5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

En este curso, haremos un viaje en el tiempo para situarnos en los orígenes del monacato cristiano. Conoceremos las distintas órdenes monásticas, a sus fundadores, sus monasterios, su arte, cultura, forma de vida y su importancia para la civilización a través de la historia hasta la actualidad.

Fecha de inicio:
11 de agosto de 2014

Fecha final:
27 de octubre de 2014

Responsable: Hini Llaguno

Moderadores: Catholic.net, Ignacio S, hini, Betancourt, PEPITA GARCIA 2, rosita forero, J Julio Villarreal M, AMunozF, Moderadores Animadores

Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor felopero » Jue Sep 11, 2014 10:10 am

LA ORDEN DE LOS CARTUJOS.- 8.9.14.-
Me llama la atención la vida que llevan estos monjes.- Realmente resulta fuerte, muy fuerte, este modo de vida; quiero pensar que sin una especial gracia del cielo, no es posible permanecer en esta orden.- Imagino que la llamada que han sentido estos hombres tiene que haber sido algo extraordinaria.- Vivir el espíritu de estas comunidades supone un estado de entrega a Dios inimaginable para mi.- No se si me equivoco, si pienso que incluso resulta más duro y difícil que lo que determinó San Benito en su día.- La verdad es que en aquellos dos siglos de final y principio de milenio aparecen una pléyade de santos algo fuera de serie.- A San Bruno, siempre lo he tenido presente por el hecho de haber muerto el día de mi cumpleaños; lo invoco con asiduidad, pues me ha impactado su entrega y dedicación a la vida monástica, en definitiva a Dios.-
Su biografía cuenta que nació en Colonia próximo al año 1030 en una familia noble.- El hecho de sentir la llamada para servir a Dios desde una familia distinguida, tiene doble mérito, aunque todo depende de la gracia de Dios que es el que llama.- El esfuerzo humano en estas circunstancias es mayor que cuando se vive o nacido en una familia media o pobre.- La llamada de la gracia, cuando llega y llama de verdad, no entiende de posición social, de títulos o nobleza, es algo irresistible a lo que uno no se puede negar.- Bruno, un joven bien situado en la vida, dotado de brillantes estudios, posición inmejorable vio aparecer en su alma la llamada y no pudo dudarlo ni un momento.- Bruno, decidió retirarse del mundo y entregarse por completo a Dios, con el objeto de llegar a una total unión con él mediante la contemplación, la oración y el silencio.- Tras repartir todos sus bienes entre los pobres, se retiró con seis de sus amigos a la abadía benedictina de Solesmes; pero aquello no le pareció suficiente y decide marchar a la Cartuja, un macizo montañoso situado en la diócesis de Grenoble.- Allí, la vida de estos monjes era extraordinariamente austera: dormían muy poco, trabajaban y rezaban mucho, se vestían con áspero trozo de tela blanco.- En estas circunstancias a Bruno, le llega una llamada que lo arranca de su retiro: el Papa Urbano II, que había sido alumno suyo en su juventud, quiere llevárselo a Roma.- Bruno deja el desierto y se traslada a la capital italiana, allí es elegido obispo de Regio, pero él sueña con volver a su vida anterior.- Se propuso renunciar al arzobispado para seguir su vida ascética.- Fallece San Bruno en Calabria el seis de octubre de 1101.- Hoy es patrón de Colonia y protector de la Orden Cartujana.- Algo que yo desconocía, que no haya sido canonizado.- En la actualidad, 913 años después de la muerte de San Bruno, los cartujos siguen siendo la élite de la Iglesia Católica, compuesta por un nutrido número de monjes y monjas distribuidos en tres continentes.- Los tres pilares de la vida cartujana siguen siendo: la soledad, vida comunitaria ritual y la liturgia cartujana.-
No se admiten visitas, no hay radio ni televisión y mucho menos internet, sólo se permite una salida a la semana para pasear, ejerciendo así su Ora et Labora.- Ellos trabajan elaborando diversos productos que ponen a la venta para conseguir medios y poder subsistir.- La jornada del monje cartujo es apretada y rígida, tienen el tiempo medido las veinticuatro horas del día.- El rigor de la soledad y el gran silencio, la pobreza de los hábitos, el trabajo manual, los ayunos la interrupción del sueño... Todo esto, practicado con espíritu de penitencia, favorece la unión con la naturaleza y da al cuerpo salud y vigor.- La dieta es estricta, jamás se come carne, no hay desayuno.- Desde septiembre hasta abril sólo se cena una frugal colación.- Un día a la semana se ayuna a pan y agua, sin embargo, la comida principal es nutritiva y generosa.- La vida del monje cartujano, se basa sobre todo en mucho silencio, en la prohibición de instrumentos musicales y la utilización del canto gregoriano.-
Un monasterio cartujano está formado por un gran claustro, en cuyo centro hay un patio y un cementerio, alrededor del claustro se agrupan las celdas de los monjes, presididas por la iglesia principal.- De los distintos grupos de monjes que hemos considerado hasta ahora, quiero pensar que el más rígido sea precisamente el de los cartujos.- Me parece que estos hombres y mujeres, deben estar entre aquellos a los que se refiere el Señor en el Evangelio, cuando dice: "el que pierda su vida por mi y por el Evangelio, la encontrará".-
felopero
 
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor MECHA1 » Jue Sep 11, 2014 10:25 am

Muy interesante todo lo que han colgado. Estas personas deben tener un gran temple y muy clara su vocación para poder vivir bajo las normas de los Cartujos. Gracias por todo. Saludos.
MECHA1
 
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor betyruta51 » Jue Sep 11, 2014 12:18 pm

Buen día para todos los participantes. Gracias por sus aportes. Dios les bendiga y guarde. A continuación lo relacionado con la Orden Cartuja hoy:

La orden hoy
Situación de la Orden
En 1984 celebramos el 900° aniversario del día en el que Maestro Bruno, nuestro Padre, al entrar con sus compañeros en el desierto de Chartreuse, fue el primero en practicar una vida que con la ayuda de Dios tratamos de seguir todavía hoy.
La existencia ininterrumpida de nuestra Orden a través de las vicisitudes de la historia, es un signo de una solicitud de Dios hacia ella.
Hoy día existen 19 casas de Cartujos (con unos 370 monjes) y 5 casas de Cartujas (con alrededor de 75 monjas). Estas últimas se encuentran en Francia, en Italia y en España. Las casas de monjes están en Europa, Estados Unidos e Hispanoamérica, una de las cuales se encuentra en estado de fundación en Argentina (desde septiembre de 1997). Las Cartujas en el mundo.
En efecto, tomamos muy a pecho el hecho de que Juan Pablo II estimule a los Institutos de vida contemplativa para que establezcan comunidades en las jóvenes iglesias. Actualmente continuamos la exploración de las posibilidades que existen para la presencia de la Orden cartujana fuera del mundo occidental y una presencia cartujana en Corea ya ha sido decidida por el último Capítulo General.
El gobierno de la Orden
La autoridad suprema de la Orden cartujana pertenece al Capítulo General, que se reúne cada dos años en la Gran Cartuja, "madre y origen de toda la Orden".
Durante ese Capítulo, el Definitorio, ocho monjes elegidos por los Priores (es decir, los superiores) de las casas, forma una especie de órgano ejecutivo y la Asamblea plenaria el órgano legislativo. Entre Capítulo y Capítulo, la Orden es gobernada por el Prior de la Gran Cartuja al que se llama "Reverendo Padre", asistido de un Consejo. El último elemento muy importante del gobierno cartujano es la institución de los Visitadores : bienalmente, cada casa es visitada por dos Padres, normalmente Priores de otras Cartujas.
Los Estatutos
Bruno fue para sus hermanos un modelo viviente, pero no escribió ninguna regla monástica para ellos. El y sus primeros sucesores, « …permanecieron en aquel lugar bajo la dirección del Espíritu Santo, y guiándose por la experiencia fueron creando gradualmente un género de vida eremítica propio, que se transmitía a sus continuadores, no por escrito, sino con el ejemplo. »
Estatutos I.1
Guigo consignó por escrito las Costumbres que se usaban en la Gran Cartuja: este es el primer texto de la Regla cartujana. Con el correr del tiempo se han verificado otras adiciones o modificaciones necesarias. Hacía falta adaptarse a las nuevas condiciones de tiempos y lugares.
Muy pronto los cartujos llamaron a su Regla de vida: los Estatutos.
Después del Concilio Vaticano II, en 1971 y 1973, fueron redactados los "Estatutos renovados de la Orden cartujana". Para que fueran conformes al código de Derecho canónico de 1983, estos Estatutos fueron de nuevo revisados hasta llegar a los "Estatutos de la Orden cartujana", aprobados por el Capítulo General de 1987.
Estos Estatutos, verdadera suma de espiritualidad monástica, son para nosotros la transmisión de un camino de oración. Nos conducen a la contemplación o al "conocimiento sabroso" de Dios, al cual nuestra vida está enteramente consagrada. ("Conocimiento sabroso" : Expresión de Guigo II, autor cartujano del siglo XII).
http://www.chartreux.org/es

Ahora este tema que también me parece interesante, Bruno y Los Padres del desierto:

« Nuestros Padres en la vida cartujana seguían una luz venida de Oriente: la de aquellos antiguos monjes que consagrados a la soledad y a la pobreza de espíritu, poblaron los desiertos en una época en la que el recuerdo aún muy cercano de la sangre derramada por el Señor, se mantenía fresco en los corazones ».
(Estatutos Cartujanos 3.2)
PRELIMINAR
Junio de 1084: Maestro Bruno, con seis compañeros ávidos de llevar una vida eremítica se adentran en los bosques de Chartreuse, guiado por San Hugo de Grenoble. Sabía el Obispo donde les conducía: un sueño le había revelado el lugar. Pero Bruno, ¿Tenía una idea precisa del género de vida que iba a escoger? Parece poco probable que un hombre del que los contemporáneos tanto han alabado su prudencia, haya emprendido tal aventura sin madura reflexión.
Con todo, resulta difícil conocer su pensamiento. En primer lugar por los pocos documentos que subsisten.
Entre los escritos de origen cartujano han llegado a nosotros :
Dos cartas de San Bruno, en la que nada nos dice de la organización de la primitiva Cartuja.
Las Costumbres de Charteuse, redactadas por Guigo, quinto Prior de la Cartuja. Documento bien preciso, pero que data de unos cuarenta años después de esos acontecimientos. No cabe duda que en las Costumbres se encuentran elementos antiguos, pero es muy difícil distinguirlos de los añadidos posteriormente. Hay que utilizarlas, pues, con precaución.
Poco antes de su muerte, entre 1132 y 1136, escribió Guigo la “Vida de San Hugo de Grenoble”, donde encontramos el único relato de la fundación de la Cartuja. Documento precioso, pero extremadamente breve [1]
Aparte de esto, hay que recurrir a testimonios de personas extrañas a la Orden :
Guiberto, abad de Nogent, en su “De vita sua”, nos describe a la Cartuja tal como era en 1114. Es la más antigua descripción que tenemos algo detallada.
Pedro el Venerable, abad de Cluny, en el “Liber de miraculis”, escrito hacia 1150, está muy bien informado. Había conocido a Guigo cuando era joven prior de Domène, cerca de Grenoble (1120-1122). Así nació una gran amistad que nunca se desmintió. Según nos dice Raúl de Cluny, biógrafo de Pedro el Venerable y con frecuencia su compañero de viaje, el abad iba cada año a visitar a los cartujos.
Poseemos también algunas líneas en la “Vita”, de San Esteban de Obazine, escrita por uno de sus familiares, que nos describe la cartuja por los años 1132 y 1135.
Igualmente en la “Vita” del Obispo Godofredo de Amiens, escrita por el monje Nicolás de Soissons, hacia 1138-1140.
Por último en el “Tractatus de Immutatione Ordinis Monachorum”, de Roberto de Torigny, abad de Monte San Miguel, redactado en 1154. [2]
A la escasez de informes precisos, se añaden otras dificultades. Por lo general, una nueva forma de vida religiosa, se inicia de acuerdo con una forma ideal trazada por su fundador, y pronto se ve sometida a muchas tensiones al entrar en contacto con la realidad. Eso origina titubeos, retoques que vienen a ser como la garantía y la condición de un posible éxito en cuanto son signos de la preocupación que ha movido a someter las obras nuevas a las condiciones prácticas de la vida. Volveremos a hablar de esto más adelante.
Paulatinamente, de todas esas fuerzas encontradas, surge una resultante y la fundación llega a encontrar su asiento, o, según los casos, toma una orientación que no era la prevista en los orígenes. Ahora bien: las más antiguas observancias cartujanas que conocemos son, en gran parte, posteriores a esas tensiones. Tendremos pues que adivinar, mediante documentos imperfectos, las intenciones de San Bruno, como si buscáramos distinguir los rasgos de un rostro a través de un cristal esmerilado.
Con frecuencia se presenta a San Bruno como alguien que instituyó un género de vida que constituye un fenómeno singular, único en el monaquismo, como si hubiera logrado una especie de compromiso entre el eremitismo y el cenobitismo, ya que un cartujo es solitario durante la semana y lleva una vida en común los domingos y días festivos. Pensar eso es conocer muy poco las condiciones de vida solitaria.
Conviene distinguir bien el eremitismo puro de la vida semieremítica (o semi-anacorética). El primero encuentra su modelo en San Pablo eremita, cuya historia nos la ha contado San Jerónimo a su modo. Es muy difícil de hablar de ellos, ya que cada eremita constituye un caso particular y al pasar de uno a otro se encuentra una gran variedad. Pero no hay que olvidar que los solitarios son hombres como todos los demás. Por lo general no pueden prescindir completamente de sus semejantes. Y de esta necesidad ha nacido la vida semi-eremítica.
« … en la soledad quien descuida abrir su corazón a un guía experto, se expone a avanzar menos de lo debido o a cansarse por demasiado correr ».
(Estatutos Cartujanos 28.2)
EL MONACATO PRIMITIVO
Diversas son las formas de vida de los primeros monjes cristianos. Entre ellos encontramos :
1.- SAN ANTONIO.
San Atanasio, en su “Vida de San Antonio”, nos presenta a su héroe como el fundador de la vida semi-eremítica. [3]
Antonio, nos dice, después de pasar veinte años recluido en un viejo fortín luchando con los demonios, al final fue obligado a salir por la presión de otros ascetas impacientes de seguir su ejemplo: “Un día… los que querían imitarle derribaron la puerta. Y apareció Antonio, lleno de Dios y como iniciado en los misterios divinos…”
Dotado de numerosos carismas, su palabra hizo brotar numerosas vocaciones: “Exhortaba a todos a no preferir ninguna cosa del mundo al amor de Cristo. A los que convivían con él, les animaba a tener siempre presentes los bienes futuros y el amor que Dios nos ha manifestado, no perdonando su propio Hijo sino entregándolo por nosotros; y de este modo persuadía a muchos a abrazar la vida monástica. Surgieron entonces los monasterios de las montañas y el desierto se pobló de monjes que vivían allí, y que habían dejado sus casas para convertirse en ciudadanos del cielo”.
Atraídos por su experiencia en los caminos sobrenaturales, los ascetas se agruparon en torno a Antonio considerándolo su padre espiritual: “Sus continuas exhortaciones enfervorizaban a los monjes... y él gobernaba a todos como un padre”.
Un historiador moderno ha hecho notar a éste propósito, que las palabras “monjes y monasterios se emplean aquí, por primera vez en la “Vida”, refiriéndose directamente a los acontecimientos descritos... El término “Monasterio”, debe entenderse, probablemente en toda la “Vita”, en sentido etimológico estricto, significando la celda solitaria y no un lugar habitado por un grupo de monjes. [4] San Atanasio coloca la fundación del monaquismo en este acontecimiento.
Algo más adelante narra la vida de esos primeros monjes: “Las montañas estaban llenas de santos monjes, como tabernáculos divinos, donde cantaban salmos, ayunaban, oraban, trabajaban y daban limosna. Vivían unidos en el amor mutuo y la concordia. Parecía una pequeña isla en medio del mundo, donde nadie sufría injusticia, ni exigía impuestos. Allí había una muchedumbre de ascetas que sólo pensaban en practicar la virtud. Ver aquellos monjes invitaba a exclamar: ¡Qué bellas son sus tiendas, Jacob! ¡Qué hermosos tus tabernáculos, Israel! Se extienden como inmenso valle; como un jardín a lo largo del un río, como un cedro que está junto a las aguas”.
Cuadro idílico, pero que se queda en el vago. No se habla ni de votos, ni de liturgia, ni de sacramentos. Las únicas reuniones comunes que presenta la “Vita”, tienen lugar para escuchar conferencias espirituales. No existe tampoco una regla. San Antonio no dejó ninguna no juzgándola necesaria: “Cierto día se reunieron todos los monjes junto a él, para escuchar su palabra. Y les dijo en lengua egipcia: Las Santas Escrituras bastan para nuestra instrucción; sin embargo nos es muy útil animarnos unos a otros en la fe y alentarnos con palabras”.
Sin embargo, lo esencial queda ya dicho: ciertos solitarios, atraídos por la reputación de santidad de uno de ellos, viene a morar alrededor de él para ponerse bajo su dirección. No se deja ya al monje a su libre arbitrio, como ocurría al ermitaño; de ese modo se verá libre de ilusiones y podrá avanzar con mayor seguridad por el camino de la perfección. Además, al vivir esos solitarios cerca unos de otros, podrán ayudarse mutuamente.
Ahí tenemos lo esencial de la vida semi-eremítica. Convenía detenernos un poco sobre los principios de esta forma de monacato, debido a la inmensa influencia que ejerció la “Vita” de S. Antonio.
2.- LOS SOLITARIOS DEL BAJO EGIPTO.
Más tarde, hacia 330, Amón, discípulo de San Antonio, se estableció en la “montaña” de Nitria, al sur de Alejandría que en aquel entonces estaba casi desierta. Pronto se le juntó una multitud de ascetas y se convirtió, sin pretenderlo, en el fundador de un desierto análogo a los de Antonio en Pispir o en la Montaña interior. La vida solitaria y la vida cenobítica no parece haber sido allí tan netamente distintas e independientes como lo fueron en Antonio y Pacomio.
Sin embargo, algunos monjes que deseaban mayor soledad, fueron a instalarse más adentro en el desierto, en las Celdas, Entre éstos, fueron fijándose ciertos usos que formaban un marco muy amplio dentro del cual cada uno formaba un marco muy amplio dentro del cual cada uno podía organizarse según su estilo. Encontramos un primer ejemplo en la descripción que nos ofrece la “Historia monachorum in Aegypto”, cuya traducción latina de Rufino de Aquileya (+410), pudo conocer San Bruno. [5]
Veamos lo que en ella se encuentra, después de las páginas consagradas a Nitria: “Existe otro lugar, en el interior del desierto, situado a cerca de diez millas. Por las muchas celdas que en él se encuentran diseminadas, se le llama “Las Celdas”. Allí se retiran los que después de haber sido formados espiritualmente y haberse despojado de sus vestidos, desean llevar una vida más oculta. Es un desierto vastísimo y las celdas están separadas a una distancia que no se pueden ver ni oír unos a otros.
Los monjes permanecen cada uno en su celda. Un profundo silencio y un gran sosiego (quies) reina entre ellos. Sólo se reúnen en la Iglesia el sábado y el domingo, y cuando se ven les parece que vuelven del cielo a la tierra. [6]
Esta institución marcaba un neto progreso sobre la de San Antonio. En particular sabemos, por otra parte, que los días en que se reunían, los ermitaños recibían la santa comunión, y que abstenerse era censurado. [7]
3.- LOS MONJES DE ARABIA Y DEL MONTE SINAI.
En la misma época, en el siglo IV, aunque alejados por la distancia del Bajo Egipto, los siete monjes que vivían en la frontera del país de los sarracenos llevaban una existencia parecida: celdas apartadas unas de otras en las que permanecían durante la semana; reunión el sábado a la hora nona, refección en común seguida, hasta vísperas, de una conversación espiritual; la noche siguiente se consagraban a la oración, el domingo se separaban después de nona para volver a sus celdas. [8]
Casi idénticas costumbres encontramos en el monte Sinaí. Los “Relatos del asesino de los monjes del Sinaí”, cuya paternidad atribuida a San Nilo (principios del siglo V), y cuya fecha son materia de discusión, no parece ofrecer acontecimientos históricos, se trata más bien de una novela. Pero se encuentra en esa obra detalles interesantes sobre la vida de los antiguos monjes. Eran solitarios que vivían en cabañas o en grutas muy alejadas unas de otras. El domingo se reunían para la misa y la comunión en la iglesia de la Zarza ardiente, situada en el lugar donde la tradición localiza ese prodigio (dedicado a la Madre de Dios, pasó a ser luego el monasterio de Santa Catalina). A continuación tenían una conversación espiritual. [9]
4.- LAS LAURAS DE PALESTINA.
Volvamos un poco atrás. En la primera mitad del siglo IV, San Caritón, oriundo de Asia Menor, fundó una primera laura en Fara de Palestina. La laura era un conjunto de celdas solitarias, cuevas o cabañas, diseminadas en torno a un centro común donde se hallaba la iglesia (y por lo general un cenobio reservado para la formación de los novicios). Todos acudían allí para celebrar los oficios el domingo. La presencia de un superior limitaba las iniciativas individuales e imponía una obediencia. Esta forma de vida semi-eremítica, más organizada que la de Egipto o Arabia, estaba destinada a extenderse más tarde por todo el Oriente.
Conocemos sus observancias gracias a la vida de San Eutimio el Grande (377-473) escrita por Cirilo de Escitópolis, uno de los mejores hegiógrafos de la antigüedad. He aquí como describe la existencia de los monjes en la laura de San Gerásimo.
“Los que se habían ejercitado en largas y duras tareas y habían alcanzado ya la perfección, los reunía en lo que suele llamarse celdas imponiéndoles la siguiente regla de vida: durante cinco días de la semana, cada uno permanecía en el sosiego (quies) de su celda, alimentándose solo de pan, agua y dátiles, el sábado y el domingo acudían a la Iglesia y tras haber participado de los santos misterios, comían en el cenobio algún alimento cocido y un poco de vino. En cambio, en la celda nadie estaba autorizado a encender fuego o a comer alimentos cocidos... Cada uno realizaba un trabajo manual, y lo que había hecho durante la semana, lo traía al cenobio el sábado; después de las Vísperas del domingo se abastecían de nuevo de pan, dátiles, un recipiente de agua y ramas de palmas. Lugo retornaban a su celda” [10]
Esta tradición ha permanecido viva hasta nuestro siglo. En honor a la brevedad, citamos tan sólo lo que escribió M. Jugie en 1939, en un artículo que trata del monaquismo en Oriente a partir del cisma bizantino:
“Entre los cenobitas de diversas especies y los ermitaños propiamente dichos, se encuentra la categoría de los hesicastas ... consagrados a la vida contemplativa, viven en ermitas situadas en los alrededores de un monasterio y acuden al mismo para participar en los oficios comunes, el sábado y el domingo.
En el Monte Athos, ha existido siempre un pequeño número de hesicastas. Dieron mucho que hablar en el siglo XIV... Hoy día son muy raros. [11]
LOS PRIMEROS CARTUJOS
La vida de los primeros cartujos se asemejaba de modo singular a la de los monjes de que hemos hecho mención. Roberto de Torigny lo ha expresado en pocas palabras:
“Los días ordinarios, cada uno, en su celda, ora duerme y come aparte de los demás... Los días festivos, se reúne en la iglesia y en el refectorio, y hablan entre sí de cosas espirituales”.
Guiberto de Nogent, no hace más que confirmarlo:
“Cada uno dispone, alrededor del claustro de una celda particular donde trabaja, duerme y come... No participan en la misa, si no me equivoco, más que el domingo y los días de fiesta”.
En cambio, el testimonio de Pedro el Venerable es más concreto. En primer lugar por lo que se refiere a los días ordinarios:
“Según el estilo de los antiguos monjes de Egipto (more antiguo Aegyptiorum monachorum), viven siempre en celdas aisladas donde incansablemente se entregan al silencio, la lectura, la oración y el trabajo manual, especialmente a la trascripción de libros. En la celda, cuando se da la señal en la iglesia, cumplen las Horas del oficio canónico, es decir, Prima, Tercia, Sexta, Nona y Completas. Para Vísperas y Maitines se reúnen en la iglesia”. Hablaremos más adelante de estos dos oficios.
Los días festivos: “De esta regla solo se exceptúan los días de fiesta en los que toman dos comidas. Entonces, siguiendo los usos de los monjes que no viven en celdas sino en común, cantan todas las Horas regulares en la iglesia y comen juntos en el refectorio, después de Sexta y después de Vísperas. Tan sólo en esos días, imitando a los antiguos eremitas (antiquorum eremitarum aemulatione), ofrecen el santo sacrificio al que llamamos misa. [12]
Utilizando estos diversos datos y los que podemos encontrar en las Costumbres de Guigo, es posible hacernos una idea de las primitivas observancias cartujanas.
En los días de Capítulo, entre los cuales hay que contar los domingos, se celebra la misa y todos los oficios se cantaban en la iglesia. Tenían refectorio en común dos veces, además de un coloquio en el que hablaban de cosas espirituales y que recordaba la “colación” de los antiguos monjes. Por último cada domingo, antes de vísperas, cada uno recibía las provisiones de boca y los objetos necesarios para el trabajo de la semana. La comida vespertina que seguía a las Vísperas, marcaba el fin de la vida en común; los monjes retornaban luego a la celda donde recitaban Completas. [13]
Los restantes días no se celebraba misa, los monjes solo salían de la celda para Vísperas y Maitines. Cada uno trabajaba y preparaba su propia comida en la celda.
No sin razón Pedro el Venerable comparaba los cartujos a los monjes egipcios.
ANALOGÍAS
Ciertos rasgos particulares de la Cartuja, pueden provenir del monacato antiguo. Por ejemplo:
1.- LA CONRERIA.
Desde su origen, la comunidad de la Chartreuse estuvo establecida en dos lugares netamente separados: la “Casa baja” llamada también la Conrería donde moraban los conversos y la “Casa alta”, reservada a los monjes, distante unos 4 Km. de la primera.
Los conversos, -hoy diríamos los Hermanos- eran seglares o laicos, a veces de procedencia muy humilde, que se ocupaban en los trabajos manuales del campo, o en la cría de ganado o en otros trabajos artesanales necesarios para mantener aquel pequeño mundo cartujano perdido en el desierto. También se encargaban de recibir huéspedes en la hospedería de la Conrería.
Los monjes, -que después se ha dado en llamar los Padres, -algunos de los cuales eran sacerdotes, se entregaban a la oración, encargándose del culto litúrgico y trabajando en la trascripción de manuscritos. Dependían de los conversos en lo tocante a sus necesidades materiales y, en cambio, proveían a las necesidades espirituales de los hermanos: Misa, sacramentos, dirección.
En el Bajo Egipto, “las Celdas” estaban también en íntima dependencia del desierto de Nitria. Nitria era un “desierto”, considerablemente poblado. Paladio, hacia el fin del siglo IV, señala la cifra de cinco mil hombres que moraban en él. Los monjes ejercían todos los oficios indispensables para la buena marcha de la comunidad. Había agricultores, panaderos, cocineros, médicos, reposteros, y un boticario. Vendían vino y cada uno confeccionaba con sus manos una túnica de lino de modo que a nadie le faltase. [14]
Pero todo ese mundo afanado, no podía menos que crear un clima de activismo. Además los monjes debían recibir del exterior al menos una parte del material necesario para sus tareas. Forzosamente el desierto de Nitria tenía que ser un lugar de contacto con el mundo. Eso explica la existencia de una hospedería donde albergar a los peregrinos y visitantes.
En las “Celdas”, la atmósfera era muy diferente. Quien se retiraba a ese desierto lo hacía para encontrar un mayor silencio y soledad, teniendo en vista una vida exclusivamente consagrada a la contemplación. No había allí ninguno de los oficios que hemos encontrado en Nitria. Ninguna panadería: el pan, alimento esencial de esos monjes, se lo procuraba Nitria. Tampoco había médico, pues los ermitaños se cuidaban unos a otros. [15]
Tenemos la suerte de conocer el origen de las Celdas gracias a un apotegma. Deben datar de la época en que San Antonio fue a Alejandría, probablemente en julio del 338, para defender la causa del patriarca Atanasio cuando volvió del destierro. Entonces debió llegar hasta Nitria, donde encontró al abad Amón, fundador de éste desierto.
“El abad Antonio fue un día a visitar al abad Amón en la montaña de Nitria. Mientras hablaban el abad Amón le dijo : Ya que gracias a tu oración el número de hermanos ha aumentado considerablemente, algunos desean construirse celdas apartadas para vivir sosegadamente en ellas (ut quiete inhibe vivant), ¿a qué distancia de ésta quieres que las construyan?: “Vamos a comer a la hora de Nona, luego saldremos e iremos al desierto para ver el lugar. Anduvieron por el desierto hasta la caída del sol, y entonces el abad Antonio dijo: Oremos y plantemos aquí una cruz, para que quienes lo deseen vengan a edificar aquí. De este modo cuando los hermanos que moran allá vengan a visitar a éstos, se pondrán en camino, después de haber tomado su refección a la hora Nona, y los de aquí harán lo mismo cuando irán allá. Así no se distraerán al visitarse mutuamente”. La distancia era de doce millas. [16]
Salta a la vista la doble intención de Antonio: asegurar a los monjes de las Celdas el deseado recogimiento sin instalarlos demasiado lejos, para poder conservar fácilmente relaciones caritativas con los de Nitria.
La analogía entre la Cartujay lo que se vivía en el Bajo Egipto es clarísima, y nos permite pensar que en ambos lugares se perseguía el mismo fin.
Otra conclusión se desprende de lo dicho. San Bruno no se nos presenta como el fundador de un monasterio, como se ha escrito con frecuencia, y menos todavía de una Orden, -ni siquiera pensaba en ello-, sino de un desierto destinado a la vida semi-anacorética.
2.- EL CALENDARIO CARTUJANO.
Vimos antes que los cartujos, al igual que los antiguos monjes de vida semi-eremítica, vivían habitualmente en la celda, reuniéndose los domingos y algún otro día para la Misa y otros ejercicios en común. Dos cuestiones se nos plantean ahora. Si los cartujos pretendían seguir el ejemplo de los monjes de Egipto, ¿Por qué no conservaron las salidas de celda en los sábados y domingos? ¿Cuántos eran los días de fiesta con los que remplazaron los sábados?
Es fácil responder a la primera cuestión. En el siglo IVº, el ciclo litúrgico, tal como nos lo da a conocer Casiano, era muy incompleto, por lo que atañe al santoral, nada nos dice. Todo estaba por hacer. En cambio en el siglo XIº, existía el ciclo litúrgico completo y un conjunto de fiestas algunas de las cuales eran de precepto. No se podía hacer abstracción de eso.
Lo que tenemos que averiguar es el número de domingos y fiestas en las que se celebraba la Misa. El calendario cartujano primitivo es actualmente lo bastante conocido como para intentar hacer ese cálculo, al menos de modo aproximativo. Para hacerlo, hay que empezar eliminando los días de Cuaresma, pues en todos se celebraba la Misa, pero como se cantaba inmediatamente antes de Vísperas no comportaba una salida especial de la celda. Dicho esto, se puede comprobar que el número de domingos y fiestas se aproxima, teóricamente, a 107, cifra muy aproximada de los 104 días de vida común de los Padres del desierto. [17]
La importancia de este calendario salta a la vista. Debió ser compuesto al inicio de la fundación en primer lugar, -y esa es su razón de ser-, porque tenía que regular la entera vida de los monjes y sus salidas de la celda. Además, era absolutamente necesario establecer un calendario, para poder emprender los trabajos de Liturgia que se imponían hacer, ya que los libros del coro de que disponían tenían que ser corregidos y adaptados a la vida solitaria, lo cual no hubiera sido posible sin tener un calendario bien preciso. No parece, por tanto, exagerado atribuirlo al mismo San Bruno. Estaríamos ante el más antiguo documento cartujano que ha llegado a nosotros.
3.- OTRAS OBSERVANCIAS.
Podríamos indudablemente citar otros muchos detalles que los cartujos copiaron de los desiertos de Oriente. Pero para ver claro, conviene clasificarlos. Algunos interesan a la espiritualidad: silencio, pobreza, obediencia... Se encuentran en la actualidad en gran número de institutos de vida religiosa. Otros más característicos, de orden disciplinar, se han integrado en el fondo común de todos los monjes. En cambio, puede ser interesante poner de relieve otras observancias propias de los cartujos.
a) Capellán. Misas.
Los Padres del desierto eran laicos que deseaban santificarse observando perfectamente el Evangelio. A pesar de la estima que demostraban a los sacerdotes en general, eran muy reservados cuando se trataba del sacerdocio de los monjes. Las preocupaciones de los cargos pastorales, podían poner en peligro y hacer perder el sosiego de la celda y los beneficios de la soledad. Mucho más todavía se temía la vanidad que podía engendrar un estado que solía ser bien considerado. Por lo mismo no admitían entre ellos, para ejercer sus funciones, que el número de sacerdotes o diáconos indispensables para asegurar el servicio de la Misa y la administración de los sacramentos. Los clérigos que se hacían monjes tenían que renunciar a su estado y volver a las filas de los laicos. Como nota Paladio, en Nitria, “había ocho sacerdotes para regir aquella iglesia. Mientras el primero está en vida, ninguno otro celebra la Misa, ni confiesa, sino que le asisten en silencio” [18]
¿No fue para seguir ésta costumbre, que entre los compañeros de Bruno, uno sólo, como nos dice Guigo, ejercía las funciones sacerdotales? [19] Tendríamos además aquí, la explicación de una curiosa particularidad. En la época en que nació la Cartuja, se iba extendiendo entre los monjes la costumbre de celebrar misa cada día, no sólo la misa conventual sino también las misas privadas. Era un uso ya común en tiempo de San Bernardo. Como él mismo lo atestigua. Pues bien: los cartujos no admitían más que una sola Misa, la conventual, e incluso raramente, siempre apoyándonos en lo que dice Guigo. [20]
Debieron encontrarse embarazados ante la nueva tendencia y quisieron permanecer fieles a la antigua costumbre; de ahí la lentitud con que permitieron, poco a poco, celebrar primero, una segunda Misa, luego otras, pero parece que lo permitieron de mala gana (antes de 1250 en cada Cartuja sólo existía un altar. Hasta el siglo XIVº no fue permitido erigir otros, según las necesidades de los monasterios).
b) Cocina en la celda.
Durante bastante tiempo, tal vez durante un siglo entero, los cartujos cocinaban cada uno en su celda. Es una costumbre que no se llega a explicar fácilmente. Tener en común la cocina hubiera sido mucho menos complicado, dado que las celdas estaban reunidas alrededor del claustro. Un solo Hermano hubiera bastado para hacer el trabajo de los doce Padres (tal era el número de monjes existentes en la Cartuja). Pero resulta mucho más comprensible esta práctica, si se comprende que venían del deseo de imitar a los Padres del desierto, los cuales vivían durante cinco días de lo que habían recibido el domingo por la tarde. ¿Será esto tal vez un signo de que la proximidad de las celdas no estaba prevista por San Bruno?
c) Completas en la Celda.
Hasta la regla de recitar completas siempre en la celda, puede explicarse por el deseo de imitar a los primitivos solitarios. Pues, estos, después de recibir las provisiones para la semana, se separaban después de Vísperas para volver a sus eremitorios. La vida común concluía con las Vísperas.
No hay que olvidar que los Padres del desierto, podían morar a una considerable distancia de la iglesia. Necesitaban bastante tiempo para volver a su morada, cargados como iban. La “Historia monachorum”, dice: “Algunos de entre ellos vienen a la iglesia desde tres o cuatro millas de distancia “ (de 4 Km. y medio a 6 Km).
DIFERENCIAS
1.- CLIMA.
Hasta aquí hemos insistido en las analogías entre la vida cartujana y la de los ermitaños del Bajo Egipto. Sin embargo, al mencionar el calendario, hemos visto hasta qué punto el desarrollo de la Liturgia a través de los siglos, había hecho necesaria una diferente distribución de los días en que vivir en común. Tocamos un punto delicado, pero conveniente ponerlo en plena luz para comprender las dificultades que se encuentran cuando, sin poseer documentos explícitos, se intenta descubrir las intenciones de San Bruno.
La situación en el macizo de Chartreuse en el siglo XI, era muy diferente a la de Egipto en el siglo IV. Era algo que podía llegar hasta a la oposición. Por ejemplo: la Providencia impuso a los monjes, en ambos casos, una ruda penitencia a causa del clima. Un calor tórrido que provocaba la sequía y la sed en Egipto; el frío, debido a un invierno interminable en un paraje montañoso, encajonado, sin sol, sumergido en una humedad persistente, en Chartreuse. Afortunadamente poseemos testimonios escritos sobre este particular.
Evagrio Póntico, monje de las Celdas, describe de modo pintoresco el “demonio de la acedia”, es decir, las tentaciones que aplastan al monje en las horas calurosas de la jornada: “...El demonio del medio día es el más agobiador de todos. Ataca al monje hacia la hora cuarta y asalta su alma hasta la hora octava. Empieza por hacerle creer que el sol avanza lentamente o que está inmóvil, y el día le parece tener cincuenta horas. Luego le obliga a permanecer con los ojos fijos en la ventana, a salir de la celda, a mirar al sol para ver cuánto falta para la hora nona, y a mirar por una parte y otra para ver si viene algún hermano... Le inspira además aversión por el lugar donde mora, por su estado de monje, por el trabajo manual, piensa que la caridad ha desaparecido entre los hermanos, y que no haya nadie que le consuele.” [21]
Otras son las dificultades de los cartujos, Guigo, en las Costumbres, después de haber expuesto minuciosamente el inventario de los objetos que tiene a su disposición el monje en la celda, -cuya cantidad podría extrañar a los cenobitas acostumbrados a tener cosas en común -, concluye diciendo:
“Rogamos que no se sonría ni reprenda quien esto leyera, mientras no haya residido durante bastante tiempo entre tan grandes nevadas y tan horribles fríos” [22]
Estas diferencias del clima, debía provocar necesariamente diferencias en la austeridad.
2.- AUSTERIDAD.
Los antiguos eremitas no debían comer en la celda más que alimentos crudos (xerofagia); los alimentos cocidos se reservaban para el refectorio común. Debía dormir en el suelo (chemania), práctica a la que concedían gran importancia. Nada de eso se practica en la Chartreuse.
En realidad no se trata de disminución de la ascesis, sino de una adaptación a las condiciones tan diferentes, como ya lo preconizó Casiano. Invitado Por Cástol, Obispo de Apt, a explicarle las costumbres de los monjes de Egipto y Palestina para ponerlas en vigor entre los monjes de su diócesis, Casiano escribió al principio de sus “Instituciones Monásticas”: “No vacilaría, en modo alguno, en introducir algo de moderación en esta obra, para suavizar un tanto, gracias a las instituciones vigentes en Palestina o Mesopotamia lo que, según las reglas de los egipcios, reconozco ser imposible o demasiado rudo y austero en nuestras regiones, sea a causa del clima, sea debido a la diferente manera de vivir.
Pues cuando se practica lo que es razonablemente posible, la observancia es igualmente perfecta, aunque los medios sean distintos. [23]
3.- CELDAS.
Mientras en oriente las celdas estaban, por lo general, separadas por una gran distancia, de manera que los monjes no pudieran verse ni oírse, las celdas de Chartreuse estaban cercanas y unidas entre sí gracias al claustro: “Cada uno dispone, en el contorno del claustro, de una celda individual, donde trabaja, duerme y come” (Guiberto de Nogent). “Sus celdas están contiguas y unidas entre sí” (Roberto de Torigny). “Sus celdas están separadas por una distancia de cinco codos”. (Vida de San Esteban de Obazine).
Estamos pues, ante una diferencia considerable. El reducido terreno donde fue construida la primera Cartuja bastaría para explicarlo. Cuando después de la avalancha de 1132, Guigo reconstruyó el monasterio en lugar menos expuesto, las nuevas celdas fueron separadas mediante un gran jardín.
Mas adelante veremos como también la Liturgia contribuyó, en gran parte, a hacer necesario la adición del claustro.
INNOVACIONES
Junto a esas diferencias se advierten un cierto número de innovaciones que, desde su origen, distinguió la Cartuja del monacato antiguo.
1.- NOVICIADO EN LA CELDA.
Era universalmente admitido que la vida solitaria estaba reservada a los religiosos adelantados en la perfección. Había que ejercitarse mucho tiempo en la vida común y estar bien probado antes de retirarse al desierto. Ya San Antonio, si hemos de creer a Casiano, después de su experiencia de pura anacoresis, exigía tal cosa a los candidatos al eremitismo. [24] En el Bajo Egipto se implantó rápidamente la costumbre, -conservamos bastantes ejemplos en el último cuarto del siglo IVº, -de empezar llevando vida común en Nitria, durante uno o dos años, en una especia de Noviciado, y luego retirarse a las Celdas. En las Lauras, se creo el cenobio destinado a formar a los futuros solitarios. Era una medida prudente que conoció pocas excepciones.
Poner a los novicios en la celda desde su ingreso en el monasterio, como parece haberse practicado siempre en la Cartuja, era una audaz innovación. El más antiguo testimonio que poseemos sobre este particular se encuentra en las “Costumbres”, donde se encuentran varios capítulos consagrados al novicio. [25]
Pero esos capítulos describen una práctica ya antigua, pues el tal reducido número de religiosas que contó el monasterio antes de Guigo, -nunca hubo más de doce Padres a la vez-, no permitía formar a los novicios en grupo. Se confiaba, pues, el novicio a un monje antiguo encargado de instruirlo, como hacían los monjes del Bajo Egipto con los que se admitían a vivir en las Celdas.
La experiencia ha demostrado que ese modo de formación estaba perfectamente adecuado. Además la imposibilidad de volverse atrás, -de volver al cenobio-, daba mayor firmeza al género de vida totalmente solitario de los cartujos y obligaba a los monjes a la estabilidad. Por último se suprimía así la tensión inevitable entre solitarios y cenobitas, y se evitaba que la fundación, con el tiempo, se deslizara hacia una vida en común, como se produjo en la mayoría de los casos en otras Ordenes de Occidente. Con lo cual se aseguraba la estabilidad del monasterio.
En la Cartuja la soledad no es una perfección accidental injertada en otro género de vida, sino el cuadro normal y esencial de su existencia.
2.- LOS CONVERSOS.
En Occidente estamos acostumbrados a ver dos especies de monjes. Unos, que por lo general son Sacerdotes, se consagran de preferencia al trabajo de la mente; los otros, simples laicos, se encargan de los trabajos manuales. No siempre fue así. En la antigüedad no se conocía más que una sola clase de monjes. Por lo mismo, estaban obligados a salir periódicamente para atender a las relaciones indispensables con el mundo, e igualmente, cada uno debía practicar la hospitalidad, misión a veces gravosa y siempre engendrando distracciones.
De estas preocupaciones, iban los Hermanos a liberar a los Padres. San Bruno, al llegar a Chartreuse, iba acompañado de dos conversos que vivieron en los edificios de la Correría, únicos que existían entonces en el interior del desierto. Allí instalaron la Hospedería, dado que las personas que iban de paso no estaban autorizadas a quedarse en la “Casa alta”. Además los Hermanos se encargaron de los trabajos necesarios para la subsistencia de los Padres liberándolos, de este modo, de las preocupaciones materiales, permitiéndoles “vacar sólo a Dios”, como solía decirse entonces. (vacare Deo).
3.- EL DESIERTO.
Hacia el año 1100, San Hugo, con un requerimiento dirigido a los clérigos y laicos de su diócesis, anunció que cerraba el acceso al desierto de Chartreuse a las mujeres. Prohibía al mismo tiempo a los hombres ir de pesca o a cazar de cualquier forma que fuese, o a conducir allí animales domésticos sea para llevarlos a los pastos o sencillamente para atravesar el lugar. En realidad, era un modo eficaz de cerrar el desierto a los hombres, pues no es fácil ver qué hubiera podido hacer, aparte de los actos mencionados, en un lugar tan estéril como aquél. Para velar sobre la observancia de esta decisión, el Obispo ordenó construir una casa para un guardián cerrando el acceso al desierto. [26]
Como además no estaba permitido a los religiosos salir de los límites del desierto, -tan solo algunos Hermanos podían ser enviados al exterior para asuntos materiales-, su separación del mundo era perfecta. Difícilmente se encontrarían otras fundaciones análogas en Occidente.
En lo tocante a las personas que se admitían en el desierto, debían pasar por un triple filtro: en primer lugar a la entrada del recinto, en donde el Hermano guardián debía rechazar a los indeseables, a ser posible sin dirigirles la palabra; luego el filtro de la “Casa baja”, donde la mayoría de los visitantes debían detenerse; por fin, ante la puerta de la “Casa alta”.
La prescripción de San Hugo es posterior a la marcha de San Bruno hacia Roma, pero la razón con que se justifica esta medida: “porque la paz y el sosiego (quies) son muy necesarios”, es ciertamente expresión del deseo del fundador de los cartujos. [27]
Las tres innovaciones que hemos presentado tienden a un mismo fin. Proteger la soledad. Hay otras que conciernen las ocupaciones de los solitarios.
4.- EL TRABAJO MANUAL.
Libres de preocupaciones temporales, gracias a la institución de los conversos, los monjes podían entregarse a trabajos sin fin lucrativo y ordenados a la vida del espíritu. La copia de manuscritos estaba muy de acuerdo con su existencia, exenta en la medida de lo posible, de las cosas de la tierra. Se consagraron a formar una buena biblioteca.
“Aunque viven en humildad, practicando la pobreza en todas sus formas, sin embargo, tienen una buena biblioteca. Trabajan con mayor ardor en procurarse este alimento imperecedero que permanece eternamente, cuento menos posee alimento material”. [28]
Pedro el Venerable nos los describe asiduos en copiar “sin descanso”, (irriquieti), algo así como hacían los Padres del desierto confeccionando sus cestos.
Esta orientación del trabajo manual, distingue netamente los cartujos de los primitivos monjes. Estos han adquirido una reputación, a veces exagerada, de acérrimos anti-intelectuales. Una vez que había dejado el mundo, de nada parecían preocuparse, más que de su salvación, trabajando con sus manos para luchar contra el sueño, proveer a sus necesidades y dar limosnas. Los cartujos se afiliaron resueltamente, entre los monjes de Occidente que seguían la tradición humanista de San Martín, Casiodoro, San Benito, San Cesareo de Arles, San Isidoro de Sevilla, y a los monjes de Irlanda. [29]
La posibilidad de contar con lecturas variadas, tenía como consecuencia, evitar a los cartujos el peligro del aislamiento y de la ignorancia que, con demasiada frecuencia, gravita sobre la vida eremítica.
5.- LA LITURGIA.
Las observancias de los Padres del desierto, podía ser reconstruida, en el siglo XIº, gracias a la “Vida de los Padres” y a los escritos de Casiano; en cambio su Liturgia era poco conocida.
San Pacomio, San Basilio o Casiano, dan algunas indicaciones sobre este particular, pero de un modo muy vago. Para ver con claridad hubiera sido preciso tener los libros litúrgicos orientales; pero aún admitiendo que eso hubiera sido posible, hay que notar que tales libros no pertenecían al rito latino. Además volver a todo lo que se practicaba en otro tiempo en Egipto era impensable; no se podía hacer abstracción de la evolución que la Liturgia había hecho en los siglos siguientes. Si en este aspecto se dio una innovación en relación con el monacato primitivo, hay que añadir que no podía hacerse de otro modo. Sabemos también, hoy día, que esa evolución existía ya en las Lauras palestinas.
La Liturgia fue lo que más modificó la vida de los cartujos, en comparación de la de los antiguos ermitaños.
Mientras éstos permanecían estrictamente en la celda durante cinco días por semana, los cartujos salían cotidianamente dos veces para acudir a la Iglesia, donde cantaban maitines y Vísperas. Esta costumbre la tomaron de los cenobitas egipcios.
El canto fue tomado también de la vida cenobítica, pues, en ningún lugar, ni en Oriente ni en Occidente, ni en ninguna época, han cantado los solitarios el Oficio.
Los días consagrados a la vida común, los antiguos monjes iban a la Iglesia solo para Maitines, Tercia seguida de la misa y Vísperas. En cambio los Cartujos saldrán de la celda para todas las Horas, salvo Completas. Esta práctica se debe a la influencia de San Benito y a la importancia que concedía a la oración litúrgica.
Es muy probable que para facilitar todos estos oficios conventuales, las celdas se construyeran bastante cerca unas de otras y estuvieran unidas por un claustro. El clima exigía absolutamente esta medida.
Estas innovaciones de carácter litúrgico, principalmente las dos salidas al día de la celda, constituían una brecha notable en el ideal eremítico. Sin embargo, todo da a entender que se adaptaron a sabiendas. Y no hay que olvidar que al mismo tiempo, se intensificó la soledad con otros medios que no eran comunes a los antiguos monjes.
Ignoramos cuáles fueron las circunstancias que motivaron introducir esas costumbres litúrgicas, pero podemos, autorizadamente, ver en ello una disposición providencial, pues entre los muchos grupos eremíticos que surgieron en Occidente, tan sólo dos han subsistido convirtiéndose en Ordenes Religiosas: Los Camaldulenses y los Cartujos. Ahora bien, en ambas se da que sus monjes dispongan cada uno de una celda individual donde reza, trabaja, come y duerme, y al mismo tiempo en ambas Ordenes sus monjes salen de la celda para celebrar en común el Oficio Divino de acuerdo con un ritmo tomado de la vida cenobítica.
Los Camaldulenses siguen el ritmo de los cenobitas de Occidente cuya regla es la de San Benito; y los primeros Cartujos siguieron la regla de los cenobitas del Bajo Egipto, con dos salidas al día (más tarde se añadió una tercera salida para asistir a la Misa Conventual).
META HACIA LA QUE TENDÍA BRUNO
Las observancias religiosas son siempre simples medios. Si San Bruno quiso adaptar las de los solitarios del Bajo Egipto, es porque deseaba alcanzar la misma meta. Esto resalta con claridad en su carta a Raúl le Verd. Al recordar a su amigo su voto de abrazar la vida monástica, se la presenta como totalmente consagrada a la contemplación en la soledad y en el silencio, y esto le da ocasión de hacer de ella un gran elogio.
Mas tarde, también Guigo compondrá otro elogio a la soledad, al final de las Costumbres de Chartreuse. En ellas mencionará una frase de Jeremías citada con frecuencia en al siglo XIIº: “El solitario se sentará silencioso, para elevarse por encima de sí mismo”. (Lam 3, 28). [30] Sin duda que tomó esas palabras de San Jerónimo que en su carta 22 a Eustoquio, después de describir detalladamente las observancias de los cenobitas de Egipto, no ofrece más que ese texto bíblico para caracterizar a los solitarios.
Casiano, en dos de sus conferencias (la 18 del Abad Piamon, y la 19 del Abad Juan) pone esas mismas palabras en labios de sus interlocutores, y siempre para caracterizar la vida solitaria. Si recordamos que Casiano residía en el Bajo Egipto cuando San Jerónimo fue allí como peregrino, podemos pensar con razón que estamos en presencia de una enseñanza auténtica de los antiguos monjes.
Guigo añade a ese comentario. “Jeremías representa de ese modo cuanto de mejor hay en nuestra vocación. El sosiego y la soledad, el silencio y el deseo de las cosas del cielo”.
De ese modo, tanto por las observancias como por la meta a la que tienden, encontramos siempre en el origen de la Cartuja, el ejemplo de los solitarios de Egipto.
CONCLUSIÓN
Los elementos que permitían reconstruir las observancias de la antigua vida semi-anacorética, se encontraban diseminados en los escritos monásticos de San Jerónimo y de Casiano, y en otras obras traducidas del griego desde la antigüedad: La Historia Lausiaca de Paladio, la Historia Monachorumin Aegypto y las Sentencias de los Padres. Era fácil encontrar tales libros en los monasterios del siglo XI, puesto que la regla de San Benito recomienda explícitamente su lectura. [31]
Pasar la semana en la soledad y tener ciertos ejercicios en común los domingos y días de fiesta, cuyo número fue calculado de modo que correspondiera al número de sábados y domingos de los antiguos monjes; imitarlos también al seguir el mismo horario que ellos los domingos... ahí tenemos, de modo muy simplificado, el esquema de la vida de los primeros cartujos.
Pero para que ese modo de existencia permitiera alcanzar el ideal de vida puramente contemplativa, se precisaba una absoluta soledad. En este punto, San Bruno se mostró singularmente exigente. Con sus compañeros, según nos relata Guigo, se presentó al Obispo de Grenoble porque, “iba en busca de un lugar adecuado para la vida eremítica, y todavía no lo habían encontrado”. [32]
Es algo que hace reflexionar. Francia, cubierta entonces de terrenos baldíos y de bosques, estaba mucho menos poblada que en nuestros días. Se ha podido incluso comparar la Europa Occidental de la Edad Media con la América del siglo XIX. [33] Los innumerables grupos de ermitaños que se formaban por aquel entonces se contentaban con la soledad de los bosques. Pero eso no bastaba a Bruno. Su búsqueda hace pensar en la de otros monjes, de todos los países que se adentran cada vez más lejos en el desierto.
San Antonio lo había hecho en cada una de las etapas de su vida, y ha encontrado émulos en todas las épocas. Tales, por ejemplo, los monjes celtas que, de isla en isla, llegaron a Islandia y tal vez hasta América; o también los monjes rusos encaminándose hacia el norte hasta llegar al Mar Blanco o hacia el oeste desapareciendo en los bosques de Siberia.
A esa necesidad de alejarse del mundo inscrita en el corazón de Bruno, la Providencia respondió indicándole, por medio de San Hugo, un lugar completamente cerrado.
Esto exige una explicación. San Bruno recibió el llamamiento a la vida monástica, en el jardincillo de la casa de Adam; pero fue San Hugo, quien en un sueño, recibió las luces necesarias para que pudiera realizarse la fundación.
A cada uno le fue otorgada su gracia, y ambas gracias se complementan y son inseparables. Lo que para el primero podía quedar impreciso, antes de su viaje a Grenoble, se definió luego al encontrar a San Hugo. Para que la fundación fuera posible, Bruno debía pasar a través del Obispo. Dios ponía de este modo su sello sobre esta obra.
El sueño en que San Hugo vio “ a Dios construir en ese desierto una morada para su Gloria”, iba a modificar, sin duda, el proyecto de Bruno. La indicación providencial del lugar, le obligó a adaptarse a las condiciones materiales del lugar y del clima, dando así a la Cartuja su aspecto peculiar.
Ese “retorno”, a los orígenes del monacato primitivo, se realizó, de modo paradójico, por hombres de los cuales, probablemente ninguno era monje.
La reforma preconizada por el Concilio de Aixla-Chapelle, (816-817) no había producido buenos resultados. Al imponer a todos los monasterios del imperio la regla de San Benito, no se tuvo en cuenta una forma de vida más exigente como la que habían practicado los monjes antiguos. Ahora bien, es cosa sabida cuán difícil es cambiar de vida haciendo abstracción de la primera educación, sobre todo cuando se le debe mucho. Repetidas veces se hicieron ensayos para hacer revivir la existencia de los Padres del desierto, (por ejemplo, entre los Camaldulenses y los Cistercienses), pero sin abandonar la regla de San Benito. Con lo que se daba una situación paradójica, al intentar conciliar dos formas de monaquismo que nos son muy compatibles.
Si la Cartuja hubiera sido fundada por un grupo de monjes, muy probablemente también ellos, hubieran intentado desde el inicio, retornar a la existencia de los Padres del Desierto, dentro del marco de la regla de San Benito. Pero dentro de los siete primeros cartujos, ninguno era monje, que sepamos; la mayoría eran clérigos o canónigos. Disposición providencial. Fue con plena libertad de espíritu, sin estar condicionados por un pasado monástico, que Bruno y sus compañeros podrán remontarse a un género de vida “more antiquo Aegyptiorum monachorum”.
BRUNO Y SU TIEMPO
Para comprender bien la intención de Bruno al dirigirse a Chartreuse, hay que situarla en su época. Los historiadores venideros que estudiarán lo ocurrido a los religiosos en este fin del siglo XX, deberán tener siempre presente en su mente el recuerdo del segundo Concilio Vaticano, de lo contrario se expondrán a graves errores. Y esto es válido tanto para las nuevas fundaciones, como para las órdenes antiguas invitadas a renovarse. Pues un solo y único Espíritu gobierna a la Iglesia. De modo análogo el estudio de la vida religiosa en el paso del siglo XI y XII, exige ser considerado a la luz de la Reforma de la que se hablaba por doquier en aquella época.
La descomposición del imperio carolingio, tuvo por consecuencia no sólo la anarquía en el dominio político en el que la fuerza y la violencia ocuparon el lugar de la autoridad y el derecho, sino también la decadencia de costumbres en la Iglesia. Esta yacía bajo el dominio del poder laico. El Papa León IX, pudo, desde su nombramiento, liberarse de tal tutela (1048). Inmediatamente preconizó la Reforma de la Iglesia, reuniendo un Concilio tras otro. Sus sucesores ayudados por sus legados, continuaron ésta obra sin flaquear. Poco a poco esta empresa fue produciendo fruto.
La vida religiosa, que con frecuencia había decaído hasta muy hondo, necesitaba también ser renovada. Capítulos de canónigos y monasterios, por grado o por fuerza, tuvieron que reformarse. Pero sobre todo, se vio entonces surgir nuevas fundaciones en las cuales se descubre un rasgo común característico de la reforma gregoriana. El deseo de retornar a la vida perfecta según las fuentes primitivas, cuando alcanzó su máximo fervor.
Para los canónigos regulares Premostratenses (1120), eso consistió en el retorno a la “vida apostólica”, mediante la exacta observancia de la Regla de San Agustín. (Se creía encontrar en la institución de la vida canonial por los Apóstoles, en Hec. 2.42). Para los cenobitas del Cister (1098), fue la observancia literal de la regla de San Benito, desechando todas las costumbres que la había disminuido o desfigurado. Antes que ellos (1084), San Bruno intentó resucitar la vida solitaria en su modalidad semi-eremítica, según el ideal y costumbres vigentes en el Bajo Egipto, presentados por Casiano como los más perfectos.
Es lo que deja presentir Guillermo de San-Thierry, hacia el año 1144, en su “carta de Oro”, dirigida a los Cartujos de Mont-Dieu, cerca de Reims.
“Ven alma mía con los hermanos de Mont-Dieu que han traído a las tinieblas de occidente y a los fríos de las Galias la luz de Oriente y aquel fervor religioso del antiguo Egipto, ejemplar de vida religiosa y forma de toda comunicación celestial; ven acude en el gozo del Espíritu Santo y en la alegría del corazón, en el regalo de la piedad y en todo obsequio de devota voluntad.
¿Por qué no? Es preciso hacer fiesta y alegrarse en el Señor, porque la porción más escogida de la religión cristiana que tan cerca parecía encontrarse del Cielo, estaba muerta y ha tornado a la vida, se había perdido y ha sido hallada.
Lo habíamos oído, pero no acabábamos de creerlo, lo habíamos leído en los libros y nos maravillábamos del antiguo esplendor y de la abundancia de gracia divina en la vida solitaria, cuando he aquí que de pronto nos encontramos en los campos de la selva, en el Monte de Dios, lleno de riqueza: por ella, el desierto se ha vestido de verdor y hermosura y los collados se han ceñido de alegría” [34]

Bibliografía cartujana
Libros
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Maestro Bruno, Padre de monjes, por un cartujo. 1995.
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Ed. B.A.C. Cuadernos, 127.
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Ed. Cartuja de Porta Coeli
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Cartuxia Defensionis, por Rafael Tardío. Pedir al autor
Camino de los enamorados 1- 2º D.
11002 El Puerto de Sta. Mª
Cádiz (España)
La Scala Claustralium de Guigo II, el Cartujo. por Antonio M. Fdez-Gallardo. Pedir ao autor. 1994.
Ed. Monte Casino.
Zamora (Espanha)
Los Cartujos hoy, por un cartujo
Ed. Cartuja de Sala de Aula Dei
50192 ZARAGOZA (España)
Sol de contemplación, por el cartujo, Hugo de Balmas. 1992.
Ed. Sígeme- Salamanca (España)
El camino de la Cartuja, por Robin Bruce Lockhart. Traduzido por José Mª Ruiz Ramírez. 1986.
Ed. Verbo Divino.
Avda. de Pamplona
31200 ESTELLA (Navarra)
San Bruno. Melodía del silencio, por E. Jiménez Hernández. 1998.
Ed. Grafite.
Ver a Dios con el corazón. La práctica de la oración del corazón., por un Cartujo. 2001
Ed. Nancea. Madrid.
La oración. Entre la lucha y el éxtasis. Por un Cartujo.
Ed. Monte Carmelo (2005).
Apdo. 19. 09080-Burgos (España).
El camino de la verdadera felicidad. Por un Cartujo.
Ed. Monte Carmelo (2005).
Apdo. 19. 09080-Burgos (España).
Los cartujos hablan de su vocación. Por un Cartujo.
Ed. Monte Carmelo (2006).
Apdo. 19. 09080-Burgos (España).
Una carta de Jesucristo. Landspergio, el Cartujo.
Ed. Monte Carmelo (2006).
Apdo. 19. 09080-Burgos (España).
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor cesarreto » Jue Sep 11, 2014 7:47 pm

Esto encontre en el wikipedia y me parece muy interesante para compartir


Orden de los Cartujos

Nombre latino Ordo Cartusiensis
Siglas O.Cart.
Tipo Orden monástica

Fundador San Bruno

Fundación 1084
Lema Stat crux dum volvitur orbis
La Orden de los Cartujos (en francés Ordre des Chartreux y en latín Ordo Cartusiensis, abreviado «OCart»1 ) es una orden contemplativa de la Iglesia católica, fundada por San Bruno en el año 1084. Su lema es en palabraslatinas Stat Crux dum volvitur orbis (La Cruz estable mientras el mundo da vueltas, o, Cruz constante mientras el mundo cambia).
Los cartujos son la orden que profesa más austeridad en la práctica y a lo largo de su existencia han permanecido en pobreza sin caer en lujos. Los monasterios de los cartujos son llamados cartujas y allí buscan estos monjes una vida de contemplación y oración. La regla o regula de los cartujos recibe el nombre de Statutos y difiere de la regla de San Benito practicada por las otras órdenes monacales.
La rama femenina
El primer monasterio de monjas cartujas se fundó en 1147 en Prebayon (Provenza) por un grupo proveniente de un monasterio bajo la Regla de San Cesáreo de Arlés, que anhelaba una vida más interior. Siguieron el consejo de Juan de España, prior de la cartuja de Montrieux, quien les facilitó un ejemplar de lasConstituciones de Guigo. En el siglo XIII se alcanzó el máximo de monasterios femeninos, con 7 casas y 2 afiliadas. En 1794 habían desaparecido todos, hasta1822, fecha en la que se volvió a abrir uno en Francia. En el siglo XX había monasterios en Francia e Italia, y desde 1967 en España.
Cada monasterio femenino tiene considerable independencia, pero está sujeto desde el siglo XIII a visitas regulares de un prior, y se le asigna un vicario, que se ocupa de la dirección espiritual, y dos o tres ayudantes. Todos ellos viven fuera de la clausura de las monjas.
Organización
Cada cartuja está gobernada por un prior elegido por los padres y hermanos del monasterio. Es el responsable del monasterio y de las necesidades espirituales y materiales de los monjes. La orden cartujana siempre se ha resistido a las sugerencias de Roma de elevar a sus priores al rango de abades, a causa del ceremonial y la pompa que esto lleva consigo. El prior coloca a los monjes en los distintos cargos.
El vicario es el suplente del prior. Para ayudar en la administración del monasterio, hay un consejo privado formado por el prior, el vicario, el procurador, un monje (padre o hermano) elegido por el prior, y otro elegido por la comunidad.
El procurador es el monje en el que delega el prior el cuidado de atender las necesidades materiales, y el supervisor del trabajo de los hermanos. Puede tener un ayudante. Otro cargo importante es el maestro de novicios, que lleva su dirección espiritual y comprueba su aptitud. El sacristán se ocupa de la iglesia del monasterio. El chantre dirige el canto del coro. El bibliotecario se ocupa de la custodia de los libros de la biblioteca.
Todos los cartujos están exentos de la dependencia de obispos y cardenales. Los priores dependen directamente del supremo de la orden, que es el prior de laGran Cartuja. Hay un procurador general de la orden para las relaciones con el Vaticano, que vive en los alrededores de Roma.
En el aspecto financiero, los cartujos se mantienen con donaciones y trabajos de los monjes. En caso de no ser autosuficientes, reciben trimestralmente fondos de la Gran Cartuja. Cada dos años se celebra un capítulo general en la Gran Cartuja, al que asisten todos los priores y representantes de los hermanos. Suelen durar dos semanas y revisan el desarrollo de la orden en todos sus aspectos. Todos los monasterios son visitados cada dos años por un visitador y un covisitador, para asegurar que están a la altura de las exigencias de la orden en cuanto a fidelidad y obediencia.
Se ha dicho repetidamente que la orden cartujana no ha sido nunca reformada porque nunca se ha deformado (Nunquam reformata, quia nunquam deformata). Esto se ha expuesto en varias encíclicas papales. En una de ellas, Pío XII afirma:
Al revés que otras órdenes religiosas, esta orden no ha necesitado, en tan largo espacio de tiempo, ninguna enmienda o reforma
Pío XII.Encíclica de 1924
Vida de los monjes cartujos

Hábito cartujo, siglo XVII.
El fin de un cartujo es la contemplación en una vida monástica de oración pura y continua. La primera característica de un monje cartujo es la búsqueda de Dios en la soledad. La soledad del cartujo es encontrada en tres niveles:
1. La separación del mundo
2. La guarda de la celda
3. La soledad interior, o la soledad del corazón
Los monjes cartujos guardan los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, pero además guardan dos votos extras, que son el de estabilidad en el monasterio y el voto de conversión de costumbres, en el cual se busca un crecimiento de entrega hacia el Señor.
Hay dos clases de monjes: los padres cartujos, que reciben la ordenación sacerdotal, y los hermanos cartujos, que no la reciben. Dentro de los hermanos, pueden ser hermanos conversos, que hacen la profesión de votos, igual que los padres, y los hermanos donados, que no hacen votos solemnes de por vida.
Dentro de la cartuja puede haber, aunque es poco frecuente, el estatus de familiar, personas que llevan vida semi-monástica, y ejercen funciones similares a las de criados.
Las cartujas
Las cartujas requieren de gran extensión de territorio debido a que los monjes son eremitas que viven en comunidad: esto les permite tanto el aislamiento como la unión para lograr llevar a cabo su carisma contemplativo.
Los católicos contemplativos incluyendo a los cartujos, son la espiritualidad con menor número de miembros; de los católicos contemplativos la mayoría son mujeres.
Los monjes cartujos viven una vida solitaria y común, en sus cartujas se encuentran:

1.- El claustro grande (donde se agrupan todas las celdas)
2.- Lugares comunitarios (lugares como la cocina, el lavadero, el refectorio, etc.)
3.- Los lugares que producen ruido (talleres de carpintería, forja, etc.)

La vida diaria
La vida diaria de un monje cartujo incluye varias actividades sugeridas que varían en cada cartuja, pero en general siguen el mismo patrón que incluye los oficios como Maitines, Laudes, Prima, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. Estos oficios dan el ritmo fundamental a la jornada de un cartujo. Cada hora del oficio del día es precedida o seguida del oficio de la Santísima Virgen.
Hora Actividad Fin
23:30 Levantarse-Oración en la celda La oración en la celda, en el medio de la noche es uno de los momentos más ricos de la jornada.
0:15 Maitines y Laudes Dependiendo del día, estos oficios duran entre dos y tres horas.
6:30 Levantarse La hora no es fija, pero prepara para las 7:00
7:00 Prima-Angelus El tiempo que sigue al Angelus está consagrado a la oración o a la Lectio Divina
8:00 Misa conventual Se lleva a cabo en la Iglesia
10:00 Tercia
12:00 Angelus - Sexta

Comida y recreación Tiempo libre
14:00 Nona
Trabajo manual y estudio El equilibrio estudio-trabajo manual depende de cada monje.
16:00 Vísperas de la Santísima Virgen
16:15 Vísperas En la iglesia
Colación, lectura, oración Lectura de un libro de autor espiritual o de la Palabra de Dios.
18:45 Angelus - Completas
19:30 Acostarse Libertad entre 19:30 y 20:00
Descontado el tiempo de sueño, comida, aseo y trabajo manual, el padre cartujo dedica 14 horas a la oración y el estudio, de ellas 6 en la iglesia y 8 en la celda.
El hermano cartujo (cartujo sin ordenar) dedica 7 horas diarias a los trabajos u oficios manuales, que se denominan obediencias. El reparto del trabajo lo hace el procurador. Como no tienen tanto tiempo para los oficios como los padres, están dispensados para algunos de ellos. Todos los hermanos hacen cada año un retiro de 8 días en sus celdas.
La alimentación
Los cartujos no comen carne. En Adviento y Cuaresma prescinden también de los alimentos lácteos. Una vez a la semana, generalmente los viernes, toman sólo pan y agua. Desde el 14 de septiembre hasta la pascua, hacen una comida diaria, más un panecillo para cenar. El resto del año tienen dos comidas diarias, una a media mañana y otra por la tarde.
El silencio
El silencio se considera fundamental para lograr la contemplación. Por eso, la palabra se utiliza solamente en el canto o en lo estrictamente necesario para llevar a cabo las tareas cotidianas. Sin embargo, como compensación, los domingos hay un recreo que dura de una hora a hora y media, y los lunes un paseo de tres horas fuera del monasterio, durante el cual se puede hablar libremente. Una vez al año, toda la comunidad disfruta del llamado «gran paseo», que dura todo el día.
En los monasterios no hay periódicos, radio ni televisión. Sólo el prior puede leer noticias, que en caso de suma importancia, a su criterio, puede comunicar a los monjes.
Liturgia cartujana
La liturgia de los cartujos está basada en la escrita por San Bruno y sus compañeros, la cual se distingue por una gran simplicidad y sobriedad. Esta liturgia incluye muchos tiempos de silencio, ningún instrumento musical, si bien está informada con el canto cartujano, parecido al canto gregoriano, pero más austero.
La pureza del canto cartujano se ha preservado celosamente durante siglos. Más lento que el benedictino, de tonos menos agudos, y menos melismático, está considerado como más profundamente espiritual por quienes han escuchado ambos.
Vocación de cartujo

.
Para entrar a un monasterio cartujo se recomienda meditar sobre la vocación que debe ser orientada a un fuerte deseo a la oración. Cualquiera que se sienta atraído por la vida cartujana, puede hacer una experiencia para comprobar su vocación: para ello debe contactar con el prior de una cartuja. A todo aspirante serio se le invitará a pasar unos días en la hospedería del monasterio para conocer un poco la vida de cartujo. Se entrevistará con el prior y con el maestro de novicios, quienes estudiarán la conveniencia de aceptarle a prueba como postulante. La aptitud para la orden cartujana se determina, no sólo por la espiritualidad del candidato, sino también por su salud y equilibrio mental. La tendencia actual es que los candidatos sean examinados por un psiquiatra, para cerciorarse de que no hay desviaciones religiosas, ni ocultas obsesiones en el subconsciente, que podrían aparecer más adelante.
La vocación de alguien que desea ser cartujo no es fácil, pues el contacto con ellos es restringido, desde que ellos se han separado del mundo.
Formación en la vida de cartujo
Postulantado. De tres meses a 1 año.
• Noviciado. Incluye la toma de hábito y dura 2 años
• Votos temporales por 3 años.
• Renovación de votos por 2 años
• Votos y profesión solemne...
Características para ser admitido como cartujo
Tener más de 19 años y menos de 45 para ser monje converso, más de 45 para ser hermano donado.
• Tener el deseo de buscar a Dios.
• Tener inclinación a vivir en soledad para Dios por motivos sobrenaturales.
• Gozar de buena salud y equilibrio mental.
• Estar libre de compromisos familiares y económicos.
• Tener aptitud para el estudio (monjes sacerdotes).
Distribución
Hay 26 cartujas en todo el mundo, de ellas cinco femeninas, con un total de unos 370 monjes y 75 monjas, distribuidos en Europa (21), América (3) y Asia (2). Las dos de Corea del Sur son las últimas creadas (2008).
América
Estados Unidos
• Cartuja de la Transfiguración, Arlington, (Vermont)
Argentina
Cartuja San José (Deán Funes, provincia de Córdoba)
Brasil
Cartuja de Nuestra Señora Medianera, Ivora (Río Grande do Sul)

Europa
España

Monasterio de la Cartuja, antiguacartuja en Sevilla, Andalucía, España.
• Cartuja de Sevilla, Sevilla (Andalucía)
• Cartuja de Vall de Cristo, Villa de Altura, (Castellón).
• Cartuja de Miraflores, Burgos (Castilla y León)
• Cartuja de Aula Dei, Zaragoza (Aragón)
• Cartuja de Santa María de Montalegre, Tiana (Barcelona)
• Cartuja de Porta Coeli, Serra (Valencia)
• Cartuja de Benifasar (Femenina), Puebla de Benifasar (Castellón, Valencia)
• Cartuja de Jerez de la Frontera (Cádiz, Andalucía)
• Cartuja de Granada (Andalucía)
• Cartuja de Cazalla de la Sierra (Sevilla, Andalucía)
• Cartuja de Escaladei, El Priorat (Tarragona). Está abandonada.
Francia

La Grande Chartreuse, cerca de Grenoble, en Francia.
• La Gran Cartuja, Saint Pierre de Chartreuse, Isère
• Cartuja de Nôtre Dame de Montreux, Méounes les Montrieux, La Roquebrunne (Var)
• Cartuja de Nôtre Dame de Portes, Bénonces, Serrières de Briord (Ain)
• Cartuja de Sélignac, Sinandre-sur-Suran (Ain)
• Cartuja de Nôtre Dame de Reillanne (Femenina), Reillannne (Alpes de Haute-Provence)
• Cartuja de Nonenque (Femenina), Manhargues et Latour (Aveyron)
Portuga
. Cartuja de Santa María Scala Coeli (Évora)
Italia
Cartuja de San Bruno, Serra de San Bruno (Catanzaro)
Cartuja de Farneta, Maggiano (Lucca)
Cartuja de Vedana (Femenina), Sospirola
Cartuja de la Trinidad (Femenina), Dego
Gran Bretaña
Cartuja de San Hugo, Parkminster Gowfold, Horsham (West Sussex)
Alemania
• Cartuja de Marienau, Bad Würzach (Baden-Württenberg)
Eslovenia
• Cartuja de Pleterje, Sentjernej
Suiza
• Cartuja de Valsainte, La Valsainte (Fribourg)
Asia
Corea del Sur
• Cartuja de Nôtre Dame de Corea, Sangju
• Cartuja de la Anunciación (Femenina), Sanjju
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor ++00 » Jue Sep 11, 2014 8:13 pm

Buenas noches hermanos en cristo, soy Evelyn y nuevamente los saludo en esta aventura llena de interés por seguir conociendo más y más sobre los monjes que están dedicados a la oración, contemplación, etc.
Una vida consagrada a la oración
Desde la Provenza llegaron en el siglo XII los monjes de la Orden de la Cartuja para construir un monasterio, fundando así la primera cartuja de la Península Ibérica. Escogieron un paraje singular, enmarcado por la Sierra de Montsant, donde un pastor había soñado con unos ángeles que subían al cielo por una escalera apoyada en el tronco de un pino, de ahí Escaladei o «escalera de Dios».

La Cartuja subsistió hasta el 1835 con gran esplendor. Con la desamortización de Mendizábal (1835) los monjes se vieron forzados a huir, privados por decreto de sus tierras. En tan sólo dos años la majestuosa cartuja quedó convertida en un montón de escombros.

Hoy día se pueden visitar las ruinas de la Cartuja de Escaladei recorriendo el exterior de los 3 claustros, la iglesia y el refectorio, así como una celda reconstruida con todo detalle.

La Cartuja de Escaladei es, pues, una visita obligada para todos aquellos que quieran hacer un viaje a los orígenes de la comarca del Priorat.

Pasado y presente de una Orden milenaria

Esta es una parte de la historia de los Cartujos en España. En la actualidad existen 19 casas de Cartujos repartidas por el mundo, con 289 monjes y 5 casas de Cartujas con 65 monjas.

El legado de los cartujos: una Orden que despierta el interés de los jóvenes

Una vida activa y contemplativa

En España existen cuatro casas, la Cartuja de Miraflores en Burgos, la de Porta Coeli en Valencia, la Cartuja de Montalegre en Barcelona, y la de Cartuja de Santa María de Benifasar en Castellón. En total son 61 monjes y 11 monjas.

Pero antes de hablar de su legado y su presencia actual en nuestro país, vamos a hacer un poco de historia para saber cuál es el origen de la Orden de la Cartuja.

San Bruno, el fundador de la Orden

Los Cartujos forman una Orden milenaria, fundada por San Bruno. Nació en Colonia hacia 1030 y llegó a ser designado en 1056 Rector de la Universidad. Bruno, se encuentra cada vez menos a gusto en una ciudad donde no escasean los motivos de escándalo. Después de haber luchado con éxito contra estos desórdenes, experimenta el deseo de una vida entregada totalmente a Dios.

Tras llegar a la región de Grenoble, su obispo, el futuro San Hugo, le ofreció un lugar solitario en las montañas de su diócesis, en el valle selvático de Cartuja, que dará nombre a la Orden. Es aquí donde se estable eremitorio formado por algunas cabañas de madera.

Es nombrado consejero del Papa Urbano II, y funda un nuevo eremitorio en los bosques de Calabria al sur de Italia, donde fallece en octubre de 1101.

Una vida solitaria

Aún hoy en día, los monjes Cartujos llevan una vida solitaria consagrada a la oración, para trabajar por su salvación y por la de toda la Iglesia.

La soledad implica la separación del mundo y se concreta, entre otros aspectos, en una salida semanal, carencia de visitas, sin apostolado exterior y sin radio ni televisión.

Los cartujos no son completamente ermitaños, ya que la vida activa y contemplativa están presentes en especial con la misa conventual, el largo oficio nocturno, la recreación y el espaciamiento.

Las rentas de la Orden están en buena parte aseguradas por la comercialización del licor, pero también por los productos de artesanía provenientes de algunas de las casas.

Pasa la mayor parte del día en su ermita donde ora, estudia,

El legado de los cartujos: una Orden que despierta el interés de los jóvenes

Vida de comunidad en los oficios diurnos

trabaja, come y duerme. Todas las ermitas están adosadas al claustro y completamente separadas unas de otras. Junto a la puerta de la ermita hay un ventanillo en el que se deposita la comida. La primera pieza es una amplia habitación, a modo de zaguán, llamada «avemaría» porque siempre que entra el monje reza un avemaría. Junto al zaguán hay un taller donde el monje puede trabajar. Un pequeño jardín donde el monje cultiva sus flores, sus hortalizas, y le sirve a la vez de asueto, completa la planta baja de la ermita. En la planta superior se encuentra el oratorio, una pequeña habitación que sirve de estudio, el dormitorio y el servicio.

Los domingos y fiestas domina la vida de comunidad, ya que todos los oficios litúrgicos se cantan en la iglesia, se come en el refectorio común y hay un rato de recreación. El lunes hay también un paseo de unas cuatro horas de duración en el que se conversa animadamente.

La vida del cartujo tiene que conjugar aspectos tan opuestos como la vida eremítica y la vida comunitaria, la soledad y la vida fraterna, el silencio y la cordialidad. En la síntesis está el equilibrio.

Cartuja de Santa María de Benifasar

Se encuentra en un auténtico desierto, en el corazón del Parque

El legado de los cartujos: una Orden que despierta el interés de los jóvenes

Cartuja de Benifasar en Castellón

Natural de la Tinença de Benifasar.

Es el primer monasterio de monjas cartujas de España, fundado en 1967 aprovechando las ruinas de un antiguo monasterio cistercienses.

En 1975 fue posible adaptar la estructura general del monasterio, transformando las primitivas celdas cistercienses, en los eremitorios clásicos cartujanos.

Cartuja de Santa María Porta Coeli

En el entorno de la Sierra Calderota, en el Vall de Lullén es donde nos encontramos con este monasterio.

El legado de los cartujos: una Orden que despierta el interés de los jóvenes
Porta Coeli, en Valencia

Fue en 1272 cuando Fray Andrés de Albalat, obispo de València decidió fundarlo. La edificación se inició en 1274, y se la llamó Porta Coeli, la puerta del cielo.

Fue el primer monasterio que se fundó en el recién conquistado Reino de València, y sus primeros 8 monjes provinieron del monasterio tarraconense de Scala Dei.

Aunque inicialmente nació como monasterio dominico, hoy sigue siendo convento cartujo de clausura.

Cartija de Santa María de Montalegre

Se encuentra situada en la comarca catalana del Maresme, muy cerca de la población de Tiana.

El edificio se empezó a construir en el año 1247 para acoger a una pequeña comunidad de monjas agustinas, aunque no es hasta

El legado de los cartujos: una Orden que despierta el interés de los jóvenes

Cartuja de Montalegre, en Barcelona

el 1434 cuando pasan a ocuparlo una pequeña comunidad de monjes Cartujos que procedían del monasterio de Sant Pol. Las obras de la cartuja finalizaron en 1463.

Tras numerosos avatares la Guerra Civil afecta de nuevo a la comunidad. Los 21 padres y 16 hermanos que formaban esta cominuidad se dispersaron, y los Cartujos no regresan hasta 1939, fecha en la que se instala el seminario menor de la diócesis. El seminario se cerró en 1998 ya que resultaba inviable mantenerlo económicamente. El antiguo edificio del seminario se cedió a la Fundación Pere Tarrés y actualmente funciona como casa de colonias.

Cartuja Santa María de Miraflores

Está situada en Burgos, y es la única que se puede visitar. Es una joya de fama internacional, y panteón real.

El legado de los cartujos: una Orden que despierta el interés de los jóvenes
La Cartuja de Miraflores, en Burgos

El monasterio fue levantado por el rey Enrique III y alberga numerosas obras de gran interés, como la sillería gótica del coro de los padres, el coro renacentista de los hermanos, ejecutado en el siglo XVI por Simón de Bueras, y la estatua de San Bruno, obra de gran realismo, de Manuel Pereira.

De Pedro Berruguete es la extraordinaria tabla de la Anunciación que aparece junto al altar mayor.

Los monjes de este monasterio viven de su artesanía, en especial sus rosarios de pétalos de rosa, cultivados, molidos, prensados y engarzados a mano por ellos mismos.
Para ser Cartujo
Nuevas Vocaciones

La vida de los Cartujos no es fácil. Aún así sigue despertando el interés de numerosos jóvenes hoy en día. Para ser cartujo se necesita, ante todo, sentir la llamada de Dios, o vocación. Se requiere también buena salud, no sólo física, sino también psíquica. La adaptación a la soledad exige un carácter equilibrado y madurez humana. Para poder ingresar se exige haber cumplido los veinte años. Los estatutos de esta orden ponen muchas trabas para recibir aspirantes con más de cuarenta y cinco años por lo difícil que resulta la adaptación a su forma de vida a partir de esa edad.

Normalmente, antes de recibir a alguien, se piden informes a algún sacerdote que conozca al aspirante a cartujo. Si éstos son positivos, se le invita a hacer una prueba vocacional de ocho a quince días, que realizará directamente en la ermita, como un monje más.
++00
 
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor Fabian_Jaramillo » Jue Sep 11, 2014 8:46 pm

Al revés que otras órdenes religiosas, esta orden no ha necesitado, en tan largo espacio de tiempo, ninguna enmienda o reforma
Pío XII.Encíclica de 1924

La Orden de los Cartujos (en francés Ordre des Chartreux y en latín Ordo Cartusiensis, abreviado «OCart»1 ) es una orden contemplativa de la Iglesia católica, fundada por San Bruno en el año 1084. Su lema es en palabraslatinas Stat Crux dum volvitur orbis (La Cruz estable mientras el mundo da vueltas, o, Cruz constante mientras el mundo cambia).
Los cartujos son la orden que profesa más austeridad en la práctica y a lo largo de su existencia han permanecido en pobreza sin caer en lujos. Los monasterios de los cartujos son llamados cartujas y allí buscan estos monjes una vida de contemplación y oración. La regla o regula de los cartujos recibe el nombre de Statutos y difiere de la regla de San Benito practicada por las otras órdenes monacales.
Cada cartuja está gobernada por un prior elegido por los padres y hermanos del monasterio. Es el responsable del monasterio y de las necesidades espirituales y materiales de los monjes. La orden cartujana siempre se ha resistido a las sugerencias de Roma de elevar a sus priores al rango de abades, a causa del ceremonial y la pompa que esto lleva consigo. El prior coloca a los monjes en los distintos cargos.
El vicario es el suplente del prior. Para ayudar en la administración del monasterio, hay un consejo privado formado por el prior, el vicario, el procurador, un monje (padre o hermano) elegido por el prior, y otro elegido por la comunidad.
El procurador es el monje en el que delega el prior el cuidado de atender las necesidades materiales, y el supervisor del trabajo de los hermanos. Puede tener un ayudante. Otro cargo importante es el maestro de novicios, que lleva su dirección espiritual y comprueba su aptitud. El sacristán se ocupa de la iglesia del monasterio. El chantre dirige el canto del coro. El bibliotecario se ocupa de la custodia de los libros de la biblioteca.
Todos los cartujos están exentos de la dependencia de obispos y cardenales. Los priores dependen directamente del supremo de la orden, que es el prior de laGran Cartuja. Hay un procurador general de la orden para las relaciones con el Vaticano, que vive en los alrededores de Roma.
En el aspecto financiero, los cartujos se mantienen con donaciones y trabajos de los monjes. En caso de no ser autosuficientes, reciben trimestralmente fondos de la Gran Cartuja. Cada dos años se celebra un capítulo general en la Gran Cartuja, al que asisten todos los priores y representantes de los hermanos. Suelen durar dos semanas y revisan el desarrollo de la orden en todos sus aspectos. Todos los monasterios son visitados cada dos años por un visitador y un covisitador, para asegurar que están a la altura de las exigencias de la orden en cuanto a fidelidad y obediencia.
El fin de un cartujo es la contemplación en una vida monástica de oración pura y continua. La primera característica de un monje cartujo es la búsqueda de Dios en la soledad. La soledad del cartujo es encontrada en tres niveles:
1. La separación del mundo
2. La guarda de la celda
3. La soledad interior, o la soledad del corazón
Los monjes cartujos guardan los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, pero además guardan dos votos extras, que son el de estabilidad en el monasterio y el voto de conversión de costumbres, en el cual se busca un crecimiento de entrega hacia el Señor.
Hay dos clases de monjes: los padres cartujos, que reciben la ordenación sacerdotal, y los hermanos cartujos, que no la reciben. Dentro de los hermanos, pueden ser hermanos conversos, que hacen la profesión de votos, igual que los padres, y los hermanos donados, que no hacen votos solemnes de por vida.
Dentro de la cartuja puede haber, aunque es poco frecuente, el estatus de familiar, personas que llevan vida semi-monástica, y ejercen funciones similares a las de criados.
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor thelmigu2014 » Jue Sep 11, 2014 9:34 pm

Buenas noches amigos peregrinos, después de unos días de ausencia por cuestiones de trabajo, aparezco nuevamente.
La semana pasada encontré a Guido a propósito de la Lectio Divina y me enteré que era cartujo, por eso tuve que averiguar quiénes son los cartujos y me enteré que su fundador es San Bruno. Encontré esto sobre él y la orden:



San Bruno
Fundador de los Cartujos
6 de Octubre
Año 1101

Bruno significa: "fuerte como una coraza o armadura metálica" (Brunne, en alemán es coraza).

San Bruno
Este santo se hizo famoso por haber fundado la comunidad religiosa más austera y penitente, los monjes cartujos, que viven en perpetuo silencio y jamás comen carne ni toman bebidas alcohólicas.

Nació en Colonia, Alemania, en el año 1030. Desde joven demostró poseer grandes cualidades intelectuales, y especialísimas aptitudes para dirigir espiritualmente a los demás. Ya a los 27 años era director espiritual de muchísimas personas importantes. Uno de sus dirigidos fue el futuro Papa Urbano II.

Ordenado sacerdote fue profesor de teología durante 18 años en Reims, y Canciller del Sr. Arzobispo, pero al morir éste, un hombre indigno, llamado Manasés, se hizo elegir arzobispo de esa ciudad, y ante sus comportamientos tan inmorales, Bruno lo acusó ante una reunión de obispos, y el Sumo Pontífice destituyó a Manasés. Le ofrecieron el cargo de Arzobispo a nuestro santo, pero él no lo quiso aceptar, porque se creía indigno de tan alto cargo. El destituido en venganza, le hizo quitar a Bruno todos sus bienes y quemar varias de sus posesiones.

Dicen que por aquel tiempo oyó Bruno una narración que le impresionó muchísimo. Le contaron que un hombre que tenía fama de ser buena persona (pero que en la vida privada no era nada santo) cuando le estaban celebrando su funeral, habló tres veces. La primera dijo: "He sido juzgado". La segunda: "He sido hallado culpable". La tercera: "He sido condenado". Y decían que las gentes se habían asustado muchísimo y habían huido de él y que el cadáver había sido arrojado al fondo de un río caudaloso. Estas narraciones y otros pensamientos muy profundos que bullían en su mente, llevaron a Bruno a alejarse de la vida mundana y dedicarse totalmente a la vida de oración y penitencia, en un sitio bien alejado de todos.

Teniendo todavía abundantes riquezas y gozando de la amistad de altos personajes y de una gran estimación entre la gente, y pudiendo, si aceptaba, ser nombrado Arzobispo de Reims, Bruno renunció a todo esto y se fue de monje al monasterio de San Roberto en Molesmes. Pero luego sintió que aunque allí se observaban reglamentos muy estrictos, sin embargo lo que él deseaba era un silencio total y un apartamiento completo del mundo. Por eso dispuso irse a un sitio mucho más alejado. Iba a hacer una nueva fundación.

San Hugo, obispo de Grenoble, vio en un sueño que siete estrellas lo conducían a él hacia un bosque apartado y que allá construían un faro que irradiaba luz hacia todas partes. Al día siguiente llegaron Bruno y seis compañeros a pedirle que les señalara un sitio muy apartado para ellos dedicarse a la oración y a la penitencia. San Hugo reconoció en ellos los que había visto en sueños y los llevó hacia el monte que le había sido indicado en la visión. Aquel sitio se llamaba Cartuja, y los nuevos religiosos recibieron el nombre de Cartujos.

San Bruno redactó para sus monjes un reglamento que es quizás el más severo que ha existido para una comunidad. Silencio perpetuo. Levantarse a media noche a rezar por más de una hora. A las 5:30 de la mañana ir otra vez a rezar a la capilla por otra hora, todo en coro. Lo mismo a mediodía y al atardecer.

Nunca comer carne ni tomar licores. Recibir visitas solamente una vez por año. Dedicarse por varias horas al día al estudio o a labores manuales especialmente a copiar libros. Vivir totalmente incomunicados con el mundo... Es un reglamento propio para hombres que quieren hacer gran penitencia por los pecadores y llegar a un alto grado de santidad.

San Hugo llegó a admirar tanto la sabiduría y la santidad de San Bruno, que lo eligió como su director espiritual, y cada vez que podía se iba al convento de la Cartuja a pasar unos días en silencio y oración y pedirle consejos al santo fundador. Lo mismo el Conde Rogerio, quien desde el día en que se encontró con Bruno la primera vez, sintió hacia él una veneración tan grande, que no dejaba de consultarlo cuando tenía problemas muy graves que resolver. Y aun se cuenta que una vez a Rogerio le tenían preparada una trampa para matarlo, y en sueños se le apareció San Bruno a decirle que tuviera mucho cuidado, y así logró librarse de aquel peligro.

Por aquel tiempo había sido nombrado Papa Urbano II, el cual de joven había sido discípulo de Bruno, y al recordar su santidad y su gran sabiduría y su don de consejo, lo mandó ir hacia Roma a que le sirviera de consejero. Esta obediencia fue muy dolorosa para él, pues tenía que dejar su vida retirada y tranquila de La Cartuja para irse a vivir en medio del mundo y sus afanes. Pero obedeció inmediatamente. Es difícil calcular la tristeza tan grande que sus monjes sintieron al verle partir para lejanas tierras. Varios de ellos no fueron capaces de soportar su ausencia y se fueron a acompañarlo a Roma. Y entonces el Conde Rogerio le obsequió una finca en Italia y allá fundó el santo un nuevo convento, con los mismos reglamentos de La Cartuja.

Los últimos años del santo los pasó entre misiones que le confiaba el Sumo Pontífice, y largas temporadas en el convento dedicado a la contemplación y a la penitencia. Su fama de santo era ya muy grande.

Murió el 6 e octubre del año 1101 dejando en la tierra como recuerdo una fundación religiosa que ha sido famosa en todo el mundo por su santidad y su austeridad. Que Dios nos conceda como a él, el ser capaces de apartarnos de lo que es mundano y materialista, y dedicarnos a lo que es espiritual y lleva a la santidad.

Que sean pocas tus palabras (S. Biblia).

Fuente: ewtn.com
thelmigu2014
 
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor thelmigu2014 » Jue Sep 11, 2014 9:51 pm

Puesto que San Bruno nació en Alemania, es interesane conocer un poco de ella :
COLONIA:
Colonia (en alemán: Köln; Keulen en holandés) es la ciudad más antigua de Alemania, situada en la cuenca del río Rin en el cruce de antiguas rutas comerciales.

Colonia es una ciudad de Alemania muy cosmopolita, cuenta con numerosos atractivos históricos y culturales. Su ambiente y animación atraen multitud de turistas de todo el mundo, siendo su celebración mas famosa el Carnaval de Colonia.

Información general

Clima de Colonia
El Clima de Colonia es, a diferencia de otras ciudades alemanas, es uno de los más templados y sin exabruptos a lo largo del año. En la ciudad se cruzan variados tipos de clima, como el templado marítimo y el continental, trayendo suaves inviernos y cálidos veranos.

Gastronomía de Colonia
Colonia es una de las más destacadas ciudades de Alemania, debido a su ubicación, a orillas del río Rin, su gastronomía emplea recursos acuáticos desde los fundamentos de la pesca y la agricultura; además presenta notables infuencias extranjeras que le aportan variedad e importancia.

División administrativa de Colonia

Distritos administrativos de Colonia
La ciudad de Colonia se encuentra dividida en 9 distritos administrativos:

1.- Köln-Innenstadt
2.- Köln-Rodenkirchen
3.- Köln-Lindenthal
4.- Köln-Ehrenfeld
5.- Köln-Nippes
6.- Köln-Chorweiler
7.- Köln-Porz
8.- Köln-Kark
9.- Köln-Mülheim

Transporte en Colonia

Encuentra los diversos medios de Transporte en Colonia

Aeropuertos de Colonia
Colonia es una de las ciudades de Alemania que goza de buena popularidad y tráfico de turistas, es por eso que para acceder a ella y a sus diversos atractivos turísticos es necesario valerse de sus medios de transporte, como los aeropuertos, que enlazan diversas ciudades y destinos.


Metro de Colonia
El Metro es uno de los medios de transporte más concurridos en la ciudad, se encuentra operado por la empresa KVB y cubre gran parte del territorio de Colonia con sus 12 líneas de metro

Carreteras de Colonia
La ciudad cuenta con varias atracciones turísticas, pero para visitarlas es necesario desplazarse, teniendo a las Carreteras de Colonia como un importante forma de llegar a la ciudad.

Sitios turísticos de Colonia

Museos de Colonia
Römisch-Germanisches Museum
Museo Imhoff-Stollwerck
Museo Ludwig
Museo Wallraf-Richartz


Monumentos de Colonia
Overstolzenhaus (Casa de los Overstolzen)
Hohenzollernbrücke (Puente de Hohenzollern)
RheinEnergieStadion

Iglesias de Colonia
Catedral de Colonia
Iglesia Santa María del Capitolio en Colonia
Basílica de Santa Úrsul

Parques de Colonia
Rheinpark
Klettenbergpark
Klingelpützpark

Fuente: guiadealomania.com
thelmigu2014
 
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor Pau_lina » Jue Sep 11, 2014 10:23 pm

Las monjas cartujas
El Maestro Bruno entró con seis compañeros en el desierto de Cartuja, el año del Señor 1084, y se instaló allí. Tanto ellos como sus sucesores, permanecieron en aquel lugar bajo la dirección del Espíritu Santo, y, guiándose por la experiencia, fueron creando gradualmente un género de vida eremítica propio, que se transmitía a sus continuadores, no por escrito, sino con el ejemplo.
La existencia de las monjas cartujas se remonta a los orígenes de la Orden de los cartujos. Es en 1145 que las monjas de Prébayon en Provenza, al sur de Francia decidieron abrazar la regla de vida de los monjes de Chartreuse. Ellas fueron acogidas en la Orden por San Antelmo, entonces prior de la Cartuja. Así nació la rama femenina de nuestra Orden. Desde ese momento las monjas cartujas forman con los monjes una única Orden bajo la dirección del mismo Ministro General, el prior de la Gran Cartuja.
Aunque se habían decidido a abrazar la regla de vida de los Cartujos, durante varios siglos las monjas tuvieron una parte de vida común más importante que los monjes. Se pensaba entonces que el temperamento femenino no estaba adaptado para soportar todos los rigores de la soledad de los monjes. Hacia 1970, a raíz de solicitudes apremiantes de las monjas de poder llevar la vida cartujana en plenitud, hubo una evolución hacia una vida más solitaria, de modo que actualmente la vida de las monjas es idéntica a la de los monjes.
Como para ellos, la vida de las monjas cartujas es una vida contemplativa marcada por la soledad. Todo nuestro deseo es responder al llamado de Dios devolviéndole amor por Amor. Nuestros monasterios, alejados de las ciudades, son « desiertos » con el fin de favorecer el encuentro con Dios. En efecto, nuestra aplicación principal y nuestra vocación son encontrar a Dios en el silencio y la soledad. Allí Dios y su servidor mantienen frecuentes coloquios, como se hace entre amigos.
Al igual que en la rama masculina hay en la rama femenina monjas de claustro, dedicadas más especialmente a la soledad de la celda, monjas conversas y donadas. La formación para la vida cartujana dura aproximadamente ocho años y sigue las mismas etapas que la de los monjes. Luego de la profesión solemne o de la donación perpetua, las monjas que lo desean pueden recibir la consagración virginal.
El hábito de las monjas es similar al de los monjes: hábito blanco y cogulla con bandas laterales para las profesas. Pero en lugar de la capucha de los monjes las monjas llevan toca con velo.
En todas las casas de monjas hay uno o dos padres cartujos que garantizan las funciones sacerdotales según el rito cartujano: celebración de la Eucaristía y Ministerio de la reconciliación. Junto con estos padres ordinariamente hay uno o dos hermanos encargados de los trabajos que no pueden ser realizados por las monjas. Padres y hermanos viven en un edificio separado.

Nuestros Oficios litúrgicos son idénticos a los de los monjes. Sin embargo el Oficio de Maitines, a la medianoche, simplemente se recita en lugar de ser cantado, lo que reduce en aproximadamente media hora la duración de nuestra vigilia.
Cada semana hacemos un día de abstinencia pero no a pan y agua: ese día no se nos sirve ni huevo ni pescado, ni tampoco leche, manteca ni queso. El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo son también días de abstinencia; estos días, las monjas que pueden se contentan con pan y agua. Algunos días y en ciertos períodos del año tomamos solamente una comida al mediodía y una pequeña colación por la tarde. Además, en todo tiempo del año, se nos concede a modo de desayuno una bebida y un trozo de pan.
La edad de admisión de las interesadas está comprendida entre los 20 y los 35 años, aunque siempre se puede considerar la posibilidad de una excepción si existen razones serias que hagan pensar en una vocación verdadera.
Las monjas cartujas han conocido en su historia las mismas duras pruebas que los monjes. En 1794, a causa de la Revolución francesa, todas las cartujas de mujeres fueron cerradas, aunque en 1816 algunas monjas que habían sobrevivido volvieron a darle vida a la rama femenina de la Orden que cuenta actualmente con cinco casas en Europa (dos en Francia, en el Macizo Central y en Provenza, dos en Italia y una en España) más una fundación en curso en Corea.

Las « monjas conversas » sirven a Dios en un marco propio de soledad y recogimiento, en el que al mismo tiempo pueden ocuparse de las necesidades materiales de la casa, que se les han confiado a ellas de manera especial.
Las « monjas de claustro » están llamadas a buscar a Dios en el silencio y en la soledad de la celda, la cual normalmente no abandonan más que para encontrarse con las demás monjas en la iglesia.
En el corazón de la noche
Nuestra jornada monástica comienza a primera hora de la mañana con una oración a la Virgen María, que no cesa de engendrarnos espiritualmente a la vida de Cristo.
1h15 : Nos dirigimos con presteza a la iglesia para el oficio nocturno. Tiempos fuertes de la liturgia en la Cartuja, las vigilias de la noche son un signo particularmente claro de la orientación que tiene nuestra vida. En ellas se experimenta la vigilante espera del Señor y la súplica para que sobre las tinieblas del mundo se eleve una aurora de resurrección.
Cuando celebran el oficio divino, las monjas son la voz y el corazón de la Iglesia que, por medio de ellas, presenta al Padre, en Jesús, alabanza y súplica, adoración y humilde petición de perdón.
Para permitir a cada una responder a su gracia particular, las monjas conversas tienen la libertad de escoger entre diversas formas de oración litúrgica. Durante la Eucaristía y los oficios en la iglesia, ellas pueden participar de todo el canto y toda la salmodia, de una parte solamente, o bien orar en silencio.
Las vigilias, unidas a las alabanzas de la mañana, se prolongan por un promedio de dos horas. Luego, la monja regresa a su celda. Como cada vez que entra, ella confía a la Virgen Maria el tiempo de soledad que se le concede, regresando entonces a la cama hasta las 6h30.
Alabanza matutina en el secreto de la celda
7h00 : Somos convocadas a la oración. Acción de gracias por las maravillas de la creación y por el surgimiento del Resucitado que nos lleva en él, el oficio de prima es recitado por cada monja en su celda. Al sonido de la campana, todas oran al mismo tiempo, haciendo del monasterio una sola alabanza a la gloria de Dios.
Según la inclinación de cada cual, las monjas conversas pueden recitar el mismo oficio de salmos que las monjas de claustro, o bien un oficio compuesto de « Padre Nuestros », « Avemarías » y « Gloria al Padres », que resume en sí solo toda la oración y que enlaza a la monja con una larga tradición monástica. Cualquiera que sea la fórmula adoptada, esta oración litúrgica es siempre un oficio de la Iglesia. Por intermedio de la Orden Cartujana la Iglesia confía a la monja un verdadero ministerio.
Sigue un tiempo de oración. La cartuja se esfuerza por ofrecer a Dios un corazón simple y un espíritu purificado, y de fijar en él sus pensamientos y sus afectos. Si ella es fiel, día tras día, de su propio silencio nace en ella algo que le lleva a querer aún más silencio. De esta manera no sólo recibirá el don de servir a Dios, sino también de unirse a él.

Eucaristía y soledad
Una unión que va a ser reforzada por la celebración de la Eucaristía a la que le invita el sonido de la campana a las 8h15.
En su mayor parte, la liturgia conventual es cantada. Nuestro particular estilo de canto gregoriano es parte del patrimonio de nuestra Orden que hemos conservado desde los orígenes por ser portador de interioridad y de sobriedad espiritual. El rito ha sido adaptado a las exigencias del Concilio Vaticano II.
El sacrificio eucarístico es el centro y la cima de nuestra vida, maná del éxodo espiritual que, en el desierto, nos regresa al Padre a través de Cristo. Este desierto, no es otro que el desierto de la celda al que regresamos después de la Misa.
Sola con Dios
Usualmente, las monjas de claustro no vuelven a salir de sus celdas desde el oficio de tercia hasta el de vísperas a las 16hs. Cuando sus trabajos no les retienen fuera de las celdas, las monjas conversas regresan siempre a la celda como a un puerto tranquilo y seguro. Una vez adentro, cerrada la puerta, ellas abandonan toda inquietud y toda preocupación y oran al Padre en lo secreto, habitando en paz bajo la mirada de Dios.
En su persona el Señor nos dado el primer y vivo ejemplo de nuestra vocación cuando, solo, en el desierto, se daba a la oración. De igual forma, ya cuando su Pasión era inminente, abandonó a los apóstoles y se fue a orar solo… Larga es la ruta, áridos y resecos son los caminos que debió él seguir para regresar a la fuente.
Como la de Jesús, nuestra soledad no es solamente una de cuerpo y corazón, sino también de todo aquello que pudiera representar un obstáculo para el encuentro cara a cara con Dios. Es por esto por lo que buscamos contentarnos con lo estrictamente necesario, prefiriendo servir al Cristo pobre para llegar a ser ricas de su pobreza. Ayunamos los viernes y antes de las fiestas litúrgicas a fin de prepararnos para la venida del Señor.
Estudios, trabajo, lectio divina
El corazón y la inteligencia en busca del Señor
Lectio divina
Dios nos habla a través de la Biblia. Es por esto por lo que la monja medita asiduamente las Santas Escrituras hasta que se convierten en una parte de su ser. A través de la lectio divina, o lectura orante de la Palabra de Dios consignada en la Biblia, ella entra en comunión con Cristo y Cristo le lleva a conocer al Padre.
« Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y pondremos en él nuestra morada » (Jn 14,23).
Como María, que conservaba cuidadosamente sus recuerdos y los meditaba en su corazón, la monja se sumerge en la Palabra de Dios, a la escucha de lo que el Espíritu quiere comunicarle hoy.
En la celda, además de recitar el oficio de tercia, la monja conversa consagra una media hora a la lectio divina a fin de poder vivir de la Palabra de Dios a todo lo largo del día.

Estudios
Luego de una hora de lectio divina, la monja de claustro se dedica o al estudio o al trabajo manual, en el interior de la celda.
Durante un año y medio, las novicias se concentran en estudios bíblicos y monásticos; luego le siguen la teología doctrinal y moral. Estos estudios, que son más o menos profundos según las necesidades de cada una, les preparan para una lectura fructífera de la Palabra de Dios. En la soledad uno no se sumerge en la corriente de todas las ideas nuevas, sino solamente para nutrir su fe en la paz y cultivar la oración. Sabiamente ordenada, la lectura fortalece el alma y sirve de apoyo a la contemplación.
…También el cuerpo participa
La monja conversa trabaja en una obediencia. Llamamos «obediencia» a la tarea encomendada a una monja y, por extensión, al lugar en donde ésta la desempeña. Por ejemplo, si una hermana tiene la obediencia de preparar las comidas, su obediencia es la cocina. Con el objeto de permitirle vivir mejor su vocación, los trabajos de las monjas conversas son repartidos de manera que en lo posible cada una trabaja sola, aún en el caso de que varias tengan la misma obediencia. Sea que laven la vajilla o pelen las legumbres, sea que escojan las frutas o mantengan un jardín, su trabajo puede convertirse en la expresión de su comunión con el Hijo de Dios en su amor por el Padre y por todos los hombres.
Sexta y Nona
A las 11h45 el oficio de sexta cierra la mañana y se convierte en una alabanza explícita a Dios. Para rezarla, la monja conversa regresa a su celda. Tanto para ella como para la monja de claustro, la comida, el tiempo libre y el oficio de nona tienen lugar en el recogimiento de la celda.
Nuestra comida la buscamos en la ventanilla. Cerca de la puerta que da al claustro, la abertura en el muro que llamamos ventanilla (fr. "guichet") o torno, permite a cada solitaria una cierta relación con su comunidad sin abandonar la celda ni romper el silencio.
En la Cartuja, los lazos fraternales están totalmente impregnados del silencio de Dios. Y son en efecto tan fuertes que cada cual reconoce y respeta la aspiración de las demás al recogimiento. Tanto para mi hermana como para mí, la soledad es sacramento de encuentro con Dios. En consecuencia, mientras más quiero a mi hermana, más respeto tengo por su vida solitaria y silenciosa.

Generalmente pasamos en la celda el tiempo de esparcimiento que sigue a cada comida: sea en el jardín para cultivarlo o para caminar y contemplar la naturaleza, sea en el interior ocupadas en alguna tarea ligera apropiada para el descanso, ya que como constata san Bruno junto con otros monjes, « El arco siempre tenso se afloja y no vale para su oficio »
13h45 : La campana nos invita nuevamente a salmodiar a Dios con reverencia. Es el oficio de nona, oración solitaria y no obstante, en comunión: ya que el Señor nos ha llamado para que representemos la creación en su presencia, nosotras intercedemos y alcanzamos gracias para todos.
El tiempo de trabajo que sigue puede entonces convertirse en acción de gracias, si acompañamos a Jesús en su humilde y escondida vida de Nazareth, donde trabaja sin cesar en unión con el Padre. Aquellas de nosotras que ya hemos sido incorporadas definitivamente a la Cartuja, generalmente trabajamos hasta la hora de las vísperas.
Los trabajos que las monjas de claustro realizan en sus celdas son variados: encuadernación, costura, tejido, dactilografía, pequeños trabajos de carpintería, confección de iconos... Todas las destrezas y aptitudes son útiles y bienvenidas.
Servicio que nos une a Cristo, quien vino no para ser servido sino para servir, el trabajo diario está considerado por la tradición monástica como un modo muy eficaz de progresar hacia la caridad perfecta.
Alabanza vespertina
6h00 : La campana nos llama a las vísperas. Franqueada la puerta de la iglesia, entramos en la morada de Dios y también en el periodo de oración que marca el fin de la jornada. La alabanza vespertina se celebra en ese momento en el que el día, en su declinar, invita al alma a un shabath (descanso) espiritual, ya que « un descanso ha sido dado al pueblo de Dios » (Heb 4,9).
Conscientes de nuestra responsabilidad, entramos en ese reposo, en disponibilidad para Dios solo.
La monja conversa puede participar en las oraciones en la iglesia o bien preferir que su corazón se remonte al cielo en el silencio de la celda. El trabajo que sigue está impregnado de ese descanso. Una vez terminado, ella regresa a su celda donde se consagra a la oración silenciosa como su hermana de claustro.
Tras la comida (o colación, si estamos en temporada de ayuno), disponemos de un poco de tiempo libre. Una lectura espiritual precede el rezo de las completas.
La jornada concluye con una oración a María, que puede ser vocal o silenciosa. El sentimiento filial de las cartujas hacia la Virgen se expresa a través del rezo de su oficio, en comunión con su acción de gracias por la Redención.
Fiestas y espaciamento : una comunión
Miembros de un mismo cuerpo, lo somos siempre, mas lo manifestamos de manera especial los domingos y días de fiesta: los encuentros son más frecuentes y se dedica un tiempo más prolongado a la reconfortante vida de familia. Tras haber cantado el oficio de sexta en la iglesia nos reunimos para la comida en el refectorio.
Tercia y nona son igualmente cantadas en la iglesia.
Nuevamente nos volvemos a reunir, esta vez para un coloquio: es un encuentro de amistad y un compartir en profundidad a partir de la Palabra del Señor, a la luz de la cual nos esforzamos por orientar nuestra vida.
Una vez por semana, tenemos otro intercambio fraternal en el contexto de una caminata, que llamamos espaciamento y que dura alrededor de tres horas. De dos en dos, cada una puede dialogar fraternalmente con las demás, lo que favorece la unión de las almas y su florecimiento, acrecienta el afecto mutuo y nos ayuda a vivir en soledad.
Situada a unos 200 metros del monasterio, una ermita alberga a los monjes cartujos que comparten nuestra vida litúrgica. El padre o los padres celebran la Eucaristía y los otros sacramentos. Como las monjas conversas, los hermanos realizan su vocación de oración y se encargan de los trabajos relativos a las necesidades de la casa.
Mas la comunión no existe solamente entre los miembros de una misma Cartuja, o entre todos los hijos e hijas de san Bruno. Es también una comunión con la Iglesia visible e invisible.
Escoger la vida solitaria no nos hace abandonar la familia humana. La unión con Dios, si es verdadera, no nos encierra en nosotros mismos, sino que por el contrario, abre nuestro espíritu y dilata nuestro corazón, hasta hacernos capaces de abrazar el mundo entero y el misterio de la Redención de Cristo.
Separadas de todos, estamos unidas a todos: y es así que, en nombre de todos, permanecemos en la presencia del Dios vivo. La oración solitaria es la parte que Dios y la Iglesia nos han confiado, nuestra cooperación con la incesante obra de Cristo :
« Mi Padre trabaja y yo también trabajo » (Jn 5,17)
Porque somos miembros de su cuerpo, nuestra oración es suya, nuestro silencio anuncia su buena nueva y nuestra vigilia, su venida.
Estar orientadas únicamente hacia Aquel que es, dilata nuestro corazón y lo vuelve capaz de llevar en Dios las aspiraciones del mundo.
Misión de las monjas cartujas
“ Cuánta utilidad y gozo divino traen consigo la soledad y el silencio del desierto a quien los ame, sólo lo conocen quienes lo han experimentado ” (San Bruno). Pero la monja cartuja no ha escogido “la mejor parte” (cf. Lc. 10.42) para sólo su provecho personal y exclusivo. Al abrazar la vida oculta, no abandonamos a la familia humana, sino que, consagrándonos a solo Dios, cumplimos una misión en la Iglesia en nombre de todos y por todos. Nuestra unión con el Señor, si es auténtica, dilata el corazón y nos capacita para abarcar en Él los afanes y problemas del mundo.
Si las monjas cartujas han escogido la soledad en la que voluntariamente se imponen tales limitaciones, es con el único fin de estar más abiertas al absoluto de Dios y a la caridad de Cristo, manteniéndose vigilantes para huir de todo egoísmo y viviendo con gran sencillez. Entonces la Palabra de Dios colmará su silencio. Mediante el desasimiento de las cosas y el trabajo, serán solidarias con todos los que sufren, dondequiera que estén, y en el corazón de la humanidad, si bien ocultas al mundo, serán el recuerdo inextinguible de su origen divino, la constante evocación del destino espiritual de todo hombre, porque vive de la misma Vida de Dios.
“En el silencio y la soledad, mediante la escucha de la Palabra de Dios, la práctica del culto divino, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno, los contemplativos orienten toda su vida y actividades hacia la contemplación de Dios. De ese modo ofrecen a la comunidad eclesial una prueba única del amor de la Iglesia a su Señor y contribuyen con una misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del pueblo de Dios ” (Vita Consecrata 8).
http://www.chartreux.org/es/monjas/dia-monja.php
Pau_lina
 
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor marthe » Jue Sep 11, 2014 10:45 pm

Aunque me parece demasiado rigurosa la vida de los cartujos, creo que es un ejemplo y el ideal que deberíamos seguir no solo los cristianos sino todos los seres humanos; vivir en silencio, en paz, en tolerancia y perfecto equilibrio en todo sentido. Son ideales demasiado elevados y difíciles de cumplir en medio de este mundo tan acelerado y cada vez más enajenado por los avances de todo orden; solo estos hombres y mujeres que voluntariamente se consagran a Dios, pueden por su propia voluntad e iluminados por el espíritu santo llevar una vida tan austera. Una de las cosas que más me ha impactado a parte del silencio, es la guarda de la celda.
La guarda de la celda y del silencio
El empeño y propósito nuestros son principalmente vacar al silencio y soledad de la celda. Ésta es, pues, la tierra santa y el lugar donde el Señor y su siervo conversan a menudo como entre amigos ; donde el alma fiel se une frecuentemente a la Palabra de Dios y la esposa vive en compañía del Esposo ; donde se unen lo terreno y lo celestial, lo humano y lo divino. Pero hay que andar mucho por caminos de aridez y sequedad antes de llegar a los manantiales de las aguas y a la tierra de promisión.
Por eso conviene que el que vive retirado en su celda vele diligente y solícito para no procurarse ni aceptar ninguna salida de ella, fuera de las generalmente establecidas ; más bien considere la celda tan necesaria para su salud y vida, como el agua para los peces y el aprisco para las ovejas. Si se acostumbra a salir de ella con frecuencia y por leves causas, pronto se le hará odiosa ; pues, como dice San Agustín : "Para los amigos de este mundo no hay nada más trabajoso que no trabajar". Por el contrario, cuanto más tiempo guarde la celda, tanto más a gusto vivirá en ella, si sabe ocuparse de una manera ordenada y provechosa en la lectura, escritura, salmodia, oración, meditación, contemplación y trabajo. Entretanto, vaya acostumbrándose a la tranquila escucha del corazón, que deje entrar a Dios por todas sus puertas y sendas. Así, con la ayuda divina, evitará los peligros que frecuentemente acechan al solitario : seguir en la celda el camino más fácil y merecer ser contado entre los tibios.
Los frutos del silencio los conoce quien lo ha experimentado. Aunque al principio nos resulte duro callar, gradualmente, si somos fieles, nuestro mismo silencio irá creando en nosotros una atracción hacia un silencio cada vez mayor. Para conseguirlo, está establecido que no hablemos unos con otros sin permiso del Presidente.
El primer acto de caridad para con nuestros hermanos es respetar su soledad. Si se nos permite hablar de algún asunto, sea nuestra conversación tan breve cuanto sea posible.
Los que no son de nuestra Orden ni aspiran a entrar en ella, no se hospeden en nuestras celdas.
Los monjes del claustro dedican todos los años ocho días a una guarda mayor de la quietud de la celda y del recogimiento. Lo que se ha acostumbrado hacer normalmente con ocasión del aniversario de la Profesión.
Dios nos ha traído a la soledad para hablarnos al corazón. Sea, pues, nuestro corazón como un altar vivo, del que suba continuamente ante el Señor una oración pura, por la cual deben ser impregnados todos nuestros actos.

El trabajo en la celda
El monje del claustro, sujeto a la ley divina del trabajo en su propia vocación, huye de la ociosidad que, según los antiguos, es enemiga del alma. Por ello, abraza con humildad y prontitud todos los trabajos que necesariamente trae consigo una vida pobre y solitaria, a condición, sin embargo, de que todo se ordene al ejercicio de la divina contemplación, a la que está totalmente entregado. Además de los diversos trabajos manuales, forma parte de su tarea diaria el cumplimiento de las obligaciones de su estado, principalmente de las que se refieren al culto divino y al estudio de las ciencias sagradas.
En primer lugar, para no perder inútilmente en la celda el tiempo de la vida religiosa, el monje del claustro debe dedicarse con interés y discreción a estudios apropiados, no por el prurito de saber o de editar libros, sino porque una lectura sabiamente ordenada facilita al alma una instrucción más sólida y pone la base para la contemplación de las cosas celestiales. Yerran, pues, los que juzgan que, descuidando al principio el estudio de la palabra de Dios o abandonándolo después, pueden elevarse fácilmente a la unión íntima con Dios. Así, fijándonos más en la sustancia del contenido que en el brillo aparente de la expresión, estudiemos los misterios divinos con ese deseo de conocer que nace del amor y lo inflama.
Con el trabajo de manos, el monje se ejercita en la humildad y reduce todo su cuerpo a servidumbre, para que su alma adquiera una mayor estabilidad. De donde, en los tiempos establecidos, es lícito dedicarse a trabajos manuales verdaderamente útiles, porque no está bien malgastar en bagatelas y trabajos inútiles un tiempo precioso concedido a cada uno para glorificar a Dios. Sin embargo, no queda excluida de este tiempo la utilidad de la lectura y la oración ; más aún, siempre es aconsejable, mientras se trabaja, recurrir por lo menos a las breves oraciones llamadas jaculatorias. También puede a veces suceder que el peso del trabajo sirva de ancla que sujete el vaivén de los pensamientos, ayudando con ello al corazón a permanecer fijo en Dios constantemente, sin fatiga mental.
El trabajo es un servicio mediante el cual nos unimos con Cristo, que no vino a ser servido sino a servir. Son de alabar ciertamente los que se las arreglan por sí solos para cuidar del mobiliario, de las herramientas y de las demás cosas usadas en la celda, aliviando en lo posible el trabajo de los hermanos. Por lo demás, todos han de tener la celda ordenada y limpia.
Siempre puede el Prior imponer a un padre algún trabajo o servicio para bien de la Comunidad, y él lo acepta con agrado y con alegría de corazón, pues en el día de su Profesión pidió ser recibido como el más humilde servidor de todos. Cuando se encomienda un trabajo a un monje del claustro, sea siempre de tal naturaleza que le permita conservar su libertad interior mientras trabaja, sin preocuparse de la ganancia o de cuándo ha de terminar. Porque conviene que el solitario, atendiendo no tanto a la obra como al fin intentado, pueda mantener su corazón siempre en vela. Mas para que el monje permanezca tranquilo y sano en la soledad, muchas veces será conveniente que goce de cierta libertad en la ordenación de su trabajo.
Normalmente no se ha de llamar a los padres a trabajar fuera de sus celdas, sobre todo en las obediencias de los hermanos. Y en caso de que se destinen algunos padres a hacer un trabajo en común, ellos podrán hablar entre sí de lo que requiera tal trabajo, pero no con los que llegan.
Toda nuestra actividad nazca siempre de la fuente interior, a ejemplo de Cristo, que siempre actúa con el Padre, de modo que el mismo Padre haga las obras permaneciendo en Él. Así seguiremos a Cristo en su vida humilde y oculta de Nazaret, tanto cuando oramos a Dios en lo secreto, como cuando trabajamos por obediencia en su presencia”.
http://www.chartreux.org/es/textos/esta ... 1.php#S4_1
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor Pachelli1960 » Vie Sep 12, 2014 7:19 am

Los cartujos

Recordando los 12 cartujos mártires de los nazis: «Si nos matan, decid que ha sido por la caridad» http://bit.ly/1rRQv0G
Gracias
Dios nos bendiga a todos

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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor Olinpa » Vie Sep 12, 2014 7:59 am

La orden fue fundada por San Bruno en el año 1084. Los monasterios de los cartujos se llaman cartujas y allí los monjes llevan una vida de contemplación y oración cotidiana. Estos monjes buscan a Dios en la soledad tanto interior como apartados del mundo. Dedican muchas horas del día a la oración y al estudio, también realizan trabajos manuales. Una cartuja es un monasterio ubicado en un amplio terreno que les permite alejarse del mundo para dedicarse a la contemplación. El monasterio consiste en un claustro donde están ubicadas las celdas o habitaciones de los monjes. También tiene lugares de uso común, como cocina, lavadero, capilla y talleres de carpintería, forja, etc.
El primer monasterio se llamó “la Chartreuse”. Posteriormente se trasladó a la sede actual de la orden que se llama “La Grande Chartreuse” y está ubicada en Isere, Francia.
Los monjes fabrican un licor famoso llamado “La Chartreuse” en honor al monasterio cartujo. Lo elaboran los monjes a partir de hierbas maceradas. Su receta es secreta y solo la conocen dos monjes que la transmiten de generación en generación. Existen varios tipos de licores Chartreuse, el verde, el amarillo, el VEP, elixir vegetal, y el licor de elixir. La destilería y la bodega se pueden visitar. Hay una compañía que se encarga de comercializar y distribuir los licores.
El primer monasterio femenino de monjas cartujas se fundó en el año 1147 en Provenza.
Actualmente existen 26 monasterios cartujos en todo el mundo, 5 son de mujeres. Están distribuidos en Europa, América y Asia y Corea del Sur.
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor iCristinai » Vie Sep 12, 2014 10:57 am

5. La Orden de Chartres

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Chartres origina las voces Chartreux masc., pl.: Cartujos, Chartreuse, fem., plu. Cartujas.
Religieux, religieuse de l'ordre de Saint-Bruno.

La Orden de Chartres (Cartujos y Cartujas) fue fundada por San Bruno.



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San Bruno, Fundador de los Cartujos (Chartreux), 6 de Octubre del Año 1101. Bruno significa: "fuerte como una coraza o armadura metálica" (Brunne, en alemán es coraza). Este santo se hizo famoso por haber fundado la comunidad religiosa más austera y penitente, los monjes cartujos, que viven en perpetuo silencio y jamás comen carne ni toman bebidas alcohólicas.

Nació en Colonia, Alemania, en el año 1030. Desde joven demostró poseer grandes cualidades intelectuales, y especialísimas aptitudes para dirigir espiritualmente a los demás. Ya a los 27 años era director espiritual de muchísimas personas importantes. Uno de sus dirigidos fue el futuro Papa Urbano II.

Ordenado sacerdote fue profesor de teología durante 18 años en Reims, y Canciller del Sr. Arzobispo, pero al morir éste, un hombre indigno, llamado Manasés, se hizo elegir arzobispo de esa ciudad, y ante sus comportamientos tan inmorales, Bruno lo acusó ante una reunión de obispos, y el Sumo Pontífice destituyó a Manasés. Le ofrecieron el cargo de Arzobispo a nuestro santo, pero él no lo quiso aceptar, porque se creía indigno de tan alto cargo. El destituido en venganza, le hizo quitar a Bruno todos sus bienes y quemar varias de sus posesiones.

Dicen que por aquel tiempo oyó Bruno una narración que le impresionó muchísimo. Le contaron que un hombre que tenía fama de ser buena persona (pero que en la vida privada no era nada santo) cuando le estaban celebrando su funeral, habló tres veces. La primera dijo: "He sido juzgado". La segunda: "He sido hallado culpable". La tercera: "He sido condenado". Y decían que las gentes se habían asustado muchísimo y habían huido de él y que el cadáver había sido arrojado al fondo de un río caudaloso. Estas narraciones y otros pensamientos muy profundos que bullían en su mente, llevaron a Bruno a alejarse de la vida mundana y dedicarse totalmente a la vida de oración y penitencia, en un sitio bien alejado de todos.

Teniendo todavía abundantes riquezas y gozando de la amistad de altos personajes y de una gran estimación entre la gente, y pudiendo, si aceptaba, ser nombrado Arzobispo de Reims, Bruno renunció a todo esto y se fue de monje al monasterio de San Roberto en Molesmes. Pero luego sintió que aunque allí se observaban reglamentos muy estrictos, sin embargo lo que él deseaba era un silencio total y un apartamiento completo del mundo. Por eso dispuso irse a un sitio mucho más alejado. Iba a hacer una nueva fundación.

San Hugo, obispo de Grenoble, vio en un sueño que siete estrellas lo conducían a él hacia un bosque apartado y que allá construían un faro que irradiaba luz hacia todas partes. Al día siguiente llegaron Bruno y seis compañeros a pedirle que les señalara un sitio muy apartado para ellos dedicarse a la oración y a la penitencia. San Hugo reconoció en ellos los que había visto en sueños y los llevó hacia el monte que le había sido indicado en la visión. Aquel sitio se llamaba Cartuja, y los nuevos religiosos recibieron el nombre de Cartujos.

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San Hugo de Grenoble o Hugo de Châteauneuf nació en (Châteauneuf-sur-Isère hacia el año 1053 y murió el 1 de abril de 1132.
Fue un eclesiástico nombrado canónigo en la ciudad de Valence y después obispo de Grenoble de 1080 a 1132. Ferviente defensor de la reforma gregoriana. Canonizado en 1134 por Inocencio II. Su memoria se recuerda cada 1 de abril.



San Bruno redactó para sus monjes un reglamento que es quizás el más severo que ha existido para una comunidad. Silencio perpetuo. Levantarse a media noche a rezar por más de una hora. A las 5:30 de la mañana ir otra vez a rezar a la capilla por otra hora, todo en coro. Lo mismo a mediodía y al atardecer.

Nunca comer carne ni tomar licores. Recibir visitas solamente una vez por año. Dedicarse por varias horas al día al estudio o a labores manuales especialmente a copiar libros. Vivir totalmente incomunicados con el mundo... Es un reglamento propio para hombres que quieren hacer gran penitencia por los pecadores y llegar a un alto grado de santidad.

San Hugo llegó a admirar tanto la sabiduría y la santidad de San Bruno, que lo eligió como su director espiritual, y cada vez que podía se iba al convento de la Cartuja a pasar unos días en silencio y oración y pedirle consejos al santo fundador. Lo mismo el Conde Rogerio, quien desde el día en que se encontró con Bruno la primera vez, sintió hacia él una veneración tan grande, que no dejaba de consultarlo cuando tenía problemas muy graves que resolver. Y aun se cuenta que una vez a Rogerio le tenían preparada una trampa para matarlo, y en sueños se le apareció San Bruno a decirle que tuviera mucho cuidado, y así logró librarse de aquel peligro.

Por aquel tiempo había sido nombrado Papa Urbano II, el cual de joven había sido discípulo de Bruno, y al recordar su santidad y su gran sabiduría y su don de consejo, lo mandó ir hacia Roma a que le sirviera de consejero. Esta obediencia fue muy dolorosa para él, pues tenía que dejar su vida retirada y tranquila de La Cartuja para irse a vivir en medio del mundo y sus afanes. Pero obedeció inmediatamente. Es difícil calcular la tristeza tan grande que sus monjes sintieron al verle partir para lejanas tierras. Varios de ellos no fueron capaces de soportar su ausencia y se fueron a acompañarlo a Roma. Y entonces el Conde Rogerio le obsequió una finca en Italia y allá fundó el santo un nuevo convento, con los mismos reglamentos de La Cartuja.

Los últimos años del santo los pasó entre misiones que le confiaba el Sumo Pontífice, y largas temporadas en el convento dedicado a la contemplación y a la penitencia. Su fama de santo era ya muy grande.

Murió el 6 e octubre del año 1101 dejando en la tierra como recuerdo una fundación religiosa que ha sido famosa en todo el mundo por su santidad y su austeridad. Que Dios nos conceda como a él, el ser capaces de apartarnos de lo que es mundano y materialista, y dedicarnos a lo que es espiritual y lleva a la santidad.

Que sean pocas tus palabras (S. Biblia).

Les chartreux forment un ordre monastique à vœux solennels fondé en 1084 par saint Bruno, avec six compagnons, à la Grande-Chartreuse, près de Grenoble.
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L'ordre se répandit dans toute l'Europe. Le prieur de la Grande-Chartreuse est général de l'ordre, dont font également partie les monastères de moniales. L'observance cartusienne est conçue en vue d'une vie solitaire, consacrée aux exercices de la vie contemplative, à l'exclusion de tout ministère extérieur.

Larousse Francais

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Grenoble, la cité

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Grenoble, el lugar en la cartografía

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Autor: El País de la Chartreuse | Fuente: http://www.chartreuse.fr
Historia de la orden de los Cartujos

Los Cartujos son contemplativos que dedican, en el silencio, todo su existencia a Dios, a su escucha

Fundada en 1084, la Orden de los Cartujos es actualmente una de las órdenes más antiguas de la Cristiandad. Fue Bruno, nacido en Colonia cerca del año 1030, quien la fundó. Profesor muy estimado de la escuela aneja a la catedral de Reims, a la que dio fama europea, se encontraba en la cumbre de esta celebridad cuando decidió seguir lo que consideraba su verdadera vocación : dejar el mundo y los honores para vivir sólo para Dios y " abrazar la vida monástica ".


Con 6 compañeros y después de varios intentos que no le satisfacieron, llegó a Grenoble, atraído por la reputación del joven obispo reformador, Hugues. Pero éste había visto a Dios en sueños que construía para su aureola una morada en el centro de una montaña llamada " Chartreuse ", lugar muy poco habitado que se llamó " desierto " ; siete estrellas le indicaban el camino.

Hugues vio en la llegada de Bruno y de su 6 compañeros la respuesta de la Providencia a este sueño misterioso. Allí fue a donde condujo a sus visitantes. Fue en junio de 1084 cuando Bruno reconoció en este sitio solitario el lugar que estaba buscando.

Se construyeron de modo rápido celdas de madera. Una galería las unía a una capilla y a algunos edificios destinados a la vida comunitaria, ya que Bruno pensaba que era necesario asociar al rigor de una vida solitaria un elemento importante de la vida fraternal y comunitaria. Fue esta asociación la que haría la principal originalidad de la Orden de los Cartujos, que nació así.

Después de seis años de vida en Chartreuse, y por el renombre de su fama, Bruno fue llamado por el Papa Urbano II, uno de sus antiguos discípulos, para ayudarle con sus consejos. El Papa no le retuvo mucho tiempo en la corte pontifical y, consciente de la vocación profunda de Bruno, le consiente crear un nuevo retiro de silencio y de soledad en Calabria donde se retiró y murió el 06 de Octubre 1101.



No se escribió ninguna regla de la Orden en aquel momento: se conformó según las costumbres simplemente instauradas por Bruno y sus compañeros. Fue Guighes, quinto prior de la Orden, quien emprendió la tarea de redactarlas cerca del año 1125. En efecto, otros monasterios de "Cartujos" fueron fundados y era necesario dejar por escrito el fruto de las inspiraciones de Bruno.


Hoy en día, el conjunto de los 24 monasterios que hacen brillar el espíritu cartujano observa los Estatutos de la Orden Cartujana promulgados en 1989 después de la puesta a punto solicitada por el Concilio del Vaticano en primer lugar, por la promulgación del nuevo Código de Derecho Canónico, y después de modo que se preservará el gran ideal de Bruno en el mundo de hoy.

A la vez que detallan el modo de vida del monje, estos Estatutos comunican el espíritu que es la base de la vida solitaria: el silencio de la celda, el rezo continuo, el trabajo humilde y pobre, pero también la vida fraternal, el rezo litúrgico en común, la obediencia tanto al superior de la casa (el Prior) como al Cabildo General que toma todas las decisiones que atañen a la vida de la Orden.


Modo de ser, hábitos de vida de los Cartujos

Los Cartujos son contemplativos que dedican, en el silencio, todo su existencia a Dios, a su escucha. Su vocación se desarrolla bajo dos formas :

- Los Padres son sacerdotes es decir que han recibido el sacerdocio. La mayor parte del tiempo, viven en el silencio de su casita llamada "celda".

- Los Hermanos, además de su vida contemplativa, ejecutan las obras necesarias para la vida del Monasterio. Estos dos modos de vida del Cartujo son muy complementarios, bajo el signo de la búsqueda común de Dios, en un ámbito de vida muy solitaria.


La soledad del Cartujo no es una dimisión ni un abandono, sino la elección de un espacio de libertad, en que se expresa plenamente el don de sí mismo, a favor de la humanidad, y en que se alza permanentemente un rezo universal. Así, en nuestro mundo moderno, que cambia continuamente, la Orden de los Cartujos afirma siempre desde los primeros pasos de Bruno en las montañas de Chartreuse, una búsqueda universal, un ideal de verdad y una plenitud interior. La búsqueda del hombre entero, del hombre de todos los tiempos.


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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor iCristinai » Vie Sep 12, 2014 11:08 am

Chartreuse, un licor famoso

http://www.merriam-webster.com/dictionary/chartreuse

Chartreuse: a variable color averaging a brilliant yellow green.

1. Definition of CHARTREUSE
—used for a usually green or yellow liqueur

2. Origin of CHARTREUSE
Chartreuse: First Known Use since 1884.


http://encyclopedia2.thefreedictionary.com/chartreuse

[color=#000080]chartreuse[/color]
A monastery of the Carthusian monks, esp. in France.

chartreuse (shärtrz`), liqueur made exclusively by Carthusians at their monastery, La Grande Chartreuse, France, until their expulsion in 1903. The French distillery and trademark were sold, and the order set up a new plant in Tarragona, Spain. The monks' product is identified by the name Liqueur des Pères Chartreux. Readmitted to France in 1941, the Carthusians resumed manufacture there. Green chartreuse contains about 57% alcohol; the sweeter yellow variety, about 43%.

Chartreuse: Un licor famoso


Chartre-sur-la-Loire: es el nombre de un lugar viticola situado en el valle de Loira (Loire)
El Chartreuse (femenino de Chartres, Chartreux, masculino de Chartres)

Chartreuse (f.) es el nombre de un licor de hierbas de origen francés elaborado por los monjes Cartujos, o Chartreux en francés, tanto la orden religiosa como el licor de hierbas reciben su nombre por la región donde se encuentran, cerca del macizo de Charteuse.



A ..."comienzos del siglo XVII que el Mariscal d’Estrées entregó a los monjes cartujos de Vauvert, en París, un manuscrito que revelaba la fórmula de un elixir de larga vida, cuyo origen nadie conoce.
En aquella época los monjes eran de los pocos que tenían los conocimientos necesarios para trabajar con plantas, no obstante la receta tampoco era la panacea ya que sólo fue empleada durante unas décadas en Paris.
Casi un siglo más tarde, en 1737, los cartujos de Grenoble decidieron tomar un poco más en serio aquella receta e hicieron un estudio más exhaustivo, finalmente dieron con una formula que ha llegado hasta nuestros días bajo el nombre de Elixir Vegetal de la Grande-Chartreuse, elaborado a partir de una mezcla secreta de 130 hierbas y con 71º de volumen de alcohol. Se consume de manera similar a la absenta, diluyendo un terrón de azúcar.
Éste es el licor de mayor graduación, pero no por ello el más vendido y conocido, realmente son el Chartreuse verde y el Chartreuse amarillo los buques insignia. El primero apareció en la segunda mitad de siglo y cuenta con 55º de volumen de alcohol, mientras el segundo, el Chartreuse amarillo no apareció hasta un siglo después, siendo una versión más suave con 40º de vol. alcohólico.
Y es que afortunadamente la receta sobrevivió a la revolución francesa, pero no fue hasta 1838 que la formula original del Chartreuse verde se adaptó para producir un licor más dulce y suave. A comienzos del siglo pasado los Cartujos fueron expulsados de Francia, pero no se fueron muy lejos, fueron a parar a Tarragona, al noroeste de España, donde montaron una destilería y comenzaron a fabricar nuevamente su licor de hierbas."


Si necesitan obtener mayor información: http://www.coctelybebida.com/articulo/c ... z3D6zhLFfu
iCristinai
 
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor betyruta51 » Vie Sep 12, 2014 11:19 am

Buen día en Cristo Jesús y María Santísima. Que El Padre Todopoderoso les siga prodigando el Espíritu Santo. A continuación la información que he encontrado con la relación a las Hermanas de Belén, de la Asunción de la Virgen y de San Bruno:

Hermanas de Belén, de la Asunción de la Virgen y de San Bruno



Gloriosísimo San Bruno
Padre de monjes y monjas

“Nueve siglos después de su muerte, en su bondad sin medida, San Bruno extiende su paternidad sobre nuevos discípulos. En una vida semejante a la vida de la Virgen, les comunica su propia manera de vivir según el Evangelio, en soledad con Cristo, con el Padre, a la sombra del Espíritu Santo”.
La Familia Monástica de Belén, de la Asunción de la Virgen y de San Bruno, formada por una rama femenina y otra masculina, nace en 1950 de la fe de la Iglesia en la Asunción de María Santísima en Cuerpo y Alma a los Cielos. Un grupo de peregrinos franceses, que acuden a la proclamación del Dogma por Pío XII, sienten un llamado especial de Dios: si cada persona humana es elegida por el Padre en su Hijo, desde antes de la creación del mundo, como lo hizo de manera especialísima con María Virgen, así el Padre busca a cada miembro de la familia humana como adorador en espíritu y en verdad, ya desde ahora, durante la vida en la tierra. Con María Glorificada, cada persona humana, sea cual sea su pecado, es esperada para siempre en el gran Silencio de Amor de la Santísima Trinidad. En 1998 Juan Pablo II los erige como Instituto Religioso Monacal de Derecho Pontificio.


Monjes
Con la Virgen María, su propósito es adorar sin cesar a la Santísima Trinidad y a Cristo presente en la Eucaristía, y vivir en silencio y oración, lejos de la mirada de los hombres. Su vida está caracterizada por ser: vida litúrgica (la liturgia se inspira en la tradición del Oriente cristiano), vida de silencio y soledad, de comunión fraterna, de obediencia, vida de estudio de la Verdad y de trabajos manuales, con los que se sustentan.


“La oración continua, el mayor amor entre las personas, el silencio y la soledad con Dios libremente elegidos y vividos día tras día por cada uno, la obediencia a la voluntad del Padre, constituyen el carácter fundamental de esta vida evangélica indisociablemente solitaria, litúrgica y fraterna, en el corazón de la Santa Iglesia”.


Según la expresión de San Bruno, los que han recibido su paternidad espiritual y su sabiduría de vida, montan en su celda “una guardia santa”, a la espera de la vuelta del Señor. Tanto en su celda solitaria como cuando se reúnen dos veces al día en la iglesia del monasterio para celebrar la oración litúrgica de la Iglesia, los monjes y las monjas de Belén son los perpetuos celebrantes de la Gloria de Amor de la Santísima Trinidad. A la luz de la Palabra de Dios leída, meditada, celebrada, rezada, contemplada, se esfuerzan por dejar que el Espíritu Santo convierta su corazón y su vida. Sin descanso, interceden por todos los hombres. Los domingos siguiendo la tradición cartujana, la comunidad sale de paseo.

“Al recibir esta vocación, los miembros de la comunidad naciente se comprometen desde el principio a reservar siempre a la Virgen Maria glorificada el título y la función de Priora y Fundadora de su Familia Monástica, y a ejercer el gobierno de la misma sólo en humilde mendicidad y cumpliendo con Cristo y con Ella, toda Voluntad del Padre.” (Decreto de erección, 1998)
La Familia Monástica es gobernada por el Capítulo General a cuya cabeza están el Prior y la Priora de Belén. Los monjes y monjas superan los 500 miembros repartidos en 30 monasterios femeninos y 3 masculinos, en los siguientes países: España, Austria, Italia, Francia, EEUU, Israel, Alemania, Argentina, Canadá, Lituania, Polonia, Bélgica, Chile, Portugal y Chipre.


Hermanos: Monastero dell’Assunta lncoronata- Monte Corona, 1-06019 Umbertide (PG)- Italia. (Diócesis de Perugia)

Hermanas en España:

- Monasterio Santa María Reina de Sigena: E-22231 Villanueva de Sigena, Huesca- España. (Diócesis de Barbastro-Monzón)

- Monasterio de Belén- Cartuja Nuestra Señora de la Defensión: Carretera Jerez Algeciras Km. 4, 11406 Jerez de la Frontera- España. (Diócesis de Jerez)
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor AnyM » Vie Sep 12, 2014 7:36 pm

LA ORDEN DE LOS CARTUJOS

Es una orden contemplativa de la Iglesia Católica, fundada por San Bruno en el año 1084. Su lema es en palabras latinas Stat Crux dum volvitur orbis ( La Cruz estable mientras el mundo da vueltas, o, Cruz constante mientras el mundo cambia.

Los cartujos son la orden que profesa más austeridad en la práctica y a lo largo de su existencia han permanecido en pobreza sin caer en lujos. Los monasterios de los cartujos son llamados cartujas y allí buscan estos monjes una vida de contemplación y oración.

La regla o regula de los cartujos recibe el nombre de Statutos y difiere de la Regla de San Benito practicada por las otras órdenes monacales.

San Bruno nació en Colonia hacia 1030 y llegó, siendo aún joven, a estudiar en la escuela catedralicia de Reims. el grado de doctor y nombrado Canónigo del Capítulo de la catedral, fue designado en 1056 escoláster, es decir, Rector de la Universidad. Fue uno de los maestros más renombrados de su tiempo : « …un hombre prudente, de palabra profunda. »

Bruno, se encuentra cada vez menos a gusto en una ciudad donde no escasean los motivos de escándalo por parte del alto clero e incluso del mismo Arzobispo. Después de haber luchado con éxito contra estos desórdenes, Bruno experimenta el deseo de una vida más entregada totalmente a sólo Dios.

Tras un ensayo de vida solitaria de breve duración, llegó a la región de Grenoble donde el obispo, el futuro San Hugo, le ofreció un lugar solitario en las montañas de su diócesis. En el mes de junio de 1084 el mismo obispo, condujo a Bruno y sus seis compañeros al valle selvático de Cartuja que dará su nombre a la Orden. Allí construyen su eremitorio formado por algunas cabañas de madera que se abren a una galería, que permite acceder sin sufrir demasiado por la intemperie a los lugares de vida común: La iglesia, el refectorio y el Capítulo.

El lugar elegido no fue muy acertado por la cantidad de avalanchas de nieve que soportaban, así que uno de los sucesores de San Bruno, Guido I, trasladó la comunidad algo más abajo de la gran montaña y fundó La Grande Chartreuse.


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La Grande Chartreuse, en Isère (Francia), monasterio fundador y sede de la orden.

Licor de los Cartujos

El Chartreuse es un licor de hierbas francés elaborado por los monjes de la Orden de los Cartujos o Chartreux en francés; una de las órdenes monásticas cristinanas más antiguas. Cuenta la historia en el portal oficial de esta bebida que en 1605, el Mariscal d'Estrées entregó a los Monjes de la Chartreuse de Vauvert, en París, un Manuscrito que revelaba la fórmula de un Elixir de Larga Vida, cuyo origen nadie conoce.

La receta se produjo entonces durante algunas décadas y luego entró en desuso, hasta que en 1737 la rescataron olvidada en el apotecario y se fijó la fórmula moderna, que comenzó a comercializarse en pequeña escala. Este Chartreuse original se fabrica hoy en día de acuerdo a esta receta, y posee 71°. En 1764 aparece el Chartreuse Verde de 55°, el cual gozó de éxito inmediato.

La Revolución Francesa dispersó esta orden, pero lograron hacer una copia del manuscrito con la fórmula a tiempo. Éste pasó por varias manos, incluso por el Ministerio de Interior de Napoleón, hasta que finalmente regresó al monasterio de la Grande-Chartreuse, al cual los monjes habían regresado en 1816. Poco después, desarrollan en Chartreuse Amarillo, con 40°.

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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor Al+100cia » Vie Sep 12, 2014 7:59 pm

["laura valeriano"]Lo que implica una vida poco conocida
"El empeño y propósito nuestros son principalmente vacar al silencio y soledad de la celda. Ésta es, pues, la tierra santa y el lugar donde el Señor y su siervo conversan a menudo como entre amigos ; donde el alma fiel se une frecuentemente a la Palabra de Dios y la esposa vive en compañía del Esposo ; donde se unen lo terreno y lo celestial, lo humano y lo divino. Pero hay que andar mucho por caminos de aridez y sequedad antes de llegar a los manantiales de las aguas y a la tierra de promisión..."

Me atrapó eso de…”una vida poco conocida”...

Por eso al “recordar”- traer a mi corazón- lo que va surgiendo en este peregrinar; digo…esas vidas escondidas hoy se hacen presente, para acompañarme en este camino de búsqueda de la Presencia de Dios, en comunión con otros hermanos…


Estuve releyendo el primer capitulo “Dios estaba allí y yo lo ignoraba” de un libro “Mi Dios, mi roca” del Padre Dominico Jacques Loew. Me detuve en el título “Silencio, nieve y Cartuja”, del que extraje esto:


“El canto de mis certezas que yo entono en la actualidad…tiene su fuente en la ternura de Dios […]mi búsqueda de la existencia o inexistencia de Dios se hizo continua y profunda, llegando a veces hasta ser angustiosa…me parecía tan inexplicable el mundo, que verdaderamente Dios no me parecía una explicación posible. […]

Pregunté entonces a un compañero del sanatorio si no conocía algún lugar en la montaña al que pudiera escaparme por algún tiempo. Me aconsejó ir a la Cartuja …

Al llegar a la Cartuja cubierta de un metro o más de nieve, quedé sobrecogido como tantos otros por esa atmósfera de blancura y por ese silencio inconcebible. Cuando llegué a la pequeña habitación de madera blanca a la que el padre hospedero me llevó, instintivamente caí de rodillas e hice allí mismo mi primera oración “Dios mío, si existes, haz que te conozca”.

Después asistía desde la tribuna, sin tener idea de qué se trataba, a los oficios de Semana Santa, de los que no entendí completamente nada. Pero el espectáculo de aquellos monjes con el rostro rosado de frío y permaneciendo durante horas en sus sitiales me admiraba grandemente. Estos hombres, pues, habían descubierto a Dios en tal forma que toda su dicha consistía en no vivir sino con él en esta soledad glacial.

Al día siguiente de mi llegada recibí la visita del padre hospedero, la cual también me admiró profundamente. Yo suponía que el cura vendría a tomarme si no por la mano al menos por el espíritu y me explicaría punto por punto que Dios existía. Me encontré con un hombre que hablaba y me hacía hablar de Valéry y de Gide, de todos los autores más modernos y que se contentó con decirme todo sonriente: “Estás en buen camino, no tienes más que seguirlo”.

Los pocos días de esta Semana Santa transcurrieron muy rápidamente. Por último, pude participar en un oficio nocturno con motivo de la Anunciación, que ese año había caído después de Pascua. Esa oración nocturna, esos hombres que cantaban con voz fuerte y serena por y en nombre de una humanidad que los ignoraba por completo me marcaron profundamente.

La idea de conversión se me imponía poco a poco…”


El Padre Loew (1908 -1999): en 1929 es abogado, en 1939 se ordena sacerdote y para 1982 comparte la oración y la vida de los monjes cistercienses- trapenses de la abadía de Citeaux.
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor Al+100cia » Vie Sep 12, 2014 8:12 pm

[quote="ma_allegretti"]La Cartuja de San José

La idea de fundar una Cartuja en Argentina surgió en 1995... la Conferencia Episcopal Argentina recibió el pedido de la Orden de la Cartuja para fundar un nuevo monasterio en el país.[...] Se les ofreció varios sitios donde se podrían establecer: Bariloche, San Martín de Los Andes y San Juan. Los monjes cartujos buscaron primero en San Juan, en tiempos de Monseñor Di Stefano, en unos páramos cercanos a Jáchal, Tucunuco, pero el Obispo no pudo resolver el problema de la provisión de agua suficiente para la vida de los monjes.

:!: Por vos me vengo a enterar que casi se instalan en mi tierra natal :roll:
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor Idamis Sanchez » Vie Sep 12, 2014 9:26 pm

La orden de los CartujosLa Orden de los Cartujos (en francés Ordre des Chartreux y en latín Ordo Cartusiensis, abreviado «OCart»1 ) es una orden contemplativa de la Iglesia católica, fundada por San Bruno en el año 1084. Su lema es en palabras latinas Stat Crux dum volvitur orbis (La Cruz estable mientras el mundo da vueltas, o, Cruz constante mientras el mundo cambia).

Los cartujos son la orden que profesa más austeridad en la práctica y a lo largo de su existencia han permanecido en pobreza sin caer en lujos. Los monasterios de los cartujos son llamados cartujas y allí buscan estos monjes una vida de contemplación y oración. La regla o regula de los cartujos recibe el nombre de Statutos y difiere de la regla de San Benito practicada por las otras órdenes monacales.
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Re: 5. La Orden de los Cartujos. 8 de septiembre

Notapor Idamis Sanchez » Vie Sep 12, 2014 9:30 pm

La rama femenina, LAS CARTUJASEl primer monasterio de monjas cartujas se fundó en 1147 en Prebayon (Provenza) por un grupo proveniente de un monasterio bajo la Regla de San Cesáreo de Arlés, que anhelaba una vida más interior. Siguieron el consejo de Juan de España, prior de la cartuja de Montrieux, quien les facilitó un ejemplar de las Constituciones de Guigo. En el siglo XIII se alcanzó el máximo de monasterios femeninos, con 7 casas y 2 afiliadas. En 1794 habían desaparecido todos, hasta 1822, fecha en la que se volvió a abrir uno en Francia. En el siglo XX había monasterios en Francia e Italia, y desde 1967 en España.

Cada monasterio femenino tiene considerable independencia, pero está sujeto desde el siglo XIII a visitas regulares de un prior, y se le asigna un vicario, que se ocupa de la dirección espiritual, y dos o tres ayudantes. Todos ellos viven fuera de la clausura de las monjas.
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