Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

En el curso está dirigido principalmente a padres de familia, pero podrán participar también, educadores, sacerdotes encargados de la pastoral familiar, párrocos y colaboradores de parroquias, dirigentes de empresas y todo aquél interesado en la formación religiosa de las familias.

Nadie está obligado a creer, pero, para poder decidir, tiene que saber de qué va. La libertad, propia y ajena, merece el mayor aprecio, pero también es verdad que la información facilita la mejor elección: no se puede elegir lo que se desconoce. Conviene, pues, proponer, sin imponer, una serie de datos especialmente útiles a la hora de decidir qué valores inspirarán nuestra vida. La decisión última depende de cada uno, pero antes hay que informarse. De los padres cristianos se espera que sepan dar un testimonio coherente de su fe.

Fecha de inicio del curso: 2 de febrero

Fecha de finalización del curso: 22 de marzo

Periodicidad de envió de las lecciones: uno por semana los jueves

Moderadores: monik, Xavier Villalta, Catholic.net, maría eugenia, Michael Esparza, Moderadores Animadores

Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor maría eugenia » Mié Mar 07, 2012 12:29 pm

Vuestras respuestas al tema 5 han sido muy acertadas. Las descripciones del Cielo eran deliciosas. Quizá la pregunta más difícil era la primera: cómo demostrar con la sola razón que existe vida tras la muerte del ser humano. No se trataba de dar ningún argumento procedente de la fe, sino únicamente argumentos meramente racionales. Por ejemplo, puesto que somos libres, si alguien me dice que no hay vida tras la muerte, defiende una postura absurda, puesto que me está convirtiendo en un animal o en un ordenador más o menos complicado a quien ni siquiera se le pueden dar las gracias por el bien que ha hecho...

Cambiamos ahora de tercio comenzando a estudiar algunos aspectos de la ética. Este tema 6 es el más complicado, pues contiene muchos datos filosóficos. Aconsejo a quien no esté familiarizado con esos conceptos, que no se preocupe y que lo lea de modo más superficial. Todo menos atragantarse...

Michel Esparza (sacerdote, autor del curso).



Ética fundamental: verdad y libertad

(Estos son los dos puntos que quería tratar.
Primero, que los seres humanos del mundo entero tienen la curiosa idea de que deberían comportarse de una cierta manera, y no pueden librarse de ella.
Segundo, que de hecho no se comportan de esa manera. Conocen la ley de la naturaleza, y la infringen.
Estos dos hechos son el fundamento de todas las ideas claras acerca de nosotros mismos y del universo en que vivimos (
(C. S. Lewis, Mero Cristianismo, Rialp, Madrid 1995, p. 26)


1) Introducción

En una novela sueca, comenta un policía que se queja del aumento de la violencia: «Este país ha cambiado. Se ha cruzado una frontera invisible y, en consecuencia, generaciones enteras de jóvenes se arriesgan ahora a perder el norte, puesto que nadie les enseña a distinguir el bien del mal. De hecho, ya no existe ni lo bueno ni lo malo. Todos invocan sus propios intereses»1. En efecto, reflexionar sobre la moralidad de nuestras acciones tiene especial importancia en nuestros días. Vivimos inmersos en un mundo relativista que ha perdido de vista los puntos de referencia objetivos de la moral. En un descanso durante una excursión por los Pirineos, debido a las características acústicas del lugar, no pude dejar de oír una conversación a cierta distancia entre un hombre y su hija de unos cinco años. Resultaba muy molesto que aquel hombre intercalara continuamente diversas blasfemias en su conversación y difamase a personas ausentes, sin percatarse del mal ejemplo que estaba dando a su hija. En un momento dado, la hija —cansada ya de cantar y bailar el A-se-re-je— dijo: «Aita, voy a ver si cojo algún renacuajo». Entonces, su padre, inspirado por un súbito sentido moral y pedagógico, le respondió: «No, hija mía, ni se te ocurra hacer daño a los pobres animales; ¡ni tocar!». No le importaba ofender a Dios y a sus semejantes pero, quizá influído por tras tantas tertulias en la radio o televisión políticamente correctas, lo poco claro que tenía era que a los animales había que dejarles tranquilos.

Como afirma Benedicto XVI, «la gran enfermedad de nuestro tiempo es su déficit de verdad. El éxito, el resultado, le ha quitado la primacía en todas partes»2. Por falta de puntos de referencia objetivos y en nombre de una mal entendida tolerancia, predomina hoy en día una Ética relativista. Que algo sea moralmente admisible o reprobable depende de la opinión de la mayoría. Los valores éticos se convierten en moneda de cambio entre partidos políticos. A veces, incluso, se defienden actos abominables —como, por ejemplo, experimentos que conllevan la destrucción de vidas humanas— alegando presuntas razones de tipo humanitario, cuando las verdaderas razones subyacentes tienen que ver con intereses económicos. En esta situación, muchos confunden legalidad con moralidad. Pero que una acción esté permitida por las leyes de un país no significa necesariamente que esa acción sea moralmente admisible.

Vale la pena hacer esta reflexión moral, porque nos será más fácil decidirnos a hacer el bien si entendemos que vale la pena. Según la Iglesia Católica, con la sola razón se puede demostrar la existencia de un código ético universal. A lo largo de estas sesiones, reflexionaremos sobre el modo de discernir entre lo que en inglés llaman right or wrong. En esta primera sesión, estudiaremos algunos fundamentos de la Ética (Ética fundamental); veremos en concreto, cómo conjugar lo objetivo (la verdad) con lo subjetivo (la libertad). En las otras sesiones, discurriremos sobre algunos aspectos concretos del obrar moral ligados al matrimonio (Ética aplicada).

Dividiremos esta primera sesión en dos partes. En la primera, ahondaremos en la existencia de una verdad moral objetiva (ley natural); intentaremos mostrar que lo que está bien o mal, desde el punto de vista moral, no depende de la cultura o de acuerdos democráticos pero arbitrarios, sino que tiene un fundamento objetivo válido para personas de toda época, raza y cultura. En la segunda parte, veremos que la moralidad no tiene sólo que ver con elementos objetivos (verdad y ley), sino también con aspectos subjetivos (libertad y conciencia).

2) ¿Existe una verdad moral objetiva?

La fundamentación de la moral en la naturaleza humana

¿Cómo saber a priori lo que está bien y lo que está mal? Si la ley moral fuera el producto de una convención política, no tendría fuerza para obligar en conciencia. Si no existe una moral objetiva, de modo que cada uno es libre de seguir sus propias ideas al respecto ¿con qué derecho podríamos afirmar que Hitler, Stalin o Milósevic se comportaron de modo reprobable? Si nuestras ideas morales pueden ser más verdaderas, y las de los nazis menos verdaderas, debe de haber una especie de Moral objetiva que está por encima de las opiniones particulares: una ley de la naturaleza que, aunque no la respetemos, mide nuestras acciones, una verdad moral con la que nuestras acciones se adecuan o no. Si, tras no pocos esfuerzos, hemos abolido la esclavitud, no ha sido porque la mayoría haya impuesto su opinión, sino porque estamos convencidos de que la esclavitud fue, es y será siempre contraria a la verdad moral, es decir, contraria a la dignidad humana y, por tanto, inhumana. Los abolicionistas no lucharon por imponer una mera opinión, sino que lo hicieron convencidos de que la esclavitud era, es y será esencialmente inhumana.

A lo largo de la historia, la ley natural ha sido la única tentativa que ha tenido éxito a la hora de fundamentar una moral válida para todos los hombres de toda época, raza y cultura. Ha habido otros intentos —como el de Kant o el de Scheler—, pero al no anclarse del todo en la objetiva naturaleza de las cosas, no consiguieron fundamentar una moral universal. En la filosofía de los últimos siglos, se empezó dudando de nuestra capacidad de conocer la realidad y se terminó poniendo en duda la existencia misma de esas realidades, como la naturaleza de las cosas, que no se perciben con los sentidos sino con el intelecto. Pero esas realidades metaempíricas existen. Del mismo modo que, lo queramos o no, existe la ley de la gravitación universal, existe también, en el ámbito moral, la ley natural. Cuando un científico investiga la realidad física o el funcionamiento fisiológico del cuerpo humano, sabe que hay una verdad que él intentará descubrir. Del mismo, al preguntarnos qué acciones humanas son buenas, neutras o malas, no estamos ante algo arbitrario: sabemos que existe una verdad por descubrir y que nuestras opiniones están necesariamente medidas por esa verdad.

La existencia de la ley natural es un hecho corroborado por la historia de la humanidad. En efecto, observamos que los hombres de todas las épocas han dado por sentado que existe un código ético por encima de las opiniones individuales. Nadie duda los principios básicos de la moral, como la obligación de hacer el bien y de evitar el mal, de no atentar contra el inocente, y de comportarse con los demás como quisiéramos que ellos se comporten con nosotros mismos. Ciertamente, encontramos discrepancias entre las diversas culturas en cuanto a otros preceptos morales menos evidentes, ya sea por ignorancia o por falta de honestidad, pero de lo esencial nadie duda. En los puntos esenciales, todos sabemos cómo deberíamos comportarnos, aunque, a veces, no lo reconozcamos. Y en cuanto a preceptos menos elementales, si fuéramos suficientemente inteligentes y honestos, llegaríamos a las mismas conclusiones.

Un estudio antropológico de las diversas culturas confirmaría la existencia de la ley natural. «Sé que algunos —afirma Lewis— dicen que la idea de la ley de la naturaleza o del comportamiento decente conocida por todos los hombres no se sostiene, dado que las diferentes civilizaciones y épocas han tenido pautas morales diferentes. Pero eso no es verdad. Ha habido diferencias entre pautas morales, pero éstas no han llegado a ser tantas que constituyan una diferencia total. Si alguien toma el trabajo de comparar las enseñanzas morales de, digamos, los antiguos egipcios, babilonios, hindúes, chinos, griegos o romanos, lo que realmente le llamará la atención es lo parecidas que son entre sí y a las nuestras. [...] Piénsese en un país en el que la gente fuese admirada por huir en la batalla, o en el que un hombre se sintiera orgulloso de traicionar a toda la gente que ha sido más bondadosa con él. Lo mismo daría imaginar un país en el que dos y dos sumaran cinco. Los hombres han disentido en cuanto a sobre quiénes ha de recaer nuestra generosidad —la propia familia, o los compatriotas o todo el mundo—. Pero siempre han estado de acuerdo en que no debería ser uno el primero. El egoísmo nunca ha sido admirado. Los hombres han disentido sobre si se deberían tener una o varias esposas. Pero siempre han estado de acuerdo en que no se debe tomar a cualquier mujer que se desee»3.

¿En qué consiste la ley natural? El nombre como tal se presta a equívoco, puesto que natural no es lo contrario a artificial. La naturaleza humana no es sólo biológica. No comer cuando se tiene hambre, pudiéndolo hacer, es algo antinatural y, sin embargo, cuando se hace por una razón superior, constituye una acción moralmente meritoria. Más que antinatural habría que decir que una mala acción es inhumana. La naturaleza humana no es sólo animal, sino también espiritual. Cada uno, según su comportamiento, se animaliza o se espiritualiza. Hacerse más espiritual conlleva poner las pasiones al servicio de algo superior.

Conviene también recordar que el término naturaleza no significa algo estático, sino dinámico. Se trata de un plan preestablecido que se dirige a la consecución de un fin último. El objetivo final impreso en nuestra naturaleza consiste en ser felices amando. Nos realizamos en la medida en que aprendemos a amar verdadera y libremente a Dios y a nuestros semejantes. La moralidad de nuestras acciones depende de su vinculación con ese fin último. Una acción será considerada buena, mala o neutra según nos acerque, nos aleje o no afecte a la consecución de ese fin último.

La ética no es, pues, algo negativo: una serie de reglas que limitan mi libertad. Se trata más bien del arte de vivir. Según cómo evolucionemos, nos hacemos o nos deshacemos. En el caso ideal, se da una perfecta integración de las diversas potencias espirituales y afectivas. La virtud congrega, el vicio disgrega. El hombre se perfecciona y es feliz en la medida en que integra todos sus recursos con el fin de amar cada vez más y mejor. Si lo logra, vive en armonía con Dios, consigo mismo y con los demás. El desamor, en cambio, como afirma Juan Pablo, «aleja al hombre de Dios, lo aleja de sí mismo y de los demás»4.

Como al comprar un electrodoméstico, se podría decir que nuestra naturaleza nos presenta un libro de instrucciones para el usuario. Cuanto mejor sigue uno esas instrucciones, más se perfecciona y mayor es la unidad entre todos sus recursos. En cambio, quebrantar las instrucciones resulta dañino, pues conlleva una progresiva disgregación de las diversas esferas. La recta vida moral consiste en andar por el buen camino y, eventualmente, en desandar el camino equivocado, poniendo orden en el desbarajuste interior que han causado nuestros errores. Y no se trata de rectificar únicamente actos puntuales. Es preciso corregir también orientaciones y actitudes de fondo egocéntricas.

Sería una pena malgastar nuestras energías persiguiendo fines que no nos hacen mejores. «Hay quienes trabajan duramente a lo largo de muchos años por conseguir algo que, en realidad, les está destruyendo como personas. Es patético pero frecuentísimo»5.

Las reticencias contra la ley natural

Hablar de la ley natural no está de moda. Es como un tabú. Recuerdo una entrevista con un catedrático católico acomplejado; en cuanto sus argumentos le llevaban a postular la ley natural, la rechazaba de modo espasmódico. Decía que observaba en todos los hombres cierto instinto moral: «La biología evolutiva nos enseña que tenemos una tendencia genética hacia la ética, se diría que estamos impelidos a ella por naturaleza. Ninguna especie animal tiene un lenguaje, una capacidad de abstracción y una posibilidad de prever diversos tipos de comportamiento». Y se apresuraba a añadir: «Pero el contenido de las normas morales no tiene nada que ver con esa tendencia genética. Eso es una cuestión de cultura. Una cuestión de consenso. No veo que se pueda llegar a una moral universal. La moral no se puede derivar de la naturaleza». En los confusos años setenta, tuve en la universidad un profesor de ética parecido. Era sacerdote y se empeñaba en demostrar que no existía la ley natural: que todo dependía de la cultura.

Argumentaba diciendo que en Europa, para saludar a alguien, se le tiende una mano, mientras que en Japón lo correcto es hacer una inclinación de cabeza. Esos argumentos me parecían muy flojos. Es evidente que en Europa y en Japón la cultura dictamina que la gente se salude de manera diferente, eso es accidental, pero tanto allí como aquí la moral indica que tenemos que ser acogedores, que no podemos quedarnos en formalismos externos: que debemos evitar la hipocresía comportándonos de modo auténtico.

¿Por qué hay tantas reticencias a la hora de admitir que existe la ley natural? ¿Qué razones de fondo existen para atacar la ley natural aun conociéndola? Pienso que esto tiene que ver con una falta de honestidad más o menos consciente. Por una parte, si existe una ley moral objetiva, hay quienes se sienten coaccionados en su libertad, porque si no se sujetan a esa ley, se les puede reprochar un comportamiento inmoral. Observo que nunca ha habido tantas críticas a la ley natural como tras la publicación, en 1968, de la Encíclica Humanae vitae acerca de la moral matrimonial. Por otra parte, detrás de una ley que nosotros no hemos creado, debe haber Alguien que lo haya hecho. En efecto, si esa ley está ahí, la siguiente pregunta que uno se hace es: ¿Y quién es el artífice de esa ley? La respuesta es sencilla: el mismo que ha creado el mundo.

En efecto, la ley natural forma parte de un ordenamiento mucho más amplio que se llama la ley eterna. Todo el universo ha sido creado conforme a una ratio, desde las leyes que rigen los movimientos de los astros hasta las leyes fisiológicas que regulan la vida animal. Dios crea el mundo siguiendo un plan y la ley natural es precisamente la parte de ese plan que concierne al hombre. Es una ley no promulgada solemnemente, pero que está ahí. Además, los principios fundamentales de esa ley moral están inscritos en la conciencia de cada hombre.

Dado que esos principios se pueden oscurecer por falta de honestidad personal o por vivir en una cultura que los silencia, Dios nos ha echado una mano revelándolos positivamente. Tenemos, ante todo, los Diez Mandamientos revelados a Moisés. Por ser un buen compendio de la ley natural, tienen una validez universal. Esos preceptos morales no dicen nada que no pudiéramos descubrir por nosotros mismos, pero revelándolos se asegura que todos los hombres puedan conocerlos sin error. Más tarde, Jesucristo reveló nuevos y más profundos preceptos dirigidos a los cristianos; para poder cumplirlos, nos obtiene en la Cruz una ayuda decisiva: la gracia. En última instancia, si algo no estuviera claro, los católicos contamos con el Magisterio de la Iglesia a través del cual nos habla Cristo mismo. De la ética, pasamos, pues, a la Teología Moral.

Esta ética cristiana comprende toda la ley natural, pero nos lleva mucho más lejos. Las Bienaventuranzas, por ejemplo, son un verdadero programa moral que incluye y sublima los Mandamientos. Son como un retrato de Jesús y constituyen todo un modelo de conducta. Las Bienaventuranzas suprimen cualquier frontera en el amor al prójimo. Así, se nos manda amar a los enemigos, lo cual supera la antigua ley del talión. Cada Mandamiento es llevado más lejos. El quinto ya no consiste sólo en “no matar”, sino también en “no irritarse” ni “insultar” al prójimo.

Es lógico que la ética cristiana vaya mucho más lejos que la ley natural, puesto que toda ética depende de una antropología, es decir, que la conducta que se proponga al ser humano depende de la idea que se tenga de él. Es lógico que no se espere lo mismo de un hombre que sólo conozca la declaración universal de los derechos humanos, que de un hombre que se sabe creado por Dios a su imagen y semejanza y que, por el bautismo, ha sido hecho hijo de Dios, partícipe d la naturaleza divina y llamado a la santidad, es decir, a vivir la vida misma de Cristo. Como afirma Juan Pablo II, «seguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moral cristiana... No se trata sólo de escuchar una enseñanza y de cumplir unos mandamientos, sino de algo mucho más radical: adherirse a la persona misma de Jesús, compartir su vida y su destino»6.

A esta ley promulgada por Cristo se le llama ley divino-positiva. Por último, para terminar con el elenco de leyes, en un contexto civil o eclesiástico, tenemos las leyes promulgadas por los hombres. Éstas obligan en conciencia en la medida en que son leyes justas, esto es, en la medida en que concretan la ley natural (leyes civiles) o de la ley divino-positiva (leyes eclesiásticas). En total existen, pues, cuatro tipos de ley: eterna, natural, divino-positiva y humana.

Relaciones entre Moral autónoma y Ética cristiana

Puesto que postular la existencia de la ley natural conlleva preguntarse por el Autor de esa ley, ¿significa eso que no es posible separar ética y religión, moral autónoma y ética cristiana? En teoría podemos situarnos en un ámbito laico, poniendo entre paréntesis el Autor de la ley natural. Cabría una ética no religiosa sobre la base de una concepción racional de la dignidad de la persona humana. Esto es así porque la ley moral es una verdad que está inscrita en nuestra naturaleza y que podemos descubrir con nuestra inteligencia. Ya dijimos que todos llegaríamos a las mismas conclusiones éticas si todos fuésemos suficientemente inteligentes y honestos. Además, este enfoque nos permite a los cristianos dialogar abiertamente con conciudadanos no creyentes. Así no nos pueden decir si, por ejemplo, rechazamos el aborto, que les estamos imponiendo nuestra religión. La primera razón que me lleva rechazar el aborto es de naturaleza humana. Estoy convencido de que matar a una persona indefensa e inocente es esencialmente inmoral, es decir, injusto e inhumano. Al mismo tiempo, como católico, sé además que es se trata de una gran ofensa a Dios y que no me equivoco puesto que la Revelación me lo confirma.

En el sentido expuesto, es posible, por tanto, una moral autónoma. En la práctica, sin embargo, se observa que cuando se pone entre paréntesis al Autor de la naturaleza, se pierde gran parte de la obligatoriedad de la moral y se corre el riesgo de terminar relativizando también la objetividad de la ley natural. Sin recurrir a Dios, es difícil fundamentar valores universales válidos para todos los pueblos y que todos se sientan obligados a practicarlos. Es, en efecto, lo que ha sucedido en la historia de los últimos siglos. En el siglo XVIII, en la época de la Ilustración, se puso a Dios entre paréntesis, pero se aceptaba la ley natural como fuente primaria del derecho (iusnatutalismo). Sin embargo, eso propició la posterior evolución relativista. Al no fundamentar la naturaleza en Dios, se intentó buscar otros fundamentos. El materialismo dialéctico de los marxistas propuso a la Historia como punto de referencia superior. A la larga, la Historia, no se sabe cómo, velaría por el acierto de los postulados éticos. Y en nombre de la Historia se cometieron todo tipo de atrocidades. También el nazismo intentó separar la moral de la religión, con los consabidos resultados. Se apoyaron en la Constitución de Weimar, de corte relativista, y llegaron a lo peor. Como afirmó Pío XII, testigo de los horrores nazis, «cuando temerariamente se niega a Dios, todo principio de moralidad queda vacilando y perece, la voz de la naturaleza calla o al menos se debilita paulatinamente»7. No pocas veces, el ateísmo ha sido responsable de la impiedad para con el hombre. Ya lo decía Chesterton: «Quitad lo sobrenatural, lo único que quedará es lo no natural». No sólo porque desaparecen los puntos de referencia, sino también porque, sin la ayuda de la gracia, nuestra naturaleza, dañada por el pecado, se animaliza, tanto a nivel personal como social.

¿Por qué «si se niega a Dios, los preceptos morales se desintegran por completo»8? Pienso que se debe a nuestra debilidad. Una persona lista y honesta puede conocer la ley natural, pero si no hay ninguna autoridad clara que la respalde, encuentra fácilmente razones para escabullirse. En primer lugar, el autoengaño es más fácil porque uno puede pensar que se trata de preceptos inventados por los hombres que a él no le obligan. En segundo lugar, cuando se deja a Dios de lado por mala voluntad, se facilita el autoengaño porque esa malicia ofusca a la inteligencia.

La mala voluntad a la hora de negar a Dios es muy comprensible en la lógica del orgullo: si acepto que Dios es el Autor de la ley natural, mis errores morales se convierten en pecados y sé que le tendré que rendir cuentas. Los católicos, gracias a la sincera confesión de nuestros pecados ante un Padre misericordioso, podemos asumir la verdad de nuestra miseria. Pero es comprensible que quienes no conozcan el modo de lavar sus culpas —o, por soberbia, ni siquiera las reconozcan—, tiendan a defender una ética a la medida de su miseria moral. Sea como fuere, si se elimina dolosamente al Autor de la obra, se corre el peligro de malinterpretar la obra misma.

3) La libertad y la conciencia

Introducción


Hemos visto que existe una verdad moral universal y que, si se olvida o se niega esa realidad, la sociedad se rige por un relativismo ético en el que ya nadie puede sentirse seguro puesto que es posible vulnerar inpunemente los derechos humanos. Veamos ahora otra de las razones que contribuyen a la actual desorientación moral: otorgar a la libertad una primacía absoluta. Baste un ejemplo. Hace poco leí en un periódico que en California habían prohibido la pornografía infantil, pero que poco después los jueces la habían aprobado con la condición de que los niños que salen en ese material no fuesen reales sino virtuales, es decir, que fueran imágenes compuestas de modo digital. Con tal de no coartar la libertad de los adultos, mientras no se empleasen niños de verdad, daban el visto bueno a un producto que, objetivamente, fomenta la pederastia. No hay que ir hasta California para encontrar ejemplos. Acabo de leer en un Suplemento Dominical un artículo sobre mujeres españolas que han decidido ser madres solteras. Para satisfacer su instinto maternal, necesitan un hijo, poco importa si es a través de adopción o de inseminación artificial. En ausencia de valores objetivos, cuando sólo cuenta la libertad de elección, si algo es técnicamente posible, entonces uno tiene el “derecho” de reclamarlo...

Hoy en día está de moda pronunciarse en favor de las libertades. Eso está muy bien, pero nunca veremos que la gente salga a la calle para defender las verdades. Hubo un tiempo en que, por desgracia, se defendía la verdad a costa de la legítima libertad. Actualmente, en cambio, asistimos a una defensa de la libertad a costa de la legítima verdad. Para evitar ambos excesos, veamos el modo de conjugar esos dos elementos que están presentes en toda realidad humana.

Pienso que el mayor mérito de la Encíclica que escribió Juan Pablo II sobre la moral (Veritatis splendor) consiste en haber puesto de manifiesto que no hay incompatibilidades entre verdad y libertad, esto es, que ambas, bien entendidas, se necesitan mutuamente: la verdad lleva a respetar la libertad y la libertad hunde sus raíces en la verdad. Ninguna de las dos constituye un fin en sí mismo. Ambas son igualmente importantes y se articulan en orden a una realidad superior: el amor. Ya desde su primera encíclica (Redemptor hominis), Juan Pablo II recalcó que la esencia del humanismo cristiano consiste en el amor vivido en libertad y en la libertad sujeta a la verdad9.

Verdad, libertad: realidades interdependientes

No hay verdad sin libertad, ni libertad sin verdad. Ambas deben ir siempre juntas; la falta de una de ellas se presta a tiranía o a libertinaje: la verdad sin respeto de la libertad ajena conduce a la tiranía, y la libertad sin verdad degenera en libertinaje. Por un lado, la verdad moral conlleva el deber de respetar la legítima libertad ajena. La libertad forma parte de la esencia de la verdad. Quien no la respete, atenta contra la caridad. Edith Stein decía: «No aceptéis nada como verdad si carece de amor. ¡Y no aceptéis nada como amor que no tenga verdad!»10. Por otro lado, sin la verdad como brújula, la libertad, a la larga, se autodestruye. Como afirmó Juan Pablo II en sede neutra —en su discurso ante la ONU del 4 de octubre de 1995—, «lejos de limitar la libertad o amenazarla, la verdad de la persona humana... es, de hecho, la garantía de futuro de la libertad»11. La experiencia muestra que los atentados contra la verdad, cuando se convierten en vicios, terminan por destruir el libre albedrío. Así, una persona habitualmente sobria es mucho más libre que quien, a fuerza de emplear mal su libertad abusando de la bebida, se hace alcohólico.

El libertinaje puede llevar a nuevas formas de tiranía. Cuando desaparecen los legítimos dictados de la verdad, se acaba imponiendo los ilegítimos dictados de lo políticamente correcto. La libertad necesita una brújula que la oriente: la verdad. Si en nombre de una mal entendida tolerancia se niegan los imperativos de la verdad, se crea un clima permisivo en el que impera la opinión del más poderoso. Hace poco leí que en algún lugar de Japón se prohíbe fumar en la calle. Permiten el aborto, pero si te pillan fumando un cigarrillo, te cae una multa de cien euros...

El escepticismo racionalista —y la consiguiente crisis de la metafísica— en el pensamiento moderno han llevado a postular la libertad como valor absoluto. Pero la libertad, desligada de la verdad, se vacía de contenido. Uno se comporta entonces como si fuera Dios: como un ser absoluto, esto es, desligado de todo. Ya vimos que la soberbia lleva al hombre a desligarse de la Suprema Verdad que es Dios, tras lo cual necesita liberarse de ese vestigio de la Verdad que es la ley natural. Como afirma un filósofo, «faltándole un fundamento trascendente, la libertad se ha constituido en objeto y fin de sí misma: se ha convertido en una libertad vacía, en una libertad de la libertad, ley de sí misma porque es libertad sin más ley que la explosión de los instintos o la tiranía de la razón absoluta, que se revela después como capricho del tirano»12. Si estudias a Hegel, te explicas por qué tanto Hitler como Stalin fueron posibles. La afirmación unilateral de la libertad en el siglo XIX, ha dado lugar a los peores totalitarismos en el siglo XX.

Nuestra época necesita redescubrir la verdadera esencia de la libertad. Libertad no significa sólo libre arbitrio. Es sobre todo capacidad de autodeterminación, en el caso ideal hacia el verdadero bien. Y es que la libertad no es autosuficiente: necesita una guía, que es la verdad. Desligando la libertad de la verdad, se crea un libertinaje que destruye toda moral. Quienes postulan la libertad como valor absoluto, piensan que todo precepto moral ya es un atentado contra su libertad. Si se les recuerda que se tendrían que comportar de un modo determinado, piensan que se coarta su libertad. Según ellos, libertad significa indeterminación, como quien sólo se sintiera libre si tuviese que escoger entre dos vasos de agua perfectamente idénticos. Eso no es libertad. Libertad es tener sed y elegir el vaso que contenga la mejor bebida. La libertad está para ser empleada, no para guardarla a buen recaudo. La libertad se ejercita haciendo una elección: aceptando un bien que nos atrae o rechazando un mal. Y, como ya vimos, la bondad o maldad moral de un objeto o de una acción es algo objetivo: no depende de gustos personales.

Por tanto, la brújula que necesita la libertad es la verdad moral (ley natural) y, en último término, la Verdad sobre el Amor de Dios que nos ha revelado Jesucristo. Sin esa Verdad, no podemos ser plenamente libres. «Lo mejor sobre la libertad —decía André Frossard— es lo dicho por Santo Tomás de Aquino, que era un genio después de todo. Y según él la libertad consiste en permitirle al hombre no ser determinado sino por Dios: si él lo desea, es decir, significa que el hombre escapa al determinismo de la naturaleza»13. Dios es fuente de libertad en muchos sentidos. En primer lugar, si Dios no existiese, estaríamos determinados por ciegas leyes de la naturaleza. Es mejor tener a Alguien por encima, que estar sujeto a una especie de destino ciego e inmisericorde. En segundo lugar, si no queremos vivir en el desamor, puestos a entregarnos a alguien por amor, lo mejor es entregarse al mejor Amante. Como afirma San Josemaría Escrivá, «la libertad adquiere su auténtico sentido cuando se ejercita en servicio de la verdad que rescata, cuando se gasta en buscar el Amor infinito de Dios, que nos desata de todas las servidumbres»14. La libertad me permite entregarme por amor. Si no me entrego, me hago esclavo de mí mismo. Si me entrego a mis semejantes, se podrían aprovechar de mí: me podrían esclavizar. Lo ideal es entregarme al Único que no me esclaviza, conformar mi voluntad con la Voluntad de Quien más y mejor me ama. Ya lo decía Kierkegaard: «La cosa enorme concedida al hombre es la elección de la libertad. Si tú la quieres salvar y conservar no hay más que un camino: el de, en el mismo instante, absolutamente en el mismo instante, absolutamente en plena dedicación, entregarla a Dios y a ti mismo en ella»15. Nada asegura y preserva tanto la libertad del alma como el abandono filial del cristiano en su Padre Dios.

Para entender por qué no se puede ser realmente libre sin la ayuda de la gracia de Dios, es preciso hilar más fino. Ante todo, conviene recordar que libertad significa capacidad de autodeterminación hacia el bien. Quizá hayamos experimentado momentos en los que queremos portarnos bien, pero no podemos, no somos capaces. Es como si una parte de nuestra voluntad lo quiere y la otra se resiste porque no lo quiere o no puede. En efecto, para vivir las virtudes, no basta quererlo sin más, es preciso también poder querer, estar capacitado para ello. Esa incapacidad de mover la propia voluntad hacia algo que cuesta proviene, en primera instancia, de malos hábitos contraídos que han debilitado la voluntad; la voluntad está enferma y necesita ser curada. En última instancia, ese no poder querer proviene de falta de amor; no se ama suficientemente el bien apetecido, lo cual engendra una falta de libertad. ¿Quién nos dará ese amor que nos hace capaces de querer lo más arduo? Según la doctrina cristiana, Dios es Amor y sólo Él puede comunicárnoslo plenamente. Es difícil de expresarlo con palabras, pero hay momentos en los que uno experimenta que incluso el querer le es dado. Sucede, por ejemplo, que uno intenta aceptar una contradicción dolorosa o perdonar un agravio, y no lo consigue; de pronto, un buen día, mientras reza, nota una fuerza misteriosa que le hace capaz de querer, de aceptar gustosamente, lo que antes era incapaz de querer.

Es muy aleccionador al respecto lo que cuenta San Agustín sobre los meses que precedieron a su conversión. Quería dar el paso, pero le faltaban fuerzas. He aquí parte de su relato: «El alma manda al cuerpo y le obedece; se manda el alma a sí misma y se resiste a obedecer. (...) El alma manda al alma que quiera, y, sin embargo, no siendo distinta de sí misma, no obedece. ¿De dónde nace esa monstruosidad? ¿Por qué es así? Se manda el alma a sí misma querer —no se lo mandaría si no quisiera—, y, a pesar de todo, no hace lo que se manda a sí misma. Luego eso es que no quiere del todo, luego también es que no se manda del todo; porque si se manda es porque quiere, y si no hace lo que se manda es porque no quiere (...). No hay, pues, ninguna monstruosidad en querer en parte y en parte no querer, sino que es debido a la debilidad del alma; cuando el alma es elevada por la verdad, no se levanta toda entera, porque está oprimida por el peso de sus costumbres; hay en el alma como dos voluntades (...). Cuando dudaba en decidirme a servir a Dios, cosa que me había ya propuesto hacía mucho tiempo, era yo el que quería, y yo era el que no quería, sólo yo. Pero, porque no quería del todo ni del todo decía que no, por eso luchaba conmigo mismo y me destrozaba (...). Yo, interiormente, me decía: "¡Venga, ahora, ahora!" Y estaba casi a punto de pasar de la palabra a la obra, justo a punto de hacerlo; pero... no lo hacía»16. San Agustín pudo vencer esa resistencia porque la gracia divina, no sin su colaboración, le capacitó para ello. En efecto, como recuerda la doctrina católica, la gracia redentora de Cristo sana nuestra naturaleza herida por el pecado.

Conciencia y ley moral


Hasta ahora hemos puesto el acento en los derechos de la verdad (ley moral). También la libertad tiene sus derechos. ¡Todo lo que se hable de libertad, bien entendida, es poco! En nuestra época encontramos desaciertos en el ámbito objetivo y aciertos en el campo subjetivo. Se ha dado un progresivo alejamiento de la verdad objetiva, pero también es verdad que se han redescubierto importantes elementos subjetivos, como lo que Charles Taylor ha llamado «el ideal moderno de la autenticidad». Antes no se ponía en duda la verdad, pero había mucha hipocresía.

En ámbito moral, hablar de las prerrogativas de la libertad nos lleva al tema de la conciencia. Si entendemos correctamente la verdad y la libertad, vemos que no hay contradicción posible entre los derechos y los deberes de la ley moral y de la conciencia. Bien entendidas, esa norma objetiva y esa norma subjetiva de moralidad se refuerzan mutuamente. La conciencia, si está bien formada y la persona en cuestión es honesta, es testigo de la ley natural en la intimidad de cada sujeto. Por conciencia moral se entiende el «juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho»17. Todos experimentamos esa voz interior que alienta o reprende.

La norma moral es objetiva, pero cabe preguntarse en qué medida es objetivable y por quién. La razón es capaz de conocer los principios básicos de la ley natural. Siendo Dios el único que no puede errar, la Revelación permite un conocimiento más profundo y seguro. No tiene sentido pretender una libertad de conciencia en ámbitos en los que la verdad ya ha sido objetivada. No obstante, si se abusa de la racionalidad, se termina en casuísticas formalistas que encorsetan a la vida. Hay que rechazar la libertad de conciencia y afirmar la legítima libertad de las conciencias: nunca es lícito coaccionar a una conciencia o substituirla en materias que, por ser estrictamente personales, pertenecen al fondo íntimo de cada persona. Ahí radica la tolerancia bien entendida. Es un error grave permitir el aborto en nombre de la tolerancia, pero también lo sería imponer una religión a la fuerza. Por eso, es una obligación moral permitir a los musulmanes que construyan mezquitas en países mayoritariamente cristianos (aunque, en justicia, habría que exigir también lo contrario). Los Estados confesionales, contrarios al legítimo pluralismo, deberían estar superados. Habría que educar tanto en la verdad, como en la legítima tolerancia, para que cada uno pueda adherirse libremente a la verdad y para que su legítima conciencia sea respetada. Fomentando un clima de libertad responsable, cada uno podrá asentir interiormente a lo que dictamina la ley natural objetiva y, en cuestiones subjetivas, podrá seguir los imperativos de su conciencia. «Dejad siempre una gran libertad de espíritu a las almas —aconsejaba San Josemaría Escrivá—. Pensad en lo que tantas veces os he dicho: "porque me da la gana", me parece la razón más sobrenatural de todas. La función del director espiritual es ayudar a que el alma quiera —a que le dé la gana— cumplir la Voluntad de Dios. No mandéis, aconsejad»18.

La importancia de la conciencia se deriva de la existencia de ámbitos de actuación en los que, si bien la verdad es objetiva, corresponde al interesado la tarea de objetivarla. En una vocación, por ejemplo, cabe pedir consejo, pero, a fin de cuentas, sólo la persona en cuestión puede saber lo que Dios le pide. Hay que aprender, pues, a respetar ese fondo íntimo que hay en cada persona, para que cada uno pueda ser fiel no sólo a la verdad en general, sino también a la verdad sobre sí mismo. En esa linea, traicionarse a sí mismo es también un modo de traicionar la verdad.

Además, por mucho que uno conozca los grandes principios de la ley moral, la vida es compleja y a veces sólo contamos con la intuición de conciencia para tomar la decisión correcta. En efecto, a veces sucede que uno no tiene tiempo para examinar detenidamente una cuestión moral puesto que debe decidir de inmediato. Te ofrecen, por ejemplo, un contrato y te dicen: «lo tomas o lo dejas; si no te decides inmediatamente, se lo ofrecemos a otro». Son momentos en los que uno tiene que ponerse en presencia de Dios y pedirle luz para poder actuar en conciencia.

En efecto, según la doctrina católica, la conciencia es mucho más que un juicio de la inteligencia práctica: es una especie de sagrario interior en donde resuena la Voz de Dios19. De ahí su inalienable dignidad y la importancia de respetarla. Se entiende que Newman —uno de los grandes precursores de la dignidad de la conciencia— afirmase que la recta conciencia es “infalible”, puesto que Dios, que habla a través de ella, lo es. Afirmó incluso que esa conciencia es tan infalible como el Magisterio de la Iglesia: no podía haber discrepancias entre estas dos instancias, puesto que Dios habla a través de ambas y no se puede contradecir. Evidentemente, eso es cierto si el hombre es santo (plenamente honesto). Puesto que podemos engañarnos a nosotros mismos, si se diese una discrepancia entre la doctrina revelada y la propia conciencia, habría que concluir que es uno mismo quien se equivoca. No basta con confrontar nuestra opinión personal con la doctrina revelada: hay que conformar nuestra conciencia con lo explícitamente revelado por Dios. Es una gran suerte poder estar en comunicación directa con Dios a través de la conciencia, pero tenemos que ser realistas admitiendo que, a causa de nuestra debilidad, nuestra conciencia es manipulable.

De todos modos, insisto en que hay ámbitos personales en los que sólo el interesado puede decidir en conciencia. Tal es la dignidad de la conciencia que, de ser ésta invenciblemente errónea en alguna cuestión, habría que seguir igualmente su dictamen. Si pienso que hoy es domingo y no asisto a Misa, peco, aunque en realidad sea lunes. Newman cuenta que Dios le premió con el don de la fe católica por su fidelidad al anglicanismo en los tiempos en que, por falta de datos, estaba convencido de que ésa era la fe verdadera. También se entiende la responsabilidad que tienen los padres, pedagogos y confesores a la hora de formar la conciencia de los demás, puesto que si hacen pensar a alguien que una acción es inmoral, cuando en realidad no lo es, el interesado que no se atenga a su erróneo juicio, cometerá un pecado formal. Por el contrario, quien se comporta inmoralmente pero con ignorancia inculpable, comete un pecado material, esto es, no imputable.

Por ser Dios quien habla a cada hombre en lo más íntimo de su alma, si éste le traiciona, se traiciona a sí mismo. Siendo Dios mismo quien se comunica a través de mi conciencia, nos compensa aprender a escucharle. Así, al orientar nuestra vida, tomaremos las mejores decisiones. De ahí la importancia de ejercitarnos en la oración mental, con el fin de aprender a percibir la Voz de Dios en la intimidad del alma. Hay que aprender a diferenciar la voz del yo (conciencia sicológica) de la Voz de Dios (verdadera conciencia). Tenemos una especia de radio interior en la que se captan dos emisiones diversas. La frecuencia divina es más difícil de sintonizar que la frecuencia del yo. Los mensajes de Dios suelen estar ligados a la más profunda paz interior.

Materia, intención y circunstancias

Un ejemplo de cómo se articulan los elementos objetivos y subjetivos en el ámbito moral es el triple criterio a la hora de juzgar la bondad o malicia de una acción. El juicio moral tiene que sopesar conjuntamente tres elementos: materia (la objetividad de la acción que se realiza o se omite), intención (fin que persigue el sujeto al actuar) y circunstancias (o consecuencias que pueden atenuar o aumentar la responsabilidad del que obra). El objeto y el fin determinan la bondad o malicia de la acción. Las circunstancias pueden agravar o disminuir su bondad o malicia, pero «no pueden hacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala»20. Al contrario de lo que afirma una corriente ética que está de moda (circunstancialismo), hay actos intrínsecamente ilícitos, sean cuales sean las circunstancias en las que se encuentra el sujeto. Así, un aborto siempre es reprobable, aunque la mujer, por haber sido violada, merezca toda nuestra comprensión. Ninguna circunstancia puede legitimar el asesinato de una persona inocente.


Según otras doctrinas erróneas denominadas teleológicas (“telos”, en griego, significa fin), la moralidad deriva del fin por el que se actúa. Dos de estas doctrinas son el consecuencialismo y el proporcionalismo. Según el consecuencialismo, el juicio moral deriva de las consecuencias que se siguen de un determinado acto. Es una especie de maquiavelismo. Así, se podría investigar con embriones humanos para que otras personas obtengan ventajas terapéuticas. Sería, pues, legítimo matar a una persona inocente para ayudar a otras. El proporcionalismo es algo parecido: una acción sería buena o mala según la proporción de bienes o de males que se consiguen.

Todas las doctrinas erróneas tienen algo de verdad. Si no, no triunfarían. Así, algo diferente al proporcionalismo es el “voluntario indirecto” o la llamada “acción con doble efecto”: una acción en sí misma buena o neutra que se realiza con buenas intenciones y con el fin de obtener un efecto bueno, pero en el que se corre el riesgo de obtener un efecto malo indeseado. Aquí sí que habrá que tener en cuenta la proporcionalidad, las posibilidades y gravedad de ambos efectos. Pongamos un ejemplo. Una mujer embarazada tiene un cáncer de útero que es urgente operar para salvar su vida, pero que pone en peligro la vida del niño. Para que la cirujía sea moralmente lícita, se deben cumplir cuatro condiciones: que la acción es buena o neutra (operar), que la intención sea buena (salvar a la madre, no matar al niño), que el efecto indeseado no se siga automáticamente (posibilidad real de que no muera el niño) y proporcionalidad (posibilidades reales de éxito y sopesar los dos efectos). Se puede operar, con cierto riesgo para el niño, si se busca salvar la vida de la madre, pero no para alargarle unos días la vida o por razones estéticas.

Frente a doctrinas teleológicas, la ley natural sostiene que el fin no justifica los medios. Existen valores inviolables, como la dignidad de toda vida humana, que no se prestan a negociación. Algunos se escandalizan cada vez que la Iglesia Católica recuerda la existencia de acciones intrínsecamente malas, así como la inmoralidad de perseguir fines buenos a través de medios intrínsecamente malos. Pero la experiencia confirma que cada vez que, con razonadas sinrazones, se permite atentar contra la dignidad de cada vida humana, se abre la puerta a todo tipo de injusticias. Nadie puede vivir tranquilo en una sociedad en la que no se respeta de modo incondicional la vida de cada ser humano, sea cual sea su salud, sexo, edad o raza.

Por tanto, las circunstancias influyen en la gravedad o parvedad de una acción, pero la bondad o malicia de esa acción dependen del objeto elegido y del fin que se busca. Para que una acción sea buena, se precisa que la acción en sí misma sea buena y que la intención sea recta. Así, una intención viciosa podría hacer inmoral una acción en sí misma buena. Por ejemplo: dar limosna con el fin de vanagloriarse o de humillar a una persona. De hecho, a la hora de determinar el objeto de una acción, también se tienen en cuenta elementos subjetivos. Por esa razón, se habla a propósito de objeto elegido, para no caer en otra doctrina errónea —el objetivismo ético— que juzga las acciones sin tener para nada en cuenta al sujeto que las realiza. Como puntualiza Juan Pablo II, «la moralidad del acto humano depende sobre todo y fundamentalmente del objeto elegido racionalmente por la voluntad deliberada»; pero «para aprehender el objeto de un acto, que lo especifica moralmente, hay que situarse en la perspectiva de la persona que actúa»21. No es lo mismo, por ejemplo, una acción mecánica que, sin advertencia ni deliberación, produce un efecto malo, que una acción realizada a sabiendas con el fin de conseguir un efecto malo. Por tanto, cuando hablamos de materia, no nos referimos a la materialidad de la acción, sino a un objeto elegido por una persona. Parece una pequeña diferencia, pero olvidar esa distinción ha dado lugar a no pocos quebraderos de cabeza, especialmente en el ámbito de la ética sexual.

Conviene, por último, recordar que, como afirma la moral cristiana, para cometer un pecado grave se deben dar tres condiciones: materia grave, plena advertencia y pleno consentimiento. Lo que haga un sonámbulo no es imputable por falta de advertencia y de consentimiento.

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1. H. Mankell, Pisando los talones, Tusquets, Barcelona 2004, p. 408.
2. Benedicto XVI, Orar, Planeta, Barcelona 2008, p. 13.
3. C. S. Lewis, Mero Cristianismo, o.c., pp. 23-24.
4. Juan Pablo II, Dies Domini, n. 63.
5. A. Llano, La vida lograda, Ariel, Barcelona 2002, p. 42.
6. Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 19.
7. Pío XII, Summi pontificatus, n. 21.
8. Juan XXIII, Mater et Magistra, n. 208.
9. Cfr. Juan Pablo II, Redemptor hominis, n. 12.
10. Juan Pablo II, Homilía del 11 de octubre de 1998 en la canonización de Edith Stein, n. 6.
11. Juan Pablo II, Discurso ante la quincuagésima Asamblea General de la ONU, n. 12.
12. C. Fabro, El temple de un Padre de la Iglesia, Rialp, Madrid 2002, p. 174.
13. A. Frossard, entrevista de 1986 en J. Antúnez Aldunate, Crónica de ideas. En busca del rumbo perdido, Ed. Encuentro, Madrid 2001, p. 199.
14. J. Escrivá, Amigos de Dios, n. 27.
15. S. Kierkegaard, Papirer 1849-1850, X2 A 428; cfr. C. Fabro, El temple de un Padre de la Iglesia, o.c., p. 180.
16. S. Agustín, Las Confesiones, octava edición, Palabra, Madrid 1988, pp. 155-156.
17. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1796.
18. J. Escrivá, Carta del 8 de agosto de 1956, n. 38.
19. Cfr. Concilio Vaticano II, Gaudium et spes, n. 16.
20. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1754.
21. Juan Pablo II, Veritatis splendor, n. 78.

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Comentarios al autor: P. Michel Esparza
michel.esparza@gmail.com

Comentarios al monitor del foro: Xavier Villalta
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Participación en el foro:

1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?

4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?

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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor Lizzie22 » Jue Mar 08, 2012 10:47 am

Buenos días! aquí mis respuestas al tema de hoy:


1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas? El ser humano tiene un código de conducta natural,que se complementa o que se ve afectado con la educación y el ambiente en que se desarrolle, pero por naturaleza tiene una conciencia que le hace notar qué es correcto y qué es incorrecto.

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura? La naturaleza es la conciencia que nosotros ya como personas tenemos desde que nacemos, es un código que nos guía qué acciones hacer, desde qué hacer para pedir de comer o mostrar descontento desde que somos bebés,la cultura son los usos y costumbres que nos enseñan en la comunidad y familia en que vivimos.

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas? mi primera respuesta sería que sí, porque se habla de una persona inocente,por qué tendría que morir si es inocente? pero al hacerme esa pregunta pienso enseguida en Jesucristo que siendo inocente murió para redimirnos, entonces se aplica lo explicado en el tema de hoy,y preguntémonos: había otra opción para salvar a millones de personas sin que Ese ser inocente perdiera la vida? Definitivamente es un tema complicado el del día de hoy.

4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias? La conciencia es la guía que tenemos para juzgar si las conductas o actos que hacemos o pensamos hacer, son correctos o no.
Lizzie22
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor veracruz20032001 » Jue Mar 08, 2012 11:12 am

Respetuosamente les comento:
No creo que exista la persona 100% objetiva, cuando ponemos algo de nosotros en cualquier situacion, la objetividad bajara de ese 100% conforme lo conocemos mas, conforme somos mas buscadores de la verdad, porque porque cada vez que ponemos algo de nosotros en cualquier afirmacion, la objetividad se aleja, por ejemplo ; yo al hablar estoy dejando de ser objetivo porque aunque no lo crea me dejo llevar por lo que pienso y por lo que se de ello, y mas aun por la forma en que me ha pasado o sucedido en la vida. Otro ejemplo, la persona que este leyendo mi respuesta, dejara de ser objetivo porque pondra a su vez palabras en mi boca (cosas que no dije) pero que ella cree que es lo que estoy realmente diciendo, ademas pondra sus propias creencias y situaciones. Asi que no creo que exista una objetividad al 100% si asi fuera, los comentarios de un buen porcentaje de muchos de nosotros dirian exactamente lo mismo ya que vemos el mismo objeto.
Nuevamente un ejemplo.
Digamos que una persona nos pide observar un ventilador
La persona objetiva solo mencionara aspectos generales de ese objeto
la objetividad se ira perdiendo cuando hagamos inflecciones de voz o de comentarios por el color, por la marca, por el tipo de aspas


Respuesta 2.
Lo natural, es lo que esta presente en el planeta tierra, es algo que percibimos con alguno de nuestros sentidos, si se percibe a traves de ellos es Natural, por el contrario la Cultura nos hace percibir el mismo objeto en relacion con algo que es le damos al objeto de acuerdo con lo que nos hace sentir fuera de los sentidos usados anteriormente.
es por ello que un mismo objeto infiere en nosotros de diferente forma, cultura (viene del latin que significa cultivar, algunos cultivamos menos que otros y por lo tanto los frutos son diferentes), es por ello que como dije ese mismo objeto afecta a las personas en forma diferente. Ejemplo y hablo de mi mismo ahora, si vemos una aguja de tejer, la gran mayoria dira a un objeto que se usa para elaborar gorras, chamarras, manteles, etc. Yo en cambio me pondre nervioso, me palpipara mas rapidamente el corazon Porque en mi cultura ese objeto me daño y por lo tanto me afecta de forma diferente es mi cultura en discordancia de un objeto natural

Respuesta 3
Creo que eso mismo paso con Jesus, ya que siendo inocente padecio y murio por toda la humanidad, no por millones de personas como pone en su pregunta, por todos y todos es un numero que comenzo con Adan y terminara cuando Dios padre lo decida.

Respuesta 4

Conciencia es para mi mi forma de pensar y de actuar, y es importante porque si cambias mi forma de pensar y de ser dejo de ser yo para convertirme en otra persona
veracruz20032001
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor pillatapatia » Jue Mar 08, 2012 11:31 am

Cuando Dios creo al hombre lo doto en su naturaleza, de libertad, y para llegar
a ser feliz le regalo la conciencia, que lo llevaría a discernir, con el uso de esa
libertad que le dio, elegir entre el bien y el mal. Dentro del corazón del hombre
existe esa voz que nos alerta a saber si aquello en bueno o malo, a escoger
entre lo que me beneficia o me daña. Pero en ese afán de querer ser como Dios
nos engañamos a nosotros mismos queriendo NO escuchar esa voz que nos guía.
Nacemos pues con esto y aunque nuestra cultura, dependiendo del lugar en el que
vivamos varíe en algunos aspectos o formas, aquí y en China siempre sera negativo,
éticamente hablando, por ejemplo, tomas loas cosas que no son nuestras,
faltar al respeto a un anciano, desperdiciar la comida, etc. Pero como citan
acertadamente "Quitad lo sobrenatural, lo único que quedará es lo natural.
Dañados por el pecado nos animalizamos actuando por instinto y queriendo satisfacer
la carne.
Hay leyes naturales y morales que en cualquier circunstancia prevalecen, pues son leyes
que no deben ser transgredidas por ningún motivo y que son las que rigen mediante
el sentido común de si tal a cual cosa esta bien o mal. Es por eso que jamás, en
ningún caso matar a un inocente sera bueno, pues corresponde solo a Dios tomar
nuestra vida cuando El así lo tenga previsto.

"De esta caridad nace también la esperanza, la certeza de que Cristo nos ama y de que el amor de Cristo nos espera y así nos hace capaces de imitar a Cristo y de ver a Cristo en los demás" (Benedicto XVI, 20 de octubre de 2010).
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor agustin_lares_2000 » Jue Mar 08, 2012 12:05 pm

Buenos días, queridos hermanos, La Paz del señor este con todos Ustedes,



1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas? considero, que vivimos en existencialismo, pero el caso de que el Hombre, es creado por Dios, a su imagen y semejanza, se nos olvida, y tomamos otros caminos, pasajeros, la moral nos dicta la manera de actuar y proceder del Individuo, y va depender como queremos vivir si en la Libertad o en la Esclavitud, la moral conlleva a conductas que transforman la manera del SER.

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura? La naturaleza es la forma de conseguir atraves del intelecto del Hombre como percibes las cosas; y la cultura es la metodología de lo aprendido de manera racional que existe en bien y el mal, y dependerá de cada uno de nosotros de que manera queremos vivir.

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas? Claro, que es inmoral este acto de barbarie, nadie puede llevar por su propia mano la Ley de Dios, mucho menos las de la tierra, cada quien se condena por su proceder irracional, Dios nos concede una LIBERTAD de pensamiento, atraves del AMOR.

4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias? Conciencia se refiere a la capacidad que nos indica qué está bien o mal, y nos apunta a un concepto de moral, o ética o filosofía. Porque nadie podemos entrometernos en la vida de los demás, si no DIOS, que todo ve y sabe que sucede en cada uno de nuestros CORAZONES, uno tiene el deber de Bautizado y Cristiano, el ayudar y servir al Hermano, que se desvió del Camino de la Salvación mediante la Enseñanza de la Palabra, Sacramentos, y la Oración.

Que tengan un excelente día lleno de Bendiciones,
agustin_lares_2000
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor lurig6r » Jue Mar 08, 2012 12:13 pm

1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?
Las personas tienen un codigo de conducta natural que se complementa con el entorno en donde se desarrolla con la educacion tambien ;pero por naturaleza toda persona que esta conciente de sus actos puede diferenciar entre el bien y el mal .

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?
La naturaleza es la conciencia que nosotros ya como personas tenemos desde que nacemos, es un código que nos guía qué acciones hacer, desde qué hacer para pedir de comer o mostrar descontento desde que somos bebés,la cultura son los usos y costumbres que nos enseñan en la comunidad y familia en que vivimos.

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?
Frente a doctrinas teleológicas, la ley natural sostiene que el fin no justifica los medios. Existen valores inviolables, como la dignidad de toda vida humana, que no se prestan a negociación. Algunos se escandalizan cada vez que la Iglesia Católica recuerda la existencia de acciones intrínsecamente malas, así como la inmoralidad de perseguir fines buenos a través de medios intrínsecamente malos. Pero la experiencia confirma que cada vez que, con razonadas sinrazones, se permite atentar contra la dignidad de cada vida humana, se abre la puerta a todo tipo de injusticias. Nadie puede vivir tranquilo en una sociedad en la que no se respeta de modo incondicional la vida de cada ser humano, sea cual sea su salud, sexo, edad o raza.

4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?
Por conciencia moral se entiende el «juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho»17. Todos experimentamos esa voz interior que alienta o reprende.
Es Dios quien habla a cada hombre en lo más íntimo de su alma, si éste le traiciona, se traiciona a sí mismo. Siendo Dios mismo quien se comunica a través de mi conciencia, nos compensa aprender a escucharle. Así, al orientar nuestra vida, tomaremos las mejores decisiones. De ahí la importancia de ejercitarnos en la oración mental, con el fin de aprender a percibir la Voz de Dios en la intimidad del alma. Hay que aprender a diferenciar la voz del yo (conciencia sicológica) de la Voz de Dios (verdadera conciencia). Tenemos una especia de radio interior en la que se captan dos emisiones diversas. La frecuencia divina es más difícil de sintonizar que la frecuencia del yo. Los mensajes de Dios suelen estar ligados a la más profunda paz interior.
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor Gabriela_Ladron » Jue Mar 08, 2012 1:21 pm

1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?

1. La dignidad humana. No es un punto a relativizar, por lo que debe considerarse su valor como objetivo y universalmente válido.
2. Los mismos derechos humanos, que son para todos y válidos para todos los seres humanos.
3. La conciencia humana, que sigue ciertas directrices morales que son válidas en todas las culturas.

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?

La naturaleza es la parte biológica del ser humano, su vida como organismo vivo. La cultura es lo que lo embebe y lo hace funcionar como parte de la sociedad.

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?

Sí. Pero la carga moral del ejecutor o asesino es diferente, ya que hay situaciones atenuantes. Pero el privar a alguien de la vida es inmoral en su esencia misma.

4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?

Es la guía que nos indica la bondad o la maldad de las acciones humanas y elegir entre ellas. Es importante su libertad ya si Dios mismo nos da la libertad, el hombre no debe limitar esa libertad.

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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor rverduzco » Jue Mar 08, 2012 2:26 pm

1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?
Si la cultura determina lo correcto y lo no correcto ¿ Cómo la historia ha juzgado los genocidios, que en su tiempo lo consideraban correcto?
Todos los seres humanos tenemos una moral en común y necesariamente no tiene que ser tan tolerantes o abiertos ya que se tiene que juzgar los siguientes puntos: la situación, el acto y la intensión.
Todos nacemos con una conciencia y por instinto nos dice cuando algo hemos hecho bien o mal, tanto a nosotros mismos como a los demás.

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?
La cultura es lo que nos rodea cuando nos integramos a la sociedad con sus costumbres, prácticas, rituales, vestimentas, normas de comportamientos, etc,, mientras que la naturaleza es la esencia la cual nacemos todos, la que nos ayuda a reaccionar en diferentes estados en los cuales nos afrontamos.

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?

Si, por nuestra conciencia nos indica que no debemos matar, nada justifica el quitarle la vida a un ser humano, lo vimos en el antiguo testamento, donde Dios le pide a Abraham que sacrifique a su hijo el cual un ángel antes del sacrificio lo para. Es muy cómodo el decir que por una persona se salvan muchas otras, moralmente no creo que sea aceptable.

4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?
Todos nacemos con una conciencia es parte inherente del ser humano el cual nos hace ser diferentes unos con otros, cada conciencia se forma de acuerdo a cada individuo por lo que respetar la conciencia es respetar al ser humano.
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor gerastarman » Jue Mar 08, 2012 2:45 pm

En el principio Dios nos creó como seres dotados de materia , inteligencia y espíritu , es decir semejantes a EL aún en lo trinitario.
Fué nuestra condición de seres intéligentes lo que nos hizo pensar que podríamos asemejarnos a Dios en su omniscencia , la consecuencia de esto fué el pecado , solo es posible evitar todo relativismo existencial si sometemos nuestro intelecto a nuestro creador.
Por otro lado la diferencia entre naturaleza y cultura radica en nuestro ser físico o material que es capaz de crear condiciones en su entorno para lograr interactuar no solo con su medio ambiente sino también buscar religarse con lo trascendente , o sea su creador , de tal modo que la cultura tiene diferencias con la ley natural al haber sido creada como herramienta del hombre para su vida cotidiana.
A la tercera pregunta , me parece que no existe circunstancia atenuante o justificación en asesinar a una persona para salvar a muchas , pero me parece que DIOS ha dado una ventana de esperanza en esto al enseñarnos el camino del autosacrificio , llevado a su extremo por el martirio , en este encontramos la única razón de morir por salvar a otro u otros, esto es , la entrega de la vida al propio creador de ella.
Finalmente , la conciencia es ese punto de reflexión profunda al que llego con ayuda de la meditación en mi creador y la oración en donde coexistimos mi ser pleno , físico , intelectual y espiritual que me lleva a la total comunión con DIOS y esta es, a su vez una gran razón para salvaguardar la libertad de conciencia.
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor Verochan72 » Jue Mar 08, 2012 5:09 pm

Buenas tardes,

El tema del día de hoy es muy interesante pero a su vez un poco complicado, por la delicadeza del tema.. Les comparto mis respuestas y les agradezco que compartan sus respuestas, ya que asi todos podemos aprender..

1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas? Creo que una de las razones mas importantes son los derechos humanos, la libertad de expresión, el respeto, la dignidad y la conciencia de la persona.

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura? lo que caracteriza tradicionalmente a la cultura y la distingue de la naturaleza es el artificio, la costumbre, la convención. La cultura es una institución humana, y como tal corresponde al ejercicio de una voluntad, o, al menos, a un conjunto de intenciones de sentido: la cultura es un mundo donde se despliegan reglas y valores. Éstos, sin embargo, son relativos al accionar humano, y son, por así decirlo, víctimas de su inconstancia: la cultura es también el mundo de la diversidad de creencias, de la inconstancia de las pasiones, o incluso de la contradicción de las decisiones humanas. Por el contrario, la naturaleza se presenta como una realidad caracterizada por la permanencia, la estabilidad, la regularidad. Naturaleza y cultura han sido distinguidas desde el punto de vista de la libertad de la acción

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?
Siempre he sido del pensamiento de que Dios nos da la vida y solo él nos la puede quitar, pero también pienso como Dios envió a su hijo a morir por nosotros.

4) ¿Qué es la conciencia? la capacidad que nos indica qué está bien o mal y apunta o a un concepto moral, a la ética, o cierto campo de la filosofía ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias? Porque uno de los valiosos regalos dados por Dios al hombre es el libre albedrío, a través de lo cual ejercitamos la voluntad para tomar nuestras propias decisiones.

Que tengan un bendecido dia!!!..
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor yesica Martinez1 » Jue Mar 08, 2012 6:46 pm

1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?
**Como afirma Benedicto XVI, «la gran enfermedad de nuestro tiempo es su déficit de verdad. El éxito, el resultado,le ha quitado la primacía en todas partes
** Por falta de puntos de referencia objetivos y en nombre de una mal entendida tolerancia, predomina hoy en día una Ética relativista.
** Que algo sea moralmente admisible o reprobable depende de la opinión de la mayoría.
** Los valores éticos se convierten en moneda de cambio entre partidos políticos.
** A veces, incluso, se defienden actos abominables -como, por ejemplo, experimentos que conllevan la destrucción de vidas humanas- alegando presuntas razones de tipo humanitario, cuando las verdaderas razones subyacentes tienen que ver con intereses económicos. En esta situación, muchos confunden legalidad con moralidad. Pero que una acción esté permitida por las leyes de un país no significa necesariamente que esa acción sea moralmente admisible.

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?
Naturaleza y cultura han sido distinguidas desde el punto de vista de la libertad de la acción

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?
nuestro senor jesus siendo inocente ofrecio su vida para salvarnos...
4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?
La conciencia es la guía que tenemos para juzgar si las conductas o actos que hacemos o pensamos hacer, son correctos o no.
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor Mariangelica7 » Jue Mar 08, 2012 10:17 pm

1. ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?
El Papa Benedicto XVI, afiram que «la gran enfermedad de nuestro tiempo es su déficit de verdad. El éxito, el resultado,le ha quitado la primacía en todas partes. Actualmente cada ser humano considera sus ideas, crencias y manera de percibir la realidad como la unica verdad, sin tener en cuenta como esto los lleva a no reconocer la diferencia entre lo que nos daña o nos construye, a creer que lo malo es bueno, sin mirar las consecuencias que esto traeria para el futuro donde cada dia mas se denigra laa dignidad del hombre.


2 ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?
La naturaleza viene dada desde lo que somos como creaturas, desde que nacemos, la cultura es aquella que aprendemos a lo largo de nuestra vida y que nos identifica y caracteriza de personas de otras regiones.

3 ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?Podriamos decir que Asesinar de por si se constituye en una accion dañina, y que es pecado porque atenta contra la vida, pero si miramos la historia de salvacion del hombre, fue por la muerte de JESUS que fuimos redimidos, perdonados nuestros pecados y tenemos la esperanza en nuestro Dios.

4 ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?
"La conciencia es mucho más que un juicio de la inteligencia práctica: es una especie de sagrario interior en donde resuena la Voz de Dios. De ahí su inalienable dignidad y la importancia de respetarla. " la conciencia nos lleva a mirar mas alla de nuestra realidad,como si percibieramos algo con mayor claridad, viene dada con el encuentro personal con Dios y por esto es importante que estemos atentos a lo que ella nos dice.
Mariangelica7
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor marisa725 » Vie Mar 09, 2012 12:13 am

1.- ¿ Que razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas ?
Sucede porque:
- La conciencia no está bien formada, entonces no es honesta. Todos experimentamos esa voz interior que alienta o reprende.
- No hacen caso a la razón. La razón es capaz de conocer los principios básicos de la ley natural y podemos errar, Dios es el único que no puede errar.
- Nunca es lícito coaccionar a una conciencia o substituirla en materias que, por ser estrictamente personales, pertenecen al fondo íntimo de cada persona.

2.- ¿ Que diferencia hay entre naturaleza y cultura ?
Naturaleza es algo dinámico, el objetivo final impreso en nuestra naturaleza consiste en ser felices amando. Viene de adentro de nosotros.
Cultura es el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. Viene de afuera de nosotros.

3.- ¿ Sería inmoral asesinar a una persona inocente, si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas ?
Creo que sería inmoral porque no se puede justificar un mal para hacer el bien, sería injusto e inhumano. Los valores éticos existen, no se dan según nos parezca.

4.- ¿ Qué es la conciencia? ¿ Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias ?
La conciencia es una especie de sagrario interior en donde resuena la voz de Dios.
Dios nos ha concedido la libertad, nosotros escogemos el bien o el mal.
Es importante respetar la libertad de las conciencias; porque se fomenta un clima de libertad responsable, cada uno podrá asentir interiormente a lo que dictamina la ley natural objetiva y, en cuestiones subjetivas, podrá seguir los imperativos de su conciencia.
marisa725
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor matorress » Vie Mar 09, 2012 12:44 am

Ciertamente que al pasar a este tema, nos exige y al mismo tiempo nos vamos autoevaluando.
1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?Debo aportar una única razón preponderante: Que si no tomamos en cuenta las verdades objetivas que tienen su inscripción en la Ley Divina y en el Divino Hacedor, todo, todo deja de tener sentido; pues los derechos humanos, la vida, la libertad, la verdad, ...cada quien la manejaría, trabajaría y viviría según su voluntad y capricho, erigiéndose como un "dios".
2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?
La diferencia que hay entre naturaleza y cultura, es que la primera está inscrita en la razón íntima del "ser", con sus bondades tal y como son dadas, mientras que la cultura es el aporte externo y circundante, capaz de modificar la naturaleza.
3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?[/size]
Aún se salvasen a millones o billones de personas, sí es inmoral el asesinato de una persona inocente.
[size=150]4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?
La conciencia es el "sagrario" interno y personal desde donde resuena una VOZ que aprueba o reprueba nuestro actuar.
Es muy importante respetar la libertad de las conciencias por que es guardar un respeto a ese relicario interior, sólo cada persona es capaz de escucharlo y procesarlo. :shock:
matorress
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor Laurent » Vie Mar 09, 2012 9:26 am

1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?
Me parece muy válida la razón de afirmar que si no existe una moral objetiva ¿con qué derecho podríamos reprobar la conducta de Hitler, Stalin, entre otros?

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?
La naturaleza es un principio universal que abarca a todos los hombres por igual. La cultura es un conjunto de modos de vida, de costumbres relativos a un grupo humano o social en particular. Diría que la naturaleza es objetiva y la cultura puede ser subjetiva si no está afianzada en la verdad.

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?
Sí sería inmoral.

4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?
La conciencia es el sagrario donde resuena la voz de Dios. Es el juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho.
Es importante respetar la libertad de las conciencias porque es respetar la libertad de cada individuo. Al igual que es importante formar una recta conciencia e iluminarla siempre con la verdad.
Laurent
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor amrmgjnv » Vie Mar 09, 2012 10:11 am

¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?
Vivimos actualmente en un mundo donde se mal entiende la tolerancia, no hay puntos de referencia, objetivos claros a seguir, la ética relativista nos envuelve (todo depende del cristal con que se mire) que una acción esté permitida por las leyes de un país no significa que sea moralmente admisible.
El Papa Benedicto XVI, afiram que «la gran enfermedad de nuestro tiempo es su déficit de verdad. El éxito, el resultado,le ha quitado la primacía en todas partes. Actualmente cada ser humano considera sus ideas, crencias y manera de percibir la realidad como la unica verdad, sin tener en cuenta como esto los lleva a no reconocer la diferencia entre lo que nos daña o nos construye, a creer que lo malo es bueno, sin mirar las consecuencias que esto traeria para el futuro donde cada dia mas se denigra laa dignidad del hombre.

¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?
la cultura es el cúmulo de aportes que se recibe de la sociedad en la que te desarrollas, mientras que la naturaleza es lo impregnado en ti, en tu ser, te viene dado por la naturaleza humana

¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?
Si, inmoral ,inhumano sería un crimen. Pero si hacemos un poco de memoria en la historia de la salvación tenemos el máximo ejemplo de Jesucristo.

¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?
Es el juicio de la razón, por el que la persona reconoce cuando una acto es correcto e incorrecto.Esta se forma en cada individuo por tanto hay que respetarla. Por lo mismo hay que formar una muy buena conciencia siempre guiada por la verdad ante todo.
amrmgjnv
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor Thelma Delgado » Vie Mar 09, 2012 10:12 am

1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?
Que el hombre sin la oresencia de Dios se va pareciendo mas a un animal y sin embargo los animales tienen un limite, el hombre sin Dios llega a cometer atrocidades miremos la Historia, y tal como lo menciona este documento las atrocidades que cometieron los nazis, el hombre llega acombertirse en un tipomde bestia.
El hombre al no tener presente los principios morales, la voz interior(ley natural) que le ayuda a intuir que lo bueno y lo malo, deja e oirla paulatinamente.
Esto se ve acenruado cuando existe poca honestidad de parte de la persona y el orgullo, no se quiere acepter la verdad, por que va encontra de la forma enque se esta viviendo y entonces esto me llevaría a corregirla.
Cuando existe carencia de estas verdades objetivas sucede que, sin algo es tecnicamente posible uno tiene derecho a reclamarlo, no importando el mal que esto pueda ocasionar.

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?
La naturaleza es esa inscripcion que Dios ha dejado en los corazones de todos, que dicta cual es el orden para el que fueron creadas las cosas. Existe una verdad que supera raza, credo, epoca. Esta ley natural esta denteo de la Ley eterna, y que para los cristianos esta más explícita en los madamientos y llevada todavía a un nivel mas alto en la Bienaventurazas.
La cultura se refiere entre otras cosas a aquellas conductas que se han tomado como correctas por un grupo de personas, por ejemplo: saludar con una ligera inclinacion de cabeza en el Japon, en otros paises como el nuestro se saluda con la mano. Entonces esta ley natural esta sobre cualquier cultura y se mostrarira en el hecho de demostrar amabilidad al encontrarse con alguna persona.

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?
Este uno de los grades dilemas de hoy en dia, lomque se de denomina el consecuencialismo, que consite creer hacer algo bueno pero haciendo cosas que de fondo son realmente malas. Como utilizar embrioned humanos, bebes, para hacer investigaciones y obtener benficios para otras personas, como sinel fin justifica el medio. Como cristianos sabemos que existe una pesona desde el mismo instante que se da la fecundacion, entonces nos preguntamos: Será válido asesinar a una persona para salvar a otra?

4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?
Es la misma voz de Dios que le habla al hombre, de ahi viene su importancia. Al respetar la voz de la conciencia estamos respetando la voz Dios que habla a traves de las personas, siempre que esta persona sea honesta consigo misma y que las verdades, no vayan en contra de lo ya revelado por Dios.
Thelma Delgado
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor Eva V Garnica » Vie Mar 09, 2012 10:17 am

¿QUÉ RAZONES PUEDES APORTAR CONTRA ESE RELATIVISMO MORAL SEGÚN EL CUAL NO EXISTEN VERDADES OBJETIVAS UNIVERSALMENTE VÁLIDAS?
Si la ley moral fuera el producto de una convención política, no tendría fuerza para obligar en conciencia. Si no existe una moral objetiva, de modo que cada uno es libre de seguir sus propias ideas al respecto
Una ley de la naturaleza que, aunque no la respetemos, mide nuestras acciones,
Una verdad moral con la que nuestras acciones se adecuan o no.
Los principios básicos de la moral, como la obligación de hacer el bien y de evitar el mal, de no atentar contra el inocente, y de comportarse con los demás como quisiéramos que ellos se comporten con nosotros mismos.
En cuanto a preceptos menos elementales, si fuéramos suficientemente inteligentes y honestos, llegaríamos a las mismas conclusiones.
El objetivo final impreso en nuestra naturaleza consiste en ser felices amando. Nos realizamos en la medida en que aprendemos a amar verdadera y libremente a Dios y a nuestros semejantes. La moralidad de nuestras acciones depende de su vinculación con ese fin último. Una acción será considerada buena, mala o neutra según nos acerque, nos aleje o no afecte a la consecución de ese fin último.

¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE NATURALEZA Y CULTURA?
La existencia de la ley natural es un hecho corroborado por la historia de la humanidad.
Natural no es lo contrario a artificial. La naturaleza humana no es sólo biológica. La naturaleza humana no es sólo animal, sino también espiritual
El contenido de las normas morales no tiene nada que ver con esa tendencia genética. Eso es una cuestión de cultura.
La moral no se puede derivar de la naturaleza»
La moral indica que tenemos que ser acogedores, que no podemos quedarnos en formalismos externos: que debemos evitar la hipocresía comportándonos de modo auténtico.
La ley natural forma parte de un ordenamiento mucho más amplio que se llama la ley eterna.
Dios crea el mundo siguiendo un plan y la ley natural es precisamente la parte de ese plan que concierne al hombre. Es una ley no promulgada solemnemente, pero que está ahí. Además, los principios fundamentales de esa ley moral están inscritos en la conciencia de cada hombre.
Quitad lo sobrenatural, lo único que quedará es lo no natural». No sólo porque desaparecen los puntos de referencia, sino también porque, sin la ayuda de la gracia, nuestra naturaleza, dañada por el pecado, se animaliza, tanto a nivel personal como social.

¿SERÍA INMORAL ASESINAR A UNA PERSONA INOCENTE SI DE ESE MODO PUDIÉRAMOS SALVAR A MILLONES DE PERSONAS?
SI SERIA INMORAL ASESINAR A UNA PERSOAN INOCENTE POR QUE EL FIN NO JUSTIFICA LOS MEDIOS EXISTEN VALORES INVIOLABLES, COMO LA DIGNIDAD DE TODA VIDA HUMANA, QUE NO SE PRESTAN A NEGOCIACIÓN
El juicio moral tiene que sopesar conjuntamente tres elementos: materia (la objetividad de la acción que se realiza o se omite), intención (fin que persigue el sujeto al actuar) y circunstancias (o consecuencias que pueden atenuar o aumentar la responsabilidad del que obra). El objeto y el fin determinan la bondad o malicia de la acción. Las circunstancias pueden agravar o disminuir su bondad o malicia, pero «no pueden hacer ni buena ni justa una acción que de suyo es mala»20. Al contrario de lo que afirma una corriente ética que está de moda (circunstancialismo), hay actos intrínsecamente ilícitos, sean cuales sean las circunstancias en las que se encuentra el sujeto. Así, un aborto siempre es reprobable, aunque la mujer, por haber sido violada, merezca toda nuestra comprensión. NINGUNA CIRCUNSTANCIA PUEDE LEGITIMAR EL ASESINATO DE UNA PERSONA INOCENTE.

¿QUÉ ES LA CONCIENCIA? ¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE RESPETAR LA LIBERTAD DE LAS CONCIENCIAS?
Veamos ahora otra de las razones que contribuyen a la actual desorientación moral: otorgar a la libertad una primacía absoluta.
En ausencia de valores objetivos, cuando sólo cuenta la libertad de elección, si algo es técnicamente posible, entonces uno tiene el “derecho” de reclamarlo...
No hay incompatibilidades entre verdad y libertad, esto es, que ambas, bien entendidas, se necesitan mutuamente: la verdad lleva a respetar la libertad y la libertad hunde sus raíces en la verdad. Ninguna de las dos constituye un fin en sí mismo. Ambas son igualmente importantes y se articulan en orden a una realidad superior: el amor. Ya desde su primera encíclica (Redemptor hominis), Juan Pablo II recalcó que la ESENCIA DEL HUMANISMO CRISTIANO CONSISTE EN EL AMOR VIVIDO EN LIBERTAD Y EN LA LIBERTAD SUJETA A LA VERDAD.
No hay verdad sin libertad, ni libertad sin verdad.
Ambas deben ir siempre juntas; la falta de una de ellas se presta a tiranía o a libertinaje
La verdad sin respeto de la libertad ajena conduce a la tiranía
La libertad sin verdad degenera en libertinaje.
La libertad forma parte de la esencia de la verdad. Quien no la respete, atenta contra la caridad.
La experiencia muestra que los atentados contra la verdad, cuando se convierten en vicios, terminan por destruir el libre albedrío.
Libertad no significa sólo libre arbitrio. Es sobre todo capacidad de autodeterminación, en el caso ideal hacia el verdadero bien.
Libertad es tener sed y elegir el vaso que contenga la mejor bebida. La libertad está para ser empleada, no para guardarla a buen recaudo. La libertad se ejercita haciendo una elección: aceptando un bien que nos atrae o rechazando un mal. Y, como ya vimos, la bondad o maldad moral de un objeto o de una acción es algo objetivo: no depende de gustos personales.
Dios es fuente de libertad en muchos sentidos. En primer lugar, si Dios no existiese, estaríamos determinados por ciegas leyes de la naturaleza. Es mejor tener a Alguien por encima, que estar sujeto a una especie de destino ciego e inmisericorde. En segundo lugar, si no queremos vivir en el desamor, puestos a entregarnos a alguien por amor, lo mejor es entregarse al mejor Amante.
Nada asegura y preserva tanto la libertad del alma como el abandono filial del cristiano en su Padre Dios.
Uno intenta aceptar una contradicción dolorosa o perdonar un agravio, y no lo consigue; de pronto, un buen día, mientras reza, nota una fuerza misteriosa que le hace capaz de querer, de aceptar gustosamente, lo que antes era incapaz de querer.
Si entendemos correctamente la verdad y la libertad, vemos que no hay contradicción posible entre los derechos y los deberes de la ley moral y de la conciencia. Bien entendidas, esa norma objetiva y esa norma subjetiva de moralidad se refuerzan mutuamente. La conciencia, si está bien formada y la persona en cuestión es honesta, es testigo de la ley natural en la intimidad de cada sujeto. Por conciencia moral se entiende el «juicio de la razón por el que la persona humana reconoce la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, está haciendo o ha hecho». Todos experimentamos esa voz interior que alienta o reprende.
Hay que rechazar la libertad de conciencia y afirmar la legítima libertad de las conciencias: nunca es lícito coaccionar a una conciencia o substituirla en materias que, por ser estrictamente personales, pertenecen al fondo íntimo de cada persona.
Habría que educar tanto en la verdad, como en la legítima tolerancia, para que cada uno pueda adherirse libremente a la verdad y para que su legítima conciencia sea respetada.
La importancia de la conciencia se deriva de la existencia de ámbitos de actuación en los que, si bien la verdad es objetiva, corresponde al interesado la tarea de objetivarla.
Hay que aprender, pues, a respetar ese fondo íntimo que hay en cada persona, para que cada uno pueda ser fiel no sólo a la verdad en general, sino también a la verdad sobre sí mismo. En esa línea, traicionarse a sí mismo es también un modo de traicionar la verdad.
Por mucho que uno conozca los grandes principios de la ley moral, la vida es compleja y a veces sólo contamos con la intuición de conciencia para tomar la decisión correcta. Se entiende que Newman -uno de los grandes precursores de la dignidad de la conciencia- afirmase que la recta conciencia es “infalible”, puesto que Dios, que habla a través de ella, lo es. Afirmó incluso que esa conciencia es tan infalible como el Magisterio de la Iglesia: no podía haber discrepancias entre estas dos instancias, puesto que Dios habla a través de ambas y no se puede contradecir.
Por ser Dios quien habla a cada hombre en lo más íntimo de su alma, si éste le traiciona, se traiciona a sí mismo. Siendo Dios mismo quien se comunica a través de mi conciencia, nos compensa aprender a escucharle. Así, al orientar nuestra vida, tomaremos las mejores decisiones. De ahí la importancia de ejercitarnos en la oración mental, con el fin de aprender a percibir la Voz de Dios en la intimidad del alma.
La frecuencia divina es más difícil de sintonizar que la frecuencia del yo. Los mensajes de Dios suelen estar ligados a la más profunda paz interior.
Eva V Garnica
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor DORIS COMBA » Vie Mar 09, 2012 12:03 pm

BUENOS DÍAS

1 Cuando se habla de verdad yo creo que la veerdad es DIOS padre DIOS hijo y DIOS espieritu santo, no hay otra verdad lo demas son teorias que el hombre escribe y trata de sustentar.

2 Naturaleza: Ley para todos normas para todos con un fin preestablecidoy y ese fin es la salvación que fue dada paratodos los seres humanos y que tiene unas normas que cumplir las cuales yo libremente debo acatar.
Cultura:_Cada grupo,comunidad, familia, región tine sus propias pautas o estilos de vida.

3 No me parece desde ningun punto de vista el dueño de la vida es DIOS y solo EL lo decide,me parece que si DIOS la muerte
en la eternidad seremos inmortales entonces para que asesinar la vida que siempre hemos tenido con tanto amor y que se nos sigue dando.

4 La conciencia es esa vocesita que me habla y me dice como debo hacer,o me hace sentir gozo cuando hago las cosas bien o me reprocha cuando lo hago mal.
La libertad de cfonciencias somos libres en todo sentido.
DORIS COMBA
 
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Re: Tema 6: Ética fundamental: verdad y libertad

Notapor lindoro50 » Vie Mar 09, 2012 3:04 pm

1) ¿Qué razones puedes aportar contra ese relativismo moral según el cual no existen verdades objetivas universalmente válidas?
El relativismo moral es entendido más fácilmente en comparación con el absolutismo moral. El absolutismo afirma que la moralidad depende de principios universales (leyes naturales, conciencia. . . la regla de Oro, si se quiere). Los cristianos absolutistas creen que Dios es la fuente última de nuestra moralidad común, y que por lo tanto, es tan inamovible como lo es Él. El relativismo moral asegura que la moralidad no está basada en ninguna norma absoluta. Más bien en “verdades” éticas que dependen de la situación, cultura, sentimientos propios, etc.
El argumento principal al que apelan los relativistas, es el de la tolerancia. Ellos afirman que el decirle a alguien que su moralidad es incorrecta, es intolerancia, y el relativismo tolera todas las perspectivas. Pero esto es simplemente un engaño. Primero que nada, el mal nunca debe ser tolerado. ¿Deberíamos tolerar la perspectiva de un violador de que las mujeres son objetos de gratificación para ser abusados? Segundo, es auto-contradictorio porque los relativistas no toleran la intolerancia o el absolutismo. Tercero, el relativismo no puede explicar por qué cualquiera deba ser tolerante en primer lugar. El hecho mismo de que debamos tolerar a la gente (aún cuando no estemos de acuerdo) está basado en una regla de moral absoluta por la que debemos siempre tratar justamente a la gente – pero ¡eso es nuevamente absolutismo! De hecho, sin principios morales universales, no puede haber bondad.

2) ¿Qué diferencia hay entre naturaleza y cultura?
La naturaleza es la influencia que recibimos genéticamente. Pero hay otra información que no llega por los genes sino por el aprendizaje social, la imitación, el ensayo y el error, como usar cuchillo y tenedor para comer. También el aprendizaje de lenguas, los deportes y la política son cultura. La diferencia entre naturaleza y cultura es la diferencia entre lo congénito y lo adquirido.

3) ¿Sería inmoral asesinar a una persona inocente si de ese modo pudiéramos salvar a millones de personas?

Sí, de acuerdo a lo señalado en los párrafos correspondientes a Materia, intención y circunstancias de este tema. En el ejemplo explícito que consigna esta pregunta tendríamos que analizar las circunstancias de que se trate (salvar a millones de personas), recordemos el ‘doble efecto’ a que se alude, aunque de la forma tan escueta en que está formulada la pregunta, ‘…asesinar a una persona inocente…’, definitivamente es inmoral.

4) ¿Qué es la conciencia? ¿Por qué es tan importante respetar la libertad de las conciencias?

Es una ‘ley’ inscrita en lo mas profundo de su ser (del hombre), mediante la cual descubre la necesidad de amar y hacer el bien y evitar el mal. La conciencia ordena a la persona, en el momento oportuno, a practicar el bien y rechazar el mal. Juzga también las opciones concretas aprobando las que son buenas y denunciando las que son malas; es decir, la posibilidad de ver nuestros propios actos en relación con los planes de Dios.

El hombre tiene el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales. “No debe ser obligado a actuar contra su conciencia. Ni se le debe impedir que actúe según su conciencia, sobre todo en materia religiosa”. (CIC 1782). En virtud del libre albedrío con que fuimos creados y de la individual respuesta que tenemos que dar a nuestro Creador de nuestras acciones, es que es importante respetar la libertad de conciencia de cada individuo. La conciencia hace posible asumir la responsabilidad de los actos realizados. Si el hombre comete el mal, el justo juicio de la conciencia puede ser en él el testigo de la verdad universal del bien, al mismo tiempo que de la malicia de su elección concreta. El veredicto del dictamen de conciencia constituye una garantía de esperanza y de misericordia.
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