8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

En este curso, haremos un viaje en el tiempo para situarnos en los orígenes del monacato cristiano. Conoceremos las distintas órdenes monásticas, a sus fundadores, sus monasterios, su arte, cultura, forma de vida y su importancia para la civilización a través de la historia hasta la actualidad.

Fecha de inicio:
11 de agosto de 2014

Fecha final:
27 de octubre de 2014

Responsable: Hini Llaguno

Moderadores: Catholic.net, Ignacio S, hini, Betancourt, PEPITA GARCIA 2, rosita forero, J Julio Villarreal M, AMunozF, Moderadores Animadores

Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor PEPITA GARCIA 2 » Mié Oct 08, 2014 1:01 pm

Sociedad Misionera de San Pablo

Entre las Órdenes Religiosas esta: la Sociedad de Misioneros de San Pablo.

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El fundador de la Sociedad Misionera de San Pablo, MSSP, fue Mons. José De Piro, que nació en Malta el 2 de noviembre de 1887. En su juventud pensaba ser abogado, pero Dios tenía otros planes para él; el de darse totalmente al sacerdocio. José escucho el llamado del SEÑOR, y después de concluir sus estudios teológicos, fue ordenado sacerdote en 1903, en Roma.

Mons. José De Piro, MSSP.- Imagen

Prestó sus servicios en diferentes ministerios en la iglesia, y los que más le gustaban eran las misiones y el trabajo con los pobres. Empezó a hacer todo lo que era posible para fundar una congregación de sacerdotes y hermanos para difundir la buena nueva. El 30 de junio de 1910 su sueño se hizo realidad con la fundación de la Congregación Misionera de San Pablo, trasmitiendo el ser misionero y el amor a todos los necesitados.

El 14 noviembre 1921 el Obispo aprueba oficialmente la nueva Sociedad Misionera de San Pablo.

Las primeras Constituciones de la Sociedad Misionera de San Pablo fueron aprobadas por las autoridades de la Iglesia, el 18 de marzo de 1924.

El 21 de junio de 1927 envió su primer Misionero Paulino el Hno. José Caruana a Etiopía en África donde permaneció hasta su muerte en 1975, a la edad de 83 años.

El Hermano José Caruana, fue el primer misionero de la Congregación.

Seis años después Mons. De Prio quería consolidar esta presencia con su misma presencia, pero el 17 de septiembre de 1933 Mons. José De Piro, entregó su alma al Señor a los 55 años, dejando un grupo de sacerdotes y hermanos como huérfanos, un rebaño sin pastor.

El 14 abril 1948 el Padre Miguel Callus se convierte en el primer Paulino, elegido como Superior General de la Sociedad Misionera de San Pablo.

Ese mismo año el 2 agosto el Padre Agustín Grech es el primer misionero que llega a Australia.

La Congregación paso por dificultades hasta 1950; pero varios misioneros vivieron siempre fieles a las últimas palabras de su fundador: "La Congregación se fortalecerá después de mi muerte"

Enero 1959, La Sociedad abre su primera Casa en Ontario, Canadá en enero de 1959. En mayo 1968 el primer grupo de misioneros llega al Perú, a los 4 años en diciembre 1972 la Sociedad abre una Casa en Michigan, EE.UU. El 19 enero 1973 la Sociedad Misionera de San Pablo es oficialmente reconocida por el Vaticano como una Orden Religiosa de status pontificio bajo la Congregación de la Evangelización de los Pueblos.

Enero 1981, La Sociedad abre una nueva misión en Faisalabad, Pakistán en enero de 1981.

Enero 1997 la MSSP inicia las conversaciones con las autoridades de la Iglesia en las Filipinas para abrir una nueva misión en esa nación; en marzo del mismo año, la Sociedad Misionera de San Pablo compra una casa en Roma, Italia, para que sirva como Administración Centrar de la Sociedad.

La nueva Casa Generalicia fue abierta oficialmente en Roma el 8 de mayo de 1998. El 11 enero 1999, el Padre Lonnie Borg llega a las Filipinas convirtiéndose en el primer misionero en esta nueva misión, y el 15 febrero del mismo año la Sociedad Misionera de San Pablo regresa a Canadá. Los Sacerdotes: Dominic Cachia y Mark Demanuele son los primeros Paulinos que se hacen cargo de la Parroquia San Pablo Apóstol en Toronto.

El 11 enero 1999 el Superior General Padre Bernard Mangion, bendice y abre "St Paul's House of Formation", la casa internacional de formación de la Sociedad, en Manila, en las Filipinas.

"St Paul's Missionary College", en Wantirna. Este Instituto, que es la Casa de Formación de la Sociedad Misionera de San Pablo en Australia, es utilizado también como: Casa de Retiro y Centro de Espiritualidad.

En Julio 2000 La Sociedad Misionera de San Pablo tiene su primer Capítulo General fuera de Malta, llevándose a cabo en Melbourne, Australia.

El 25 enero 2003 el proceso diocesano de la causa de beatificación de Mons. José De Piro se concluye. Toda la documentación y el material pasan a la Sagrada Congregación de los Santos en Roma, y se está haciendo oración para la beatificación del Padre José de Piro.

Hoy en día los Misioneros Paulinos hacen todo lo posible para vivir el carisma fundacional, dando testimonio del amor de Dios compartiendo su compromiso misionero en las parroquias, escuelas, centros juveniles, centros de desposeídos, con los pobres y los necesitados.

La presencia misionera de esta Comunidad, está en Australia, Perú, Paquistán, Filipinas, los Estados Unidos, Canadá, Italia y Malta.

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"Maestro, te seguiré adondequiera que vayas"

Fuente: http://mssproma.paulistmissionaries.org/
"No anteponer nada al amor de Dios"

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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor juaman2003 » Mié Oct 08, 2014 2:29 pm

SAN BASILIO EL GRANDE.


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Arsobispo de Cesaria, Doctor de la Iglesia y Patriarca de los Monjes de Horiente.
Basilio nacio en Cesaria la capital de Capadocia, en el Asia Menor en el año 329. Descendia de padres Cristianos que habian sufrido persecusiones. Entre sus hermanos figuran San Gregorio de Nissa, Santa macrina la joven y San Pedro de Sebaste. Su padre San Basilio el Viejo, su madre Santa Emilia y su abuela santa Macrina.
La familia poseia grandes terrenos y Basilio paso su infancia en la casa de su abuela, de quien recibio sus primeras enseñansas. Estudio en Constantinopla y Atenas, en donde tubo como compañero de estudio a San Gregorio Nazianceno quie fue su amigo inseparable y a juliano, que mas tarde seria el Emperador Apostata.
Por influencia de su hermana Macrina abandono el mundo, para vivir en Annesi serca del rio Iris, para llevar una vida comunitaria, donde recibio el bautismo y determino servir a Dios. Comenso visitando los monasterios de Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia con el proposito de observar y estudiar la vida religiosa. De regreso se retiro a un sitio solitario en la region de Ponto, separado de Annesi por el rio Iris, entregandose al estudio y a la plegaria. Pronto se le unieron su hermano Pedro y algunos discipulos formando el primer monasterio que hubo en Asia Menor. Asi como anunciar los principios que desde entonces gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de Oriente.
En el año 363, San Basilio se ordeno Diacono y Sacerdote en Cesarea, pero al poco tiempo se retiro a Ponto, para ayudar en la fundacion de nuevos monasterios. Dos años mas tarde San Gregorio Nazianceno, en nombre de su ortodoxia saco a Basilio de su retiro para ayudar a la defensa de la fe del clero y de la Iglesia. En 370 fue nombrado Arzobispo de cesarea, con gran contento de San Anastacio, y contrariedad del emperador hereje, Valente. Por la importancia del azorbispado Basilio tubo muchos enemigos principalmente de los herejes arrianos. Antes de cumplirse doce mese del nombramiento de Basilio, el emperador Valente llego a Cesarea, tras de haber desarrollado en Bitania y Galacia una impacable persecusion a los ortodoxos. Amenasando a San Basilio, de que se sometiera, y que dejara de oponerse contra el arreanismo y tolerar que estos participaran en la comunion, amenazas que fueron inutiles. El emperador Valente, decidio exiliar a San Basilio, pero nunca pudo firmar el decreto ya que las veces en que intento firmar la pluma se rompia. Provocando que el emperador Valente, tuviera gran temor y confeso tener una gran admiracion por San Basilio, y resolvio que no intervendria en asuntos eclesiasticos.
Entre las practicas que San Basilio implemento en sus cedes figura las reuniones antes del amanecer, para cantar los Salmos. Para veneficio de los enfermos pobres, establecio un hospital en las afueras del los muros de Cesarea, tan grande y bien acondicionado que San Gregorio Nazanceno lo llamo Basiliada. Asi mismo hiso de su arquidiocesis un modelo de orden y disciplina eclesistica.
La muerte de San Anastasio, dejo a San Basilio como unico paladin de la ortodoxia en el oriente y este lucho con ejemplar tenecidad y constantes esfuerzos para fortalecer y unificar a todos los catolicos que, sofocados por la tirania arriana y descompuestos por los cismas y las disensiones entre si perecian estar a punto de extinguirse. Pero en varias ocasiones, por esto mismo, fue atacado y acusado de ambicion y heregia, lo que motivo desaliento al solicitar la intervencion del papa San Damaso, y a los obispos occidentales para que intervenieran en los asuntos de oriente y allanasen las dificultades tropesando con una casi absoluta indeferiencia .
El 9 de agosto de 378 murio el emperador Valente y ascendio al trono su sobrino Graciano, poniendo fin al apoyo del gobierno al arrianismo en el oriente. Cuando estas noticias llegaron a iodos de San Basilio este ya se encontraba en lecho de muerte, ya que murio el 1 de enero de 379. A la edad de 49 años setenta y dos años despues de su muerte, el Concilio de Calcedonia le rindio homenaje, con estas palabras “el gran Basilio, el ministro de gracia quien expuso la verdad al mundo entero”. Indudablemente fue uno de los mas elocuentes oradores entre los mejores que la Iglesia haya tenido y sus escritos lo colocan entre sus Doctores.
Con igual determinacion conbatio la simonia de los puestos eglesiasticos y la admision de personas indignas entre el clero; lucho contra la incapacidad y la opresion de funcionarios y llego a excomulgar a todos los complicados en la trata de blancas. De igual manera, no se quedaba callado, cuando eran los acaudalados y poderosos quienes quebrantaban sus deberes. No era unicamente a los ricos a quienes imponia la obligacion de dar sino tanbien a los pobres diciendo “ ¿Dices que eres pobre?, bien. Pero siempre habra uno mas pobre que tu. Si tienes lo bastante para mantenerte 10 dias, aquel no tiene lo suficiente para mantenerse un dia, “ no tengas temor de dar lo poco que tengas, dar nuestro ultimo mendrugo de pan al mendigo, que es lo que pide y confiad en la misericordia de Dios”.

EL TESORO ESPIRITUAL de San BASILIO EL GRANDE

( se enuncia el contenido )

Contenido:
- La perfección cristiana
El amor perfecto al prójimo.
El mandamiento del amor a Dios.
El amor a Dios se profundiza en la meditación de las verdades de la fe.
La oración nos une con Dios.
La comunión del cuerpo y la sangre de Cristo da la vida eterna.

El mandamiento del amor al prójimo.
El amor al prójimo mejor se evidencia en la vida comunitaria.
La vida común corresponde mejor a la naturaleza humana.
La vida común facilita el cumplimiento de los mandamientos de Cristo.
Vida común - signo de la unidad de la Iglesia.
En la Vida común se aprovechan los carisma de los otros.
La vida común - Imitación de los primeros cristianos.
Vida común - cumplir las obligaciones en común.
Vida común - Servir a Cristo.

El camino de la santidad de los monjes
- Consejos evangélicos y las virtudes.
La pobreza evangélica.
La virginidad evangélica.
La obediencia evangélica.
La virtud de la humildad.
La virtud de la paciencia.
La virtud de la templanza.
Trabajo con sacrificio.
Proclamar la Palabra de Dios.
Ser ejemplo para el prójimo.
La luz de la fe.
La paz espiritual.
La seguridad del premio eterno.


Cisma de Oriente
De Enciclopedia Católica
(Este documento si bien pertenese a la enciclopedia Catolica, implica un estudio personal del autor).
Desde el tiempo de Diotrefes (III Juan, 1:9-10) ha habido cismas continuamente, de los cuales la mayoría se produjeron en el Este. El Arrianismo produjo un gigantesco cisma; los cismas Nestoriano y Monofisita aún perduran. Sin embargo, el Cisma de Oriente siempre ha significado el más deplorable pleito cuyo resultado final fue la separación de la vasta mayoría de los Cristianos Orientales de la unión con la Iglesia Católica, el cisma que produjo la llamada Iglesia “Ortodoxa”.
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Preparación Remota del Cisma
El gran Cisma de Oriente no debe pensarse como el resultado de un único pleito definitivo. Es falso que después de siglos de perfecta paz, repentinamente por cuenta de una disputa, casi la mitad de la Cristiandad se apartara. Tal evento no tendría paralelo en la historia; de todos modos, a menos que hubiera alguna gran herejía, y en este pleito no hubo ninguna herejía al inicio, tampoco ha habido un desacuerdo irremediable respecto a la Fe. Es un caso, tal vez el único caso destacado, de cisma puro, de una brecha en la intercomunión causada por el enojo y los malos sentimientos, no por una teología rival. Sería inconcebible entonces que cientos de obispos rompieran la unión con su cabeza, si antes todo hubiese ido suavemente. El gran cisma es más bien el resultado de un proceso muy gradual. Sus causas remotas deben buscarse siglos antes de que hubiera una sospecha del resultado final. Hubo una serie de cismas temporales que aflojaron el vínculo y prepararon el camino. Las dos grandes disensiones, las de Focio y Miguel Cerulario, que son recordadas como el origen del presente estado de cosas, fueron ambas zanjadas posteriormente.

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Estrictamente hablando, el actual cisma data del repudio oriental al Concilio de Florencia (1472). Así, aunque los nombres de Focio y Cerulario están justamente asociados con este desastre, en tanto que sus querellas son los elementos principales del relato, no debe imaginarse que ellos fueron los únicos, los primeros, o los últimos autores del cisma. Si agrupamos la historia alrededor de sus nombres debemos explicar las causas iniciales que les prepararon el camino y notar que hubo reunificaciones temporales posteriores.
La primera causa de todas fue el gradual alejamiento del Este y del Oeste. En gran medida este alejamiento era inevitable. Oriente y Occidente se agruparon en torno a sus centros ¬¬¬-de cualquier modo como centros inmediatos- utilizaron ritos diferentes y hablaron diferentes idiomas. Debemos distinguir la posición del Papa como cabeza visible de la Cristiandad de su puesto como Patriarca de Occidente.

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La posición, sostenida en 1913 por algunos controversistas anti papales, de que todos los obispos son iguales en jurisdicción, fue completamente desconocida en la primitiva Iglesia. Desde el mismo inicio encontramos una graduada jerarquía de metropolitanos, exarcas y primados. Encontramos también, desde el inicio, la idea de que un obispo hereda la dignidad del fundador de su sede, y que, por tanto, el sucesor de un Apóstol tiene derechos y privilegios especiales. Esta jerarquía graduada es importante para explicar la posición del Papa. Él no era el superior inmediato de cada obispo; era el jefe de una elaborada organización, como si fuera el pináculo de una pirámide cuidadosamente graduada. La conciencia del cristiano de los inicios pro bable mente haya sido que las cabezas de la Cristiandad eran los Patriarcas; luego él sabía bastante bien que el patriarca principal tenía su sede en Roma. Después de Calcedonia (451) debemos contar cinco patriarcados: Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén.
Entonces la diferencia entre Oriente y Occidente fue en primer lugar que el Papa en el Oeste no sólo era supremo pontífice sino también patriarca local. El representaba para los cristianos orientales una autoridad remota y extraña, la última corte de apelaciones para muy serias cuestiones, luego de que sus propios patriarcas habían sido encontrados incapaces de zanjarlas; pero hasta para sus propios latinos en Occidente, él era la cabeza inmediata, la autoridad inmediata sobre los metropolitanos, la primera corte de apelaciones para sus obispos. Así toda lealtad en Occidente iba dirigida a Roma. Roma era la Iglesia Madre en muchos sentidos, fue por los misioneros llegados desde Roma que las iglesias de Occidente habían sido fundadas. La lealtad de los cristianos de Oriente por otra parte, iban primero hacia su patriarca, así había aquí siempre el peligro de una alianza dividida -si el patriarca tenía un altercado con el Papa- lo que habría resultado inconcebible en Occidente. En realidad, el apartamiento de tantos cientos de obispos de Oriente, de tantos millones de simples cristianos, se explica suficientemente por el cisma de los patriarcas. Si los cuatro patriarcas de Oriente acordaban cualquier rumbo de acción era prácticamente una conclusión predeterminada que sus metropolitanos y obispos los seguirían y que los sacerdotes y la gente común seguirían a los obispos. Así la organización misma de la Iglesia de alguna manera preparó el terreno para un contraste (que pudiera convertirse en rivalidad) entre el primer patriarca de Occidente con su gran cantidad de seguidores latinos por un lado y los patriarcas de Oriente con sus súbditos del otro.
Los puntos adicionales que deberían tomarse en cuenta son las diferencias de rito e idioma. La cuestión del rito se sigue del patriarcado; hace obvia la diferencia para el más simple cristiano. Un laico sirio, griego o egipcio tal vez no entendería mucho respecto a la ley canónica como los patriarcas involucrados; pero no podía dejar de notar que un obispo o sacerdote latino itinerante celebraba los Sagrados Misterios de un modo que era muy extraño y que lo etiquetaba a él como un (tal vez sospechoso) extranjero. En Occidente, el rito romano fue primero influyendo y luego suplantando todos los demás, y en Oriente el rito bizantino fue gradualmente obteniendo la misma posición. Así tenemos el germen de dos unidades, Oriental y Occidental.
Indudablemente ambos lados sabían que otros ritos eran igualmente modos legítimos de celebrar los mismos misterios, pero la diferencia había difícil orar juntos. Vemos que éste fue un punto importante en las reclamaciones contra asuntos puramente rituales hechas por Cerulario cuando buscó bases para disentir.
Aun el detalle del idioma fue un elemento de separación. Es cierto que el Este nunca fue enteramente helenizado como Occidente llegó a ser latinizado. Sin embargo, el griego llegó a ser en un alto grado un idioma internacional en el Este. En los concilios de Oriente todos los obispos hablan en griego. De nuevo tenemos así las mismas dos unidades, esta vez en el idioma un Oriente prácticamente griego y un Occidente totalmente latino. Es difícil concebir este detalle como causa de alejamiento, pero es indudablemente cierto que muchos malentendidos surgieron y se desarrollaron simplemente porque la gente no podía entenderse entre sí. Para el tiempo en que surgieron estas disputas, difícilmente alguien conocía un idioma extranjero. No fue sino hasta el Renacimiento que llegó la época de adecuadas gramáticas y diccionarios. San Gregorio (m. 604) había sido enviado eclesiástico en Constantinopla, pero según parece no aprendió griego; el Papa Virgilio (540-55) pasó ocho infelices años allí y sin embargo, nunca aprendió el idioma. Focio fue el erudito más profundo de su época, sin embargo no sabía latín. Cuando León IX) escribió en latín a Pedro III de Antioquía, éste último tuvo que enviar la carta a Constantinopla para saber lo que ésta decía. Tales casos ocurrían continuamente y causaban confusión en todas las relaciones entre Oriente y Occidente. En los concilios, los legados papales se dirigían en latín a los padres reunidos y nadie podía entenderlos; el concilio deliberaba en griego y los legados no sabían qué estaba sucediendo. Así surgieron sospechas de ambas partes. Se llamaron intérpretes, aunque, ¿podían sus versiones ser dignas de confianza? Surgió una profunda desconfianza de parte de los latinos acerca de la habilidad griega en este asunto. A los legados se les pedía firmar documentos que no entendían en base a reiteraciones de que no contenían nada que los comprometiera. Y algo tan pequeño como esto hizo una gran diferencia. El famoso caso, mucho tiempo después, del Decreto de Florencia y las formas kat on tropon, quemadmodum, muestra cuánta confusión puede causar el uso de dos idiomas.
Estas causas se combinaron luego para producir dos mitades de Cristiandad, una mitad oriental y otra mitad occidental, cada una distinguiéndose en varias formas de la otra. Ciertamente no son suficientes para explicar la separación de esas mitades; solamente hacemos notar que ya había una conciencia de dos entidades, la primera marcando una línea de división, a través de la cual la rivalidad, los celos y el odio pudieron fácilmente establecer una separación.
Causas del Alejamiento
La rivalidad y el odio surgieron de varias causas. Indudablemente la primera, la raíz de toda la discordia, fue el progreso de la Sede de Constantinopla. Hemos visto que los cuatro patriarcas orientales estaban de algún modo enfrentados a la gran unidad occidental. Si hubieran permanecido allí esas cuatro unidades en Oriente, nada habría sucedido. Lo que acentuó el contraste y creó una rivalidad fue el gradual ascenso de autoridad sobre los otros tres por parte del patriarca de Constantinopla. Era Constantinopla la que vinculaba al Oriente en un solo cuerpo, uniéndolo contra Occidente. Hubo un persistente intento del patriarca del emperador de llegar a ser una especie de Papa oriental, tan cerca como fuera posible de su prototipo occidental, lo que fue la verdadera causa de todo el problema. De un lado, la unión bajo Constantinopla realmente hacía una especie de Iglesia rival que podía ser opuesta a Roma; por otra parte, a través de todo el curso del progreso de los obispos bizantinos, ellos encontraron sólo un obstáculo verdadero, la persistente oposición de los Papas.


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El emperador era su amigo y principal aliado siempre. Fue, en realidad, la política centralizadora del emperador la responsable del esquema de convertir en centro la Sede de Constantinopla. Los otros patriarcas que fueron desplazados no eran oponentes peligrosos. Debilitados por las interminables disensiones monofisitas, habiendo perdido la mayoría de sus rebaños y reducidos luego a un abyecto estado por la conquista musulmana, los obispos de Alejandría y Antioquía no pudieron evitar el crecimiento de Constantinopla. En realidad, eventualmente, aceptaron su de gradación voluntariamente y vinieron a ser ornamentos ociosos de la corte del nuevo patriarca. Jerusalén también fue estorbada por los cismas y los musulmanes y fue en sí misma un nuevo patriarcado, teniendo sólo los derechos de la última sede de las cinco.


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Por otro lado, en cada paso de progreso por parte de Constantinopla había siempre la oposición de Roma. Cuando la nueva sede consiguió que su titular presidiera el Primer Concilio de Constantinopla (381, can.3), Roma se negó a aceptar el canon (dado que no estuvo representada en el Concilio); cuando Calcedonia en el 451 convirtió a ésta (Constantinopla) en un verdadero patriarcado (can.28) los legados y luego el Papa mismo se negaron a reconocer lo que se había hecho; cuando, intoxicados con su rápido progreso, los sucesores de los pequeños obispos sufragáneos que una vez habían obedecido a Heraclea asumieron el insolente título de “patriarca ecuménico”, fue de nuevo un Papa de la Antigua Roma quien severamente reprendió su arrogancia. Podemos entender que el celo y el odio de Roma se arraigaran en la mente de los nuevos patriarcas, que estuvieran dispuestos a derrocar por completo una autoridad que se interponía a cada paso en su camino. Que el resto de Oriente se les uniera en su rebelión era el resultado natural de la autoridad que había tenido éxito en usurpar de los demás obispos orientales. Así llegamos al punto esencial en esta cuestión. El cisma de Oriente no fue un movimiento surgido en todo el Oriente; ni fue una disputa entre dos grandes cuerpos; fue esencialmente la rebelión de una sede, Constantinopla, que gracias al favor del emperador, había ya adquirido una influencia tal que fue capaz, desgraciadamente, de arrastrar junto con ella a los otros patriarcas al cisma.
Hemos visto ya que los sufragáneos de los patriarcas naturalmente seguirían a sus jefes. Si entonces Constantinopla hubiera permanecido sola, su cisma habría importado comparativamente poco. Lo que hizo tan seria la situación fue que el resto de Oriente eventualmente tomó partido a su lado. Esto también condujo a que asumieran con éxito la principal sede en Oriente. Así el progreso de Constantinopla fue indudablemente la causa del gran cisma. La puso en conflicto con Roma e hizo al patriarca bizantino, casi inevitablemente, enemigo del Papa; al mismo tiempo le dio tal posición que su enemistad significó la enemistad de todo el Oriente.
Siendo esto así, debemos recordar como totalmente injustificado, novedoso y anticanónico este progreso de Constantinopla. La sede no era apostólica, no tenía tradiciones gloriosas, ninguna razón para usurpar el primer lugar de Oriente, salvo un accidente de la política secular. El primer obispo histórico de Bizancio fue Metrófanes; no era ni siquiera metropolitano, era el más bajo en rango que un obispo diocesano pudiera ser, un sufragáneo de Heraclea. Eso es todo lo que sus sucesores habrían alcanzado a ser, no habrían tenido el poder de influir a nadie, si Constantino no hubiese escogido su ciudad como capital. A lo largo de todo su progreso, ellos no pretendieron fundar sus reclamaciones sobre algo excepto el hecho de que ahora eran obispos de la capital política. Fueron como los obispos del emperador, como funcionarios de la corte imperial, que se elevaron al segundo lugar en la Cristiandad. La leyenda de San Andrés fundando su sede fue una idea muy posterior; abandonada ahora por todos los eruditos. La reclamación de Constantinopla siempre fue puramente cesarista, ya que el César podía establecer la capital donde quisiera, así también podía el gobernador civil, dar rango eclesiástico en la jerarquía a la sede que deseara.
El canon 28 de Calcedonia lo dice así con muchas palabras. Constantinopla ha llegado a ser la Nueva Roma, por tanto su obispo ha de tener un honor semejante al del patriarca de la Antigua Roma y segundo después de él. Sólo se requería una sombra más de insolencia para que el emperador transfiriera los derechos papales al obispo de la ciudad donde él mantuviera su corte.
Debe recordarse siempre que la elevación de Constantinopla, la envidia que sentía hacia Roma, su desgraciada influencia sobre todo el Oriente, es una pieza pura de cesarismo, una desvergonzada rendición de las cosas de Dios a las del César. Y nada puede ser menos estable que colocar los derechos eclesiásticos sobre la base de la política secular. Los turcos en 1453 cortaron el fundamento de la ambición bizantina. Ahora no hay emperador ni corte que justifique la posición del patriarca ecuménico. Si fuéramos a aplicar lógicamente el principio sobre el cual descansa, él se hundiría al lugar más bajo y los patriarcas de la Cristiandad reinarían en París, Londres o Nueva York. En tanto que el antiguo y realmente canónico principio de la superioridad de las sedes apostólicas permanece inalterado por los cambios políticos. Aparte del origen divino del Papado, el progreso de Constantinopla fue una crasa violación de los derechos de las sedes apostólicas de Alejandría y Antioquía. No es de extrañar que los Papas, aunque su primer lugar no haya sido cuestionado, resintieran esta alteración de antiguos derechos por la ambición de los obispos imperiales.
Largo tiempo antes de Focio había habido cismas entre Constantinopla y Roma, todos ellos sanados a tiempo, pero naturalmente todos tendiendo a debilitar el sentido esencial de unidad. Desde el principio de la sede de Constantinopla hasta el gran cisma en el 867 la lista de estas grietas temporales de la comunión constituyó un listado formidable. Hubo cincuenta y cinco años de cisma (343-98) durante los problemas arrianos, once debido a la remoción de San Juan Crisóstomo (404-15), treinta y cinco años del cisma de Acacio (484-519), cuarenta y un años del cisma monotelita (640-81), sesenta y un años del iconoclasmo. Así de esos 544 años (323-867) no menos de 203 transcurrieron con Constantinopla en un estado de cisma. Notamos también que en cada una de estas disputas, Constantinopla estuvo del lado equivocado, en tanto Roma sobresalió en el correcto. Y ya vemos que la influencia del emperador (quien naturalmente siempre apoyaba al patriarca de su corte), en la mayoría de los casos arrastró a gran número de los otros obispos orientales hacia el mismo cisma.

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Era natural que los grandes cismas, que son directamente responsables del actual estado de cosas, fueran pleitos locales de Constantinopla. Ninguno fue en algún sentido un agravio general del Oriente. No hubo tiempo ni razón por la cual otros obispos se unieran a Constantinopla en la querella con Roma, excepto que ya habían aprendido a mirar hacia la ciudad imperial esperando órdenes. La querella de Focio fue un grosero desafío al orden legal de la Iglesia. Ignacio era el legítimo obispo fuera de toda duda; lo había sido pacíficamente durante once años. Entonces él negó la comunión a un hombre culpable de evidente incesto (857). Pero ese hombre era el regente Bardas, así el gobierno se propuso deponer a Ignacio y colocó a Focio en su sede. El Papa Nicolás I no tenía querella alguna contra la Iglesia de Oriente, ni contra la sede bizantina. Él apoyó los derechos del obispo legítimo. Tanto Ignacio como Focio había apelado formalmente a él. Fue únicamente hasta que Focio vio que había perdido su alegato que él y el gobierno prefirieron ir al cisma que someterse (867). Es aun dudoso durante cuánto tiempo esta vez hubiese un cisma general en Oriente. En el concilio que restituyó a Ignacio (869) los otros patriarcas declararon que ellos habían aceptado de inmediato el anterior veredicto del Papa.
Pero Focio había formado un partido anti romano, el cuál de allí en adelante nunca se disolvió. El efecto de su querella, aunque era puramente personal, aunque se terminó a la muerte de Ignacio, y de nuevo cuando Focio cayó, fue juntar en una cabeza toda la antigua envidia de Constantinopla hacia Roma. Vemos esto a través de todo el cisma focino. La mera cuestión de los pretendidos derechos del usurpador no explica el estallido de animosidad contra el Papa, contra todo lo occidental y latino que notamos en los documentos gubernamentales, en las cartas de Focio, en las actas de su sínodo del 879, en toda la actitud de su partido. Es más bien el rencor de siglos estallando con un pobre pretexto; este fiero resentimiento contra la interferencia romana proviene de hombres que sabían de antiguo que Roma era el único obstáculo para sus planes y ambiciones. Adicionalmente, Focio dio a los bizantinos una nueva y poderosa arma. El grito de herejía proferido bastante en todas las ocasiones, nunca dejó de generar indignación popular. Pero sin embargo a nadie se le había ocurrido acusar a todo Occidente de estar empapado de perniciosa herejía. Hasta ahora había sido un problema de resentir el uso de la autoridad papal en casos aislados. Esta nueva idea llevó la guerra al interior del campo enemigo con venganza. Los seis cargos hechos por Focio son suficientemente tontos, tanto como para preguntarse cómo tan grande erudito no pensó en algo más ingenioso, al menos en apariencia. Pero estos cargos cambiaron la situación para ventaja de Oriente. Cuando Focio llama a los latinos “mentirosos, luchadores contra Dios, precursores del Anticristo”, ya no es una cuestión meramente de ofender a sus superiores eclesiásticos. Él ahora asume un papel más efectivo; él es el campeón de la ortodoxia, indignado contra los heréticos.
Después de Focio, [el patriarca] Juan IX Bekkos dice que hubo “paz perfecta” entre Oriente y Occidente. Pero esa paz era sólo en la superficie. La causa de Focio no murió. Permaneció latente en el partido que él dejó, el partido que aun odiaba a Occidente, que estaba listo para romper nuevamente la unión al primer pretexto, que recordaba y que estaba listo a revivir la acusación de herejía contra los latinos. Ciertamente desde el tiempo de Focio el ocio y el desprecio hacia los latinos fue una herencia en el grueso del clero bizantino. Cuán profundamente enraizado y difundido estaba, es mostrado por el estallido absolutamente gratuito 150 años más tarde bajo Miguel Cerulario (1043-58). Porque esta ocasión no hubo ni siquiera la sombra de un pretexto. Nadie había disputado el derecho de Cerulario como patriarca; el Papa no había interferido con él en manera alguna. Y repentinamente en 1053 envía una declaración de guerra, luego cierra las iglesias latinas en Constantinopla, lanza una sarta de disparatadas acusaciones y muestra de todas las maneras posibles que él desea un cisma, aparentemente por el mero placer de no estar en comunión con Occidente. Y obtuvo lo que quería. Después de una serie de maliciosas agresiones, sin paralelo en la historia de la Iglesia, después de que él hubo comenzado a atacar el nombre del Papa en sus dípticos, los legados romanos lo excomulgaron (16 de Julio de 1054). Pero aún no había ninguna idea de excomunión general de la Iglesia Bizantina, menos aun de todo el Oriente. Los legados cuidadosamente se previnieron contra eso en su Bula. Reconocieron que el emperador (Constantino IX, quién estaba excesivamente molesto con toda la querella), el Senado y la mayoría de los habitantes de la ciudad eran “muy piadosos y ortodoxos”. Excomulgaron, sin embargo, a Cerulario, a León de Acrida y a sus seguidores.
Esta querella no necesitaba producir un estado permanente de cisma mayor que el que generaría la excomunión de cualquier otro obispo contumaz.. La verdadera tragedia fue que gradualmente todos los otros patriarcas orientales tomaron el bando de Cerulario, obedeciéndolo en atacar el nombre del Papa a través de sus dípticos y escogieron compartir su cisma. Al principio no parece que hayan querido hacerlo así. Juan III de Antioquía ciertamente se negó a ir al cisma solicitado por Cerulario. Pero, eventualmente, el hábito que habían adquirido de mirar hacia Constantinopla en busca de órdenes resultó demasiado fuerte. El emperador (no Constantino IX, sino su sucesor) estuvo del lado de su patriarca y los obispos habían aprendido bien a considerar al emperador como su soberano también en cuestiones espirituales. De nuevo, fue la autoridad usurpada por Constantinopla, el cesarismo de Oriente lo que convirtió una querella personal en un gran cisma. Vemos también, cuán bien había sido aprendida la idea de Focio de llamar heréticos a los latinos. Cerulario tenía una lista, aún más larga y más baladí, de tales acusaciones. Sus puntos fue ron diferentes de los de Focio; él había olvidado la Filioque y había descubierto una nueva herejía con nuestro uso del pan ácimo. Pero las verdaderas acusaciones importaban poco de cualquier modo, la idea que había sido encontrada tan útil era la de declarar que era imposible tratar con Occidente por ser heréticos. Era ofensiva y dio a los líderes cismáticos la oportunidad de asumir una pose más efectiva, como defensores de la verdadera Fe.
Después de Cerulario
En cierto sentido el cisma estaba ahora completo. Lo que habían sido al inicio dos porciones de la misma Iglesia, lo que habían llegado a ser dos entidades listas para dividirse, eran ahora dos Iglesias rivales. Sin embargo, justo como había habido cismas antes de Focio, así hubo reunificaciones después de Cerulario. El Segundo Concilio de Lyons en 1274 y de nuevo el Concilio de Florencia en 1439, ambos llegaron a una reunificación que el pueblo esperó cerrara para la siempre la brecha. Desafortunadamente, ni duró la reunificación, ni tuvo ninguna base sólida del lado oriental. El partido anti latinó, preconizado, formado y organizado desde mucho tiempo atrás por Focio, bajo Cerulario había llegado a represe sentar la totalidad de la Iglesia “Ortodoxa”. Este proceso fue gradual, pero ahora estaba completo. Al principio las Iglesias Eslavas (Rusia, Serbia, Bulgaria, etc.) no vieron razón para romper con Occidente debido a que el Patriarca de Constantinopla se hubiese enemistado con el Papa. Pero el hábito de mirar hacia la capital de imperio eventualmente les afectó también. Ellos utilizaban el Rito Bizantino, eran Orientales; así se colocaron del lado de Oriente. Cerulario maniobró hábilmente para hacer aparecer su causa como la de Oriente: pareció (aunque injustificadamente) que era una cuestión de bizantinos contra latinos.
En Lyons y luego, de nuevo en Florencia, la reunificación (por parte de Bizancio) era sólo un expediente del gobierno. El emperador deseaba que los latinos combatieran contra los turcos por cuenta de él. Así él estaba preparado para conceder cualquier cosa hasta que el peligro hubiera pasado. Es claro que en estas ocasiones el móvil religioso impulsaba sólo a Occidente. Éste no tenía nada que ganar; no deseaba nada de Oriente. Los latinos tenían todo que ofrecer y estaban preparados para brindar su ayuda. Todo lo que Occidente quería a cambio era que terminara el lamentable y escandaloso espectáculo de una Cristiandad dividida. Pero a los bizantinos no les importaba el motivo religioso; o más bien, la religión para ellos significaba la continuación del cisma. Habían llamado herético a Occidente tantas veces que comenzaron a creerlo. La reunificación fue una desagradable y humillante condición para que el ejército franco viniera y los protegiera. El pueblo común había sido tan bien entrenado en su odio hacia los A cimitas y adultera credos, que su celo por lo que consideraban Ortodoxia pudo más que su temor a los turcos. La frase “Preferible el turbante del Sultán que la tiara del Papa” expresaba con exactitud sus pensamientos. Cuando los obispos que habían firmado los decretos de reunificación regresaron, fueron recibidos con un estallido de indignación como traidores a la fe ortodoxa. En cada ocasión, la reunificación fue rota casi inmediatamente después de haberla hecho. El último acto del cisma fue cuando Dionisio I de Constantinopla (1467-72) reunió un sínodo y formalmente repudió la unión (1472). Desde entonces no ha habido intercomunión; existe una vasta Iglesia “Ortodoxa”, aparentemente satisfecha de estar en cisma con el obispo que aun reconoce como el primer patriarca de la Cristiandad.


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Razones del Actual Cisma
En esta deplorable historia notamos los siguientes puntos. Es mucho más fácil comprender cómo un cisma continuo que comprender cómo comenzó. Los cismas se hacen fácilmente; en cambio, es sumamente difícil sanarlos. El instinto religioso es siempre conservador; hay siempre una fuerte tendencia a continuar con el estado de cosas existente. Al principio los cismáticos parecen temerarios innovadores; luego con el transcurso de los siglos su causa parece antigua; es la Fe de los Padres. Los cristianos orientales especialmente sienten fuertemente este instinto conservador. Temen que la reunión con Roma significaría una traición a su antigua Fe, la de la Iglesia Ortodoxa, a la cual se han adherido tan heroicamente durante todos estos siglos. Uno puede decir que el cisma continúa principalmente gracias a la inercia.
En su origen debemos distinguir entre la tendencia cismática y la ocasión real de su estallido. Pero la causa de ambas ha desaparecido ahora. La tendencia era causada principalmente por la envidia de la elevación de la Sede de Constantinopla. Ese progreso terminó hace largo tiempo. En los últimos tres siglos Constantinopla ha perdido casi todos las amplios territorios que alguna vez adquirió. No hay nada que los modernos cristianos orientales resientan más que cualquier toma de autoridad por parte del patriarca ecuménico fuera de su disminuido patriarcado. La sede bizantina desde hace largo tiempo ha sido un juguete para los turcos, un cacharro que ellos venden al mejor postor. Ciertamente ahora esta lastimosa dignidad ya no es razón para el cisma de millones de cristianos. Aún menores son las causas inmediatas de que la brecha continúe abierta. La cuestión de los respectivos derechos de Ignacio y Focio deja indiferentes aun a los ortodoxos luego de doce siglos; las ambiciones e insolencia de Cerulario bien pueden ser sepultadas con él. Nada queda entonces de las causas originales.
Realmente no hay de por medio ninguna cuestión de doctrina. No hay herejía, sino cisma. El Decreto de Florencia hizo todas las concesiones posibles a sus sentimientos. No hay una razón verdadera por la que Oriente no debiera firmar ese Decreto ahora. Niegan la infalibilidad papal y la Inmaculada Concepción, pleitean sobre el Purgatorio, la consagración mediante las palabras de la institución, la procesión del Espíritu Santo, en cada caso mal representando el dogma al cual se oponen. No es difícil mostrar que en todos estos puntos sus propios Padres están con los de la Iglesia Latina, que lo único que les pide es volver a la antigua enseñanza de su propia Iglesia.
Esta es la correcta actitud hacia los ortodoxos. Tienen un horror a ser latinizados, a traicionar la antigua Fe. Debe insistirse que no hay intención alguna de latinizarlos, que la antigua Fe no es incompatible, sino que más bien demanda la unión con la sede principal que sus Padres obedecieron. En la ley canónica no tienen nada que cambiar excepto abusos tales como la venta de obispados y el cesarismo que sus mejores teólogos deploran. El celibato, el pan ácimo, etc. son costumbres latinas a las que nadie piensa forzarlos. No necesitan agregar la cláusula Filioque al Credo; siempre mantendrán inalterado su venerable rito. Ningún obispo requiere ser movido, apenas una fiesta (excepto la de San Focio el 6 de Febrero) alterada. Todo lo que se les pide es regresar a donde sus Padres estuvieron, tratar a Roma como Atanasio, Basilio y Crisóstomo la trataron. No son los latinos, sino ellos quienes han abandonado la Fe de sus Padres. No hay humillación en desandar los pasos cuando uno ha vagado por un camino equivocado debido a querellas largo tiempo olvidadas. También deben ver cuán desastroso es para la causa común el escándalo de la división. Igualmente deben desear poner un fin a tanta denuncia del mal. Y si realmente lo desean, el camino no tiene por qué ser difícil. Porque, en verdad, luego de diez siglos de cisma podemos darnos cuenta en ambos lados que éste no solamente es el más grande mal en la Cristiandad, sino el más superfluo.
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juaman2003
 
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor betyruta51 » Mié Oct 08, 2014 6:59 pm

Buena noche compañeros. Me permito compartirles la audiencia del Papa Benedicto XVI del 4 de agosto de 2007, hablando sobre San Basilio:

San Basilio
Benedicto XVI, Audiencia, 4-VII-07
Queridos hermanos y hermanas:

Hoy queremos recordar a uno de los grandes padres de la Iglesia, san Basilio, definido por los textos litúrgicos bizantinos como una «lumbrera de la Iglesia» Fue un gran obispo del siglo IV, por el que siente admiración tanto la Iglesia de Oriente como la de Occidente por su santidad de vida, por la excelencia de su doctrina y por la síntesis armoniosa de capacidades especulativas y prácticas.

Nació alrededor del año 330 en una familia de santos, «verdadera Iglesia doméstica», que vivía en un clima de profunda fe. Estudió con los mejores maestros de Atenas y Constantinopla. Insatisfecho por los éxitos mundanos, al darse cuenta de que había perdido mucho tiempo en vanidades, él mismo confiesa: «Un día, como despertando de un sueño profundo, me dirigí a la admirable luz de la verdad del Evangelio…, y lloré sobre mi miserable vida» (Cf. Carta 223: PG 32,824a).

Atraído por Cristo, comenzó a tener ojos sólo para él y a escucharle solo a él (Cf. «Moralia» 80,1: PG 31,860bc). Con determinación se dedicó a la vida monástica en la oración, en la meditación de las Sagradas Escrituras y de los escritos de los Padres de la Iglesia y en el ejercicio de la caridad (Cf. Cartas. 2 y 22), siguiendo también el ejemplo de su hermana, santa Macrina, quien ya vivía el ascetismo monacal. Después fue ordenado sacerdote y, por último, en el año 370, consagrado obispo de Cesarea de Capadocia, en la actual Turquía.

Con la predicación y los escritos desarrolló una intensa actividad pastoral, teológica y literaria. Con sabio equilibrio supo unir al mismo tiempo el servicio a las almas y la entrega a la oración y a la meditación en la soledad. Sirviéndose de su experiencia personal, favoreció la fundación de muchas «fraternidades» o comunidades de cristianos consagrados a Dios, a las que visitaba con frecuencia (Cf. Gregorio Nacianceno, «Oratio 43,29 in laudem Basilii»: PG 36,536b). Con la palabra y los escritos, muchos de los cuales todavía hoy se conservan (Cf. «Regulae brevius tractatae», Proemio: PG 31,1080ab), les exhortaba a vivir y a avanzar en la perfección. De esos escritos se valieron después no pocos legisladores de la vida monástica, entre ellos, muy especialmente, San Benito, que considera a Basilio como su maestro (Cf «Regula» 73, 5).

En realidad, san Basilio creó un monaquismo muy particular: no estaba cerrado a la comunidad de la Iglesia local, sino abierto a ella. Sus monjes formaban parte de la Iglesia local, eran su núcleo animador que, precediendo a los demás fieles en el seguimiento de Cristo y no sólo de la fe, mostraba su firme adhesión a él, el amor por él, sobre todo en las obras de caridad.

Estos monjes, que tenían escuelas y hospitales, estaban al servicio de los pobres y de este modo mostraron la vida cristiana de una manera completa. El siervo de Dios Juan Pablo II, hablando del monaquismo, escribió: «muchos opinan que esa institución tan importante en toda la Iglesia como es la vida monástica quedó establecida, para todos los siglos, principalmente por san Basilio o que, al menos, la naturaleza de la misma no habría quedado tan propiamente definida sin su decisiva aportación» (carta apostólica «Patres Ecclesiae» 2).

Como obispo y pastor de su extendida diócesis, Basilio se preocupó constantemente por las difíciles condiciones materiales en las que vivían los fieles; denunció con firmeza el mal; se comprometió con los pobres y los marginados; intervino ante los gobernantes para aliviar los sufrimientos de la población, sobre todo en momentos de calamidad; veló por la libertad de la Iglesia, enfrentándose a los potentes para defender el derecho de profesar la verdadera fe (Cf. Gregorio Nacianceno, «Oratio 43,48-51 in laudem Basilii»: PG 36,557c-561c). Dio testimonio de Dios, que es amor y caridad, con la construcción de varios hospicios para necesitados (Cf. Basilio, Carta 94: PG 32,488bc), una especie de ciudad de la misericordia, que tomó su nombre «Basiliade» (Cf. Sozomeno, «Historia Eclesiástica». 6,34: PG 67,1397a). En ella hunden sus raíces las los modernos hospitales para la atención de los enfermos.

Consciente de que «la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza» («Sacrosanctum Concilium» 10), Basilio, si bien se preocupaba por vivir la caridad, que es la característica de la fe, fue también un sabio «reformador litúrgico» (Cf. Gregorio Nacianceno, «Oratio 43,34 in laudem Basilii»: PG 36,541c). Nos dejó una gran oración eucarística [o anáfora] que toma su nombre y que ha dado un orden fundamental a la oración y a la salmodia: gracias a él, el pueblo amó y conoció los Salmos e iba a rezarlos incluso de noche (Cf. Basilio, «In Psalmum» 1,1-2: PG 29,212a-213c). De este modo, podemos ver cómo liturgia, adoración, oración están unidas a la caridad, se condicionan recíprocamente.

Con celo y valentía, Basilio supo oponerse a los herejes, quienes negaban que Jesucristo fuera Dios como el Padre (Cf. Basilio, Carta 9,3: PG 32,272a; Carta 52,1-3: PG 32,392b-396a; «Adversus Eunomium» 1,20: PG 29,556c). Del mismo modo, contra quienes no aceptaban la divinidad del Espíritu Santo, afirmó que también el Espíritu Santo es Dios y «tiene que ser colocado y glorificado junto al Padre y el Hijo» (Cf. «De Spiritu Sancto»: SC 17bis, 348). Por este motivo, Basilio es uno de los grandes padres que formularon la doctrina sobre la Trinidad: el único Dios, dado que es Amor, es un Dios en tres Personas, que forman la unidad más profunda que existe, la unidad divina.

En su amor por Cristo y su Evangelio, el gran capadocio se comprometió también por sanar las divisiones dentro de la Iglesia (Cf. Carta 70 y 243), tratando siempre de que todos se convirtieran a Cristo y a su Palabra (Cf. «De iudicio» 4: PG 31,660b-661a), fuerza unificadora, a la que todos los creyentes tienen que obedecer (Cf. ibídem 1-3: PG 31,653a-656c).

Concluyendo, Basilio se entregó totalmente al fiel servicio a la Iglesia en el multiforme servicio del ministerio episcopal. Según el programa que él mismo trazó, se convirtió en «apóstol y ministro de Cristo, dispensador de los misterios de Dios, heraldo del reino, modelo y regla de piedad, ojo del cuerpo de la Iglesia, pastor de las ovejas de Cristo, médico piadoso, padre y nodriza, cooperador de Dios, agricultor d Dios, constructor del templo de Dios» (Cf. «Moralia» 80,11-20: PG 31,864b-868b).

Este es el programa que el santo obispo entrega a los heraldos de la Palabra, tanto ayer como hoy, un programa que él mismo se comprometió generosamente por vivir.

En el año 379, Basilio, sin haber cumplido los cincuenta años, agotado por el cansancio y la ascesis, regresó a Dios, «con la esperanza de la vida eterna, a través de Jesucristo, nuestro Señor» («De Bautismo» 1, 2, 9). Fue un hombre que vivió verdaderamente con la mirada puesta en Cristo, un hombre del amor por el prójimo. Lleno de la esperanza y de la alegría de la fe, Basilio nos muestra cómo ser realmente cristianos.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit.
betyruta51
 
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor glenda najera » Mié Oct 08, 2014 8:52 pm

NOCHES AQUÍ APORTANDO NUEVOS DATOS PARA QUE SIGAMOS CRECIENDO JUNTOS SALUDOS A TODOS :D
SAN BASILIO

NACIÓ EN EL AÑO 329 EN PONTO, DE FAMILIA MUY NOBLE Y MUY CRISTIANA. ESTUDIO RETORICA Y FILOSOFÍA, FUE BAUTIZADO Y LUEGO VISITO MONASTERIOS DE EGIPTO, PALESTINA, CELE SIRIA Y MESOCEFALIA PARA ESTUDIAR LAS PRÁCTICAS DE LA VIDA MONÁSTICA. SE RETIRA A UN VALLE QUE ES PROPIEDAD DE LA FAMILIA DONDE YA SE ENCONTRABA SU HERMANA MACRINA Y SU MADRE ACOMPAÑADAS DE VARIAS MUJERES CRISTIANAS.

DICTÓ SUS REGLAS EN DOS TOMOS UNA RESUMIDA QUE ES LA"REGULAE BREVIUS TRACTATAE" Y OTRA MAS EXTENSA QUE ES LA "REGULAE FUSIUS TRACTATAE", PREFIRIÓ LA VIDA CENOBÍTICA A LA ANACORÉTICA.

LA OCUPACIÓN DEL MONJE ES LA DIVINA ALABANZA, LECTURA ESPIRITUAL, TRABAJO MANUAL SIN OCASIONAR DISTURBIOS A LA VIDA EN COMUNIDAD Y A LAS NORMAS DE LAS REGLAS. EL OBISPO DIANEO MUERE Y EN SU LUGAR LLEGA EUSEBIO QUIEN LO ADMITE ENTRE LOS SACERDOTES.

ESTE VUELVE A SU VIDA EN SOLEDAD Y ES EL AMIGO DE SU PADRE GREGORIO OBISPO DE NAZIANZO EL QUE LO HACE REGRESAR A CESÁREA . ESTA ENTREGADO A LAS MANOS DE LOS ARRIANOS EXTREMISTAS LLAMADOS ANOMEOS. FUE EL FIEL CONSEJERO DEL OBISPO Y DEBIDO A SU VIGILANCIA, DOCTRINA, PRUDENCIA EL HABER EVITADO HECHOS CONSIDERADOS Y EL HABER LOGRADO QUE LA MISMA PRESENCIA DE VALENTE NO PUDIERE APARTAR A LA POBLACIÓN DE LA ADHESIÓN A LA VERDADERA FE.

APOYO AL OBISPO A REFORMAR LA LITURGIA, MURE EUSEBIO EN EL AÑO 370 Y TOMA SU LUGAR, LE ESPERABAN ARDUAS TAREAS DE RESISTIR A LA PREPOTENCIA DEL EMPERADOR VALENTE QUE PRETENDIA QUE TRIUNFARA EL ARRIANISMO. CON EMPEÑO VIGILO LA DISCIPLINA DEL CLERO Y DEL PUEBLO NO SOLO EN SU DIÓCESIS SI NO EN TODA LA PROVINCIA ECLESIÁSTICA A ÉL CONFIADA, TAMBIÉN OBRAS EN VARIOS PUEBOS QUE FORMABAN UNA CIUDAD Y EL PUEBLO LE LLAMABA BASILIADO, HOY EN DÍA KAISAÍ.

BASILIO TUVO EL CONSUELO DE VER EL FIN DEFINITIVO DE LA PERSECUCIÓN ARRIANA QUE CESÓ CON LA MUERTE DE VALENTE EN EL AÑO 378 Y LUEGO POCO DESPUÉS EN EL AÑO 379 MUERE BASILIO A LOS 49 AÑOS. :roll:

GRACIAS POR DEJARME APRENDER DE USTEDES COMPAÑEROS CUÍDENSE MUCHO. :lol: :roll:
glenda najera
 
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor felopero » Jue Oct 09, 2014 10:06 am

LA ORDEN DE SAN BASILIO.-
San Basilio Magno, un destacado e importante santo de la Iglesia de Dios, sus escritos lo ponen de manifiesto así como toda su vida.- Benedicto XVI, le dedicó una Audiencia general de los miércoles (4.7.07), los textos litúrgicos bizantinos lo definen como "lumbrera de la Iglesia", fue un gran obispo del siglo IV, admirado tanto en la Iglesia de Oriente como en la de Occidente, por su santidad de vida.- Atraído por Cristo, comenzó a tener ojos sólo para él y a escucharle solo a él, con determinación se dedicó a la vida monástica en la oración, la meditación y la Sagradas Escrituras, desarrolló una intensa actividad pastoral, teológica y literaria.- En realidad, dice Benedicto, san Basilio creo un monaquismo muy particular: Sus monjes formaban parte de la Iglesia local, eran su núcleo animador que, precediendo a los demás fieles en el seguimiento de Cristo y no sólo de la fe, mostraba su firme adhesión a él, el amor por él, sobre todo en las obras de caridad.- Basilio, si bien se preocupaba por vivir la caridad, que es la característica de la fe, fue también un sabio "reformador litúrgico".- Con celo y valentía, Basilio supo oponerse a los herejes, quienes negaban que Jesucristo fuera Dios como el Padre.- Del mismo modo, contra quienes no aceptaban la divinidad del Espíritu Santo, afirmó que también el Espíritu Santo es Dios y "tiene que ser colocado y glorificado junto al Padre y el Hijo", en definitiva, Basilio se entregó totalmente al servicio de la Iglesia en su ministerio pastoral.-
Basilio, nace en Cesarea, capital de Capadocia, en el Asia Menor a mediados del año 329.- Su familia era cristiana y habían sufrido algunas persecuciones; entre sus nueve hermanos, figuraban San Gregorio de Nicea, Santa Macrina la Joven y San Pedro de Sebaste.- Su padre, San Basilio el Viejo y su madre, Santa Emelia, poseían vastos terrenos y Basilio pasó su infancia en la casa de campo de su abuela, Santa Macrina, cuyos ejemplo nunca olvidó.- Basilio y Gregorio Nacianceno, dos jóvenes capadocios, se asociaron con los más sobresalientes de su tiempo.- Según san Gregorio, "sólo conocían dos calles en la ciudad: la que conducía a la Iglesia y la que nos llevaba a las escuelas".- Durante una época de sequía a la que siguió otra de hambre, Basilio echó mano de todos los bienes que había heredado de su madre, los vendió y distribuyó el producto entre los más necesitados.- El emperador Valente llegó a Cesárea, tras haber desarrollado en Bitrina y Galacia una implacable campaña de persecución.- Intentó por algunos medios convencer a Basilio para que se sometiera a sus deseos, nuestro santo, sin embargo, le respondió: ¿Qué me vas a poder quitar si no tengo casa ni bienes, pues todo lo repartí entre los pobres? ¿Acaso me vas a atormentar? Es tan débil mi salud que no resistiré un día de tormentos sin morir y no podrás seguir atormentándome.- ¿Qué me vas a desterrar? A cualquier sitio donde me destierres, allá estará Dios, y donde esté Dios, allí es mi patria, y allí me sentiré contento...".- El gobernador respondió admirado: "Jamás nadie me había contestado así".- Y Basilio añadió: "Es que jamás te habías encontrado con un obispo".- Basilio, no se quedaba callado cuando eran los acaudalados y poderosos quienes quebrantaban sus deberes.-
En definitiva, un san-tazo en su tiempo y para toda la Iglesia.-
felopero
 
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor iCristinai » Jue Oct 09, 2014 1:17 pm

Estimada Hini, estimados compañeros pereginos, me alegra la noticia de un nuevo portal. Gracias a Dios!
A continuación mi aporte para este tema interesante. Aunque he tenido dificultades, como siempre que trato de subir imagenes, siguiendo el procedimiento publicado, esta vez no reconoce las dimensiones, y me envia un mensaje expresando que mis imagenes son mayores que lo señalado. Raro, porque chequee dos veces. Bueno, es el hombre y no la tecnología.
Paz y bien para todos,

Orden Militar y Hospitalaria de San Lazaro de Jerusalem



Esta Orden Militar y Hospitalaria de San Lazaro es una de las ordenes de caballería que sobrevivió la caída del Imperio de Jerusalem y los intentos de las cruzadas para ganar el control de la Tierra Sagrada de las fuerzas del Islam. En teoría esta orden quedó como una orden militar pero con la excepción de un breve período en el siglo XVII no desempeñó un rol militar después de 1921. La Orden de San Lázaro es una de las más antiguas de las órdenes de caballería europeas. Data del tiempo de las cruzadas, Desde su fundación en el siglo XII los miembros de la Orden se dedicaron a dos ideales: ayudar a aquellos que sufren de enfermedades mortales como la lepra y la defensa de la Fe Cristiana.

Hoy la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalem es una organización internacional que tiene su propio gobierno y un cuerpo independiente al poseer una Constitución propia podría ser comparada con un tipo de reino electoral. De acuerdo con dicha Constitución la orden es no-política, ecuménica y no denominacional; y su membresía está abierta para todos los hombres y mujeres miembros practicantes de la Fe Cristiana en buenos términos con su denominación particular. Esta membresía internacional consiste en Católicos romanos, Anglicanos, Protestantes, Ortodoxos, Unidos, Católicos antiguos, Nuevos Apostólicos y otros Cristianos, quienes ponen en alto sus vidas, sus sucesos y honran los principios del Cristianismo. Tradicionalmente está organizada como una Orden de Caballería Cristiana. La Orden está registrada en Londres de acuerdo con las leyes en Inglaterra.
Es tanto una Orden Militar de Misericordia como una orden Hospitalaria dedicada al cuidado y asistencia al pobre y al enfermo. Su objetivo es preservar y defender la Fe Cristiana, proteger, asistir y socorrer al pobre, al enfermo y al moribundo, promover y mantener los principios de la caballería Cristiana y seguir las enseñanzas de Cristo y su Sagrada Iglesia en todos sus trabajos.

Con la excepción de la presente Orden Teutónica, la Orden de San Lázaro es hoy la más pequeña de las órdenes de caballería Cristiana. Esta conformada por aproximadamente cinco mil miembros en los cinco continentes. La Orden se ve a sí misma como una orden Ecuménica y Cristiana cuya génesis regresa a la Tierra Sagrada, a las cruzadas y al reino de Jerusalem.

(Traducido con fines educativos del sitio web)

Tiene esta Orden su heráldica muy antigua. La heráldica, historia de la Orden está en esta dirección: http://www.st-lazarus.net/en/component/ ... st-lazarus


La Cruz de Malta, llamada también de San Juan, de ocho puntas u octógona, es un símbolo usado desde el siglo XII como insignia o venera por los caballeros hospitalarios o de la Orden de San Juan de Jerusalén (llamada también de Malta desde que el emperador Carlos V le dio en feudo esta isla en el siglo XVI).



El castillo Lanzum es el centro físico de la Orden y está ubicado en Mensija, San Gwann, Malta.



Mapa territorial de Malta en los tiempos de las cruzadas, circa 1532



Para estudiar con mayor detenimiento el vínculo es: http://www.stlazarus-mt.org

Jurisdicción de la Orden: tiene 44 jurisdicciones en 37 países. http://www.st-lazarus.net/en/structure/ ... isdictions

Este es el sitio electrónico de la Orden en donde pueden obtener mayor información. Es Saint Lazare International, y está en el idioma español europeo. http://www.oslj.org/index.php?id=4&L=3
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor AMunozF » Jue Oct 09, 2014 1:28 pm

iCristinai escribió:Estimada Hini, estimados compañeros pereginos, me alegra la noticia de un nuevo portal. Gracias a Dios!
A continuación mi aporte para este tema interesante. Aunque he tenido dificultades, como siempre que trato de subir imagenes, siguiendo el procedimiento publicado, esta vez no reconoce las dimensiones, y me envia un mensaje expresando que mis imagenes son mayores que lo señalado. Raro, porque chequee dos veces. Bueno, es el hombre y no la tecnología.
Paz y bien para todos, ..........


iCristinai

Respecto del tamaño de las imágenes, éstas no deben de pasar de 300 pixeles por lado.
Puede ser esa la razón por la que no te admitió el foro las fotos.

En el programa "Paint" de Windows puedes ajustar el tamaño de las fotos al máximo permitido e inclusive si la foto que tienes es mucho muy chica la puedes ampliar a los 300 pixeles y en forma proporcional utilizando el mencionado programa.

Gracias

Que Dios te Bendiga

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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor iCristinai » Jue Oct 09, 2014 1:49 pm

Un poco de historia de la formación de la Iglesia Greco-Católica Melquita

Bizancio, punto focal en este encuentro de culturas Occidente-Oriente. Es interesante conocer que pasó allí.

El Imperio bizantino (también llamado Imperio romano de Oriente o, sencillamente, Bizancio) fue el Estado heredero del Imperio romano que pervivió durante toda la Edad Media y el comienzo del Renacimiento y se ubicaba en el Mediterráneo oriental. Su capital se encontraba en Constantinopla (en griego: Κωνσταντινούπολις, actual Estambul), cuyo nombre más antiguo era Bizancio. También se conoce al Imperio bizantino como Imperio romano de Oriente, especialmente para hacer referencia a sus primeros siglos de existencia, durante la Antigüedad tardía, época en que el Imperio romano de Occidente continuaba todavía existiendo.


IMPERIVM ROMANVM ORIENTALE
Βασιλεία Ῥωμαίων Basileía Romaíon
Imperio romano de Oriente Imperio bizantino
Lema nacional: Βασιλεὺς Βασιλέων Βασιλεύων Βασιλευόντων1
Basileus Basileon, Basileuon Basileuonton
(«Rey de Reyes, Gobernando sobre Gobernantes»)


A lo largo de su dilatada historia, el Imperio bizantino sufrió numerosos reveses y pérdidas de territorio, especialmente durante las Guerras Romano-Sasánidas y las Guerras arabo-bizantinas. Aunque su influencia en África del Norte y Oriente Próximo había entrado en declive como resultado de estos conflictos, continuó siendo una importante potencia militar y económica en Europa, Oriente Próximo y el Mediterráneo oriental durante la mayor parte de la Edad Media. Tras una última recuperación de su pasado poder durante la época de la dinastía Comneno, en el siglo XII, el Imperio comenzó una prolongada decadencia durante las Guerras otomano-bizantinas que culminó con la toma de Constantinopla y la conquista del resto de los territorios bajo dominio bizantino por los turcos, en el siglo XV.


Capital Constantinopla
Ubicación geográfica 41°0′N 29°0′E
Idioma principal Latín,¹ Griego medieval²
Gobierno Monarquía absoluta
Emperador • 306–337 Constantino I (emperador del Imperio romano unificado)
• 1449–1453 Constantino XI
Superficie • Siglo IV 2 500 000 km²
Población • Siglo IV est. 34 000 000
Densidad 13,6 hab./km²
• Siglo XI est. 18 000 000
• Siglo XIII est. 3 000 000
Moneda Sólido bizantino
¹ El latín fue la lengua oficial del Imperio bizantino hasta el siglo VII.
² El griego fue la lengua oficial del Imperio bizantino desde el siglo VII sustituyendo al latín.


Historia

• Constantino I declara Constantinopla como nueva capital del Imperio romano 395
• División definitiva del Imperio romano en Oriente y Occidente 17 de enero de 395
• Gran Cisma entre Oriente y Occidente 24 de julio de 1054
• Caída de Constantinopla en la Cuarta Cruzada 12 de abril de 1204
• Reconquista de Constantinopla 25 de julio de 1261


El término «Imperio bizantino»
La expresión «Imperio bizantino» (de Bizancio, antiguo nombre de Constantinopla) fue una creación del historiador alemán Hieronymus Wolf, quien en 1557 —un siglo después de la caída de Constantinopla— lo utilizó en su obra Corpus Historiae Byzantinae para designar este período de la historia en contraste con las culturas griega y romana de la Antigüedad clásica. El término no se hizo de uso frecuente hasta el siglo XVIII, cuando fue popularizado por autores franceses, como Montesquieu.
Charles Louis de Secondat, Señor de la Brède y Barón de Montesquieu (Château de la Brède, 18 de enero de 1689 - París, 10 de febrero de 1755), fue un cronista y pensador político francés que vivió durante la llamada Ilustración.



JUICIO DECIMONONICO SOBRE BIZANCIO

«Sobre el Imperio bizantino, el veredicto universal de la historia es que constituye, sin excepción alguna, la forma cultural más baja y abyecta que haya asumido la civilización hasta ahora [...] No ha habido otra civilización duradera tan despojada de toda forma o elemento otorgador de grandeza [...] Sus vicios eran los de los hombres que habían dejado de ser valientes sin aprender a ser virtuosos [...] Esclavos, y esclavos gustosos, tanto en sus actos como en sus pensamientos, hundidos en la sensualidad y en los placeres más frívolos, sólo salían de su apatía cuando alguna sutileza teológica o algún hecho de caballería en las carreras de cuadrigas les estimulaba a lanzarse en revueltas frenéticas [...] La historia de dicho Imperio es una relación monótona de intrigas de sacerdotes, eunucos y mujeres, de envenenamientos, conspiraciones, ingratitudes y fratricidios continuos».
History of European Morals, por W. E. H. Lecky (1869).


La Iglesia Greco-Católica Melquita

La Iglesia Greco-Católica Melquita, también conocida como Iglesia Católica Greco-Melquita es una iglesia oriental católica de rito bizantino (en su variante griega), es decir, es una iglesia particular (sui iuris) de la Iglesia Católica que goza de autonomía y está en plena comunión con el papa de Roma.
La iglesia Melquita tuvo su origen en el Medio Oriente, pero hoy los católicos melquitas se han dispersado también por otros continentes, contando en la actualidad con 1.500.000 fieles. Esta iglesia presenta la particularidad de su alta homogeneidad, ya que su clero y la mayoría de sus fieles son de lengua árabe.1
Año de separación con Roma: 1054 (Cisma de Oriente)
Año de reunificación con Roma: 1724
Lengua litúrgica: árabe y vernacular, en el pasado se utilizó el griego y el siríaco.


Historia
La Iglesia Greco Católica Melquita se origina con el establecimiento del cristianismo en el Medio Oriente. La palabra cristiano comenzó a utilizarse por primera vez en la ciudad de Antioquía, la sede histórica de la iglesia Melquita.
Durante el cuarto Concilio Ecuménico, el Concilio de Calcedonia del año 451, la sociedad cristiana del Medio Oriente se vio profundamente dividida. Los que aceptaron el concilio, eran principalmente greco-hablantes de las ciudades y fueron llamados melquitas, (imperiales) por los anti-calcedonianos. Estos últimos eran predominantemente de habla siríaca, copta y armenia y dieron origen a las iglesias Siria, Copta y Armenia.
El Concilio de Calcedonia fue un concilio ecuménico que tuvo lugar entre el 8 de octubre y el 1 de noviembre del año 451 en Calcedonia, ciudad de Bitinia, en Asia Menor.
Es el cuarto de los primeros siete concilios ecuménicos de la Cristiandad, y sus definiciones dogmáticas fueron desde entonces reconocidas como infalibles por la Iglesia Católica y por la Iglesia Ortodoxa. Rechazó la doctrina del monofisismo, defendida por Eutiques, y estableció el Credo de Calcedonia, que describe la plena humanidad y la plena divinidad de Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad.
La principal consecuencia del Concilio fue el cisma de los monofisitas. El Patriarca de Alejandría no aceptó el concilio y finalmente terminó por escindir su patriarcado del resto de la Iglesia. También muchos obispos repudiaron el concilio arguyendo que la doctrina de las dos naturalezas era prácticamente nestoriana. En las principales sedes apostólicas del Imperio bizantino, se abrió un período de disputas entre monofisitas y ortodoxos, con diversas vicisitudes, en las que intervinieron a menudo los emperadores. Aquí tienen su origen las antiguas iglesias orientales, que aún hoy rechazan los resultados del Concilio: la Iglesia Copta que nació de la ruptura del Patriarcado de Alejandría con el resto de la Iglesia, la Iglesia Apostólica Armenia, la Iglesia Ortodoxa Siríaca y la Iglesia Ortodoxa Malankara, de la India.
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El Santo Sínodo de la Iglesia Greco-Católica Melquita encabezado por el Patriarca tiene directa jurisdicción para nombrar obispos y crear diócesis dentro de su territorio canónico, el cual comprende: Siria, Líbano, Jordania, Israel, los territorios Palestinos, Iraq, Egipto, Sudán, Kuwait, Libia y Turquía.

La Iglesia es presidida por el Patriarca que lleva el título de Patriarca de la ciudad de Antioquía, de Cilicia, Siria, Iberia, Arabia Mesopotamia, Pentápolis, Etiopía, y todo el Egipto y el Oriente entero, Padre de los Padres, Pastor de los Pastores, Obispo de los Obispos, el Décimo-tercero de los Santos Apóstoles. Además a título personal el patriarca es también Patriarca de Alejandría y Patriarca de Jerusalén. Se acostumbra a abreviar su título como: Patriarca de Antioquía y Todo el Oriente, de Alejandría y de Jerusalén. Es además el Protector de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, Belén y Nazaret.


La sede propia del Patriarca es la Archieparquía metropolitana de Damasco (en Siria) para la cual nombra un vicario patriarcal que dirige 18 parroquias.
El Patriarca nombra además vicarios para administrar las sedes patriarcales titulares de:
Egipto y Sudán (y nominalmente también Libia) (Patriarcado de Alejandría, con 17 parroquias)
Jerusalén (incluye el sur de Israel y sur de Palestina) (Patriarcado de Jerusalén, con 10 parroquias)
También son nombrados por el Patriarca los titulares de los exarcados patriarcales de:
Irak (1 parroquia)
Kuwait (1 parroquia)
Estambul (vacante desde 1957, sin parroquias)
El resto del territorio canónico de la iglesia Melquita está cubierto por las siguientes diócesis:


Archieparquías metropolitanas:
Alepo (en Siria, con 10 parroquias). El archieparca es a la vez visitador apostólico para los melquitas de Europa Occidental
Beirut y Biblos o Gibail (en el Líbano, con 139 parroquias)
Bosra y Haurán (en Siria, con 42 parroquias)
Homs, Hama y Yabrud (en Siria, con 17 parroquias)
Tiro (en el Líbano, con 9 parroquias). De la cual son sufragáneas las archieparquías de:
Paneas o Baniyas y Mariayoun o Caesarea Philippi (en el Líbano, con 11 parroquias)
Sidón y Deir el Kamar (en el Líbano, con 50 parroquias)
Trípoli (en el Líbano, con 15 parroquias)
Archieparquías:
San Juan de Acre, Haifa, Nazaret y Toda Galilea (norte de Israel , con 32 parroquias)
Baalbek (en el Líbano, con 12 parroquias)
Latakia y el Valle de los Cristianos (en Siria, con 18 parroquias)
Petra, Filadelfia (Ammán) y Toda Transjordania (en Jordania, con 28 parroquias)
Zahleh, Furzol y todo el Bekaa (en el Líbano, con 36 parroquias)
Fuera del territorio canónico el papa ha creado diócesis melquitas que están bajo su directa jurisdicción, aunque los obispos participan del Santo Sínodo Melquita, que envía al papa una terna para que elija de ella al obispo de una sede vacante.
Eparquías:
Nuestra Señora de la Anunciación en Newton (Boston) (en los Estados Unidos, con 35 parroquias)
Nuestra Señora del Paraíso en San Pablo (en Brasil, con 5 parroquias, sufragánea del Arzobispado metropolitano latino de San Pablo)
Nuestra Señora del Paraíso en México (con 1 parroquia)
San Miguel en Sídney (en Australia y Nueva Zelanda, con 13 parroquias)
San Salvador en Montreal (en Canadá, con 4 parroquias)
Exarcados apostólicos:
Argentina (Sede en Córdoba, con 3 parroquias)
Venezuela (Sede en Caracas, con 5 parroquias)
Parroquias en la diáspora: Existen además diversas parroquias dependientes de jurisdicciones latinas y ordinariatos orientales:2
San Juan Crisóstomo en Bruselas, Bélgica
San Julián el pobre en París, Francia, dependiente del Arzobispo de París, ordinario de los fieles de rito oriental en Francia
San Nicolás de Myra en Marsella, Francia, dependiente del Arzobispo de París, ordinario de los fieles de rito oriental en Francia
Meitingen, Alemania
Santa Maria en Cosmedian en Roma, Italia.
Nuestra Señora de Damasco en La Valetta, Malta
San Juan Crisóstomo en Londres, Reino Unido

La Iglesia Católica conserva además el recuerdo de varias diócesis desaparecidas que han sido catalogadas como Sedes Titulares Melquitas y que regularmente son conferidas a obispos auxiliares y de la curia vaticana:
Archieparquías metropolitanas titulares:
Apamea en Siria
Cesarea en Palestina
Edessa en Osrhoena
Myra
Pelusium
Archieparquías titulares:
Cesarea en Capadocia
Damiata
Hierapolis en Siria
Tarso
Eparquías titulares:
Adana
Laodicea en Siria
Palmyra
Órdenes religiosas:
Orden Basiliana Alepiana
Orden Basiliana Chouerita de San Juan Bautista
Orden Basiliana Salvatoriana
Sociedad de Misioneros de San Pablo
Lista de los Patriarcas de la Iglesia Greco-católica Melquita

Los Patriarcas Greco-católicos Melquitas simultáneamente lo son de las sedes de Alejandría, Antioquía y Jerusalén.

Cirilo VI Tanas (1724-1759)
Atanasio IV Jawhar (1759-1760)
Máximo II Hakim (1760-1761)
Teodosio V Dahan (1761-1788)
Atanasio IV Jawhar(1765-1768, antipatriarca)
Atanasio IV Jawhar (1788-1794, como patriarca legítimo)
Cirilo VII Siaj (1794-1796)
Agapios II Matar (1796-1812)
Ignacio IV Sarruf (1812)
Gregorio III.

Atanasio V Matar (1813-1814)
Macario IV Tawil (1814-1815)
Ignacio V Qattan (1816-1833)
Máximo III Mazlum (1833-1855)
Clemente Bahouth (1856-1864)
Gregorio II Youssef-Sayur (1864-1897)
Pedro IV Jaraijiry (1898-1902)
Cirilo VIII Jaha (1902-1916)

Vacante (1916-1919)

Demetrio I Qadi (1919-1925)
Cirilo IX Moghabghab (1925-1947)
Máximo IV Saigh (1947-1967)
Máximo V Hakim (1967-2000)
Gregorio III Laham (2000-)


Paz y bien,
Cristina
iCristinai
 
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor bisiesto_1976 » Jue Oct 09, 2014 2:03 pm

Hola, felicidades por la nueva plataforma. Me da gusto compartir con ustedes acerca de la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro específicamente a lo que encuentras en la página de Bienvenida de esta Orden, la cual me imagino que fue escrita por el Papa Benedicto XVI para darla a conocer y responder de manera muy concreta a tres preguntas ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? y ¿A dónde van?. Si hay alguien que desea profundizar sobre esta orden, les dejo este link http://www.oslj.org/index.php?id=news&L=3


¿Quiénes somos?

Una comunidad internacional de caballeros Cristianos que han dedicado su vida a la espiritualidad ecuménica, la caridad no ostentosa y la tradición caballeresca; una hermandad antiquísima unida por ideas nobles de cuidar de los pobres y los enfermos.



¿De dónde vinimos?

Al final del siglo XI, muchos nobles europeos empezaron a ver como su obligación espiritual el olvidar una vida cómoda y viajar a la ciudad santa de Jerusalén para defender el Cristianismo en su histórica patria. Ellos se unieron juntos como ‘órdenes’ de caballeros en un número de diferentes grupos militares y religiosos, de los cuales los más famosos fueron los hospitalarios y los templarios. Aquellos caballeros que contrajeron la lepra o fueron heridos permanentemente en batalla fueron confinados al antiguo Hospital de Jerusalén. Esta comunidad estaba dedicada a San Lázaro y es la fundación de nuestra Orden.

En sucesivos siglos los Caballeros de San Lázaro se beneficiaron de privilegios reales y eclesiásticos y establecieron casas por toda Europa. Según los poderes espirituales y temporales del mundo evolucionaron, la Orden continuó adaptándose de una generación a otra mientras permanecía fiel a sus tradiciones nobles.



¿Adónde vamos?

La cruz verde de San Lázaro es el origen del símbolo internacional del cuidado de la salud. La ininterrumpida sucesión desde tiempos medievales de hombres y mujeres inspirados por ella continúa hoy como una confraternidad caritativa apoyada por capellanes de las principales Iglesias Cristianas. Miembros de la Orden de San Lázaro contraen un compromiso especial de amar y servir a Dios y su prójimo de acuerdo con una tradición exaltada en la Carta Constitucional de la Orden. El dar calladamente tiempo y dinero para ayudar a quienes no pueden ayudarse a sí mismos continúa siendo el centro de la caballería Cristiana que ellos practican.



Bajo la protección espiritual de un Cardenal de la Iglesia Católica Romana, la Orden multicultural y ecuménica está continuando y desarrollando sus actividades humanitarias Saint Lazare en muchos países. Los hospicios y el cuidado de la salud de tiempos pasados han sido recientemente aumentados por un enfoque en problemas relacionados con el agua. Y así la vocación hospitalaria continúa evolucionando, atrayendo a aquellos de noble corazón, unidos en su bautismo común, para servir con valor en el espíritu de nuestros antepasados:

¡ATAVIS ET ARMIS!


“Se suceden las etapas de la historia, cambian los contextos
sociales, pero no cambia y no pasa de moda la vocación de
los cristianos a vivir el Evangelio en solidaridad con la familia
humana, al paso de los tiempos.”

Papa Benedicto XVI, el 6 de septiembre de 2009
La fe implica conocimiento, que Dios ilumine nuestro entendimiento para que sea mejor nuestro camino en la ruta de las buenas obras porque no es nada sencillo transitarlo con nuestras debilidades humanas
.
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor Marigel » Jue Oct 09, 2014 4:05 pm

San Basilio
Benedicto XVI, Audiencia, 4-VII-07
Queridos hermanos y hermanas:

Hoy queremos recordar a uno de los grandes padres de la Iglesia, san Basilio, definido por los textos litúrgicos bizantinos como una «lumbrera de la Iglesia» Fue un gran obispo del siglo IV, por el que siente admiración tanto la Iglesia de Oriente como la de Occidente por su santidad de vida, por la excelencia de su doctrina y por la síntesis armoniosa de capacidades especulativas y prácticas.

Nació alrededor del año 330 en una familia de santos, «verdadera Iglesia doméstica», que vivía en un clima de profunda fe. Estudió con los mejores maestros de Atenas y Constantinopla. Insatisfecho por los éxitos mundanos, al darse cuenta de que había perdido mucho tiempo en vanidades, él mismo confiesa: «Un día, como despertando de un sueño profundo, me dirigí a la admirable luz de la verdad del Evangelio…, y lloré sobre mi miserable vida» (Cf. Carta 223: PG 32,824a).

Atraído por Cristo, comenzó a tener ojos sólo para él y a escucharle solo a él (Cf. «Moralia» 80,1: PG 31,860bc). Con determinación se dedicó a la vida monástica en la oración, en la meditación de las Sagradas Escrituras y de los escritos de los Padres de la Iglesia y en el ejercicio de la caridad (Cf. Cartas. 2 y 22), siguiendo también el ejemplo de su hermana, santa Macrina, quien ya vivía el ascetismo monacal. Después fue ordenado sacerdote y, por último, en el año 370, consagrado obispo de Cesarea de Capadocia, en la actual Turquía.

Con la predicación y los escritos desarrolló una intensa actividad pastoral, teológica y literaria. Con sabio equilibrio supo unir al mismo tiempo el servicio a las almas y la entrega a la oración y a la meditación en la soledad. Sirviéndose de su experiencia personal, favoreció la fundación de muchas «fraternidades» o comunidades de cristianos consagrados a Dios, a las que visitaba con frecuencia (Cf. Gregorio Nacianceno, «Oratio 43,29 in laudem Basilii»: PG 36,536b). Con la palabra y los escritos, muchos de los cuales todavía hoy se conservan (Cf. «Regulae brevius tractatae», Proemio: PG 31,1080ab), les exhortaba a vivir y a avanzar en la perfección. De esos escritos se valieron después no pocos legisladores de la vida monástica, entre ellos, muy especialmente, San Benito, que considera a Basilio como su maestro (Cf «Regula» 73, 5).

En realidad, san Basilio creó un monaquismo muy particular: no estaba cerrado a la comunidad de la Iglesia local, sino abierto a ella. Sus monjes formaban parte de la Iglesia local, eran su núcleo animador que, precediendo a los demás fieles en el seguimiento de Cristo y no sólo de la fe, mostraba su firme adhesión a él, el amor por él, sobre todo en las obras de caridad.

Estos monjes, que tenían escuelas y hospitales, estaban al servicio de los pobres y de este modo mostraron la vida cristiana de una manera completa. El siervo de Dios Juan Pablo II, hablando del monaquismo, escribió: «muchos opinan que esa institución tan importante en toda la Iglesia como es la vida monástica quedó establecida, para todos los siglos, principalmente por san Basilio o que, al menos, la naturaleza de la misma no habría quedado tan propiamente definida sin su decisiva aportación» (carta apostólica «Patres Ecclesiae» 2).

Como obispo y pastor de su extendida diócesis, Basilio se preocupó constantemente por las difíciles condiciones materiales en las que vivían los fieles; denunció con firmeza el mal; se comprometió con los pobres y los marginados; intervino ante los gobernantes para aliviar los sufrimientos de la población, sobre todo en momentos de calamidad; veló por la libertad de la Iglesia, enfrentándose a los potentes para defender el derecho de profesar la verdadera fe (Cf. Gregorio Nacianceno, «Oratio 43,48-51 in laudem Basilii»: PG 36,557c-561c). Dio testimonio de Dios, que es amor y caridad, con la construcción de varios hospicios para necesitados (Cf. Basilio, Carta 94: PG 32,488bc), una especie de ciudad de la misericordia, que tomó su nombre «Basiliade» (Cf. Sozomeno, «Historia Eclesiástica». 6,34: PG 67,1397a). En ella hunden sus raíces las los modernos hospitales para la atención de los enfermos.

Consciente de que «la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza» («Sacrosanctum Concilium» 10), Basilio, si bien se preocupaba por vivir la caridad, que es la característica de la fe, fue también un sabio «reformador litúrgico» (Cf. Gregorio Nacianceno, «Oratio 43,34 in laudem Basilii»: PG 36,541c). Nos dejó una gran oración eucarística [o anáfora] que toma su nombre y que ha dado un orden fundamental a la oración y a la salmodia: gracias a él, el pueblo amó y conoció los Salmos e iba a rezarlos incluso de noche (Cf. Basilio, «In Psalmum» 1,1-2: PG 29,212a-213c). De este modo, podemos ver cómo liturgia, adoración, oración están unidas a la caridad, se condicionan recíprocamente.

Con celo y valentía, Basilio supo oponerse a los herejes, quienes negaban que Jesucristo fuera Dios como el Padre (Cf. Basilio, Carta 9,3: PG 32,272a; Carta 52,1-3: PG 32,392b-396a; «Adversus Eunomium» 1,20: PG 29,556c). Del mismo modo, contra quienes no aceptaban la divinidad del Espíritu Santo, afirmó que también el Espíritu Santo es Dios y «tiene que ser colocado y glorificado junto al Padre y el Hijo» (Cf. «De Spiritu Sancto»: SC 17bis, 348). Por este motivo, Basilio es uno de los grandes padres que formularon la doctrina sobre la Trinidad: el único Dios, dado que es Amor, es un Dios en tres Personas, que forman la unidad más profunda que existe, la unidad divina.

En su amor por Cristo y su Evangelio, el gran capadocio se comprometió también por sanar las divisiones dentro de la Iglesia (Cf. Carta 70 y 243), tratando siempre de que todos se convirtieran a Cristo y a su Palabra (Cf. «De iudicio» 4: PG 31,660b-661a), fuerza unificadora, a la que todos los creyentes tienen que obedecer (Cf. ibídem 1-3: PG 31,653a-656c).

Concluyendo, Basilio se entregó totalmente al fiel servicio a la Iglesia en el multiforme servicio del ministerio episcopal. Según el programa que él mismo trazó, se convirtió en «apóstol y ministro de Cristo, dispensador de los misterios de Dios, heraldo del reino, modelo y regla de piedad, ojo del cuerpo de la Iglesia, pastor de las ovejas de Cristo, médico piadoso, padre y nodriza, cooperador de Dios, agricultor d Dios, constructor del templo de Dios» (Cf. «Moralia» 80,11-20: PG 31,864b-868b).

Este es el programa que el santo obispo entrega a los heraldos de la Palabra, tanto ayer como hoy, un programa que él mismo se comprometió generosamente por vivir.

En el año 379, Basilio, sin haber cumplido los cincuenta años, agotado por el cansancio y la ascesis, regresó a Dios, «con la esperanza de la vida eterna, a través de Jesucristo, nuestro Señor» («De Bautismo» 1, 2, 9). Fue un hombre que vivió verdaderamente con la mirada puesta en Cristo, un hombre del amor por el prójimo. Lleno de la esperanza y de la alegría de la fe, Basilio nos muestra cómo ser realmente cristianos.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit.
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Vida De San Basilio
BASILIO nació en Cesarea, la capital de Capadocia, en el Asia Menor, a mediados del año 329. Por parte de padre y de madre, descendía de familias cristianas que habían sufrido persecuciones y, entre sus nueve hermanos, figuraron San Gregorio de Nicea, Santa Macrina la Joven y San Pedro de Sebaste. Su padre, San Basilio el Viejo, y su madre, Santa Emelia, poseían vastos terrenos y Basilio pasó su infancia en la casa de campo de su abuela, Santa Macrina, cuyo ejemplo y cuyas enseñanzas nunca olvidó. Inició su educación en Constantinopla y la completó en Atenas. Allá tuvo como compañeros de estudio a San Gregorio Nacianceno, que se convirtió en su amigo inseparable y a Juliano, que más tarde sería el emperador apóstata.
Basilio y Gregorio Nacianceno, los dos jóvenes capadocios, se asociaron con los más selectos talentos contemporáneos y, como lo dice éste último en sus escritos, “sólo conocíamos dos calles en la ciudad: la que conducía a la iglesia y la que nos llevaba a las escuelas”. Tan pronto como Basilio aprendió todo lo que sus maestros podían enseñarle, regresó a Cesárea. Ahí pasó algunos años en la enseñanza de la retórica y, cuando se hallaba en los umbrales de una brillantísima carrera, se sintió impulsado a abandonar el mundo, por consejos de su hermana mayor, Macrina. Esta, luego de haber colaborado activamente en la educación y establecimiento de sus hermanas y hermanos más pequeños, se había retirado con su madre, ya viuda, y otras mujeres, a una de las casas de la familia, en Annesi, sobre el río Iris, para llevar una vida comunitaria.
Fue entonces, al parecer, que Basilio recibió el bautismo y, desde aquel momento, tomó la determinación de servir a Dios dentro de la pobreza evangélica. Comenzó por visitar los principales monasterios de Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia, con el propósito de observar y estudiar la vida religiosa. Al regreso de su extensa gira, se estableció en un paraje agreste y muy hermoso en la región del Ponto, separado de Annesi por el río Iris, y en aquel retiro solitario se entregó a la plegaria y al estudio. Con los discípulos, que no tardaron en agruparse en torno suyo, entre los cuales figuraba su hermano Pedro, formó el primer monasterio que hubo en el Asia Menor, organizó la existencia de los religiosos y enunció los principios que se conservaron a través de los siglos y hasta el presente gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de oriente. San Basilio practicó la vida monástica propiamente dicha durante cinco años solamente, pero en la historia del monaquismo cristiano tiene tanta importancia como el propio San Benito.
Lucha contra la herejía arriana
Por aquella época, la herejía arriana estaba en su apogeo y los emperadores herejes perseguían a los ortodoxos. En el año 363, se convenció a Basilio para que se ordenase diácono y sacerdote en Cesárea; pero inmediatamente, el arzobispo Eusebio tuvo celos de la influencia del santo y éste, para no crear discordias, volvió a retirarse calladamente al Ponto para ayudar en la fundación y dirección de nuevos monasterios. Sin embargo Cesárea lo necesitaba y lo reclamó. Dos años más tarde, San Gregorio Nacianceno, en nombre de la ortodoxia, sacó a Basilio de su retiro para que le ayudase en la defensa de la fe del clero y de las Iglesias. Se llevó a cabo una reconciliación entre Eusebio y Basilio; éste se quedó en Cesárea como el primer auxiliar del arzobispo; en realidad, era él quien gobernaba la Iglesia, pero empleaba su gran tacto para que se diera crédito a Eusebio por todo lo que él realizaba. Durante una época de sequía a la que siguió otra de hambre, Basilio echó mano de todos los bienes de todos los bienes que le había heredado su madre, los vendió y distribuyó el producto entre los más necesitados; mas no se detuvo ahí su caridad, puesto que también organizó un vasto sistema de ayuda, que comprendía a las cocinas ambulantes que él mismo, resguardado con un delantal de manta y cucharón en ristre, conducía por las calles de los barrios más apartados para distribuir alimentos a los pobres.
Obispo de Cesárea
El año de 370 murió Eusebio y, a pesar de la oposición que se puso de manifiesto en algunos poderosos círculos, Basilio fue elegido para ocupar la sede arzobispal vacante. El 14 de junio tomó posesión, para gran contento de San Atanasio y una contrariedad igualmente grande para Valente, el emperador arriano. El puesto era muy importante y, en el caso de Basilio, muy difícil y erizado de peligros, porque al mismo tiempo que obispo de Cesárea, era exarca del Ponto y metropolitano de cincuenta sufragáneos, muchos de los cuales se habían opuesto a su elección y mantuvieron su hostilidad, hasta que Basilio, a fuerza de paciencia y caridad, se conquistó su confianza y su apoyo.
Antes de cumplirse doce meses del nombramiento de Basilio, el emperador Valente llegó a Cesárea, tras de haber desarrollado en Bitrina y Galacia una implacable campaña de persecuciones. Por delante suyo envió al prefecto Modesto, con la misión de convencer a Basilio para que se sometiera o, por lo menos, accediera a tratar algún compromiso. Varios habían renegado por miedo, pero nuestro santo le respondió:
¿Qué me vas a poder quitar si no tengo ni casas ni bienes, pues todo lo repartí entre los pobres? ¿Acaso me vas a atormentar? Es tan débil mi salud que no resistiré un día de tormentos sin morir y no podrás seguir atormentándome. ¿Qué me vas a desterrar? A cualquier sitio a donde me destierres, allá estará Dios, y donde esté Dios, allí es mi patria, y allí me sentiré contento . . .
El gobernador respondió admirado: “Jamás nadie me había contestado así”. Y Basilio añadió: “Es que jamás te habías encontrado con un obispo”.
El emperador Valente se decidió en favor de exilarlo y se dispuso a firmar el edicto; pero en tres ocasiones sucesivas, la pluma de caña con que iba a hacerlo, se partió en el momento de comenzar a escribir. El emperador quedó sobrecogido de temor ante aquella extraordinaria manifestación, confesó que, muy a su pesar, admiraba la firme determinación de Basilio y, a fin de cuentas, resolvió que, en lo sucesivo, no volvería a intervenir en los asuntos eclesiásticos de Cesárea.
Pero apenas terminada esta desavenencia, el santo quedó envuelto en una nueva lucha, provocada por la división de Capadocia en dos provincias civiles y la consecuente reclamación de Antino, obispo de Tiana, para ocupar la sede metropolitana de la Nueva Capadocia. La disputa resultó desafortunada para San Basilio, no tanto por haberse visto obligado a ceder en la división de su arquidiócesis, como por haberse malquistado con su amigo San Gregorio Nacianceno, a quien Basilio insistía en consagrar obispo de Sasima, un miserable caserío que se hallaba situado sobre terrenos en disputa entre las dos Capadocias. Mientras el santo defendía así a la iglesia de Cesárea de los ataques contra su fe y su jurisdicción, no dejaba de mostrar su celo acostumbrado en el cumplimiento de sus deberes pastorales. Hasta en los días ordinarios predicaba, por la mañana y por la tarde, a asambleas tan numerosas, que él mismo las comparaba con el mar. Sus fieles adquirieron la costumbre de comulgar todos los domingos, miércoles, viernes y sábados. Entre las prácticas que Basilio había observado en sus viajes y que más tarde implantó en su sede, figuraban las reuniones en la iglesia antes del amanecer, para cantar los salmos. Para beneficio de los enfermos pobres, estableció un hospital fuera de los muros de Cesárea, tan grande y bien acondicionado, que San Gregorio Nacianceno lo describe como una ciudad nueva y con grandeza suficiente para ser reconocido como una de las maravillas del mundo. A ese centro de beneficencia llegó a conocérsela con el nombre de Basiliada, y sostuvo su fama durante mucho tiempo después de la muerte de su fundador. A pesar de sus enfermedades crónicas, con frecuencia realizaba visitas a lugares apartados de su residencia episcopal, hasta en remotos sectores de las montañas y, gracias a la constante vigilancia que ejercía sobre su clero y su insistencia en rechazar la ordenación de los candidatos que no fuesen enteramente dignos, hizo de su arquidiócesis un modelo del orden y la disciplina eclesiásticos.
No tuvo tanto éxito en los esfuerzos que realizó en favor de las iglesias que se encontraban fuera de su provincia. La muerte de San Atanasio dejó a Basilio como único paladín de la ortodoxia en el oriente, y éste luchó con ejemplar tenacidad para merecer ese título por medio de constantes esfuerzos para fortalecer y unificar a todos los católicos que, sofocados por la tiranía arriana y descompuestos por los cismas y la disensiones entre sí, parecían estar a punto de extinguirse. Pero las propuestas del santo fueron mal recibidas, y a sus desinteresados esfuerzos se respondió con malos entendimientos, malas interpretaciones y hasta acusaciones de ambición y de herejía. Incluso los llamados que hicieron él y sus amigos al Papa San Dámaso y a los obispos occidentales para que interviniesen en los asuntos del oriente y allanasen las dificultades, tropezaron con una casi absoluta indiferencia, debido, según parece, a que ya corrían en Roma las calumnias respecto a su buena fe. “¡Sin duda a causa de mis pecados, escribía San Basilio con un profundo desaliento, parece que estoy condenado al fracaso en todo cuanto emprendo!"”
Sin embargo, el alivio no había de tardar, desde un sector absolutamente inesperado. El 9 de agosto de 378, el emperador Valente recibió heridas mortales en la batalla de Adrianópolis y, con el ascenso al trono de su sobrino Graciano, se puso fin al ascendiente del arrianismo en el oriente. Cuando las noticias de estos cambios llegaron a oídos de San Basilio, éste se encontraba en su lecho de muerte, pero de todas maneras le proporcionaron un gran consuelo en sus últimos momentos. Murió el 1º de enero del año 379, a la edad de cuarenta y nueve años, agotado por la austeridad en que había vivido, el trabajo incansable y una penosa enfermedad. Toda Cesárea quedó enlutada y sus habitantes lo lloraron como a un padre y a un protector; los paganos, judíos y cristianos se unieron en el duelo.
San Gregorio Nacianceno, Arzobispo de Constantinopla, en el día del entierro: “Basilio santo, nació entre santos. Basilio pobre vivió pobre entre los pobres. Basilio hijo de mártires, sufrió como un mártir. Basilio predicó siempre con sus labios, y con sus buenos ejemplos y seguirá predicando siempre con sus escritos admirables”.
Setenta y dos años después de su muerte, el Concilio de Calcedonia le rindió homenaje con estas palabras: “El gran Basilio, el ministro de la gracia quien expuso la verdad al mundo entero indudablemente que fue uno de los más elocuentes oradores entre los mejores que la Iglesia haya tenido; sus escritos le han colocado en lugar de privilegio entre sus doctores.
Se conserva una extensa colección de sus cartas:
En una de ellas nos cuenta que él pedía un cumplimiento estricto de la disciplina, lo mismo entre clérigos que entre laicos, y que cierto diácono, que no era malo, pero sí rebelde y un poco alocado y que solía presentarse en medio de un grupo de muchachas que cantaban himnos y bailaban, tuvo que vérselas con él; con igual determinación combatió la simonía en los puestos eclesiásticos y la admisión de personas indignas entre el clero; luchó contra la rapacidad y la opresión de los funcionarios y llegó a excomulgar a todos los complicados en la “trata de blancas”, una actividad muy difundida en Capadocia. Podía reconvenir con temible severidad, pero prefería las maneras suaves y gentiles; como un ejemplo, están sus cartas a una muchacha descarriada y a un clérigo colocado en un puesto de gran responsabilidad, que se estaba mezclando en política; muchos ladrones que solo aguardaban ser entregados a los jueces para sufrir un castigo terrible, fueron amparados por el santo y devueltos a sus casas en completa libertad, pero con una imborrable amonestación sobre sus conciencias. Pero tampoco se quedaba callado Basilio cuando eran los acaudalados y poderosos quienes quebrantaban sus deberes. “¡Os negáis a dar con el pretexto de que no tenéis lo suficiente para vuestras necesidades!”, exclamó en uno de sus sermones. “Pero en tanto que vuestra lengua os excusa, vuestra mano os acusa: ¡Cuántos deudores podrían ser rescatados de la prisión con uno de esos anillos! ¡Cuántas pobres gentes ateridas por el frío se cubrirían con uno solo de vuestros guardarropas! ¡Y sin embargo, vosotros dejáis ir a los pobres de vuestras puertas, con las manos vacías!” No era únicamente a los ricos a quienes imponía la obligación de dar. “¿Dices que tú eres pobre? Bien; pero siempre habrá otros más pobres que tú. Si tienes lo bastante para mantenerte vivo diez días, aquel hombre no tiene suficiente para vivir uno . . . No tengáis temor de dar lo poco que tengáis. No coloquéis nunca vuestros propios intereses antes que la necesidad común. Dad vuestro último mendrugo de pan al mendigo que os lo pide y confiad en la misericordia de Dios”.
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor claudia corchado » Jue Oct 09, 2014 4:54 pm

Hola a todos.

1)En las siguientes ligas se encuentra la biografía de San Basilio.
http://www.iglesiaortodoxa.org.mx/informacion/?p=1311
Consultado el 8 de octubre de 2014

http://www.corazones.org/santos/basilio.htm
Consultado el 9 de octubre de 2014

2)Y en esta liga se encuentra la Regla de San Basilio, así como la historia de los monasterios.
http://ec.aciprensa.com/wiki/Regla_de_San_Basilio
Consultado el 9 de octubre de 2014
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor PEPITA GARCIA 2 » Jue Oct 09, 2014 4:59 pm

San Basilio Magno

*****Imagen*****

Los Padres Basilianos, o “Congregación de San Basilio”, es una Orden religiosa fundada en el Siglo IV, que sigue la Regla de San Basilio.

San Basilio escribió una regla general para los monjes, aunque no fue fundador de la Orden. Desde Capadocia, los Monjes Basilianos llegaron hasta occidente; a Italia y España, donde tuvieron provincias y numerosos monasterios. En España desaparecieron en el Siglo XIX.

Los Basilianos se dedicaron al estudio, la icnografía, la historia y la teología; fueron los grandes evangelizadores de Oriente, de ellos salieron grandes figuras de la Iglesia y la Historia. Existen aun en la Iglesia Ortodoxa los Monjes que viven esta Regla, en varios Monasterios, como los del Monte Athos y del Monte Sinaí.

Las Religiosas Basilianas existieron después de mucho tiempo, y existen todavía, inspiradas en Santa Macrina.

Santoral Basiliano (OSBas)


En el mes de enero se festeja el día 2 a San Basilio Magno, Padre e Inspirador.- Imagen -. y San Gregorio Nacianceno, Doctores de la Iglesia.

El día 9 se festeja a: San Pedro de Sebaste, obispo, hermano de San Basilio.

Santa Macrina la Anciana.-abuela de San Basilio, el día 14.

En el mes de febrero, el 23, San Juan Theristes de Stilo, el Sembrador, Monje Basiliano.

El 24 San Juan de Calabria, monje y San Lucas de Messina, abad, el día 27.

En marzo, el primero del mes, San Leo de Calabria, monje; el día 2, San Lucas de Nicosia, abad.

El día 9, San Gregorio de Nisa, obispo.-
hermano de San Basilio.

El día 11 se celebra a: San Sofronio de Jerusarén, Patriarca; el 12, San Teófanes de Cyzico, presbítero, y San Nicodemo de Mammola, abad.

El 15 de marzo, San Zacarias, Papa.- benefactor de la orden y se cree perteneció a ella.

San Conon de Sicilia, monje, se conmemora el día 2 y el día 30, San Clinio de San Pedro de la Floresta, abad.

En abril el día 3, San José el Himnógrafo, monje; el 4, San Plato de Constantinopla, monje, y el 9, San Vital de Rapolle, abad.

En mayo el dia 2, San Silvestre, monje; los Beatos Estanislao de Lituania y compañeros mártires, el día 13, y el día 30, los Santos Basilio y Emmelia, padres de San Basilio.

La Consagración episcopal de San Basilio Magno, se celebra el día 14 de junio, el día 15, San Gerásimo de Calabria, monje, y el 18, San Calogero, eremita.

En julio el 3, San Filareto, monje mártir y el 4, San Andrés de Creta.

El día 19, Santa Macrina la Joven.-
Imagen-.virgen, hermana de San Basilio.

En agosto, San Máximo, abad de Crisópolis, el día 13, y el 23, los Santos Antonio y Nicodemo de Locri, abades.

Septiembre 26, San Nilo el Joven, abad.

El 1o. de octubre se celebra: San Romano el Meloda y el 9, los Santos Ghislain, abad; Lamberto y Bernero, monjes.

Noviembre 11, San Teodoro el Estudita, y el 12, San Josafat, obispo y mártir.

El 4 de diciembre San Juan Damasceno, abad.- Imagen

En este mismo mes de diciembre, San Lucas de Melicussa, obispo, el día 10 y el 14, San Agnello de Nápoles, abad.

El día 30 San Lorenzo de Frazzano, presbítero.

San Basilio, uno de los tres Padres Capadocios; Padre del monasticismo oriental; Arzobispo de Cesárea; Patrón de administradores de hospitales; considerado como el primer escritor ascético del oriente. Combatió a los arrianos; escribió excelentes obras y sobretodo reglas monásticas, que rigen aún hoy en muchos monasterios del Oriente, su tema favorito: "la caridad hacia los pobres"

Fuentes: Santoral Basiliano. Corazones
"No anteponer nada al amor de Dios"

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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor Idamis Sanchez » Jue Oct 09, 2014 8:51 pm

Gracias por compartinos esas noticias de actualidad y crecimiento.
El Cisma de Oriente y Occidente, o el Gran Cisma (usado también para referirse al Cisma de Occidente), o en su menor medida conocido como Cisma de 1054, hace referencia a un evento conflictivo de carácter religioso que ocurrió en el año 1054. En dicho conflicto se produjo la mutua separación y excomunión entre el máximo jerarca de la Iglesia católica en Roma, el Papa u Obispo de Roma, — junto con la mayoría de la cristiandad de Occidente, — de los jerarcas eclesiásticos de las Iglesias ortodoxas — junto con la mayoría de la cristiandad de Oriente, — especialmente del principal de ellos, el patriarca ecuménico de Constantinopla.

En el año 589, durante el Tercer Concilio de Toledo, donde tuvo lugar la solemne conversión de los visigodos al catolicismo, se produjo la añadidura del término filioque (traducible como "y del Hijo"), por lo que el Credo pasaba a declarar que el Espíritu Santo procede no exclusivamente del Padre como decía el credo Niceno, sino del Padre y del Hijo al decir:
et in Spiritum Sanctum, dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit ("y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo")
En el año 568 el nombre del Papa fue retirado de los dípticos del patriarcado de Constantinopla. Se discute todavía entre los historiadores cuál ha sido el motivo de este cambio. Una causa pudo ser el hecho de que el Papa Sergio IV había enviado al patriarca de Constantinopla una profesión de fe que contuviera el filioque y eso habría provocado la incomprensión de parte del patriarca.

Aunque la inserción del Filioque en el credo latino estaba en las diferentes liturgias europeas desde el siglo VI,[cita requerida] y sobre todo en la carolingia desde el siglo IX, la liturgia romana no incluía la recitación del credo en la liturgia. En 1014 con motivo de su coronación como emperador del Sacro Imperio, Enrique II solicitó al Papa Benedicto VIII la recitación del Credo. El Papa, necesitado del apoyo militar del emperador, accedió a su petición y lo hizo según la praxis vigente por entonces en Europa: de este modo, por primera vez en la historia el filioque se usó en Roma.

Según cuenta un historiador del tiempo, Rodolfo Glabro, la Iglesia griega quería en aquellos primeros años del milenio encontrar una especie de entendimiento con la Iglesia latina de manera que «con el consenso del Romano Pontífice la Iglesia de Constantinopla fuese declarada y considerada universal en su propia esfera, así como Roma en el mundo entero». Esto implicaba una doble forma de ser una sola Iglesia católica. El Papa Juan XIX pareció vacilante ante la propuesta de la iglesia griega lo cual le supuso recibir la recriminación de algunos monasterios que estaban por la reforma eclesial
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor Idamis Sanchez » Jue Oct 09, 2014 8:54 pm

ORDEN DE SAN BASILIO Comienzo del conflicto
Un precedente del Cisma tuvo lugar en el año 857 cuando el emperador bizantino Miguel III, llamado el beodo, y su ministro Bardas, expulsaron de su sede de Constantinopolitana al patriarca San Ignacio (conmemorado hoy en día santo, tanto en la Iglesia ortodoxa, como en la Iglesia católica). Lo reemplazaron por un nuevo candidato para dicho puesto, Focio, quien en seis días recibió todas las órdenes de la Iglesia. Focio comenzó a entrar en desacuerdo con el Papa Nicolás, y recibió la entronización.

Hay muchas perspectivas y opiniones referente a la vida de dicho Obispo tanto en pro como en su contra, para los que no lo aprobaban en su primacía, fue descrito como "el hombre más artero y sagaz de su época: hablaba como un santo y obraba como un demonio"; en cuanto en su favor, fue reconocido como un "importante constructor de paz de la época", incluso el Papa Nicolás se refirió a él en sus "grandes virtudes y el conocimiento universal",3 poco tiempo antes de la muerte del Patriarca Ignacio, este había abogado para que Focio fuera restituido como su sucesor después de su segundo período, manifestando su alta estima y favor por este. Pero Focio fue destituido y desterrado a un monasterio en el 887. En todo caso, en su segundo período, obtuvo el reconocimiento formal del mundo cristiano en un concilio convocado en Constantinopla en noviembre de 879. Los legados del Papa Juan VIII asistieron, dispuesto a reconocer Focio como patriarca legítimo, una concesión por la que el Papa fue muy censurado por la opinión latina.

En el año 1054, el Papa León IX quien, amenazado por los normandos, buscaba una alianza con Bizancio, mandó una embajada a Constantinopla encabezada por su colaborador, el cardenal Humberto de Silva Candida, y formada por los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi. Los legados papales negaron, a su llegada a Constantinopla, el título de ecuménico al Patriarca Miguel I Cerulario y, además, pusieron en duda la legitimidad de su elevación al patriarcado. El patriarca se negó entonces a recibir a los legados. El cardenal respondió publicando su Diálogo entre un romano y un constantinopolitano, en el que se burlaba de las costumbres griegas y, tras excomulgar a Cerulario mediante una bula que depositó el 16 de julio de 1054 sobre el altar de la Iglesia de Santa Sofía, abandonó la ciudad. A su vez, pocos días después (24 de julio), Cerulario respondió excomulgando al cardenal y a su séquito, y quemó públicamente la bula romana, con lo que se inició el Cisma. Alegaba que, en el momento de la excomunión, León IX había muerto y por lo tanto el acto excomunicatorio del cardenal de Silva no habría tenido validez; añade también que se excomulgaron individuos, no Iglesias.

Existen múltiples conjeturas que hacen definir a dicha escisión, y una de ellas pretende suponerse de que el cisma fue más bien resultado de un largo período de relaciones difíciles entre las dos partes más importantes de la Iglesia universal: causas como las pretensiones de suprema autoridad (el título de "ecuménico") del Papa de Roma y las exigencias de autoridad del Patriarca de Constantinopla.

El hecho resaltado fue que, el Obispo de Roma reclamaría autoridad sobre toda la cristiandad, incluyendo a los cuatro Patriarcas más importantes de Oriente. Este tema lleva contrastantes interpretaciones según de lo que viene a ser "la sagrada tradición apostólica" y "las santas escrituras": los Patriarcas y primados en comunión plena con estos, alegaban que, el Obispo de Roma solo podía ser un "primero entre sus iguales" o "Primus inter pares", dejando a la voluntad de Jesucristo la primacía infalible en toda la Iglesia y negar toda estructura piramidal sobre sus Iglesias hermanas. Por su parte, varios de los Papas contemporáneos a sobredicha fecha, pretenderían sostener sus preceptos religiosos, por ejemplo, en los escritos del obispo Ireneo de Lyon (santo padre apostólico), el cual decía que "es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con la Iglesia hermana, por considerarla depositaria primigenia de la Tradición apostólica", dichos pontífices interpretarían como a dicha "Iglesia hermana" a Roma en su caso.

También tuvo gran influencia el Gran Cisma en las variaciones de las prácticas litúrgicas (calendarios y santorales distintos) y disputas sobre las jurisdicciones episcopales y patriarcales.
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor Idamis Sanchez » Jue Oct 09, 2014 8:56 pm

REUNION ECUMENICA
Se puede discutir que ambas iglesias se reunieron en 1274, en el Segundo Concilio de Lyon y en 1439, en el Concilio de Basilea, pero en cada uno de estos eventos, las intenciones conciliares se vieron frustradas por el mutuo repudio posterior.

En años recientes, algunas Iglesias orientales decidieron aceptar la primacía universal del Papa y ahora son denominadas Iglesias orientales católicas. Seis de ellas son patriarcales y todas en conjunto están reunidas en la Congregación para las Iglesias Orientales (Congregatio pro Ecclesiis Orientalibus). Algunas nunca han estado en cisma con la Santa Sede (como la Iglesia maronita y la Iglesia ítalo-albanesa) y otras han surgido de divisiones de las Iglesias ortodoxas o de las antiguas Iglesias nacionales de Oriente.

Con todo, tanto la Iglesia Ortodoxa como la Iglesia católica, reivindican también la exclusividad de la fórmula: "Una, Santa, Católica y Apostólica" implicándose cada una como la única heredera legítima de la Iglesia primitiva o universal y atribuyendo a la otra el haber "abandonado la iglesia verdadera" durante el Gran Cisma. No obstante, tras el Concilio Vaticano II (1962), la Iglesia católica inició una serie de iniciativas que han contribuido al acercamiento entre ambas iglesias, y así el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I decidieron, en una declaración conjunta, el 7 de diciembre de 1965, «cancelar de la memoria de la Iglesia la sentencia de excomunión que había sido pronunciada».

En el siglo VII, como consecuencia de la expansión musulmana, tres de los cuatro Patriarcados orientales cayeron en poder del Islam: Alejandría, Antioquía e Jerusalén. Por eso, el Oriente cristiano se identificó desde entonces con la Iglesia griega o bizantina, es decir, el Patriarcado de Constantinopla y las iglesias nacidas como fruto de su acción misionera, que le reconocían una primacía de jurisdicción o al menos de honor. Estas cristiandades que giraban en la órbita de Constantinopla integraban la Iglesia greco-oriental.

El Cristianismo sufrió la impronta de la contraposición entre Oriente y Occidente, cultura griega y latina. Constantinopla se convirtió en el principal Patriarcado del Oriente cristiano, émulo del Pontificado romano, estrechamente vinculado al Imperio de Bizancio, mientras Roma se alejaba cada vez más de este y buscaba su protección en los emperadores francos o germánicos. En este contexto de creciente frialdad entre las dos Iglesias, las fricciones y enfrentamientos jalonaron un largo proceso de debilitamiento de la comunión eclesiástica.
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor Idamis Sanchez » Jue Oct 09, 2014 9:02 pm

En el siglo VII, como consecuencia de la expansión musulmana, tres de los cuatro Patriarcados orientales cayeron en poder del Islam: Alejandría, Antioquía y Jerusalén. Por eso, el Oriente cristiano se identificó desde entonces con la Iglesia griega o bizantina, es decir, el Patriarcado de Constantinopla y las iglesias nacidas como fruto de su acción misionera, que le reconocían una primacía de jurisdicción o al menos de honor. Estas cristiandades que giraban en la órbita de Constantinopla integraban la Iglesia greco�oriental.

El Cristianismo sufrió la impronta de la contraposición entre Oriente y Occidente, cultura griega y latina. Constantinopla se convirtió en el principal Patriarcado del Oriente cristiano, émulo del Pontificado romano, estrechamente vinculado al Imperio de Bizancio, mientras Roma se alejaba cada vez más de este y buscaba su protección en los emperadores francos o germánicos. En este contexto de creciente frialdad entre las dos Iglesias, las fricciones y enfrentamientos jalonaron un largo proceso de debilitamiento de la comunión eclesiástica.

Las relaciones entre Roma y Constantinopla experimentaron ya una primera ruptura en el siglo V: el cisma de Acacio, que estuvo motivado por las proclividades monofisitas de este patriarca (482) y que se prolongó durante treinta años. Más prolongadas fueron las repercusiones del problema de la inconoclastía. Como es sabido, León III Isáurico un gran emperador que salvó a Bizancio de la amenaza árabe dio origen a una grave crisis religiosa, que alteró durante más de un siglo la vida del Oriente cristiano: en 726 prohibió la veneración de las imágenes sagradas y poco después ordenó su destrucción. León III pretendió que el Papa sancionase sus edictos iconoclastas y ante la rotunda negativa tomó represalias contra la Iglesia romana. En todo caso, las luchas de las imágenes no resultaron desfavorables para las relaciones entre los cristianos orientales y Roma: los defensores de las imágenes entre los que se contaban los monjes y la gran masa del pueblo dirigieron sus miradas hacia el Papado en busca de apoyo.

El patriarca Focio, a pesar de que sabía que abriría un abismo entre griegos y latinos, convirtió en problema la cuestión de la procedencia de la segunda persona de la Santísima Trinidad. De este modo, las diferencias entre griegos y latinos no serían, en adelante, solamente disciplinares y litúrgicas, sino también dogmáticas, con lo que la unidad de la Iglesia quedaba irremediablemente comprometida. Puede afirmarse, en suma, que Focio, un sabio eminente que personificó el genuino espíritu eclesiástico de Constantinopla, contribuyó como nadie a preparar los ánimos para el futuro cisma oriental.

El cisma llegó, sin excesivo dramatismo, en los comienzos de la época gregoriana. Los violentos sentimientos antilatinos del patriarca de Constantinopla Miguel Cerulario y la incomprensión de la mentalidad bizantina por parte de los legados papales Humberto de Silva Candida y Federico de Lorena, enviados para negociar una paz eclesiástica, fueron los factores inmediatos de la ruptura. Humberto depositó una bula de excomunión, el 16 de Julio de 1054, sobre el altar de la catedral de Santa Sofía; Cerulario y su sínodo patriarcal respondieron el 24 del mismo mes excomulgando a los legados y a quienes les habían enviado. El Cisma quedaba así formalmente abierto, aunque cabe pensar que muchos contemporáneos y quizá los propios protagonistas del episodio pudieron creer que se trataba de un incidente más de los muchos registrados hasta entonces en las difíciles relaciones entre Roma y Constantinopla. Lo que parece indudable es que, para la masa del pueblo cristiano griego y latino, el comienzo del cisma de Oriente pasó del todo inadvertido.

El correr del tiempo descubrió a los cristianos la existencia de un auténtico cisma, que había interrumpido la comunión eclesiástica de la Iglesia griega con el Pontificado romano y la Iglesia latina. La vuelta a la unión constituyó desde entonces un objetivo permanente de la Cristiandad. La promovieron Pontífices, la desearon en Constantinopla emperadores y hombres de Iglesia, se celebraron concilios unionistas y hubo momentos como en el concilio II de Lyon (1274) y el de Florencia (1439) en que pareció que se había logrado. No era realmente así, pero tan sólo la caída de Constantinopla en poder de los turcos y la desaparición del Imperio bizantino (1453) pusieron fin a los deseos y a las esperanzas de poner término al cisma de Oriente y reconstruir la unidad cristiana.
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor Idamis Sanchez » Jue Oct 09, 2014 9:10 pm

San Basilio.

Jesus en la CruzPerteneció a una familia de santos. Su abuelo murió mártir en la persecución. La abuela fue Santa Macrina. La mamá: Santa Amelia. La hermana también fue santa. Sus hermanos San Pedro obispo de Sebaste y San Gregorio Niceno. Su mejor amigo San Gregorio Nacianceno (el otro santo que se celebra este día).

Basilio significa: "Rey". Nació en Cesarea de Turquía el año 329. Estudió en Atenas y Constantinopla.

Al ver que su hermana Santa Macrina había fundado un monasterio de monjas y que éstas progresaban mucho en santidad, Basilio se fue a Egipto a aprender de los monjes del desierto el modo de vivir como monje, en soledad; y al volver de allá se hizo monje y redactó sus famosas "Constituciones" que son la primera Regla de vida que se escribió para los religiosos. En ellas enseña cómo vivir en oración, estudio, buenas lecturas y trabajos manuales en un monasterio y cómo hacerse santo en la vida religiosa. En esas "Constituciones" se han basado los más famosos fundadores de Comunidades para redactar los Reglamentos de sus Congregaciones.

Basilio fue elegido Arzobispo de Cesarea, y el delegado del gobierno quiso hacerle renegar de la fe. Varios habían renegado por miedo. Pero nuestro santo le respondió: ¿Qué me vas a poder quitar si no tengo casas ni bienes, pues todo lo repartí entre los pobres? ¿Acaso me vas a atormentar? Es tan débil mi salud que no resistiré ni un día de tormentos sin morir y no podrás seguir atormentándome. ¿Que me vas a desterrar? A cualquier sitio a donde me destierres, allá estará Dios, y donde esté Dios, allí es mi patria, y allí me sentiré contento… El gobernador le respondió admirado: "Jamás nadie me había contestado así". Y Basilio añadió: "Es que jamás te habías encontrado con un obispo". El gobernante no se atrevió a castigarlo porque le pareció que era un gran santo, y porque todo el pueblo lo veneraba inmensamente.

Por su oratoria maravillosa, por sus admirables escritos y por las muchísimas obras que hizo en favor del pueblo, fue llamado "Basilio el Grande". Era amado por cristianos, judíos y paganos. San Gregorio decía: "Cada vez que leo un escrito de Basilio, siento que el Espíritu Santo transforma mi alma". Sus escritos tienen lo que se llama "Unción", o sea la cualidad especial de que conmueven al que los lee.

Además de su arrebatadora elocuencia, Basilio tenía una asombrosa actividad en favor de los necesitados. Fue al primero que se le ocurrió fundar por allí un Hospital para pobres y un ancianato. Todo, todo lo que llegaba lo regalaba a los necesitados.

Estudió mucho la Biblia y sus sermones están llenos de frases de la Sagrada Escritura. Y era especializado en filosofía y en literatura y así sus escritos están redactados de una manera muy sabia y agradable.

Se conservan unas 365 cartas suyas, muy hermosas y de provechosa lectura para el alma.

Su pensamiento dominante después del amor a Dios, era ayudar y hacer que otros ayudaran a los pobres. De San Basilio son aquellas famosas palabras: "Óyeme cristiano que no ayudas al pobre: tú eres un verdadero ladrón. El pan que no necesitas le pertenece al hambriento. Los vestidos que ya no usas le pertenecen al necesitado. El calzado que ya no empleas le pertenece al descalzo. El dinero que gastas en lo que no es necesario es un robo que le estás haciendo al que no tiene con que comprar lo que necesita. Si pudiendo ayudar no ayudas, eres un verdadero ladrón".

Trabajaba y escribía sin cesar. La gente decía: "El obispo Basilio predica a todas horas: en las misas, en las reuniones, en las catequesis, y cuando no está hablando con sus labios, está predicando con las buenas obras que hace en favor de los demás".

Y eso a pesar de la salud tan débil que tenía. Sufría de hepatitis, la cual no le permitía casi alimentarse, hasta tal punto que su piel llegó a tocar sus huesos.

Murió el 1o. De Enero del año 379 cuando sólo tenía 49 años y fue sepultado el 2 de enero, en medio de un gentío tan grande y unos lloros tan impresionantes como nunca se habían presenciado en aquella ciudad capital.

Todos sus escritos y sus sermones tiene por fin hacer que la gente ame más a Dios y se vuelva más santa. Por eso es considerado como el primer escritor ascético del oriente (ascética es la ciencia que enseña a dominarse a sí mismo y a ser santo).

San Gregorio Niacianceno, Arzobispo de Constantinopla, dijo en su discurso el día del entierro: "Basilio santo, nació entre los santos. Basilio pobre vivió pobre entre los pobres. Basilio, hijo de mártires sufrió como un mártir. Basilio predicó siempre con sus labios, y con sus buenos ejemplos y seguirá predicando siempre con sus escritos admirables".

San Basilio el Grande: ¡Ruega por nosotros!
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor PEPITA GARCIA 2 » Jue Oct 09, 2014 9:31 pm

Idamis Sanchez escribió:San Basilio.

Jesus en la CruzPerteneció a una familia de santos. Su abuelo murió mártir en la persecución. La abuela fue Santa Macrina. La mamá: Santa Amelia. La hermana también fue santa. Sus hermanos San Pedro obispo de Sebaste y San Gregorio Niceno. Su mejor amigo San Gregorio Nacianceno (el otro santo que se celebra este día).

Basilio significa: "Rey". Nació en Cesarea de Turquía el año 329. Estudió en Atenas y Constantinopla.

Al ver que su hermana Santa Macrina había fundado un monasterio de monjas y que éstas progresaban mucho en santidad, Basilio se fue a Egipto a aprender de los monjes del desierto el modo de vivir como monje, en soledad; y al volver de allá se hizo monje y redactó sus famosas "Constituciones" que son la primera Regla de vida que se escribió para los religiosos. En ellas enseña cómo vivir en oración, estudio, buenas lecturas y trabajos manuales en un monasterio y cómo hacerse santo en la vida religiosa. En esas "Constituciones" se han basado los más famosos fundadores de Comunidades para redactar los Reglamentos de sus Congregaciones.

Basilio fue elegido Arzobispo de Cesarea, y el delegado del gobierno quiso hacerle renegar de la fe. Varios habían renegado por miedo. Pero nuestro santo le respondió: ¿Qué me vas a poder quitar si no tengo casas ni bienes, pues todo lo repartí entre los pobres? ¿Acaso me vas a atormentar? Es tan débil mi salud que no resistiré ni un día de tormentos sin morir y no podrás seguir atormentándome. ¿Que me vas a desterrar? A cualquier sitio a donde me destierres, allá estará Dios, y donde esté Dios, allí es mi patria, y allí me sentiré contento… El gobernador le respondió admirado: "Jamás nadie me había contestado así". Y Basilio añadió: "Es que jamás te habías encontrado con un obispo". El gobernante no se atrevió a castigarlo porque le pareció que era un gran santo, y porque todo el pueblo lo veneraba inmensamente.

Por su oratoria maravillosa, por sus admirables escritos y por las muchísimas obras que hizo en favor del pueblo, fue llamado "Basilio el Grande". Era amado por cristianos, judíos y paganos. San Gregorio decía: "Cada vez que leo un escrito de Basilio, siento que el Espíritu Santo transforma mi alma". Sus escritos tienen lo que se llama "Unción", o sea la cualidad especial de que conmueven al que los lee.

Además de su arrebatadora elocuencia, Basilio tenía una asombrosa actividad en favor de los necesitados. Fue al primero que se le ocurrió fundar por allí un Hospital para pobres y un ancianato. Todo, todo lo que llegaba lo regalaba a los necesitados.

Estudió mucho la Biblia y sus sermones están llenos de frases de la Sagrada Escritura. Y era especializado en filosofía y en literatura y así sus escritos están redactados de una manera muy sabia y agradable.

Se conservan unas 365 cartas suyas, muy hermosas y de provechosa lectura para el alma.

Su pensamiento dominante después del amor a Dios, era ayudar y hacer que otros ayudaran a los pobres. De San Basilio son aquellas famosas palabras: "Óyeme cristiano que no ayudas al pobre: tú eres un verdadero ladrón. El pan que no necesitas le pertenece al hambriento. Los vestidos que ya no usas le pertenecen al necesitado. El calzado que ya no empleas le pertenece al descalzo. El dinero que gastas en lo que no es necesario es un robo que le estás haciendo al que no tiene con que comprar lo que necesita. Si pudiendo ayudar no ayudas, eres un verdadero ladrón".

Trabajaba y escribía sin cesar. La gente decía: "El obispo Basilio predica a todas horas: en las misas, en las reuniones, en las catequesis, y cuando no está hablando con sus labios, está predicando con las buenas obras que hace en favor de los demás".

Y eso a pesar de la salud tan débil que tenía. Sufría de hepatitis, la cual no le permitía casi alimentarse, hasta tal punto que su piel llegó a tocar sus huesos.

Murió el 1o. De Enero del año 379 cuando sólo tenía 49 años y fue sepultado el 2 de enero, en medio de un gentío tan grande y unos lloros tan impresionantes como nunca se habían presenciado en aquella ciudad capital.

Todos sus escritos y sus sermones tiene por fin hacer que la gente ame más a Dios y se vuelva más santa. Por eso es considerado como el primer escritor ascético del oriente (ascética es la ciencia que enseña a dominarse a sí mismo y a ser santo).

San Gregorio Niacianceno, Arzobispo de Constantinopla, dijo en su discurso el día del entierro: "Basilio santo, nació entre los santos. Basilio pobre vivió pobre entre los pobres. Basilio, hijo de mártires sufrió como un mártir. Basilio predicó siempre con sus labios, y con sus buenos ejemplos y seguirá predicando siempre con sus escritos admirables".

San Basilio el Grande: ¡Ruega por nosotros!


*****"
Idamis Sanchez, escribió:
San Basilio.


Jesus en la CruzPerteneció a una familia de santos??????. Su abuelo murió mártir en la persecución. La abuela fue Santa Macrina. La mamá: Santa Amelia. La hermana también fue santa. Sus hermanos San Pedro obispo de Sebaste y San Gregorio Niceno. Su mejor amigo San Gregorio Nacianceno (el otro santo que se celebra este día).

Buenas noches Idamis, gracias por tu aporte.

Revisemos por favor, lo que escribimos, antes de enviar. Gracias

Pepita
"No anteponer nada al amor de Dios"

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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor sandel » Jue Oct 09, 2014 11:17 pm

Buenas noches.

CISMA DE ORIENTE
El Cisma de Oriente y Occidente, o el Gran Cisma (usado también para referirse al Cisma de Occidente), o en su menor medida conocido como Cisma de 1054, hace referencia a un evento conflictivo de carácter religioso que ocurrió en el año 1054. En dicho conflicto se produjo la mutua separación y excomunión entre el máximo jerarca de la Iglesia católica en Roma, el Papa u Obispo de Roma, — junto con la mayoría de la cristiandad de Occidente, — de los jerarcas eclesiásticos de las Iglesias ortodoxas — junto con la mayoría de la cristiandad de Oriente, — especialmente del principal de ellos, el patriarca ecuménico de Constantinopla.

Controversia filioque
Artículo principal: Cláusula filioque
En el año 589, durante el Tercer Concilio de Toledo, donde tuvo lugar la solemne conversión de los visigodos al catolicismo, se produjo la añadidura del término filioque (traducible como "y del Hijo"), por lo que el Credo pasaba a declarar que el Espíritu Santo procede no exclusivamente del Padre como decía el credo Niceno, sino del Padre y del Hijo al decir:
et in Spiritum Sanctum, dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit ("y en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo")
En el año 568 el nombre del Papa fue retirado de los dípticos del patriarcado de Constantinopla. Se discute todavía entre los historiadores cuál ha sido el motivo de este cambio. Una causa pudo ser el hecho de que el Papa Sergio IV había enviado al patriarca de Constantinopla una profesión de fe que contuviera el filioque y eso habría provocado la incomprensión de parte del patriarca.
Aunque la inserción del Filioque en el credo latino estaba en las diferentes liturgias europeas desde el siglo VI, y sobre todo en la carolingia desde el siglo IX, la liturgia romana no incluía la recitación del credo en la liturgia. En 1014 con motivo de su coronación como emperador del Sacro Imperio, Enrique II solicitó al Papa Benedicto VIII la recitación del Credo. El Papa, necesitado del apoyo militar del emperador, accedió a su petición y lo hizo según la praxis vigente por entonces en Europa: de este modo, por primera vez en la historia el filioque se usó en Roma.
Según cuenta un historiador del tiempo, Rodolfo Glabro, la Iglesia griega quería en aquellos primeros años del milenio encontrar una especie de entendimiento con la Iglesia latina de manera que «con el consenso del Romano Pontífice la Iglesia de Constantinopla fuese declarada y considerada universal en su propia esfera, así como Roma en el mundo entero». Esto implicaba una doble forma de ser una sola Iglesia católica. El Papa Juan XIX pareció vacilante ante la propuesta de la iglesia griega lo cual le supuso recibir la recriminación de algunos monasterios que estaban por la reforma eclesial.

Cisma
Comienzo del conflicto
Un precedente del Cisma tuvo lugar en el año 857 cuando el emperador bizantino Miguel III, llamado el beodo, y su ministro Bardas, expulsaron de su sede de Constantinopolitana al patriarca San Ignacio (conmemorado hoy en día santo, tanto en la Iglesia ortodoxa, como en la Iglesia católica). Lo reemplazaron por un nuevo candidato para dicho puesto,Focio, quien en seis días recibió todas las órdenes de la Iglesia. Focio comenzó a entrar en desacuerdo con el Papa Nicolás, y recibió la entronización.
Hay muchas perspectivas y opiniones referente a la vida de dicho Obispo tanto en pro como en su contra, para los que no lo aprobaban en su primacía, fue descrito como "el hombre más artero y sagaz de su época: hablaba como un santo y obraba como un demonio"; en cuanto en su favor, fue reconocido como un "importante constructor de paz de la época", incluso el Papa Nicolás se refirió a él en sus "grandes virtudes y el conocimiento universal",3 poco tiempo antes de la muerte del Patriarca Ignacio, este había abogado para que Focio fuera restituido como su sucesor después de su segundo período, manifestando su alta estima y favor por este. Pero Focio fue destituido y desterrado a un monasterio en el 887. En todo caso, en su segundo período, obtuvo el reconocimiento formal del mundo cristiano en un concilio convocado en Constantinopla en noviembre de 879. Los legados del Papa Juan VIII asistieron, dispuesto a reconocer Focio como patriarca legítimo, una concesión por la que el Papa fue muy censurado por la opinión latina.
En el año 1054, el Papa León IX quien, amenazado por los normandos, buscaba una alianza con Bizancio, mandó una embajada a Constantinopla encabezada por su colaborador, el cardenal Humberto de Silva Candida, y formada por los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi. Los legados papales negaron, a su llegada a Constantinopla, el título de ecuménico al Patriarca Miguel I Cerulario y, además, pusieron en duda la legitimidad de su elevación al patriarcado. El patriarca se negó entonces a recibir a los legados. El cardenal respondió publicando su Diálogo entre un romano y un constantinopolitano, en el que se burlaba de las costumbres griegas y, tras excomulgar a Cerulario mediante una bula que depositó el 16 de julio de 1054 sobre el altar de la Iglesia de Santa Sofía, abandonó la ciudad. A su vez, pocos días después (24 de julio), Cerulario respondió excomulgando al cardenal y a su séquito, y quemó públicamente la bula romana, con lo que se inició el Cisma. Alegaba que, en el momento de la excomunión, León IX había muerto y por lo tanto el acto excomunicatorio del cardenal de Silva no habría tenido validez; añade también que se excomulgaron individuos, no Iglesias.
Existen múltiples conjeturas que hacen definir a dicha escisión, y una de ellas pretende suponerse de que el cisma fue más bien resultado de un largo período de relaciones difíciles entre las dos partes más importantes de la Iglesia universal: causas como las pretensiones de suprema autoridad (el título de "ecuménico") del Papa de Roma y las exigencias de autoridad del Patriarca de Constantinopla.
El hecho resaltado fue que, el Obispo de Roma reclamaría autoridad sobre toda la cristiandad, incluyendo a los cuatro Patriarcas más importantes de Oriente. Este tema lleva contrastantes interpretaciones según de lo que viene a ser "la sagrada tradición apostólica" y "las santas escrituras": los Patriarcas y primados en comunión plena con estos, alegaban que, el Obispo de Roma solo podía ser un "primero entre sus iguales" o "Primus inter pares", dejando a la voluntad de Jesucristo la primacía infalible en toda la Iglesia y negar toda estructura piramidal sobre sus Iglesias hermanas. Por su parte, varios de los Papas contemporáneos a sobredicha fecha, pretenderían sostener sus preceptos religiosos, por ejemplo, en los escritos del obispo Ireneo de Lyon (santo padre apostólico), el cual decía que "es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con la Iglesia hermana, por considerarla depositaria primigenia de la Tradición apostólica", dichos pontífices interpretarían como a dicha "Iglesia hermana" a Roma en su caso.
También tuvo gran influencia el Gran Cisma en las variaciones de las prácticas litúrgicas (calendarios y santorales distintos) y disputas sobre las jurisdicciones episcopales y patriarcales.


Reunión ecuménica
Se puede discutir que ambas iglesias se reunieron en 1274, en el Segundo Concilio de Lyon y en 1439, en el Concilio de Basilea, pero en cada uno de estos eventos, las intenciones conciliares se vieron frustradas por el mutuo repudio posterior.
En años recientes, algunas Iglesias orientales decidieron aceptar la primacía universal del Papa y ahora son denominadas Iglesias orientales católicas. Seis de ellas son patriarcales y todas en conjunto están reunidas en la Congregación para las Iglesias Orientales (Congregatio pro Ecclesiis Orientalibus). Algunas nunca han estado en cisma con la Santa Sede (como la Iglesia maronita y la Iglesia ítalo-albanesa) y otras han surgido de divisiones de las Iglesias ortodoxas o de las antiguas Iglesias nacionales de Oriente.
Con todo, tanto la Iglesia Ortodoxa como la Iglesia católica, reivindican también la exclusividad de la fórmula: "Una, Santa, Católica y Apostólica" implicándose cada una como la única heredera legítima de la Iglesia primitiva o universal y atribuyendo a la otra el haber "abandonado la iglesia verdadera" durante el Gran Cisma. No obstante, tras el Concilio Vaticano II (1962), la Iglesia católica inició una serie de iniciativas que han contribuido al acercamiento entre ambas iglesias, y así el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico Atenágoras I decidieron, en una declaración conjunta, el 7 de diciembre de 1965, «cancelar de la memoria de la Iglesia la sentencia de excomunión que había sido pronunciada».
En el siglo VII, como consecuencia de la expansión musulmana, tres de los cuatro Patriarcados orientales cayeron en poder del Islam: Alejandría, Antioquía e Jerusalén. Por eso, el Oriente cristiano se identificó desde entonces con la Iglesia griega o bizantina, es decir, el Patriarcado de Constantinopla y las iglesias nacidas como fruto de su acción misionera, que le reconocían una primacía de jurisdicción o al menos de honor. Estas cristiandades que giraban en la órbita de Constantinopla integraban la Iglesia greco-oriental.
El Cristianismo sufrió la impronta de la contraposición entre Oriente y Occidente, cultura griega y latina. Constantinopla se convirtió en el principal Patriarcado del Oriente cristiano, émulo del Pontificado romano, estrechamente vinculado al Imperio de Bizancio, mientras Roma se alejaba cada vez más de este y buscaba su protección en los emperadores francos o germánicos. En este contexto de creciente frialdad entre las dos Iglesias, las fricciones y enfrentamientos jalonaron un largo proceso de debilitamiento de la comunión eclesiástica.

Saludos cordiales.
sandel
 
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Re: 8. La Orden de San Basilio. Semana del 6 de octubre

Notapor AMunozF » Jue Oct 09, 2014 11:24 pm

--La Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, Belén y Nazaret--

INTRODUCCIÓN

La Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro es una de las órdenes de caballería que sobreviven a la caída del Reino de Jerusalén y a los intentos por los caballeros Cruzados de ganar el control de la Tierra Santa a las fuerzas del Islam. En teoría la Orden permaneció militar, pero con la excepción de un breve período en el s. XVII no desempeñó ningún papel militar después de 1291. La Orden de San Lázaro es una de las más antiguas órdenes Europeas de caballería. Por lo menos se remonta a la época de los caballeros Cruzados. Desde su fundación en el s. XII, los miembros de la orden estuvieron dedicados a dos ideales: ayudar a aquellas personas que sufren la terrible enfermedad de la lepra y la defensa de la fe Cristiana.

Hoy la Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén es un organismo internacional autónomo e independiente, teniendo su propia Constitución; se puede comparar con una especie de reino electoral. Según la Constitución de la Orden es apolítica, ecuménica o sin denominación, pues su membresía está abierta a todos los hombres y mujeres miembros practicantes de la fe Cristiana en buena posición dentro de su denominación en particular. Su membresía internacional está formada por Católicos, Anglicanos, Protestantes, Ortodoxos, Unidos, Católicos Tradicionalistas, Apostólicos nuevos y otros Cristianos, defendiendo con sus vidas, fortunas y honor los principios del Cristianismo. Tradicionalmente está organizada como una Orden de Caballería Cristiana. La Orden está registrada en Londres con arreglo a las leyes de Inglaterra.

Es ambos, una Orden Militar de Piedad y una Orden Hospitalaria dedicada al cuidado y asistencia de los pobres y los enfermos. Su objetivo es preservar y defender la fe Cristiana, para proteger, asistir, socorrer y ayudar a los pobres, los enfermos y los moribundos, para promover y mantener los principios de la Caballería Cristiana y seguir las enseñanzas de Cristo y Su Santa Iglesia en todos sus trabajos.

Con la excepción de la actual Orden Teutona ("Deutscher Orden") la Orden de San Lázaro es hoy la más pequeña de las órdenes de caballería Cristiana. Se compone de aproximadamente 5 mil miembros en los cinco continentes. La Orden se ve como una Orden Cristiana Ecuménica cuyo principio vuelve a Tierra Santa, las cruzadas y el Reino de Jerusalén.

HISTORIA

La Orden de San Lázaro vio sus orígenes en Tierra Santa después de la Primer Cruzada de 1099. Como las otras órdenes hospitalarias y militares establecidas en Tierra Santa para ayudar y socorrer a los peregrinos, la Orden de San Lázaro tiene una historia subsecuente turbulenta y variada. Su ámbito original en Jerusalén era ayudar y socorrer a los leprosos en el Reino de Jerusalén en su leprosario a las afueras de los muros de Jerusalén. Los primeros documentos que hacen mención de los leprosos de Sancti Lazari están fechados en la segunda década del s. XII, mientras que un relato anónimo titulado "Trabajo sobre Geografía" datado en el tercer decenio del s. XII describe "una vivienda de leprosos" "más allá de los muros de Jerusalén entre la Torre de Tancredo y la Puerta de San Esteban". El leprosis ecclesie Sancti Lazari está representado en un mapa contemporáneo fechado en el 1130. Desde sus humildes orígenes en Jerusalén, la Orden había expandido su rango de influencia en Tierra Santa adquiriendo una iglesia, un convento y un molino en Jerusalén y propiedad cerca del Monte de los Olivos. Construyó una capilla en Tiberíades y dos hospitales para peregrinos en Armenia. Adquirió más establecimientos en Nablus, Ascalón y Cesarea. Además estableció otra casa en Acre y amplió su papel a otras tierras europeas incluyendo el sur de Italia, Europa Central, Francia e Inglaterra. Esto garantiza que la orden tenía una base económica modesta compuesta por tierras, diezmos, rentas y privilegios suficientes para mantener sus actividades en Tierra Santa. La Orden se vio obligada a abandonar su leprosario en Jerusalén en 1191 después de que Saladino sitió y capturó la ciudad. La Orden entonces estableció su nueva base en su edificio en Acre.

A principios del s. XIII, la orden había ampliado su papel en Tierra Santa. En su Bula fechada en 1227, el Papa Gregorio IX se refiere a los hermanos, caballeros y clérigos de San Lázaro. Esto sugiere que la Orden había asumido un papel militar y textos contemporáneos confirman que los miembros de la Orden de San Lázaro participaban en las campañas en defensa de Tierra Santa, incluyendo la batalla de Gaza en 1244 donde textos contemporáneos afirman que "fueron asesinados todos los caballeros leprosos de la casa de San Lázaro" y en la batalla de Mensura en 1250. A pesar de las derrotas militares, para 1256 la Orden de San Lázaro había crecido considerablemente y su existencia bajo la Regla de San Agustín fue reconocida por el Papa Alejandro IV. Los Caballeros de la Orden también participaron en la defensa de Acre en 1291 cuando el ejército Sarraceno bajo las órdenes del Sultán Khalid en un sitio relajado. Junto con las otras cuatro Órdenes militares – los Templarios, los Hospitalarios de San Juan, los Caballeros Teutones y los Caballeros de Sto. Tomás – los Lazaristas lucharon fuertemente para mantener su fortaleza pero fueron sobrepasados por el ataque de los Sarracenos. Todos los hermanos militares de la Orden de San Lázaro presentes en Acre fueron asesinados durante la defensa de la ciudad.

Tras la expulsión de las fuerzas Cristianas de Tierra Santa, la Orden de San Lázaro restableció su sede en Boigny cerca de Orléans en Francia. La propiedad en Boigny fue originalmente donada a la Orden por el rey San Luis VII tras su regreso de la Cruzada en 1154 y erigida en una baronía en 1288. Las otras casas en otras tierras Europeas permanecieron supeditadas a la casa madre en Francia.

En el s. XV, el azote de la lepra en Europa había disminuido notablemente y la Orden de San Lázaro lentamente había perdido su razón de ser. Maquinaciones políticas condujeron al Papa Sixto IV en 1479 para permitir que el Lazareto Inglés establecido en el Lazareto Burton reforzara sus vínculos administrativos de Boigny. La rama Inglesa de la Orden fue abolida por el rey Enrique VIII en 1544; aunque sin el consentimiento papal. El Papa Inocente VIII en 1489 intentó transferir los fondos de la Orden de San Lázaro a la Orden de San Juan luego entonces establecida en Rodas, en efecto fusionando las dos órdenes. Los caballeros Lazaristas se opusieron enérgicamente y se negaron a reconocer la validez de la Bula Papal. La Bula de 1489 fue revertida por el Papa León X en 1517 que restableció la Orden de San Lázaro con un centro en Capua en Italia meridional. Los caballeros Franceses se resistieron a esta transferencia de la casa madre de la Orden al sur de Sicilia. El establecimiento de dos casas centrales condujo a una división dentro de la Orden – el centro tradicional de Boigny y el nuevo centro en Capua. Ambos seguirían cursos diferentes en su historia posterior. La casa de Capua fue en 1572 fusionada por el Papa Gregorio XIII con la Orden de San Mauricio eventualmente unidos en la nueva Orden – ahora llamada la Orden de San Lázaro y San-Mauricio - con la Casa de Saboya y el Gran Maestrazgo fue asumido por el Duque de Saboya Emmanuelle Filberto.

Los caballeros franceses Lazaristas continuaron resistiendo la fusión de la Orden con la Casa de Saboya y mantuvieron su propia organización apoyada por el Rey Enrique III. En 1608, el Rey Enrique IV combinó la administración y las propiedades de la Orden de San Lázaro con la recién creada Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo, siendo ambas puestas bajo un Gran Maestre - Philibert, Marqués de Nérestang de Saint-Didier. Esta unión administrativa de los Ordres Royaux Militaires et Hospitaliers de Saint-Lazare et de Notre-Dame de Mont-Carmel recibieron aceptación Canónica confirmada por las Bulas emitidos por el Cardenal de Vendome en 1668 y el Papa Inocente XII en 1695. Las Órdenes unidas fueron declaradas Protectorados de la Corona Francesa y la Orden junior ligada a la École Militaire. El alcance de las Órdenes unidas se transformó ahora en premios que otorgan distinciones militares o por los servicios prestados a la Corona. Las dos Órdenes seguían siendo entidades separadas y conservaban diferentes insignias ambas basadas en la Cruz de ocho puntas para uso de sus miembros.

Después de la segunda década del s. XVIII, la relación de las Órdenes unidas a la casa Real Francesa se incrementó aún más desde que la Reina Regente de Philippe Charles d'Orléans en 1720 nombró a su hijo Louis d'Orléans et de Châtre como Gran Maestre de las Órdenes. Esto empezó la tendencia por el s. XIX donde posteriores Grandes Maestres y/o protectores eran miembros de la Casa Real Francesa. Estos incluyen los hijos del rey Luis XV: Luis de Francia de Berry posteriormente Rey Luis XVI [GM 1757-1773; protector 1773-1792], y Luis Estanislao Xavier de Francia de Provenza posterior Rey Luis XVIII [GM 1773-1814; protector 1814-1824]. El Rey Carlos X sirvió como protector durante su reinado [1824-1930].

Los problemas económicos y sociales que plagaron la sociedad francesa durante la segunda mitad del s. XVIII condujeron a un período de agitación política y social en Francia. El movimiento de la Revolución Francesa comenzó en 1787, pero estallaron en una violenta agitación en 1789. Esta agitación era ver el juicio y la ejecución del rey, gran derramamiento de sangre y represión durante el Reinado del Terror y guerra que involucra a todas las otras grandes potencias europeas. La Revolución se propuso abolir toda la parafernalia simbólica que representaba el Anciano Régimen. Esto incluía las Órdenes Caballerescas en Francia incluyendo la orden de San Lázaro y de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Una serie de leyes promulgadas por la Asamblea Nacional Francesa llevaron en 1793 a la supresión de las Órdenes en Francia. Las Órdenes cesaron de tener reconocimiento legal en Francia por la duración de la Primera República Francesa [1792-1804] y el Primer Imperio Francés [1804-1814]. Sin embargo, ambas Órdenes habiéndose establecido por la autoridad Papal, la supresión en Francia no era una disolución legal puesto que no había actus contrarius de parte de la Santa Sede. El Gran Maestre Louis Stanislas Xavier se fue al exilio con un grupo de leales seguidores, incluyendo a miembros de la Orden. Durante este período, el Gran Maestre invistió a un número de dignatarios en la Orden de San Lázaro, incluyendo en 1798 al Zar Pablo I y sus hijos Grandes Duques Alexander y Constantino, junto con otras veinte personalidades en la Corte Rusa.

En 1812, Napoleón Bonaparte se embarcó en una invasión a Rusia. Esta campaña fue el momento crucial de su fortuna y se vio obligado a retirarse y rendirse en 1814. Luis Estanislao Xavier, cabeza de la familia Borbón, fue solicitado por el Senado francés para que reasumiera el trono de Francia. Al asumir el reinado, el nuevo Rey Luis XVIII de nuevo procedió a revivir las órdenes caballerescas del Ancien Régime incluyendo la Orden de San Lázaro. Sin embargo él abandonó el magisterio pero se convirtió en Protector de la Orden dejando la administración en manos del Teniente General Claude Louis Raoul de Le Châtre, asistido por Augustin Francoise de Silvestre, el Heraldo Bon-Joseph Dacier y Capellán el Padre Picot. En 1824, ambos, el Rey Luis XVIII y el Duc de Châtre murieron. Sus respectivos roles son tomados por el Rey Carlos X y Jean Louis Beaumont d'Autichamp. Mientras que durante el período de Restauración de los Borbones, la Orden no disfrutó el mismo prestigio y estatus del Ancien Régime, lentamente reasumió su contratación. La Revolución de Julio de 1830 era para convertir las fortunas de la Orden de San Lázaro. La Revolución de Julio forzó la abdicación del Rey Carlos X y su hijo el Rey Luis XIX. La realeza fue asumida por Louis Philippe d'Orléans. En 1830, un edicto retiró la protección Real de la Orden de San Lázaro, aún cuando la Orden conservaba su fons honorum Papal original, sus miembros continuaron asociándose y organizándose utilizando sus viejos títulos hasta bien entrado el s. XIX. El gobierno de la Orden fue dirigido por un Consejo de Oficiales que incluía inicialmente a Autichamp, Jean de la Rochefoucauld, de Silvestre, Dacier y Fray Picot.

A mediados del s. XIX, la Orden había atraído su atención a la ayuda filantrópica de la reconstrucción del monasterio de Nuestra Señora del Monte Carmelo en Haifa en Tierra Santa. Esta actividad, junto con una visita de Patriarca Melquita Máximos III Malzoum a París, probablemente condujo al establecimiento de vínculos entre la Orden y el Patriarca Melquita, a quien había sido delegada la responsabilidad de todos los Cristianos en Tierra Santa por el Papa Gregorio XVI en 1838. El fons honorum Papal original aparentemente se mantuvo aunque el Patriarca Melquita aceptaba servir como el Protector Espiritual de la Orden. El entorno social que prevalecía durante la Monarquía de Julio y al principio de la Segunda República Francesa en 1848 no era muy propicio para una campaña de reclutamiento activo. En 1850, la Orden contaba con sólo unos veinte miembros, varios de los cuales habían sido admitidos durante el Antiguo Régimen. El último miembro del Ancien Régime Antoine de Carry des Gouttes murió en 1857 asegurando que en la ausencia de un actus contrarius promulgado por la Santa Sede, la existencia legal de la Orden estaba garantizada por el Derecho Canónico hasta 1957. El reclutamiento durante la segunda mitad del s. XIX permaneció limitado a un número de Prelados Melquitas distinguidos y diferentes políticos franceses y oficiales navales. En 1896, miembros de la Orden fueron siendo denominados los Nobles Hospitalarios de San Lázaro o Caballeros Hospitalarios de San Lázaro.

A comienzos del s. XIX durante el reinado del Patriarca Melquita Cirilo VIII Geha, una serie de reformas administrativas fueron iniciadas porque la Cancillería de la Orden fue restablecida en su sede histórica en Francia. El Estatuto de la Orden, ahora llamado Los Caballeros Hospitalarios de San Lázaro de Jerusalén y de Nuestra Señora de la Merced, fue revisado. El gobierno fue explícitamente puesto en las manos de la Magistratura cuyas decisiones eran soberanas e irrevocables, por lo tanto haciendo completamente laica a la Orden. El Patriarca Melquita fue identificado como el Sumo Pontífice. Los miembros de la Orden debían proporcionar recursos que debían ser transmitidos sin demora al Patriarcado. Estos recursos eran para ser usados entre los hospicios, misiones y trabajos en Palestina y el Oriente para mayor gloria de la Santa Iglesia, evangelización de los infieles y el consuelo de los pobres y enfermos. El Consejo de Oficiales incluido el Canciller Paul Watrin [admitido en 1909]; Juez de Armas Paul Beugnot [admitido en 1910]; y Capellán y Limosnero Canon Jean Tanski [admitido en 1863]. Después de esta reorganización en una larga carta de fecha 3 de junio de 1911 dirigida al nuevo Canciller, Patriarca Cyril VIII analizaron el papel de la Iglesia Oriental en el que la Orden era interesada y concluyó: "Finalmente, como un compromiso de nuestro reconocimiento y afecto, otorgamos nuestra bendición a toda la Orden".

Estas reformas administrativas iniciadas recientemente recibieron un revés significativo con el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. El Gobierno Otomano en el Cercano Oriente condenó al Patriarca Cyril VIII a muerte debido a su oposición a sus políticas. El Patriarca se escapó a Egipto donde fue obligado a permanecer hasta su muerte en 1916. Tras el final de la Primera Guerra Mundial en 1918 y la derrota del Imperio Otomano, un nuevo Patriarca en la persona de Demetrios I Cadi fue elegido en marzo de 1919. Bajo este Patriarcado y la de su sucesor Cirilo IX Moghabghab [1925-1947], la Orden reforzó su organización e incrementó su reclutamiento. En marzo de 1926, el Patriarca escribió una carta muy larga desde Beirut a los miembros de la Orden, en la que dijo: "el trabajo del reclutamiento de sacerdotes y su apoyo en pueblos empobrecidos pueblos..., logrado por mis amados hijos Hospitalarios de San Lázaro de Jerusalén, es una obra de carácter esencialmente misionero y digna de sus tradiciones. Dios les recompensará seguramente una cien veces, porque tendrán el mérito de salvar miles de almas para Dios. En particular recomendar todos estos esfuerzos a usted, le envío a usted y a todos sus correligionarios en la Orden en mi paternal bendición..."

De conformidad con la legislación francesa de 1901 la regulación de las organizaciones no gubernamentales, la Orden misma en 1927 se organizó como la Asociación Francesa de los Hospitalarios de San Lázaro de Jerusalén bajo la Presidencia del Marqués de l' Eglise de Ferrier de Felix [admitido en la Orden en 1920]. Mons. Attié, del Archimandrita del Patriarcado Melquita y rector de la Iglesia de San Julián de los Pobres en París, se instaló como Capellán de la Orden. En 1929, la Orden publicó una edición de sus Normas y Estatutos que recapitulan costumbres ancestrales de la Orden mientras adaptándolos a los tiempos modernos y confiando en la base de la Ley Fundamental de los Caballeros y Hospitalarios que habían elaborado en 1841 en el momento de la reanudación de los vínculos entre los Caballeros Hospitalarios y el Patriarcado Melquita. Los años subsecuentes vieron la expansión de la Orden más allá de las fronteras francesas, en particular en España y Polonia, pero también en las Américas. En 1929, más de cincuenta personas se unieron a las filas incluyendo el Obispo de Lille Cardenal Lienart, el Arzobispo de Nueva York Cardenal Hayes, el Obispo de Luck y Zytornec Mgr. Dub. Dubowski, General de Castelnau, Almirante Lacaze, General Weygand, de don Francisco de Borbón y de Borbón, el Duc de Clermont-Tonnerre, el Marqués de Migré, el Marqués de Bellevue y Coronel Raoul Hospital. Jefes de Estados, como los Presidentes de la República Dominicana, Haití y Brasil fueron más tarde honrados por la orden.

En 1930, el Consejo de la Orden propone restablecer un vínculo administrativo a los tradicionales protectores de la casa de Borbón y en diciembre de 1935, S.A.R. Francisco de Paula de Borbón y de la Torre, Duque de Sevilla y Grande de España (un primo segundo del Rey Alfonso XIII) fue designado el 44º Gran Maestre de la Orden. El Duque, un descendiente directo de los reyes de España y Francia, que se distinguió en el campo de batalla durante la Guerra Civil Española y fue conocido como el "Héroe de Málaga", aceptó la oficina. Trabajó por la revitalización de la Orden congregando a los caballeros en su tradicional misión doble: ayuda a los leprosos y colaboración en la defensa de la Fe Cristiana. Esta reorientación administrativa condujo al reconocimiento de la Orden Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén por el Ministerio Español del Interior en 1940. Esto fue reiterado en 1946 por decreto firmado por el General Franco que asoció la Orden a la lucha Nacional contra la lepra, desordenes de la piel y enfermedades sexuales. En 1948, se revisaron los estatutos de la Orden como una sumatoria de todos los Estatutos y Decretos anteriores de la Orden. Después de la Segunda Guerra Mundial la expansión de la Orden alcanzó su cenit. La membresía creció como lo hicieron sus misiones de caridad. El Duque de Sevilla había fusionado algunas de las antiguas tradiciones de la Orden con las reformas modernas con éxito evidente. La Orden, deseando volver a su misión original, se involucró activamente en el cuidado de los leprosos en España. En 1952 murió el Duque de Sevilla. Su hijo y Co-Adjutor, don Francisco Enrique de Borbón y de Borbón, fue nombrado Teniente General de la Gran Magistratura y elegido Gran Maestre seis años más tarde. Porque él era un oficial en servicio en el ejército Español y residió en España, era incapaz de dedicarse completamente a la Orden. En 1956, nombró a Pierre Timoléon de Cossé-Brissac, XII Duque de Brissac, miembro desde 1954, Administrador General de la Orden.

Esta movida eventualmente resultó en una nueva fragmentación de la Orden ya que la administración francesa se quejó de que el Teniente Coronel don Francisco Enrique de Borbón y de Borbón, el Gran Maestre, estaba cada vez más atado por sus obligaciones militares y personales y era incapaz de cumplir con sus compromisos, y que existía una vacancia de facto en la Gran Magistratura. Don Francisco inmediatamente emitió decretos anulando los nombramientos del Duc de Brissac como Administrador General y los demás miembros de la administración de París y reasumió la Gran Magistratura. Los Parisinos no prestaron atención a los decretos. Se convocó a los miembros en Capítulo General para deponer a Don Francisco y eligieron a S.A.R. el Príncipe Charles Phillip de Orleans, Duc de Nemours, Duc de Vendôme, Duc d'Alençon y Primer Príncipe de la Sangre de Francia, como Gran Maestre. Fácilmente lograron sus objetivos y crearon la segunda escisión en la Orden con el insignificante costo de perder la jurisdicción Española que comprensiblemente permaneció leal a don Francisco. Así que ahora había dos Grandes Maestros, el Duc de Nemours en París y don Francisco en Madrid, quien, como premio de consolación fue nombrado Gran Maestro Emérito de la Orden y Gran Prior del Gran Priorato Español por los miembros en París. El Consejo Supremo restableció la Gran Magistratura en Boigny, volviendo a la situación que tuvo durante 500 años antes de la Revolución Francesa.

Posteriormente se realizó una importante reorganización en 1960 destinada a hacer la Orden ecuménica y abriendo así a miembros de otras religiones Cristianas la membresía, particularmente en el mundo de habla Inglesa. Esto requería la promulgación de una serie de decretos del Gran Magistrado. Al Teniente Coronel Robert Gayre de Gayre y Nigg se le dio la responsabilidad para la propagación de la Orden en Gran Bretaña y las Américas. El Duc de Nemours educado en Inglaterra y un ardiente anglófilo. Se casó con la señorita Margaret Watson, una mujer estadounidense de Virginia y la pareja habló inglés en casa. Era natural que Él y Gayre, el Comisionado General para el mundo de habla Inglesa pronto se convirtieran en amigos. Esto fue resentido por el Administrador General de la Orden y su séquito y presagian otra tormenta. El Duc de Nemours nombró al Coronel Gayre Gran Referenciario de la Orden para sustituir al fallecido Marqués de Cárdenas de Montehermoso, que provocó la ira de Brissac y su personal. Esto equivalía a entregar el control de la Orden a Gayre, que era totalmente inaceptable a París.

El Duc de Brissac nuevamente había convocado a un Capítulo General y depuesto al Duc de Nemours. Esta vez la jugada era mucho más costosa porque Gayre, que había estado activo en el reclutamiento en los países de habla Inglesa, se llevó consigo a más de la mitad de los miembros de la Orden, con excepción de Canadá. Los miembros en París nombraron al Duc de Brissac Jefe Supremo de la Orden, sin nombrarlo Gran Maestre. Gayre y el Duc de Nemours trasladaron la sede de su facción a la isla de Malta y el designado Gran Maestre al sobrino del Príncipe Michael de Francia, Co-Adjutor con derecho de sucesión a la Gran Magistratura. Gayre continuó viajando y reclutando extensivamente. El Duc de Nemours murió repentinamente en París en 1970 y el grupo en Malta se encontró sin un Gran Maestre. El Príncipe Michael de Francia, el Co-Adjutor temporalmente asumió los deberes hasta que pudiera encontrar un reemplazo permanente. No pasó mucho antes de que Gayre decidiera llamar a don Francisco de Borbón en Madrid y proponerle que regresara a la cabeza de la facción más grande en la Orden. Don Francisco sería el Gran Maestre, su sede estaría en Madrid y tendría el control directo sobre la jurisdicción Española. Esta fue la cuarta escisión pero resultó en que la Orden se redujo a dos obediencias, una conocida como la obediencia de París y la otra, por conveniencia llamada la obediencia de Malta porque el Gran Canciller de la Orden estaba situado allí y Gayre mantenía una residencia en la isla.

Manteniendo un Gran Maestre en un país y una sede en otro estaba destinado a traer problemas, especialmente cuando las líneas de comunicación entre la Cancillería y el Gran Maestre fueran obstaculizadas por la falta de un lenguaje común. En este caso el Gran Maestre hablaba solamente español y francés y Gayre hablaba sólo Inglés. Hay que reconocer que el Gran Canciller, Chev Joseph Amato Gauci, tenía un ayudante que estaba familiarizado con el Español, pero las funciones de este último como funcionario civil Maltés le dejaba poco tiempo para los asuntos de la Gran Cancillería. Mientras que no hubiera ningún contacto oficial entre las dos obediencias durante este período, los miembros de la tropa de cada una hicieron esfuerzos para convencer a sus líderes para que reunificaran la Orden, por ninguna otra razón que ser capaces de soportar los ataques contra San Lázaro dividido por ese segmento de la prensa Europea que cubría las actividades de la nobleza Europea, y otros que se especializaban en heráldica y genealogía. Se hicieron contactos tentativos entre los miembros de cada obediencia, y parecía como si cada liderazgo venía del principio general de una reunificación. Los Canadienses que habían pasado al lado de París y los Canadienses que permanecieron leales a don Francisco decidieron poner el ejemplo y unieron sus fuerzas, prometiendo lealtad temporalmente a un comúnmente elegido Grand Prior de Canadá. Los Estadounidenses, que habían estado urgiendo a una reunificación durante algún tiempo, ayudaron a arbitrar y dieron la bienvenida a este primer paso.

La insatisfacción se presentó sobre la administración de la Orden en España. Gayre, porque él había delegado autoridad al Gran Canciller, Amato Gauci y su asistente, fue incapaz de controlar los asuntos. El Gran Canciller estaba perfectamente consciente de lo que sucedía en la Gran Magistratura pero, personalmente leales a Don Francisco, no se sintieron capaces de influenciarlo. Gayre, realizando su propia falta de control decidió que el problema requería una acción radical y se comprometió a abordar al Gran Maestre y reincorporarse a la Obediencia de París.

Su Beatitud Georges Hakim Maximis V, Patriarca Melquita de Jerusalén, Alejandría y Antioquía y Todo el Este, el Protector Espiritual, acordó encabezar un Comité de reunificación al que don Francisco se negó a nombrar miembros, sintiendo un golpe de estado. Reuniones previas se llevaron a cabo en Filadelfia, París y Londres, a la cual Malta envió "observadores". Estas deliberaciones resultaron en una reunión en Washington en 1984 que fue atendida por el Marqués de Brissac, representando a su padre, el Gran Maestre de la Obediencia de París y don de Francisco Borbón y de Borbón, representando a Malta. Se elaboró una declaración de intenciones para unificar en Washington que proporcionó para ambos grandes maestros bajar y convertirse en "Grandes Maestres Eméritos" por lo que podrían celebrarse unas elecciones para seleccionar a un Gran Maestre para una Orden unificada. Los representantes de París firmaron la declaración, don Francisco se negó a firmar, diciendo que tenía que consultar con sus asesores y constituyentes de regreso a Madrid.

El Patriarca pidió un capítulo general en Oxford en 1986, al que don Francisco se negó a asistir y ordenó a sus seguidores a boicotear. El Duc de Brissac dio las riendas de su Obediencia a su hijo, el Marqués de Brissac, quien fue uno de los tres candidatos en la elección de Oxford. El Gran Maestre de Malta y el Príncipe zur Lippe eran los otros. El Marqués ganó cómodamente y fue aclamado como el 48° Gran Maestre por una asamblea rebosante de alegría, que pensaban que había curado por fin el incumplimiento. El Gran Maestre de Malta se negó a reconocer la validez de la elección y decidió continuar como antes. En lugar de una reunificación, se produjo un realineamiento. La Obediencia de París adquirió el más grande número (más de 500 miembros) y los más ricos de las jurisdicciones de la Orden, los de Estados Unidos, como los de Inglaterra, Lochore (jurisdicción personal de Gayre), Holanda y varios otros. Alemania, Austria, Italia y Hungría se mantuvieron divididos.

Tras el intento fallido de reunión, los ánimos estallaron primero, pero conforme se fueron enfriando, miembros de buena voluntad de ambas partes hicieron nuevas propuestas. Los miembros en los Estados Unidos pertenecientes a la Obediencia de Malta se incorporaron en a la Obediencia de París, Gran Priorato de América para fines administrativos. Ambas divisiones dirigieron sus esfuerzos caritativos que sienten debe ser más significativos para justificar su pretensión de ser una Orden de Caballería. Los esfuerzos de reunificación persistieron culminando con la eventual renuncia de ambos Grandes Maestros – de S.A.R. Francisco de Paula Borbón y de Escasany Gran Maestre: la Obediencia de Malta y S.E. François de Cossé Marqués de Brissac Maestre: Obediencia de París – ambos se convertían en eméritos. Las dos ramas se reunificaron formalmente en Septiembre de 2008 con la elección de S.E. Carlos Gereda y de Borbón, Marqués de Almazán como 49° Gran Maestre de la Orden reunificada. S.E. Francisco de Borbón y Escasany fue designado por unanimidad del Gran Capítulo General Gran Maestre Emérito. El Patriarca Melquita su Beatitud Gregorio III seguía siendo el Protector Espiritual de la Orden unida.

RESUMEN

La Orden de San Lázaro es una organización ecuménica de Cristianos hospitalarios cuyo espíritu se remonta a Tierra Santa y a las cruzadas. Los unidos tienen a Su Beatitud Gregorio III, Patriarca Greco Católico Melquita de Alejandría, Antioquía y Jerusalén y de todo el Oriente, para apoyo espiritual así como el Protector Espiritual constitucional.
Con la excepción de la Orden Teutona, la orden de San Lázaro es la más pequeña de las Órdenes ya mencionadas. Sus miembros son aproximadamente 7,000 en Grandes Prioratos, Prioratos, Encomiendas y Delegaciones en los cinco continentes. Las actividades humanitarias tradicionales de la Orden están en el campo de la lepra. Mantiene leprosarios y dispensarios y envía suministros médicos a varias misiones médicas en África y en las Islas del Pacífico. Un reciente empuje del Gran Priorato Americano es el apoyo de la donación de órganos, liderado por su Hospitalario, el Secretario Cirujano General de los Estados Unidos. La Orden también está involucrada en la atención geriátrica a los más necesitados, opera varios Cuerpos de Voluntarios de Ambulancias incluyendo uno para jóvenes drogadictos y apoyos directos a una misión médica y religiosa en Kenia. Entre los más destacados proyectos emprendidos por la Orden ha sido el transporte semanal de alimentos básicos y suministros médicos a Polonia, Rusia, Yugoslavia, Macedonia, Kosovo y el Proyecto de Alivio de Asia tras el Tsunami en Indonesia en la isla de Nias.

Hay dos categorías de miembros en la Orden: la Justicia, para los individuos capaces de presentar pruebas nobiliarias y Gracia Magistral para aquellos que no pueden hacerlo. Los Cristianos pueden ser admitidos en los siguientes grados: Miembro, Oficial, Comandante, Caballero o Dama, Caballero o Dama Comandante, Caballero o Dama Gran Cruz. Como marca de especial estima del Gran Maestre, la Orden también puede conceder un Collar a un Jefe de Estado y muy ocasionalmente a sus altos dignatarios. La Orden también confiere condecoraciones al mérito a sus miembros y a individuos no necesariamente miembros de la Orden que han contribuido, por su servicio, o su labor humanitaria.
La insignia de la orden es una Cruz de Malta verde con bordes de oro, usada en diferentes tamaños según su rango. La decoración de mérito es una Cruz verde floreada, con espadas cruzadas en los ángulos, en el centro de la cual hay un círculo rodeando la Cruz de Malta verde de la orden sobre un fondo blanco. La placa pende de una cinta verde con bordes en púrpura. Se entrega en los mismos grados como los de la orden. En las jurisdicciones de habla Inglesa los miembros de la Orden, usan iniciales después del nombre que indican su rango (MLJ OLJ CLJ, KLJ, GCLJ) en correspondencia interna y en los rangos de KLJ y para arriba refiérase para llamar a uno u otro como "Caballero"


A continuación reproduzco algunos puntos de su constitución actual.


-----------------------------------------CONSTITUCIÓN-----------------------------------------
Artículo 1
1.1CARÁCTER DE LA ORDEN
La Orden Militar y Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén es una Orden de Caballería Cristiana internacional y ecuménica. Es ambos, una Orden Militar de Piedad y una Orden Hospitalaria dedicada al cuidado y asistencia de los enfermos y los pobres, a al apoyo y defensa de la fe Cristiana y las tradiciones y principios de la caballería Cristiana.

Artículo 2
2.1 RELIGIÓN
Todos los miembros de la Orden deben de ser miembros practicantes de un fe Cristiana reconocida y comprometidos con la defensa con sus vidas, fortunas y honor, de los principios de Cristiandad. Las Personas no miembros de la fe Cristiana pueden estar asociadas a la Orden como acompañantes.

Artículo 3
3.1 OBJETIVOS DE LA ORDEN
Los objetivos de la Orden son:
Sostener y defender la fe Cristiana.
Mantener el soporte histórico de los Cristianos en la Tierra Santa.
Asistir, socorrer y ayudar a los pobres, los enfermos y los afligidos, especialmente a aquellos que sufren
de lepra o enfermedades similares.
Promover y mantener los principios de la caballería Cristiana.
Trabajar por las unidad de los Cristianos.
Seguir las enseñanzas de Cristo.

Por sus actividades en los campos de caridad, filantropía, salud y educación, la Orden debe buscar apoyar el logro de los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y los Estatutos de la Unión Europea.

Artículo 4
4.1 CRUZ DE LA ORDEN
LA Cruz de la Orden es por tradición una Cruz invertida de ocho puntas, comúnmente llamada Cruz de Malta, verde en su color.

Artículo 5
…..............
5.2 SELLO DE LA ORDEN
El Sello de la Orden está compuesto de el Escudo de Armas de la Orden y la inscripción “S. Ordinis Sancti Lazari in Jerusalem

5.3 LEMA DE LA ORDEN
El Lema de la Orden es en Latín “Atavis et Armis”.

Artículo 6
6.1 INVOCACIÓN
Cada acto oficial de la orden debe de ser precedido por la invocación: “En el nombre de Dios, de la Virgen María, y de San Lázaro”, o por la invocación “En el Nombre de Dios, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”, o por una invocación que sea sustancialmente similar.

Artículo 8
8.1 Gobierno de la Orden
El Gobierno de la Orden den de consistir en:
El Gran Maestre
El Capítulo General
El Gran Consejo Magistral
El Gran Consejo
Las Cabezas de las Jurisdicciones Nacionales

Artículo 13
…..
IDIOMAS
Esta Constitución debe de ser promulgada en los idiomas Inglés, Francés, Alemán y Español, siendo los idiomas oficiales de la Orden. En el evento de que la interpretación de esta Constitución sea necesaria, el lenguaje que manda debe ser el Inglés.
13.2 NÚMERO Y GÉNERO
Siempre el singular es usado en esta Constitución, cuando se requiera por el contexto, el singular debe de incluir el plural y viceversa. Los géneros masculino, femenino y neutro cada uno debe de incluir a los otros.

Fuente | Autor : http://www.st-lazarus.net/en/ | Traducido con el Traductor de Microsoft Office y "corregido" por AMunozF



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