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38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Dom Oct 20, 2013 8:08 pm
por pilar calva
(3-IX-80/7-IX-80)

1. En el sermón de la montaña Cristo se limita a recordar el mandamiento: “No adulterarás”, sin valorar el relativo comportamiento de sus oyentes. Lo que hemos dicho anteriormente respecto a este tema proviene de otras fuentes (sobre todo, de la conversación de Cristo con los fariseos en la que El se remitía al “principio”: <i>Mt</i> 19, 8; <i><i>Mc</i> </i> 10, 6). En el sermón de la montaña Cristo omite esta valoración o, más bien, la presupone. Lo que dirá en la segunda parte del enunciado, que comienza con las palabras: “Pero yo <i>Os</i> digo...”, será algo más que la polémica con los “doctores de la ley”, o sea, con los moralistas de la Tora. Y será también <i> algo mas respecto a la valoración del</i> <i>ethos</i> veterotestamentario. Se trata de un paso directo al nuevo <i>ethos</i> . Cristo parece dejar aparte todas las disputas acerca del significado ético del adulterio en el plano de la legislación y de la casuística, en las que la esencial relación interpersonal del marido y de la mujer había sido notablemente ofuscada por la relación objetiva de propiedad, y adquiere otras dimensiones. Cristo dice: “Pero yo <i>Os</i> digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” (<i>Mt</i> 5, 28); ante este pasaje siempre viene a la mente la traducción antigua: “ya la ha hecho adúltera en su corazón”, versión que, quizá mejor que el texto actual, expresa el hecho de que se trata de un mero acto interior y unilateral. Así, pues el adulterio cometido con el corazón se contrapone en cierto sentido al “adulterio cometido con el cuerpo”.

Debemos preguntarnos sobre las razones que cambian el punto de gravedad del pecado, y preguntarnos además cual es el significado auténtico de la analogía: si, efectivamente, el “adulterio”, según su significado fundamental, puede ser solamente un “pecado cometido con el cuerpo”, ¿en qué sentido merece ser llamado también adulterio lo que el hombre comete con el corazón? Las palabras con las que Cristo pone el fundamento del nuevo <i>ethos</i> , exigen por su parte un profundo arraigamiento en la antropología. Antes de responder a estas cuestiones, detengámonos un poco en la expresión que, según Mateo 5, 27-28, realiza en cierto modo la transferencia o sea, el cambio <i> del significado del adulterio</i> del “cuerpo” al “corazón”. Son palabras que se refieren al deseo.

2. Cristo habla de la concupiscencia: “Todo el que mira para desear”. Precisamente esta expresión exige un análisis particular para comprender el enunciado en su integridad. Es necesario aquí volver al análisis anterior, que miraba, diría, a reconstruir la imagen “del hombre de la concupiscencia” ya en los comienzos de la historia (cf. <i>Gén</i> 3). Ese hombre del que habla Cristo en el sermón de la montaña -el hombre que mira “para desear”, es indudablemente hombre de concupiscencia. Precisamente por este motivo, porque participa de la concupiscencia del cuerpo, “desea” y “mira para desear”. La imagen del hombre de concupiscencia, reconstruida en la fase precedente, nos ayudará ahora a interpretar el “deseo”, del que habla Cristo, según Mateo 5, 27-28. Se trata aquí no sólo de una interpretación psicológica sino, al mismo tiempo, de una interpretación teológica. Cristo habla en el contexto de la experiencia humana y a la vez en el contexto de la obra de la salvación. Estos dos contextos, en cierto modo, se sobreponen y se compenetran mútuamente: y esto tiene un significado esencial y constitutivo para todo el <i>ethos</i> del Evangelio, y en particular para el contenido del verbo “desear” o “mirar para desear”.

3. Al servirse de estas expresiones, el Maestro se remite en primer lugar a la experiencia de quienes le estaban oyendo directamente; se remite, pues, también a la experiencia y a la conciencia del hombre de todo tiempo y lugar. De hecho, aunque el lenguaje evangélico tenga una facilidad comunicativa universal, sin embargo para un oyente directo, cuya conciencia se había formado en la Biblia, el “deseo” debía unirse a numerosos preceptos y advertencias, presentes ante todo en los libros de carácter “sapiencial”, en los que aparecían repetidos avisos sobre la concupiscencia del cuerpo e incluso consejos dados a fin de preservarse de ella.


4. Como es sabido, la tradición sapiencial tenía <i> un interés particular por la ética y la buena conducta de la sociedad israelita</i>. Lo que en estas advertencias o consejos, presentes, por ejemplo en el libro de los Proverbios (1), o de Sirácida (2) o incluso de Cohélet (3), nos impresiona de modo inmediato es su carácter en cierto modo unilateral, en cuanto que las advertencias se dirigen sobre todo a los hombres. Esto puede significar que son especialmente necesarias para ellos. En cuanto a la mujer, es verdad que en estas advertencias y consejos aparecen más frecuentemente como ocasión de pecado o incluso como seductora de la que hay que precaverse. Sin embargo, es necesario reconocer que tanto el Libro de los Proverbios como el Libro de Sirácida, además de la advertencia de precaverse de la mujer y de no dejarse seducir por su fascinación que arrastra al hombre a pecar (cf. <i>Prov</i> 5, 1. 6; 6, 24-29; <i>Sir</i> 26, 9-12), hacen también el elogio de la mujer que es “perfecta” compañera de vida para el propio marido (cf. <i>Prov</i> 31, 10 ss.). Y además elogian la belleza y la gracia de una mujer buena, que sabe hacer feliz al marido.

“Gracia sobre gracia es la mujer honesta. Y no tiene precio la mujer casta. Como resplandece el sol en los cielos, así la belleza de la mujer buena en su casa. Como lámpara sobre el candelero santo es el rostro atrayente en un cuerpo robusto. Columnas de oro sobre basas de plata son las piernas sobre firmes talones en la mujer bella... La gracia de la mujer es el gozo de su marido. Su saber le vigoriza los huesos” (<i>Sir</i> 26, 19-23. 16-17).

5. En la tradición sapiencial <i> contrasta una advertencia frecuente</i> con el referido <i> elogio de la mujer-esposa</i>, y es que el se refiere a la belleza y a la gracia de la mujer, que no es la mujer propia, y resulta pábulo de tentación y ocasión de adulterio: “No codicies su hermosura en tu corazón...” (<i>Prov</i> 6, 25). En Sirácida (cf. 9, 1-9) se expresa la misma advertencia de manera más perentoria:
“Aparta tus ojos de mujer muy compuesta y no fijes la vista en la hermosura ajena. Por la hermosura de la mujer muchos se extraviaron, y con eso se enciende como fuego la pasión” (<i>Sir</i> 9, 8-9).

El sentido de los textos sapienciales tiene un significado prevalentemente pedagógico. Enseñan la virtud y tratan de proteger el orden moral, refiriéndose a la ley de Dios y a la experiencia en sentido amplio. Además, se distinguen por el conocimiento particular del “corazón” humano. Diríamos que desarrollan una <i> específica psicología moral</i>, aunque sin caer en el psicologismo. En cierto sentido, están cercanos a esa apelación de Cristo al “corazón”, que nos ha transmitido Mateo (cf. 5, 27-28), aun cuando no pueda afirmarse que revelen tendencia a transformar el <i>ethos</i> de modo fundamental. Los autores de estos libros “utilizan el conocimiento de la interioridad humana para enseñar la moral más bien en el ámbito del <i>ethos</i> históricamente vigente y sustancialmente confirmado por ellos. Alguno a veces, como por ejemplo Cohélet, sintetiza esta confirmación con la “filosofía” propia de la existencia humana, pero si influye en el método con que formula advertencias y consejos, no cambia la estructura fundamental que toma de la valoración ética.

6. Para esta transformación del <i>ethos</i> será necesario esperar hasta el sermón de la montaña. No obstante, ese conocimiento tan perspicaz de la psicología humana que se halla presente en la tradición “sapiencial”, no está ciertamente privado de significado para el círculo de aquellos que escuchaban personal y directamente este discurso. Si, en virtud de la tradición profética, estos oyentes estaban, en cierto sentido, preparados a comprender de manera adecuada el concepto de “adulterio”, estaban preparados además, en virtud de la tradición “sapiencial”, a comprender las palabras que se refieren a la “mirada concupiscente” o sea, al “adulterio cometido con el corazón.
Nos convendrá volver ulteriormente al análisis de la concupiscencia, en el sermón de la montaña.
(1) Cf., por ej., <i>Prov</i> 5, 3-6. 15-20; 6, 24-7, 27; 21, 9. 19; 22, 14; 30, 20.
(2) Cf., por ej., <i>Sir</i> 7, 19. 24-26; 9, 1-9; 23, 13-26, 18; 36, 21-25; 42. 6. 9-14.
(3) Cf., por ej., <i>Coh</i> 7, 26-28 9, 9.

Pregunta:
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Lun Oct 21, 2013 5:05 pm
por NELSON
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?
La imagen del hombre de concupiscencia, nos ayudará ahora a interpretar el "deseo", del que habla Cristo, según Mateo 5, 27-28. Se trata aquí no sólo de una interpretación psicológica sino, al mismo tiempo, de una interpretación teológica. Cristo habla en el contexto de la experiencia humana y a la vez en el contexto de la obra de la salvación. Estos dos contextos, en cierto modo, se sobreponen y se compenetran mutuamente: y esto tiene un significado esencial y constitutivo para todo el ethos del Evangelio, y en particular para el contenido del verbo "desear" o "mirar para desear".

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Lun Oct 21, 2013 6:18 pm
por virginia castro
Virginia Castro # 38
Como define Cristo la concupiscencia?

En el Sermon del Monte Jesucristo, se limita a recordar el mandamiento: " No adulteraras" y al estar conversando con los doctors de la Ley o sea Tora les dice: Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseandola ya adultero con ella en su corazon. Mt 5, 27-28.
Cristo habla de la concupisensia " Todo el que mira para desear" es el hombre de concunpissensia. Cristo esta hablando de la experiencia humana, y a la vez en el context de la salvacion, los dos se conpenetran mutuamente, tiene un significado esencial para el Evangelio y en particular para el contenido del verbo desear o "mirar" para desear".

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Lun Oct 21, 2013 8:29 pm
por Rutilo De Los Santos
Pregunta.- Como define Cristo la concupiscencia?
R= El hombre del que Cristo habla en el sermón de la montaña"el que mira para desear", es el hombre de concupiscencia, no solamente en una interpretación psicológica sino,al mismo tiempo de una interpretación teológica. Cristo habla en el contexto de la experiencia humana y a la vez de la obra de salvación ,estos dos contextos,en cierto modo se sobreponen y se compenetran mutuamente,esto tiene un significado particular para el contenido del verbo"desear" o "mirar para desear"

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mar Oct 22, 2013 10:56 am
por lindoro50
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?

Como ‘adulterio en el corazón’, mismo que se comete no solo porque el hombre “mire” de ese modo a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira así a cualquier mujer. Incluso si mirase de ese modo a su esposa, cometería el mismo adulterio ‘en el corazón’, si la trata solamente como objeto de satisfacción del instinto.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mar Oct 22, 2013 11:07 am
por Maria 2
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?

Cristo dice: "Pero yo Os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón" (Mt 5, 28); ante este pasaje siempre viene a la mente la traducción antigua: "ya la ha hecho adúltera en su corazón", versión que, quizá mejor que el texto actual, expresa el hecho de que se trata de un mero acto interior y unilateral. Así, pues el adulterio cometido con el corazón se contrapone en cierto sentido al "adulterio cometido con el cuerpo". Son palabras que se refieren al deseo.

Cristo habla de la concupiscencia: "Todo el que mira para desear". Ese hombre del que habla Cristo en el sermón de la montaña -el hombre que mira "para desear", es indudablemente hombre de concupiscencia. Precisamente por este motivo, porque participa de la concupiscencia del cuerpo, "desea" y "mira para desear". La imagen del hombre de concupiscencia, reconstruida en la fase precedente, nos ayudará ahora a interpretar el "deseo", del que habla Cristo, según Mateo 5, 27-28.

Cristo habla en el contexto de la experiencia humana y a la vez en el contexto de la obra de la salvación.

El Maestro se remite en primer lugar a la experiencia de quienes le estaban oyendo directamente; se remite, pues, también a la experiencia y a la conciencia del hombre de todo tiempo y lugar.

COMENTARIO: Las advertencias se dirigen sobre todo a los hombres. Para que no se dejen seducir por la mujer y de no se dejen arrastrar por su fascinación que lleva al hombre a pecar; sin olvidar hacer elogio de la mujer que es perfecta compañera de vida para el propio marido que sabe hacer feliz al marido.

Estos oyentes estaban, hasta cierto punto preparados para comprender el concepto de "adulterio", y sobretodo a comprender las palabras del adulterio cometido con el corazón.

Un abrazo y hasta pronto.-

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mar Oct 22, 2013 1:32 pm
por Silviamaria
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?
Cristo la define como “todo el que mira para desear” por lo que participa la experiencia y la conciencia del hombre en todo tiempo y lugar. El hombre peca con el corazón solo por el hecho del deseo, es el hombre de concupiscencia, el hombre que comete adulterio.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mar Oct 22, 2013 6:21 pm
por matrapaga
¿Cómo define Cristo la cocupiscencia?
Cristo dice: “Pero yo <i>Os</i> digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón” Cristo habla en el contexto de la experiencia humana y a la vez en el contexto de la obra de la salvación. Estos dos contextos, en cierto modo, se sobreponen y se compenetran mútuamente: y esto tiene un significado esencial y constitutivo para todo el <i>ethos</i> del Evangelio, y en particular para el contenido del verbo “desear” o “mirar para desear” pues entonces la mujer ya se habia convertido en objeto de propiedad.Al servirse de estas expresiones, el Maestro se remite en primer lugar a la experiencia de quienes le estaban oyendo directamente, pues los israelitas siempre habian cuidado el orden moral y se expresa en diferentes escritos; se remite, pues, también a la experiencia y a la conciencia del hombre de todo tiempo y lugar. La concupiscencia por tanto Cristo la define como aquel deseo tanto del corazon como de la voluntad mal encaminado a ver a la otra persona como objeto para satisfacer un deseo propio, en el que además se pierde esa confianza, unidad, amor y respeto que hay entre los esposos y que lleva a romper la alianza que hay entre ellos(la fidelidad).
“Todo el que mira para desear”. . Ese hombre del que habla Cristo en el sermón de la montaña -el hombre que mira “para desear”, es indudablemente hombre de concupiscencia, pues tanto Él como sus oyentes conocian bien los deseos que salen del corazón del hombre.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mar Oct 22, 2013 6:47 pm
por Jeanette Palacios
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?

Cristo define la Concuspiscencia como todo aquello que se mira con deseo.
“concupiscencia de la mirada” como “adulterio cometido en el corazón”. Cristo dice Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer desendola ya adultero en su corazo'n.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mar Oct 22, 2013 7:43 pm
por garu
No obstante lo dicho anteriormente en cuanto al concepto, podríamos decir, reducido, del aldulterio en cuanto a las leyes israelitas, podemos ver que el Antiguo Testamento tiene múltiples citas a manera de consejos o advertencias sobre el ver-desear a que se refiere Jesús en el Sermón de la Montaña cuando habla de ”…pero yo les digo que aquel que mira a una mujer deseándola…” Se infiere de esto que la multitud reunida en aquel momento, estaba preparada para entender el sentido que quería darle Jesús al pecado del adulterio. No sólo es un pecado del cuerpo, cometido por el cuerpo, sino también un pecado del corazón, interior, producto de la concupiscencia introducida por el pecado original, de allí la gravedad del mismo y comparable a la traición del pueblo de Israel (esposa) a su único Dios (esposo).

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mié Oct 23, 2013 2:17 pm
por Dolovalencia
En el sermón de la Montaña parece que Cristo quiere dejar atrás todas las disputas acerca del significado ético del adulterio y adquiere otra dimensión. Cristo habla de la concupiscencia--El hombre que mira para desear es indudablemente hombre de concupiscencia "mira para desear"--
Mirada concupiscente o sea "adulterio cometido con el corazón".

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mié Oct 23, 2013 8:07 pm
por mariaines
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?
Cristo habla en el contexto de la experiencia humana y a la vez en el contexto de la obra de la salvación. Estos dos contextos, en cierto modo, se sobreponen y se compenetran mútuamente: y esto tiene un significado esencial y constitutivo para todo el ethos del Evangelio, y en particular para el contenido del verbo "desear" o "mirar para desear".

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Jue Oct 24, 2013 9:30 pm
por patricio
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?
Cristo nos habla de la concupiscencia y dice: "Todo el que mira para desear". Precisamente esta expresión exige un análisis particular para comprender el enunciado en su integridad. Es necesario aquí volver a reconstruir la imagen "del hombre de la concupiscencia" ya en los comienzos de la historia (cf. Gén 3). Ese hombre del que habla Cristo en el sermón de la montaña, el hombre que mira "para desear", es indudablemente hombre de concupiscencia. Precisamente por este motivo, porque participa de la concupiscencia del cuerpo, "desea" y "mira para desear". La imagen del hombre de concupiscencia, nos ayudará ahora a interpretar el "deseo", del que habla Cristo, según Mateo 5, 27-28. Se trata aquí no sólo de una interpretación psicológica sino, al mismo tiempo, de una interpretación teológica. Cristo habla en el contexto de la experiencia humana y a la vez en el contexto de la obra de la salvación. Estos dos contextos, en cierto modo, se sobreponen y se compenetran mútuamente: y esto tiene un significado esencial y constitutivo para todo el ethos del Evangelio, y en particular para el contenido del verbo "desear" o "mirar para desear".

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Vie Oct 25, 2013 9:24 am
por josemartin
Cristo Jesús ve la concupiscencia como la división del corazón que lleva a la división de la persona.
La persona íntegra busca la unidad interior la cual se manifiesta en la unidad exterior.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Vie Oct 25, 2013 11:37 am
por fpelaez
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?

Cristo lo define como "todo el que mira pra desear". Aquel deseo del hombre que lo aleja de la escencia original de la entrega y don dentro del matrimonio.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Vie Oct 25, 2013 7:54 pm
por Titica
Cristo define la concupiscencia como el "adulterio del corazon" porque es el deseo que sale del corazon, con la mente en el deseo hacia la mujer deseada. Mira y desea apartandose del fin primero del amor. Es un acto interior que se comete contra la pureza del verdadero amor.
Cristo en el sermon de la montaña lo que hace es recorder el mandamiento: "no adulteraras" en la conversacion con los fariseos.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Dom Oct 27, 2013 2:35 am
por MA SOCORRO A REYES L
Cristo habla en el contexto de la experiencia humana y a la vez en el contexto de la obra de la salvación. Cristo habla de la concupiscencia en el sermón de la montaña, del hombre que mira para desear, porque participa de la concupiscencia del cuerpo, desea y mira para desear. La imagen del hombre de concupiscencia del que habla Cristo, según Mateo 5, 27-28, se trata no sólo de una interpretación psicológica sino, al mismo tiempo, de una interpretación teológica.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mié Oct 30, 2013 3:00 pm
por RoxanaGomez25
Cristo define la concupiscencia desde el cuerpo y el corazón, algo interior, en el sermón dice "...todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró su corazón", del significado de adulterio del cuerpo al corazón, que se refiere al deseo. NO es solo la interpretación psicologica sino teológica, habla de experiencia humana y de la obra de salvación. El se remite a la tradicion sapiensal, dond e los israelitas tienen interés por la ética y la buena conducta, y ahí hay contraste en advertir, elogiando a la mujer -esposa, que no le es propia, y es tentación y ocasión de adulterio. Los autores utilizan estos libros para el conocimiento y enseñar la moral. Cristo deja claro que el adulterio es de cuerpo y corazón, que es pecado y que es por la concupiscencia.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mié Oct 30, 2013 5:04 pm
por marcela64
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?
Hombre de concupiscencia es el que “desea” y “mira para desear”.

Re: 38. El adulterio en el cuerpo y en el corazón

NotaPublicado: Mié Oct 30, 2013 7:10 pm
por CasJor
El adulterio en el cuerpo y en el corazón
¿Cómo define Cristo la concupiscencia?

En un sentido genérico, se refiere al deseo que el hombre experimenta por aquello que le es gratificante y consecuentemente le produce satisfacción, no en el sentido moral, sino en la satisfacción carnal.

El apetito sensual (de los sentidos) concupiscente, es la gratificación de los sentidos, mientras que el apetito racional, es de naturaleza humana en subordinación a la razón de Dios.

Finalmente la concupiscencia no es solamente del cuerpo, incluye también los deseos desordenados de la voluntad del ser, como son el orgullo, la ambición y la envidia por ejemplo.

Ciertamente, muy distinta es la satisfacción de las pasiones y otra, la satisfacción obtenida al poseerse plenamente a sí mismo y de esta forma poder darse de manera plena y verdadera a otra persona.