Asís.

La Iglesia desde siempre ha enseñado la fe a base de preguntas y respuestas. En este foro se pueden hacer preguntas bien concretas y darse respuestas claras y precisas. De manera que todos tengan al alcance, de modo sintético y concreto, los contenidos más básicos de la fe

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Re: Asís.

Notapor albert » Vie Nov 04, 2011 11:01 am

El problema Mayra es que aun definiendo sincretismo para diferenciarlo de ecumenismo, cuando vamos a la practica si no hacemos valer la diferencia, realmente no hace sentido tal diferencia. El ecumenismo va encaminado a la unidad partiendo del Evangelio y no de las particulas de la verdad que pudiera haber en otras religiones. Pero cuando en la practica se hace algo distinto, que por el respeto humano y la mal llamada actitud politicamente correcta, que tiende a dar igualdad de condiciones entre denominaciones de fe distintas a la fe verdadera eso hace del encuentro uno que en esencia esta mal llamarlo ecumenico. Por que? Porque aparenta ser sincretista o relativista. Sincretista en cuanto se ora con distintos ritos en el Templo con un mismo fin dando el mismo valor a todos, o relativista en cuanto se pretende ver la misma verdad en cada expresion de fe. La apariencia ahi esta, y para poder hablar de intenciones, debemos discipar esa apariencia.
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Re: Asís.

Notapor Catholic.net » Vie Nov 04, 2011 11:19 am

Hermano Albert, de verdad que comprendo la preocupación y lo que causa “visiblemente” este encuentro pero ni siquiera el Papa le dio titulo de ecuménico: (que hace referencia al encuentro, esté sí, ecuménico de oración por la paz convocado en Asís por J.P II).

Nota Vaticana
CIUDAD DEL VATICANO, 27 OCT 2011 (VIS).-Hoy se cumple el XXV aniversario del histórico encuentro ecuménico de oración por la paz convocado en Asís (Italia) por el beato Juan Pablo II. Con esta ocasión, el Papa Benedicto XVI ha peregrinado hasta la ciudad de San Francisco, invitando a los representantes de otras religiones y de los no creyentes a participar en una jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, bajo el lema “Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz”.

Yo iría a más

¿Por qué el Papa convoca esta jornada y al mismo tiempo invita a los católicos al año de la fe con todo lo que ello implica?

Analizarlo desde aquí pasando por nuestra sensibilidad de desacuerdo que puede causar el modo y lo que vimos a través de los medios de comunicación.

Es que si no lo hacemos hermano no saldremos de opinar según nos parece o no y no podremos ver lo que realmente el Papa nos quiere decir (no los que organizan, ni lo que los medios dejan ver)

Y estoy de acuerdo en lo que dijiste anteriormente de la importancia de recuperar los signos de la fe. Es la misma línea del año de la Fe.
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Re: Asís.

Notapor eagleheart » Vie Nov 04, 2011 11:32 am

Yo recuerdo que el Papa dijo que debía llevarse a cabo, ¿por qué debería?

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Re: Asís.

Notapor albert » Vie Nov 04, 2011 11:41 am

Seria bueno entonces abrir un tema y hablar sobre el año de la fe, aqui, si no hay problema con ello, hablemos del encuentro de Asis. Uno que ciertamente no deberia ser preambulo de la declaracion de un año de la fe, precisamente por la vision errada que de esta dejo el encuentro por culpa del Yoruba o de otras instancias que desconocemos.
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Re: Asís.

Notapor jose alberto z » Vie Nov 04, 2011 11:46 am

¿Qué de bueno puede haber en una profanación? Y si ya lo hubo en una ocasión, ¿a qué arriesgarse a otra?

Si una persona profana la Eucaristía en Misa en el momento de la comunión, ¿debe dejarse de repartir la comunión para no arriesgarse a profanaciones futuras?

Que haya habido una profanación en el encuentro de Asís no es un motivo para que dichos encuentros no se realicen.
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Re: Asís.

Notapor eagleheart » Vie Nov 04, 2011 11:52 am

jose alberto z escribió:
¿Qué de bueno puede haber en una profanación? Y si ya lo hubo en una ocasión, ¿a qué arriesgarse a otra?

Si una persona profana la Eucaristía en Misa en el momento de la comunión, ¿debe dejarse de repartir la comunión para no arriesgarse a profanaciones futuras?

Que haya habido una profanación en el encuentro de Asís no es un motivo para que dichos encuentros no se realicen.

Ah, vale, vale... ¿puedo invitar entonces a algunos paganillos a que hagan sus rituales en mi Parroquia o no?

Por cierto, lo otro son Comuniones sacrílegas.

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Re: Asís.

Notapor albert » Vie Nov 04, 2011 11:53 am

jose alberto z escribió:
¿Qué de bueno puede haber en una profanación? Y si ya lo hubo en una ocasión, ¿a qué arriesgarse a otra?

Si una persona profana la Eucaristía en Misa en el momento de la comunión, ¿debe dejarse de repartir la comunión para no arriesgarse a profanaciones futuras?

Que haya habido una profanación en el encuentro de Asís no es un motivo para que dichos encuentros no se realicen.


Si una persona profana la Eucaristia se le reprende con las debidas consideraciones, asi se evita que esa persona lo vuelva a hacer, si lo hace nuevamente me parece que podria exponerse a otras sanciones. Tu analogia no es consecuente con lo que tratamos aca. Esas profanaciones no se hicieron por miembros de la Iglesia sino que se efectuaron por no creyentes y lamentablemente la Iglesia lo permitio.
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Re: Asís.

Notapor VictorSL » Vie Nov 04, 2011 12:32 pm

Estimados hermanos,
Yo opino que debemos apoyar al Papa, sabiendo de antemano que su proposito lo guia el Espiritu Santo y, al convocar este encuentro de Asis, lo hizo siguiendo la iniciativa de el hoy Beato Juan Pablo II cuyo objetivo es el mismo: un esfuerzo para lograr la Paz y que ya NO haya mas crimenes y asesinatos por diferencias de creencia religiosa, principalmente en paises donde los Cristianos son minoria. Todos sabemos que en esos paises, los Cristianos estan siendo exterminados sistematicamente. Con este encuentro, el Papa esta tratando de protegerlos, para que ya no sean asesinados por defender su Fe Catolica.
Yo creo que debemos elevar nuestras oraciones a Dios, para que dicho encuentro traiga frutos de Paz y concordia y esos hermanos perseguidos puedan en libertad vivir su Fe en Jesucristo en paz y tranquilidad.
"el sufrimiento engendra paciencia; la paciencia, virtud probada; la virtud probada, esperanza, y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espiritu Santo que nos ha sido dado".(Rom 5:3b-5)
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Re: Asís.

Notapor albert » Vie Nov 04, 2011 12:48 pm

Tambien apoyo al Papa Victor, y la intencion es loable asi como la iniciativa del Beato Juan Pablo II. Pero lamentablemente en la practica todo se vino abajo, al menos en apariencia por las profanaciones. Primero el Buda sobre el Altar, y recientemente el ritual adivinatorio en el Templo de la Basilica de Asis con un cuerno. Esto supone un problema para quienes nos dedicamos a la evangelizacion, pues tenemos que estar explicando una y otra vez las intenciones mientras que la practica nos desmiente. Por ello no apoye este encuentro en Asis y por ello pienso que este tipo de cosas, deben hacerse de otro modo para que no se siga viendo esta apariencia de relativizacion de la fe o de los sincretismos religiosos.
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Re: Asís.

Notapor raulalonso » Vie Nov 04, 2011 1:00 pm

Hermanos,

Francamente no veo que nosotros podamos evaluar los frutos de la reunión de Asís, como todos los católicos esperamos que los alejados de la fe, los no creyentes atiendan el llamado y que ya no ses mas la ley natural la que los mueva a creer en algo Divino, sino que algún día sean conversos y vean que es Dios único, y Trino quien es el autor de todo lo que vemos y de lo que no vemos. Encuentros como estos definitivamente pueden llevar al error a los que menos saben de nuestra fe, y claro, ser arma de ataque de los enemigos de la Iglesia, pero tambien la esperanza es que haya conversiones. Esperemos ese sea el caso de ese encuentro. Oremos porque asi sea.

Procedo a cerra el tema, y pongo el discurso de Benedicto XVI


Queridos hermanos y hermanas,
Distinguidos Jefes y representantes de las Iglesias y Comunidades eclesiales y de las Religiones del mundo,
Queridos amigos:

Han pasado veinticinco años desde que el beato Papa Juan Pablo II invitó por vez primera a los representantes de las religiones del mundo a Asís para una oración por la paz. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? ¿A qué punto está hoy la causa de la paz? En aquel entonces, la gran amenaza para la paz en el mundo provenía de la división del planeta en dos bloques contrastantes entre sí. El símbolo llamativo de esta división era el muro de Berlín que, pasando por el medio de la ciudad, trazaba la frontera entre dos mundos.

En 1989, tres años después de Asís, el muro cayó sin derramamiento de sangre. De repente, los enormes arsenales que había tras el muro dejaron de tener sentido alguno. Perdieron su capacidad de aterrorizar. El deseo de los pueblos de ser libres era más fuerte que los armamentos de la violencia. La cuestión sobre las causas de este derrumbe es compleja y no puede encontrar una respuesta con fórmulas simples. Pero, junto a los factores económicos y políticos, la causa más profunda de dicho acontecimiento es de carácter espiritual: detrás del poder material ya no había ninguna convicción espiritual. Al final, la voluntad de ser libres fue más fuerte que el miedo ante la violencia, que ya no contaba con ningún respaldo espiritual.

Apreciamos esta victoria de la libertad, que fue sobre todo también una victoria de la paz. Y es preciso añadir en este contexto que, aunque no se tratara sólo, y quizás ni siquiera en primer lugar, de la libertad de creer, también se trataba de ella. Por eso podemos relacionar también todo esto en cierto modo con la oración por la paz.

Pero, ¿qué ha sucedido después? Desgraciadamente, no podemos decir que desde entonces la situación se haya caracterizado por la libertad y la paz. Aunque no haya a la vista amenazas de una gran guerra, el mundo está desafortunadamente lleno de discordia. No se trata sólo de que haya guerras frecuentemente aquí o allá; es que la violencia en cuanto tal siempre está potencialmente presente, y caracteriza la condición de nuestro mundo. La libertad es un gran bien. Pero el mundo de la libertad se ha mostrado en buena parte carente de orientación, y muchos tergiversan la libertad entendiéndola como libertad también para la violencia. La discordia asume formas nuevas y espantosas, y la lucha por la paz nos debe estimular a todos nosotros de modo nuevo.

Tratemos de identificar más de cerca los nuevos rostros de la violencia y la discordia. A grandes líneas – según mi parecer – se pueden identificar dos tipologías diferentes de nuevas formas de violencia, diametralmente opuestas por su motivación, y que manifiestan luego muchas variantes en sus particularidades.

Tenemos ante todo el terrorismo, en el cual, en lugar de una gran guerra, se emplean ataques muy precisos, que deben golpear destructivamente en puntos importantes al adversario, sin ningún respeto por las vidas humanas inocentes que de este modo resultan cruelmente heridas o muertas. A los ojos de los responsables, la gran causa de perjudicar al enemigo justifica toda forma de crueldad. Se deja de lado todo lo que en el derecho internacional ha sido comúnmente reconocido y sancionado como límite a la violencia.

Sabemos que el terrorismo es a menudo motivado religiosamente y que, precisamente el carácter religioso de los ataques sirve como justificación para una crueldad despiadada, que cree poder relegar las normas del derecho en razón del «bien» pretendido. Aquí, la religión no está al servicio de la paz, sino de la justificación de la violencia.

A partir de la Ilustración, la crítica de la religión ha sostenido reiteradamente que la religión era causa de violencia, y con eso ha fomentado la hostilidad contra las religiones. En este punto, que la religión motive de hecho la violencia es algo que, como personas religiosas, nos debe preocupar profundamente. De una forma más sutil, pero siempre cruel, vemos la religión como causa de violencia también allí donde se practica la violencia por parte de defensores de una religión contra los otros.

Los representantes de las religiones reunidos en Asís en 1986 quisieron decir – y nosotros lo repetimos con vigor y gran firmeza – que esta no es la verdadera naturaleza de la religión. Es más bien su deformación y contribuye a su destrucción. Contra eso, se objeta: Pero, ¿cómo sabéis cuál es la verdadera naturaleza de la religión? Vuestra pretensión, ¿no se deriva quizás de que la fuerza de la religión se ha apagado entre vosotros? Y otros dirán: ¿Acaso existe realmente una naturaleza común de la religión, que se manifiesta en todas las religiones y que, por tanto, es válida para todas? Debemos afrontar estas preguntas si queremos contrastar de manera realista y creíble el recurso a la violencia por motivos religiosos.

Aquí se coloca una tarea fundamental del diálogo interreligioso, una tarea que se ha de subrayar de nuevo en este encuentro. A este punto, quisiera decir como cristiano: Sí, también en nombre de la fe cristiana se ha recurrido a la violencia en la historia. Lo reconocemos llenos de vergüenza. Pero es absolutamente claro que éste ha sido un uso abusivo de la fe cristiana, en claro contraste con su verdadera naturaleza. El Dios en que nosotros los cristianos creemos es el Creador y Padre de todos los hombres, por el cual todos son entre sí hermanos y hermanas y forman una única familia. La Cruz de Cristo es para nosotros el signo del Dios que, en el puesto de la violencia, pone el sufrir con el otro y el amar con el otro. Su nombre es «Dios del amor y de la paz» (2 Co 13,11).

Es tarea de todos los que tienen alguna responsabilidad de la fe cristiana el purificar constantemente la religión de los cristianos partiendo de su centro interior, para que – no obstante la debilidad del hombre – sea realmente instrumento de la paz de Dios en el mundo.

Si bien una tipología fundamental de la violencia se funda hoy religiosamente, poniendo con ello a las religiones frente a la cuestión sobre su naturaleza, y obligándonos todos a una purificación, una segunda tipología de violencia de aspecto multiforme tiene una motivación exactamente opuesta: es la consecuencia de la ausencia de Dios, de su negación, que va a la par con la pérdida de humanidad. Los enemigos de la religión – como hemos dicho – ven en ella una fuente primaria de violencia en la historia de la humanidad, y pretenden por tanto la desaparición de la religión.

Pero el «no» a Dios ha producido una crueldad y una violencia sin medida, que ha sido posible sólo porque el hombre ya no reconocía norma alguna ni juez alguno por encima de sí, sino que tomaba como norma solamente a sí mismo. Los horrores de los campos de concentración muestran con toda claridad las consecuencias de la ausencia de Dios.

Pero no quisiera detenerme aquí sobre el ateísmo impuesto por el Estado; quisiera hablar más bien de la «decadencia» del hombre, como consecuencia de la cual se produce de manera silenciosa, y por tanto más peligrosa, un cambio del clima espiritual. La adoración de Mamón, del tener y del poder, se revela una anti-religión, en la cual ya no cuenta el hombre, sino únicamente el beneficio personal. El deseo de felicidad degenera, por ejemplo, en un afán desenfrenado e inhumano, como se manifiesta en el sometimiento a la droga en sus diversas formas.

Hay algunos poderosos que hacen con ella sus negocios, y después muchos otros seducidos y arruinados por ella, tanto en el cuerpo como en el ánimo. La violencia se convierte en algo normal y amenaza con destruir nuestra juventud en algunas partes del mundo. Puesto que la violencia llega a hacerse normal, se destruye la paz y, en esta falta de paz, el hombre se destruye a sí mismo

La ausencia de Dios lleva al decaimiento del hombre y del humanismo. Pero, ¿dónde está Dios? ¿Lo conocemos y lo podemos mostrar de nuevo a la humanidad para fundar una verdadera paz? Resumamos ante todo brevemente las reflexiones que hemos hecho hasta ahora.

He dicho que hay una concepción y un uso de la religión por la que esta se convierte en fuente de violencia, mientras que la orientación del hombre hacia Dios, vivido rectamente, es una fuerza de paz. En este contexto me he referido a la necesidad del diálogo, y he hablado de la purificación, siempre necesaria, de la religión vivida. Por otro lado, he afirmado que la negación de Dios corrompe al hombre, le priva de medidas y le lleva a la violencia.

Junto a estas dos formas de religión y anti-religión, existe también en el mundo en expansión del agnosticismo otra orientación de fondo: personas a las que no les ha sido dado el don de poder creer y que, sin embargo, buscan la verdad, están en la búsqueda de Dios. Personas como éstas no afirman simplemente: «No existe ningún Dios». Sufren a causa de su ausencia y, buscando lo auténtico y lo bueno, están interiormente en camino hacia Él.

Son «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz». Plantean preguntas tanto a una como a la otra parte. Despojan a los ateos combativos de su falsa certeza, con la cual pretenden saber que no hay un Dios, y los invitan a que, en vez de polémicos, se conviertan en personas en búsqueda, que no pierden la esperanza de que la verdad exista y que nosotros podemos y debemos vivir en función de ella. Pero también llaman en causa a los seguidores de las religiones, para que no consideren a Dios como una propiedad que les pertenece a ellos hasta el punto de sentirse autorizados a la violencia respecto a los demás.

Estas personas buscan la verdad, buscan al verdadero Dios, cuya imagen en las religiones, por el modo en que muchas veces se practican, queda frecuentemente oculta. Que ellos no logren encontrar a Dios, depende también de los creyentes, con su imagen reducida o deformada de Dios. Así, su lucha interior y su interrogarse es también una llamada a los creyentes a purificar su propia fe, para que Dios – el verdadero Dios – se haga accesible. Por eso he invitado de propósito a representantes de este tercer grupo a nuestro encuentro en Asís, que no sólo reúne representantes de instituciones religiosas. Se trata más bien del estar juntos en camino hacia la verdad, del compromiso decidido por la dignidad del hombre y de hacerse cargo en común de la causa de la paz, contra toda especie de violencia destructora del derecho.

Para concluir, quisiera aseguraros que la Iglesia católica no cejará en la lucha contra la violencia, en su compromiso por la paz en el mundo. Estamos animados por el deseo común de ser «peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz».
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