84. El cuidado de «agradar al Señor»

En esta tercera y cuarta partes se toca la teología del cuerpo, la
resurrección de los cuerpos, la virginidad, el celibato,la abstinencia en el
matrimonio, la doctrina paulina sobre virginidad y matrimonio .

Esta parte consta 23 lecciones que se enviarán todos los martes y viernes a
partir del 14 de enero de 2014 , la última será el 1 de abril del 2014
.Estas son la tercera y cuarta partes de seis partes que se darán de manera
consecutiva e ininterrumpida. El curso completo se dará a lo largo de un año
y consta de:

Parte I: Principios del amor humano (23 lecciones)

Parte II: La purificación del corazón (40 lecciones)

Parte III: La resurrección de la carne (9 lecciones)

Parte IV: La virginidad cristiana (14 lecciones)

Parte V: El sacramento del matrimonio (27 lecciones)

Parte VI: Amor y fecundidad (16 lecciones)

Este curso tiene el objetivo de difundir la catequesis del amor humano,
también conocida como Teología del Cuerpo.

Moderadores: raulalonso, tito, Catholic.net, gache, Moderadores Animadores

84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor pilar calva » Jue Ene 16, 2014 7:09 pm

84. El cuidado de «agradar al Señor»

«Agradar al Señor» tiene por trasfondo el amor. Este trasfondo se ve claro a través de una ulterior confrontación: quien no está casado se cuida de agradar a Dios, mientras que el hombre casado debe procurar también contentar a la mujer.

1. En el encuentro del capítulo anterior tratamos de ahondar en la argumentación que emplea San Pablo en la primera Carta a los Corintios para convencer a sus destinatarios de que quien elige el matrimonio hace “bien”, y el que elige la virginidad (es decir, la continencia según el espíritu del consejo evangélico) hace “mejor” (1Cor 7, 32). Prosiguiendo hoy esta meditación, recordemos que según San Pablo “el celibe se cuida... de cómo agradar al Señor” (1Cor 7, 32).
“Agradar al Señor” tiene por trasfondo el amor. Este trasfondo se ve claro a través de una ulterior confrontación: quien no está casado se cuida de agradar a Dios, mientras que el hombre casado debe procurar también contentar a la mujer. En cierto sentido aparece aquí el carácter nupcial de la “continencia por el reino de Dios”. El hombre procura agradar siempre a la persona amada El “agradar a Dios” no carece por tanto de este carácter que distingue la relación interpersonal entre los esposos. Por una parte, es un esfuerzo del hombre que tiende a Dios y procura complacerle, o sea, expresar prácticamente el amor; por otra, a esta aspiración corresponde el agrado de Dios, que acoge los esfuerzos del hombre y corona su obra dándole una gracia nueva: de hecho desde el principio esta aspiración ha sido don de Dios. “Cuidarse de agradar a Dios” es, pues, una aportación del hombre al diálogo continuo de salvación entablado por Dios, evidentemente todo cristiano que vive de fe toma parte en este diálogo.

2. Pero Pablo observa que el hombre ligado con vínculo matrimonial “está dividido” (1Cor 7, 34) a causa de sus deberes familiares (cf. 1Cor 7, 34). Por con siguiente, de esta constatación parece desprenderse que la persona no casada debería caracterizarse por una integración interior una unificación, que le permitan dedicarse enteramente al servicio del reino de Dios en todas sus dimensiones. Esta actitud presupone la abstención del matrimonio exclusivamente “por el reino de Dios”, y una vida dedicada sólo a este fin. Y, sin embargo, también puede entrar furtivamente “la división” en la vida de una persona no casada, que al verse privada de la vida matrimonial por una parte y, por otra, de una meta clara por la que renunciar a esta, podría encontrarse ante un cierto vacío.

5. El Apóstol parece conocer bien todo esto y se apresura a puntualizar que no quiere “tender un lazo” a quien aconseja no casarse, sino que lo hace para encaminarlo a lo que es digno y lo mantiene unido al Señor sin distracciones (cf. 1Cor 7, 35). Estas palabras traen a la memoria lo que dijo Cristo a los Apóstoles en la última Cena, según el Evangelio de Lucas: “Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas (literalmente “en las tentaciones”); y yo dispongo del reino en favor vuestro, como mi Padre ha dispuesto de él en favor mío” (Lc 22, 28-29). El no casado “estando unido al Señor” puede tener certeza de que sus dificultades serán comprendidas: “No es nuestro Pontífice tal que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, antes fue tentado en todo a semejanza nuestra, fuera del pecado” (Heb 4, 15). Esto permite a la persona no casada englobar sus eventuales problemas personales en la gran corriente de los sufrimientos de Cristo y de su Cuerpo, que es la Iglesia, en vez de sumergirse exclusivamente en ellos.

4. El Apóstol enseña como se puede estar unido al Señor: esto se llega alcanzar aspirando a permanecer con El de continuo, a gozar de su presencia (eupáredron), sin dejarse distraer por las cosas que no son esenciales (aperispástos) (cf. 1Cor 7, 35).
Pablo puntualiza este pensamiento con mayor claridad todavía cuando habla de la situación de la mujer casada y de la que ha optado por la virginidad o ya no tiene marido. Mientras la mujer casada debe cuidarse de “cómo agradar a su marido”, la que no está casada “sólo tiene que preocuparse de las cosas del Señor, de ser santa en cuerpo y en espíritu” (1Cor 7, 34).

5. Para captar adecuadamente toda la profundidad del pensamiento de Pablo hay que hacer notar que la “santidad” es un estado más bien que una acción, según la concepción bíblica; y tiene ante todo carácter ontológico y luego también moral. Especialmente en el Antiguo Testamento es una “separación” de lo que no está sujeto a la influencia de Dios, lo que es ”profanum” a fin de pertenecer exclusivamente a Dios. La “santidad en el cuerpo y en el espíritu” significa también, por tanto, la sacralidad de la virginidad o celibato aceptados por el “reino de Dios”. Y, al mismo tiempo, lo que está ofrecido a Dios debe distinguirse por la pureza moral y, por tanto, presupone un comportamiento “sin mancha ni arruga”, “santo e inmaculado” según el modelo virginal de la Iglesia que está ante Cristo (Ef 5, 27).
El Apóstol, en este capítulo de la Carta a los Corintios, trata de los problemas del matrimonio y del celibato o virginidad de modo sumamente humano y realista, teniendo en cuenta la mentalidad de sus destinatarios. En una cierta medida la argumentación de Pablo es ad hominem. El mundo nuevo, el nuevo orden de valores que anuncia, en el ambiente de sus destinatarios de Corinto va a encontrarse con otro “mundo” otra jerarquía de valores distinta de aquella a la que llegaron por primera vez las palabras pronunciadas por Cristo.

6. Si con su doctrina sobre el matrimonio y la continencia Pablo hace referencia también a la caducidad del mundo y de la vida humana en el, lo hace sin duda aplicándolo a un ambiente que en cierta manera estaba orientado de modo programático al ”uso del mundo”. Bajo este punto de vista es muy significativo su llamamiento a los que “disfrutan del mundo” para que lo hagan “como si no disfrutaran plenamente” (1Cor 7, 3í). Del contexto inmediato se desprende que incluso el matrimonio estaba concebido en este ambiente como una manera de “disfrutar del mundo”, al contrario de cómo había sido en toda la tradición israelita (no obstante algunas descentralizaciones que señaló Jesús en la conversación con los fariseos y también en el sermón de la montaña). No hay duda de que todo explica el estilo de la respuesta de Pablo. El Apóstol se daba perfecta cuenta de que al estimular a la abstención del matrimonio, al mismo tiempo debía exponer un modo de entender el matrimonio que estuviera conforme con toda la jerarquía evangélica de valores. Y había de hacerlo con realismo máximo, es decir, teniendo ante los ojos el ambiente a que se dirigía y las ideas y modos de valorar las cosas que dominaban en él.

7. Ante hombres que vivían en un ambiente donde el matrimonio sobre todo era considerado uno de los modos de “usar del mundo”, Pablo se pronuncia con palabras significativas sobre la virginidad y el celibato (como ya hemos visto) y también sobre el mismo matrimonio: “A los no casados y a las viudas les digo que les es mejor permanecer como yo. Pero si no pueden guardar continencia, cásense, que mejor es casarse que abrasarse” (1Cor 7, 8-8). Igual idea casi había expresado ya Pablo anteriormente: “Comenzando a tratar de lo que me habéis escrito, bueno es al hombre no tocar mujer; mas por evitar la fornicación, tenga cada uno su mujer, y cada una tenga su marido” (1Cor 7, 1-2).

8. ¿Acaso en la primera Carta a los Corintios considera el Apóstol el matrimonio exclusivamente desde el punto de vista de un ”remedium concupiscentiæ”, como se solía decir en el lenguaje teológico tradicional? Las citas hechas podrían dar la impresión de atestiguarlo. En proximidad inmediata a las formulaciones precedentes, leamos una frase que nos lleva a enfocar de manera diferente el conjunto de enseñanzas de San Pablo contenidas en el capítulo 7 de la primera Carta a los Corintios: “Quisiera yo que todos los hombres fuesen como yo (repite su argumento preferido en favor de la abstención del matrimonio); pero cada uno tiene de Dios su propia gracia: éste, una; aquél, otra” (1Cor 7, 7). Por lo tanto, incluso los que optan por el matrimonio y viven en el, reciben de Dios un “don”, “su don”, es decir, la gracia propia de esta opción, de este modo de vivir, de dicho estado. El don que reciben las personas que viven en el matrimonio es distinto del que reciben las personas que viven en virginidad y han elegido la continencia por el reino de Dios no obstante, es verdadero “don de Dios”, don “propio”, destinado a personas concretas, y “específico”, o sea, adecuado a su vocación de vida.

9. Así, pues, se puede decir que mientras en la caracterización del matrimonio en su parte “humana” (o más aún quizá, en la situación local que dominaba en Corinto”, el Apóstol pone muy de relieve la motivación que tenía en cuenta la concupiscencia de la carne; y a la vez con no menor fuerza persuasiva, destaca su carácter sacramental y “carismático”. Con la misma claridad con que ve la situación del hombre respecto de la concupiscencia de la carne, ve también la situación de la gracia de cada hombre, en quien vive en el matrimonio e igualmente en el que ha elegido voluntariamente la continencia, teniendo presente que “pasa la apariencia de ese mundo”.

Pregunta: ¿Es el matrimonio en la mente de San Pablo un remedio a la concupiscencia? ¿Por qué?
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor patricio » Mar Abr 01, 2014 8:49 am

Pregunta: ¿Cuál es la caracterización del matrimonio en su parte "humana"?

Los que optan por el matrimonio y viven en el, reciben de Dios un "don", "su don", es decir, la gracia propia de esta opción, de este modo de vivir, de dicho estado. El don que reciben las personas que viven en el matrimonio es distinto del que reciben las personas que viven en virginidad y han elegido la continencia por el reino de Dios no obstante, es verdadero "don de Dios", don "propio", destinado a personas concretas, y "específico", o sea, adecuado a su vocación de vida.
La caracterización del matrimonio en su parte "humana" o más aún quizá, en la situación local que dominaba en Corinto, el Apóstol pone muy de relieve la motivación que tenía en cuenta la concupiscencia de la carne; y a la vez con no menor fuerza persuasiva, destaca su carácter sacramental y carismático. Con la misma claridad con que ve la situación del hombre respecto de la concupiscencia de la carne, ve también la situación de la gracia de cada hombre, en quien vive en el matrimonio e igualmente en el que ha elegido voluntariamente la continencia, teniendo presente que "pasa la apariencia de ese mundo".
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor virginia castro » Mar Abr 01, 2014 9:12 am

Virginia Castro #84

Cual es la caracterizacion del matrimonio en su parte "humana"?

San Pablo conoce muy bien los compromisos y entiende que el hombre casado ligado a "vinculo matrimonial" esta dividido, a causa de sus deberes familiares.
1Cor 7,7: y asi los que optan por el matrimonio y viven en el reciben de Dios un don, "su don", la gracia propia de esta opcion, de este modo de vivir y del estado en que estan, vivir como esposos su estado es diferente en cuanto a la virginidad; pero tambien el matrimonio tienen su don propio, don de Dios, destinado a personas concretas y "especifico" adecuado a su vocacion de vida.
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor lindoro50 » Mar Abr 01, 2014 11:07 am

El matrimonio cristiano es una cosa sagrada y, por eso, los cristianos sólo pueden “casarse en el Señor”. En su parte humana el matrimonio incluye las siguientes características:

• De concupiscencia: cuando se desea un bien no en sí sino para otro, ya sea uno mismo o bien otros. Este amor pone de relieve la limitación del sujeto que necesita a otros seres para completarse y lograr su perfección.
• De benevolencia: cuando se quiere el bien de la persona amada. Este es el amor auténtico, porque reconoce a la persona como un bien en sí.

Estos dos amores se distinguen pero no necesariamente se contraponen. Referidos al hombre y a la mujer, ambos están presentes. Existe amor de concupiscencia, puesto que se completan respectivamente. Pero no debe prevalecer sobre al amor de benevolencia, porque entonces la persona quedaría convertida en un simple objeto.

• El amor radica ante todo en la voluntad: sólo son actos de amor los que la persona realiza con la intervención de su inteligencia y su voluntad. Esta es la razón de que el acto de amor sea una elección.

• Los elementos instintivos y sensibles han de integrarse en la decisión de amar de la voluntad racional. El amor conyugal, iniciándose y basándose en el amor erótico, lo trasciende.

El matrimonio ha de entenderse y vivirse a partir del misterio de amor que se da en la unión entre Cristo y la Iglesia.
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor Maria 2 » Mar Abr 01, 2014 1:03 pm

¿Cuál es la caracterización del matrimonio en su parte "humana"?

"Agradar al Señor" tiene por trasfondo el amor. Este trasfondo se ve claro a través de una ulterior confrontación: quien no está casado se cuida de agradar a Dios, mientras que el hombre casado debe procurar también contentar a la mujer.

El hombre procura agradar siempre a la persona amada El "agradar a Dios" no carece por tanto de este carácter que distingue la relación interpersonal entre los esposos. Por una parte, es un esfuerzo del hombre que tiende a Dios y procura complacerle, o sea, expresar prácticamente el amor; por otra, a esta aspiración corresponde el agrado de Dios, que acoge los esfuerzos del hombre y corona su obra dándole una gracia nueva: de hecho desde el principio esta aspiración ha sido don de Dios. "Cuidarse de agradar a Dios" es, pues, una aportación del hombre al diálogo continuo de salvación entablado por Dios, evidentemente todo cristiano que vive de fe toma parte en este diálogo.

El Apóstol parece conocer bien todo esto y se apresura a puntualizar que no quiere "tender un lazo" a quien aconseja no casarse, sino que lo hace para encaminarlo a lo que es digno y lo mantiene unido al Señor sin distracciones (cf. 1Cor 7, 35).

Mientras la mujer casada debe cuidarse de "cómo agradar a su marido", la que no está casada "sólo tiene que preocuparse de las cosas del Señor, de ser santa en cuerpo y en espíritu" (1Cor 7, 34).

La "santidad en el cuerpo y en el espíritu" significa también, por tanto, la sacralidad de la virginidad o celibato aceptados por el "reino de Dios". Y, al mismo tiempo, lo que está ofrecido a Dios debe distinguirse por la pureza moral y, por tanto, presupone un comportamiento "sin mancha ni arruga", "santo e inmaculado" según el modelo virginal de la Iglesia que está ante Cristo (Ef 5, 27).

Por lo tanto, incluso los que optan por el matrimonio y viven en el, reciben de Dios un "don", "su don", es decir, la gracia propia de esta opción, de este modo de vivir, de dicho estado. El don que reciben las personas que viven en el matrimonio es distinto del que reciben las personas que viven en virginidad y han elegido la continencia por el reino de Dios no obstante, es verdadero "don de Dios", don "propio", destinado a personas concretas, y "específico", o sea, adecuado a su vocación de vida.

Con la misma claridad con que ve la situación del hombre respecto de la concupiscencia de la carne, ve también la situación de la gracia de cada hombre, en quien vive en el matrimonio e igualmente en el que ha elegido voluntariamente la continencia, teniendo presente que "pasa la apariencia de ese mundo".

COMENTARIO: "Agradar al Señor" tiene por trasfondo el amor. Este trasfondo se ve claro a través de una ulterior confrontación: quien no está casado se cuida de agradar a Dios, mientras que el hombre casado debe procurar también contentar a la mujer.

Pablo observa que el hombre ligado con vínculo matrimonial "está dividido" (1Cor 7, 34) a causa de sus deberes familiares (cf. 1Cor 7, 34). Por con siguiente, de esta constatación parece desprenderse que la persona no casada debería caracterizarse por una integración interior una unificación, que le permitan dedicarse enteramente al servicio del reino de Dios en todas sus dimensiones. Esta actitud presupone la abstención del matrimonio exclusivamente "por el reino de Dios", y una vida dedicada sólo a este fin. Y, sin embargo, también puede entrar furtivamente "la división" en la vida de una persona no casada, que al verse privada de la vida matrimonial por una parte y, por otra, de una meta clara por la que renunciar a esta, podría encontrarse ante un cierto vacío.

El Apóstol enseña como se puede estar unido al Señor: esto se llega alcanzar aspirando a permanecer con El de continuo, a gozar de su presencia (eupáredron), sin dejarse distraer por las cosas que no son esenciales (aperispástos) (cf. 1Cor 7, 35).

Un abrazo y hasta pronto.-
Maria 2
 
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor maguie » Mar Abr 01, 2014 2:02 pm

Se podría pensar que el Apóstol Pablo habla del matrimonio como 'remedio para la concupiscencia' en una ojeada a su afirmación es su primera carta a los corintios . Hay que tomar en cuenta los destinatarios a los que estaba escrito y la época en la que lo hizo, para entender que ellos 'usaban' el matrimonio en el término mas literal de la palabra, por lo que perdía su significado como lo había querido Dios, como una expresión del amor entre dos personas, que lleva a la unión tal, que los dos 'se hacen una sola cosa', por lo tanto, para Pablo es 'mejor no casarse', siendo además su propia experiencia, que le daba tal plenitud, que lo hacía recomendarla efusivamente.
También hay que ver que reconoce Pablo que no todos están llamados a la continencia por el Reino, como lo había hecho ver Jesús anteriormente cuando dijo que 'algunos lo entienden'. Así Pablo dice 'Cada uno tiene su propia gracia', que conlleva su propio don específico y está destinado a personas concretas, reconociendo que es el Señor quien invita a algunos a la continencia por el Reino.
Además siendo el Apóstol un hombre tan inteligente y evidentemente iluminado por el Espíritu, sería impropio de él tratar así el matrimonio, que el Señor honró con su presencia y milagro en una boda. Mas bien podemos pensar que su celo por las almas y el disfrute que tenía de su propio don lo hacía exaltar esa vocación al celibato por el Reino, por encima del matrimonio.
maguie
 
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor Jeanette Palacios » Mar Abr 01, 2014 3:33 pm

¿Cuál es la caracterización del matrimonio en su parte "humana"?

Se puede decir que mientras en la caracterizacion del matrimonio en la parte humana, el apostol Pablo pone muy de relieve la motivacion que tenia en cuenta la concuspiscencia de la carne y a la vez no con menor fuerza persuasiva destaca su caracter sacramental y carismatico.
Con la misma claridad con que ve la situacion del hombre respecto de la concuspiscencia de la carne ve tambien la gracia de cada hopmbre que vive en el matrimonio y al que a eligido la continencia.

¿Es el matrimonio en la mente de San Pablo un remedio a la concupiscencia? ¿Por qué?
El lo que hace es una advertencia justificada,y explica que el gozo de la unión lleva consigo también las "tribulaciones de la carne".
Jeanette Palacios
 
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor Silviamaria » Mar Abr 01, 2014 4:55 pm

¿Cuál es la caracterización del matrimonio en su parte “humana”?
La caracterización es que el hombre tiene su amor dividido porque debe atender su familia y a Dios, pero Dios mismo aporta con su don para este tipo de personas ya que han escogido esta forma vida para lograr llegar al Reino de Dios.

¿Es el matrimonio en la mente de San Pablo un remedio a la concupiscencia? ¿Por qué?
San Pablo lo que recalca que el don que reciben los casados en distinto al que reciben los célibes.
Silviamaria
 
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor yaluz » Mar Abr 01, 2014 8:31 pm

Pregunta: ¿Cuál es la caracterización del matrimonio en su parte "humana"?
R:
Dice el Santo Papa que” el Apóstol pone muy de relieve la motivación que tenía en cuenta la concupiscencia de la carne; y a la vez con no menor fuerza persuasiva, destaca su carácter sacramental y “carismático”. Es decir, San Pablo resalta la importancia del matrimonio, sobre todo, para no caer en la concupiscencia de la carne, por eso dice”ojalá fueran como yo” sin embargo hace notar la importancia del matrimonio, como encuentro con Jesús, es decir, como sacramento, por lo tanto ,también enmarcado en el Amor a Dios.
Zulay R. de Álvarez (yaluz)
Venezuela
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor Mary Jo » Vie Abr 04, 2014 5:49 pm

Preguntas:
1. ¿Cuál es la caracterización del matrimonio en su parte "humana"? - En el matrimonio la persona casada está “dividida”: en agradar a Dios y sus deberes familiares.
- En el ambiente en que se encontraba Pablo, se concebía al matrimonio como una manera de "disfrutar del mundo".
- Por esa razón Pablo invita a la abstinencia en el matrimonio y a evitar la fornicación.
- Con ello expone un modo de entender el matrimonio que estuviera conforme con toda la jerarquía evangélica de valores.
- Los que optan por el matrimonio y viven en él, reciben de Dios un "don", "su don", es decir, la gracia propia de esta opción, de este modo de vivir, de dicho estado.

2. ¿Es el matrimonio en la mente de San Pablo un remedio a la concupiscencia? ¿Por qué?
En las citas 1Cor 7, 8-8 y 1Cor 7, 1-2 pareciera que San Pablo concibe al matrimonio como un remedio para la concupiscencia. Sin embargo, leyendo todo el texto: "Quisiera yo que todos los hombres fuesen como yo; pero cada uno tiene de Dios su propia gracia: éste, una; aquél, otra" (1Cor 7, 7). Con esto, argumenta que la persona que elige casarse o mantenerse casto, recibe el don de Dios, es decir, la gracia propia de esta opción, de este modo de vivir, de dicho estado. Por lo que podemos decir, que Pablo no disminuye el valor del matrimonio y sus fines, por el contrario, le da su lugar como una forma también de agradar a Dios.
Mary Jo
 
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor NELSON » Sab Abr 05, 2014 2:36 pm

Pregunta: ¿Cuál es la caracterización del matrimonio en su parte "humana"?
En la caracterización del matrimonio en su parte "humana" (o más aún quizá, en la situación local que dominaba en Corinto), el Apóstol pone muy de relieve la motivación que tenía en cuenta la concupiscencia de la carne; y a la vez con no menor fuerza persuasiva, destaca su carácter sacramental y "carismático". Con la misma claridad con que ve la situación del hombre respecto de la concupiscencia de la carne, ve también la situación de la gracia de cada hombre, en quien vive en el matrimonio e igualmente en el que ha elegido voluntariamente la continencia, teniendo presente que "pasa la apariencia de ese mundo".
NELSON LÓPEZ BUITRAGO - COLOMBIA
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor RoxanaGomez25 » Mar Abr 08, 2014 2:21 pm

¿Es el matrimonio en la mente de San Pablo un remedio para la concupiscencia? ¿Por qué?
Si Pablo deja claro que en la vida hay que agradar al Señor, en 1Cor 1,1-2 "... bueno es al hombre no tocar mujer, mas por evitar fornicación, tenga cada uno su mujer y cada uno tenga su marido", deja claro el significado esponsalicio del cuerpo que desde el principio designó el Creador, una relación fuera de esto es fornicar, así que Pablo aconseja que si hay hombres que no pueden guardar continencia, se casen, pero el ve el matrimonio como vocación y llamado, como don de Dios, y aconseja a los que no se casan vivir agradando al Señor en continencia y virginidad, igual como vocación. Ve la situación del hombre frente a la concupiscencia pero también ve la situación de la gracia de cada hombre, de vivir en matrimonio o en continencia, teniendo presente que pasa la apariencia del mundo. Y deja claro que es fornicación.
RoxanaGomez25
 
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor MA SOCORRO A REYES L » Mar Abr 08, 2014 3:08 pm

El matrimonio y la continencia Pablo hace referencia también a la caducidad del mundo y de la vida humana en el, lo hace sin duda aplicándolo a un ambiente que en cierta manera estaba orientado de modo programático al ”uso del mundo”. El Apóstol se daba perfecta cuenta de que al estimular a la abstención del matrimonio, al mismo tiempo debía exponer un modo de entender el matrimonio que estuviera conforme con toda la jerarquía evangélica de valores. Y había de hacerlo con realismo máximo, teniendo ante los ojos el ambiente a que se dirigía y las ideas y modos de valorar las cosas que dominaban en él. Ante hombres que vivían en un ambiente donde el matrimonio sobre todo era considerado uno de los modos de “usar del mundo”, Pablo se pronuncia con palabras significativas sobre la virginidad y el celibato y también sobre el mismo matrimonio: “A los no casados y a las viudas les digo que les es mejor permanecer como yo. Pero si no pueden guardar continencia, cásense, que mejor es casarse que abrasarse” (1Cor 7, 8-8).
MA SOCORRO A REYES L
 
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor b. gabriel reyes reyes » Lun Abr 14, 2014 9:47 pm

[b]¿Es el matrimonio en la mente de San Pablo un remedio a la concupiscencia? ¿Por qué?[/b]
[i]El matrimonio en la mente de San Pablo no es un remedio a la concupiscencia. Las expresiones parecen enseñar esta doctrina; sin embargo, en su enseñanza Pablo quiere partir de la ideología prevaleciente entre los corintios y destacar el carácter sacramental y “carismático” del matrimonio. Tanto el matrimonio como la virginidad “por el reino de los cielos” son un don que el hombre recibe de Dios. De esta forma, San Pablo incultura el evangelio de Jesucristo. [/i]
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor garu » Mar Abr 15, 2014 9:58 pm

Podría pensarse que si de entrada. El Apóstol llama a los hombres a que sean como él, pero también afirma que el vivir en matrimonio contempla un don de Dios, es decir, la gracia para asumir esta opción, y que si bien es una gracia distinta a la que le es otorgada a los que eligen la continencia por el reino de Dios, ambas gracias son dadas a personas concretas y específicas, no pudiendo por tanto aducirse que el matrimonio es solamente un”remedium concupiscentiae”
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor Alejandra S » Mar Abr 22, 2014 10:32 am

Tenemos el Génesis que nos cuenta cómo Dios Padre creó al hombre y a la mujer y tuvieron su comunión matrimonial plenamente humana. Pero el pecado entró en el mundo luego.
El matrimonio ha sido considerado de formas diferentes en la historia de la humanidad.
Los hombres históricos que escuchaban a Jesús en el Sermón de la Montaña tenían la tradición y enseñanzas del pueblo judío y entendían de una forma al matrimonio; por otro lado, estimamos que los oyentes de San Pablo pertenecen a otra cultura y que para ellos el matrimonio era una de las formas de usar el mundo.
“El Apóstol, en este capítulo de la Carta a los Corintios, trata de los problemas del matrimonio y del celibato o virginidad de modo sumamente humano y realista, teniendo en cuenta la mentalidad de sus destinatarios. En una cierta medida la argumentación de Pablo es ad hominem. El mundo nuevo, el nuevo orden de valores que anuncia, en el ambiente de sus destinatarios de Corinto va a encontrarse con otro "mundo" otra jerarquía de valores distinta de aquella a la que llegaron por primera vez las palabras pronunciadas por Cristo”.
“Del contexto inmediato se desprende que incluso el matrimonio estaba concebido en este ambiente como una manera de "disfrutar del mundo", al contrario de cómo había sido en toda la tradición israelita (no obstante algunas descentralizaciones que señaló Jesús en la conversación con los fariseos y también en el sermón de la montaña). No hay duda de que todo explica el estilo de la respuesta de Pablo…”
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor BlancaElena » Sab Abr 26, 2014 9:39 pm

¿Es el matrimonio en la mente de San Pablo un remedio a la concupiscencia? ¿Por qué?

Si lo es para San Pablo y así lo aconseja, porque es un remedio que establece el ordenamiento y moderación de las pasiones mediante el uso legitimo del Matrimonio, por eso les pide reflexionar a cada uno sobre el don recibido de DIOS para que obren en consecuencia. Tanto casados como no casados buscan agradar a DIOS. En el matrimonio hombre y mujer formando una familia, co -creadores con DIOS, educando los hijos y moderando la concupiscencia con la gracia recibida. Los célibes permaneciendo siempre con DIOS en una entrega absoluta, dominando los sentidos, sin dejarse distraer por el gozo material sino unidos a CRISTO y la Iglesia por el Reino de los Cielos en su don de gracia.
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor Carlos64 » Dom May 18, 2014 5:24 pm

Pregunta: "¿Es el matrimonio en la mente de San Pablo un remedio a la concupiscencia? ¿Por qué?"

Una lectura superficial de los escritos epistolares de San Pablo podría llevar a pensar que si, que el matrimonio era visto por él como una forma de evitar que las personas vivieran en fornicación y promiscuidad. Teniendo cada quien su propia pareja, se evitaban tales males morales. Sin embargo, la respuesta definitiva ha de ser que no, que para el Apóstol de los gentiles el matrimonio no se reduce a ser una especie de profiláctico moral. San Pablo más bien ve al matrimonio como una vocación que responde a un don divino particular, del mismo modo que lo hace el celibato consagrado a Dios. Por ende, para San Pablo el matrimonio es un don de la gracia divina, y esto en el contexto de la multiplicidad de dones que caracteriza la acción del Espíritu Santo y la vida de la Iglesia. Y esto él lo señala pese a su predilección, muy personal, basada en su propia experiencia apostólica, por la virginidad o continencia por el reino de los cielos, y también pese que por razones pastorales --relativas al ethos profano de la cultura corintia--, en la carta que le dirige a los creyentes de Corinto enfatiza al valor de la continencia y ubica al matrimonio de cara a la caducidad del mundo y de la vida humana, elemento este último a favor de su invitación al celibato para agradar más al Señor.

Dios la bendiga.
Discípulo de Cristo por amor del Padre y unción del Espíritu. Miembro de la Iglesia por gracia divina. Amar a Jesús es mi mayor alegría.

Dios te salve, María, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor mamafeliz » Mar Jun 24, 2014 2:02 am

En la caracterización del matrimonio en su parte "humana", el Apóstol pone muy de relieve la motivación que tenía en cuanto la concupiscencia de la carne; y a la vez con no menor fuerza persuasiva, destaca su carácter sacramental y "carismático". Con la misma claridad con que ve la situación del hombre respecto de la concupiscencia de la carne, ve también la situación de la gracia de cada hombre, que vive en matrimonio o en continencia.
El Apostol dice: "si no pueden guardar continencia cásense, que mejor es casarse qu abrasarse" y "es bueno al hombre no tocar mujer; mas por evitar la fornicación, tenga cada uno su mujer, y cada una tenga su marido".
Y no olvidar que los que optan por el matrimonio y viven en el, reciben de Dios "su don" es decir la gracia propia de esta opción, de este modo de vivir, de dicho estado.
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Re: 84. El cuidado de «agradar al Señor»

Notapor jcuengar » Mié Jun 25, 2014 8:42 am

No estoy seguro que la Concupiscencia sea algo que "debe remediarse" a través de conductas regidas por la voluntad o decisión humana. Me parece más bien que en el contexto en el que Pablo explica esta circunstancia como elección de último recurso, apela al entendimiento del hombre respecto de lo que es realmente bueno para agradar a Dios, cada uno según sus dones. Si bien los documentos de Pablo son considerados "palabra de Dios", no significa que literalmente deba aplicarse lo que en ellos se expone como "scriptor" sino en el contexto que el autor (Espíritu Santo) quiere que entendamos. La orientación a las cosas del mundo, nos llevan al propio mundo. La Orientación a las cosas de Dios nos llevan a Dios. El matrimonio como "cosa" de Dios nos lleva a él de mejor manera que la soltería sin compromiso que nos lleva al mundo. Sin embargo no debemos caer en el determinismo y decir que todo soltero sin compromiso debería casarse o tomar un compromiso religioso. En todo caso un soltero o soltera también puede ser llamada a la santidad. Cada quien según sus dones.
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