1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 11 ag

En este curso, haremos un viaje en el tiempo para situarnos en los orígenes del monacato cristiano. Conoceremos las distintas órdenes monásticas, a sus fundadores, sus monasterios, su arte, cultura, forma de vida y su importancia para la civilización a través de la historia hasta la actualidad.

Fecha de inicio:
11 de agosto de 2014

Fecha final:
27 de octubre de 2014

Responsable: Hini Llaguno

Moderadores: Catholic.net, Ignacio S, hini, Betancourt, PEPITA GARCIA 2, rosita forero, J Julio Villarreal M, AMunozF, Moderadores Animadores

Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor wilmarlm » Jue Ago 28, 2014 10:50 pm

Otra vez yo,

Mil excusas, no me fije y mi aporte se repite varias veces, no sé que pasó, por favor disculpen mi despiste.

Gracias

Wilmar
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor ybautista74 » Vie Ago 29, 2014 8:45 am

Me llamo la atención San Onofre, y es que me lo he conseguido en lugares insólitos, gracias al foro he aprendido mucho, no cuento con mucho tiempo pero ahí vamos: Era hijo de un Rey Persa lo bautizaron como Onofre que aun siendo bebe lo llevaron a Egipto y fue amamantado por una cabra y que por su inteligencia e inocencia los monjes lo eligieron como Abad con solo 8 años de ahí algunos dicen que era devoto del niño Jesús, existen muchos Monasterios en especial hay uno en Polonia en Múnich entre otros porque su devoción esta difundida ampliamente en el mundo aunque hay un Monasterio que curiosamente esta ubicado en Jerusalem que fue el terreno que compro Judas con las 30 monedas de plata de la venta de Cristo si es curioso el viaje con los padres del desierto porque San Onofre realmente es Internacional Europa, Oriente y Persia su fiesta es el 12 de junio paralos del calendario gregoriano y el 25 para los del calendario juliano.
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor iCristinai » Vie Ago 29, 2014 2:24 pm

Imagen Imagenes de los Padres de la Iglesia de Salisbury, Wiltshire, Inglaterra
Imagen
Como monumento a los Padres que iniciaron el camino de la Fe, que abrieron el Portal de la ruta monastica.
Complemento al tema 1.
Paz y bien, Cristina
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor laura valeriano » Vie Ago 29, 2014 4:24 pm

Macario significa: un hombre feliz.
La historia de este hombre que vivió en Egipto hacia el año 400, la narra el historiador Paladio.
Hasta los 40 años fue fabricante de dulces y vendedor de frutas. Los pasteleros lo tienen como su Patrono. A los 40 años se fue al desierto a rezar y hacer penitencia y allí estuvo casi 60 años santificándose. Vivió del 310 al 408, probablemente.
Leyendas
San Macario y la hiena.
La leyenda dice que una hiena le trajo a su celda a su cría, ciega de nacimiento. El santo, movido a la piedad, untó los ojos del animal con su saliva, que sanó milagrosamente. La hiena, agradecida, al otro día apareció en la cueva del santo con una piel de oveja. El santo le dijo: "¿De donde has sacado esta piel? Has matado una oveja que no te pertenecía, tal vez era la oveja de un pobre. No la tomaré, si no prometes antes no volver a hacerlo". La hiena bajó la cabeza, soltando la piel a sus pies, lo que el santo tomó como un asentimiento y solo entonces la tomó, para más adelante regalarla a San Pafnucio de Heraclea (29 de noviembre) quien dejó esta historia escrita. En ocasiones en lugar de una hiena, le ponen una leona, supongo que por ser un animal más noble, según la simbología de los animales

El racimo de uvas. Un día en aquel desierto tan caluroso le llevaron de regalo a Macario un bello racimo de uvas. El por mortificación no lo quiso comer y lo regaló al monje que vivía por allí más cerca. Este tampoco lo quiso comer, por hacer sacrificio, y lo llevó al monje siguiente, y así fue pasando de monje en monje hasta volver otra vez a Macario. Este bendijo a Dios por lo caritativos y sacrificados que eran sus compañeros.

Disfrazado de campesino se fue al monasterio de San Pacomio para que este santo tan famoso le enseñara a ser santo. San Pacomio le dijo que no creía que fuera capaz de soportar las penitencias de su convento. Y le dejó afuera. Allí estuvo siete días ayunando y rezando, hasta que le abrieron las puertas del convento y lo dejaron entrar. Entonces le dijeron que ensayara a ayunar, para ver cuántos días era capaz de permanece ayunando. Los monjes ayunaban unos tres días seguidos, otros cuatro días, pero Macario estuvo los 40 días de la cuaresma ayunando, y sólo se alimentaba con unas pocas hojas de coles y un poquito de agua, al anochecer. Todos se admiraron, pero los monjes le pidieron al abad que no lo dejara allí porque su ejemplo podría llevar a los más jóvenes a ser exagerados en la mortificación. San Pacomio oró a Dios y supo por revelación que aquel era el célebre Macario. Le dio gracias por el buen ejemplo que había dado a todos y le pidió que rezara mucho por todos ellos, y él se fue.
Una vez le vino la tentación de dejar el encierro de su celda de monje e irse a viajar por el mundo. Y era tanto lo que le molestaba esta tentación que entonces se echó a las espaldas un pesado bulto de tierra y se fue a andar por el desierto. Cuando ya muy fatigado, un viajero lo encontró y le preguntó qué estaba haciendo, le respondió: "Estoy dominando a mi cuerpo que quiere esclavizar a mi alma". Y al fin el cuerpo se fatigó tanto de andar por esos caminos con semejante peso a las espaldas, que ya la tentación de irse a andar por el mundo no le llegó más.
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor ma_allegretti » Vie Ago 29, 2014 6:33 pm

Hola! Esta es mi primera intervención en este tipo de foro. He elegido a San Antonio Abad y mi fuente fue un artículo de Fray Pedro de Alcántara, O.F.M.

Para abordar la vida de este santo cuya fiesta se celebra el l7 de enero tenemos que hacer un esfuerzo y trasladarnos muy lejos en el tiempo y en el espacio. Debemos situarnos en el bajo Egipto, cerca del gran delta del Nilo, al sur de Menfis, en un pequeño poblado, Queman, allá por la segunda mitad del siglo III.
Era Egipto -en aquellos tiempos agitados por las herejías, en especial por el arrianismo-, foco de correcta ortodoxia y cuna de varones ilustres, luchadores gigantescos contra Arrio y sus secuaces. No obstante las persecuciones, florecía la Iglesia en todo sentido y es entonces cuando comienza a notarse el fenómeno de algunos cristianos que ansiosos de llevar una vida más perfecta, de acercarse más a Dios sin los estorbos que puede ofrecer el trato con los demás, abandonaban la vida de familia, yéndose a vivir a pequeñas casas situadas cerca de los pueblos donde tenían sus moradas y allí relativamente solos, se dedicaban a una vida de austeridad y de contemplación.
Entre los ascetas que rodeaban la villa de Queman comenzó a verse, hacia el año 269 (ó 271), un joven de dieciocho o veinte años, llamado Antonio.
Era, ciertamente, un joven singular. Sus padres que acababan de morir, le habían dejado una copiosa herencia y el cargo de tutelar a una hermanita menor. Un buen día Antonio entra en la Iglesia y escucha del sacerdote las palabras evangélicas “Ve, vende lo que tienes, dalo a los pobres…”. Fue a los seis meses de quedar huérfano. Deja sus tierras y posesiones a sus convecinos; vende todos sus muebles, reservando solamente lo necesario para el sustento de su hermana. Pero otra vez escucha en la Iglesia la voz del Evangelio que lo amonesta a no atesorar para el día de mañana, dejando a Dios todo cuidado. Entonces se despoja definitivamente de todo, confía su hermana a un grupo de vírgenes que observaban los consejos evangélicos viviendo en común y, rompiendo todas las cadenas que le sujetaban al mundo, a imitación de un asceta que vivía a las afueras del pueblo, comienza en una vida retirada y ascética.
Pasaron años. Luchaba Antonio con todas sus fuerzas por adelantar en el camino emprendido. Frecuentaba el trato de los ascetas vecinos, codicioso de aprender de ellos los secretos del reino de Dios, de imitar sus virtudes. Comenzó a extenderse su fama.
Si es cierto que todos los santos brillan con fulgor espiritual propio, parece que a San Antonio quiso elegirle Dios para enseñarnos a los demás hombres a luchar contra el demonio. Efectivamente, ya en este primer retiro el enemigo le asalta constante y visiblemente con tentaciones, de impureza sobre todo. Antonio lucha virilmente. Siguiendo el consejo evangélico se da a la oración y el ayuno. Come una vez al día solamente. Pasa las noches en vigilia. Dentro de semejantes luchas y trabajos, Antonio siente en el alma una potente voz interior: la llamada de la soledad absoluta. Había aprendido cuanto los demás podían enseñarle; era capaz ya, sin temeridad alguna, de verse a solas con Dios. Huye hacia los montes líbicos. Encuentra una tumba vacía. Un amigo se presta a llevarle de cuando en cuando el alimento imprescindible. El demonio redobla sus ataques, causando a veces ruidos tan fuertes que daban espanto. Se le aparece bajo la forma de terribles fieras que le originan sufrimientos indecibles; con aspecto de hermosas mujeres que le invitan al pecado. Tan duras son las batallas que ha de sostener, que, en una ocasión, el amigo que le llevaba de comer le encuentra completamente exánime. Creyéndole muerto, se lo lleva a la población vecina y, cuando está disponiendo los funerales, Antonio se recobra y vuelve a su refugio, a la lucha incesante, en medio de la cual a veces viene el Señor a reforzarle en apariciones consolatorias.
Su fama le ha venido siguiendo y los hombres tornan a molestar su quietud. Otra vez vuelve a sentir la apremiante llamada de la soledad. Pasa a la orilla derecha del Nilo. En Pispir, cerca de Der-el-Meimun, en un repliegue de los montes arábigos, encuentra una vieja fortaleza abandonada en medio de un espantoso desierto, si bien provista de abundante agua. El edificio estaba infectado de serpientes, que huyen a su sola presencia. Convino Antonio con un amigo que le trajese pan dos veces al año (en Tebas duraba el pan incorrupto hasta un año y era costumbre tebana guardarlo para seis meses). Inmediatamente procedió a defender su soledad levantando un muro que le aislase por completo de la vista y trato de los hombres, de tal forma que ni aun hablaba con su amigo, quien le arrojaba el pan por encima del muro y de igual forma recogía las espuertas que hacía Antonio para huir de la ociosidad con el trabajo de sus manos. Tenía nuestro asceta treinta y cinco años y corría el 285 de nuestra era.
Aquí paso veinte años sin interrupción. Sus familiares iban muchas veces a verle para hablar con él; las gentes venían a pedirle consuelos, consejos, milagros. Juntamente con esto sentía redoblarse los ataques del diablo. Los ecos de sus luchas eran tan fuertes y ruidosos, que llenaban de pavor a los viandantes que pasaban cerca del lugar. No obstante hallarse encerrado, debían sus palabras poseer tal fuerza de persuasión que, poco a poco, fueron acudiendo las gentes y acampando de manera estable junto a la fortaleza, a fin de beneficiarse continuamente de sus ejemplos y consejos. Un día ya no pudo contenerse la impaciencia de sus admiradores y uniéndose, derribaron el muro construido por Antonio. Habían pasado veinte años y no se notaban en su rostro ni en su aspecto huellas de la extrema dureza de su ascesis. Todo él respiraba serenidad e íntima pureza. Pronto se llenó la montaña de hombres que iban a pedirle aliento y fuerzas para llevar una vida como la suya. La montaña se llenó de ermitaños. Constantemente resonaban en ella las divinas alabanzas. Se practicaba una pobreza heroica y una caridad perfecta. Los eremitas vivían solos o en pequeños grupos. Antonio nunca fue, propiamente su superior; era, simplemente, una norma de vida, un ejemplo a imitar. Curaba enfermos, expulsaba demonios, enseñaba a amar al prójimo con perfección; amaestraba en la lucha contra el diablo, cuyos ardides y la forma de protegerse de ellos conocía perfectamente. San Atanasio, que fue su discípulo, nos ha recogido su doctrina en forma de un largo discurso; Antonio enseñaba que la meditación de los novísimos fortalece el alma contra las pasiones y el demonio, contra la impureza. Si viviésemos, decía, como si hubiéramos de morir cada día, no pecaríamos jamás. Para luchar contra el demonio son infalibles la fe, la oración, el ayuno y la señal de la cruz. El demonio teme, enseñaba, los ayunos de los ascetas, sus vigilias y oraciones, la mansedumbre, la paz interior, el desprecio de las riquezas y de las glorias vanas del mundo, la humildad, el amor a los pobres y, sobre todo, el ardiente amor a Cristo.
Era el 305. Acababa de nacer, aun sin propósito premeditado de Antonio, el monacato oriental. Y aunque hubo quienes expresaron sus temores acerca de una posible infiltración de espíritu de independencia y separación de la Iglesia, la probada ortodoxia y la prudencia del Santo lograron que tal género de vida se impusiese poco a poco y terminara constituyendo un inapreciable sostén para la Iglesia de la época.
La soledad de Antonio no era infecunda. Enseñaba a preferir sobre todas las cosas la caridad. Así, cuando en el 311 estalló la persecución de Maximino, Antonio voló a Alejandría con alguno de sus monjes para fortalecer a los perseguidos por la fe y compartir con ellos el martirio. Nadie, sin embargo, se opuso a su propósito ni les infirió daño alguno, de forma que, terminada la persecución, volvieron a Pispir.
Antonio volvió cambiado: había comprendido –y lo supo viendo sufrir a los mártires- que el signo de su vivir era la cruz perfecta. Redobló su ascetismo, multiplicó los ayunos, durmió en la tierra desnuda o en tablas, nunca se lavó, cambió de ropa, ni usó aceites o perfumes (pensemos lo tremendo que es tal mortificación en el Egipto, donde el baño constituye una autentica necesidad corporal). Y otra vez la llamada del espíritu resonó, fuerte, muy fuerte, en su corazón. Su viaje a Alejandría, su vida entera, le habían hecho más y más famoso entre las gentes, que afluían a él sin cesar. Sintió peligrar su humildad, su silencio. Dios le inspiró de nuevo. Un buen día una caravana de beduinos que iba a internarse en el desierto contempló a un hombre extraño que les pedía unirse a ellos durante el viaje. Vestía túnica de pelos de camello, sujeta por cinturón de cuero; un manto de piel de carnero, con capucha caída por la espalda. Parecía totalmente endiosado.
Fue una larga y dura caminata Los camellos de los beduinos se internaban por un desierto sin límites, sólo alterado por las dunas, bañado por las noches de un inusitado fulgor de estrellas, abrasado durante el día por el ardiente sol. Tres días con sus noches. A medida que el paso de los camellos iba alejándose de Pispir con sus monjes contemplativos y sus multitudes ansiosas de curaciones y milagros, Antonio se sentía caminar derecho a la consumación de su vocación. Sabía que Dios le aguardaba en el desierto, lejos, muy lejos de todo.
Llegaron por fin. Habían caminado hacia Oriente, hacia el mar Rojo. Muy cerca ya de éste, en el monte Qolzoum, encontraron un pequeño oasis lleno de palmeras y con alguna tierra laborable. Allí quedó Antonio. Era el año 312; acababa de fundar lo que había de llamarse monasterio de Deir-el-Arab.
Los beduinos le proporcionaron una azada y algunas semillas. Algunos discípulos que no tardaron en visitarle a pesar de los horrores del desierto, le llevaron trigo. Antonio se preocupó de sembrar un pedazo de tierra, a fin de poder ayudar a los peregrinos y visitantes. Allí permaneció absolutamente solitario durante dieciocho años, hasta quince antes de su muerte, en que admitió la presencia estable de sus dos discípulos Amathas y Macario.
La vida del Santo en los años siguientes se revela extraordinaria. Regularmente visitaba el monasterio de Pispir, donde le aguardaban sus discípulos y las turbas venían a pedirle milagros. Solamente algunos, los más valientes se atrevían a visitarle en Deir-el-Arab. Uno de estos fue San Atanasio, el campeón de la ortodoxia oriental contra los arrianos, quien más tarde escribió su vida, contribuyendo con ello a esparcir por el mundo los ideales de nuestro asceta. Allí le escribió el emperador Constantino pidiéndole sus oraciones.
Allí refutó a filósofos griegos y arrianos, quienes atraídos por su fama y por la circunstancia de que Antonio era analfabeto, fueron a probar su sabiduría. Desde allí combatió de Melecio de Nicópolis; se dirigió duramente al Obispo Gregorio, suplantador fraudulento de San Atanasio, y a Balacio, quienes habían desencadenado una violenta persecución contra los ascetas y vírgenes ortodoxos y sostuvo el prestigio de San Atanasio.
El 340 fue a visitar a San Pablo, el primer ermitaño. A su llegada, el cuervo que todos los días llevaba a Pablo medio pan como alimento, trajo un pan entero para los dos solitarios.
Antonio se había convertido casi en personaje de leyenda. La fama de sus milagros, de sus doctrinas, de sus austeridades, la noticia de su extremada soledad, había llenado el mundo de Oriente. Probablemente en el año 355, último de su vida (otros señalan el 338), a la vuelta del primer destierro de San Atanasio, fue a visitar a éste en Alejandría, para animarle y sostenerle con su autoridad legendaria.
Finalmente, el 17 de enero del 356, luego de haber anunciado su muerte, haberse hecho prometer por sus dos discípulos que a nadie revelarían el secreto de su tumba, luego de haberles exhortado a la pureza de la fe, entregó su alma a Dios.
En Occidente, desde el 1089, se le comenzó a venerar como abogado contra la peste y epidemias, llegando a fundarse una Orden hospitalaria bajo su advocación. No prescribió reglas, ni hábitos especiales a sus discípulos (las reglas que circulan bajo su nombre son apócrifas), pero su influjo personal fue tan hondo que pronto se pobló Egipto, en sus lugares más desérticos y apartados, la Siria y el Asia Menor, de monjes que de una forma u otra copiaron su forma de vida, que aún perdura en cierto modo entre los monjes del Monte Athos, los cartujos y camaldulenses.
Sin embargo, la vida de San Antonio encierra una ejemplaridad superior. Es todo un símbolo. Nos dice que los peores enemigos del hombre no son los externos. En la soledad más estricta el hombre lleva consigo su naturaleza caída, propensa al orgullo, a la soberbia interior, a la lujuria, a la que es preciso vigilar y mortificar constantemente si el alma quiere verse libre de sus flaquezas y encontrar a Dios en la paz. Por otro lado, el demonio se encarga de afligir con sus tentaciones (presunción, soberbia, desánimo, falta de fe y confianza) al más retirado de los ermitaños. Es decir, que la vida cristiana es, esencialmente, lucha. Podremos huir del mundo; no podemos despojarnos de nosotros mismos, no podemos evitar los asaltos del demonio. Por eso el desierto se ha convertido en símbolo del lugar de tentaciones y los antiguos lo identificaron muchas veces cual morada de espíritus malignos.
Otra lección del Santo es el inestimable precio de la soledad interior para quien de veras desea darse del todo a Dios. Es menester que ninguna criatura ocupe indebidamente nuestro corazón, que sepamos tenerlo desprendido de todas, de forma que ninguna nos pueda ser impedimento a nuestra carrera hacia la unión con Dios. Espíritu de soledad que, como vemos en nuestro Santo, no es sino una forma superior de caridad, porque solamente el hombre que se ha purificado en soledad, en mortificación, en oración, es capaz de sentir fielmente la caridad y de ejercitarla exponiendo su vida. El solitario, de ninguna manera –si es auténticamente discípulo de Cristo- se desentiende de los demás. Como puede, desde su soledad, lucha por sostener en la fe, se inmola por su salvación, socorre las almas y los cuerpos. Pocos hombres de su tiempo hicieron tanto bien como San Antonio. La religión cristiana, como les enseñaba a sus discípulos para combatirles una desordenada propensión a la soledad egoísta y cómoda, es una profesión de caridad fraterna.
El solitario no ha de dudar en abandonar su refugio cuando lo piden así las necesidades de la Iglesia y de las almas. Soledad, caridad, las dos inmortales lecciones de San Antonio, o lo que es lo mismo, acción y contemplación, oración y apostolado, dos ejes aparentemente opuestos, pero que se conjugan perfectamente cuando el espíritu que los anima es legítimo espíritu de Cristo.
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor lcortezgil » Sab Ago 30, 2014 11:33 am

Hermanos, yo investigue a San Antonio, Abad.

Me estoy poniendo al día,poco a poco.
No se por qué razón no me llegaron a mi correo los avances del curso.
Hice mi inscripción y sólo recibí el primer tema (Los Padres del Desierto).

Bueno, aquí les dejo lo que conseguí.

San Antonio, Abad.
Ficha Resumen:

Apodo
Egipcio, El Grande, Ermitaño
Nacimiento
Año 251, Heracleópolis Magna, Egipto
Fallecimiento
17 de enero del año 356, Monte Colzim, Egipto
Venerado en
Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Antiguas iglesias orientales
Festividad
17 de enero (Oriente y Occidente)
30 de enero = 22 de Touba (Iglesia copta)
Atributos
Vestiduras de monje (tanto de tradición occidental como oriental), acompañado por un cerdo o sufriendo tentaciones
Patronazgo
Amputados, protector de los animales, los tejedores de cestas, los fabricantes de cepillos, los carniceros, los enterradores, los ermitaños, los monjes, los porquerizos y los afectados de eczema, epilepsia, ergotismo, erisipela, y enfermedades de la piel en general

San Antonio o Antón Abad (Heracleópolis Magna, Egipto, 251 – † Monte Colzim, Egipto, 356) fue un monje cristiano, fundador del movimiento eremítico. El relato de su vida, transmitido principalmente por la obra de san Atanasio, presenta la figura de un hombre que crece en santidad y lo convierte en modelo de piedad cristiana. El relato de su vida tiene elementos históricos y otros de carácter legendario; se sabe que abandonó sus bienes para llevar una existencia de ermitaño y que atendía a varias comunidades monacales en Egipto, permaneciendo eremita. Se dice que alcanzó los 105 años de edad.

HISTORIA
Antonio Abad nació en el pueblo de Comas, cerca de Heracleópolis Magna, en el Bajo Egipto. Se cuenta que alrededor de los veinte años de edad vendió todas sus posesiones, entregó el dinero a los pobres y se retiró a vivir a una comunidad local haciendo vida ascética, durmiendo en un sepulcro vacío. Luego pasó muchos años ayudando a otros ermitaños a encaminar su vida espiritual en el desierto. Más tarde se fue internando mucho más en él, para vivir en absoluta soledad. Es el patrón de los animales ya que le agradaban mucho y siempre los cuidaba. Se le suele representar acompañado de un cerdo.
De acuerdo con los relatos de san Atanasio y de san Jerónimo, popularizados en La leyenda dorada del dominico genovés Santiago de la Vorágine en el siglo XIII, Antonio fue reiteradamente tentado por el demonio en el desierto. La tentación de san Antonio se volvió un tema favorito de la iconografía cristiana, representado por numerosos pintores de importancia.
Su fama de hombre santo y austero atrajo a numerosos discípulos, a los que organizó en un grupo de ermitaños junto a Pispir y otro en Arsínoe. Por ello, se le considera el fundador de la tradición monacal cristiana. Sin embargo, y pese al atractivo que su carisma ejercía, nunca optó por la vida en comunidad y se retiró al monte Colzim, cerca del Mar Rojo, en absoluta soledad. Abandonó su retiro en 311 para visitar Alejandría y predicar contra el arrianismo.
San Jerónimo, en su vida de Pablo el Simple, un famoso decano de los anacoretas de Tebaida, cuenta que Antonio fue a visitarlo en su edad madura y lo dirigió en la vida monástica; el cuervo que, según la tradición, alimentaba diariamente a Pablo entregándole una hogaza de pan, dio la bienvenida a Antonio suministrando dos hogazas. A la muerte de Pablo, Antonio lo enterró con la ayuda de dos leones y otros animales; de ahí su patronato sobre los sepultureros y los animales.
Se cuenta también que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara.
Pero con el tiempo y por la idea de que el cerdo era un animal impuro se hizo costumbre en ocasiones representarlo dominando la impureza y por esto le colocaban el cerdo a sus pies.

RELIQUIAS Y ORDEN MONASTICA
Se afirma que Antonio vivió hasta los 105 años, y que dio orden de que sus restos reposasen a su muerte en una tumba anónima. Sin embargo, alrededor de 561 sus reliquias fueron llevadas a Alejandría, donde fueron veneradas hasta alrededor del siglo XII, cuando fueron trasladadas a Constantinopla. La Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio, conocidos como Hospitalarios, fundada por esas fechas, se puso bajo su advocación. La iconografía lo refleja, representando a san Antonio con el hábito negro de los Hospitalarios y la tau o la cruz egipcia que vino a ser su emblema.
Tras la caída de Constantinopla, las reliquias de Antonio fueron llevadas a la provincia francesa del Delfinado, a una abadía que años después se hizo célebre bajo el nombre de Saint-Antoine-en-Viennois. La devoción por este santo llegó también a tierras valencianas, difundida por el obispo de Tortosa a principios del siglo XIV.
La orden de los antonianos se ha especializado desde el principio en la atención y cuidado de enfermos con dolencias contagiosas: peste, lepra, sarna, enfermedades venéreas y sobre todo el ergotismo, llamado también fuego de san Antón o fuego sacro o culebrilla. Se establecieron en varios puntos del Camino de Santiago, a las afueras de las ciudades, donde atendían a los peregrinos afectados.
El hábito de la orden es una túnica de sayal con capuchón y llevan siempre una cruz en forma de tau, como la de los templarios. Durante la Edad Media además tenían la costumbre de dejar sus cerdos sueltos por las calles para que la gente les alimentara. Su carne se destinaba a los hospitales o se vendía para recaudar dinero para la atención de los enfermos.
Existió otra antigua orden, llamada Orden de san Pablo y san Antonio Abad hasta los años 40 del siglo XX, de carácter semianacorético (con similitudes propias de los cartujos y los camaldulenses). Esta orden se dividió entre sus miembros, en la que algunos se integraron dentro del Carmelo Descalzo, en 1957, y los demás formaron la Congregación de Fossores de la Misericordia dedicada al cuidado de los cementerios. Existe una congregación posterior a esta orden, que ha tomado el mismo nombre, Congregación de ermitaños de san Pablo y san Antonio. Sus dos únicos monasterios están en la isla de Mallorca.

ICONOGRAFIA
Se representa a san Antonio Abad como un anciano con el hábito de la orden y con un cerdo a sus pies.
Muchos artistas han tomado este tema para sus obras; uno de los trabajos pictóricos más conocidos es el Tríptico de las tentaciones de san Antonio, pintada por Hieronymus Bosch, conservado en Lisboa. También lo representó en un cuadro en el Museo del Prado, Madrid.
En 1947, Diego Rivera pintó una obra también titulada Las tentaciones de San Antonio, al igual que Paul Cézanne y Jan Wellens de Cock, entre otros varios artistas.
También el famoso pintor español Salvador Dalí pintó un cuadro llamado La tentación de San Antonio, que marcaba su entrada a una nueva etapa de misticismo religioso.
En el transporte colectivo conocido como el Metro de Ciudad de México, en su línea 2, una estación fue nombrada "San Antonio Abad", y por consiguiente es identificada por un logotipo.






FESTIVIDADES
Su fiesta se estableció el 17 de enero tras el traslado de sus reliquias al Delfinado.
• En Arquillos, el patrón es san Antón. La víspera de la festividad, el día 16 de enero, y siguiendo una antiquísima tradición, el alcalde de Arquillos, postrado ante los pies del santo, hace la solemne promesa de que toda la población guardará ayuno y abstinencia para agradecerle su milagrosa intercesión en la epidemia de cólera del año 1885. Sólo "el pelotero", joya del folclore de la provincia jiennense, es una figura característica de esta fiesta que se dedica a danzar, correr y azotar suavemente la espalda de los participantes con un látigo en cuya punta se suspende una alpargata vieja, está libre de la penitencia. Este personaje, ataviado con un holgado pantalón blanco de lienzo y chaquetilla adornada con gruesas borlas rojas, representa al diablo que con tanta insistencia tentó al santo en el desierto. Son característicos de estas fechas los sabrosos Pericones de San Antón.
• En Jaén, la noche del 16 al 17 de enero se realizan lumbres por toda la ciudad en honor a San Antón, en las que se suele comer calabaza y rosetas, beber vino de la tierra en bota y cantar melenchones. Éstas se alimentan con el abundante ramón de la poda del olivar próximo a la ciudad. Una fiesta popular de las más antiguas de la capital y se remonta a los siglos posteriores a la reconquista. Cabe destacar las vistas, desde la cruz en el cercano cerro de Santa Catalina, de la ciudad salpicada de lumbres y hogueras. Los distintos barrios compiten en tamaño, organización y singularidad de su lumbre. Esa misma noche se celebra la Carrera Urbana Internacional Noche de San Antón, en la que los corredores recorren sus empinadas calles, (9,5 km aprox.), arropados por las antorchas que lleva el público durante todo el recorrido y en especial en su tramo final. Un dicho muy antiguo de la ciudad es que hasta San Antón pascuas son.
• En Arjonilla (Jaén) la tarde del 16, los vecinos del pueblo llevan a sus mascotas y animales domésticos a bendecir a la parroquia del pueblo. La noche del 16 al 17 se realizan las "Candelas de San Antón" típicas, con ramas de olivo del término municipal, donde se cantan canciones populares, los jóvenes del pueblo "saltan las candelas" y se reúnen los vecinos para beber un buen vino, y comer migas con chorizo y aceitunas.
• Otra de las ciudades con más tradición en las lumbres de San Antón es Jódar costumbre ya documentada en el siglo XVII y donde es costumbre que los niños fumen cigarrillos de matalahúva mientras se degustan los productos típicos de la matanza alrededor de las lumbres.
• En Madrid se celebran desde muy antiguo las denominadas Vueltas de San Antón en las que varios campesinos se acercan a la parroquia de Iglesia de San Antón para que sean bendecidos los animales de compañía. Es costumbre que se sirvan en las pastelerías cercanas los denominados panecillos del santo.
• En Níjar, (Provincia de Almería), el día 16 se celebran "los chisperos", a partir de las dos de la tarde petardos, carretillas y otros artefactos pirotécnicos son parte de la jornada en las barriadas de este municipio y acompañado junto a las hogueras, el origen de celebrar esto en Nijar puede provenir de la época de las revueltas moriscas y ser una reproducción de los enfrentamientos de éstos con los cristianos. Otras fuentes aseguran que tras la expulsión de los moriscos y la posterior repoblación de Níjar, llegaron a estas tierras valencianos que trajeron consigo el gusto por las hogueras y las “carretillas”.
• En algunas localidades de la Alpujarra se celebran "los chiscos", que son las fiestas dedicadas a San Antón, en torno al día 17 de enero. Los "chiscos" son hogueras alrededor de las cuales se baila, se come y se charla amigablemente, uniendo a todos los vecinos y los que llegan de otros pueblos. El día de la fiesta se rifaba el cerdo que durante el año había sido engordado entre todos. Actualmente han adquirido gran importancia en Torvizcón, situada en la Sierra de la Contraviesa.
• En la comarca de la Vega de Granada se acostumbra, en numerosas localidades, a hacer hogueras en honor de San Antón. Los niños de esta zona se dedican los días antes a su festividad a recolectar los desechos de la poda de los árboles y cualquier otra cosa susceptible de ser quemada en la hoguera. Existen pueblos, como es el caso de Armilla donde el ayuntamiento hace concursos de "Lumbres de San Antón", premiando aquellas que sean más grandes, seguras, amenas (con algún tipo de entretenimiento, como música, juegos etc.) y dispongan de un variado surtido de alimentos preparados en la hoguera (carne y embutidos asados, patatas asadas, etc.). Antaño era costumbre que los niños y los no tan niños cantaran canciones típicas de esta festividad mientras jugaban a la rueda alrededor de la hoguera. A modo de ejemplo se incluye la siguiente letra:
San Antón mató un marrano
Y no me dio las morcillas.
Quien le diera a San Antón
Con un palo en las costillas.
• También en la zona de la Vega de Granada se acostumbra a elaborar en esta época la conocida Olla de San Antón. Se trata de un puchero elaborado principalmente con habas secas, carne de cerdo (careta, orejas, patas, tocino, espinazo, costillas, rabo, morcillas, etc.), patatas junto con otros ingredientes que puede variar según la zona. Se trata de un plato altamente calórico que suele ofertarse en los restaurantes de la zona en esta época del año. Lo típico es tomarse un plato de olla y posteriormente una pringa hecha con la carne, el tocino y la morcilla.
• En Polícar (Granada), en la víspera de San Antón se hacen los tradicionales "chiscos". Consiste en ir al campo a recoger leña y las típicas "bolisnas"; para, a la caída de la tarde, hacer lumbres o chiscos en diferentes lugares del pueblo. Es costumbre que los vecinos de junten en el chisco para comer y asar productos de la tierra, sobre todo de la matanza, beber el buen vino del pueblo y comer rosetas. También en la provincia de Granada, en los pueblos de Béznar y Acequias se celebra la festividad de este santo. En el primero es acompañado por Los mosqueteros del Santísimo (también festejado en septiembre) y en el segundo se prepara la tradicional "olla de San Antón".
• En Trigueros (Huelva) se celebra también desde hace siglos las fiestas de San Antonio Abad. Desde el día 6 de enero las campanas de la torre de la Iglesia anuncian a diario con media hora de repiques la llegada de las fiestas. El día 16 de enero, Trigueros se vuelve una gran antorcha con cientos de hogueras de carrasca, lentisco y romero a las puertas de las casas para conmemorar la víspera de la fiesta del patrón. Después, comienzan las novenas al Santo, que son ritos litúrgicos durante 9 días antes del Sábado del Santo, en el cual tiene lugar la última celebración, al llegar a la Iglesia, en el Traslado desde su capilla, en la cual los Triguereños esperan agarrados a la reja desde por la mañana para sacar a su patrón hasta la Iglesia, esto tiene lugar el Sábado. Ya el Domingo, por la mañana tiene lugar la Bendición de animales por parte del santo, que son nueve vuelvas a la Iglesia con una animal por las nueve virtudes del santo, después de esto, tiene lugar la Procesión de Tercias, en la que sale el Santo en Procesión solemne por calles cercanas a la Iglesia. Tras su recogida, al mediodía el alcalde entrega al Santo al pueblo, que a continuación a hombros de los triguereños recorre todas las casas del pueblo, una por una, diciéndole un Viva en cada una. Durante esta larga procesión, que no se recoge el Santo, por lo que está más de 30 horas en la calle durante la noche, que es cuando visita el cementerio, tienen lugar las célebres "tiradas", en las cuales se tiran desde los balcones de las casas panes, chacinas, jamones, y otros muchos productos que son recogidos por los asistentes a las fiestas, finalizando la tirada con el lanzamiento de las tradicionales roscas. Esta curiosa fiesta finaliza el lunes por la noche, que es cuando tiene lugar la "escapailla", en la cual, el Santo, hace un amago de entrar a la Ermita, y sale corriendo hacia distintos lugares, a media noche finalizan las fiestas con la rifa de cuatro cerdos en la puerta del ayuntamiento y tras lo cual el santo se recoge en su capilla.
• San Antón protagoniza la primera procesión del año en Málaga capital. La Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno del Paso, Nuestra Señora de los Dolores y San Antonio Abad, tiene su sede en el barrio malagueño de Churriana. El día 16 de enero, víspera de su festividad tiene lugar la procesión. La comitiva parte de la Parroquia -consagrada en su honor- tras el pregón. La procesión recorre las calles del casco antiguo de Churriana, y en el transcurso del desfile se queman las tradicionales 'ruedas giratorias' de fuegos artificiales en cumplimiento de promesas. El 17 de enero, festividad de San Antonio Abad, la imagen del santo anacoreta está en besapiés durante todo el día. Por ser Patrón de los animales, se procede a las siete de la tarde, a la bendición de los mismos y después da comienzo una solemne función religiosa. En los días previos se organizan fiestas populares en el barrio. También en un barrio de La Orotava en Tenerife celebran a san Antonio Abad con una romería, feria de ganado y reparto de puchero canario. En municipios como Buenavista y La Matanza es venerado el santo y celebran sus fiestas principales.
• En Mijas, la celebración está muy ligada a los animales. Cada 17 de enero se celebra una solemne misa en honor al santo en la ermita de San Antón en Osunillas. Tras el oficio, se bendicen a los animales domésticos y de granja. La celebración continúa con la rueda, un juego muy típico, en el que las mujeres cantan canciones tradicionales mientras bailan en corro. Después, las solteras pueden probar suerte y arrojar un guijarro a la imagen del santo. Si aciertan en la entrepierna de la figura, la tradición dice que ese año encontrarán marido.
• En la provincia de Murcia la fiesta en honor a este santo se ha ido transformando a lo largo de la historia. Hasta mediados de 1960 uno o varios cerdos andaban sueltos por los lugares en los que tienen acogido a este patrón. El animal se alimentaba de los restos vegetales que le ofrecían los vecinos y era sacrificado el día festivo y subastadas algunas de sus viandas más valiosas. Esta tradición terminó por la regulación veterinaria y los problemas que con el tráfico rodado causaba el animal. En la capital, en el barrio de San Antón (Murcia), se ha sustituido la vitualla porcina por el pulpo que se sirve en varias barras preparadas por los hosteleros para la ocasión. Otra peculiaridad de esta festividad en la capital del Segura es la bendición y compra de unos panecillos no más grandes que una moneda que, según la superstición popular, se han de llevar en el monedero ya que atraen la buena fortuna. En la capital la fiesta ha perdido mucho de su cariz tradicional. Aun así, muchos vecinos de pedanías del extrarradio urbano realizan una matanza familiar llegadas las fechas. En todas se celebraciones de esta región están presentes los actos religiosos, entre los que se encuentra la romería, procesión y la tradicional bendición de los animales. Las fiestas en honor a San Antón son especialmente destacadas en la pedanía de La Copa de Bullas donde la fiesta siempre ha mantenido sus aspectos folclóricos y religiosos con algunas peculiaridades. La tradicional matanza se rescató a mediados de 1990 y se ha convertido en un acto multitudinario de relevancia cultural en la región. En Abanilla bendicen a los animales, mientras que las panaderías de la villa elaboran panes benditos, unos dulces que también se preparan para la festividad de San Blas.
• En Mahón, Islas Baleares, el día 17 de enero se bendicen los animales y se celebran las tradicionales "torrades" de sobrasada; y en Ciudadela se realiza la Procesión de los tres toques, que consiste en imitar los tres toques que el rey Alfonso dio en 1297 para rendir la ciudad, entonces tomada por los musulmanes.
• En la provincia de Ávila, en San Bartolomé de Pinares, cada noche del 16 de enero, y desde no se sabe cuándo, se celebran Las Luminarias. La fiesta comienza alrededor de las nueve de la noche, caballos, burros y jinetes cruzan grandes hogueras que inundan las calles de este pequeño pueblo con el fin de purificar sus espíritus.
• En la localidad Albaceteña de Chinchilla de Montearagón, coincidiendo con el fin de semana más cercano a la fiesta, el sábado se celebra, en la explanada de la iglesia, alrededor de una gigantesca hoguera, la fiesta de San Antón. Los vecinos del barrio al que el santo da nombre, reparten un sin fin de patatas asadas a todos los que se unen, mientras que se realiza una rifa de las típicas tortas de chorizo y sardinas. También se rifa un cerdo. Al día siguiente, domingo, todos se reúnen en la iglesia de San Antón para festejarlo. Al finalizar la celebración, tiene lugar la bendición de los animales, se bailan las tradicionales "danzas chinchillanas" y hay una invitación popular.
• La mitad de los pueblos de Aragón, así como las localidades del sur de Navarra, hacen algún tipo de celebración relacionada con el santo, aunque lo que predomina son las hogueras u hoguericas de San Antón, encendidas la noche anterior, siempre con gran espectación. Es frecuente que se organicen cenas populares alrededor del fuego, aprovechando las brasas para asar embutidos y patatas que luego se reparten entre los asistentes. Algunos pueblos celebran sus fiestas en torno a esta fecha e, incluso, realizan también hogueras algunos barrios de Zaragoza. Hay una frase que dice la hoguerica San Antón, el que no traiga leña, no comerá turrón, y en la zona del Bajo Aragón se dice lo siguiente:



San Antón era un francés
Que de Francia a España vino
Y lo que tiene a los pies
Es un hermoso tocino.

• En algunos pueblos de Valencia se celebra organizando mercados populares de venta de frutos secos, conocidos como "el porrat de Sant Antón"; se construyen también grandes hogueras que se encienden la víspera para recordar el fuego de San Antón, como se conocía la enfermedad del cornezuelo del centeno, que en muchos casos el santo curaba milagrosamente. La hoguera más destacada es la de Canals por ser la mayor del mundo. También allí se celebran bendiciones de animales y el día de los parells, que consiste en que los festeros, a caballo, reparten por todo el pueblo miles de juguetes y otros objetos. También en Elda es el patrón de sus fiestas de moros y cristianos, celebradas el primer fin de semana de junio.
• En el pueblo extremeño de Navalvillar de Pela, se celebra la fiesta de La Encamisá llamada también Carrera de San Antón: entre hogueras encendidas, una multitud de caballerías recorren las calles del pueblo dando vítores al santo patrón.
• No sólo en España, sino también en América Latina, San Antonio adquirió una increíble fama. En muchos países de habla hispana existen calles, universidades, hospitales, hoteles, y localidades que honran a San Antonio Abad. En Egipto ha habido una nueva efervescencia monástica en torno a la figura de San Antonio Abad. En Norcia, Italia, existe un monasterio de monjas benedictinas bajo su patrocinio y en Humacao, Puerto Rico, hay una comunidad benedictina también bajo su patrocinio. La reforma del Carmelo de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz recurrió a los ermitaños y muy particularmente a la espiritualidad de San Antonio Abad para su reforma. A San Antonio se le atribuyen cartas y unos dichos, los cuales reflejan su paternidad (ser apa --en egipcio-- o abad en latín) sobre los ermitaños.
• En el Principado de Andorra, en todas las parroquias se reparte la escudella barretjada, una especie de cocido a base hortalizas y verduras, a las cuales se agrega por separado carne de cerdo, gallina, butifarra blanca y negra, etc. Un plato muy consistente, que las diferentes agrupaciones organizadoras del acontecimiento elaboran desde el alba y que, una vez repartido entre los asistentes, se come con pan moreno y regado con vino en porrón.
• En la Rioja Baja también se celebra esta festividad, concretamente en la localidad de Alfaro. Se celebra el 17 de Enero (aplazado desde hace pocos años al viernes más próximo a la festividad, por motivos de disponibilidad de los ciudadanos). Es tradición que los amigos se reúnan y realicen una hoguera. En sus brasas, se asarán diferentes productos: chistorra, panceta, salchichas blancas, costillas... y después de cenar, los amigos continúan animando la noche en torno a la hoguera.
• En la Comunidad Extremeña, San Antón también es patrón de la villa de Brozas en la provincia de Cáceres, fiesta que se celebra el 17 de enero con ofrendas de platos, bendición de animales y torcido del cordón.
lcortezgil
 
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor iCristinai » Sab Ago 30, 2014 2:11 pm

Quisiera compartir esta información con ustedes que he encontrado muy interesante.
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San Blas
Saint Blaise, San Biaggio
Blas de Sebaste, venerado como san Blas, fue un médico, obispo de Sebaste (Sebastensis armenorum) en Armenia (actual Sivas, Turquía), y mártir cristiano. Hizo vida eremítica en una cueva en el bosque del monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal. Fue torturado y ejecutado en la época del emperador romano Licinio, durante las persecuciones a los cristianos de principios del siglo IV.
Su culto se extendió por todo Oriente, y más tarde por Occidente. En la Edad Media, se llegaron a contabilizar solamente en Roma 35 iglesias bajo su advocación. Su festividad se celebra 3 de febrero en las Iglesias de Occidente y el 11 de febrero en las de Oriente.
Protector de animales y de personas con enfermedades y problemas de la garganta. Fue atrozmente martirizado en el 316 bajo el co-emperador Licinio.

Patron de Dubrovnik, Croacia
El reino maritimo de Ragusa, hoy Dubrovnik, fue amenazado de ataque por los venecianos en 971. La historia y la tradicion oral cuentan que San Blas se les aparecio en una vision a los habitantes de Ragusa para que impidieran el ataque. Desde entonces se le rinden honores y se le venera como santo Patron (Croatian Sveti Vlaho) y se construyo una estatua con el sosteniendo en su mano la ciudad y esta ubicada aen la entrada de la ciudad. Aunque la catedral de la ciudad esta dedicada a la Asuncion de Maria, el relicario contiene muchas reliquias de San Blas. Su festividad en el calendario religiosos es el tres de febrero.
http://www.catholicireland.net/saintoft ... nd-martyr/
Fundaciones, iglesias, monasterios que llevan su nombre
En Italia y en Sicilia hay muchas historias de San Blas y alli es conocido como San Biaggio. Una iglesia lleva su nombre en Lucania y otra esta en las montañas de la provincia Toscana justamente en las afueras de Montepulciano. En Dubrovnik tiene su propia iglesia.
Tradiciones y costumbres en las festividades
En Italia y en Sicilia en dondequiera que se dedique al trabajo lanar se celebra la fiesta de San Biaggio y panetonne y pequeñas tortas se hacen el 1ero de febrero y se bendicen y obsequian el 3. En la sierra de San bruno en Calabria, la galleta para San Biaggio se llama un abbacolo, del latin baculus: baston y se hornea en la forma de un signo de interrogacion o el cayado de un obispo. Los hombres jovenes de la ciudad se las ofrecen a sus novias y si esta parte la pieza en dos y le da una parte al chico, y ella se queda con la otra parte significa que se casaran.
Leyendas
En las cronicas se reporto un caso mientras era trasladado a la prision de por ordenes del gobernador local Agricolau, una señora cuyo cerdito le habia sido arrebatado por un lobo, se le acerco y le pidio ayuda, el le sonrio y dijo que su peticion habia sido escuchada y al rato aparecio el lobo con el cerdito y lo deposito a sus pies.
Tambien curo a un joven al que se le habia atascado un hueso de pescado en la garganta.
Se dice que habia sido medico antes de ser elegido obispo.
iCristinai
 
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor rosita forero » Sab Ago 30, 2014 6:17 pm

......


.. EL MONACATO


por hini
El monacato cristiano

Surge en Egipto, entre los siglos III y IV, con san Pablo Ermitaño y san Antonio Abad (considerados los primeros monjes cristianos), dando lugar a las primeras comunidades de "solitarios" en la Tebaida (Padres del desierto), quienes renunciaban al mundo material con el fin de seguir una vida de ascetismo y contemplación, orientada hacia las realidades divinas. Los cristianos de Egipto asumieron el monaquismo con tanto entusiasmo que el emperador Valente tuvo que limitar el número de hombres que podría convertirse en monjes. En su origen el monacato era "eremítico", después los monjes se fueron agrupando en comunidades, y fue san Pacomio quien redactó la primera regla para cenobitas, cuando los monjes comenzaron a reunirse en monasterios. El monasticismo fue exportado de Egipto al resto del mundo cristiano. A partir del siglo V se difundió en Occidente, uno de los aportes más ricos de la Edad Media.




Imagen.....

Anacoreta: viene de anachorein, retirarse, irse al monte, significa al que ha dejado al mundo.


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Monje: viene de Monachos, solitario; en los orígenes, el monasterio es la residencia de un monje.

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Eremita o ermitaño: viene de eremos, desierto, designa al que vive en el desierto, lejos de los hombres.

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Abba o Apa: Padre, Abad o superio



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Cenobita (koinos bios) designa al que lleva una vida común organizada


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Amma: Madre, Abadesa, superiora.



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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor Domitila 1956 » Sab Ago 30, 2014 9:45 pm

Muy buenas noches
Quiero hablarles de San Pafnucio el cual era un anacoreta que vivía en el desierto, se alimentaba de verduras, agua y sal. Su tiempo lo usaba en oración y penitencia, dejo su soledad por ser obispo de Tebaida, sufrió persecución le amputaron una pierna y le vaciaron el ojo derecho, se cuenta que el convertido emperador Constantino besaba con respeto y veneración.
Condeno el arrianismo y se dice que estuvo presente en el Concilio de Nicea dando testimonio con su cuerpo mutilado por la persecución de la que fue objeto aunque no hay pruebas concretas de que esto fuera cierto
Mostrándose abierto moderado y transigente se opuso a que los obispos presbíteros y diáconos dejaran a sus esposas para ejercer su ministerio pero no se les permitía casarse ya ordenados
En la cultura popular se dice que ayuda a encontrara los objetos perdidos. Esta escrito en el martirologio Romano el 11 de Septiembre [size=150]
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor Pachelli1960 » Mié Sep 03, 2014 2:03 pm

San Macario

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Saint Macarius the Egyptian.jpg
Padre del Desierto
Nacimiento ca. 300
Fallecimiento 390
Venerado en Iglesia Copta, Iglesia Católica, Iglesia Ortodoxa
Festividad 15 de enero

Santo Eremita egipcio llamado "Macario el viejo", "Macario el grande" o "Macario de Egipto".
Originario del alto Egipto, a la edad de 30 años es miembro de una colonia monástica al oeste del delta del Nilo en el lugar llamado Deir Abu Makar. Discípulo de San Antonio, remarcado por una santidad precoz, de la cual se le apodaba el «joven anciano».

Sacerdote a los 40 años, poseía el don de sanación y de profecía. firmemente opositor de la herejía de Arrio, fue, hacia el 374, exiliado a una isla del Nilo por el obispo arriano Lucio de Alejandría. Regresó, sin embargo al desierto para ahí terminar sus días a la edad de más de 90 años. Muerto hacia el año de 391.
Es conocido como uno de los Padres del yermo. Se le atribuyen 50 homilías griegas. Se celebra su fiesta el 15 de enero.

San Macario: santo penitente: consíguenos de Dios la gracia de hacer penitencia por nuestros pecados en esta vida, para no tener que ir a pagarlos en los castigos de la eternidad.

http://gloria.tv/?media=266230&language=3SsSaAhCEfb

Referencias[editar]
Este artículo contiene material del diccionario enciclopédico popular ilustrado Salvat de los años 1906 a 1914 que se encuentra en el dominio público.

Enlaces externos[editar]
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Macario el Viejo en el sitio de la Bibliotheca Augustana (Augsburgo).
Gracias
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor juaman2003 » Mié Sep 03, 2014 9:08 pm

Perdón por lo tarde de mi participación pero tuve problemas con mi equipo, espero ponerme al corriente lo mas pronto posible, los saludo desde monterrey, México, el tema que escogí fue el de san Benito la información se obtiene de la vida de los santos de buttler. A San Benito se le considera el padre del monasticismo occidental. Benito fue de noble alcurnia, nació y creció en el pueblo de Sabino de Nuria, desde su infancia se consagro a dios. a la edad de 13 o 15 años fue enviado a Roma para su educación, en esa época Roma estaba invadida por la barbarie, se considera que no existía un solo gobernador que no fuera pagano, ateo o erajes, la iglesia se encontraba estaba agrietada por los cismas de los últimos años del siglo V. en los colegios los jóvenes los vicios de los mayores. Benito asqueado de la licenciosa y temiendo contaminarse decidió abandonar Roma, a la edad aproxima de los 20 años. dirigiéndose al poblado de Enfide, en las montañas. pronto se dio cuenta que no fue suficiente haberse alegado de Roma; Dios lo llamaba para ser un ermitaño. En busca de la completa soledad partió para remontar las colinas hasta llegar a un lugar conocido como Subiano, en ese lugar se encontró con un ermitaño llamado Romano, el cual vivía en un monasterio cercano al lugar, el cual lo sirvió, vistiéndolo con una evito de piel, y lo conduzco al una cueva en una montaña rematada por una cueva alta con un acceso peligroso, en esa caverna Benito paso 3 años de su vida, ignorado por todos menos por Romano que guardando su secreto le llevaba diariamente pan, por medio de un canastillo que lo subía por medio de una cuerda. El primero que descubrió a Benito fue un sacerdote quien mientras preparaba su comida en un domingo de resurrección oyó que una voz que le decía "estas preparándote un delicioso platillo mientras Benito mi siervo Benito padece hambre" el sacerdote se puso a buscar al ermitaño al que encontró con gran dificultad, lo invito a comer diciéndole que ese día era de pascua. poco tiempo después Benito fue descubierto por otros pastores, quienes al principio lo tomaron por un animal salvaje por que estaba cubierto por una piel de vestía y por que no se imaginaban que era un ciervo de dios. Apartar de ese momento empezó a ser conocido y mucha gente lo visitaba, llevándole alimentos y recibiendo de él consejos.
San Benito también padeció las tentaciones de la carne y del demonio "cierto día cuando estaba solo, el espíritu maligno le puso en la imaginación el recuerdo de una muchacha que el había conocido años atrás e inflamo su corazón con un deseo que tubo gran dificultad para reprimirlo, casi vencido pensó en abandonar la soledad sin embargo ayudado por la gracia divina, encontró las fuerzas que necesitaba y viendo ahí un tupido matorral de espinas y zarzas, se quito las vestidura y se arrojo entre ellos, se revolcó hasta que todo su cuerpo quedo lastimado, curando las heridas de su alma.
En Vicovaro, Tivoli y en Subiaco, sobre la cumbre de un farallón que domina Anio residía una comunidad de monjes cuyo abad había muerto y por lo tanto decidieron pedirle a san Benito tomara su lugar lográndole convencer, pero advirtiéndoles que su modo de vida no coincidí. pronto se evidencio que sus costumbres y disciplinas no encajaban con los monjes, y estos intentaron matarlo poniendo veneno en su vaso, pero cuando este puso la cruz sobre el vaso como era su costumbre , el vaso se rompió y el se dio cuenta que lo querían envenenar, abandonado el monasterio y regresando a Subiaco, pero no para llevar una vida de retiro sino para empezar la gran obra que dios le había destinado.
Empezó a reunir a su alrededor a los discípulos que atraídos por su santidad, así como seglares que huían de la sociedad, como solitarios que Vivian en las montañas y grupos de santos monjes que se integraban en m pequeños monasterios. haciendo de ellos un solo rebaño, según su propio corazón integrado en una casa de dios y bajo una observancia regular, colocando a todos en doce monasterios hechos de madera y cada uno con su propio prior. El tenia la suprema dirección sobre todos los monasterios. asta hi no tenia escrito una regla propia pero los monjes de los doce monasterios aprendieron la vida religiosa siguiendo no una regla escrita sino solamente el ejemplo de los actos de San Benito.
fue tanta su fama que los propios romanos y ricos ponían a sus hijos bajo la educación de san Benito a fin de prepáralos para la vida monástica. pero así como gozo de fama también le aparecieron enemigos incluso dentro de la misma iglesia, como la de un indigno sacerdote llamado Florencio trato de arruinarlo pero como fracasaba trato de matarlo con un pastel envenenado pero un cuervo lo salvo. también trato de seducir a sus monjes introduciendo una mujer de mala vida a su monasterio. pero no lograr su propósito, San Benito al ver que lo que trataba el sacerdote era desprestigiar su obra prefirió retirarse. dejando todas las cosas en orden se retiro al territorio de Monte Cassino.
monte cassino había sido una ciudad importante pero debido a las constantes invasiones de los godos había reducido su población y se habían convertido al paganismo en un templo dedicado a Apolo sobre la cuesta del monte, después de 40 días de ayuno el santo se dedico a evangelizar y llevar a la gente a cristo. Obteniendo mucho converso con su ayuda procedió a destruir el templo , su ídolo y el bosque sagrado. construyendo sobre las ruinas dos templos y al rededor de estas empezó a construir, poco a poco el gran edificio que represento la abadía mas famosa que el mundo haya conocido,
indicándose su construcción en el año 530.
pronto este abadía fue reconocido con una gran importancia acudiendo a solicitar de San Benito, por parte de los dignatarios de la iglesia, consejo o intercambio de opiniones sobre los asuntos mas importantes en ese momento. Tal vez fue en ese periodo cuando San Benito, empezó su REGLA que en si representa, los métodos de entender su vida y disciplina. primeramente esa Regla esta dirigida a los monjes del Monte Cassino, pero hay razones para creer que fue escrita para todos los monjes de occidente. Pensó en proporcionar una escuela para el servicio del Señor, proyectada para principiantes por lo que el ascetismo de la Regla es notablemente moderado . cuando un ermitaño que ocupaba una cueva cerca de Monte Cassino encadeno sus pies a una roca,san Benito le envió una nota diciendo, " si eres verdaderamente un ciervo de Dios no te encadenes con hierro , sino con la cadena de Cristo.
la gran visión en la que Benito contemplo como un rayo de sol, a todo el mundo alumbrado por la luz de Dios resume la inspiración de su vida y de su Regla. curaba a los enfermos consolaba a los triste, distribuía limosnas y alimento a los pobres y se dice que en mas de una ocasión resucito a los muertos y así se mencionan diversos milagros que el santo realizo
Cuando la compañía sufría un hambre terrible dono todas las provisiones a la abadía, con excepción de cinco panes "No tenéis bastante ahora" digo a sus monjes pero mañana tendréis de sobra, a la mañana siguiente, doscientos sacos de harina fueron depositados por manos desconocidas en la puerta de monasterio.
cuando el rey godo Totila avanzaba triunfante atreves de Italia concibió el deseo de visitar a san Benito informándole de su llegada aceptando el Santo recibirle pero totila vistió a uno de sus hombres con sus ropas, al llegar el hombre ante San Benito este le digo " quítate esas ropas que no son tuyas. el hombre se regreso y le informo a Totila , entonces Totila fue personalmente ante San Benito y cayo postrado pero Benito lo levanto del suelo y le incrimino su por sus malas acciones y le predijo en pocas palabras lo que le sucedería. Al punto el rey imploro su oración y se marcho, pero después de aquella ocasión fue menos cruel esta entrevista tubo lugar en 542.
El santo que había vaticinado tantas cosas fue advertido con anterioridad de su propia muerte, se los notifico a sus discípulos y seis días antes del fin cavaron su tumba y tan pronto como estuvo hecha fue atacado de una fiebre. el ultimo día recibió el cuerpo y la sangre del Señor, murmurando unas palabras de oración y murió de pie en la capilla, con las manos levantadas al cielo. fue enterrado junto a santa Escolástica, su hermana, en el sitio donde antes se levantaba el altar de Apolo que el había destruido.
juaman2003
 
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Santa Tais

Notapor marthy23 » Sab Sep 06, 2014 10:39 pm

SANTA TAIS, LA PENITENTE (Siglo IV) Santoral: 8 de octubre
El calendario nos presenta en este día a la inocencia nunca perdida luchando en el amor a Cristo y en el afán de penitencia con la inocencia recobrada. Por un lado, la santa escandinava Brígida de Suecia, gloria de la corte de San Olaf, princesa por la sangre, reina por el espíritu sediento de lejanías terrenas y celestes, peregrina infatigable, que después de encerrar a su marido en un claustro para trasladarle desde allí a la gloria, baja de las nieves septentrionales, recorre la Europa central, llega hasta el fin de la tierra para visitar el sepulcro de Santiago, tuerce de dirección y penetra en el Oriente, siguiendo los caminos de su divino Crucificado, vuelve a fijar su residencia en Roma y sigue la corte de los pontífices, dejando volar a la vez su espíritu por los infinitos espacios de la teología y de la mística en maravillosas revelaciones, cuyo relato trae hasta nosotros el varonil aliento de aquella alma inquieta y apasionada (1302-1372).
Pero al lado de Brígida, margarita perenne entre los hielos del Norte, aparece la rosa de Alejandría, que después de marchitarse al contacto abrasador de los fuegos del desierto, vuelve a renacer más bella bajo la caricia de los aires de la gracia. Es Tais, la bella pecadora, que despertaba gérmenes de tentación hasta en los carcomidos anacoretas de la Tebaida. Su nombre ilustra las hagiografías antiguas y los poemas modernos. Las leyendas contaron su gesta prodigiosa y los poetas celebraron su deslumbrante hermosura. Allá en el siglo x, siglo de hierro y de oscuridad, una monja alemana, Roswita, hacía de ella la protagonista de una de sus producciones dramáticas, y frente a ella colocaba la figura austera del santo anacoreta, galán afortunado, que lograba dominar aquel veleidoso corazón.
Serapión estaba triste al ver las almas que caían en las redes de la cortesana alejandrina; pero he aquí que deja su túnica de piel de oveja y su cilicio metálico, se lava por primera vez desde hace muchos años, derrama sobre su cabeza el bálsamo hecho de resinas y flores maceradas, cubre su cuerpo con una brillante túnica de escarlata, se echa al cuello una cadena de oro, y apoyandose en su bastón de puño de marfil, emprende la marcha en dirección a la ciudad.
Tais vive en la inmensa plaza donde se juntan las dos calles principales, de sesenta metros de anchura. Su casa es elegante y señorial: pórtico de columnas y capiteles, amplio peristilo, en cuyo centro se esconden, entre palmeras, deliciosos rincones adornados y perfumados por los rosales, los terebintos y los miosotis; largos senderos de mullidas alfombras polícromas, lo más exquisito de las fábricas de Egipto y Capadocia. Serapión los pisa confiado, como si no hubiera pasado lo mejor de su vida lejos del contacto con los hombres. Una fuerza interior le guía. No ha dudado, ni ha temblado siquiera. cuando poco antes de pisar los umbrales, unos muchachos le han ponderado la seducción irresistible de la cortesana.
Hele, al fin delante de la mujer terrible. La mira sin vacilar, clavando en los ojos de ella sus ojos profundos, acostumbrados a las lejanías de los cielos y de los desiertos. Por vez primera, Tais se acobarda delante de un hombre.
—¿Quién es este desconocido enigmático? dice, volviendo la mirada, con un gesto de turbación y desprecio a la vez.
—Soy un hombre que te ama—dice el falso galán.
—¡Bah!—musita ella—; eso mismo me dicen todos.
—Pero sólo yo te lo digo sin engaño. ¡Oh Tais, Tais! ¡Qué viaje tan largo he tenido que hacer sólo por tener la dicha de hablar contigo; de verte, de gozar este momento único!
Estas palabras habían despertado una gran ,curiosidad en la bella alejandrina. Este hombre, pensaba, no es un hombre vulgar; tal vez un príncipe lejano; tal vez un poeta famoso, peregrino de aventuras... Ella, que despreciaba a los hombres, no importándole más que su dinero y su adulación, preguntaba ahora casi vencida:
—Pero ¿quién eres tú? ¿Cuál es el secreto de tu vida?
—Bien dices—respondió el solitario—; tengo cosas muy íntimas que decirte.
Y como en este momento se oyese allí cerca el rumor que levantaba el ir y venir de los esclavos, añadió:
—¿No podríamos ir a otro lugar más retirado?
—Ven—dijo Tais levantándose y cogiendo a su huésped del brazo—; aquí tengo una salita muy mona y recogida, que sólo dos conocemos: Dios y yo.
—¡Dios! ¿Pero tú crees que Dios la conoce también?
—Así debe ser, pues dicen que no se le oculta nada.
—No entiendo; pero si Dios lo ve todo, debe importarle muy poco lo que hacen los hombres, bueno o malo.
—Precisamente los filósofos y los obispos enseñan todo lo contrario.
Por estas palabras comprendió el solitario toda la inconsciencia de aquella mujer y el verdadero estado de su alma. La suya se llenó de angustia y compasión, y no pudo retener un grito que salía de lo más profundo de su alma.
—¡Oh Cristo!—exclamó—. ¡Cuán grande es la benignidad de tu paciencia con nosotros! Ves pecar a los que te conocen, y sin embargo, aguardas, aguardas para no perdernos.
Había cambiado de color, su voz temblaba y sus ojos estaban llenos de lágrimas.
—¡Desgraciada!—continuó—. Tu locura me da miedo. Lloro tu perdición. Sabes todas esas cosas, y no cesas de arrastrar las almas a la muerte.
—Pero ¿tú quién eres? ¿A qué has venido aquí? ¿Por qué me atormentas?
Así preguntaba la pobre mujer, sin acabar de comprender todavía. Temblaba, vacilaba. Serapión la veía próxima a rendirse; y continuó su obra, más esperanzado, hablando del miedo del infierno, de las dulzuras del amor de Dios, de la vanidad de los bienes terrenos. Su voz pasaba de las blandas inflexiones del amor a los terribles apóstrofes de la indignación. Sus ojos relampagueaban al describir las sendas dolorosas del pecado. La pecadora no pudo resistir. Deshecha en lágrimas, temblando como una hoja, cayó a sus pies exclamando:
—Tú eres un enviado de Dios; habla, dime lo que tengo que hacer...
—Huir—dijo el solitario—, hacer penitencia, esconderte de tus amadores.
—Huiré, haré cuanto dices; pero déjame una hora para disponer de estas riquezas.
—No te preocupes por ellas; ya habrá quien las recoja.
—No es que quiera recogerlas o dárselas a los amigos; ni los pobres mismos deben participar de ellas, porque son el precio del pecado.
Poco después, la gran ciudad, acostumbrada a todas las novedades, veía el más extraño espectáculo. En la gran plaza se alzaba una pira inmensa. Sedas de la India, púrpuras y espejos de la Fenicia, ánforas de Cádiz y Sagunto, tapices de Siria, alhajas, pulseras, anillos, muebles de maderas preciosas, collares de perlas y brillantes, alfileres y ajorcas de oro, clámides y muselinas estatuas y pinturas, todo ardía, pintando el azul del cielo de rojizos resplandores. Los curiosos se aglomeraban alrededor de las llamas, diciendo burlones:
—La famosa cortesana se ha vuelto loca.
Entretanto, Tais entraba en una trirreme y se alejaba de Alejandría siguiendo el curso del Nilo. Allá, en el fondo de la Tebaida, conocía Serapión un convento de mujeres adonde no llegaban los ruidos mundanos. En él dejó a la bella alejandrina meditando sólo ideas de penitencia. Abrió en el muro de la basílica un agujero le volvió a tapiar, y allí dejó a su discípula, sin más que un pequeño ventanillo para comunicarse con el mundo que ella tanto había amado. La pobre mujer, acostumbrada a la libertad y a los regalos, temblaba al entra en,aquella cárcel oscura, pero tan firme había sido su resolución, que ni el recuerdo de los placeres perdidos ni la perspectiva de la espantosa soledad, pudieron hace vacilar un momento su espíritu. Allí quedó abandonada a su tristeza y a la misericordia de Dios. Su alma estaba en llagas por efecto de la contrición. Sus ojos eran dos fuentes de lágrimas. El sueño huía de ellos, ahuyentado por las alas negras del cuervo de la inquietud. Ya no le importaba lo que había dejado y quemado: sólo su felicidad eterna la preocupaba. Lloraba y rezaba, sin atreverse a levantar aquellos ojos que lanzaran flechas de fuego por las calles de la ciudad. Su oración era siemp la misma. Dolorida, humilde, temblorosa, clamaba si cesar: "¡Oh Tú que me criaste, ten compasión de mi!"
La misma incertidumbre atormentaba a Serapión en su choza lejana. Muchas veces pensaba en su cautiva ¿Qué será de ella? ¿Habrá lavado ya las manchas de sus pecados? Pero he aquí que llega un discípulo suyo y dice:
—Padre, he tenido una visión. Había en el Cielo un lecho adornado de paños blanquísimos. Cerca de él, y como guardándole, estaban cuatro vírgenes hermosísimas. Encima, una claridad apacible, de la cual yo no podía apartar los ojos, "Nadie más digno de esta gloria, decía yo en mi interior, que Serapión, mi padre y maestro."
--No, hijo mío—dijo el anacoreta—, tu padre no es digno de tanta ventura. Estoy oyendo una voz que me dice: Esa gloria la destina Dios a Tais, la meretriz...
Habían pasado tres años, tres años de lágrimas y penitencias, cuando, una tarde, la reclusa oyó que la decían desde fuera:
—Tais, hija mía; ábreme el ventanillo, que quiero hablarte.
—¿Quién es? ¿Quién se acuerda de mí?
—Soy Serapión, tu padre; vengo a que me hables de la historia de tu vida y del fervor de tu arrepentimiento.
—Sólo sé decir que no he hecho nada digno de Dios. Recogía como en un ramillete mis innumerables pecados, y los ponía delante de mis ojos, pensando en los suplicios del infierno.
—Y Dios te ha perdonado, hija mia.
Dijo el monje con tal seguridad estas palabras, que la santa emparedada tuvo súbitamente la certidumbre del perdón divino. Su frente se ilumino, una oleada de agradecimiento inundó su mirada, y su corazón se ensanchaba con una felicidad que no había sentido en los días de sus mayores triunfos. Tan grande fue la alegría que aquel cuerpo gastado por la penitencia y por el tormento interior de la lucha del espíritu consigo mismo ya no pudo resistir más. Los labios de la santa purificados ya por el fuego de las jaculatorias, pudieron aún repetir una vez más su oración favorita "¡Oh Tú que me creaste, ten compasión de mi!"'
No lejos del Nilo, en los alrededores de Antinoé, la ciudad del emperador Adriano, se encontró a principios de este siglo la tumba de Serapión el anacoreta. Su momia aparecía cubierta del tosco sayal oscuro y acompañada de las pesadas cadenas con que quiso martirizarse en la vida. Del cuello le colgaba un feo collar de hierro sosteniendo una cruz. Bajo una bóveda cercana reposaba la momia de una mujer. La durmiente había querido presentarse a Cristo con los mejores atavíos de los días de fiesta, guiada por aquel mismo pensamiento que hacía decir a San Macario: "Guardo mi vestido nuevo para comparecer delante del Señor." Viste una túnica inferior de lino, guarnecida en los bordes de una banda de terciopelo azul con dibujos de flores de un color pálido oscuro. Sobre la túnica, un manto de lana amarillo, adornado de franjas de seda con medallones, arabescos y hojas estilizadas de tonos mortecinos. Los pies se esconden en pequeñas sandalias de cuero, con realces de filigranas doradas, entre las cuales campea la cruz, y los cabellos en una amplia gasa de color carmín, que cuelga holgadamente por la espalda. Cubriendo el rostro de la yacente había un canastillo de mimbre, que nos recuerda la costumbre primitiva de colocar la sagrada Eucaristía en los sepulcros, según aquellas palabras de San Jerónimo: "Nadie es más dichoso que aquel que guarda el cuerpo del Señor en un cestillo de mimbres." Sus manos sostenían una rosa de Jericó, la anastásica, la flor que resucita como Jesús, símbolo de la inmortalidad. Unas tablitas de madera y de marfil, taladradas con muchos agujeros, descansaban sobre el pecho. Era un instrumento para llevar la cuenta exacta, de las oraciones: un rosario. Cerca de ellas, una cruz ansada, que en el viejo Egipto era una figura de la vida y del eterno renacimiento; y bajo cada uno de los brazos, tocando la frente con las extremidades, dos palmas, símbolo clásico de gloria y de renovación. A un lado del nicho se leía esta inscripción en letras rojas:
"Aquí descansa Tais, la bienaventurada." FRAY JUSTO PÉREZ DE URBEL
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor gutierrezdaniel74 » Dom Sep 07, 2014 6:30 pm

Amigos: agrego nuevamente mi búsqueda sobre SAN PACOMIO. Les saludo cordialmente!

SAN PACOMIO

Biografía:

San Antonio, junto con San Pacomio y San Basilio, sintetizan el monacato oriental desarrollada en la región sirio-palestina.
San Pacomio nació en el Alto Egipto el año 287, de padres paganos. Enrolado a la fuerza en el ejército Imperial a la edad de 20 años, acabó en prisión en Tebas con todos los reclutas. Protegidos por la oscuridad, los cristianos les llevaban un poco de alimento. El gesto de los desconocidos conmovió a Pacomio, quien preguntó quién los incitaría a traer esto. “El Dios de los cielos” fue la respuesta de los cristianos. Aquella noche Pacomio rezó al Dios de los cristianos que lo liberara de las cadenas, prometiéndole a cambio dedicar su propia vida a su servicio.
Tan pronto recobró su libertad cumplió el voto uniéndose a una comunidad cristiana de una aldea del sur, la actual Kasr-es-Sayad en donde tuvo instrucción necesaria para recibir el bautismo.
Deseoso de llevar una vida lo más santa y austera posible, se retiró a hacer vida de ermitaño junto a uno de los templos de Serapis (el dios médico), ya en ruinas. Quizá se inspiró en los monjes egipcios de Serapis, o quizá quiso ofrecer una fórmula alternativa a la vida solitaria, el caso es que creó un nuevo concepto de vida religiosa en comunidad, basada en el trabajo. Los monasterios que creó eran auténticos centros fabriles.

San Pacomio entendía a la comunidad como camino de encuentro con Dios: El anacoretismo había alejado el servicio Divino de los hombres. Pacomio lo une en la vida comunitaria. Quiso una koinonía al estilo de vida de la primera comunidad de Jerusalén. Entonces la vida comunitaria tenía tres pilares: ponían en común todos los bienes, tenían una misión mutua, guardaban fidelidad a la Regla común para todos.

Fundaciones:

Su primer monasterio lo fundó en Tabennisi, junto a Denderath. Al morir dirigía nueve monasterios de monjes y dos de monjas. Un monasterio pacomiano era una pequeña ciudad, que contaba incluso con naves en el Nilo para acarrear la materia prima y llevar a los mercados los productos manufacturados por los monjes y monjas. Tuvo una gran aceptación la propuesta monástica de san Pacomio, porque era mucho más flexible que la vida eremítica en cuanto a austeridad y mortificación. Existían unos mínimos para todos los monjes, a partir de los cuales cada uno podía añadir lo que quisiera. El monasterio era un conjunto de construcciones rodeado por un muro. En un monasterio de estas características podían vivir más de mil monjes. En cada edificio vivían y trabajaban y hacían la oración de cada día 40 monjes. Los monjes de cada cuatro edificios, formaban una tribu (160 monjes). Y en un monasterio podía llegar a haber hasta 10 tribus. En cada casa había un prepósito (un monje que estaba al frente de todos) y el conjunto del monasterio era gobernado por un abad. Los sábados y los domingos, los oficios divinos revestían especial solemnidad y se celebraban en la iglesia del monasterio.
El monasterio producía libros, calzado, muebles, tejidos, productos agrícolas, etc. Una institución que se hizo célebre y que mantuvo su nombre en la Edad Media fueron las "pacomias," que así se llamaron durante siglos a las reuniones de los frailes para tratar temas religiosos, filosóficos, ascéticos, morales, etc. Esta práctica fue imitada por muchas otras órdenes religiosas, que así han venido denominándolas, en honor de su fundador. Tras la muerte de San Pacomio en 351 llegaron a ser 2000 monjes sólo en Alejandría.

Leyendas del Santo:

Un día que oraba a solas en el desierto de Tabenna, una voz le dijo: "Pacomio, quédate aquí y construye un monasterio. Porque muchos hombres dispuestos a convertirse en monjes vendrán a encontrarte aquí”. Consultado a Palamón, su maestro, le confirma que este es un llamado de Dios, y Pacomio regresa a vivir en Tabenna. Al poco tiempo, los discípulos se acercaron. Pacomio establece una regla: cada uno trabaja por su lado, pero el fruto del trabajo y la comida son comunes. Por desgracia, el grupo se niega a ser guiado por Pacomio, con lo que se ve obligado a mandarlos fuera. Poco después, se presentan tres candidatos llenos de ardor. Pacomio les recibe y, para darles una sólida formación teológica y espiritual, les explica las Escrituras todos los días en una conferencia.

Tradiciones:

Uno de legados de San Pacomio a la tradición de la Iglesia fue la llamada Regla de San Pacomio, la cual se trata de Prescripciones, Sentencias, Leyes del “Hombre de Dios que fundó la Vida Cenobítica en sus orígenes por Orden de Dios”. En la Regla se organiza la vida monástica, como así también establece las acciones necesarias para que los monjes aprendan a leer y escribir, especialmente para conocer la Sagrada Escritura. Todo este legado con su riqueza espiritual y práctica pasó a Occidente con San Benito.
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor Tablita » Mar Sep 09, 2014 9:40 pm

TEMA I MONJES, EREMITAS Y ANACORETAS PADRES DEL DESIERTO.

Que hermosa historia la de San Pafnucio, no cabe duda que de los Santos aprendemos mucho sobre todo su entrega al amor a Dios.

San Pafnucio
Obispo de Tebaida, siglo IV
11 de Septiembre (no aparece en el santoral litúrgico actual)

San Pafnucio fue anacoreta y como tal su vida en el desierto era muy rigurosa y sencilla, dedicada a la oración y la penitencia. Por su santidad atrajo a su cueva a muchos que venían a escucharle.

Fue nombrado obispo de Tebaida y por defender la fe le persiguieron. Le amputaron una pierna y le vaciaron un ojo.

Estuvo presente en el Concilio de Nicea, donde defendió la divinidad de Cristo contra el arrianismo. Demostró que su vida rigorosa y sus grandes sufrimientos por Cristo le habían hecho un hombre San Pafnuciohumilde y gentil.

Se venera en México, en el templo Santa Inés que se encuentra en las calles de Moneda y Academia en la Ciudad de México.

jaculatoria

Concédenos amado san Pafnucio, por tu austera penitencia, que nunca venga el pecado a manchar nuestra conciencia.
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor Al+100cia » Lun Sep 15, 2014 9:02 pm

Hola peregrinos!!!
Gracias Hini :)

Repasar me permite reponer mi aporte sobre este tema

[1] TAIS, la meretriz de Alejandría, pecadora que se arrepintió…

Pafnucio, monje del desierto, fue a Alejandría para convertir a Tais, y la cortesana más bella y rica de Egipto hizo una pira con su palacio y se recluyó en un convento de la Tebaida para hacer penitencia hasta su muerte.

[2] Se educó como cristiana, pero la vida, sus encantos, el acoso de los finos, el hambre de placer y el atractivo de las riquezas estropearon tanto la acción de la gracia que pareció no conocerla.
Pafnucio…la recordaba de años atrás y sentía dolor, más que quien tiene una astilla clavada en el cuerpo, por la perdición y escándalo de la cristiana.

[3]Intercesora de pecadores arrepentidos que llevaron una vida desordenada

[4] “La rosa de Alejandría, que después de marchitarse al contacto abrasador de los fuegos del desierto, vuelve a renacer más bella bajo la caricia de los aires de la gracia.”

[5] Hroswitha de Gandersheim (935-1002) escribió en latín la obra Pafnutius en la que aparece Santa Thais. Aquí está San Pafnucio dirigiéndose a la abadesa del convento del desierto, en relación con el cuidado de Thais:

"Te he traído una pequeña cabra medio muerta, recientemente arrancada de los dientes de los lobos. Confío en que por tu compasión se le asegure un refugio, y que por tu cuidado, [ella] sea curada, y que habiendo arrojado a un lado la áspera piel de una cabra ella será vestida con la suave lana del cordero."

[6]Convertida por el santo anacoreta; a su muerte deja un ejemplo para todos aquellos que creen que al ser pecadores no tienen salvación, sin confiar en la misericordia de Dios…Goza de una posición desahogada, pero en el fondo no se siente feliz; disfruta de riquezas y lujos, pero el vacío interior es grande… conoce a san Pafnuncio , ermitaño que vive en la soledad del desierto de la Tebaida, consagrado a Dios, en la oración, el estudio y la penitencia. El ermitaño es su guía espiritual y con su consejo Thais, arrepentida de su vida licenciosa, deja su conducta disipada.

[7]Es un consuelo encontrar en la tierra los rastros de quienes, habiendo sido presa del desarreglo, de la mala vida que por algún tiempo juzgaron como buena, del desorden y la lejanía de Dios, pues,... resulta que han sido gente que se salva. Sí, son una gran luz en la oscuridad que alienta la esperanza de los que somos más, de los pecadores.

1-http://evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=saintfeast&id=12250&fd=0
2-https://www.ewtn.com/spanish/saints/Pelagia_8_octubre.htm
3- http://www.es.catholic.net/santoral/art ... p?id=13583
4- http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/10 ... itente.htm
5- http://es.wikipedia.org/wiki/Thais_(santa)
6- http://www.laverdadcatolica.org/SantoralOctubre2010.htm
7- http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=429
Al+100cia
 
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor Faustinak » Mié Sep 17, 2014 9:42 pm

San Antonio Abad.

Nació en el pueblo de Comas, cerca de Heracleópolis Magna, en el Bajo Egipto. Se cuenta que alrededor de los veinte años de edad vendió todas sus posesiones, entregó el dinero a los pobres y se retiró a vivir a una comunidad local haciendo vida ascética, durmiendo en un sepulcro vacío. Luego pasó muchos años ayudando a otros ermitaños a encaminar su vida espiritual en el desierto. Más tarde se fue internando mucho más en él, para vivir en absoluta soledad.

Es el patrón de los animales ya que le agradaban mucho y siempre los cuidaba. Se le suele representar acompañado de un cerdo.

De acuerdo con los relatos de san Atanasio y de san Jerónimo, popularizados en La leyenda dorada del dominico genovés Santiago de la Vorágine en el siglo XIII, Antonio fue reiteradamente tentado por el demonio en el desierto. La tentación de san Antonio se volvió un tema favorito de la iconografía cristiana, representado por numerosos pintores de importancia.

Su fama de hombre santo y austero atrajo a numerosos discípulos, a los que organizó en un grupo de ermitaños junto a Pispir y otro en Arsínoe. Por ello, se le considera el fundador de la tradición monacal cristiana. Sin embargo, y pese al atractivo que su carisma ejercía, nunca optó por la vida en comunidad y se retiró al monte Colzim, cerca del Mar Rojo, en absoluta soledad. Abandonó su retiro en 311 para visitar Alejandría y predicar contra el arrianismo.

San Jerónimo, en su vida de Pablo el Simple, un famoso decano de los anacoretas de Tebaida, cuenta que Antonio fue a visitarlo en su edad madura y lo dirigió en la vida monástica; el cuervo que, según la tradición, alimentaba diariamente a Pablo entregándole una hogaza de pan, dio la bienvenida a Antonio suministrando dos hogazas. A la muerte de Pablo, Antonio lo enterró con la ayuda de dos leones y otros animales; de ahí su patronato sobre los sepultureros y los animales.

Se cuenta también que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. Antonio curó la ceguera de los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se acercara. Pero con el tiempo y por la idea de que el cerdo era un animal impuro se hizo costumbre en ocasiones representarlo dominando la impureza y por esto le colocaban el cerdo a sus pies.

Reliquias y orden monástica:
Se afirma que Antonio vivió hasta los 105 años, y que dio orden de que sus restos reposasen a su muerte en una tumba anónima. Sin embargo, alrededor de 561 sus reliquias fueron llevadas a Alejandría, donde fueron veneradas hasta alrededor del siglo XII, cuando fueron trasladadas a Constantinopla. La Orden de los Caballeros del Hospital de San Antonio, conocidos como Hospitalarios, fundada por esas fechas, se puso bajo su advocación. La iconografía lo refleja, representando a san Antonio con el hábito negro de los Hospitalarios y la tau o la cruz egipcia que vino a ser su emblema.

Tras la caída de Constantinopla, las reliquias de Antonio fueron llevadas a la provincia francesa del Delfinado, a una abadía que años después se hizo célebre bajo el nombre de Saint-Antoine-en-Viennois. La devoción por este santo llegó también a tierras valencianas, difundida por el obispo de Tortosa a principios del siglo XIV.

La orden de los antonianos se ha especializado desde el principio en la atención y cuidado de enfermos con dolencias contagiosas: peste, lepra, sarna, enfermedades venéreas y sobre todo el ergotismo, llamado también fuego de san Antón o fuego sacro o culebrilla. Se establecieron en varios puntos del Camino de Santiago, a las afueras de las ciudades, donde atendían a los peregrinos afectados.

El hábito de la orden es una túnica de sayal con capuchón y llevan siempre una cruz en forma de tau, como la de los templarios. Durante la Edad Media además tenían la costumbre de dejar sus cerdos sueltos por las calles para que la gente les alimentara. Su carne se destinaba a los hospitales o se vendía para recaudar dinero para la atención de los enfermos.

Existió otra antigua orden, llamada Orden de san Pablo y san Antonio Abad hasta los años 40 del siglo XX, de carácter semianacorético (con similitudes propias de los cartujos y los camaldulenses). Esta orden se dividió entre sus miembros, en la que algunos se integraron dentro del Carmelo Descalzo , en 1957, y los demás formaron la Congregación de Fossores de la Misericordia dedicada al cuidado de los cementerios. Existe una congregación posterior a esta orden, que ha tomado el mismo nombre, Congregación de ermitaños de san Pablo y san Antonio. Sus dos únicos monasterios están en la isla de Mallorca.
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor Faustinak » Mié Sep 17, 2014 9:57 pm

San Pablo de Tebas:

A la era de los mártires va a suceder la de los monjes, y tras de las rosas espléndidas de la persecución se nos presentan las flores perfumadas de la soledad. Y si es maravilloso y escalofriante el relato de la muerte de los héroes inmortales de la fe, no va a ser menos gloriosa la historia de los atletas de la penitencia, que hicieron popular el nombre de la Tebaida. Es una historia llena de variedad; la emoción patética se junta con ella con la más alta grandeza moral, y lo sublime se roza con una épica sencillez.

El San Esteban de aquella raza de hombres, ingenuos como niños y fuertes como gigantes, el protoeremita, es San Pablo el Tebano. Fue la persecución quien llevó al desierto a este primer explorador de sus maravillosos tesoros. Decio acababa de lanzar sus decretos de proscripción contra los adoradores de Cristo (250). Unos morían generosamente en los tormentos; otros se consumían en los calabozos; otros renegaban cobardemente de la fe. Alma heroica, Pablo escuchaba los relatos que llegaban de Alejandría o de Roma, orgulloso de su nombre de cristiano; pero su carne se estremecía al pensar en aquellos tormentos. El terror o la prudencia le obligaron a esconderse con una hermana suya en una casa de campo, situada no lejos del Nilo, en aquella parte de la Tebaida inferior donde había nacido. Era entonces un muchacho de dieciséis años, rico, generoso, de suaves maneras y bien preparado en las letras egipcias y helénicas. De pronto averigua que los perseguidores se preocupan de él, y que su acusador es el marido de su misma hermana. Apreciando su fe más que todas las riquezas, huye de nuevo, abandona todas sus posesiones y ya no se le volvió a ver en su casa.

Su intención era, al principio, ocultarse mientras pasaba la Tormenta; pero poco a poco los horrores del desierto le parecieron más amables que las delicadezas de la ciudad, y la compañía de las fieras más grata que el trato con los hombres. Después de caminar varios días por tristes arenales, vio una montaña blanca, que erguía su cabeza desnuda en medio de la soledad y corrió a ella, presintiendo que allí había de encontrar el abrigo que necesitaba. No tardó en descubrir la boca de una gruta, cuya entrada aparecía interceptada por un gran bloque de piedra. Retiróle como pudo, y dio con un vestíbulo formado por las ramas entrelazadas de una palmera, y al pie, una fuente cristalina, cuyas aguas se perdían en la tierra a poca distancia del manantial. Todo el paraje estaba sembrado de ruinas de edificios, de limaduras metálicas, de fragmentos de yunques, buriles y martillos, restos de una ceca furtiva que allí había funcionado en tiempo de Cleopatra. «Buen lugar para esconder malhechores—se dijo el fugitivo—; las autoridades romanas no podrán encontrar a un cristiano en este refugio de fieras.» Y allí se quedó, sin pensar más en las riquezas que había dejado allá lejos, ni en el porvenir brillante que le aguardaba, ni en sus amigos, ni en sus maestros. Cuando sus vestidos se le cayeron hechos pedazos, se hizo una túnica con hojas de palmera. Las hojas del árbol le vestían, su fruto le alimentaba, el agua de la fuente apagaba su sed.

Pasaron diez, veinte, cincuenta años; pasó casi un siglo. Siempre la misma vida: rezar y meditar, meditar y rezar y luchar con el enemigo bajo un cielo caliginoso, en un campo abrasado por los rayos del sol, entre el misterio silencioso de la soledad, taladrado por los rugidos largos y solemnes de los leones. Todo igual en la tierra calcinada; y era preciso alzar mucho la vista para percibir, en la dulzura de los ocasos, los espejismos suntuosos del crepúsculo, creando mundos ideales, paisajes inauditos, montañas de fuego, que coronaban caprichosas cresterías; torres místicas, que escondían sus cabezas en el infinito; suaves lagos, donde palpitaban aguas de nácar o de amatista; vastos ríos, unas veces rojos, otras verdes, otras azules, como aquel Nilo milagroso que fecundaba las tierras de Egipto. Pero el solitario, aquel solitario que durante veinte lustros no habló más que con Dios, el más perfecto solitario que ha existido jamás, despreciaba todo aquel aparato fugitivo, como los bienes de la tierra, para fijar sus ojos en el mundo del otro lado, aquel que siempre se presentaba a su vista con la misma riqueza, con el mismo hechizo, con la misma hermosura inalterable. Aunque hubiera tenido que vivir cien siglos en aquella gruta no se habría cansado de contemplarle.

Pero un amanecer oyó ruido a la puerta de la cueva. Primero, el rodar de un cuerpo que se desplomaba junto a la puerta de la entrada. ¿Será una lucha de San Pablo de Tebasfieras?, pensó, y rápidamente cerró la puerta. Después, una voz temblorosa y suplicante. «Seguramente—decía—tú sabes quién soy; Dios te lo ha revelado. No soy digno de verte, pero no me cierres la caverna que está abierta a las bestias feroces. Te he buscado a través de todos los peligros, y dispuesto estoy a aguardar la muerte llamando junto a tu palacio.»

Pablo no se había olvidado de hablar. «Nadie suplica con voz amenazadora. ¿Cómo quieres que te reciba si dices que vienes para morir?» Tampoco se había olvidado de sonreír. Sonreía beatíficamente, mientras abría la puerta y se dejaba caer en los brazos del extraño visitante, pronunciando esta sola palabra:

—¡Antonio!

—¡Pablo!—respondió el recién venido, y los dos viejos se dieron un largo abrazo.

Eran dos viejos, efectivamente: Antonio, el padre ilustre de los monjes egipcios, tenía entonces noventa años; Pablo, el primer ermitaño, más de ciento. Dios era el que milagrosamente disponía aquel encuentro memorable que la inspiración ha inmortalizado en los lienzos y en los poemas. Aquel día los dos rezaron juntos, dieron gracias a Dios, y nuevamente cambiaron el ósculo de paz. Después se sentaron al pie de la palmera y charlaron amistosamente. «Aquí tienes al hombre que has buscado con tanto afán: un verdadero carcamal, una casa llena de goteras; una vejez que se desmorona y una cabellera blanca e inculta.» No hay nada más bello y más humano que este pudor que siente al verse de nuevo ante los hombres el que casi un siglo antes, bello, joven, sonriente, había abandonado la compañía de los hombres. «Pero la caridad todo lo disimula», añade, y sintiendo la necesidad de ponerse de nuevo en contacto con sus semejantes, pregunta: «Dime, ¿cómo va el mundo? ¿Quién reina en él? ¿Se hacen nuevos edificios? ¿Hay todavía hombres ciegos que adoran a los demonios?»

Rápidamente fue Antonio relatando al anacoreta las cosas que habían pasado en la tierra desde hacía un siglo, los horrores de la última persecución, la conversión de Constantino, la derrota de la idolatría, la aparición del egipcio Arrio, la gloria de Nicea, la lucha contra los herejes, en la cual derrochaba prodigios de ciencia y de valor Atanasio, el patriarca de Alejandría, «este grande hombre—decía Antonio—, que es el defensor de la divinidad del Verbo y la lámpara de la Iglesia, y cuyo manto guardo yo como un tesoro celestial». Así hablaba el monje, cuando un cuervo, revoloteando sobre su cabeza, vino a posarse cerca de él, trayendo un pan en el pico. «Mira, hermano—dijo Pablo, sonriente—. Hace sesenta años que Dios me envía de ésta manera medio pan; pero hoy, por estar tú, se ha doblado la ración.» Los dos viejos renovaron la acción de gracias y comieron sentados junto a la fuente. Pero al llegar el momento de partir el pan, suscitóse entre ellos una acalorada disputa. Decía Pablo que el deber de la hospitalidad le obligaba a ceder a Antonio aquel honor; Antonio, en cambio, insistía en los derechos de la vejez. Al fin, convinieron en que cada uno tomase una parte de pan y, tirando en sentido contrario, guardase la parte que se quedase en sus manos.

Durante la refección, Pablo dijo a su comensal: «Has de saber, hermano, que mi última hora se acerca. Habiendo deseado siempre estar unido con Cristo, sólo me queda recibir la corona de la justicia. Ruégete, por tanto, hermano mío, que vayas a buscar el manto del grande Atanasio, y vuelvas para enterrarme con él, pues quiero morir en su fe.» Lloró Antonio al oír estas palabras, pero no se atrevió a replicar; y así, bajando los ojos y las manos, se volvió hacia sus discípulos: «¡Ay de mí, miserable pecador!—decía al verse de nuevo en medio de ellos—. ¡Ay de mí, que llevo sin merecerlo el nombre de solitario! He visto a Elias, he visto a Juan en el desierto; o, hablando en puridad de verdad, he visto a Pablo en un paraíso.» Y dejando intrigados a sus discípulos con estas lamentaciones, desapareció otra vez, perdiéndose en la llanura. A los tres días llegó a la caverna de las maravillas; pero ya no encontró a su amigo, sino sólo el cadáver, de rodillas, con la cabeza levantada y los ojos clavados en el cielo. Agobiado por el dolor cayó al suelo, y con la cabeza hundida entre la arena, decía: «¡Ay, Pablo, hermano mío!; ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué no he merecido siquiera despedirte? ¿Por qué te pierdo tan pronto habiéndote conocido tan tarde?» Después, repuesto del dolor, el buen viejo lavó el cuerpo de su amigo, le cubrió con el manto del patriarca, y, rezando himnos, le sepultó al pie de la palmera. Al volver a su monasterio, entornaba una y otra vez la cabeza, como si no acertase a separarse de aquel lugar. Sólo le consolaba en su tristeza la túnica de hojas de palmera, recuerdo precioso del muerto, que en adelante se pondrá él todos los años en los días solemnes de Pascua y Pentecostés.

San Jerónimo, narrador de este relato, le termina con estas bellas reflexiones: «Yo pregunto a los que tienen fortunas fabulosas, yo les pregunto: ¿Qué es lo que ha faltado a este viejo despojado de todo? Vosotros bebéis en copas de piedras preciosas; él saciaba su sed con el cuenco de la mano. Vosotros buscáis telas tejidas de oro; él iba vestido como el menor de vuestros esclavos. Pero el cielo se ha abierto para este pobre, y toda vuestra magnificencia no podrá impedir que vosotros seáis arrojados a los infiernos. Aunque desnudo, él conservó la blanca vestidura de su bautismo; vosotros, en cambio, la habéis perdido con vuestras vestiduras fastuosas. Por mi parte, prefiero la túnica de Pablo a la púrpura de los reyes.»
Faustinak
 
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor marce685 » Jue Sep 18, 2014 6:54 am

revisando no encontré el aporte que hice a esta actividad, igual añado la URL de donde realicé mi investigación.

Dios los bendiga,
Martha Cecilia

http://ec.aciprensa.com/wiki/Anacoretas
marce685
 
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor AMunozF » Jue Sep 18, 2014 2:11 pm

marce685 escribió:revisando no encontré el aporte que hice a esta actividad, igual añado la URL de donde realicé mi investigación.

Dios los bendiga,
Martha Cecilia

http://ec.aciprensa.com/wiki/Anacoretas



marce85

No sé si tu aportación a este tema fue de los primeros; te digo esto, porque a los dos o tres días de empezado el curo, se nos borró todo.

Si acaso tienes tu aportación en algún archivo electrónico, y lo puedes subir de nuevo; te pediría que lo hicieras. Sé que esto te puede causar problemas de tiempo, pero también nos puede ayudar a todos con la investigación.

Te agradezco de antemano tu atención.

Que Dios te Bendiga

AMunozF
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Re: 1. Monjes, eremitas y anacoretas: Padres del Desierto. 1

Notapor Olinpa » Dom Sep 21, 2014 6:20 pm

Publico mi aportación nuevamente ya que no la encuentro. Parece que se borró con el problema que ocurrió.

San Onofre

Escogí a San Onofre porque tengo un tío de ese nombre.

Onofre fue un varón admirable y ejemplar en la vida contemplativa en el desierto. Habitaba en un monasterio en Abage, donde vivían cien monjes, verdaderos siervos del Señor, un día sintió deseos de alcanzar una vida más perfecta y abandonó el monasterio y se fue a vivir al desierto a imitación de Elías y San Juan Bautista. Salió del monasterio y se dirigió hacia el desierto, llevaba algunas provisiones para el camino. Se dice que era guiado por una luz celestial. Después de vencer obstáculos y con mucho cansancio llega a una cabaña, toca la puerta y aparece un anciano ermitaño de barba larga y canosa. Onofre cae a sus pies sorprendido y el anciano le dijo: “Te esperaba Onofre, como ves sé tu nombre, conozco tus deseos y lo que el cielo te reserva, persevera en tu propósito y entra en mi choza a descansar. Este ermitaño fue quien enseño a Onofre las reglas que debía observar y después de un tiempo lo llevó a un lugar en el desierto. Allí permaneció Onofre que visitaba una vez al año a su maestro. Después de treinta años el maestro de Onofre fue llamado al cielo. La vida de San Onofre en el desierto era austera en extremo. Su cuerpo estaban desnudo, siempre oraba con ánimo ya sea que sintiera frío, calor, hambre, sed o cansancio; su confianza en el Señor nunca decaía. El Señor tuvo misericordia de él y le proveyó una palmera que le daba los dátiles necesarios para su sustento, además un ángel le llevaba diariamente agua y pan a la choza. Así vivió San Onofre en constante oración y mortificación, en completa soledad y alejado del mundo y de sus cosas. Después de 60 años de vivir en esta forma, se encontró con Pafnufio otro monje que también decidió irse a vivir al desierto. Onofre le contó a Pafnufio cómo había sido su vida en el desierto. Según Onofre, el Señor envió a Pafnufio donde él para que cuidara su cuerpo y su sepultura. Le pidió a Pafnufio que anunciara su muerte en Egipto como aroma de incienso en medio de los hermanos y de todo el pueblo cristiano. Onofre nos dejó esta hermosa promesa:

SI ALGUIEN OFRECIESE A DIOS SACRIFICIOS EN MI NOMBRE O SE ACORDASE DE MÍ, SERÁ CONTADO ENTRE EL NÚMERO DE TODOS LOS SANTOS Y SE VERÁ LIBRE DE TODAS LAS TENTACIONES.-Esto es lo que yo he rogado al Señor. Por lo cual, si alguien diere de comer en mi nombre a cualquier hermano, mendigo, etc. Yo me acordaré de él ante nuestro Dios el día del Juicio y éste irá a la heredad de la vida eterna.

Su fiesta se celebra el 12 de junio. Sus reliquias se encuentran en el Monasterio San Teodoro en El Cairo.

Este gran santo me da un ejemplo de perseverancia en la oración, con su vida me enseña a no quejarme y cuando yo sienta que estoy pasando incomodidades me acordaré de él y las ofreceré Dios en su nombre.
Olinpa
 
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