre, que casará tres años después con Catherine Beuvillon, viuda de un comerciante, es escribano de la Prévôté, y posee junto con su hermano unos viñedos, que sin duda, van forjando la afición del pequeño Pierre por el mundo del vino.
Tras pasar por el coro de la abadía benedictina de Moiremont, a los 13 años inicia su formación en el colegio jesuíta de Châlons-en-Champagne. A los 17 ingresa como monje en el monasterio benedictino de Saint-Vanne et Saint-Hydulphe en Verdún y a los 30 en Saint-Pierre d’Hautvillers, un monasterio situado en el corazón de Champagne, a 5 kilómetros de Epernay, entre el valle de Marne y la montaña de Reims, que no pasa por su mejor momento, víctima, entre otras cosa, de un ataque hugonote.

Tras una visita a la abadía de Saint-Hilaire, y de vuelta en Saint-Pierre, Perignon es puesto a cargo de las bodegas donde inicia una serie de innovaciones que convertirán la vitivinicultura en una verdadera ciencia: clasifica la uva que recibe como parte del diezmo que pagan a la iglesia los distintos productores según la variedad, según el año y según las características de la cosecha; realiza su degustación en persona; y optimiza la mezcla.

Pero si por alguna aportación al mundo de la vitivinicultura pasa a la historia el Padre Pierre Perignon es por el descubrimiento del llamado método “champenoise” para la obtención del llamado “champagne”, técnica que descubre de manera casual en una historia que nadie sabe cuánto tiene de real y cuanto de legendaria. En su época, las botellas se taponaban con las llamadas clavijas de madera envueltas de estopa empapada en aceite. Para garantizar el perfecto hermetismo, el fraile tendrá la idea de embadurnar de cera el cuello de la botella. Tan perfecto que al cabo de unas semanas las botellas estallaban, incapaces de resistir la presión que producía el gas producido por la fermentación del ácido málico en ácido láctico, mucho más carbónico. Sin quererlo, en 1681 Dom Perginon descubría la fermentación en botella tan característica del método champenoise.

------------------------------------------------Imagen◄ CHAMPAGNE DOM PERIGNON
................................................................................................................EMBOTELLADO

A Dom Perignon se le atribuyen también otras importantes aportaciones al mundo de la vitivinicultura. Así, el proceso de clarificación para extraer el depósito que queda en la botella, el cambio en la forma de las botellas (excavados parte inferior), el aumento de su espesor para hacerlas más resistentes a la presión, o el mismísimo tapón de corcho, tan cotidiano aún hoy día.

El champagne se convertirá pronto en una bebida muy popular, proceso en el que se ha de reconocer el mérito que corresponde al ministro de Luis XIV, Jean Baptiste Colbert (1619-1683), enamorado del caldo producido en la región de Champagne.

Dom Perignon vendrá a morir a la edad de 76 años en la abadía de Saint-Pierre d’Hautvillers en la que tantos años había servido, cosa que ocurre el 24 de septiembre de 1715, siendo enterrado delante del coro de su iglesia.

Fuente | Autor : RELIGIÓN EN LIBERTAD | blog: En Cuerpo y alma |LUIS ANTEQUERA | 24 AGO 2014

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Re: 2. La Orden Benedictina. HABITO

Notapor FernandoBringas » Mié Ago 27, 2014 11:34 am

Fernando Bringas Constantini

MONJES BENEDICTINOS - HABITO

Hábito: Hábito negro con túnica, escapulario y capucha negras, cinturón negro sobre la túnica.

En la Edad Media los monjes benedictinos llevaban camisa de lana y escapulario. El hábito o vestidura superior es negro, por lo que el pueblo los llamó los monjes negros, en oposición a los cistercienses, que llevan túnica blanca y escapulario negro, denominados los monjes blancos.

Así también existen monjes que usan el hábito blanco no por contraposición sino por inspiración tal es el caso de los monjes benedictinos olivetanos según cuenta la tradición la Santísima Virgen le ofreció el habito blanco y la regla de San Benito a su fundador San Bernardo Tolomei.

Hay también otras congregaciones que conjugan el hábito blanco con el escapulario negro.

Pero todos observan la regla de San Benito, en sus diferentes carismas.
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Re: 2. La Orden Benedictina. 18 agosto 2014

Notapor nidiagamboa » Mié Ago 27, 2014 1:09 pm

SU FAMOSO REGLAMENTO: LA SANTA REGLA. Inspirado por Dios, escribió nuestro santo un Reglamento para sus monjes que llamó "Santa Regla". Es un documento que se ha hecho famoso en todo el mundo, y en el cual se han basado los Reglamentos de todas las demás Comunidades religiosas en la Iglesia Católica. Allí recomienda ciertos detalles como estos:

La primera virtud que necesita un religioso (después de la caridad) es la humildad.
La casa de Dios es para rezar y no para charlar.
Todo superior debe esforzarse por ser amable como un padre bondadoso.
El ecónomo o el que administra el dinero no debe humillar a nadie.
Nuestro lema debe ser: Trabajar y rezar.
Cada uno debe esforzarse por ser exquisito y agradable en su trato.
Cada comunidad debe ser como una buena familia donde todos se aman.
Evite cada individuo todo lo que sea rústico y vulgar. Recuerde lo que decía San Ambrosio: "Portarse con nobleza es una gran virtud".
Y los que vivieron con él afirmaban que todo lo bueno que recomienda en su Santa Regla, lo practicaba él en su vida diaria. Con estos principios, su Comunidad de Benedictinos ha hecho inmenso bien en todo el mundo en 15 siglos.
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