6. La Orden de los Jerónimos

En este curso, haremos un viaje en el tiempo para situarnos en los orígenes del monacato cristiano. Conoceremos las distintas órdenes monásticas, a sus fundadores, sus monasterios, su arte, cultura, forma de vida y su importancia para la civilización a través de la historia hasta la actualidad.

Fecha de inicio:
11 de agosto de 2014

Fecha final:
27 de octubre de 2014

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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor claudia corchado » Dom Sep 28, 2014 5:43 pm

Hola a todos, les dejo una liga con información de la orden de los Jerónimos.
http://www3.planalfa.es/msmparral/menu.htm
Saludos.
claudia corchado
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor hel » Dom Sep 28, 2014 7:03 pm

SAN JERÓNIMO EN BELEN
Considerado uno de los Padres Latinos de la Iglesia, Eusebio Hierónimo de Estridón o Jerónimo de Estridón o San Jerónimo para los cristianos , consagró su vida al estudio de las sagradas Escrituras tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín llamada la Vulgata (vulgata editio= edición para el pueblo).
Durante su desempeño como secretario del Papa Dámaso I oficio de guía espiritual a un grupo de mujeres de la aristocracia romana iniciándolas en la meditación y estudio de las Sagradas Escrituras predicándoles el abandono de las vanidades mundanas y la realización de obras de caridad. Esto sumado a sus importantes cargos en Roma y la dureza con que corregía ciertos defectos de la clase alta social le trajeron envidias e incomprensiones que lo llevaron a tomar la decisión de irse para siempre de Roma a Tierra Santa.
En Belén moraba en una amplia caverna vecina al sitio donde nació Jesús sus días transcurrían haciendo penitencia, dedicando muchas horas a la oración y años al estudio de la Santa Biblia, fue redactando escritos llenos de sabiduría que le dieron fama en todo el mundo. En aquel lugar estableció una escuela gratuita para niños y una hostería para atender a los visitantes de todas partes del mundo que venían a conocer el lugar donde nació Jesús.
Varias de las mujeres romanas convertidas con sus enseñanzas y consejos vendieron sus bienes, siguiéndolo a Belén para continuar bajo su dirección espiritual. Con el dinero de estas mujeres se construyó en Belén un convento para hombres y 3 conventos para mujeres
Allí termino sus últimos 35 años. Fue sepultado en la Iglesia de la Natividad cerca de la tumba de Santa Paula y santa Eustaquio pero tiempo más tarde sus restos fueron trasladados a Roma.
hel
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor sandrop » Dom Sep 28, 2014 8:45 pm

Breve biografía de San Jerónimo
Tomado de http://www.portalplanetasedna.com.ar/santo6.htm
Jerónimo (342-420) estudio en Roma, e inmediatamente mostró su gran capacidad en la gramática, retórica y el dominio del latín, griego y hebreo. Sin embargo en 372 prefiere marcharse a Oriente para convertirse en eremita.
Así se establece en Antioquia, lugar donde escribe sus primeras obras y tiene un impresionante sueño en el que se ve llevado ante el tribunal de Cristo, siendo este en persona quién le acusa de ser más ciceroniano que cristiano, por ello es severamente azotado, y Jerónimo promete no volver a leer literatura pagana, promesa que cumplió a medias.
Tras este incidente onírico se trasladó al desierto de Calcidia, donde practica oración y penitencia. Aprovecho su estancia en estos lugares para recoger manuscritos que fueron agrandando su biblioteca. Es en esta época de su vida cuando traduce al latín 39 homilías de Orígenes por el que siente gran admiración.
En el año 385 regresa a Roma, donde procede a revisar la traducción latina del Nuevo Testamento. Así verterá el Antiguo Testamento del hebreo al latín, versión que se denomina Vulgata. Jerónimo decía que: «... ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo, y el que no conoce las Escrituras no conoce el poder de Dios ni su sabiduría.»
Sin embargo, tiene problemas en Roma y arremete contra el clero de esa ciudad, lo que le obliga a huir a Belén, aposentándose en una gruta, lugar en que permanecerá los últimos 34 años de su vida. Fue entenado bajo la iglesia de la Natividad en el mismo Belén, para ser trasladado posteriormente a Santa María la Mayor de Roma.
Jerónimo está considerado el más grande erudito entre los escritores latinos de la antigüedad cristiana, solo comparable a San Agustín. Su fiesta se celebra el 39 de septiembre.
Es considerado Padre de la Iglesia, uno de los cuatro grandes Padres Latinos.
sandrop
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor AnyM » Dom Sep 28, 2014 8:51 pm

San Jerónimo
Doctor de la Iglesia


Jerónimo es el santo que en la antigüedad estudió más y mejor la Santa Biblia.

Nació en Dalmacia (Yugoslavia) en el año 342. Sus padres lo enviaron a estudiar a Roma donde estudió latín bajo la dirección del mas famoso profesor de su tiempo, Donato, el cual hablaba latín a la perfección, pero era pagano. Esta instrucción recibida de un hombre muy instruido pero no creyente, llevó a Jerónimo a llegar a ser un gran latinista y muy buen conocedor del griego y de otros idiomas, pero muy poco conocedor de los libros espirituales y religiosos.

En una carta que escribió a Santa Eustoquia, San Jerónimo le cuenta el dialogo aterrador que sostuvo en un sueño o visión. Sintió que se presentaba ante el trono de Jesucristo para ser juzgado, Nuestro Señor le preguntaba: “¿A qué religión pertenece? El le respondió: “Soy cristiano católico” y Jesús le dijo “No es verdad”. Que borren su nombre de la lista de los cristianos católicos. No es cristiano sino pagano, porque sus lecturas son todas paganas. Tiene tiempo para leer a Virgilio, Cicerón y Homero, pero no encuentra tiempo para leer las Sagradas Escrituras”. Se despertó llorando, y en adelante su tiempo será siempre para leer y meditar libros sagrados y exclamará emocionado: “Nunca más volveré a trasnochar por leer libros paganos”.

Jerónimo dispuso irse al desierto a hacer penitencia por sus pecados (especialmente por su sensualidad que era muy fuerte, y por su terrible mal genio y su gran orgullo). Pero allá aunque rezaba mucho y ayunaba, y pasaba noches sin dormir, no consiguió la paz. Se dio cuenta de que su temperamento no era para vivir en soledad de un desierto deshabitado, sin tratar con nadie.

El mismo en una carta cuenta cómo fueron las tentaciones que sufrió en el desierto (y esta experiencia puede servirnos de consuelo a nosotros cuando nos vengan horas de violentos ataques de los enemigos del alma). San Francisco de Sales recomendaba leer esta página de nuestro santo porque es bellísima y provechosa: Dice así: "En el desierto salvaje y árido, quemado por un sol tan despiadado y abrasador que asusta hasta a los que han vivido allá toda la vida, mi imaginación hacía que me pareciera estar en medio de las fiestas mundanas de Roma. En aquel destierro al que por temor al infierno yo me condené voluntariamente, sin más compañía que los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginaba estar en los bailes de Roma contemplando a las bailarinas. Mi rostro estaba pálido por tanto ayunar, y sin embargo los malos deseos me atormentaban noche y día. Mi alimentación era miserable y desabrida, y cualquier alimento cocinado me habría parecido un manjar exquisito, y no obstante las tentaciones de la carne me seguían atormentando. Tenía el cuerpo frío por tanto aguantar hambre y sed, mi carne estaba seca y la piel casi se me pegaba a los huesos, pasaba las noches orando y haciendo penitencia y muchas veces estuve orando desde el anochecer hasta el amanecer, y aunque todo esto hacía, las pasiones seguían atacándome sin cesar. Hasta que al fin, sintiéndome impotente ante tan grandes enemigos, me arrodillé llorando ante Jesús crucificado, bañé con mis lágrimas sus pies clavados, y le supliqué que tuviera compasión de mí, y ayudándome el Señor con su poder y misericordia, pude resultar vencedor de tan espantosos ataques de los enemigos del alma. Y yo me pregunto: si esto sucedió a uno que estaba totalmente dedicado a la oración y a la penitencia, ¿qué no les sucederá a quienes viven dedicados a comer, beber, bailar y darle a su carne todos los gustos sensuales que pide?".

Vuelto a la ciudad, sucedió que los obispos de Italia tenían un Concilio con el Papa, y habían nombrado como secretario a San Ambrosio. Pero éste se enfermó y nombraron a Jerónimo y como se dieron cuenta de que era un gran sabio y que hablaba perfectamente el latín, el griego y varios idiomas más. El Papa San Dámaso, que era poeta y literato, lo nombró como su secretario, encargado de redactar las cartas que el Pontífice enviabay mas tarde le encomendó el oficio importantísimo de hacer la traducción de la S. Biblia.

Las traducciones de la Biblia que existían en ese tiempo tenían muchas imperfecciones de lenguaje y varias imprecisiones o traducciones no muy exactas.

Jerónimo, que escribía con gran elegancia el latín, tradujo a este idioma toda la S. Biblia, y esa traducción llamada "Vulgata" (o traducción hecha para el pueblo o vulgo) fue la Biblia oficial para la Iglesia Católica durante 15 siglos.

Unicamente en los últimos años ha sido reemplazada por traducciones más modernas y más exactas, como por ej. La Biblia de Jerusalén y otras.

Toda la vida tuvo un modo duro de corregir, lo cual le consiguió muchos enemigos. Con razón el Papa Sixto V cuando vio un cuadro donde pintan a San Jerónimo dándose golpes de pecho con una piedra, exclamó: "¡Menos mal que te golpeaste duramente y bien arrepentido, porque si no hubiera sido por esos golpes y por ese arrepentimiento, la Iglesia nunca te habría declarado santo, porque eras muy duro en tu modo de corregir!".

Sintiéndose incomprendido y hasta calumniado en Roma, donde no aceptaban el modo fuerte que él tenía de conducir hacia la santidad a muchas mujeres que antes habían sido fiesteras y vanidosas y que ahora por sus consejos se volvían penitentes y dedicadas a la oración, dispuso alejarse de allí para siempre y se fue a la Tierra Santa donde nació Jesús.

Sus últimos 35 años los pasó San Jerónimo en una gruta, junto a la Cueva de Belén. Varias de las ricas matronas romanas que él había convertido con sus predicaciones y consejos, vendieron sus bienes y se fueron también a Belén a seguir bajo su dirección espiritual. Con el dinero de esas señoras construyó en aquella ciudad un convento para hombres y tres para mujeres, y una casa para atender a los peregrinos que llegaban de todas partes del mundo a visitar el sitio donde nació Jesús.

Allí, haciendo penitencia, dedicando muchas horas a la oración y días y semanas y años al estudio de la S. Biblia, Jerónimo fue redactando escritos llenos de sabiduría, que le dieron fama en todo el mundo.

Con tremenda energía escribía contra los herejes que se atrevían a negar las verdades de nuestra santa religión. Muchas veces se extralimitaba en sus ataques a los enemigos de la verdadera fe, pero después se arrepentía humildemente.

La Santa Iglesia Católica ha reconocido siempre a San Jerónimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor la S. Biblia. Por eso ha sido nombrado Patrono de todos los que en el mundo se dedican a hacer entender y amar más las Sagradas Escrituras. El Papa Clemente VIII decía que el Espíritu Santo le dio a este gran sabio unas luces muy especiales para poder comprender mejor el Libro Santo. Y el vivir durante 35 años en el país donde Jesús y los grandes personajes de la S. Biblia vivieron, enseñaron y murieron, le dio mayores luces para poder explicar mejor las palabras del Libro Santo.

Se cuenta que una noche de Navidad, después de que los fieles se fueron de la gruta de Belén, el santo se quedó allí solo rezando y le pareció que el Niño Jesús le decía: "Jerónimo ¿qué me vas a regalar en mi cumpleaños?". Él respondió: "Señor te regalo mi salud, mi fama, mi honor, para que dispongas de todo como mejor te parezca". El Niño Jesús añadió: "¿Y ya no me regalas nada más?". Oh mi amado Salvador, exclamó el anciano, por Ti repartí ya mis bienes entre los pobres. Por Ti he dedicado mi tiempo a estudiar las Sagradas Escrituras... ¿qué más te puedo regalar? Si quisieras, te daría mi cuerpo para que lo quemaras en una hoguera y así poder desgastarme todo por Ti". El Divino Niño le dijo:

"Jerónimo: regálame tus pecados para perdonártelos". El santo al oír esto se echó a llorar de emoción y exclamaba: "¡Loco tienes que estar de amor, cuando me pides esto!". Y se dio cuenta de que lo que más deseaba Dios que le ofrezcamos los pecadores es un corazón humillado y arrepentido, que le pide perdón por las faltas cometidas.
El 30 de septiembre del año 420, cuando ya su cuerpo estaba debilitado por tantos trabajos y penitencias, y la vista y la voz agotadas, y Jerónimo parecía más una sombra que un ser viviente, entregó su alma a Dios para ir a recibir el premio de sus fatigas. Se acercaba ya a los 80 años. Más de la mitad los había dedicado a la santidad.
AnyM
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor rosita forero » Lun Sep 29, 2014 2:37 pm

...


San Geronimo uno de los santos más representados en el arte occidental


Imagen..Imagen..

Como Jerónimo hablaba varias lenguas se le encargó la traducción de la Biblia al latín..lo encontramos representado con pliegos de papel y libros en sus manos

A San Jerónimo se le suele representar con un sombrero y ropa de cardenal color rojo


..

Imagen..Imagen..Imagen.

lo pintan junto a un león, porque se dice que domesticó a una de esas fieras a la que sacó una espina que se había clavado en la pata. La leyenda pertenece a San Gerásimo, pero el león podría ser el emblema ideal de aquel noble, indomable y valiente defensor de la fe.

lo pintan haciendo penitencia con una piedra en la mano, se golpeaba el pecho

la calavera significa morir a las pasiones


No se encuentra ningún autor como San jeronimo
tan exigente sobre la cuestión de la virginidad, de la práctica del ayuno, de la penitencia e
incluso del estudio de la Biblia.

...
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor margarita-17 » Lun Sep 29, 2014 5:06 pm

http://www.youtube.com/watch?v=_37E8YnI ... ilpage#t=0
la soledad sonora vida de los monjes

Me ha admirado muco la viad de este santo, su sabiduría, viada penitente, la obra que el Señor le encomendó sigue vigente en el corazón de la Iglesia.
Es Doctor de la iglesia, tradujo la Biblia del griego al hebreo y al latín, se le considera Padre de la Iglesia , uno de los cuatro grandes Padres Latinos. Su nombre quiere decir : "EL QUE TIENE UN NOMBRE SAGRADO"
margarita-17
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor rosita forero » Lun Sep 29, 2014 11:04 pm

....
Muerte de San Jerónimo


Imagen


Capilla de San Jerónimo en la Natividad de Belén


Imagen

la capilla de San Jerónimo. Está en unas grutas que hay debajo del lugar de la estrella, donde se venera el nacimiento de nuestro señor Jesus. Allí estuvo viviendo años san Jerónimo. Escogió ese lugar para retirarse en oración.


Sepulcro del Santo en su gruta de Belén (Palestina) ..




Imagen...Imagen


En el año 386 se detuvo en Belén, donde gracias a la generosidad de una mujer noble, Paula, se construyeron un monasterio masculino, uno femenino, y un hospicio para los peregrinos que viajaban a Tierra Santa, «pensando en que María y José no habían encontrado albergue». Se quedó en Belén hasta la muerte, continuando una intensa actividad: comentó la Palabra de Dios; defendió la fe, oponiéndose con vigor a las herejías; exhortó a los monjes a la perfección; enseñó cultura clásica y cristiana a jóvenes; acogió con espíritu pastoral a los peregrinos que visitaban Tierra Santa. Falleció en su celda, junto a la gruta de la Natividad, el 30 de septiembre de 419/420.



Sarcófago del Santo en la Basílica de Santa María la Mayor, Roma (Italia)


[Imagen...Imagen Mandíbula del Santo venerada en Florencia, Italia

Murió en Belén con unos ochenta años de edad, cansado, casi
sin voz y sin vista. Aunque su cuerpo fue sepultado en la gruta de Belén, posteriormente fue
trasladado a Roma encontrándose en un sarcófago de pórfido en el altar mayor de la Basílica de
Santa María la Mayor.


fuente..http://www.preguntasantoral.es/2011/09/

http://semanasantaymas.blogspot.com/201 ... belen.html
http://unsacerdoteentierrasanta.blogspo ... chive.html

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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor sandrop » Mar Sep 30, 2014 8:20 am

Queridos hermanos, anteriormente, comparti un texto pequeño a modo de biografia de San Jerónimo, pequeña a tal punto que con ciertas expresiones desvirtúa, la vida y la obra del Santo. Les comparto ahora una mejor version tomada de http://www.corazones.org/santos/jeronimo.htm

muy linda, leenla por favor o remitanse al texto de la web.

saludos sandro

San Jerónimo
Audiencias de Benedicto XVI: 7 de noviembre y 14 de noviembre, 2007

Síntesis de las audiencias sobre S. Jerónimo:

San Jeronimo:
-"Ignorar la Escritura es ignorar a Cristo"
-"¿Cómo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer al mismo Cristo, que es la vida de los creyentes?"
-"Estoy con quien esté unido a la Cátedra de san Pedro" "yo sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia".

La Biblia, instrumento «con el que cada día Dios habla a los fieles, se convierte de este modo en estímulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para toda persona».

Leer la Escritura es conversar con Dios: «Si rezas --escribe a una joven noble de Roma--hablas con el Esposo; si lees, es Él quien te habla».

Como interpretar la Biblia
«un criterio metodológico fundamental en la interpretación de las Escrituras era la sintonía con el magisterio de la Iglesia».

«Por nosotros mismos nunca podemos leer la Escritura. Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos en errores. La Biblia fue escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo»

«Sólo en esta comunión con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente con el “nosotros” en el núcleo de la verdad que Dios mismo nos quiere decir».

«Para él una auténtica interpretación de la Biblia tenía que estar siempre en armonía con la fe de la Iglesia católica».

La lectura de la Escritura lleva al santo a entregarse a los demás: es necesario «vestir a Cristo en los pobres, visitarle en los que sufren, darle de comer en los hambrientos, cobijarle en los que no tienen un techo».

La Palabra de Dios «indica al hombre las sendas de la vida, y le revela los secretos de la santidad».

Vida de San JERÓNIMO (Eusebius Hieronymus Sophronius), el Padre de la Iglesia que más estudió las Sagradas Escrituras, nació alrededor del año 342, en Stridon, una población pequeña situada en los confines de la región dálmata de Panonia y el territorio de Italia, cerca de la ciudad de Aquilea. Su padre tuvo buen cuidado de que se instruyese en todos los aspectos de la religión y en los elementos de las letras y las ciencias, primero en el propio hogar y, más tarde, en las escuelas de Roma. En la gran ciudad, Jerónimo tuvo como tutor a Donato, el famoso gramático pagano. En poco tiempo, llegó a dominar perfectamente el latín y el griego (su lengua natal era el ilirio), leyó a los mejores autores en ambos idiomas con gran aplicación e hizo grandes progresos en la oratoria; pero como había quedado falto de la guía paterna y bajo la tutela de un maestro pagano, olvidó algunas de las enseñanzas y de las devociones que se le habían inculcado desde pequeño. A decir verdad, Jerónimo terminó sus años de estudio, sin haber adquirido los grandes vicios de la juventud romana, pero desgraciadamente ya era ajeno al espíritu cristiano y adicto a las vanidades, lujos y otras debilidades, como admitió y lamentó amargamente años más tarde. Por otra parte, en Roma recibió el bautismo (no fue catecúmeno hasta que cumplió más o menos los dieciocho años )y, como él mismo nos lo ha dejado dicho, "teníamos la costumbre, mis amigos y yo de la misma edad y gustos, de visitar, los domingos, las tumbas de los mártires y de los apóstoles y nos metíamos a las galerías subterráneas, en cuyos muros se conservan las reliquias de los muertos". Después de haber pasado tres años en Roma, sintió el deseo de viajar para ampliar sus conocimientos y, en compañía de su amigo Bonoso, se fue hacia Tréveris. Ahí fue donde renació impetuosamente el espíritu religioso que siempre había estado arraigado en el fondo de su alma y, desde entonces, su corazón se entregó enteramente a Dios.

En el año de 370, Jerónimo se estableció temporalmente en Aquilea donde el obispo, San Valeriano, se había atraído a tantos elementos valiosos, que su clero era famoso en toda la Iglesia de occidente. Jerónimo tuvo amistad con varios de aquellos clérigos, cuyos nombres aparecen en sus escritos. Entre ellos se encontraba San Cromacio, el sacerdote que sucedió a Valeriano en la sede episcopal, sus dos hermanos, los diáconos Joviniano y Eusebio, San Heliodoro y su sobrino Nepotiano y, sobre todo, se hallaba ahí Rufino, el que fue, primero, amigo del alma de Jerónimo y, luego, su encarnizado opositor. Ya para entonces, Rufino provocaba contradicciones y violentas discusiones, con lo cual comenzaba a crearse enemigos. Al cabo de dos años, algún conflicto, sin duda más grave que los otros, disolvió al grupo de amigos, y Jerónimo decidió retirarse a alguna comarca lejana ya que Bonoso, el que había sido compañero suyo de estudios y de viajes desde la infancia, se fue a vivir en una isla desierta del Adriático. Jerónimo, por su parte, había conocido en Aquilea a Evagrio, un sacerdote de Antioquía con merecida fama de ciencia y virtud, quien despertó el interés del joven por el oriente, y hacia allá partió con sus amigos Inocencio, Heliodoro e Hylas, éste último había sido esclavo de Santa Melania.

Jerónimo llegó a Antioquía en 374 y ahí permaneció durante cierto tiempo. Inocencio e Hylas fueron atacados por una grave enfermedad y los dos murieron; Jerónimo también estuvo enfermo, pero sanó. En una de sus cartas a Santa Eustoquio le cuenta que en el delirio de su fiebre tuvo un sueño en el que se vio ante el trono de Jesucristo para ser juzgado. Al preguntársele quién era, repuso que un cristiano. "¡Mientes!", le replicaron. "Tú eres un ciceroniano, puesto que donde tienes tu tesoro está también tu corazón". Aquella experiencia produjo un profundo efecto en su espíritu y su encuentro con San Maleo, cuya extraña historia se relata en esta obra en la fecha del 21 de octubre, ahondó todavía más el sentimiento. Corno consecuencia de aquellas emociones, Jerónimo se retiró a las salvajes soledades de Calquis, un yermo inhóspito al sureste de Antioquía, donde pasó cuatro años en diálogo con su alma. Ahí soportó grandes sufrimientos a causa de los quebrantos de su salud, pero sobre todo, por las terribles tentaciones carnales.

"En el rincón remoto de un árido y salvaje desierto", escribió años más tarde a Santa Eustoquio, "quemado por el calor de un sol tan despiadado que asusta hasta a los monjes que allá viven, a mi me parecía encontrarme en medio de los deleites y las muchedumbres de Roma ... En aquel exilio y prisión a los que, por temor al infierno, yo me condené voluntariamente, sin más compañía que la de los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginé que contemplaba las danzas de las bailarinas romanas, como si hubiese estado frente a ellas. Tenía el rostro escuálido por el ayuno y, sin embargo, mi voluntad sentía los ataques del deseo; en mi cuerpo frío y en mi carne enjuta, que parecía muerta antes de morir, la pasión tenía aún vida. A solas con aquel enemigo, me arrojé en espíritu a los pies de Jesús, los bañé con mis lágrimas y, al fin, pude domar mi carne con los ayunos durante semanas enteras. No me avergüenzo al revelar mis tentaciones, pero sí lamento que ya no sea yo ahora lo que entonces fui. Con mucha frecuencia velaba del ocaso al alba entre llantos y golpes en el pecho, hasta que volvía la calma". De esta manera pone Dios a prueba a sus siervos, de vez en cuando; pero sin duda que la existencia diaria de San Jerónimo en el desierto, era regular, rnonótona y tranquila. Con el fin de contener y prevenir las rebeliones de la carne, agregó a sus mortificaciones corporales el trabajo del estudio constante y absorbente, con el que esperaba frenar su imaginación desatada. Se propuso aprender el hebreo. "Cuando mi alma ardía con los malos pensamientos", dijo en una carta fechada en el año 411 y dirigida al monje Rústico, "como último recurso, me hice alumno de un monje que había sido judío, a fin de que me enseñara el alfabeto hebreo. Así, de las juiciosas reglas de Quintiliano, la florida elocuencia de Cicerón, el grave estilo de Fronto y la dulce suavidad de Plinio, pasé a esta lengua de tono siseante y palabras entrecortadas. ¡Cuánto trabajo me costó aprenderla y cuántas dificultades tuve que vencer! ¡Cuántas veces dejé el estudio, desesperado y cuántas lo reanudé! Sólo yo que soporté la carga puedo ser testigo, yo y también los que vivían junto a mí. Y ahora doy gracias al Señor que me permite recoger los dulces frutos de la semilla que sembré durante aquellos amargos estudios". No obstante su tenaz aprendizaje del hebreo, de tanto en tanto se daba tiempo para releer a los clásicos paganos.

Por aquel entonces, la Iglesia de Antioquía sufría perturbaciones a causa de las disputas doctrinales y disciplinarias. Los monjes del desierto de Calquis también tomaron partido en aquellas disensiones e insistían en que Jerónimo hiciese lo propio y se pronunciase sobre los asuntos en discusión. El habría preferido mantenerse al margen de las disputas, pero de todas maneras, escribió dos cartas a San Dámaso, que ocupaba la sede pontificia desde el año 366, a fin de consultarle sobre el particular y preguntarle hacia cuáles tendencias se inclinaba. En la primera de sus cartas dice: "Estoy unido en comunión con vuestra santidad, o sea con la silla de Pedro; yo sé que, sobre esa piedra, está construida la Iglesia y quien coma al Cordero fuera de esa santa casa, es un profano. El que no esté dentro del arca, perecerá en el diluvio. No conozco a Vitalis; ignoro a Melesio; Paulino es extraño para mí. Todo aquel que no recoge con vos, derrama, y el que no está con Cristo, pertenece al anticristo... Ordenadme, si tenéis a bien, lo que yo debo hacer". Como Jerónimo no recibiese pronto una respuesta, envió una segunda carta sobre el mismo asunto. No conocemos la contestación de San Dámaso, pero es cosa cierta que el Papa y todo el occidente reconocieron a Paulino como obispo de Antioquía y que Jerónimo recibió la ordenación sacerdotal de manos del Pontífice, cuando al fin se decidió a abandonar el desierto de Calquis. El no deseaba la ordenación (nunca celebró el santo sacrificio) y, si consintió en recibirla, fue bajo la condición de que no estaba obligado a servir a tal o cual iglesia con el ejercicio de su ministerio; sus inclinaciones le llamaban a la vida monástica de reclusión. Poco después de recibir las órdenes, se trasladó a Constantinopla a fin de estudiar las Sagradas Escrituras bajo la dirección de san Gregorio Nazianceno. En muchas partes de sus escritos Jerónimo se refiere con evidente satisfacción y gratitud a aquel período en que tuvo el honor de que tan gran maestro le explicase la divina palabra. En el año de 382, San Gregorio abandonó Constantinopla, y Jerónimo regresó a Roma, junto con Paulino de Antioquía y San Epifanio, para tomar parte en el concilio convocado por San Dámaso a fin de discutir el cisma de Antioquía. Al término de la asamblea, el Papa lo detuvo en Roma y lo empleó como a su secretario. A solicitud del Pontífice y de acuerdo con los textos griegos, revisó la versión latina de los Evangelios que "había sido desfigurada con transcripciones falsas, correcciones mal hechas y añadiduras descuidadas". Al mismo tiempo, hizo la primera revisión al salterio en latín.

Al mismo tiempo que desarrollaba aquellas actividades oficiales, alentaba y dirigía el extraordinario florecimiento del ascetismo que tenía lugar entre las más nobles damas romanas. Entre ellas se encuentran muchos nombres famosos en la antigua cristiandad, corno el de Santa Marcela, a quien nos referimos en esta obra el 31 de enero, junto con su hermana Santa Asela y la madre de ambas, Santa Albina; Santa Léa, Santa Melania la Mayor, la primera de aquellas damas que hizo una peregrinación a Tierra Santa; Santa Fabiola (27 de diciembre), Santa Paula (26 de enero) y sus hijas, Santa Blesila y Santa Eustoquio (28 de septiembre). Pero al morir San Dámaso, en el año de 384, el secretario quedó sin protección y se encontró, de buenas a primeras, en una situación difícil. En sus dos años de actuación pública, había causado profunda impresión en Roma por su santidad personal, su ciencia y su honradez, pero precisamente por eso, se había creado antipatías entre los envidiosos, entre los paganos y gentes de mal vivir, a quienes había condenado vigorosamente y también entre las gentes sencillas y de buena voluntad, que se ofendían por las palabras duras, claras y directas del santo y por sus ingeniosos sarcasmos. Cuando hizo un escrito en defensa de la decisión de Blesila, la viuda joven, rica y hermosa que súbitamente renunció al mundo para consagrarse al servicio de Dios, Jerónimo satirizó y criticó despiadadamente a la sociedad pagana y a la vida mundana y, en contraste con la modestia y recato de que Blesila hacía ostentación, atacó a aquellas damas "que se pintan las mejillas con púrpura y los párpados con antimonio; las que se echan tanta cantidad de polvos en la cara, que el rostro, demasiado blanco, deja de ser humano para convertirse en el de un ídolo y, si en un momento de descuido o de debilidad, derraman una lágrima, fabrican con ella y sus afeites, una piedrecilla que rueda sobre sus mejillas pintadas. Son esas mujeres a las que el paso de los años no da la conveniente gravedad del porte, las que cargan en sus cabezas el pelo de otras gentes, las que esmaltan y barnizan su perdida juventud sobre las arrugas de la edad y fingen timideces de doncella en medio del tropel de sus nietos". No se mostró menos áspero en sus críticas a la sociedad cristiana, como puede verse en la carta sobre la virginidad que escribió a Santa Eustoquio, donde ataca con particular fiereza a ciertos elementos del clero. "Todas sus ansiedades se hallan concentradas en sus ropas ... Se les tomaría por novios y no por clérigos; no piensan en otra cosa más que en los nombres de las damas ricas, en el lujo de sus casas y en lo que hacen dentro de ellas". Después de semejante proemio, describe a cierto clérigo en particular, que detesta ayunar, gusta de oler los manjares que va a engullir y usa su lengua en forma bárbara y despiadada. Jerónimo escribió a Santa Marcela en relación con cierto caballero que se suponía, erróneamente, blanco de sus ataques. "Yo me divierto en grande y me río de la fealdad de los gusanos, las lechuzas y los cocodrilos, pero él lo toma todo para sí mismo ... Es necesario darle un consejo: si por lo menos procurase esconder su nariz y mantener quieta su lengua, podría pasar por un hombre bien parecido y sabio".

A nadie le puede extrañar que, por justificadas que fuesen sus críticas, causasen resentimientos tan sólo por la manera de expresarlas. En consecuencia, su propia reputación fue atacada con violencia y su modestia, su sencillez, su manera de caminar y de sonreír fueron, a su vez, blanco de los ataques de los demás. Ni la reconocida virtud de las nobles damas que marchaban por el camino del bien bajo su dirección, ni la forma absolutamente discreta de su comportamiento, le salvaron de las calumnias. Por toda Roma circularon las murmuraciones escandalosas respecto a las relaciones de San Jerónimo con Santa Paula. Las cosas llegaron a tal extremo, que el santo, en el colmo de la indignación, decidió abandonar Roma y buscar algún retiro tranquilo en el oriente. Antes de partir, escribió una hermosa apología en forma de carta dirigida a Santa Asela. "Saluda a Paula y a Eustoquio, mías en Cristo, lo quiera el mundo o no lo quiera", concluye aquella epístola. "Diles que todos compareceremos ante el trono de Jesucristo para ser juzgados, y entonces se verá en qué espíritu vivió cada uno de nosotros". En el mes de agosto del año 385, se embarcó en Porto y, nueve meses más tarde, se reunieron con él en Antioquía, Paula, Eustoquio y las otras damas romanas que habían resuelto compartir con él su exilio voluntario y vivir como religiosas en Tierra Santa. Por indicaciones de Jerónimo, aquellas mujeres se establecieron en Belén y Jerusalén, pero antes de enclaustrarse, viajaron por Egipto para recibir consejo de los monjes de Nitria y del famoso Dídimo, el maestro ciego de la escuela de Alejandría.

Gracias a la generosidad de Paula, se construyó un monasterio para hombres, próximo a la basílica de la Natividad, en Belén, lo mismo que otros edificios para tres comunidades de mujeres. El propio Jerónimo moraba en una amplia caverna, vecina al sitio donde nació el Salvador. En aquel mismo lugar estableció una escuela gratuita para niños y una hostería, "de manera que", como dijo Santa Paula, "si José y María visitaran de nuevo Belén, habría donde hospedarlos". Ahí, por lo menos, transcurrieron algunos años en completa paz. "Aquí se congregan los ilustres galos y tan pronto como los británicos, tan alejados de nuestro mundo, hacen algunos progresos en la religión, dejan las tierras donde viven y acuden a éstas, a las que sólo conocen por relaciones y por la lectura de las Sagradas Escrituras. Lo mismo sucede con los armenios, los persas, los pueblos de la India y de Etiopía, de Egipto, del Ponto, Capadocia, Siria y Mesopotamia. Llegan en tropel hasta aquí y nos ponen ejemplo en todas las virtudes. Las lenguas difieren, pero la religión es la misma. Hay tantos grupos corales para cantar los salmos como hay naciones ... Aquí tenemos pan y las hortalizas que cultivamos con nuestras manos; tenemos leche y los animales nos dan alimento sencillo y saludable. En el verano, los árboles proporcionan sombra y frescura. En el otoño, el viento frío que arrastra las hojas, nos da la sensación de quietud. En primavera, nuestras salmodias son más dulces, porque las acompañan los trinos de las aves. No nos falta leña cuando la nieve y el frío del invierno, nos caen encima. Dejémosle a Roma sus multitudes; le dejaremos sus arenas ensangrentadas, sus circos enloquecidos, sus teatros empapados en sensualidad y, para no olvidar a nuestros amigos, le dejaremos también el cortejo de damas que, reciben sus diarias visita.

Pero no por gozar de aquella paz, podía Jerónimo quedarse callado y con los brazos cruzados cuando la verdad cristiana estaba amenazada. En Roma había escrito un libro contra Helvidio sobre la perpetua virginidad de la Santísima Virgen María, ya que aquél sostenía que, después del nacimiento de Cristo, Su Madre había tenido otros hijos con José. Este y otros errores semejantes fueron de nuevo puestos en boga por las doctrinas de un tal Joviniano. San Pamaquio, yerno de Santa Paula, lo mismo que otros hombres piadosos de Antioquía, se escandalizaron con aquellas ideas y enviaron los escritos de Joviniano a San Jerónimo y éste, como respuesta, escribió dos libros contra aquél en el año de 393. En el primero, demostraba las excelencias de la virginidad cuando se practicaba por amor a la virtud, lo que había sido negado por Joviniano, y en el segundo atacó los otros errores. Los tratados fueron escritos con el estilo recio, característico de Jerónimo, y algunas de sus expresiones les parecieron a las gentes de Roma demasiado duras y denigrantes para la dignidad del matrimonio. San Pamaquio y otros con él, se sintieron ofendidos y así se lo notificaron a Jerónimo; entonces, éste escribió la Apología a Pamaquio, conocida también corno el tercer libro contra Joviniano, en un tono que, seguramente, no dio ninguna satisfacción a sus críticos. Pocos años más tarde, Jerónimo tuvo que dedicar su atención a Vigilancio -a quien sarcásticamente llama Dormancio-, un sacerdote galo romano que desacreditaba el celibato y condenaba la veneración de las reliquias hasta el grado de llamar a los que la practicaban, idólatras y adoradores de cenizas. En su respuesta, Jerónimo le dijo: "Nosotros no adoramos las reliquias de los mártires, pero sí honramos a aquellos que fueron mártires de Cristo para poder adorarlo a El. Honramos a los siervos para que el respeto que les tributamos se refleje en su Señor". Protestó contra las acusaciones de que la adoración a los mártires era idolatría, al demostrar que los cristianos jamás adoraron a los mártires como a dioses y, a fin de probar que los santos interceden por nosotros, escribió: "Si es cierto que cuando los apóstoles y los mártires vivían aún sobre la tierra, podían pedir por otros hombres, y con cuánta mayor eficacia podrán rogar por ellos después de sus victorias! ¿Tienen acaso menos poder ahora que están con Jesucristo?" Defendió el estado monástico y dijo que, al huir de las ocasiones y los peligros, un monje busca su seguridad porque desconfía de su propia debilidad y porque sabe que un hombre no puede estar a salvo, si se acuesta junto a una serpiente. Con frecuencia se refiere Jerónimo a los santos que interceden por nosotros en el cielo. A Heliodoro lo comprometió a rezar por él cuando estuviese en la gloria y a Santa Paula le dijo, en ocasión de la muerte de su hija Blesila: "Ahora eleva preces ante el Señor por ti y obtiene para mí el perdón de mis culpas".

Del año 395 al 400, San Jerónimo hizo la guerra a la doctrina de Orígenes y, desgraciadamente, en el curso de la lucha, se rompió su amistad de veinticinco años con Rufino. Tiempo atrás le había escrito a éste la declaración de que "una amistad que puede morir nunca ha sido verdadera", lo mismo que, mil doscientos años más tarde, diría Shakespeare de esta manera:

... Love is not love which alters when its alteration finds or bends with the remover to remove.

(No es amor el amor que se altera ante un tropiezo o se dobla ante el peligro)

Sin embargo, el afecto de Jerónimo por Rufino debió ceder ante el celo del santo por defender la verdad. Jerónimo, corno escritor, recurría continuamente a Orígenes y era un gran admirador de su erudición y de su estilo, pero tan pronto como descubrió que en el oriente algunos se habían dejado seducir por el prestigio de su nombre y habían caído en gravísimos errores, se unió a San Epifanio para combatir con vehemencia el mal que amenazaba con extenderse. Rufino, que vivía por entonces en un monasterio de Jerusalén, había traducido muchas de las obras de Orígenes al latín y era un entusiasta admirador suyo, aunque no por eso debe creerse que estuviese dispuesto a sostener las herejías que, por lo menos materialmente, se hallan en los escritos de Orígenes. San Agustín fue uno de los hombres buenos que resultaron afectados por las querellas entre Orígenes y Jerónimo, a pesar de que nadie mejor que él estaba en posición de comprender suyas eran, necesariamente, enemigos de la Iglesia. Al tratarse de defender el bien y combatir el mal, no tenía el sentido de la moderación. Era fácil que se dejase arrastrar por la cólera o por la indignación, pero también se arrepentía con extraordinaria rapidez de sus exabruptos. Hay una anécdota referente a cierta ocasión en la que el Papa Sixto V contemplaba una pintura donde aparecía el santo cuando se golpeaba el pecho con una piedra. "Haces bien en utilizar esa piedra", dijo el Pontífice a la imagen, "porque sin ella, la Iglesia nunca te hubiese canonizado".

Pero sus denuncias, alegatos y controversias, por muy necesarios y brillantes que hayan sido, no constituyen la parte más importante de sus actividades. Nada dio tanta fama a San Jerónimo como sus obras críticas sobre las Sagradas Escrituras. Por eso, la Iglesia le reconoce como a un hombre especialmente elegido por Dios y le tiene por el mayor de sus grandes doctores en la exposición, la explicación y el comentario de la divina palabra. El Papa Clemente VIII no tuvo escrúpulos en afirmar que Jerónimo tuvo la asistencia divina al traducir la Biblia. Por otra parte, nadie mejor dotado que él para semejante trabajo: durante muchos años había vivido en el escenario mismo de las Sagradas Escrituras, donde los nombres de las localidades y las costumbres de las gentes eran todavía los mismos. Sin duda que muchas veces obtuvo en Tierra Santa una clara representación de diversos acontecimientos registrados en las Escrituras. Conocía el griego y el arameo, lenguas vivas por aquel entonces y, también sabía el hebreo que, si bien había dejado de ser un idioma de uso corriente desde el cautiverio de los judíos, aún se hablaba entre los doctores de la ley. A ellos recurrió Jerónimo para una mejor comprensión de los libros santos e incluso tuvo por maestro a un doctor y famoso judío llamado Bar Ananías, el cual acudía a instruirle por las noches y con toda clase de precauciones para no provocar la indignación de los otros doctores de la ley. Pero no hay duda de que, además de todo eso, Jerónimo recibió la ayuda del cielo para obtener el espíritu, el temperamento y la gracia indispensables para ser admitido en el santuario de la divina sabiduría y comprenderla. Además, la pureza de corazón y toda una vida de penitencia y contemplación, habían preparado a Jerónimo para recibir aquella gracia. Ya vimos que, bajo el patrocinio del Papa San Dámaso, revisó en Roma la antigua versión latina de los Evangelios y los salmos, así como el resto del Nuevo Testamento. La traducción de la mayoría de los libros del Antiguo Testamento escritos en hebreo, fue la obra que realizó durante sus años de retiro en Belén, a solicitud de todos sus amigos y discípulos más fieles e ilustres y por voluntad propia, ya que le interesaba hacer la traducción del original y no de otra versión cualquiera. No comenzó a traducir los libros por orden, sino que se ocupó primero del Libro de los Reyes y siguió con los demás, sin elegirlos. Las únicas partes de la Biblia en latín conocida como la Vulgata que no fueron traducidas por San Jerónimo, son los libros de la Sabiduría, el Eclesiástico, el de Baruch y los dos libros de los Macabeos. Hizo una segunda revisión de los salmos, con la ayuda del Hexapla de Orígenes y los textos hebreos, y esa segunda versión es la que está incluida en la Vulgata y la que se usa en los oficios divinos. La primera versión, conocida como el Salterio Romano, se usa todavía en el salmo de invitación de los maitines y en todo el misal, así como para los oficios divinos en San Pedro de Roma, San Marcos de Venecia y los ritos milaneses. El Concilio de Trento designó a la Vulgata de San Jerónimo, como el texto bíblico latino auténtico o autorizado por la Iglesia católica, sin implicar por ello alguna preferencia por esta versión sobre el texto original u otras versiones en otras lenguas. En 1907, el Papa Pío X confió a los monjes benedictinos la tarea de restaurar en lo posible los textos de San Jerónimo en la Vulgata ya que, al cabo de quince siglos de uso, habían sido considerablemente modificados y corregidos.

En el año de 404, San Jerónimo tuvo la gran pena de ver morir a su inseparable amiga Santa Paula y, pocos años después, cuando Roma fue saqueada por las huestes de Alarico, gran número de romanos huyeron y se refugiaron en el oriente. En aquella ocasión, San Jerónimo les escribió de esta manera: ¿Quién hubiese pensado que las hijas de esa poderosa ciudad tendrían que vagar un día, como siervas o como esclavas, por las costas de Egipto y del Africa? ¿Quién se imaginaba que Belén iba a recibir a diario a nobles romanas, damas distinguidas criadas en la abundancia y reducidas a la miseria? No a todas puedo ayudarlas, pero con todas me lamento y lloro y, completamente entregado a los deberes que la caridad me impone para con ellas, he dejado a un lado mis comentarios sobre Ezequiel y casi todos mis estudios. Porque ahora es necesario traducir las palabras de la Escritura en hechos y, en vez de pronunciar frases santas, debemos actuarlas".

De nuevo, cuando su vida estaba a punto de terminar, tuvo que interrumpir sus estudios por una incursión de los bárbaros y, algún tiempo después, por las violencias y persecuciones de los pelagianos, quienes enviaron a Belén a una horda de rufianes para atacar a los monjes y las monjas que ahí moraban bajo la dirección y la protección de San Jerónimo, el cual había atacado a Pelagio en sus escritos. Durante aquella incursión, algunos religiosos y religiosas fueron maltratados, un diácono resultó muerto y casi todos los monasterios fueron incendiados. Al año siguiente, murió Santa Eustoquio y, pocos días más tarde, San Jerónimo la siguió a la tumba. El 30 de septiembre del año 420, cuando su cuerpo extenuado por el trabajo y la penitencia, agotadas la vista y la voz, parecía una sombra, pasó a mejor vida. Fue sepultado en la iglesia de la Natividad, cerca de la tumba de Paula y Eustoquio, pero mucho tiempo después, sus restos fueron trasladados al sitio donde reposan hasta ahora, en la basílica de Santa María la Mayor, en Roma. Los artistas representan con frecuencia a San Jerónimo con los ropajes de un cardenal, debido a los servicios que prestó al Papa San Dámaso, aunque a veces también lo pintan junto a un león, porque se dice que domesticó a una de esas fieras a la que sacó una espina que se había clavado en la pata. La leyenda pertenece más bien a San Gerásimo, pero el león podría ser el emblema ideal de aquel noble, indomable y valiente defensor de la fe.

En los últimos años se hicieron muchos progresos en el estudio y la investigación de la vida de San Jerónimo. Es particularmente valioso el volumen Miscellanea Geronimiana, publicado en Roma en 1920, en ocasión de celebrarse el décimo quinto centenario de su muerte. Gran número de ilustres investigadores, corno Duchesne, Batifol, Lanzoni, Zeiller y Bulic, colaboraron en la formación de ese libro con diversos estudios sobre puntos de particular interés en relación con el santo. En 1922, hizo su aparición la mejor de sus modernas biografías, la de F. Cavallara, Saint Jéróme, sa vie et son ceuvre (1922, 2 vols). También se deben consultar las notas críticas M padre Peeters en Analecia Bollandiana, Vol. XLIII, PP. 180-184. En fechas anteriores, tenemos el descubrimiento hecho por G. Morin de los Comentarioli et Tractatus de San Jerónimo sobre los salmos, así como otros hallazgos (ver a Morin en Études, textes, découverts, pp. 17-25). Un artículo muy completo sobre San Jerónimo, escrito por H. Leclercq, aparece en el DAC., vol. vii, ec. 2235-3304, así como otro de J. Forget, en DTC., vol. viii (1924), ce. 894-983. En el siglo dieciocho Vallarsi y los bolandistas (septiembre, vol. viii) escribieron sendas obras minuciosas sobre el santo. Los escritos más antiguos sobre San Jerónimo, a excepción de la crónica de Marcelino (editado por Mominsen en MGH., Auctores Antiquissimi, vol. ii, pp. 47 y ss.), carecen de valor. La correspondencia y las obras de San Jerónimo fueron, son y serán siempre la fuente principal para el estudio de su vida. Ver también a P. Monceaux, en St. Jerome: the early years (1935) ; a J. Duff, en Letters of St. Jerome (1942) ; A. Penna, en S. Girolamo (1949) ; a P. Antin, en Essai sur S. Jeróme (1951) y el Monument to St. Jerome (1952), un ensayo de F. X. Murphy.

Adaptado de "Vidas de los Santos" de Butler, ed. española.
La versión electrónica del documento la realizaron
Las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María. SCTJM.
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor Adriana Espinoza » Mar Sep 30, 2014 9:29 am

Hoy que se recuerda a San Jerónimo, comparto la reflexión publicada por catholic.net por su celebración:

Jerónimo, Santo
Doctor de la Iglesia, Septiembre 30
Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net

Doctor de la Iglesia
Martirologio Romano: Memoria de san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, que, nacido en Dalmacia, estudió en Roma, cultivando con esmero todos los saberes, y allí recibió el bautismo cristiano. Después, captado por el valor de la vida contemplativa, se entregó a la existencia ascética yendo a Oriente, donde se ordenó de presbítero. Vuelto a Roma, fue secretario del papa Dámaso, hasta que, fijando su residencia en Belén de Judea vivió una vida monástica dedicado a traducir y explicar las Sagradas Escrituras, revelándose como insigne doctor. De modo admirable fue partícipe de muchas necesidades de la Iglesia y, finalmente, llegando a una edad provecta, descansó en la paz del Señor (420).

Etimología: Jerónimo = Aquel que lleva nombre santo, viene del griego


El IV siglo después de Cristo, que tuvo su momento importante en el 380 con el edicto del emperador Teodosio que ordenaba que la fe cristiana tenía que ser adoptada por todos los pueblos del imperio, está repleto de grandes figures de santos: Atanasio, Hilario, Ambrosio, Agustín, Crisóstomo, Basilio y Jerónimo.

Este último nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Su espíritu es enciclopédico: su obra literaria nos revela al filósofo, al retórico, al gramático, al dialéctico, capaz de pensar y escribir en latín, en griego, en hebreo; escritor rico, puro y robusto al mismo tiempo. A él se debe la traducción al latín del Antiguo y del Nuevo Testamento, que llegó a ser, con el titulo de Vulgata, la Biblia oficial del cristianismo.

Jerónimo es de una personalidad fortísima: en cualquier parte a donde va suscita entusiasmos o polémicas. En Roma fustiga los vicios y las hipocresías y también preconiza nuevas formas de vida religiosa, atrayendo a ellas a algunas mujeres influyentes patricias de Roma, que después lo siguen en la vida eremítica de Belén.

La huída de la sociedad de este desterrado voluntario se debió a su deseo de paz interior, no siempre duradero, porque de vez en cuando reaparecía con algún nuevo libro. Los rugidos de este "león del desierto" se hacían oír en Oriente y en Occidente. Sus violencias verbales iban para todos. Tuvo palabras duras para Ambrosio, para Basilio y hasta para su amigo Agustín que tuvo que pasar varios tragos amargos. Lo prueba la correspondencia entre los dos grandes doctores de la Iglesia, que se conservan casi en su totalidad. Pero sabía suavizar sus intemperancias de carácter cuando el polemista pasaba a ser director de almas.

Cuando terminaba un libro, iba a visitar a las monjas que llevaban vida ascética en un monasterio no lejos del suyo. El las escuchaba, contestando sus preguntas. Estas mujeres inteligentes y vivas fueron un filtro para sus explosiones menos oportunas y él les pagaba con el apoyo y el alimento de una cultura espiritual y biblica. Este hombre extraordinario era consciente de sus limitaciones y de sus propias faltas. Las remediaba dándose golpes de pecho con una piedra. Pero también se daba cuenta de sus méritos, tan es así que la large lista de los hombres ilustres, de los que hizo un breve pero precioso resumen (el De viris illustribus) termina con un capítulo dedicado a él mismo. Murió a los 72 años, en el 420, en Belén.

Si quieres ahondar más en la vida de Jerónimo consulta corazones.org en donde también tienen una biografía completa de San Jerónimo
Adriana Espinoza
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor PEPITA GARCIA 2 » Mar Sep 30, 2014 9:33 am

Hoy, 30 de septiembre, conmemoramos a San Jerónimo, Doctor de la Iglesia.

San Jerónimo nació en Estridón, la actual Štrigova, en Croacia, en el año ¿342?, en el seno de una familia de cristianos.

Desde niño, Sofronio Eusebio Jerónimo daba ya muestras del fuerte carácter que le sería propio toda la vida. Estudió en Milán y en Roma, con notable curiosidad por aprender.

San Jerónimo se sentía atraído por la lectura de filósofos como Platón o de retóricos como Cicerón; según la tradición un ángel se le apareció en sueños cambiándole los libros que sostenía en las manos por las Sagradas Escrituras.

La Biblia estuvo siempre en el centro de su vida; y decidió entonces expiar sus pecados de mal genio y de orgullo en el desierto, cerca de Aleppo, la actual Halab, en Siria. Cinco años de retiro le sirvieron para comprender que ésa no era su verdadera misión.

San Jerónimo.-Imagen***Imagen

San Jerónimo regreso a Roma, el Papa San Dámaso lo nombró su secretario particular, y posteriormente le encargó la traducción al latín de la Biblia, que originalmente estaba escrita en griego y en hebreo.

La traducción de San Jerónimo, conocida como la Vulgata, unificó distintas versiones en un solo volumen de extraordinario estilo, y ha sido por más de 1500 años la versión oficial de la Biblia para la Iglesia Católica.

La Santa Biblia.- Imagen

A la muerte de San Dámaso, muchos quisieron elegir a San Jerónimo como su sucesor, y en 385 decide abandonar Roma y marcharse a Tierra Santa.

San Jerónimo dominaba siete idiomas, y demostró ser un notable director espiritual; por los que varias damas de la aristocracia lo siguieron en su peregrinación, buscando llevar una vida de profundo ascetismo, igual que él.

San Jerónimo pasó por Chipre, Antioquía y Alejandría antes de llegar finalmente a Belén, donde fundó cuatro conventos: tres para mujeres y uno para varones.

Los siguientes 35 años los dedicó principalmente a escribir, viviendo en una gruta cercana a la Cueva de Belén. Ahí desarrolló la mayor parte de su obra, que se caracteriza por su claridad y su profundidad.

A San Jerónimo muere en el año 420 en Belén. Se le considera uno de los más grandes teólogos de todos los tiempos. Fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1295 por el Papa Bonifacio VIII, y canonizado en 1767 por el Papa Clemente XIII.

Papa Bonifacio VIII.-
Imagen

Papa Clemente XIII.- Imagen

San Jerónimo se le concidera, el santo patrono de los traductores.

Fuentes: Santoral Virtual. "Ora et Labora". Corazones. Paint
"No anteponer nada al amor de Dios"

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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor Rogilberto » Mar Sep 30, 2014 2:49 pm

Buenas Compañeros y Compañeras: Disculpen, ando atrasado. Me llamo mucho la atención que esta Orden estuvo a punto de desaparecer en la rama masculina. En la femenina, tuvo la protección de Santa Paula. tema que escogí:
Santa Paula
Patrona de las Viudas

Santa Paula nació el 5 de mayo de 347. Por parte de su madre, tenía parentesco con los Escipiones, con los Gracos y Paulo Emilio. Su padre pretendía ser descendiente de Agamenón. Paula tuvo un hijo, llamado Toxocio como su marido y cuatro hijas: Blesila, Paulina, Eustoquio y Rufina.

Paula era muy virtuosa como mujer casada y con su marido edificaron a Roma con su ejemplo. Sin embargo ella tenía sus defectos, particularmente el de cierto amor a la vida mundana, lo cual era difícil de evitar por su alta posición social. Al principio Paula no se daba cuenta de esta secreta tendencia de su corazón, pero la muerte de su esposo, ocurrida cuando ella tenía 33 años, le abrió los ojos. Su pena fue inmoderada hasta el momento en que su amiga Santa Marcela, una viuda romana que asombraba con sus penitencias, la persuadió de que se entregara totalmente a Dios. A partir de entonces, Paula vivió en la mayor austeridad.
En una ocasión ofreció hospitalidad a San Epifanio de Salamis y a San Paulino de Antioquía, cuando fueron a Roma. Ellos le presentaron a San Jerónimo, con quien la santa estuvo estrechamente asociada en el servicio de Dios mientras vivió en Roma, bajo el Papa San Dámaso.
Cuanto mas progresaba Santa Paula en el gusto de las cosas divinas, mas insoportable se le hacía la tumultuosa vida de la ciudad. La santa suspiraba por el desierto, y deseaba vivir en una ermita, sin tener otra cosa en que ocuparse más que en pensar en Dios. Determinó, pues, dejar su casa, su familia y sus amigos y partir de Roma. Aunque era la más amante de las madres, las lágrimas de Toxocio y Rufina no lograron desviarla de su propósito. Santa Paula se embarcó con su hija Eustoquio, el año 385; visitó a San Epifanio en Chipre, y se reunió con San Jerónimo y otros peregrinos en Antioquía. Los peregrinos visitaron los Santos Lugares de Palestina y fueron a Egipto a ver a los monjes y anacoretas del desierto. Un año más tarde llegaron a Belén, donde Santa Paula y Santa Eustoquio se quedaron bajo la dirección de San Jerónimo.


Las dos santas vivieron en una choza, hasta que se acabó de construir el monasterio para hombres y los tres monasterios para mujeres. Estos últimos constituían propiamente una sola casa, ya que las tres comunidades se reunían noche y día en la capilla para el oficio divino, y los domingos en la Iglesia próxima. La alimentación era escasa y mala, los ayunos frecuentes y severos.


Santa Paula se ocupaba de atender a San Jerónimo, y le fue a éste de gran utilidad en sus trabajos bíblicos, pues su padre le había enseñado el griego y en Palestina había aprendido suficiente hebreo para cantar los salmos en la lengua original. Además, San jerónimo la había iniciado en las cuestiones exegéticas lo bastante para que Paula pudiese seguir con interés su desagradable discusión con el obispo Juan de Jerusalén sobre el origenismo. Los últimos años de la santa se vieron ensombrecidos por esta disputa y por las preocupaciones económicas que su generosidad había producido. Toxocio, el hijo de Santa Paula, se casó con Leta, la hija de un sacerdote pagano, que era cristiana. Ambos fueron fieles imitadores de la vida de su madre y enviaron a su hija Paula a educarse en Jerusalén al cuidado de su abuela. Paula, la joven, sucedió a Santa Paula en el gobierno de los monasterios. San Jerónimo envió a Leta algunos consejos para la
educación de su hija, que todos los padres deberían leer. Dios llamó a sí a Santa Paula a los 56 años de edad. Durante su última enfermedad, la santa repetía incansablemente los versos de los salmos que expresaban el deseo del alma de ver la Jerusalén celestial y de unir
Murió en la paz del señor, el 26 de enero del año 404.se con Dios.
Muchas gracias
Rogilberto
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor sanaquino » Mar Sep 30, 2014 6:49 pm

La mejor apología que podemos hacer de San Jerónimo son las palabras que el Papa Benedicto XV le dedica en la Encíclica «Spíritus Paráclitus»: «el máximo doctor que dio el cielo, para interpretar la Divina Escritura». Nace alrededor del los años 330 en Estridón, una ciudad de Dalmacia.
Educado en Roma con los mejores maestros de la época, pronto destaca por su gran inteligencia. Siendo catecúmeno, se deja arrastrar en alguna ocasión por las malas influencias del ambiente, mas movido por la gracia, al terminar sus estudios, recibe el Bautismo. Renuncia a los caminos de gloria humana que le brindaba su dominio de los clásicos latinos y se entrega al estudio de la Palabra divina y a una vida de intenso ascetismo.
Después de una etapa viajera se traslada al desierto de Calcis. «Oh soledad dichosa, exclama, si tu padre para detenerte se tiende en el umbral de tu puerta, pasa por encima de él» (Carta a Heliodoro). Allí el santo anacoreta, entregado de lleno a la oración y el ayuno, se ve envuelto en un mar de tentaciones. Pero sale triunfante de ellas y con la virtudes más acrisolada, «...porque fiel es Dios que no permite que seamos tentados sobre nuestras fuerzas» (1 Cor. 10, 13).
Poco más de treinta años contaría San Jerónimo cuando se ordena sacerdote. Hacia el año 382, invitado por el Papa San Dámaso, se traslada a Roma donde llegó a ser nombrado secretario del Sumo Pontífice. Aureolado por el brillo de su santidad y ciencia, se le consulta siempre como defensor de la fe. Por orden del Papa emprende su obra cumbre: la traducción de los Sagrados Libros, que con el nombre de VULGATA, adoptó oficialmente la Iglesia. Hasta que se extinga su vida jamás dejará el estudio de la Sagradas Escrituras.
La Orden Jerónima Merced a su influencia saludable, algunas damas de la nobleza dejarán el mundo para llevar vida escondida en Cristo. Muerto el Pontífice, se levantan tal serie de calumnias contra San Jerónimo que, pese a ser probada su inocencia, decide abandonar Roma. «Doy gracias a Dios, decía, porque me ha juzgado digno de que el mundo me odie».
Tras recorrer los Santos lugares, se establece en la gruta de Belén, donde se le unen muchos discípulos y son fundados varios monasterios femeninos por su dirigida Santa Paula, y uno masculino dirigido por el mismo doctor.
Junto a sus trabajos bíblicos, fue inagotable sus labor en defensa del dogma ante la multitud de herejías reinantes..Tras muchos sufrimientos murió el 30 de septiembre del año 420. «Amad la ciencia de la Escritura y no amareis los vicios de la carne», repetía San Jerónimo, «...Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».

Santa Paula nació el 5 de mayo de 347. Por parte de su madre, tenía parentesco con los Escipiones, con los Gracos y Paulo Emilio. Su padre pretendía ser descendiente de Agamenón. Paula tuvo un hijo, llamado Toxocio como su marido y cuatro hijas: Blesila, Paulina, Eustoquio y Rufina.

Paula era muy virtuosa como mujer casada y con su marido edificaron a Roma con su ejemplo. Sin embargo ella tenía sus defectos, particularmente el de cierto amor a la vida mundana, lo cual era difícil de evitar por su alta posición social. Al principio Paula no se daba cuenta de esta secreta tendencia de su corazón, pero la muerte de su esposo, ocurrida cuando ella tenía 33 años, le abrió los ojos. Su pena fue inmoderada hasta el momento en que su amiga Santa Marcela, una viuda romana que asombraba con sus penitencias, la persuadió de que se entregara totalmente a Dios. A partir de entonces, Paula vivió en la mayor austeridad.

Su comida era muy sencilla, y no bebía vino; dormía en el suelo, sobre un saco; renunció por completo a las diversiones y a la vida social; y repartió entre los pobres todo aquello que le pertenecía y evitó lo que pudiera distraerla de sus buenas obras.

En una ocasión ofreció hospitalidad a San Epifanio de Salamis y a San Paulino de Antioquía, cuando fueron a roma. Ellos le presentaron a San Jerónimo, con quien la santa estuvo estrechamente asociada en el servicio de Dios mientras vivió en Roma, bajo el Papa San Dámaso.




La Familia Jerónima está constituida, en la actualidad, por los monjes, las monjas, las religiosas "Jerónimas de la Adoración" y las "Jerónimas de Puebla".
A todos nos unen unos mismos lazos de origen y de hermandad. Juntos intentamos hacer presente en medio de nuestro mundo al Jesucristo del Evangelio que pasó haciendo el bien.

El propio Jerónimo moraba en una amplia caverna, vecina al sitio donde nació el Salvador. En aquel mismo lugar estableció una escuela gratuita para niños y una hostería, "de manera que", como dijo Santa Paula, "si José y María visitaran de nuevo Belén, habría donde hospedarlos". Ahí, por lo menos, transcurrieron algunos años en completa paz. "Aquí se congregan los ilustres galos y tan pronto como los británicos, tan alejados de nuestro mundo, hacen algunos progresos en la religión, dejan las tierras donde viven y acuden a éstas, a las que sólo conocen por relaciones y por la lectura de las Sagradas Escrituras. Lo mismo sucede con los armenios, los persas, los pueblos de la India y de Etiopía, de Egipto, del Ponto, Capadocia, Siria y Mesopotamia. Llegan en tropel hasta aquí y nos ponen ejemplo en todas las virtudes. Las lenguas difieren, pero la religión es la misma. Hay tantos grupos corales para cantar los salmos como hay naciones ... Aquí tenemos pan y las hortalizas que cultivamos con nuestras manos; tenemos leche y los animales nos dan alimento sencillo y saludable. En el verano, los árboles proporcionan sombra y frescura. En el otoño, el viento frío que arrastra las hojas, nos da la sensación de quietud. En primavera, nuestras salmodias son más dulces, porque las acompañan los trinos de las aves. No nos falta leña cuando la nieve y el frío del invierno, nos caen encima. Dejémosle a Roma sus multitudes; le dejaremos sus arenas ensangrentadas, sus circos enloquecidos, sus teatros empapados en sensualidad y, para no olvidar a nuestros amigos, le dejaremos también el cortejo de damas que, reciben sus diarias visita.Pero no por gozar de aquella paz, podía Jerónimo quedarse callado y con los brazos cruzados cuando la verdad cristiana estaba amenazada. En Roma había escrito un libro contra Helvidio sobre la perpetua virginidad de la Santísima Virgen María, ya que aquél sostenía que, después del nacimiento de Cristo, Su Madre había tenido otros hijos con José. Este y otros errores semejantes fueron de nuevo puestos en boga por las doctrinas de un tal Joviniano. San Pamaquio, yerno de Santa Paula, lo mismo que otros hombres piadosos de Antioquía, se escandalizaron con aquellas ideas y enviaron los escritos de Joviniano a San Jerónimo y éste, como respuesta, escribió dos libros contra aquél en el año de 393. En el primero, demostraba las excelencias de la virginidad cuando se practicaba por amor a la virtud, lo que había sido negado por Joviniano, y en el segundo atacó los otros errores. Los tratados fueron escritos con el estilo recio, característico de Jerónimo, y algunas de sus expresiones les parecieron a las gentes de Roma demasiado duras y denigrantes para la dignidad del matrimonio. San Pamaquio y otros con él, se sintieron ofendidos y así se lo notificaron a Jerónimo; entonces, éste escribió la Apología a Pamaquio, conocida también corno el tercer libro contra Joviniano, en un tono que, seguramente, no dio ninguna satisfacción a sus críticos. Pocos años más tarde, Jerónimo tuvo que dedicar su atención a Vigilancio -a quien sarcásticamente llama Dormancio-, un sacerdote galo romano que desacreditaba el celibato y condenaba la veneración de las reliquias hasta el grado de llamar a los que la practicaban, idólatras y adoradores de cenizas. En su respuesta, Jerónimo le dijo: "Nosotros no adoramos las reliquias de los mártires, pero sí honramos a aquellos que fueron mártires de Cristo para poder adorarlo a El. Honramos a los siervos para que el respeto que les tributamos se refleje en su Señor". Protestó contra las acusaciones de que la adoración a los mártires era idolatría, al demostrar que los cristianos jamás adoraron a los mártires como a dioses y, a fin de probar que los santos interceden por nosotros, escribió: "Si es cierto que cuando los apóstoles y los mártires vivían aún sobre la tierra, podían pedir por otros hombres, y con cuánta mayor eficacia podrán rogar por ellos después de sus victorias! ¿Tienen acaso menos poder ahora que están con Jesucristo?" Defendió el estado monástico y dijo que, al huir de las ocasiones y los peligros, un monje busca su seguridad porque desconfía de su propia debilidad y porque sabe que un hombre no puede estar a salvo, si se acuesta junto a una serpiente. Con frecuencia se refiere Jerónimo a los santos que interceden por nosotros en el cielo. A Heliodoro lo comprometió a rezar por él cuando estuviese en la gloria y a Santa Paula le dijo, en ocasión de la muerte de su hija Blesila: "Ahora eleva preces ante el Señor por ti y obtiene para mí el perdón de mis culpas".Del año 395 al 400, San Jerónimo hizo la guerra a la doctrina de Orígenes y, desgraciadamente, en el curso de la lucha, se rompió su amistad de veinticinco años con Rufino. Tiempo atrás le había escrito a éste la declaración de que "una amistad que puede morir nunca ha sido verdadera", lo mismo que, mil doscientos años más tarde, diría Shakespeare de esta manera:

Visita de Monasterios Jerónimos y sus Fundadores

El Real Monasterio de San Jerónimo de Cotalba (en valenciano Sant Jeroni de Cotalba) es un edificio conventual fundado en el año 1388 y construido entre los siglos XIV y XVIII que está localizado en el término municipal de Alfahuir, (Valencia), a 8 km de Gandía.

El monasterio se levanta sobre el Tossalet de Cotalba en el término de Alfahuir. Se trata de una de las construcciones monásticas más notables de la Comunidad Valenciana, hecho que se ve acentuado por la gran diversidad estilística de su conjunto que, arrancando de una primitiva estructura gótica medieval se desarrolla fundamentalmente desde el siglo XVI al XVIII y abarca cinco estilos diferenciados: mudéjar, gótico, renacimiento, barroco y neoclásico.

En 1388 el Duque Real Alfonso "el Viejo", nieto de Jaime II y primo de Pedro IV el Ceremonioso, impulsa la construcción del Monasterio, comprando el lugar de Cotalba a los musulmanes y donando este terreno a la comunidad jerónima de Jávea para que se trasladen allí, evitando con ello las reiteradas incursiones de los piratas berberiscos en la costa valenciana ya supone un lugar mucho más seguro. A partir de entonces se inicia la consolidación y expansión de la famosa Orden de los Jerónimos convirtiéndose este monasterio en la Casa Madre, al ser la primera comunidad jerónima establecida en la antigua Corona de Aragón.

su fundador, el Duque Alfonso de Aragón y Foix, siente por el monasterio se vera reflejada tanto por las continuas donaciones que realiza al monasterio como por el enterramiento de su esposa, Violante de Aragón (en 1411) y la de dos de sus hijos, los Infantes Juan y Blanca, en el propio monasterio.


El Monasterio Jerónimo de Santa Ana estaba situado en una colina a unos 400 m al sur de la villa de Tendilla, entre ésta villa y su castillo. Su carta fundacional es de 25 de agosto de 1473 debido al interés de Iñigo López de Mendoza y Figueroa, primer Conde de Tendilla, quien trajo monjes jerónimos de San Isidoro de Sevilla (los llamados "isidros").

El primer conde de Tendilla trajo de su embajada de 1459 ante el Papa en Roma un jubileo plenísimo y la autorización para fundar en Tendilla un convento. Intentó fundar un monasterio de monjes jerónimos en Tendilla. Al negarse los jerónimos de Lupiana por su cercanía, el conde acudió a la rama disidente de los jerónimos que fray Lope de Olmedo creara en Sevilla desde 1423. Éstos aceptaron la oferta del conde, viniendo como primer prior fray Juan Melgarejo. Una de las razones de la disidencia era que fray Lope quiso que los jerónimos se rigieran por una regla monástica basada en la doctrina de San Jerónimo, aunque en su fundación se había establecido que seguirían la regla de San Agustín. No hubo más que siete monaterios "isidros" en toda España, bastante menos ricos que los demás. La separación desaparecería en 1567 cuando Felipe II ordenó que se unifiquen las dos ramas. Asimismo el convento tuvo dos jubileos plenísimos, pues al logrado en 1459 por el primer Conde de Tendilla se unió otro posterior obtenido por el segundo Conde en su embajada de 1486.


El Monasterio de Santa María de la Murta (siglos XIV - XV), es un antiguo cenobio de la orden de los jerónimos situado en el Valle de La Murta, en Alcira.

A lo largo de su historia fue un importante emporio de cultura y espiritualidad y centro de peregrinaje de la realeza, la aristocracia y de influyentes personajes religiosos. Fue adquirido por el Ayuntamiento de la ciudad en 1989, y, desde 1995, se encuentra en fase de recuperación y restauración tanto el convento-fortaleza como su entorno y reserva natural protegida.

En 568, bajo el reinado de Leovigildo, San Donato y sus eremitas huidos de África fundaron en el valle, llamado entonces valle de Miralles, un monasterio servetano. La invasión árabe en 711 lo dejó asolado y los eremitas se dispersaron, muriendo el fundador y siendo enterrado en el monasterio.

No obstante sus orígenes están documentados en el manuscrito de 1773 del Padre J.B. Morera, estudioso del archivo del monasterio, a partir del siglo XIV, cuando el caballero alcireño Arnau de Serra, señor de las tierras de La Murta, previa autorización del rey Pedro el Ceremonioso, las donó a un grupo de ermitaños establecidos en el valle con la condición de fundar una comunidad religiosa, que viviese bajo la regla de San Jerónimo. Tras profesar en Jávea como monjes de esta orden, el papa Gregorio XI les concedió la bula para fundar un monasterio en 1376.
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor Domitila 1956 » Mar Sep 30, 2014 10:24 pm

La orden de San Jerónimo es de clausura monástica puramente contemplativa imitando a Cristo, santificando las horas y misa conventual se sujetan a la vida cenobica y

la regla de San Agustín la cual dice:

Que se debe vivir en casa unidos como una sola alma y corazón orientados a Dios
No poseer nada propio y dar según se necesite
Respetar las oraciones fijadas para las horas
Penitencia y mortificación
Castidad y corrección paterna
Demanda del perdón y olvido de las ofensas
Gobierno y obediencia

Las Jerónimas tienen la misma regla a ejemplo de Santa Paula y su hija Santa Eustoquia. Todo comienza con la noble viuda Marcela que deja su vida aristócrata y se unen a ella varias mujeres al estudio de las Sagradas Escrituras y al enviudar Paula se une a ella junto con su hija Eustaquia

San Jerónimo resalta las habilidades de sus alumnas en las lenguas de latín griego y hebreo y el cual por encargo del papa Damaso hace la traducción de la Biblia Antiguo y Nuevo Testamento.

En el año 384 muere el papa Damaso y San Jerónimo queda con muchos enemigo entre otras cosas por tratar con mujeres se ve en la necesidad de trasladarse a Belén adonde lo siguen Paula y Eustaquia así como varia mujeres las cuales se ponen bajo la dirección espiritual de San Jerónimo con lo que continua con la traducción de la Biblia así como los salmos, a la muerte de Paula en 404 y por los ruegos de Eustaquia finalmente la vulgata esta completa.

Estas mujeres santas son honradas por la iglesia católica; Santa Marcela el 31 de enero, Santa Paula patrona de las viudas el 26 de enero y Santa Eustaquia el 28 de Septiembre. Si como San Jerónimo doctor de la iglesia el 30 de Septiembre del año 419 o 420 el cual es patrono de los traductores y biblistas. La iglesia Ortodoxa y las iglesias protestantes celebran juntas en septiembre el mes de la Biblia.

El 18 de octubre de 1373 el papa Gregorio XI concede la bula en 1415, veinticinco monasterios se unen formando la orden de San Jerónimo O.S.H. ( Ordo Santcti Hieronymi ) sus fundadores: Pedri Fernandez y Pecha y Pedro Yañez de Figueroa.

En 1925 la Santa Sede reestructura dicha orden pero debido a la guerra civil se obstaculiza se buen desarrollo.Su trabajo se desarrolla dedicando la mañana al trabajo para subsanar necesidades y ayuda al hermano necesitado, por la tarde se dedica a la vida contemplativa e intelectual, oracion, lectura, estudio, misa conventual que orienta su manera de vida. Por ultimo pero no menos importante la hospitalidad es la forma mas expresiva de la caridad del monje con el prójimo.
Domitila 1956
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor PEPITA GARCIA 2 » Mié Oct 01, 2014 10:28 am

San Jerónimo

Les comparto, esto que voy recibiendo:
Posted date: septiembre 30, 2014 In: Retratos


San Jerónimo.- Imagen

Por Eugenio Lira Rugarcía, Obispo auxiliar de Puebla y Secretario General de la CEM

Hoy 30 celebramos a San Jerónimo, sacerdote que entre los siglos IV y V, por encargo del Papa San Dámaso, se retiró cerca de la cueva de Belén, donde nació el Salvador de la humanidad, para, en la oración y la penitencia, estudiar, traducir al latín y comentar la Biblia, cuya versión, llamada Vulgata, se difundió en Occidente.

La Biblia contiene la Palabra de Dios que Él mismo nos ha comunicado a través de los autores a quienes inspiró, elevando su inteligencia, moviendo su voluntad y facultando sus capacidades, para que pusieran por escrito todo y solo aquello que Dios mismo quería, usando ellos los conocimientos y expresiones de su época.

Por eso, para entender lo que Dios quiso decirnos a través de los autores que inspiró, es preciso conocer el género literario, el contexto histórico y otros aspectos, teniendo en cuenta la totalidad de la Revelación. Esto implica conocer también la Tradición de la Iglesia, que junto con la Biblia constituye el único depósito de la Revelación.

En este camino de comprender la palabra de Dios debemos dejarnos iluminar por el Espíritu Santo, quien nos ayuda a través del Magisterio, que es la enseñanza del Papa y de los Obispos. A nadie se le ocurriría que cualquiera puede interpretar sólo un libro de Álgebra avanzada, ¡menos algo infinitamente más grande, como lo es la Palabra de Dios!

En general, podemos decir que la formación de la Biblia, que se divide en dos grandes partes, Antiguo y Nuevo Testamento, comenzó con la predicación oral, que luego fue recogida por escrito en diferentes fragmentos, reunidos posteriormente en bloques que se fueron uniendo hasta dar como resultado las fuentes, y luego los escritos definitivos. Del Nuevo Testamento, la 1a carta de San Pablo a los Tesalonicenses, redactada hacia el año 51 es el escrito más antiguo. Los 4 Evangelios, centro de toda la Biblia, fueron escritos entre la 2ª mitad y el final del siglo I, en base a documentos anteriores, que contenían relatos y discursos de Jesús, como señala el propio San Lucas en 1,1.

En la carta a los Hebreos, se nos dice: “Ciertamente, es viva la Palabra de Dios y eficaz” (Heb 4,12); es luz para responder a las preguntas de la vida, consuelo, guía, fuerza, esperanza y estímulo para practicarla, haciendo vida lo que el Señor nos pide por nuestro bien.

El Observador de la Actualidad. http://elobservadorenlinea.com/2014/09/san-jeronimo/ Imágen de Google
"No anteponer nada al amor de Dios"

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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor Llohanna » Mié Oct 01, 2014 10:47 am

SAN JERÓNIMO

Martirologio Romano: Memoria de san Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia, que, nacido en Dalmacia, estudió en Roma, cultivando con esmero todos los saberes, y allí recibió el bautismo cristiano. Después, captado por el valor de la vida contemplativa, se entregó a la existencia ascética yendo a Oriente, donde se ordenó de presbítero. Vuelto a Roma, fue secretario del papa Dámaso, hasta que, fijando su residencia en Belén de Judea vivió una vida monástica dedicado a traducir y explicar las Sagradas Escrituras, revelándose como insigne doctor. De modo admirable fue partícipe de muchas necesidades de la Iglesia y, finalmente, llegando a una edad provecta, descansó en la paz del Señor (420).

Etimología: Jerónimo = Aquel que lleva nombre santo, viene del griego


El IV siglo después de Cristo, que tuvo su momento importante en el 380 con el edicto del emperador Teodosio que ordenaba que la fe cristiana tenía que ser adoptada por todos los pueblos del imperio, está repleto de grandes figures de santos: Atanasio, Hilario, Ambrosio, Agustín, Crisóstomo, Basilio y Jerónimo.

Este último nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Su espíritu es enciclopédico: su obra literaria nos revela al filósofo, al retórico, al gramático, al dialéctico, capaz de pensar y escribir en latín, en griego, en hebreo; escritor rico, puro y robusto al mismo tiempo. A él se debe la traducción al latín del Antiguo y del Nuevo Testamento, que llegó a ser, con el titulo de Vulgata, la Biblia oficial del cristianismo.

Jerónimo es de una personalidad fortísima: en cualquier parte a donde va suscita entusiasmos o polémicas. En Roma fustiga los vicios y las hipocresías y también preconiza nuevas formas de vida religiosa, atrayendo a ellas a algunas mujeres influyentes patricias de Roma, que después lo siguen en la vida eremítica de Belén.

La huída de la sociedad de este desterrado voluntario se debió a su deseo de paz interior, no siempre duradero, porque de vez en cuando reaparecía con algún nuevo libro. Los rugidos de este “león del desierto” se hacían oír en Oriente y en Occidente. Sus violencias verbales iban para todos. Tuvo palabras duras para Ambrosio, para Basilio y hasta para su amigo Agustín que tuvo que pasar varios tragos amargos. Lo prueba la correspondencia entre los dos grandes doctores de la Iglesia, que se conservan casi en su totalidad. Pero sabía suavizar sus intemperancias de carácter cuando el polemista pasaba a ser director de almas.

Cuando terminaba un libro, iba a visitar a las monjas que llevaban vida ascética en un monasterio no lejos del suyo. El las escuchaba, contestando sus preguntas. Estas mujeres inteligentes y vivas fueron un filtro para sus explosiones menos oportunas y él les pagaba con el apoyo y el alimento de una cultura espiritual y biblica. Este hombre extraordinario era consciente de sus limitaciones y de sus propias faltas. Las remediaba dándose golpes de pecho con una piedra. Pero también se daba cuenta de sus méritos, tan es así que la large lista de los hombres ilustres, de los que hizo un breve pero precioso resumen (el De viris illustribus) termina con un capítulo dedicado a él mismo. Murió a los 72 años, en el 420, en Belén.
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor Betancourt » Jue Oct 02, 2014 7:45 am

El monasterio de San Jerónimo el Real



Imagen

conocido popularmente como Los Jerónimos, fue uno de los conventos más importantes de Madrid, fundado por la Orden de San Jerónimo. Junto a él existía el llamado Cuarto Real, luego ampliado como Palacio del Buen Retiro en tiempos de Felipe IV.

Esa soy yo :D . Pude ir a Madrid por la JMJ 2011, pero no entré al templo :cry:
Yariana Betancourt
El amor de Dios es maravilloso!
http://www.francinasmile.wordpress.com
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor albeitia » Jue Oct 02, 2014 8:21 am

SAN JERÓNIMO
Fiesta 30 Septiembre

Uno de los cuatro Doctores originales de la Iglesia Latina. Padre de las ciencias bíblicas y traductor de la Biblia al latín. Presbítero, hombre de vida ascética, eminente literato.
(347-420)

Ver de sus escritos:
Convertíos a mí -de su comentario sobre el profeta Joel
Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo

En breve:
Nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340; estudió en Roma y allí fue bautizado. Abrazó la vida ascética, marchó al Oriente y fue ordenado presbítero. Volvió a Roma y fue secretario del papa Dámaso. Fue en esta época cuando empezó su traducción latina de la Biblia. También promovió la vida monástica. Más tarde, se estableció en Belén, donde trabajó mucho por el bien de la Iglesia. Escribió gran cantidad de obras, principalmente comentarios de la sagrada Escritura. Murió en Belén el año 420.

San Jerónimo
Audiencias de Benedicto XVI: 7 de noviembre y 14 de noviembre, 2007

Síntesis de las audiencias sobre S. Jerónimo:

San Jeronimo:
-"Ignorar la Escritura es ignorar a Cristo"
-"¿Cómo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer al mismo Cristo, que es la vida de los creyentes?"
-"Estoy con quien esté unido a la Cátedra de san Pedro" "yo sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia".

La Biblia, instrumento «con el que cada día Dios habla a los fieles, se convierte de este modo en estímulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para toda persona».

Leer la Escritura es conversar con Dios: «Si rezas --escribe a una joven noble de Roma--hablas con el Esposo; si lees, es Él quien te habla».

Como interpretar la Biblia
«un criterio metodológico fundamental en la interpretación de las Escrituras era la sintonía con el magisterio de la Iglesia».

«Por nosotros mismos nunca podemos leer la Escritura. Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos en errores. La Biblia fue escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo»

«Sólo en esta comunión con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente con el “nosotros” en el núcleo de la verdad que Dios mismo nos quiere decir».

«Para él una auténtica interpretación de la Biblia tenía que estar siempre en armonía con la fe de la Iglesia católica».

La lectura de la Escritura lleva al santo a entregarse a los demás: es necesario «vestir a Cristo en los pobres, visitarle en los que sufren, darle de comer en los hambrientos, cobijarle en los que no tienen un techo».

La Palabra de Dios «indica al hombre las sendas de la vida, y le revela los secretos de la santidad».
albeitia
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor glenda najera » Jue Oct 02, 2014 10:11 pm

NOCHES A TODOS Y BENDICIONES :D
SAN JERÓNIMO EN BELÉN:
SAN JERÓNIMO PASA SUS ÚLTIMOS 35 AÑOS EN BELÉN, LO SIGUIERON VARIAS SEÑORAS CONVERTIDAS QUE VENDIERON TODAS SUS PERTENENCIAS Y CON ESE DINERO SAN JERÓNIMO CONSTRUYÓ UN CONVENTO PARA HOMBRES Y TRES PARA MUJERES Y UNA CASA PARA PEREGRINOS QUE LLEGABAN DE TODAS PARTES DEL MUNDO VISITAR E SITIO DONDE NACIÓ JESÚS.

REDACTO MUCHOS ESCRITOS QUE LOE DIERA FAMA POR TODO EL MUNDO, HACIA ORACIÓN, PENITENCIA Y ESTUDIABA LA SANTA BIBLIA.

ESCRIBIÓ CONTRA LOS HEREJES Y SE EXTRALIMITABA EN SUS ATAQUES, PERO DESPUÉS SE ARREPENTÍA. LA IGLESIA LO RECONOCE COMO UN HOMBRE ELEGIDO POR DIOS, POR ESO HA SIDO NOMBRADO PATRONO DE TODOS LOS QUE EN EL MUNDO SE DEDICAN A HACER ENTENDER Y AMAR MÁS LAS SAGRADAS ESCRITURAS.

EL 30 DE SEPTIEMBRE DEL AÑO 420 CASI A A EDAD DE 80 AÑO SAN JERÓNIMO LE ENTREGA SU ALMA AL SEÑOR.

NO CABE DUDA QUE TODA PERSONA QUE ES LLAMADA POR EL SEÑOR Y ATIENDE SU LLAMADO REALIZA GRANDES OBRAS PARA LOS DEMÁS Y PARA SI MISMO YA QUE ASÍ LLEGAN A OBTENER LA SANTIDAD Y GOZAR DE LA PRESENCIA DE DIOS

GRACIAS POR COMPARTIR TODO LO APRENDIDO ;)
glenda najera
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor rosita forero » Vie Oct 03, 2014 12:54 pm

..

La espiritualidad de San Jerónimo a
través de su iconografía y su vida




Ilustración 1. Bautismo de san Jerónimo.Valdés Leal.
Museo de Bellas Artes de Sevilla]


Imagen

Fue enviado a estudiar gramática, retórica y filosofía a Roma y,estando allí, recibió el bautismo, costumbre normal en aquellos años en los que se esperaba a que pasasen los años de la infancia para recibir este sacramento. A lo largo de sus numerosos escritos cita su bautismo en varias ocasiones, como por ejemplo en un par de cartas al papa san Dámaso. Y menciona con un gran orgullo el haber sido bautizado junto a la Cátedra de Pedro, razón que le hacía sentirse romano de adopción y con una fidelidad férrea al Papado. Esta fidelidad se verá puesta a prueba en varias ocasiones a lo largo de su vida.




Ilustración 2. San Jerónimo flagelado. Francisco de Zurbarán. Sacristía del Monasterio de
Guadalupe.



Imagen

hallándose enfermo san Jerónimo por, en su opinión, el exceso de lectura de obras clásicas, tuvo una visión en la que nuestro supremo Juez le hizo azotar por desatender la lectura de la Sagrada Escritura. A partir de este castigo, que a nuestro santo le pareció real, se apasionó por los libros divinos como nunca lo había hecho por los profanos, Su nueva obsesión, esta vez santa, sería la Palabra de Dios. Ya nunca más se separaría de ella el resto de su vida.



Ilustración 3. Tentaciones de San Jerónimo. Valdés Leal. Museo de Bellas Artes de Sevilla[

Imagen

En una carta cuenta las tentaciones que solía tener en el desierto a pesar del castigo continuo al que sometía su cuerpo: ....."… Me figuraba muchas veces estar bailando con chicas jóvenes. Los ayunos habían deslucido mi rostro y aniquilado el vigor de mi cuerpo. Así con todo, mi voluntad estaba invadida de torpes deseos y en mi carne se encabritaba la sensualidad… En estas situaciones críticas me echaba a los pies de Jesús, los regaba con lágrimas… Recuerdo… mis incesantes golpes de pecho hasta que el Señor tenía a bien sosegar el oleaje."


Ilustración 4. San Jerónimo traduce las Sagradas
Escrituras.
Stefano Maria Legnani.



Imagen

Cuentan la mayoría de los estudiosos del tema, que es en Roma cuando comienza su
obra magna de traducir la Sagrada Escritura al latín . por encargo de Dámaso ésta sería su obra cumbre, la llamada Vulgata, de la que aún bebemos y nos beneficiamos. La traducción completa no culminaría hasta los años
407 aproximadamente, ya en Belén.



Ilustración 5 San Jerónimo y San Agustín. n. Sánchez
Coello. Monasterio del Escorial.



Imagen

En Belen son sus mejores escritos, sus mejores cartas, sus mejores
traducciones. No en vano perfeccionó mucho sus conocimientos en la lengua hebrea
gracias a las clases nocturnas que tomó de un rabino .De esta época también es su
correspondencia con san Agustín, todo un monumento al debate epistolar.



Ilustración 6. San Jerónimo y el león en el monasterio. Carpaccio, Vittore. Scuola di San Giorgio degli Schiavoni, Venecia.


Imagen

También la leyenda y la iconografía clásica (a partir del s. XIV) sitúan en estos años de
Belén la figura del león, el cual cuida, custodia y ayuda a los monjes en sus tareas diarias.
Sobra decir que esto no tiene base real, aunque el fervor de algunos biógrafos del san
Jerónimo como Fr. José de Sigüenza [9], Mabilonio y Juan de Andrés defienden su
veracidad histórica. Lo que sí podemos decir es que el conocido carácter áspero del santo,
su vigor y su fortaleza en la defensa de la doctrina pueden tener como icono la figura de un fiero león



Ilustración 7 . Última comunión de san Jerónimo. Domeniccino. Museos Vaticanos.


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La última comunión del santo eremita, que abandonó sus dignidades cardenalicias por la penitencia y la meditación. entregó su alma a Dios para ir a recibir el premio de sus fatigas. Se acercaba ya a los 80 años. Más de la mitad los había dedicado a la santidad.



°°°°°La Santa Iglesia Católica ha reconocido siempre a San Jerónimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor la S. Biblia. El Papa Clemente VIII decía que el Espíritu Santo le dio a este gran sabio unas luces muy especiales para poder comprender mejor el Libro Santo. Y el estar durante 35 años en el país donde Jesús y los grandes personajes de la S. Biblia vivieron, enseñaron y murieron, le dio a Jerónimo mayores luces para explicar las palabras del Libro Santo.

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rosita forero
 
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Re: 6. La Orden de los Jerónimos

Notapor Antonio_Apostol » Sab Oct 04, 2014 9:24 pm

Hola queridos hermanos(as), acá agrego un poco mas de información sobre La orden de los Jerónimos, que sin duda es una obra de Dios en la tierra, espero algo de lo que aquí publico sea para que aprendamos todos un poco mas, gracias por darse tiempo de investigar y compartir, ya que leo sus publicaciones y son muy interesantes. saludos a todos!



Nombre latino: Ordo Sancti Hieronymi

Fundación: 1373

Hábito: Blanco y escapulario marrón

Sitio web: http://www3.planalfa.es/msmparral/

Fundadores: Pedro Fernández Pecha y Fernando Yáñez de Figueroa

A mediados del siglo XIV surgen espontáneamente varios grupos de eremitas que deseaban imitar la vida de San Jerónimo. Entre ellos destacaron Pedro Fernández y Fernando Yáñez que deciden organizarse y el 18 de octubre de 1373 el papa Gregorio XI les concede la bula por la que otorga a estos ermitaños la regla de San Agustín, siguiendo la espiritualidad de San Jerónimo. En 1415 veinticinco monasterios se unen formando la Orden de San Jerónimo.



PECHA

Pedro Fernández Pecha

La nueva orden tuvo un gran desarrollo en España, fijando su sede central en el Monasterio de San Bartolomé de Lupiana, Guadalajara. Sus monjes eran famosos por su austeridad y espíritu de penitencia y los Reyes de España favorecieron a la Orden gracias a esta fama y dotaron ampliamente a sus fundaciones, destacado es el Monasterio de El Escorial, mandado construir por Felipe II como monasterio, panteón real, basílica y palacio.

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Monasterio San Bartolomé de Lupiana, Guadalajara

Tras la desamortización de 1836 supuso la expropiación de todos sus monasterios y la exclaustración de todos los frailes. En 1925 la orden femenina de las jerónimas obtuvo el permiso de la Santa Sede para restaurar la rama masculina según un principio canónico que permitía revivir una persona jurídica antes de los cien años de su extinción. Actualmente sobrevive con muy pocos miembros y sólo posee el Monasterio de Santa María del Parral, en Segovia.



parral

Monasterio Santa María del Parral, Segovia.



La Orden de San Jerónimo es una orden contemplativa y se inspira en la vida de San Jerónimo como modelo para imitar a Jesucristo en su camino a la perfección. La Orden de San Jerónimo tiene determinado desde su principio "ser pequeña, humilde, escondida y recogida, llevar a sus hijos por una senda estrecha, tratando dentro de sus paredes de la salud de sus almas, ocupándose continuamente en las alabanzas divinas, recompensa de las ofensas que por otra parte se hacen: orando, cantando y llorando, servir a la Iglesia y aplacar la ira de Dios contra los pecados del Mundo".



jero

San Jerónimo

La orden de los jerónimos nunca traspasó la Península Ibérica y actualmente cuentan con un único monasterio de monjes y diecisiete conventos de religiosas.

Conventos en España:



Monasterio Santa Paula (Sevilla) paula
Monasterio Nuestra Señora de los Angeles (Constantina, Sevilla) constantina
Convento Santa Marta (Córdoba) marta
Monasterio del Corpus Christi (Madrid) corpus


Curiosidades: Junto a la pedanía murciana de La Ñora se extiende el monasterio de los Jerónimos, que se utiliza actualmente para actos académicos, culturales y religiosos, pero que no está habitado por religiosos. Aquí fue presentado el pimiento para pimentón traído por Cristobal Colón en 1493 de América. Los monjes jerónimos de este monasterio lo extendieron por cada uno de sus monasterios, llegando al de Yuste, en Cáceres, donde aparece la denominación de ñora como una cascada de pimiento seco. Esto dio lugar con el paso de los años, a que en España hubiese dos importantes zonas pimenteras, la comarca de la Vera y la región de Murcia.

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Monasterio de los Jerónimos de La Ñora, Murcia.

Milagros: En 1407 se fundó el monasterio de Montamarta en Zamora por trece monjes. Este monasterio estaba situado en un peñasco en el centro de un río, que propició la aparición de enfermedades y que los monjes dedicaran su tiempo entre la oración y el cuidado de los hermanos enfermos. Las leyendas surgieron rápidamente en torno a la santidad de estos monjes y una de ellas narra cómo los clérigos cruzaban andando sobre las aguas del río al volver de predicar, cuando el demonio las hacía crecer para aislar el grupo que permanecía en este peñasco.

Fuente:
http://monasteriosyconventos.com/tienda ... -jeronimos
Antonio_Apostol
 
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