Su esposo San José.

En este foro: Dogmas y enseñanzas de la Iglesia sobre la Virgen María, así como libros, escritos, frases, reflexiones sobre su vida, apariciones y mensajes aprobados, advocaciones, devociones, oraciones, arte mariano. «La toda santa, la abogada, auxiliadora, socorro y mediadora, quien ha realizado del modo más perfecto, durante toda su vida, la obediencia en la fe (“Hágase en mí según tu palabra”), contemplándola, ya glorificada en cuerpo y alma, vemos en ella lo que la Iglesia está llamada a ser sobre la tierra y aquello que será en la patria celestial. La Madre de la Iglesia 'engendra' continuamente hijos para el Cuerpo místico del Hijo. Lo hace mediante su intercesión, implorando para nosotros la efusión inagotable del Espíritu. Seamos dóciles a su acción maternal para configurarnos con Cristo, en especial a través del santo Rosario cotidiano, su escuela mística, compendio de todo el Evangelio»

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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Mié Sep 21, 2011 3:56 pm

San Josemaría.

“San José, Maestro de la vida interior”


San José, Padre de Cristo, es también tu Padre y tu Señor. -Acude a él. Imagen
(Camino, 559)

Nuestro Padre y Señor San José es Maestro de la vida interior. -Ponte bajo su patrocinio y sentirás la eficacia de su poder. (Camino, 560)

De San José dice Santa Teresa, en el libro de su vida: "Quien no hallare Maestro que le enseñe oración, tome este glorioso Santo por maestro, y no errará en el camino". -El consejo viene de alma experimentada. Síguelo. (Camino, 561)

San José: no se puede amar a Jesús y a María sin amar al Santo Patriarca. (Forja, 551)

Mira cuántos motivos para venerar a San José y para aprender de su vida: fue un varón fuerte en la fe...; sacó adelante a su familia –a Jesús y a María–, con su trabajo esforzado...; guardó la pureza de la Virgen, que era su Esposa...; y respetó –¡amó!– la libertad de Dios, que hizo la elección, no sólo de la Virgen como Madre, sino también de él como Esposo de Santa María. (Forja, 552)

San José, Padre y Señor nuestro, castísimo, limpísimo, que has merecido llevar a Jesús Niño en tus brazos, y lavarle y abrazarle: enséñanos a tratar a nuestro Dios, a ser limpios, dignos de ser otros Cristos.

Y ayúdanos a hacer y a enseñar, como Cristo, los caminos divinos –ocultos y luminosos–, diciendo a los hombres que pueden, en la tierra, tener de continuo una eficacia espiritual extraordinaria. (Forja, 553)

Quiere mucho a San José, quiérele con toda tu alma, porque es la persona que, con Jesús, más ha amado a Santa María y el que más ha tratado a Dios: el que más le ha amado, después de nuestra Madre.

–Se merece tu cariño, y te conviene tratarle, porque es Maestro de vida interior, y puede mucho ante el Señor y ante la Madre de Dios. (Forja, 554)
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Dom Oct 16, 2011 9:54 pm

San José y María Santísima eran realmente esposos, no se trataba de una simple ficción. Al contrario: nunca, en la tierra, se ha visto dos almas llamadas a vivir juntas unidas por un tan maravilloso amor.

Se amaban, por supuesto, pero en Dios. Sus corazones latían al unísono con ternura recíproca bajo la inspiración del Espíritu Santo. Su única ambición era unirse más y más a la voluntad de Dios tres veces Santo; era la aspiración esencial de su ser. El amor del Altísimo constituía la base de su alianza.

Pero es precisamente esto lo que da al amor humano toda su fuerza y su belleza. El apóstol San Pablo dice en la Epístola a los Romanos (8, 38): Porque persuadido estoy que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni las potestades, ni la altura, ni la profundidad, ni ninguna criatura podrá separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro…

Un clamor semejante hace vibrar constantemente el corazón de San José y de María Inmaculada. Así como el amor de Dios es incorruptible —dicen—, así nuestro amor es invencible, puesto que se alimenta del de Dios. Y, en consecuencia, se afanan por complacerse mutuamente, tanto más cuanta que esta actitud, lejos de apartarles de Dios, les une a El más y más.

Había sido así desde que se hicieron las primeras promesas. José creía entonces que su amor a María no podría crecer más, pero tras la revelación de la Encarnación por parte del Ángel aumentará considerablemente. La fuerza de su amor se redobló hasta tal punto que se sentía como un hombre nuevo.

Las perfecciones de María se embellecieron a sus ojos porque el Niño que llevaba en su seno era el Dios de las promesas, hacia el cual tendían todas sus aspiraciones y deseos: la contemplaba y la veneraba como una nueva Arca de la Alianza, Tabernáculo del Santo de los Santos.

María, por su parte, se sentía ligada a Él, como al representante de la autoridad de Dios, escogido para ser su coadjutor en el misterio de la Encarnación. Le presta, pues, una confianza y un cariño llenos de deferencia, de sumisión tierna y afectuosa.

Han hecho ambos votos de virginidad, pero eso les une más estrechamente. Precisamente porque su amor es virginal, y la carne no tiene en él parte alguna, se encuentra protegido frente a los caprichos, las inquietudes, las amarguras y las decepciones.

Las vírgenes tienen una ternura que no conocen los corazones marchitos. Desconocen lo que San Pablo llama “las aflicciones de la carne” en su Epístola a los Corintios (1., 7, 28). Santos de cuerpo y espíritu, se aman con un amor capaz de todas las riquezas, de todos los matices.

“Oh, Santísima Virgen —exclama Bossuet—, tus llamas son tanto más vivas cuanto que son más puras y más sueltas, y el fuego de la concupiscencia que arde en nuestro cuerpo no puede igualar jamás el ardor de los castos abrazos de los espíritus que une el amor a la pureza”.

¿Presentía José que a causa de su misión María sería llamada un día por el mundo entero “causa de nuestra alegría”? En cualquier caso, en cuanto la instaló en su casa para vivir con ella una vida en común que sólo la muerte podría interrumpir, María se convirtió para Él en fuente de desbordante alegría.

Y mientras que Él la rodea de cuidados y atenciones que para Ella formarán parte de ese tesoro de pensamientos y de recuerdos que conservará en su Corazón, María, por su parte, se comporta como una esposa amorosa y dulce, cuya entrega pronta y alegre está atenta a los menores detalles.

Hay entre ellos una admirable emulación para servirse mutuamente: “Soy tu servidora”, dice María. “No —responde José—, soy yo el designado por Dios para servirte”.

Y mientras María cose y borda la canastilla del Niño, José hace la cuna de madera donde reposará el Hijo del Altísimo, el Rey del Universo, el Salvador del Mundo.

Surge espontánea esta pregunta: Si María y José estaban, como se ha dicho, ligados por el voto de perpetua virginidad, voto que excluye el matrimonio, ¿cómo pudieron casarse válidamente, y convertirse en verdaderos esposos? En su casamiento, o no prestaron verdadero consentimiento, y se redujeron a fingir, y entonces no fueron verdaderos esposos; o prestaron un verdadero consentimiento, y entonces quebrantaron el voto de virginidad.

A esta pregunta se contesta afirmando que María Virgen y José Castísimo en su casamiento prestaron verdadero consentimiento, y por lo tanto, fueron verdaderos esposos; y al mismo tiempo, no violaron el voto de virginidad, sino que fueron siempre vírgenes.

En efecto, en el casamiento José adquirió derechos sobre María, y María sobre José. Pero el que tiene algún derecho, puede usarlo, o no; y si no lo usa, no por ello lo pierde.

Un hombre puede comprar un viñedo y convertirte en su dueño. Puede también, si lo quiere, renunciar al derecho de disfrutar del viñedo comprado y de percibir los frutos. Pero no por esto deja de ser el verdadero dueño.

Así, la Santísima Virgen y San José, renunciando a los derechos adquiridos en su casamiento, permanecieron vírgenes; y, sin embargo, fueron verdaderos esposos. Y esto, ciertamente, sucedió por disposición de Dios.

Del mismo modo que el Arcángel San Gabriel explicó a María que Ella podía ser Madre de Dios sin violar el voto de virginidad —esto es, por obra del Espíritu Santo—, así el Señor, de alguna manera, les aseguró que aun casándose podían mantenerse rigurosamente fieles a su voto; y ellos —como hemos visto ya— de mutuo acuerdo prometieron observarlo religiosamente como antes del casamiento, y así pudieron convertirse en verdaderos esposos, sin dejar de ser vírgenes.

Por esto, el Evangelio llama a José esposo de María, y a María, esposa de José: “Jacob engendró a José, esposo de María, de quien nació Jesús.” “José, su esposo, siendo hombre justo…”; y el Ángel dijo: “No temas, oh José, tomar a María por esposa“.

De aquí concluye San Agustín que siendo José y María llamados cónyuges en el Evangelio, se debe afirmar que entre ellos hubo un verdadero y legítimo matrimonio, aunque conservarán siempre una inviolable virginidad.

Así fue el matrimonio entre la Beatísima Virgen y el Castísimo José, el más puro, el más casto, el más santo y el más admirable que se pueda imaginar.

Puede afirmarse que no fue un hombre quien se casó con una mujer, sino un ángel que se desposó con otro; o mejor, como se expresa Gersón, fue la virginidad que se desposó con la virginidad.

Y fue éste un maravilloso ejemplo de continencia, imitado después por varios Santos, como, por ejemplo, Santa Pulquería con Marcial, y Santa Cunegunda con San Enrique, los cuales en el matrimonio renunciaron a sus derechos, y permanecieron siempre vírgenes.

El casamiento de José con María se realizó por disposición de Dios; porque —como dice San Jerónimo— deseando tomar carne humana Aquel que debía purificar las manchas de los pecados de todos los hombres, no debía tener por Madre sino una Virgen Inmaculada. Pero al mismo tiempo, quiso que esta Virgen estuviera casada, por las siguientes razones:

En primer lugar, a fin de que se cumplieran las profecías según las cuales el Mesías debía nacer de la estirpe de David, como lo demuestra claramente la genealogía.

En segundo lugar, a fin de que María, apareciendo como madre sin esposo, no fuera tratada como adúltera y apedreada por los judíos, según mandaba la Ley en tales casos.

En tercer lugar, a fin de que al huir la Virgen María a Egipto —y lo mismo puede decirse para las demás penas y trabajos que la afligieron—, tuviera un socorro y alivio humano y ordinario.

Y en cuarto lugar, finalmente —como observa San Ignacio Mártir—, a fin de que el parto de María quedara escondido al demonio, creyéndolo, no ya de una virgen, sino de una casada; es decir, impidiendo Dios que el demonio descubriese el sublime misterio de la Encarnación del Verbo por obra del Espíritu Santo.

Habiendo sido San José elegido por Dios para ser el protector y el casto esposo de la más pura de las vírgenes, ¿podremos dejar de creer que fuera adornado con todas las gracias y privilegios que debían hacerlo digno de un título tan glorioso? ¿Qué padre no elige para la hija que ama tiernamente, el esposo más virtuoso y perfecto que pueda hallar? Ahora bien; ¿hubo jamás hija alguna más amada por el Padre celestial que la Santísima Virgen, destinada desde toda la eternidad a ser Madre de su único Hijo?

Dios, cuyas obras llegan a su término fuerte y dulcemente, debía preparar para María un esposo que mereciera gozar de una unión tan íntima con la Madre de su Unigénito. El cielo, fecundo en milagros, había reunido en aquella augusta Virgen todas las gracias y todas las virtudes. Era María más bella que la luna, más resplandeciente que el sol, más formidable contra el príncipe de las tinieblas que una armada en orden de batalla.

Toda pura a los ojos del que es la pureza misma, María veía a sus pies a todas las criaturas del cielo y de la tierra, y sólo Dios, cuya fiel imagen era, la superaba en gracia y santidad.

Por eso, cuando Dios, al principio del mundo, creó de la nada, con su poder infinito, esa multitud de seres, cuya excelencia era a sus ojos digna de admiración, y coronó su obra maravillosa creando al primer hombre, no halló nada sobre la tierra que pudiera compararse a Adán. A tantas maravillas debió añadir un nuevo milagro, y dar a Adán un apoyo que fuera igual a él. Y creó la primera mujer, que quiso sacar del costado de Adán, para que, siendo de su misma naturaleza, pudiera servirle de compañera.

¿No es, pues, lógico pensar que, habiendo dado José a María para ayudarla y servirla, lo haya hecho a José semejante a Ella, enriqueciéndolo con todos sus dones y dotándolo con gracias especiales, a fin de que, siendo en cierto modo la fiel imagen de las perfecciones de una Esposa santa, fuese digno de serle dado por compañero?

Cuando Dios quiso dar una compañera al primer hombre, se la dio semejante en la naturaleza, en la gracia y en la perfección. Y cuando quiso dar un esposo a la Madre de su Hijo divino, lo escogió semejante a Ella en gracia y santidad.

Por lo tanto, cuando consideramos atentamente las sublimes prerrogativas y las admirables virtudes de José, vemos que ningún Santo tuvo como Él tanta parte en los privilegios de los méritos que enaltecieron a María por sobre todos los santos.

Cuando Dios eligió a José para ser el Casto Esposo de María y el Padre de su único Hijo, ya era sumamente grande y perfecto; pero ¡cuánto crecieron y se perfeccionaron tan eminentes cualidades en la compañía íntima y continua de esa Virgen incomparable, cuya profunda humildad y pureza, superiores a las de los Ángeles, obligaron, por así decirlo, al Hijo de Dios a bajar del Cielo para hacerse Hombre!…

Que si un solo saludo de María obró tantos prodigios en la casa de Zacarías, santificó a San Juan, y le comunicó el espíritu de profecía con tanta abundancia, que participó de él también su madre, ¡qué saludables impresiones no debía hacer en el alma de San José la conversación de esa Virgen, en el tiempo en que la plenitud de la Divinidad habitaba personalmente en Ella! ¡Qué luces fulgurantes esparcía en su alma, qué fervor movía su voluntad!…

En efecto, si la boca habla de la abundancia del corazón, ¡qué edificantes serían las conversaciones de María, cuando tenía en su casto seno al Verbo que inspira el amor, el Verbo hecho carne por obra del Espíritu de amor!

¡Cuántas sublimes comunicaciones, qué maravillosas efusiones, qué flujo y reflujo de luces y de llamas divinas, qué sagrados coloquios entre María y José durante treinta años!

Si la omnipotencia de Dios resplandece sobre todo en su Divinidad, en cuanto que un Dios puede engendrar a un Dios, la Santísima Virgen hace algo semejante, al ser la Madre del Dios hecho Hombre. Si la omnipotencia de Dios se manifiesta haciendo brotar toda la magnificencia del universo con un fíat, parece aún mayor el triunfo de la omnipotencia de María, quien con un fíat hizo que Dios se abajara desde el abismo insondable de su Divinidad, para hacerse Hombre.

Y para terminar esta consideración, debemos hacer alguna reflexión práctica. Si San José hizo tan admirables progresos en el camino de la perfección, es porque fue fiel a las primeras gracias que Dios le hizo; y esta correspondencia a todas las inspiraciones del Espíritu Santo, a todos los impulsos de la gracia, le merecieron siempre nuevos y mayores favores.

Animo, siervo prudente: porque te mostraste fiel en lo poco, te estableceré en lo mucho.

No son los favores más señalados del Cielo los que forman la verdadera grandeza. La gloria de San José no es tan sólo la de haber sido el Esposo de María y de haber llevado a Jesús en sus brazos, sino la de haberle custodiado en su corazón; de haber sabido unir la preeminencia de la virtud a la de las gracias y de los títulos, y de haber sabido honrar con la virtud más sublime al Dios que lo había elevado a tanta altura.

Verdaderamente sabio, pues que la gracia que lo santifica, prevalece en su corazón a la gracia que lo levanta y engrandece; pues que pospone el estado honorífico a otro más perfecto.

Son sus virtudes, y no los honores, las que lo hicieron meritorio delante de Dios; y si pudiéramos separar ambas cosas, lo que Dios hizo en San José por medio de María Santísima le sería inútil, sin su propia cooperación a la gracia y a los beneficios de Dios.

Con la fidelidad a las gracias, estas se multiplican, dice San Jerónimo.
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Re: Su esposo San José.

Notapor mrocha10412 » Mié Oct 19, 2011 4:17 pm

eagleheart escribió:
    1.- Primeramente, imaginar a Jesús en brazos de María, ambos diriéndose una mirada como jamás habrá siquiera que se le compare. Tal Hijo y tal Madre.
    2.- San José, ser el encargado en lo natural de la protección, cuidado y manutención de Jesús y María. Que con el sudor de su frente les haya alimentado, que Jesús le llamase papá, saberse Esposo dignísimo y santísimo de María.



Sencillamente hermoso!!!
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Jue Oct 20, 2011 7:03 pm

Sí mrocha: ¡Sencillamente hermoso!
Ahora imaginá que San José te mira a vos del mismo modo ...
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Vie Oct 28, 2011 7:12 pm

Inusual escena de la Sagrada Familia en la que la Virgen amamanta al Niño Jesus,

bajo la mirada de San José, la mula y el buey.--- Imagen
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Re: Su esposo San José.

Notapor juanchodedios » Sab Nov 05, 2011 7:28 pm

¿Asuncion de san Jose?
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Dom Nov 06, 2011 10:18 am

SAN JOSÉ, MAESTRO DE VIDA INTERIOR.

En la vida de piedad nunca debe separarse la devoción a la Virgén Santísima del trato con Jesucristo y con San José: Dios quiso que estuvieran juntos.

San José, por su santidad excepcional, su misión singular, sus virtudes y fidelidad, interviene constantemente en la santificación de las almas, tal como quiso Jesucristo. Pues así como cuidó a Jesucristo en la tierra, ahora cuida de su Cuerpo místico que somos todos los cristianos.

Jesucristo y la Virgen son los mejores modelos de piedad, y ellos nos enseñaron a tener devoción a San José, porque ambos fueron sus primeros devotos; además nos dieron muestras de un trato constante lleno de piedad, devoción y respeto hacia el Santo Patriarca que presidía la vida de la Sagrada Familia, y María y Jesús le estaban sujetos.

Quien acude a San José recibe ayuda en todas sus necesidades de alma y cuerpo, como lo atestigua Santa Teresa en un texto muy conocido: "No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que mas ha hecho Dios por medio de ese bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así del cuerpo como del alma; que a otros santos, parece les dio el Señor gracia para socorrer en alguna necesidad, a este glorioso santo tengo experiencia que socorrer en todas y que quiere el Señor darnos a entender que así como le estuvo sujeto en la tierra, así en el Cielo hace cuanto le pide" (Vida,c6)


Tomado del Devocionario a San José por José Luis Aceves Hernández.

Juanchodedios: La asunción de San José, hasta donde estoy enterada, no es un misterio propuesto por la Iglesia para la Fe pero, tampoco rechazada. Personalmente creo que ha de estar, en cuerpo y alma en el cielo con su familia de la tierra: es decir María y Jesús.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Mié Nov 16, 2011 7:50 pm

Las principales fuentes de información sobre la vida de San José son los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de Lucas. En los relatos no conocemos palabras expresadas por él, tan sólo conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección, como padre responsable del bienestar de su amadísima esposa y de su excepcional Hijo.

Es un caso excepcional en la Biblia: un santo al que no registra una sola palabra. Imagen

El silencio de san José es un silencio impregnado de la contemplación del misterio de Dios, en una actitud de disponibilidad total a la voluntad divina. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino por el contrario, una plenitud de fe que lleva en su corazón, y guía cada uno de sus pensamientos y cada una de sus acciones. Un silencio gracias al cual José, al unísono con María, conserva la Palabra de Dios, conocida a través de las Santas Escrituras, confrontándolas permanentemente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración continua, de bendición del Señor, de adoración de su voluntad y de confianza absoluta en su providencia.

Pidamosle a San José la virtud del silencio respetuoso y prudente.
Que no queramos meter cuchara en todos los temas.
En algunos casos leer, pensar, rezar pero, no postear si no lo consideramos necesario o conveniente.
Es decir callar si no sirve para algo y principalmente si a alguien podemos perjudicar con nuestras palabras.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Jue Nov 24, 2011 10:50 pm

tened a San José la misma devoción que tuvo Santa Teresa; todo cuanto le pidiereis, lo alcanzaréis'.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Lun Dic 05, 2011 9:07 am

Encontré esta tierna canción que no conocía. La comparto:

http://www.youtube.com/watch?v=9bEloOENoHo
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Re: Su esposo San José.

Notapor ebora2 » Dom Ene 01, 2012 5:32 pm

Gracias por compartir con nosotros este maravilloso villancico español... :D
Ojala los chicos tomemos como modelo de vida a S. Jose...
Y siguiendo su ejemplo seamos mas humildes y prudentes en nuestra vida ...Logrando asi santificarnos....
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Jue Ene 05, 2012 4:56 pm

ebora2 escribió:Gracias por compartir con nosotros este maravilloso villancico español... :D
Ojala los chicos tomemos como modelo de vida a S. Jose...
Y siguiendo su ejemplo seamos mas humildes y prudentes en nuestra vida ...Logrando asi santificarnos....

¡Mirenlo al nene!
Pero, sí. San José nos cuida como a pequeñísimos
a vos y a mí que te llevo tantos años. Estamos bajo su protección
jugando felices. Imagen
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Sab Mar 10, 2012 10:18 am

Novena a San José:

Se puede rezar por las intenciones de petición, acción de gracias, alabanza o lo que cada uno tenga en su corazón.

Hacer la señal de la cruz.

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Meditación día primero: Fe de San José

La fe es una virtud sobrenatural que nos inclina a creer todo lo que Dios ha revelado y la Iglesia nos propone. Es la virtud sobre la que se apoyan todas las demás virtudes, pues sin ella no participamos de la vida de la gracia. San José creyó con una fe tan viva que sólo la Santísima Virgen pudo aventajarlo. Toda su vida fue verdaderamente una vida de fe, un acto continuo de fe.


¡ACUÉRDATE!

¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Dom Mar 11, 2012 8:28 pm

Novena a San José:

Se puede rezar por las intenciones de petición, acción de gracias, alabanza o lo que cada uno tenga en su corazón.

Hacer la señal de la cruz.

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Meditación día Día Segundo: Fervor de San José

El fervor es la prontitud de la voluntad en el servicio de Dios. San José, siervo bueno y fiel, siempre vivió y trabajó por hacer con perfección y diligencia la voluntad de Dios, aunque le ocasionara grandes sacrificios. Los que aman como San José están dispuestos a sacrificar todo cuanto el Señor les pida.


¡ACUÉRDATE!

¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Lun Mar 12, 2012 4:24 pm

Novena a San José:

Se puede rezar por las intenciones de petición, acción de gracias, alabanza o lo que cada uno tenga en su corazón.

Hacer la señal de la cruz.

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Día Tercero: Amor de San José al prójimo

El amor con que amamos a Dios y el amor con que amamos al prójimo es un solo amor: son dos ramas de una misma raíz porque si al prójimo no le amamos por Dios y con Dios no le amamos con amor verdadero.
El amor de San José a Dios es el mayor que se puede encontrar después de la Virgen María; su amor al prójimo, por tanto, es también el mayor después del de la reina del Cielo.


¡ACUÉRDATE!

¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Mar Mar 13, 2012 6:39 pm

Novena a San José:

Se puede rezar por las intenciones de petición, acción de gracias, alabanza o lo que cada uno tenga en su corazón.

Hacer la señal de la cruz.

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Día Cuarto: Prudencia de San José

La prudencia es la virtud que dirige todas las cosas a buen fin. Ninguna virtud obra sin que ella le ordene el modo y el tiempo en que debe hacerlo.La prudencia sirvió de guía a san José para llevar a cabo felizmente la misión del Señor de ser custodio de Jesús y esposo de María, a pesar de los grandes trabajos y contradicciones que halló a su paso.


¡ACUÉRDATE!

¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Mié Mar 14, 2012 8:35 am

Novena a San José:

Se puede rezar por las intenciones de petición, acción de gracias, alabanza o lo que cada uno tenga en su corazón.

Hacer la señal de la cruz.

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Día Quinto: Fortaleza de San José

La fortaleza es una firmeza de ánimo, una presencia de espíritu, contra todos los males y contrariedades. La vida de San José, después de la de Jesús y María, fue la que mayores contradicciones experimentó; debía ser también varón fuerte. Belén, Nazaret, Egipto, demostraron el heroísmo de la fortaleza del Santo, que sufrió con constancia todos los dolores y trabajos de su vida.


¡ACUÉRDATE!

¡Acuérdate! Oh castísimo esposo de la Virgen María, dulce protector mío San José que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han invocado tu protección e implorado tu auxilio, haya quedado sin consuelo! Animado con esta confianza, vengo a tu presencia y me recomiendo fervorosamente a tu bondad. No desatiendas mis súplicas, oh padre adoptivo del Redentor, antes bien acógelas propicio y dígnate socorrerme con piedad. Amén.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Jue Mar 15, 2012 8:34 am

[quote="tralalá"]
Se puede rezar por las intenciones de petición, acción de gracias, alabanza o lo que cada uno tenga en su corazón.

Hacer la señal de la cruz.

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Día Sexto: Pureza de San José

San José fue custodio de Cristo Jesús, y verdadero esposo de la más pura criatura, María Madre de Dios.
San José apareció a los ojos de Dios adornado con tanta pureza que el Señor le confió sus más grandes tesoros.
Con este ejemplo sublime de pureza. ¿No nos animaremos a ser puros en pensamientos, palabras y obras?


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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Vie Mar 16, 2012 8:20 pm

Novena a San José:

Se puede rezar por las intenciones de petición, acción de gracias, alabanza o lo que cada uno tenga en su corazón.

Hacer la señal de la cruz.

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Día Séptimo: Pobreza de San José

Bienaventurados son los pobres de Cristo, que viven desprendidos de los bienes de este mundo y dan a sus hermanos aún de lo preciso. San José tenía ante sí el ejemplo de María y el ejemplo de Jesús, hijo de Dios, que para predicar el desprendimiento y amor a la pobreza se hizo pobre, teniendo por cuna un pesebre en su nacimiento. Vivió pobre San José y dio de su pobreza a los más necesitados.


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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Sab Mar 17, 2012 8:25 am

Novena a San José:

Se puede rezar por las intenciones de petición, acción de gracias, alabanza o lo que cada uno tenga en su corazón.

Hacer la señal de la cruz.

Santísima Trinidad, Padre Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas un solo Dios verdadero, en quien creo y espero y a quien amo con todo mi corazón.Te doy gracias por haber honrado sobre todos los santos a San José con la dignidad incomparable de padre adoptivo de Jesús, Hijo de Dios, y esposo verdadero de María, Madre de Dios. Ayúdame a honrarle y merecer su protección en vida y en la hora de la muerte.

San José patrón de la Iglesia, jefe de la Sagrada Familia, te elijo por padre y protector en todo peligro y en toda necesidad. Descubre a mi alma la pureza de tu corazón, tu santidad para que la imite y tu amor para agradecerte y corresponderte. Enséñame a orar, tu que eres maestro de oración y alcánzame de Jesús por María la gracia de vivir y morir santamente. Amén.

Día Octavo: Paciencia de San José

Es esta una virtud que nos hace sobrellevar con alegría y paz todos los males de la vida por amor de Dios. Es necesaria la paciencia para alcanzar el cielo; y no hay virtud de mas frecuente ejercicio desde que existe el pecado. En la vida de san José hubo muchas penas pero él padeció con paz, con alegría y completamente resignado a la voluntad de Dios.


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