Su esposo San José.

En este foro: Dogmas y enseñanzas de la Iglesia sobre la Virgen María, así como libros, escritos, frases, reflexiones sobre su vida, apariciones y mensajes aprobados, advocaciones, devociones, oraciones, arte mariano. «La toda santa, la abogada, auxiliadora, socorro y mediadora, quien ha realizado del modo más perfecto, durante toda su vida, la obediencia en la fe (“Hágase en mí según tu palabra”), contemplándola, ya glorificada en cuerpo y alma, vemos en ella lo que la Iglesia está llamada a ser sobre la tierra y aquello que será en la patria celestial. La Madre de la Iglesia 'engendra' continuamente hijos para el Cuerpo místico del Hijo. Lo hace mediante su intercesión, implorando para nosotros la efusión inagotable del Espíritu. Seamos dóciles a su acción maternal para configurarnos con Cristo, en especial a través del santo Rosario cotidiano, su escuela mística, compendio de todo el Evangelio»

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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Lun Ago 06, 2012 3:18 pm

Esas cosas siempre hacen bien porque al querer brindar a otros conocimientos y más aún, compartir la fe y el amor por Cristo, uno se da cuenta de cuanta necesidad tiene de darle sitio en uno a Cristo y buscarlo donde se le puede hallar.
Te felicito.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Vie Oct 26, 2012 1:46 pm

SAN JOSÉ - PATRONO de la IGLESIA.

El papa Pío IX, con un Decreto que expidió el 8 de diciembre de 1870, Quemadmodum Deus, declaró solemnemente a San José, Patrono de la Iglesia Católica:

Así como Dios había constituido gobernador de toda la tierra a José, hijo del patriarca Jacob, al fin de guardar el trigo para el pueblo, de la misma manera, llegada ya la plenitud de los tiempos en que debía enviar a la tierra a su Unigénito Hijo para la salvación del mundo, escogió otro José, de quien el primero había sido figura, y le hizo príncipe y señor de su casa y posesión y custodio de sus principales tesoros, puesto que Él estuvo desposado con la Inmaculada Virgen María, que por virtud del Espíritu Santo dio a luz a Nuestro Señor Jesucristo, quien se dignó pasar entre los hombres por hijo de José y estarle sujeto.

Así es que este afortunado José, no solamente vio, sino que habló familiarmente, abrazó y besó con afecto de padre, a quien muchos reyes y profetas habían deseado ver; y con amorosa solicitud alimentó al mismo que el pueblo fiel había de recibir para alcanzar la vida eterna, como pan bajado del cielo.

Por razón de esta sublime dignidad que Dios confiere a este su fidelísimo siervo, la Iglesia ha tributado siempre a José los primeros honores y alabanzas después de los que se deben a la Madre de Dios, la Virgen, su Esposa, así como ha ocurrido a su valimiento en los trabajos y angustias.

Mas como en nuestros tristísimos días esta misma Iglesia perseguida de todas partes por sus enemigos, se halla agobiada bajo tan grandes calamidades que a juicio de los impíos las puertas del infierno van por momentos a prevalecer contra ella, por esto los venerables Obispos de todo el Orbe católico presentaron al Soberano Pontífice sus ruegos, y los de los fieles confiados a su solicitud pastoral, con los que le suplicaban se dignase declarar a San José Patrón de la Iglesia católica.

Posteriormente, habiendo sido renovadas estas mismas súplicas y votos con la ocasión del sacrosanto ecuménico Concilio Vaticano, conmovido nuestro santísimo Padre el Papa Pío IX por los recientes y lamentables acontecimientos, ha determinado secundar las aspiraciones y los deseos de los Prelados, para confiarse de este modo a sí mismo y a todos los fieles al poderosísimo de San José, y en su consecuencia le ha solemnemente declarado PATRÓN DE LA IGLESIA CATÓLICA, mandando que se celebrara en adelante su fiesta, que cae el 19 de marzo, con rito doble de primera clase, aunque sin octava, por razón de la Cuaresma.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Mar Nov 06, 2012 9:23 pm

ORACIÓN de CONSAGRACIÓN a SAN JOSÉ.
Aunque consagrarse no es algo para realizar de pronto sino que es conveniente prepararse primero, será bueno que leamos, meditemos y saboreemos esta oración y nos impregnemos de tan bellas y grandes verdades.

Yo N.N. me postro delante de ti, oh gloriosísimo San José, y te venero como purísimo Esposo de la Madre de Dios, Jefe de la Sagrada Familia, Padre nutricio de Jesucristo, y fiel depositario de los tesoros de la Trinidad Santísima. Yo reverencio, oh San José, en tu persona, la elección hecha por Dios Padre, que quiso compartir contigo su autoridad sobre su Hijo; la elección hecha por el Hijo que quiso estarte sujeto, y vivir del trabajo de tus manos; la elección hecha por el Espíritu Santo que quiso confiarte su queridísima e inmaculada Esposa, dándotela por compañera. Me alegro contigo por la dicha que tuviste de llevar a Jesucristo en tus brazos, de recostarlo en tu seno, de abrazarlo amorosamente, de mojarlo con tus lágrimas, entre aquellas santas caricias con que tan a menudo te favoreció el Divino Niño.¿Quien podrá comprender todos los tesoros de luces, de sabiduría y de gracias, que tu recibiste durante los treinta años que pasaste con Jesús y María?

Penetrado de respeto y de amor a vista de tus grandezas y de tu santidad, te ofrezco y consagro mi corazón. Después de Jesús y María, tu serás mi dueño y guía. Te tomo en adelante como Padre y protector; dígnate mirarme como hijo tuyo; hazme sentir los efectos del gran valimiento que tienes para con Dios y la tierna caridad que tienes para conmigo; obtenme una sincera conversión, y todas las gracias que necesito para llenar sus adorables designios.

Alcánzame el espíritu de recogimiento, la vida interior, la fidelidad a la gracia, la unión con Dios, la humildad de corazón, la perfecta conformidad con la voluntad divina, la paciencia en las adversidades, el aprecio y amor a las cruces y sobre todo un amor ardentísimo a Jesucristo y a su Santa Madre, virtudes todas que constituyen su verdadero particular carácter. Finalmente, por le privilegio de tu dichosísima muerte, obetenme, oh gran Santo, una muerte semejante a la tuya en el sacrificio perfecto de mi voluntad a Jesús y María. Amén.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Mar Nov 20, 2012 7:58 am

SAN JOSÉ: Hoy es 20 (de noviembre), es decir que ayer fue 19, jejé diría Angy.
No te escribí, no supe qué. Ahora vengo a agradecerte lo tan especial que estuviste conmigo.
No omitiste detalle alguno en "complicidad" con la Virgen, el Niño y mi ángel de la guarda.
Forman un cuarteto imbatible: La Sagrada Familia y mi angelito.

Como que hubiera tragado mucha agua, casi por ahogarme pero, me reflotaron.
Gracias. Gracias. Muchas gracias. Tralalá
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Re: Su esposo San José.

Notapor Cielo_0511 » Mar Nov 20, 2012 12:29 pm

San José que amastes, cuidastes y cumplistes el própósito de Dios en la Santa familia sagrada; que sigas siendo modelo para todos los hombres y ruega por nuestras almas...amén
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Dom Dic 02, 2012 3:48 pm

Comenzamos Adviento del que San José fue uno de los protagonistas.

San José recibe, por medio de un ángel, mensajes
de DIOS. Imagen
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Jue Dic 13, 2012 10:10 am

Pongo un video con su historia.
http://www.youtube.com/watch?v=U5go5F6xazA
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Jue Dic 20, 2012 11:10 pm

José: ayudame.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Vie Ene 11, 2013 5:02 pm

No lo resumí por tratarse de una homilía de nuestro actual Papa.

Cuando San José duerme
Card. Joseph Ratzinger

"El sueño de san José", Vicente López Portana,
Museo del Prado. Imagen

Queridos hermanas y hermanos:

Hace poco pude ver en casa de unos amigos una representación de san José que me ha hecho pensar mucho. Es un relieve procedente de un retablo portugués de la época barroca, en el que se muestra la noche de la fuga hacia Egipto. Se ve una tienda abierta, y junto a ella un ángel en postura vertical. Dentro, José, que está durmiendo, pero vestido con la indumentaria de un peregrino, calzado con botas altas como se necesitan para una caminata difícil. Si en primera impresión resulta un tanto ingenuo que el viajero aparezca a la vez como durmiente, pensando más a fondo empezamos a comprender lo que la imagen nos quiere sugerir.

Los silencios
Duerme José, ciertamente, pero a la vez está en disposición de oír la voz del ángel (Mt 2,13ss). Parece desprenderse de la escena lo que el Cantar de los Cantares había proclamado: Yo dormía, pero mi corazón estaba vigilante (Cant 5,2). Reposan los sentidos exteriores, pero el fondo del alma se puede franquear. En esa tienda abierta tenemos una figuración del hombre que, desde lo profundo de sí mismo, puede oír lo que resuene en su interior o se lo diga desde arriba; del hombre cuyo corazón está lo suficientemente abierto como para recibir lo que el Dios vivo y su ángel le comuniquen. En esa profundidad el alma de cualquier hombre se puede encontrar con Dios. Desde ella Dios nos habla a cada uno y se nos muestra cercano.

Sin embargo, la mayoría de las veces nos hallamos invadidos por cuidados, inquietudes, expectativas y deseos de todas clases; tan repletos de imágenes y apremios producidos por el vivir de cada día, que, por mucho que vigilemos externamente, se nos pide la interna vigilancia y, con ella, el sonido de las voces que nos hablan desde lo más íntimo del alma. Ésta se halla tan cargada y son tantas las murallas elevadas en su interior, que la voz suave del Dios próximo no puede hacerse oír. Con la llegada de la Edad Moderna, los hombres hemos ido dominando cada vez más el mundo, y disponiendo de las cosas a la medida de nuestros deseos; pero estos adelantos en nuestro dominio sobre las cosas, y en el conocimiento de lo que podemos hacer con ellas, ha encogido a la vez nuestra sensibilidad de tal manera, que nuestro universo se ha tornado unidimensional. Estamos dominados por nuestras cosas, por todos los objetos que alcanzan nuestras manos, y que nos sirven de instrumentos para producir otros objetos. En el fondo, no vemos otra cosa que nuestra propia imagen, y estamos incapacitados para oír la voz profunda que, desde la Creación, nos habla también hoy de la bondad y la belleza de Dios.



Ese José que duerme, pero que al mismo tiempo se halla presto para oír lo que resuene por dentro y desde lo alto -porque no es otra cosa lo que acaba de decirnos el Evangelio de este día-, es el hombre en el que se unen el íntimo recogimiento y la prontitud. Desde la tienda abierta de su vida, nos invita a retirarnos un poco del bullicio de los sentidos; a que recuperemos también nosotros el recogimiento; a que sepamos dirigir la mirada hacia el interior y hacia lo alto, para que Dios pueda tocarnos el alma y comunicarle su palabra. La Cuaresma es un tiempo especialmente adecuado para que nos apartemos de los apremios cotidianos, y dirijamos nuevamente nuestros pasos por los caminos del interior.

Se levanta y acoge el plan de Dios
Pasamos al segundo punto. Ese José que vemos está pronto para erguirse y, como dice el Evangelio, cumplir la voluntad de Dios (Mt 1,24; 2,14). Así toma contacto con el centro de la vida de María, la respuesta que iba a dar en el momento decisivo de su existencia: He aquí la sierva del Señor (Lc 1,38). San José reacciona así: Aquí tienes a tu siervo. Dispón de mí. Coincide su respuesta con la de Isaías en el instante de recibir el llamamiento: Heme aquí, Señor. Envíame (Is 6,8, en relación con 1 Sam 3,8ss). Esa llamada informará su vida entera en adelante. Pero también hay otro texto de la Escritura que viene aquí a propósito: el anuncio que Jesús hace a Pedro cuando le dice: Te llevarán adonde tú no quieras ir (Jn 21,10). José, con su presteza, lo ha hecho regla de su vida: porque se halla preparado para dejarse conducir, aunque la dirección no sea la que él quiere. Su vida entera es una historia de correspondencias de este tipo.

Comenzó con el mensaje del ángel sobre el secreto de la maternidad divina de María, el Misterio de la llegada del Mesías. De improviso, la idea que se había hecho de una vida discreta, sencilla y apacible, resulta trastornada cuando se siente incorporado a la aventura de Dios entre los hombres. Al igual que sucediera en el caso de Moisés ante la zarza ardiente, se ha encontrado cara a cara con un misterio del que le toca ser testigo y copartícipe. Muy pronto ha de saber lo que ello implica: que el nacimiento del Mesías no podrá suceder en Nazaret. Ha de partir para Belén, que es la ciudad de David; pero tampoco será en ella donde suceda: porque los suyos no le acogieron (Jn 1,11). Apunta ya la hora de la Cruz: porque el Señor ha de nacer en las afueras, en un establo. Luego viene, tras la nueva comunicación del ángel, la salida de Egipto, donde ha de correr la suerte de los sin casa y sin patria: refugiados, extranjeros, desarraigados que buscan un lugar donde instalarse con los suyos.

Volverá, pero sin que hayan terminado los peligros. Más tarde sufrirá la dolorosa experiencia de los tres días durante los que Jesús está perdido (Lc 2,46), esos tres días que son como un presagio de los que mediarán entre la Cruz y la Resurrección: días en los que el Señor ha desaparecido y se siente su vacío. Y, al igual que el Resucitado no habrá de retornar para vivir entre los suyos con la familiaridad de aquellos días que se fueron, sino que dice: No quieras retenerme, porque he de subir al Padre, y podrás estar conmigo cuando tú también subas (cfr Jn 20,17), así ahora, cuando Jesús es encontrado en el Templo, reaparece en primer plano el misterio de Jesús en lo que tiene de lejanía, de gravedad y de grandeza. José se siente, en cierto modo, puesto en su sitio por Jesús, pero a la vez encaminado hacia lo alto. Yo debía ocuparme de las cosas de mi Padre (Lc 2,19). Es como si le dijera: Tú no eres padre mío, sino guardián, que, al recibir la confianza de este oficio, has recibido el encargo de custodiar el misterio de la Encarnación.

Y morirá por fin José sin haber visto manifestarse la misión de Jesús. En su silencio quedarán sepultados todos sus padecimientos y esperanzas. La vida de este hombre no ha sido la del que, pretendiendo realizarse a sí mismo, busca en sí solamente los recursos que necesita para hacer de su vida lo que quiere. Ha sido el hombre que se niega a sí mismo, que se deja llevar adonde no quería. No ha hecho de su vida cosa propia, sino algo para dar. No se ha guiado por un plan que hubiera concebido su intelecto, y decidido su voluntad, sino que, respondiendo a los deseos de Dios, ha renunciado a su voluntad para entregarse a la de Otro, la voluntad grandiosa del Altísimo. Pero es exactamente en esta íntegra renuncia de sí mismo donde el hombre se descubre.

Porque tal es la verdad: que solamente si sabemos perdernos, si nos damos, podremos encontrarnos. Cuando esto sucede, no es nuestra voluntad quien prevalece, sino ésa del Padre a la que Jesús se sometió: No se haga mi voluntad, sino la tuya (Lc 22,42). Y como entonces se cumple lo que decimos en el Padrenuestro: Hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo, es una parte del Cielo lo que hay en la tierra, porque en ésta se hace lo mismo que en el Cielo. Por esto san José nos ha enseñado, con su renuncia, con su abandono que en cierto modo adelantaba la imitación de Jesús crucificado, los caminos de la fidelidad, de la resurrección y de la vida.

Siempre en camino
Nos queda un tercer aspecto. Mirando a ese José que está vestido como peregrino, comprendemos que, a partir del momento del Misterio, su existencia sería la del que está siempre en camino, en un constante peregrinar. Fue así la suya una vida marcada por el signo de Abrahán: porque la Historia de Dios entre los hombres, que es la historia de sus elegidos, comienza con la orden que recibiera el padre de la estirpe: Sal de tu tierra para ser un extranjero (Gen 12,1; Heb 9,8ss). Y por haber sido una réplica de la vida de Abrahán, se nos descubre José como una prefiguración de la existencia del cristiano. Podemos comprobarlo con viveza singular en la primera Carta de san Pedro y en la de Pablo a los Hebreos. Como cristianos que somos --nos dicen los Apóstoles-- debemos considerarnos extranjeros, peregrinos y huéspedes (1 Pet 1,17; 2,11; Heb 13,14): porque nuestra morada, o como dice san Pablo en su Carta a los Filipenses, nuestra ciudadanía está en los Cielos (Phil 3,20).

Hoy suenan mal estas palabras sobre el Cielo: porque tendemos a creer que, apartarnos de cumplir nuestros deberes en la tierra, nos enajena de nuestro mundo. Tendemos a creer que nuestra vocación es solamente hacer un Paraíso de la tierra. Pero sucede en la realidad que, al comportarnos de ese modo, lo que estamos haciendo es justamente destrozar la Creación. Porque en el fondo, los anhelos del hombre apuntan en dirección al infinito. De aquí que, hoy más que nunca, comprobemos que únicamente Dios puede saciar al hombre por completo. Estamos hechos de tal forma, que las cosas finitas nos dejan siempre insatisfechos, porque necesitamos mucho más: necesitamos el Amor inagotable, la Verdad y la Belleza ilimitadas.

Aunque ese anhelo sea insuprimible, podemos desplazarlo de nuestros horizontes y buscamos lo infinito en lo que no puede darlo. Queriendo tener el Cielo ya en la tierra, esperamos y exigimos todo de ella y de la actual sociedad. Pero, en su intento de extraer de lo finito lo infinito, el hombre pisotea la tierra e imposibilita una ordenada convivencia social con los demás, porque los ve como amenaza u obstáculo. Tan sólo cuando aprendamos nuevamente a dirigir nuestras miradas hacia el Cielo, brillará también la tierra con todo su esplendor. Únicamente cuando vivifiquemos las grandes esperanzas de nuestros ánimos con la idea de un eterno estar con Dios, y nos sintamos nuevamente peregrinos hacia la Eternidad, en vez de aherrojarnos a esta tierra, sólo entonces irradiarán nuestros anhelos hacia este mundo para que tenga también él esperanza y paz.

Por todo ello, demos gracias a Dios en este día porque nos ha dado ese Santo, que nos habla de recogernos en Él; que nos enseña la prontitud, y la obediencia y la actitud de los caminantes que se dejan llevar por Dios; y que nos dice por esto mismo la manera de servir igualmente a nuestra tierra. Imploremos la gracia para que, mostrando también nosotros vigilancia y prontitud, seamos un día recibidos por Dios, que es nuestro auténtico destino de caminantes.
Homilía del Cardenal Joseph Ratzinger, Roma, 19-03-1992
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Vie Ene 18, 2013 8:09 pm

Santa María Madre de DIOS.
San José padre de DIOS.
http://es.catholic.net/biblioteca/libro ... pitulo=950
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Dom Ene 20, 2013 7:03 am

San José es el retrato de la paternidad Divina aquí en la tierra.
Jesús se sometió a la obediencia de sus padres. Siendo ÉL mismo DIOS, honró a sus Padres aquí en la tierra.

Pensemos por un momento ¿quién seria ese hombre preparado desde la eternidad para llevar el nombre de Padre de nuestro Rey Jesús? Un vaso sagrado contenido por Dios, moldeado con las mismas manos del Padre Celestial, para brindarle a su hijo un hogar santo y sagrado, un verdadero sagrario. Como lo describen que si María es el Arca de la Nueva Alianza San José Representa al Ángel de Dios que la cuida. Y sabemos que la Biblia nos dice que estos Ángeles eran representación del mismo Dios
5 Encima del arca estaban los seres alados que representaban la presencia de Dios, los cuales cubrían con sus alas la tapa del arca. Hebreos 9
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Lun Ene 21, 2013 2:18 pm

Isaías 12,3.
Y sacaréis aguas con gozo
de las fuentes de la salvación.

Del depósito de la fe.
¡Qué alegría ir profundizando en el maravilloso misterio de San José!
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Lun Feb 04, 2013 4:31 pm

ORACIÓN DE LA HUMILDAD A SAN JOSÉ

Enséñanos José
Cómo se es “no protagonista”.
Cómo se avanza sin pisotear.
Cómo se colabora sin imponerse.
Cómo se ama sin reclamar.
Dinos; José
Cómo se vive siendo ‘número dos’.
Cómo se hacen cosas fenomenales desde
un segundo puesto.
Explícanos
Cómo se es grande sin exhibirse.
Cómo se lucha sin aplauso.
Cómo se avanza sin publicidad.
Cómo se persevera y se muere uno
sin esperanza de que le hagan un homenaje.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Mié Feb 06, 2013 4:52 pm

Santa Teresa de Ávila recomienda encarecidamente la Devoción a San José.

"Tomé por abogado y protector al glorioso San José, y encomiéndeme mucho a el. Vi claro que así de esta necesidad, como de otras mayores, este padre y señor mío me saco con mas bien de lo que yo le sabia pedir. No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa tan grande las maravillosas mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo, de los peligros que me ha librado, así de cuerpo como de alma; de este santo tengo experiencia que socorre en todas las necesidades, y es que quiere el Señor darnos a entender que así como le fue sujeto en la tierra, que como tenia nombre de padre, y le podía mandar, así en el cielo hace cuanto le pide. Querría yo persuadir a todos que fuesen devotos de este glorioso santo por la gran experiencia que tengo de los bienes que alcanza de Dios".
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Lun Feb 25, 2013 12:32 pm

SAN JOSÉ: Te necesito.
-¡Vaya novedadad!
-Sí, tenés razón pero, mucho.
Dicen que sos Maestro de Oración y excelente Director Espiritual.
Me encomiendo a vos en esos aspectos.

También te pido que lo guies a mi angelito. Yo no sé hacerlo.
Lo distraigo en cosas de poca monta.
Explicale en qué y cómo me tiene que ayudar.
Porque lo quiero y me quiere mucho pero, lo enredo con mis caprichos.
Gracias, gracias, muchas gracias. Tralalá
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Vie Mar 15, 2013 6:19 pm

Ave San José


DIOS te Salve San José,
Elegido de la Gracia,
El Señor es Contigo.
Bendito eres entre los hombres,
y Bendito es tu Amantísimo Corazón,
amparo y corredentor con Jesús y María.

San José, Padre del Hijo de DIOS y Nuestro Padre,
auxílianos a nosotros pecadores
ahora y en nuestra última hora.

Amén.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Sab Mar 16, 2013 1:32 pm


SALVE JOSEFINA


Salve a Ti, celoso defensor de Cristo,
virginal custodio del hogar divino,
vida, paz, dulcura y esperanza nuestra,
faro de virtudes, norma de paciencia.

Con filial confianza, nos los destarrados,
pobres hijos de Eva,
siempre a Ti llamamos y hacia Ti exalamos
férvidos suspiros, dolorosos ayes.

Oh José benigno, vuelve hacia nosotros
esos ojos tuyos misericordiosos
y cuando el destierro se haya terminado,
muéstranos al Niño que Te fue confiado.

Si Patriarca Santo, Protector Clemente,
ruega por nosotros en vida y en muerte
para que seamos dignos de alcanzar
la promesa fúlgida y divina
de la vida eterna.
Amen.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Dom Mar 17, 2013 9:41 am

Esta la compuse yo.

Bendita la pureza de San José

Bendita sea tu pureza,
San José, ¡siempre lo sea!:
DIOS Padre quiso que fueras
padre humano en esta tierra
y luego en la Vida eterna,
de DIOS Hijo a quien adoras.
Te entrego mi persona,
alma, corazón y toda
mi vida. Ruego me acojas
en tu silenciosa sombra.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Mar Mar 19, 2013 11:55 am

Estamos viviendo tu solemnidad SAN JOSÉ.
Y de qué manera extraordinaria. Imagen
El Espíritu Santo nos dio Papa y hoy se celebró la Misa de
su Asunción. Protegelo siempre.
Y no olvides al Papa emérito que lleva tu nombre.
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Re: Su esposo San José.

Notapor tralalá » Mié Mar 20, 2013 7:23 pm

Ayer celebramos con inmenso gozo y alegría a SAN JOSÉ en su Solemnidad anual pero, los 19 de cada mes
y cada miércoles aunque también cada día, ya que de un padre no se puede prescindir,
merece nuestro reconocido recuerdo. Imagen
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