VIII. Los métodos naturales (parte 2)bibliografía

Este curso tiene el objetivo de difundir una norma moral exigente y severa, aún hoy día válida , que prohíbe el uso de medios que intencionalmente impiden la procreación, y que degradan así la pureza del amor y la misión de la vida conyugal.

Moderadores: pilar calva, Catholic.net, Moderadores Animadores

VIII. Los métodos naturales (parte 2)bibliografía

Notapor pilar calva » Mar Nov 02, 2010 7:00 pm

63 Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 5/09/1984, p. 3, n. 5.

64 Esta segunda expresión es de Benedicto XVI: “Los métodos de observación, que permiten a la pareja determinar los periodos de fertilidad, les consienten administrar cuanto el Creador ha sabiamente inscrito en la naturaleza humana, sin turbar el significado íntegro de la donación sexual. De esta forma los cónyuges, respetando la verdad plena de su amor, podrán modular su expresión en conformidad a estos ritmos, sin quitar nada a la totalidad del don de sí mismos que expresan la unión de la carne” (Mensaje a los participantes del Congreso Internacional “Humanae Vitae: Actualidad y profecía de una encíclica”, 2/10/2008)

65 Si bien al hablar de los métodos naturales usamos constantemente la expresión “continencia periódica”, o “continencia” a secas, es muy importante aclarar que nos referimos no sólo al hábito de la continencia sino más propiamente a la virtud de la castidad de la cual la continencia es un hábito auxiliar. La palabra continencia indica un freno, en cuanto que uno se abstiene de obedecer a las pasiones (cf. Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 155, 2). Es el hábito que “hace que el hombre resista a los malos deseos que se dan en él con fuerza”. Posee algunas cualidades de la virtud, en cuanto que reafirma a la razón contra las pasiones para que éstas no la venzan, pero no cumple totalmente las condiciones de la virtud moral (en este caso, de la castidad, que es parte de la templanza) la cual somete incluso el apetito sensitivo a la razón para que no se levanten en él pasiones fuertes contrarias a la razón. Por eso dice Aristóteles que “la continencia no es virtud, sino una mezcla”, porque tiene algo de virtud pero, en parte, no cumple las condiciones necesarias para la virtud (cf. Santo Tomás, Suma Teológica, II-II, 155, 1). Es, pues, una virtud “imperfecta” puesto que no lleva a la realización de ninguna obra positivamente buena, sino que se limita a impedir el mal refrenando los ímpetus vehementes de las pasiones (no realiza actos positivos sino que “contiene” los movimientos desordenados). Las virtudes perfectas (en nuestro caso la castidad conyugal), en cambio, dominan de tal modo las pasiones opuestas, que ni siquiera se producen vehementes movimientos pasionales en contra de la razón. Por eso la continencia es como una condición previa a la templanza, una simple preparación. Sólo hablando en sentido amplio podemos llamarla “virtud”. Como observa Pieper, la continencia es un “bosquejo”, mientras la castidad es una “perfecta realidad”. La castidad, en cambio, es un hábito moral por el cual la persona humana ordena su instinto generativo (el apetito concupiscible) haciendo que éste busque el auténtico bien deleitable, en la medida en que éste perfecciona a la persona humana, y controla que no se desvíe hacia bienes deleitables contrarios al bien integral de la persona. Es, propiamente hablando, una inclinación (o atracción) impresa en el apetito concupiscible (es decir, en la afectividad) hacia el bien sensible moral (es decir, hacia el bien concupiscible legítimo y ordenado según los principios morales). En realidad la inclinación hacia el bien deleitable de los sentidos es constitutiva del apetito sensible; lo que añade el hábito de la castidad es la “docilidad” o “consonancia” (adquirida por el ejercicio y disciplina) de esta inclinación con la “medida” virtuosa en que es lícito buscar y gozar de estos bienes (según el propio estado y situación). Se puede ver al respecto: Miguel Á. Fuentes, La castidad posible, San Rafael (2006); y Educar los afectos, San Rafael (2007), 199-208.

66 M. Rutland, L. F., TrullolM. Rutland, L. F., Trullols, Manual básico de Planificación Familiar Natural, (1997), 11. “Llamamos Planificación Familiar Natural a aquel estilo de vida que incorpora a la vida conyugal el respeto, la responsabilidad común y el autodominio, conducentes a adaptar el ejercicio de la sexualidad masculina a los biorritmos de la mujer” (Ibidem, 13-14).

67 John Billings, Fundamento del método de la ovulación, Bs. As. (1989), 11.

68 Ibidem., 20.

69 Notemos de paso la visión negativa de la OMS que no presenta los métodos naturales también en su capacidad de ser métodos para buscar un embarazo.

70 M. Rutland, Manual básico, op. cit., 12.

71 Juan Pablo II, Al Congreso Internacional, L’Osservatore Romano, 2/12/1984, p. 9, n. 6.

72 El Método Billings se basa en la determinación, por parte de la propia mujer, de las fases fértiles o infértiles de su ciclo menstrual, reconocidas por la observación diaria del moco cervical recogido a la entrada de la vagina. Cada día la mujer lleva un gráfico donde anota los cambios que observa en el moco cervical. Es un método muy seguro pero debe enseñarse por personal calificado (Cf. Dra. Morales, María Concepción, Métodos naturales de influencias hormonales. Cuando la mujer es fértil el cuello está alto, blando y con el orificio central entreabierto, mientras que en la fase infértil el cuello está bajo, encontrándosele muy fácilmente al introducir los dedos en la vagina, y es duro, con el orificio externo cerrado (Cf. Dra. Morales, María Concepción, Métodos naturales de planificación de la familia, www.vidahumana.org/vidafam/nfp/naturales.html). Su efectividad, según la American Journal of Obstretics and Gynecology, es del 96.6% (1991).

73 El Método de la Temperatura Basal se funda en el aumento de la temperatura que la progesterona provoca en la mujer. Esta hormona comienza a circular en la segunda fase del ciclo menstrual o sea, una vez que el folículo se ha convertido en el cuerpo lúteo, después de producirse la ovulación. Cuando a una mujer le sube la temperatura es señal que ha ovulado. Regularmente la temperatura sube 2 décimas de grado centígrado. Para llevar el registro hay que tomar todos los días la temperatura basal con el mismo termómetro, en las mismas condiciones y a la misma hora, después de al menos dos horas de reposo. Para posponer el embarazo por el Método de la Temperatura Basal debe guardarse abstinencia sexual desde la menstruación hasta tres días después de que se produce el aumento de la temperatura (2gC) por encima de los seis días anteriores, es la llamada regla de 3/6. Este método tiene una seguridad del 99% pero requiere una abstinencia muy prolongada (Cf. Dra. Morales, María Concepción, loc. cit).

74 El Sintotérmico combina el cálculo pre-ovular de Ogino, los cambios del moco cervical del Método de Billings, el registro de la Temperatura Basal, la autopalpación del cuello y el dolor intermenstrual de la ovulación, pudiéndose utilizar la combinación de todos estos métodos o solo algunos de ellos. Cuando se desea posponer el embarazo se toma para comenzar la abstinencia el primero de los signos o cálculos de fertilidad que aparezca y se termina la abstinencia el último día del último método (Cf. Dra. Morales, María Concepción, loc. cit). Su efectividad, según la American Journal of Obstretics and Gynecology, es del 97.7% (1991), y la Organización Mundial para la Salud le atribuía en 1989, un 97.2%.

75 El método Ogino-Knauss o del Ritmo o Calendario, es el más antiguo, y permite obtener, mediante cálculos matemáticos, los días de fertilidad de la pareja teniendo en cuenta que la mujer ovula sólo una vez al mes a los 14 días antes de la próxima menstruación y que el óvulo vive 48 horas después de la ovulación y el espermatozoide 72 horas después de la eyaculación. Cuando los ciclos son regulares el método es útil, pero, dadas las frecuentes irregularidades, el método tiene numerosos fallos que generalmente se producen porque el tiempo entre la menstruación anterior y la ovulación depende de la hipófisis y ella a su vez del hipotálamo y éste de la corteza cerebral, de manera que cualquier stress es capaz de producir que la ovulación se atrase o adelante, no así la segunda fase del ciclo que siempre es regular para cada mujer en aproximadamente dos semanas entre la ovulación y la siguiente menstruación. Su índice de seguridad de alrededor del 64% (Cf. Dra. Morales, María Concepción, loc. cit.).

76 El Método de la Autopalpación Cervical se basa en que el cuello uterino sufre variaciones en sus características según el momento del ciclo menstrual por las influencias hormonales influencias hormonales. Cuando la mujer es fértil el cuello está alto, blando y con el orificio central entreabierto, mientras que en la fase infértil el cuello está bajo, encontrándosele muy fácilmente al introducir los dedos en la vagina, y es duro, con el orificio externo cerrado (Cf. Dra. Morales, María Concepción, loc. cit.).

77Algunos de los métodos que emplean accesorios (con frecuencia costosos) son: (a) Los microscopios de bolsillo con los que se examina la estructura microscópica de la saliva y el mucus cervical (que varían si la mujer es fértil o no); el entrenamiento es muy sencillo; los más conocidos el Ovulator y el PG-53. (b) Los Métodos Monoclonales son muy sencillos en su utilización, pero costosos, que consisten en hacer una prueba en orina buscando la presencia de la hormona luteinizante que, aunque siempre está presente, tiene un aumento brusco de 24 a 36 horas antes de la ovulación; el fundamento es un Test de Elisa basado en anticuerpos monoclonales que utiliza una técnica de tiras reactivas impregnadas; cuando la hormona luteinizante está baja la tira se mantiene blanca al ponerse en contacto con la orina, pero cuando la luteinizante está alta, lo que ocurre cuando la mujer es fértil, la tira se pone azul, por lo que lleva el nombre de Bluetest. Existen otros similares pero con productos en gotas en lugar de tiras impregnadas. (c) El Bioself es un pequeño aparato que tiene un termómetro electrónico y un microordenador que mide, registra y analiza la temperatura basal y, por medio de señales de luz, indica el estado de la fertilidad. (d) El Sofía es un pequeño equipo computarizado que, introduciéndole los datos de temperatura y mucus cervical, es capaz de dar datos sobre la fertilidad (Cf. Dra. Morales, María Concepción, loc. cit.).

78Para cuanto sigue, además de las fuentes ya citadas se puede ver: J. de Irala, E. Gómez Gracia y J. Fernández-Crehuet (Universidades de Navarra y de Málaga), La eficacia de la regulación natural de la fertilidad: nuevas perspectivas, Cuadernos de Bioética, Nº 9, 1º 92, 35-41 (publicado también en: “Atención Primaria”, Vol. 8. Núm 8, Septiembre 1991). Cf. United Nations, International Conference on Population. Adoption of the report of the main commitee. Recommedation N.26, Document E/CONF.76/L. 3,13, August 1984; O.M.S. Blithe (Centre for Health and Medical Education), Educación en fertilidad familiar. Materiales para la enseñanza sobre métodos de planificación familiar natural dirigidos a educadores, Ginebra, OMS,1989; World Health Organization, Task Force on Methods for the Determination of the Fertile Period. A prospective multicentre trial of the Ovulation method of natural family plannings I. The teaching phase. Fertil Steril, 1981; 36:152-158; Hermann CB, Williamson NE. McCann M, Spieler JM et al., Periodic abstinence in developing countries: update and policy options. Demographic data for development, Institute for Resource Development at Westinghouse, EEUU, june 1986; Kambic RT, Martin MC, Evaluating client autonomy in natural family planning, Adv. Contracept, 1988; 4:221-231; Kambic RT, Gray RH, St Mart R, Lanctôt CA, Martin MC, Client autonomy among natural family planning users in Mauritius, Comunicación en V Congreso Mundial IFFLP/FIDAF, Nairobi, Kenia,18-26 agosto 1989.

79 Cf. R.E.J. Ryder, British Medical Journal, Vol. 307, 18/09/1993, 723-725.

80Cf. Dra. Zelmira Bottini de Rey, Dra. Marina Curriá, Instituto de Ética Biomédica, Curso de Planificación familiar natural, Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires, abril de 1999.

81Cf. American Journal of Obstretics and Gynecology, 1991.

82 Ibidem.

83 Cf. OMS, Guía para la prestación de servicios de PFN, Ginebra (1989).

84 Paja Burgoa, J.A., World Health Organization: Contraceptive Method Mix: Guidelines for Policy and Service Delivery, Ginebra (1994).

85 J. de Irala, E. Gómez Gracia y J. Fernández-Crehuet, La eficacia de la regulación natural de la fertilidad: nuevas perspectivas, Cuadernos de Bioética, Nº 9, 1º 92, 35-41 (publicado también en: “Atención Primaria”, Vol. 8. Núm 8, Septiembre 1991).

86Juan Pablo II, A un grupo de estudio organizado por la Academia pontificia de las ciencias, L’Osservatore Romano, 9/12/1994, p. 8, n. 2.

87 John Billings, Fundamento del método de la ovulación, 48-49.

88“El objeto elegido –explica el Catecismo– es un bien hacia el cual tiende deliberadamente la voluntad. Es la materia de un acto humano. El objeto elegido especifica moralmente el acto del querer, según que la razón lo reconozca y lo juzgue conforme o no conforme al bien verdadero” (Catecismo de la Iglesia Católica, n.1751).

89 Además, no se olvide que en tales circunstancias los esposos no están obligados a realizar ese acto sexual; por tanto es una omisión completamente lícita.

90 Escribe sobre esta diferencia Mons. Caffarra: “Se puede entender más fácilmente la distinción entre voluntad no-procreativa y voluntad anti-procreativa. La posibilidad, inscrita en el acto sexual fértil, de poner las condiciones para la concepción de una nueva persona humana, es un bien (inteligible) operable: juzgarlo como un mal es un error, y excluirlo con la voluntad es un mal. Sin embargo, este bien debe ser realizado en el modo debido (circunstancias): como, por otra parte, cualquier otro bien. La virtud de la castidad orienta precisamente la voluntad a realizar bien ese bien. Cuando no se dan las circunstancias debidas, ese bien no debe ser realizado, y por tanto, tampoco debe ser querido: y esta es la voluntad no-procreativa. Pero ese bien no debe ser querido no porque se haya convertido en un mal: poner las condiciones para la concepción de una persona no es jamás un mal. Es un bien en sí y por sí. Frente a él no hay ninguna oposición: hay sólo ‘suspensión’ de una decisión, mientras perduran tales condiciones. Es decir, se tiene la voluntad de no procrear, pero no la voluntad de excluir positivamente, de rechazar la procreación. Es una diferencia esencial entre la voluntad que no quiere aquello que juzga un bien porque no existen las circunstancias para realizarlo y la voluntad que no quiere aquello que juzga un
mal: en el primer caso ella permanece abierta al bien, si bien no lo realiza; en el segundo ella debe permanecer completamente cerrada al mal” (Caffarra, C., Etica generale della sessualità, op. cit., 68-69).

91 Cf. Juan Pablo II, Discurso a los participantes de un curso de formación sobre los métodos naturales, 10/01/1992, n. 3.

92 Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 11/11/84, p. 3, n. 4.

93J. Billings, Fundamento del método de la ovulación, 21-25. N.A.: las cursivas son mías.

94 Pío XII, Discurso a la Unión Católica Italiana de Obstétricas, en ocasión del Congreso de la Unión de Obstétricas Católicas, Roma 29/10/1951; en: Pío XII y las Ciencias Médicas, Bs.As. (1961), 115.

95 Ibidem.

96 “Frente al objeto, la intención se sitúa del lado del sujeto que actúa. La intención, por estar ligada a la fuente voluntaria de la acción y por determinarla en razón del fin, es un elemento esencial en la calificación moral de la acción. El fin es el término primero de la intención y designa el objetivo buscado en la acción. La intención es un movimiento de la voluntad hacia un fin; mira al término del obrar. Apunta al bien esperado de la acción emprendida” (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1752).

97 En nota el Papa se remitía a la doctrina ya expuesta por Pío XII. Por su parte Juan Pablo II ha dicho: “A veces, incluso cuando están claramente abiertas a la vida, las parejas se ven obligadas a espaciar los nacimientos, no por motivos egoístas, sino precisamente por un sentido de responsabilidad objetivo. Situaciones de pobreza, o problemas serios de salud, pueden hacer que la pareja no esté preparada para recibir el don de la vida nueva. El hecho de que en algunos casos las mujeres se vean obligadas a trabajar fuera de casa cambia la concepción del papel de la mujer en la sociedad, y en el tiempo y en la atención que dedica a la vida familiar. En especial, algunas políticas familiares establecidas por los legisladores no facilitan los deberes procreativos y educativos de los padres. La Iglesia, por tanto, reconoce que puede haber motivos objetivos para limitar o distanciar los nacimientos, pero recuerda, en sintonía con la Humanae vitae, que las parejas deben tener ‘serios motivos’ para que sea lícito renunciar al uso del matrimonio durante los períodos fértiles y hacer uso durante los períodos infértiles para expresar su amor y salvaguardar su recíproca fidelidad” (Cf. Juan Pablo II, Audiencia a los participantes del encuentro internacional sobre el tema: “La regulación natural de la fertilidad; la auténtica alternativa”, 11/12/1992, n. 2).

98 Pío XII, Discurso a la Unión Católica Italiana de Obstétricas, en ocasión del Congreso de la Unión de Obstétricas Católicas, Roma 29/10/1951; en: Pío XII y las Ciencias Médicas, Bs.As. (1961), p. 110.

99 Pero esto debe responder a una decisión tomada en conjunto por ambos cónyuges; no debe ser impuesto por uno al otro, lo que ocasionaría siempre discusiones y distanciamientos.

100 Antonio Peinador, Moral profesional, Madrid (1962), n. 638; el discurso citado de Pío XII es el Discurso a la Unión Católica Italiana de Obstétricas, en ocasión del Congreso de la Unión de Obstétricas Católicas, Roma 29/10/1951; en: Pío XII y las Ciencias Médicas, Bs.As. (1961), 110.

101 La expresión es de Juan Pablo II: cf. L’Osservatore Romano, 12/08/1984, p. 3, n. 3.

102 Juan Pablo II, Audiencia a los participantes del encuentro internacional sobre el tema: “La regulación natural de la fertilidad; la auténtica alternativa”, 11/12/1992, n. 4.

103Ibidem.

104 Juan Pablo II, A los participantes en el curso sobre regulación de la fertilidad, L’Osservatore Romano, 21/12/1990, p. 21, n. 6. N.A: las cursivas son mías. En otra oportunidad, el mismo Papa dijo: “La práctica de los métodos naturales de planificación familiar ayuda a las parejas a aceptar los principios normativos de su actividad sexual, que brotan de la misma estructura de sus personas y de su relación” (Juan Pablo II, A un grupo de estudio organizado por la Academia pontificia de las ciencias, L’Osservatore Romano, 9/12/1994, p. 8, n. 3).

105 Juan Pablo II, Audiencia a los participantes del encuentro internacional sobre el tema: “La regulación natural de la fertilidad; la auténtica alternativa”, 11/12/1992, n. 1.

106Véase la distinción que hicimos más arriba.

107 “La continencia... consiste en la capacidad de dominar, controlar y orientar los impulsos de carácter sexual (concupiscencia de la carne) y sus consecuencias, en la subjetividad psicosomática del hombre” (Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 28/10/1984, p. 3, n. 1).

108 Juan Pablo II, A un grupo de estudio organizado por la Academia pontificia de las ciencias, L’Osservatore Romano, 9/12/1994, p. 8, n. 4.

109 Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 2/09/1984, p.3, n.6.

110 Cf. J.M. Alsina, Regulación natural de la fertilidad y promoción de la salud-bienestar social; en: M. Rutllant, y col., Manual Básico de Planificación Familiar Natural, op. cit., 71.

111 Martelet, Gustave, Amour conjugal et renouveau conciliaire, Lyon (1967), 34.

112 Ibidem.

113 Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 2/09/1984, p. 3, n. 2.

114 Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 2/09/1984, p. 3, n. 2-3.

115 Juan Pablo II, A los participantes en el curso sobre regulación natural de la fertilidad, L’Osservatore Romano, 21/12/1990, n. 5.

116 Juan Pablo II, A la reunión de expertos sobre los métodos naturales de regulación de la fertilidad, L’Osservatore Romano, 18/12/1992, p. 8, n. 4.

117Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 9/09/1984, p. 3, n. 4.

118Wojtyla, K., Amore e responsabilità, Milano (1969), 228.

119 Juan Pablo II, Discurso al Congreso Internacional sobre regulación de la fertilidad, L’Osservatore Romano, 2/12/1984, n. 3.

120 De hecho no modifican la estructura biológica de la fertilidad humana. Por eso dice muy bien José María Antón: “...La abstinencia periódica —los llamados ‘métodos naturales’— no puede convertirse en una forma de contracepción —incluso cuando se vive ilícitamente, sin motivos serios— porque se trata de dos especies de actos diversas” (Antón, José María, Tres errores comunes al hablar de la anticoncepción y la crítica que de ellos ofrece G. Grisez, Rev. Alpha Omega, VI/2 [2003], 233; cf. artículo completo: 233-252; también: Idem, Aclarando un punto de la teología moral: ¿puede ser la abstinencia periódica una forma de anticoncepción? Análisis del pensamiento de G. Grisez, Rev. Alpha Omega, VI/1, [2003], 3-36; Idem, El concepto de G. Grisez sobre la anticoncepción: un acto contra la vida, Rev. Alpha Omega, VI/3 [2003], 419-456).

121 Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 12/08/1984, p. 3, n. 3.

122 Juan Pablo II, L’Osservatore Romano, 9/09/1984, p. 3, n. 3.

123 Häring, B., La Ley de Cristo, Barcelona (1973), III, 361. El desorden de esta actitud se ve claro en el hecho de que si una pareja restringiera el derecho matrimonial sobre los actos sexuales sólo a los períodos infecundos (o sea, que no sólo se decide usar de hecho de la sexualidad en los períodos infecundos sino que sólo se da el derecho a ejercerla en esos períodos, recortando así el contrato matrimonial), su matrimonio sería nulo. Lo afirmó expresamente Pío XII: “Si ya en la celebración del matrimonio, al menos uno de los cónyuges hubiese tenido la intención de restringir a los tiempos de esterilidad el mismo derecho matrimonial y no sólo su uso, de modo que en los otros días el otro cónyuge no tendría ni siquiera el derecho de exigir el acto, esto implicaría un defecto esencial del consentimiento matrimonial, que llevaría consigo la invalidez del matrimonio mismo, porque el derecho que deriva de un contrato matrimonial es un derecho permanente, ininterrumpido y no sólo intermitente, de cada uno de los cónyuges con respecto al otro” (Pío XII, Discurso a los congresistas de la Unión Católica Italiana de Obstetricia, 29/10/1951).
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