Lección 9

La intención de curso es ofrecer un enfoque que nos ayude a profundizar en el contenido de la felicidad, a descubrir el modo de ser feliz en la vida diaria, y a conectar esa felicidad cotidiana con la felicidad definitiva en la vida futura, se trata de ser feliz mientras se camina, y no solamente al final del trayecto. Este curso nos ayudará a responsabilizarnos de nuestra propia felicidad, que no es una cuestión de suerte; aprenderemos a ser felices en el proceso ordinario de la vida .

El curso consta de 16 lecciones

Fecha de inicio: 4 Febrero
Fecha de término: 22 Abril

Moderadores: Catholic.net, Ana Cecilia Margalef, pedroluisllera, AlbertoMestreLC, Moderadores Animadores

Lección 9

Notapor Catholic.net » Lun Mar 10, 2014 10:41 am

Resentimiento y envidia, obstáculos para la felicidad

Francisco Ugarte Corcuera


La persona humana tiene una fuerte inclinación a girar en torno a sí, a convertir el yo en el centro de sus pensamientos y en el punto de referencia de sus acciones. A esta inclinación se le llama egocentrismo y es la antítesis, el polo opuesto, del olvido propio, de ese vivir hacia fuera de uno mismo, hacia los demás. Es un hecho de experiencia que el egocentrismo genera tristeza, infelicidad. No es difícil comprobarlo; basta con ponerse a pensar en sí mismo, con enfoque egoísta, para sentir el decaimiento interior. Quien vive excesivamente pendiente de sí, concentrado en su propio yo, suele perder la visión objetiva de las cosas y se vuelve hipersensible y vulnerable. Todo le afecta mucho más, sufre desproporcionadamente y se incapacita para gozar de lo bueno que la vida le ofrece.

“Una de las cosas que entristece más al hombre es la egolatría, origen muchas veces de sufrimientos inútiles, producidos por una excesiva preocupación por lo personal, exagerando en demasía su importancia” .

El egocentrismo se manifiesta de varias maneras. Dos de ellas constituyen grandes obstáculos para la felicidad y merecen tratarse con cierto detenimiento para comprenderlas, detectarlas en la vida personal y resolverlas oportunamente. Se trata, en concreto, del resentimiento y la envidia.

El veneno del resentimiento

El resentimiento es frecuentemente el principal obstáculo para ser feliz , porque amarga la vida. Para Max Scheler “el resentimiento es una autointoxicación psíquica” : un envenenamiento de nuestro interior, que depende de nosotros mismos y que suele aparecer como reacción a un estímulo negativo en forma de ofensa o agresión. Evidentemente no toda ofensa produce un resentimiento, pero a todo resentimiento precede una ofensa.

La ofensa que causa resentimientos puede presentarse como acción de alguien contra mí, puede captarse en forma de omisión, o como atribuible a las circunstancias (la situación socioeconómica personal, algún defecto físico, enfermedades que se padecen y no se aceptan, etcétera). En cualquier caso, el estímulo que provoca la reacción de resentimiento puede juzgarse con objetividad, con exageración, o ser incluso producto de la imaginación. Estas variantes muestran en qué medida el resentimiento depende del modo como se juzgan las ofensas recibidas —con objetividad, exageradamente o de forma imaginaria— y explican el que muchos resentimientos sean gratuitos, porque dependen de la propia subjetividad que aparta de la realidad, exagerando o imaginando situaciones o hechos que no se han producido o no estaban en la intención de nadie originar.

La respuesta personal

El resentimiento es un efecto reactivo ante la agresión, de tono negativo. Consiste en la respuesta ante la ofensa. Esta respuesta depende de cada quien, porque la libertad nos confiere el poder de orientar nuestras reacciones. Covey advierte que “no es lo que los otros hacen ni nuestros propios errores lo que más nos daña; es nuestra respuesta. Si perseguimos a la víbora venenosa que nos ha mordido, lo único que conseguiremos será provocar que el veneno se extienda por todo nuestro cuerpo. Es mucho mejor tomar medidas inmediatas para extraer el veneno”.

Esta alternativa se presenta ante cada agresión: o nos concentramos en quien nos ofendió (y entonces seguirá actuando el veneno) o lo eliminamos mediante una respuesta adecuada, sin permitir que permanezca en nuestro interior.

La dificultad para configurar la respuesta conveniente radica en que el resentimiento se sitúa en el nivel emocional de la personalidad, porque en esencia es un sentimiento, una pasión, un movimiento que se experimenta sensiblemente. Quien está resentido se siente herido u ofendido por alguien o algo que influye contra su persona. Y es bien sabido que el manejo de los sentimientos no es tarea fácil. Unas veces no somos conscientes de ellos —con lo que pueden estar actuando dentro de nosotros sin que nos demos cuenta—, mientras que otras el resentimiento queda reforzado por razones que lo justifican —cuando el sujeto no sólo se siente herido, sino que se considera ofendido.


La intervención de la inteligencia y de la voluntad

Estas dificultades pueden mitigarse si hacemos buen uso de nuestra capacidad de pensar. El conocimiento propio y la reflexión nos permiten ir conectando las manifestaciones de nuestros resentimientos con sus causas y, en esta medida, nos vamos encontrando en condiciones de encauzarlos. Si al analizar los agravios recibidos nos esforzamos por comprender la forma de actuar del ofensor y por descubrir los atenuantes de su modo de proceder, en muchos casos nuestra reacción negativa desaparecerá por debilitamiento del estímulo. Nuestra inteligencia puede influir así, indirectamente —Aristóteles hablaba de un dominio político y no despótico de lo racional sobre lo sensible—, para evitar o eliminar los resentimientos, modificando las disposiciones afectivas.


Otro recurso con que contamos para echar fuera de nosotros el agravio, sin retenerlo, incluso en los casos de ofensas reales, es nuestra voluntad, por su capacidad de autodeterminarse. Cuando recibimos una agresión que nos duele, podemos decidir no retenerla para que no se convierta en resentimiento. Eleanor Roosevelt solía decir: «Nadie puede herirte sin tu consentimiento». Marañón advertía que “el hombre fuerte reacciona con directa energía ante la agresión y automáticamente expulsa, como un cuerpo extraño, el agravio de su conciencia. Esta elasticidad salvadora no existe en el resentido” . Si, en cambio, la voluntad es débil, la ofensa se retiene y el sentimiento permanece dentro del sujeto, se vuelve a experimentar una y otra vez, aunque el tiempo transcurra. En esto precisamente consiste el resentimiento: “es un volver a vivir la emoción misma: un volver a sentir, un re-sentir” .

La lucha contra el resentimiento será mucho más eficaz si se cuenta con la ayuda de Dios, que clarifica nuestra inteligencia, favoreciendo la objetividad en el conocimiento y la capacidad de comprensión; y que potencia nuestra voluntad y fortalece nuestro carácter, para que no se doblegue ante la presión de los agravios.


«Sentirse» y re-sentirse

La forma de reaccionar ante los estímulos suele estar muy relacionada con los rasgos temperamentales. Por ejemplo, el emotivo siente más una agresión que el no emotivo; el secundario suele retener más la reacción ante el estímulo ofensivo que el primario; el que es activo cuenta con más recursos para dar salida al impacto recibido por la ofensa que el no activo. También la cultura y la educación, junto con el factor genético, influyen en la manera de reaccionar y, por tanto, en el modo como el resentimiento se origina y manifiesta.

Hay un modo de reaccionar ante las ofensas caracterizado sobre todo por su pasividad; consiste sencillamente en retraerse o distanciarse de quien ha cometido la agresión, en ocasiones incluso retirándole la palabra. Los mexicanos solemos calificarlo con el verbo sentirse. Peñalosa explica que “sentirse es verbo reflexivo que conjugamos todo el día, y que no es fácil hallarle digna explicación filológica, por la sencilla razón de que «sentirse» es verbo que registra más el alma mexicana que la gramática española. Estar sentido con alguien es lo mismo que estar dolido, triste, enojado por algún desaire que nos hicieron. Muchas veces real y, muchas más, aparente” . Cabe señalar que Cervantes, en El Quijote, utiliza este verbo, con este sentido «mexicano», en más de una ocasión .

En cambio, cuando el sentimiento de susceptibilidad que se guarda incluye el afán de reivindicación, de venganza, se trata entonces propiamente de un resentimiento, en el sentido completo del término. El resentido no sólo siente la ofensa que le infligieron, sino que la conserva unida a un sentimiento de rencor, de hostilidad hacia las personas causantes del daño, que le impulsa a la revancha.

Alguien afirmaba con acierto que «el resentimiento es un veneno que me tomo yo, esperando que le haga daño al otro». Y es que puede ocurrir que aquél contra quien va dirigido el rencor ni siquiera se entere, mientras que quien lo experimenta se está carcomiendo por dentro. Un veneno tiene efectos destructivos para el organismo y el resentimiento lo que produce es frustración, tristeza, amargura en el alma. Es uno de los peores enemigos de la felicidad, porque impide enfocar la vida positivamente y aleja de Dios y de los demás.

Algunas personas tienen una especial propensión al resentimiento: reaccionan desproporcionadamente ante estímulos de poca entidad o acumulan rencores infundados. El origen de esta inclinación suele estar en el egocentrismo, con su tendencia a girar en torno a sí mismo, a convertir el propio yo en el centro de los pensamientos y en el punto de referencia de todas las acciones. Las personas egocéntricas se tornan muy vulnerables por vivir concentradas en su propia subjetividad y “son inevitablemente infelices y desgraciadas. Sólo quien se olvida de sí, y se entrega a Dios y a los demás, puede ser dichoso en la tierra, con una felicidad que es preparación y anticipo del cielo” . El olvido propio es, también, el mejor antídoto contra el resentimiento, porque reduce considerablemente la resonancia subjetiva de los agravios y evita retenerlos.

El remedio del perdón

En el Antiguo Testamento prevalecía la ley del Talión, inspirada en la estricta justicia: «ojo por ojo, diente por diente». Jesucristo viene a perfeccionar la Antigua Ley e introduce una modificación fundamental que consiste en vincular la justicia a la misericordia, más aún, en subordinar la justicia al amor, lo cual resulta tremendamente revolucionario. A partir de Él, las ofensas recibidas deberán perdonarse, porque el perdón se convierte en parte esencial del amor.
La misericordia que Jesús practica y exige a los suyos choca, no sólo con el sentir de su época, sino con el de todos los tiempos: “Habéis oído que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian y rogad por los que os persiguen y calumnian” . “Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica” . Estas exigencias del amor superan la natural capacidad humana, por eso Jesús invita a los suyos a una meta que no tiene límites, porque sólo desde ahí podrán intentar lo que les está pidiendo: “Sed misericordiosos, como vuestro Padre es misericordioso” .

Qué es perdonar

A diferencia del resentimiento, el perdón no es un sentimiento. Perdonar no equivale a dejar de sentir. Hay quienes consideran que están incapacitados para perdonar ciertos agravios porque no pueden eliminar sus efectos: no pueden dejar de experimentar la herida, ni el odio, ni el afán de venganza. De aquí suelen derivarse complicaciones en el ámbito de la conciencia moral, especialmente si se tiene en cuenta que Dios espera que perdonemos para perdonarnos Él. La incapacidad para dejar de sentir el resentimiento, en el nivel emocional, puede ser, efectivamente, insuperable, al menos en el corto plazo. Sin embargo, si se comprende que el perdón se sitúa en un nivel distinto al del resentimiento, esto es, en el nivel de la voluntad, se descubrirá el camino que apunta a la solución.

El perdón es un acto de la voluntad porque consiste en una decisión. Al perdonar opto por cancelar la deuda moral que el otro ha contraído conmigo al ofenderme y, por tanto, lo libero en cuanto deudor. No se trata, evidentemente, de suprimir la ofensa cometida y hacer que nunca haya existido, porque carecemos de ese poder. Sólo Dios puede borrar la acción ofensiva y conseguir que el ofensor regrese a la situación en que se encontraba antes de cometerla. Pero nosotros, cuando perdonamos realmente, desearíamos que el otro quedara completamente eximido de la mala acción que cometió. Por eso, como señala Leonardo Polo, “perdonar implica pedir a Dios que perdone, pues sólo así la ofensa es aniquilada” .

Perdonar y olvidar

Si bien el acto de perdonar consiste en una decisión, la acción de olvidar, en cambio, tiene lugar en el ámbito de la memoria, que no responde directamente a los mandatos de la voluntad. Yo puedo decidir olvidar una ofensa, pero no lo consigo. La ofensa sigue ahí, en el archivo de la memoria, a pesar del mandato voluntario. Lo primero que esto me dice es que olvidar no es lo mismo que perdonar. El perdón puede ser compatible con el recuerdo de la ofensa. Una señal elocuente de que se ha perdonado, aunque no se haya podido olvidar, es que el recuerdo de la ofensa no afecta en el modo de conducirse con el perdonado, a quien tratamos como si hubiéramos olvidado. El verdadero perdón exige obrar de este modo, porque el verdadero amor “no lleva cuentas del mal” .

En cambio, la expresión «perdono pero no olvido» significa que, en el fondo, no quiero olvidar la ofensa, que equivale a no querer perdonar. ¿Por qué? Cuando se perdona, se cancela la deuda del ofensor, lo cual es incompatible con la intención de retenerla, de no querer olvidarla. En consecuencia, si bien no podemos identificar el perdón con el hecho de olvidar el agravio, sí se puede afirmar que perdonar es querer olvidar.

Por qué perdonar

Cuando perdonamos, nos liberamos de la esclavitud producida por el odio y el resentimiento para recobrar la felicidad que había quedado bloqueada por esos sentimientos. También tiene mucho sentido perdonar en función de las relaciones con los demás. Si no se perdona, el amor se enfría o puede incluso convertirse en odio; y la amistad puede perderse para siempre.

Además de estos motivos humanos para perdonar, existen razones sobrenaturales, que posibilitan perdonar ciertas situaciones extremas donde los argumentos humanos resultan insuficientes. Dios nos ha hecho libres y, por tanto, capaces de amarle u ofenderle mediante el pecado. Si optamos por ofenderle, Él nos ofrece el perdón si nos arrepentimos, pero ha establecido para ello una condición: que antes perdonemos nosotros al prójimo que nos ha agraviado. Así lo repetimos en la oración que Jesucristo nos enseñó: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Cabría preguntarse por qué Dios condiciona su perdón a que perdonemos y, aún más, nos exige que perdonemos a nuestros enemigos incondicionalmente, es decir, aunque éstos no quieran rectificar. Lógicamente Dios no pretende dificultarnos el camino y siempre quiere lo mejor para nosotros. Él desea profundamente perdonarnos, pero su perdón no puede penetrar en nosotros si no modificamos nuestras disposiciones. “Al negarse a perdonar a nuestros hermanos y hermanas, el corazón se cierra, su dureza lo hace impermeable al amor misericordioso del Padre” .

Además de esa ocasión en que enseñó el Padrenuestro, Jesús insistió muchas otras veces en la necesidad del perdón. Cuando Pedro le pregunta si debe perdonar hasta siete veces, le contesta que hasta setenta veces siete , porque el perdón no tiene límites; pidió perdonar incluso a los enemigos , a los que devuelven mal por bien . Para el cristiano, estas enseñanzas constituyen una razón poderosa a favor del perdón, pues están dictadas por el Maestro.
Pero Jesús, que es el modelo a seguir, no sólo predicó el perdón sino que lo practicó innumerables veces. En su vida encontramos abundantes hechos en los que se pone de manifiesto su facilidad para perdonar, lo cual es probablemente la nota que mejor expresa el amor que hay en su corazón. Mientras los escribas y fariseos acusan a una mujer sorprendida en adulterio, Jesús la perdona y le indica que no peque más ; cuando le llevan a un paralítico en una camilla para que lo cure, antes le perdona sus pecados ; cuando Pedro lo niega por tres veces, a pesar de la advertencia, Jesús lo mira, lo hace reaccionar y no solamente lo perdona, sino que le devuelve toda la confianza, dejándolo al frente de la Iglesia. Y el momento culminante del perdón de Jesús tiene lugar en la Cruz, cuando eleva su oración por aquellos que lo están martirizando: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” .

La consideración de que el pecado es una ofensa a Dios, que la ofensa adquiere dimensiones infinitas por ser Dios el ofendido, y que a pesar de ello Dios perdona nuestros pecados cuando ponemos lo que está de nuestra parte, nos permite percibir la desproporción que existe entre ese perdón divino y el perdón humano. Por eso, también aquellas ofensas que parecerían imperdonables, por su magnitud, por recaer sobre personas inocentes o por las consecuencias que de ellas se derivan, habrán de ser perdonadas porque “no hay límite ni medida en este perdón, esencialmente divino” . De ahí que, para perdonar radicalmente, se necesite el auxilio de Dios.
Perdonar es la manifestación más alta del amor y, en consecuencia, es lo que más transforma el corazón humano. Por eso, cada vez que perdonamos se opera en nosotros una conversión interior, una verdadera metamorfosis, al grado que San Juan Crisóstomo llega a exclamar que “nada nos asemeja tanto a Dios como estar dispuestos al perdón” , con lo que se puede concluir que perdonar es el principal remedio contra el resentimiento.

El problema de la envidia

Lo mismo que el resentimiento, la envidia “es un serio obstáculo para la felicidad” e incluye el agravante de que resulta difícil reconocerla en uno mismo: muy pocas veces escuchamos a alguien decir que es envidioso, cuando no tiene inconveniente en declararse ante los demás como ambicioso, desordenado, soberbio o destemplado. En un mundo competitivo como el nuestro, la propensión a la envidia se agudiza considerablemente. Tomás de Aquino explica que la envidia posee como característica específica el entristecerse del bien ajeno, en cuanto que se mira como un factor que disminuye la propia excelencia o felicidad . Analicemos cada una de estas nociones.

La tristeza de la envidia

La tristeza aparece como efecto inmediato y directo de la envidia. Si la alegría deriva de la posesión de un bien, la tristeza es causada por la relación con el mal. Cuando alguien pierde un ser querido, fracasa en un proyecto profesional o padece una grave enfermedad, se siente triste por esos sucesos adversos. Experimentar la tristeza en estos casos es algo natural, porque la carencia de ese bien para sí mismo, que se ve como un mal, es evidente, aunque quepa la posibilidad de sobreponerse a ella y, sin dejar de sentir el dolor que la origina, encauzarla dándole un sentido. En cambio, la envidia consiste en entristecerse del bien ajeno. Nos encontramos, pues, ante una situación distinta y un tanto sorprendente: lo que causa la tristeza no es un mal, sino un bien. Esto ya no es natural, porque lo que el bien suele provocar naturalmente es alegría. Si el resultado, en cambio, es la tristeza, no se ve cómo pueda justificarse la reacción. Más aún: lo anormal de tal respuesta ante el bien hace que resulte vergonzosa esa reacción y que instintivamente se intente ocultar. Esto explica la dificultad para que alguien se reconozca como envidioso: no es fácil justificar la tristeza ante la presencia del bien. Y entonces se intenta disimular, aunque no siempre se consiga. Los niños, que no tienen doblez, no pueden ocultarla y la suelen manifestar con toda naturalidad: todos hemos presenciado la reacción violenta del niño que arrebata a otro un juguete, o las lágrimas de la niña ante el regalo que su hermana acaba de recibir.

¿Por qué el bien del otro me produce tristeza? La respuesta no está en el bien en sí, sino en mi modo de percibirlo o de juzgarlo: es algo de lo que carezco y que, en el fondo, no acepto. La no aceptación de mi carencia me lleva a mirar ese bien ajeno con retorcimiento, que se traduce en inconformidad con quien lo posee. Si yo aceptara con paz mis limitaciones y estuviera identificado con lo que soy y tengo, el bien de los demás no me inquietaría, más aún, me alegraría. Y en este caso, al alegrarme de los méritos de los demás, estaría actuando conforme al querer de Dios . Por tanto, el origen de la envidia radica en el egocentrismo, que toma cuerpo en forma de comparación . El propio sujeto se convierte en el término de referencia de los valores que descubre en los demás y, en lugar de mirarlos objetivamente, como cualidades que los harían dignos de admiración, los contempla en función de sí mismo y de manera negativa, como algo de lo que carece. Esta desviación en el enfoque, provocada por la comparación, produce tristeza por su efecto egocéntrico —la alegría depende de nuestra capacidad de salir de nosotros mismos— y porque concentra la atención en lo negativo: la carencia personal de esos valores. Si fuéramos capaces de descubrir lo bueno que hay en los demás, sin compararnos y con una disposición generosa, abierta al bien del prójimo, no habría reacciones de envidia.

Un defecto en el modo de mirar

La envidia, como se ve, adolece de un defecto en el modo de mirar el bien de los otros. El mismo origen etimológico de la palabra hace referencia a esta manera equivocada de orientar la mirada: procede del latín invidia, que significa mirar con malos ojos, esto es, con mirada retorcida que interpreta negativamente lo positivo por excelencia: el bien. Y este mirar torcidamente el bien de los demás puede consistir también en mirarlo más de la cuenta, lo cual provoca, por añadidura, un entorpecimiento para valorar el bien propio. Séneca decía que «quien mira demasiado las cosas ajenas no goza con las propias». En cambio, quien sabe conformarse con lo que tiene o, mejor aún, agradecerlo, puede disfrutarlo sin que el bien de los otros le perturbe.

Si damos un paso más y nos preguntamos por qué el envidioso se siente afectado negativamente al descubrir el bien ajeno, la respuesta la encontramos en la última parte de lo que Tomás de Aquino afirma: porque mira ese bien como un factor que disminuye su propia excelencia o felicidad. Esto lo entiende fácilmente quien vive comparándose con los demás y de alguna manera cifra su valía personal en salir favorecido de esas comparaciones. Si yo valgo porque soy mejor que el otro, porque tengo más cosas que él o porque lo supero en uno u otro aspecto, entonces dejaré de valer en cuanto me vea superado. Cada elemento positivo que surja en el otro me disminuirá y, en consecuencia, me entristecerá.

Manifestaciones de envidia

Aunque cueste mucho reconocerse envidioso e incluso se intente disimularlo, hay algunas manifestaciones que revelan la envidia a quien es buen observador. Todas ellas pretenden reducir de alguna manera el bien ajeno, para compensar el efecto peyorativo que provoca en el que envidia. Tal vez la más evidente sea la crítica negativa, que pretende subrayar deficiencias que quitan valor al envidiado. También la difamación, que consiste en propagar hechos peyorativos que disminuyen la fama de la otra persona. De manera más sutil, el silencio o la aparente indiferencia ante los méritos de los demás pueden revelar una envidia que se intenta ocultar. O una especie de resistencia o bloqueo que impide contemplar con apertura y visión positiva lo que los demás hacen, sus logros, su valía personal, puede ser también una manifestación sutil de este problema. Otros recursos, como la burla o la ironía ante las cualidades o los buenos resultados del otro, frecuentemente llevan la intención de relativizar sus méritos y quitarles brillo, por la envidia que producen. Al envidioso le cuesta elogiar y, cuando no le queda más remedio que hacerlo por la evidencia de los hechos, se siente obligado a añadir un complemento reductivo al elogio: fulano es muy inteligente, pero no muy culto; mengano tiene mucho prestigio profesional, pero es egoísta; y así sucesivamente. O, en el mejor de los casos, dirá: hay que reconocer que es un buen arquitecto o un médico competente, si no hay más salida que aceptarlo.

La envidia suele tener también manifestaciones corporales. Como el ser humano forma una unidad, no sólo lo físico repercute en lo psíquico —como la salud en el estado de ánimo—, sino también a la inversa: las emociones pueden producir efectos fisiológicos. Y así como la vergüenza ruboriza el rostro, el sentimiento de envidia parece generar una reducción de la circulación sanguínea, que se refleja en la palidez de la cara. Por eso se habla de la pálida envidia o de la envidia lívida. Quevedo decía que «la envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come». Hay, finalmente, una versión peculiar de la envidia, que manifiesta con mucha evidencia su malicia y consiste en alegrarse con el mal ajeno, disfrutando pausadamente cada una de las desgracias que ocurren al otro.

Especial inclinación a la envidia

Aunque cualquier persona pueda sentir envidia, hay quienes poseen una especial propensión. Tomás de Aquino dice que suelen ser envidiosos los ambiciosos de honor, los pusilánimes y los viejos.

Dejando de lado a estos últimos, cuya inclinación a la envidia puede originarse en la falta de aceptación ante las limitaciones impuestas por la edad, veamos los otros dos casos. El pusilánime, de ánimo pequeño, suele padecer un sentimiento de inferioridad que le lleva a sentirse agredido por todo lo que le resulta superior y, en esa medida, se considera disminuido. Ese sentimiento suele vincularse a la inseguridad provocada por diversos factores, entre ellos: los fracasos no resueltos interiormente, la falta de resultados en el cumplimiento de las obligaciones o en las metas propuestas, algún defecto físico no asimilado, etcétera.

La solución en este punto está, por una parte, en aceptar las propias limitaciones y, por la otra, en hacerse consciente de los propios valores y capacidades, que suelen ser más de los que se admiten, para empeñarse en sacarles el máximo partido, en función del desarrollo personal y del servicio a los demás.

El ambicioso de honor también está especialmente expuesto a la envidia por su egocentrismo y su vanidad. Posee un afán desordenado por destacar en todo y no soporta que alguien lo supere. Cuando esto ocurre, siente que le usurpan un derecho que considera exclusivo, y la reacción de envidia no se hace esperar. El efecto final es la tristeza, que puede convertirse en frustración o incluso en resentimiento acompañado de una reacción violenta de venganza.

Naturaleza de la envidia

De acuerdo a la estructura y constitución de la persona humana, cabe distinguir en la envidia varias dimensiones. En primer lugar, es un sentimiento, una pasión, como lo advierte García Hoz: “En el panorama psicológico ocupa la envidia un lugar entre los sentimientos superiores (...); es una tendencia de aversión contra el que, por el mero hecho de su superioridad nos afecta desagradablemente; es fundamental esta conciencia de la propia inferioridad” . La pasión de la envidia puede traspasar el nivel racional de la persona, haciéndole perder el dominio de sí misma, y conducirle a reacciones violentas y descontroladas, como se ve en diversos pasajes de la Sagrada Escritura: por envidia, Caín mató a su hermano Abel , Esaú aborreció a Jacob , José fue vendido por sus hermanos , Saúl intentó asesinar a David , Jesús fue condenado a muerte .
La envidia es también un acto de la voluntad, dotado –por ser voluntario- de libertad y, como va en contra del orden establecido por Dios, “la envidia es un pecado capital. Manifiesta la tristeza experimentada ante el bien del prójimo y el deseo desordenado de poseerlo, aunque sea en forma indebida” . Desde el punto de vista moral, hay que diferenciar entre un acto libre de la voluntad y el mero sentimiento como tendencia emocional. Esto último, si no se consiente —si la voluntad lo rechaza y procura contrarrestar la mala inclinación — no es pecado. Finalmente, cuando los actos libres se repiten en sucesivas ocasiones, suelen dar origen a hábitos que, si son malos, se denominan vicios. Así, la envidia se convierte en vicio si el acto se reitera una y otra vez. Cuando al vicio se une la pasión, las consecuencias pueden ser imprevisibles. “La envidia es a la vez un vicio y una pasión; el primero se contrapone a la virtud y el segundo recae sobre el plano afectivo, pero como algo que embarga tanto, que tiene tanta fuerza por su contenido, que siendo algo emocional es capaz de traspasar el nivel intelectual y provocar en éste una ceguera de sus facultades” . Por tanto, la envidia no sólo va contra la felicidad del envidioso que la padece, sino en algunos casos también contra los envidiados.

La emulación es la otra cara de la envidia y, si cabe, su vertiente positiva. Emular es imitar, con competitividad sana, triunfos y ejemplos positivos observados en otras personas. Responde a un sentimiento noble y auténtico de superación. No va en contra de la felicidad. Por eso, en el lenguaje coloquial se le suele llamar envidia sana o envidia buena: lleva a la propia persona, gracias a un esfuerzo de su voluntad —estimulada por el triunfo ajeno—, a empresas humanas de altura. En el orden sobrenatural, cabe incluso hablar de santa envidia .

Soluciones a la envidia

Después de ver con tanta claridad la gravedad de la envidia —“no hay nada más implacable y cruel que la envidia” , decía Schopenhauer— y el serio obstáculo que supone para la felicidad, ¿qué medios pueden ayudar a superarla? La solución estará en todo aquello que favorezca la capacidad de «alegrarse del bien ajeno», que es precisamente lo contrario a la envidia. Las disposiciones adecuadas serían las siguientes:

1) Aceptarse a sí mismo, incluyendo defectos y cualidades, para aceptar a los demás con sus valores y sus logros.
2) No compararse egocéntricamente con los demás, ni hacer depender de ellos el juicio sobre sí; compararse, en cambio, positivamente, con la intención de superarse (emulación).
3) Cultivar el olvido propio y el servicio al prójimo, para ganar en humildad y valorar a quienes nos rodean.
4) Fomentar la magnanimidad, la grandeza de espíritu, para erradicar todo sentimiento de inferioridad.
5) Amar a los demás, de manera que su progreso, sus cualidades y sus éxitos sean vistos como un motivo de alegría propio.
6) Saberse amado por Dios, teniendo en cuenta que la persona humana es “la única criatura en la tierra a la que Dios ha amado por sí misma” .

Participación en el FORO

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?



Tutores del curso:

P.Alberto Mestre, LC
amestre@legionaries.org

Roxanna Solano
rsolano@consultores.catholic.net

Les recuerdo que los tutores del curso nos ayudan con dudas sobre los temas del curso.

Estoy a sus órdenes
Ana Cecilia Margalef
acmargalef@catholic.net




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Re: Lección 9

Notapor LicPsiAli » Lun Mar 10, 2014 6:34 pm

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?
La felicidad no se encuentra en nuestro “ensimismamiento” es importante dar ese espacio a quienes nos rodean, nos relacionamos con los demás y eso da oportunidad a reconocer nuestras diferencias, nos permite valorarnos y al abrirnos a los demás experimentamos gozo, nos interesamos y preocupamos de manera natural porque nos interesa el prójimo.

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?
Si, en la medida que solo vemos lo propio y nos dejamos llevar por nuestras necesidades sin considerar las de los demás, sobre todo los cercanos a nosotros, nos hacemos egoístas , mezquinos, esto nos hace sufrir, ser infelices y vivir deseando lo de los demás
3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?
Si es un elemento del egoísmo. Me agrada la expresión del autor de exponer la forma mexicana de "estar sentido" expresión que nos caracteriza y luego cómo desarrolla la parte del resentimiento. La frase del "veneno que yo tomo esperando le haga daño a los demás" ubica perfectamente al resentimiento en esa forma egoísta, de alimentarse a si mismo de sentimientos negativos.

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?
Si es otro elemento. Porque perdonar es “una acción, no un sentimiento” y es un regalo de Dios, que cuando estamos cerca de Él, comprendemos mejor y nos damos cuenta lo necesario que es perdonar porque nos da una tranquilidad, un gozo indescriptible. Solo el egoísta que no perdona sufre y se revuelca en su propio jugo de amargura.

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?
Si lo es, porque la envidia ciega a quien la padece, no puede verse con ese defecto porque no tiene ni idea de lo que vive al estar tan encerrado en si mismo que solo le importa el ver a los demás y compararse, y esa comparación explica el autor, nos causa tristeza” porque se añora lo que no se tiene. En lugar de sacar algo positivo: aceptar lo que no se tiene para superarse, para ser mejor, sería lo positivo. Por lo tanto el hombre de hoy, es envidioso, es prisionero de su propia debilidad.
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Re: Lección 9

Notapor aya1207 » Lun Mar 10, 2014 7:51 pm

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?

No, cuando nos centramos en nosotros mismo(egocentrismo) esto nos genera tristeza e infelicidad, nos volvemos hipersensible y vulnerable. debemos interesarnos en los demás, esto nos da apertura a conocernos y gozar de lo que la vida nos ofrece.

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?

Si, esto nos haces infelices, no somo capaces de perdonar cualquier falta del otro, nos sumerge en un mundo en el cual somos dueño de la razón, no lo merecemos todo y distorsionamos el sentido de la vida y la convivencia.

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?

Si, es parte del egoísmo y uno de los principales obstáculo para ser feliz

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?


Si el egoísmo genera resentimiento y este a su vez genera incapacidad para perdonar, ya que solo piensa en la falta que se ha cometido contra si mismo

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?

Si y con la agravante de que resulta difícil reconocerla en uno mismo.Esta resulta de la comparación con los demás, no se ve en el otro lo positivo, sino mas bien en forma negativa ; lo que resulta en difamación, burla, indiferencia etc. Se ve al otro no como el ser sino por lo que tiene y que carecemos.
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Re: Lección 9

Notapor MARIAANGELESAMIREZ » Mar Mar 11, 2014 10:49 am

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?
R=Dios nos hizo sus hijos y por ende hermanos de los demás, y cuando no dice Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente y con todas tus fuerzas, y al prójimo como a ti mismo, nos está llamando al bien común, es decir aunque muchas veces nos cueste, buscar primero el Reino de Dios, el bien de los demás y por último nuestro propio bienestar, es difícil, más no imposible buscar la felicidad de los que nos rodean pero da más satisfacción el dar que el recibir.

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?
R=Por supuesto, el egoísmo nos hace rodearnos de una capa impenetrable que no nos permite ver más allá que a nosotros mismos,por lo que nada satisfará nuestro ego, y por lo tanto eso nos provocará una gran depresión y amargura.

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?
R=Claro, el resentimiento nos hace ver siempre el "negrito en el arroz", volver atrás siempre en nuestro pasado, y sobre todo en aquellos momentos en que fuimos ofendidos o maltratados nos impiden desarrollarnos física, psíquica, psicológica y por supuesto espiritualmente, es un estancamiento que nos envuelve y no nos deja avanzar en el camino de santidad.


4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?
R=El egoísmo nos impide también abrir nuestro corazón a Dios y a los demás, es un círculo vicioso en que nos vemos envueltos, primero yo y siempre yo, mientras no me humille ante Dios ni ante mí mismo me será difícil, aceptarme con todas mis cualidades positivas y negativas y será casi casi imposible aceptar a los demás con sus errores y aciertos, aquí lo importante es ver mi pequeñez, aceptarla, amarme como soy y perdonarme a mi mismo primero, para así poder comprender a todo el que me rodea y experimentar más fácilmente el aceptar mis errores y perdonar a los demás.

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?
R=La sociedad hedonista y materialista que se nos presenta en la gran mercadotecnia que nos rodea nos induce al egocentrismo, el yo primero y todo para mi, esta situación que envuelve al hombre en un círculo vicioso que lo lleva a buscar el bien personal por encima de todo aquello que se le ponga enfrente, no importando las consecuencias de sus actos, esto genera a ala vez personas insensibles, viles e infelices por ende, ya que nunca logran la felicidad ni la estabilidad emocional ni espiritual, la envidia es el resultado de la insatisfacción personal.
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Re: Lección 9

Notapor mariaines » Mar Mar 11, 2014 11:31 am

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?
La felicidad esta en la entrega a los demás. Cuanto mas nos damos mas felices somos y asi dejamos de preocuparnos de nuestras cosas, de nuestros problemas cuando nos damos a los hermanos.

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?
Creo que sí, el individualismo, el apego a ideas, cosas, criterios no nos hace felices. En la medida en que nos vamos desponjandonos de nosotros mismos y ponemos al centro al Señor y en ÉL a los hermanos nos sentimos plenamente humanos y por ende, felices.

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?
Si el resentimiento no nos hace felices, nos hace girar sobre nosotros mismos. Solo cuando ponemos todo en las manos del Señor, perdonamos, seremos felices

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?
Si por supuesto. El perdon nos hace infelices.

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?
Si individualismo, resentimiento, egoismo, falta de perdon, envidia encierran la in-felicidad!!!
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Re: Lección 9

Notapor 19521230 » Mar Mar 11, 2014 12:15 pm

1. ¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?
Más bien según el autor está en lo segundo. El problema es que solemos verlo al revés, la felicidad quiero encontrarla en lo que me interesa, que en si no sería malo siempre y cuando fuera en servicio de los demás. Pero en definitiva la auténtica felicidad siempre estará en las acciones que se desprendan de pensar y actuar pensando en los demás, no sólo en mi.

2. ¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?
Si, definitivamente así es. El individualismo nos hace egoístas y egocéntricos, el problema que nos es muy difícil aceptarlo.

3. ¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?
Si, el resentimiento es primo hermano del egoísmo.

4. ¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?
Si, por supuesto. Quien no tiene capacidad de perdonar tiene un ego muy grande y con
el a toda la familia, Envidia, egoísmo, resentimiento, dureza de corazón, etc.

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al
hombre de hoy?
Si, efectivamente, totalmente de acuerdo. Es muy reconfortante entender que si cortamos de tajo la envidia, los otros defectos que van con ella también empiezan a caer
19521230
 
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Re: Lección 9

Notapor luisisaac » Mar Mar 11, 2014 12:44 pm

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?

La felicidad se encuentra en preocuparnos por los demás, en dejar atrás el egocentrismo. Hoy día nos miramos cada vez más hacia nosotros mismos, cuando debería ser al revés, ya que lo anterior provoca resentimientos y envidias. De esta forma cumplimos el mandato principal de Jesús "amaras al prójimo como a ti mismo".

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?

La felicidad está en darnos a los demás. En el momento en que prevalece el individualismo, distorsionamos la realidad, nos volvemos más egoístas. Si miramos mejor al prójimo con envidia sana o santa envidia, podremos mejorar nosotros y haremos mejorar a los demás, alcanzando de esta forma la felicidad.

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?

El resentimiento es uno de los dos elementos que componen el egocentrismo o egoísmo. Sería la no capacidad de perdonar, lo que nos haría sufrir y hacernos infelices. Con el perdón que predicó Jesús nos liberamos de nuestros resentimientos y nos abrimos hacia los demás.

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?

Al hilo de la anterior respuesta, la incapacidad de dar perdón es lo que nos hace sufrir. Perdonar nace desde la voluntad, desde la capacidad de la persona de saber que es beneficioso para ella misma y para los demás. No es un sentimiento es una capacidad que nace desde el no egocentrismo. Hay que practicar mas la misericordia y aceptar más la limitaciones que tiene uno mismo.


5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?

La envidia es otro de los elementos que forman el egocentrismo. Nos comparamos con los demás y desde esta óptica es difícil encontrar la felicidad. Encontramos la felicidad en ser mejores que otros, en tener más que otros. Nos tenemos que autoaceptar como somos con nuestros defectos, limitaciones y habilidades. Solo de esta forma avanzaríamos en desarrollarnos como personas.

P.D. Es una de las lecciones más prácticas y que más me ha gustado hasta ahora, pues ciertamente no reflexionamos mucho sobre el tema de la envidia y el resentimiento, los cuales son dos vértices de l egocentrismo que hoy día nos invade.
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Re: Lección 9

Notapor DORIS COMBA » Mar Mar 11, 2014 3:32 pm

PRIMERA PREGUNTA
lA FELICIDAD SE ENCUENTRA DANDO ESPACIO A LOS DEMAS,INTERESANDONOS ,PREOCUPANDONOS POR LOS DEMAS CUANDO COMPARTO CON OTROS,AYUDO,FACILITO,YO SIENTO ALIVIO, GOZO Y ESO FORMA PARTE DE LA FELICIDAD.
SEGUNDA PREGUNTA
SI, TODO ESO ES MATERIAL,QUEREMOS SER,QUEREMOS TENER, QUE NADIE SEA MEJOR QUE YO Y TODO ESO ME HACE SUFRIR PORQUE NO LO PUEDO LOGRAR Y ME HACE SENTIR MÁS INFERIOR QUE LOS DEMAS
TERCER PREGUNTA
SI, EL RESENTIMIENTO ES UN ELEMENTO DEL EGOISMO QUE NOS DAÑA Y NOS CORROE EL ALMA Y NO NOS DEJA SER FELICES
CUARTA PREGUNTA
CLARO QUE SI, COMO PUEDO SER FELIZ SI NO AMO, SI SIEMPRE ESTOY RECORDANDO LO QUE ME HAN HECHO Y HECHANDOLO LEÑA AL FUEGO PARA MANTENER PRENDIDA LA HOGUERA QUE ME QUEMA Y ME ATORMENTA
QUINTA PREGUNTA
SI LA ENVIDIA ES UN CARMA QUE ES MUY DIFICIL DE SACAR DE NUESTRO CORAZÓN SOLO CON ORACIÓN Y CLAMANMDOLE AL ESPIRITU SANTO CON FRECUENCIA SE LOGRA AUYENTAR ESTE TERRIBLE MAL QUE NOS AQUEJA Y NO NOS DEJA EN PAZ
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Re: Lección 9

Notapor Gabyblue » Mar Mar 11, 2014 8:01 pm

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás? Más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos y preocupándonos. Es verdad que las etapas más felices de mi vida son cuando tuve un propósito a lograr dirigido al bien de un grupo, no tanto al personal.

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices? Sí el autor dice que el egocentrismo es lo que hace al hombre infeliz, el centrarse tanto en sí mismo impide recibir el amor de los demás.

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo? Desde luego, aunque a veces uno mismo no puede percibirlo o identificarlo porque está guardado. Hoy en día se dá mucho esta situación: decir a mí no me va a decir nada, etc… y eso genera resentimientos.

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo? Realmente, porque al paso del tiempo se puede ir viendo cómo el hermano que ofendió lo ha hecho sin darse cuenta o por traumas de la vida, sin ni siquiera desear ofender al otro. Pero sí está el factor egoísmo en juego.

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy? La envidia es la amargura por no poseer lo que tienen las demás personas y es la llave para no disfrutar lo que yo tengo.
EXCELENTE TEMA Y SÚPER PRÁCTICO. GRACIAS :D
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Re: Lección 9

Notapor monsalazarp » Mar Mar 11, 2014 8:39 pm

Lección 9. Resentimiento y envidia, obstáculos para la felicidad

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?
Tiene que haber un equilibrio. Es importante recordar que cada uno es un templo donde el Señor habita, por lo tanto es necesario prestar atención a nuestras necesidades básicas para tener bienestar así como a nuestras necesidades espirituales. Sin embargo, todo esto resulta incompleto sino prestamos atención también a las necesidades del prójimo, hay que recordar que Jesús nos dijo “Quiere a tu prójimo como a ti mismo”, entonces si uno se quiere a sí mismo, pero no un amor desmedido, sino basado en el conocimiento y aceptación de nuestras virtudes y debilidades, y este amor es irradiado a los demás, con muestras de respeto y consideración genuinos estaremos dando pasos firmes hacia el encuentro con nuestra felicidad.

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?
Sí, aunque no es la única fuente de sufrimiento. Todo lo que se menciona en la pregunta contribuye a tener una visión distorsionada de la realidad, que nos lleva a tener percepciones erradas y por tanto respuestas erradas y exageradas a lo que nos rodea. Sin embargo conviene mencionar que actitudes como la negación, la resistencia, la necedad y la aferración también pueden llevar al sufrimiento profundo. También creo que para alcanzar la felicidad hay que sacar provecho de todas estas cosas que se mencionan, es importante conocer y destacar todas nuestras virtudes individuales, así como trabajar los defectos como un camino constante de perfeccionamiento y ser fiel a nuestras ideas y creencias para no traicionarnos a nosotros mismos, sin embargo se debe tener humildad para aceptar los errores para corregirlos y seguir adelante.

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?
Sí, es una manifestación de él. El resentimiento es una respuesta distorsionada a un agravio, que nos lleva a actuar de manera desmedida y pensar y efectuar cosas como la venganza y la revancha. Es un veneno que carcome a quien lo padece y hace que se tenga una percepción incorrecta del agravio y de la persona que lo cometió.

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?
Cuando no perdonamos no permitimos que se cierre la herida, al contrario la carencia del perdón y el resentimiento alimentan el dolor producido por el agravio, lo que distorsiona la verdadera naturaleza de la ofensa. La incapacidad de perdonar endurece el corazón e impide que el amor de Dios actúe en nuestro corazón. Perdonar abre el camino a la felicidad.

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?
Sí. Siempre anhelamos lo que el otro tiene, de hecho en esto se basa la publicidad de hoy en día, en tener lo que tienen los ricos y famosos. La envidia es otra percepción errada de un bien que no nos pertenece, que se manifiesta por incapacidad, por rabia, por menosprecio de sí mismo, por la no aceptación, por comparaciones injustas, como una forma de egoísmo. Esto ocurre porque no conocemos bien nuestras capacidades y virtudes ni nos damos a la tarea de reconocer y valorar en el otro sus cualidades.
Por Monica Liliana Salazar Pelaez
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Re: Lección 9

Notapor Lucia Garza » Mar Mar 11, 2014 8:58 pm

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?
La felicidad se encuentra al estar pensando en los demas desinteresadamente con el fin de hacer un bien. Podriamos preocuparnos por nosotros mismos pero con el fin de mejorar para servir mejor a los demas.
"Es un hecho de experiencia que el egocentrismo genera tristeza, infelicidad. No es difícil comprobarlo; basta con ponerse a pensar en sí mismo, con enfoque egoísta, para sentir el decaimiento interior. Quien vive excesivamente pendiente de sí, concentrado en su propio yo, suele perder la visión objetiva de las cosas y se vuelve hipersensible y vulnerable. Todo le afecta mucho más, sufre desproporcionadamente y se incapacita para gozar de lo bueno que la vida le ofrece."Francisco Ugarte Corcuera
Al buscar insaciablemente todo lo que nos interesa dejamos de estar felices ya que no nos quedariamos satifechos, es como los placeres que son momentaneos, y no causan felicidad.

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?
Claro que el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos
nos hace infelices y nos trae tristezas. Necesitamos entregarnos mas a los demas para que el "yo" quede atras y se nos haga mas facil el darnos a los demas y de esta manera ser mas felices. Necesitamos de esa busqueda continua hacia el bien comun y bien hacia el projimo, para estar mas felices y perdonar mas facil.


3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?
"El resentimiento es un efecto reactivo ante la agresión, de tono negativo. Consiste en la respuesta ante la ofensa." Francisco Ugarte Corcuera
Y debido a que esa ofensa es hacia uno mismo, se hace como un ciculo vicioso ya que el egoismo se alimenta a si solo buscando solo la venganza o el devolver la ofensa a quien la origino.
"Esta alternativa se presenta ante cada agresión: o nos concentramos en quien nos ofendió (y entonces seguirá actuando el veneno) o lo eliminamos mediante una respuesta adecuada, sin permitir que permanezca en nuestro interior." Francisco Ugarte Corcuera
Si buscamos el pensar mas en los demas y los intereses de los demas (contrario del egoismo) mas facil sera el perdonar y mas pronto estaremos en paz.

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?
Si tambien la incapacidad del egoismo es otro elemento ya que "
"El perdón es un acto de la voluntad porque consiste en una decisión. Al perdonar opto por cancelar la deuda moral que el otro ha contraído conmigo al ofenderme y, por tanto, lo libero en cuanto deudor." Francisco Ugarte Corcuera
Pero el egoista no piensa en dejar libre al que ofendio porque solo piensa en el mismo y en la ofensa que se le hizo y
se vuelve ese veneno enfemizo del que entre mas tiempo se tarde en perdonar, mas se pudre por dentro como lo que pasa con el egoista que se queda solo y vacio sin disfrutar del las riquezas y sabiduria que las demas personas le pueden ofrecer y que el puede adquirir al darse a los demas.

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?
"... la envidia consiste en entristecerse del bien ajeno. Nos encontramos, pues, ante una situación distinta y un tanto sorprendente: lo que causa la tristeza no es un mal, sino un bien. Esto ya no es natural, porque lo que el bien suele provocar naturalmente es alegría. "Francisco Ugarte Corcuera
Si, lo enjaula y no lo deja ser debido a que nadamas busca lo que el otro tiene para el tambien aquirirlo y muchas veces sin importar la manera en el que lo puede adquirir. Ademas de que muchas veces la envidia nos hace adquirir o buscar cosas que ni siquiera necesitamos. Nos hace perder el enfoque de hacia donde vamos. En esta sociedad ahora se busca mucho el materialismo, el tener en lugar del ser. Hay mucha competencia por el poder, por el tener, olvidandonos para que venimos a la tierra, que es para el Amar y ser Amados.
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Re: Lección 9

Notapor sky » Mié Mar 12, 2014 12:06 am

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás? No, hay que olvidarse de uno mismo.

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices? Si, el egoísmo nos hace centrarnos en nosotros mismo y generando infelicidad y tristeza, ya que se pierde la visión objetiva y se concentra solo en uno mismo

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo? Es uno de los obstáculos vs la felicidad.

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo? Asi es por que nos mantiene presos, ya que no solo nos roba la paz sino la felicidad también.

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy? Asi es por que la envídia es causada por algo que carezco, que veo en el otro y nos causa tristeza, por ello aceptar con paz lo que carezco y mis limitaciones hara que el bien de los demás no me inquiete, por el contrario me causaría alegría.
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Re: Lección 9

Notapor Merce Madrigal » Mié Mar 12, 2014 9:42 am


1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?

Cuanto mayor sea el don de sí mismo, mayor será la felicidad; por tanto, no se encuentra en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa-preocupa-inquieta.

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?
Sí, lo es. Las personas egocéntricas se tornan muy vulnerables.

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?
sí, el resentimiento amarga la vida. Es un veneno interior

4.¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?
sí, nos incapacita para perdonar. Perdonar no equivale a dejar de sentir. el perdón se sitúa en un nivel distinto al del resentimiento, esto es, en el nivel de la voluntad, se descubrirá el camino que apunta a la solución. El perdón es un acto de la voluntad porque consiste en una decisión

5.¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy? Si, la envidia "es un serio obstáculo para la felicidad". El efecto inmediato es la tristeza. Le lleva a compararse, a no alegrarse con el bien ajeno, a silenciar las bondades de los demás o a quitarles su brillo original.
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Re: Lección 9

Notapor lindoro50 » Mié Mar 12, 2014 12:42 pm

1. ¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros?, ¿O más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?

No, más bien hay que dar espacio a los demás. Debemos restablecer los valores humanos, reconociendo que necesitamos al otro cerca, que necesitamos vivir en comunidad, que los unos necesitamos de los otros porque solos no podemos, que necesitamos pensar en vivir sin la sola necesidad de tener.

2. ¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?

Básicamente sí. El egoísmo no construye, destruye. Los hombres debemos luchar por ser solidarios y no egoístas porque el egoísmo atrasa, le hace a uno ver la realidad no como es, sino como quiere que sea. La solidaridad hace que los hombres se sientan hermanos, que si uno la pasa bien y vive en buenas condiciones luche para que el otro también lo esté, que la alegría de mi hermano sea mi alegría y su dolor mi dolor.

3. ¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?

Sí. El origen del mismo suele estar en el egocentrismo, y su tendencia a girar en torno a sí mismo, a convertir el propio yo en el centro de los pensamientos y en el punto de referencia de todas las acciones. Esto provoca vulnerabilidad por vivir concentrado en su propia subjetividad y reduce su universo a sí mismo. Hay que olvidarse de sí, y entregarse a Dios y a los demás, ser dichoso ahora, con una felicidad que es preparación y anticipo del cielo. El olvido propio es, también, el mejor antídoto contra el resentimiento, porque reduce considerablemente la resonancia subjetiva de los agravios y evita retenerlos.

4. ¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?

Indudablemente, recordemos que perdonar es el principal remedio contra el resentimiento. Perdonar es la manifestación más alta del amor y, en consecuencia, es lo que más transforma el corazón humano. Por eso, cada vez que perdonamos se opera en nosotros una conversión interior, una verdadera metamorfosis. Cuando perdonamos, nos liberamos de la esclavitud producida por el odio y el resentimiento para recobrar la felicidad que había quedado bloqueada por esos sentimientos. También tiene mucho sentido perdonar en función de las relaciones con los demás. Si no se perdona, el amor se enfría o puede incluso convertirse en odio; y la amistad puede perderse para siempre.

5. ¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?

Sí, la envidia contribuye notablemente a generar una gran infelicidad en la persona que padece las consecuencias de instalarse en este sentimiento con demasiada frecuencia e intensidad. Vivir en una cultura como la nuestra, fundamentalmente competitiva e individualista, no ayuda mucho a generar ambientes donde la envidia no sea necesaria. A nuestro alrededor hay demasiada presión por ser exitoso, y todo lo que no sea alcanzar un determinado estándar, se considera un fracaso. Así que con tanta presión por ganar, por alcanzar el éxito, por tener el mejor vehículo, el mejor sueldo, el trabajo más reconocido, no es de extrañar que envidiemos “cosas”. Y como hemos dicho, la envidia puede convertirse en un obstáculo para nuestro bienestar y felicidad.
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Re: Lección 9

Notapor Estefamaga » Mié Mar 12, 2014 3:43 pm

LECCIÓN 9:

1. ¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? O más bien, ¿hay que dar espacio a los demás, interesarnos, preocuparnos por los demás?
El egocentrismo, la excesiva preocupación de uno mismo, no nos trae felicidad; por lo que es importante la apertura hacia los otros y en interconexión con los demás hallarle sentido a nuestra vida.

2. ¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos, lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?
Sí, realmente, a cualquier persona le resulta difícil deshacerse de su forma de pensar o ver las cosas; todos están embebidos en sí mismos, imposibilitados de dar paso al otro, aunque tenga la razón. Somos como una raqueta de tenis, que está lista para accionar al mínimo rose de la pelota, sólo que algunos prefieren reaccionar de inmediato, otros se guardan las iras, da igual, ambos, sufren en su interior y no hallan paz.

3. ¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?
Sí, porque como lo menciona el texto, el resentimiento es como un veneno que al intentar hacer daño al otro no consigue más que hacer daño al mismo que lo produce.

4. ¿No será también la incapacidad de perdonar otro elemento de este egoísmo?
Sí, porque nos aferramos a la herida, a la ofensa y a la venganza; permanecemos en ese pedestal de odio y de orgullo que nos impide perdonar y nos hace ver al otro como un ser despreciable.

5. ¿Es la envidia una consecuencia patente de este egoísmo que encierra y aprisiona al hombre de hoy?
Sí, y es además otra consecuencia del egocentrismo del ser humano. Yo quiero ser el único que brilla, el único que triunfa, el único que se supera…y cuando, el otro intenta alcanzarme, empiezan los problemas: críticas negativas, falsos elogios, indiferencia, burlas, etc., con el fin de apagar el brillo del otro; pues sentirse inferior, sentir que el otro me está robando lo que solo a mí me pertenece, me causa furor hasta tal punto que llevado por este sentimiento y esta pasión puedo cometer cualquier delito para recuperar el lugar que me pertenece. No somos capaces de admirar al otro, de ver con alegría el éxito del otro y de amar al otro, entristeciéndome con su fracaso y sintiéndome feliz con su triunfo.
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Re: Lección 9

Notapor mariateresita » Mié Mar 12, 2014 5:35 pm

1) La felicidad no se encuentra en lo que nos inquieta, pues el egocentrico se vuelve hipersensible y vulnerable al resentimiento y la envidia.

2) Max Sheler nos presenta el resentimiento como una auto-intoxicacion psiquica, en donde el estimulo se toma muy en serio, por eso el egoismo que es en enfoque negativo de todo lo que nos sucede, si es elemento que nos haga sufrir...en cuanto menos generoso es la persona..mas sufre.

3) El resentimiento si es un elemento asi del egoismo en donde como la palabra en latin lo dice se vuelve a sentir la ofensa.

4) La oncapacidad de perdonar es un elemento del egoismo claramente, pues nos induce a no olvidar...el olovido propio seria la medicina contra el resentimiento.
Perdonar segun "Leonardo Polo" es pedor a Dios que perdone para aniquilar la ofensa.

5) Segun Tomas de Aquino la envidia es consecuencia del egoismo, pues es la accion de entristecerse con el bien ajeno.....en tanto que la medicina para esto seria ver con buenos ojos el bien ajeno, amarnos, y amar a los otros como a mi mismo..sin esto..no hay medicina.
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Re: Lección 9

Notapor mariateresita » Mié Mar 12, 2014 5:35 pm

1) La felicidad no se encuentra en lo que nos inquieta, pues el egocentrico se vuelve hipersensible y vulnerable al resentimiento y la envidia.

2) Max Sheler nos presenta el resentimiento como una auto-intoxicacion psiquica, en donde el estimulo se toma muy en serio, por eso el egoismo que es en enfoque negativo de todo lo que nos sucede, si es elemento que nos haga sufrir...en cuanto menos generoso es la persona..mas sufre.

3) El resentimiento si es un elemento asi del egoismo en donde como la palabra en latin lo dice se vuelve a sentir la ofensa.

4) La oncapacidad de perdonar es un elemento del egoismo claramente, pues nos induce a no olvidar...el olovido propio seria la medicina contra el resentimiento.
Perdonar segun "Leonardo Polo" es pedor a Dios que perdone para aniquilar la ofensa.

5) Segun Tomas de Aquino la envidia es consecuencia del egoismo, pues es la accion de entristecerse con el bien ajeno.....en tanto que la medicina para esto seria ver con buenos ojos el bien ajeno, amarnos, y amar a los otros como a mi mismo..sin esto..no hay medicina.
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Re: Lección 9

Notapor Gustavo Vignolo » Mié Mar 12, 2014 6:44 pm

1.¿Se encuentra la felicidad en la búsqueda insaciable de todo lo que nos interesa, preocupa, inquieta a nosotros? ¿o más bien hay que dar espacio a los demás, interesándonos, preocupándonos por los demás?

No, todo lo contrario Aqui va una corta pero efectiva aseveración del Presidente del Uruguay José Mujica "Pobre es el que necesita mucho, por eso yo soy austero" “Una de las cosas que entristece más al hombre es la egolatría, origen muchas veces de sufrimientos inútiles, producidos por una excesiva preocupación por lo personal, exagerando en demasía su importancia” .
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Re: Lección 9

Notapor Gustavo Vignolo » Mié Mar 12, 2014 6:53 pm

2.¿No es el individualismo, el egoísmo, el excesivo apego a las propias cosas, ideas, criterios, métodos y pensamientos lo que nos hace sufrir tanto y por lo cual nos hace infelices?

La persona humana tiene una fuerte inclinación a girar en torno a sí, a convertir el yo en el centro de sus pensamientos y en el punto de referencia de sus acciones. A esta inclinación se le llama egocentrismo y es la antítesis, el polo opuesto, del olvido propio, de ese vivir hacia fuera de uno mismo, hacia los demás. Es un hecho de experiencia que el egocentrismo genera tristeza, infelicidad. No es difícil comprobarlo; basta con ponerse a pensar en sí mismo, con enfoque egoísta, para sentir el decaimiento interior. Quien vive excesivamente pendiente de sí, concentrado en su propio yo, suele perder la visión objetiva de las cosas y se vuelve hipersensible y vulnerable. Todo le afecta mucho más, sufre desproporcionadamente y se incapacita para gozar de lo bueno que la vida le ofrece.
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Re: Lección 9

Notapor Gustavo Vignolo » Mié Mar 12, 2014 7:03 pm

3.¿Sería el resentimiento un elemento de este egoísmo?

Si asi es, en efecto, como dice el autor Francisco Corcuera " Dejando de lado a estos últimos, cuya inclinación a la envidia puede originarse en la falta de aceptación ante las limitaciones impuestas por la edad, veamos los otros dos casos. El pusilánime, de ánimo pequeño, suele padecer un sentimiento de inferioridad que le lleva a sentirse agredido por todo lo que le resulta superior y, en esa medida, se considera disminuido. Ese sentimiento suele vincularse a la inseguridad provocada por diversos factores, entre ellos: los fracasos no resueltos interiormente, la falta de resultados en el cumplimiento de las obligaciones o en las metas propuestas, algún defecto físico no asimilado, etcétera. Ademas, respecto a este tema el autor sigue refiriendose

cuando el sentimiento de susceptibilidad que se guarda incluye el afán de reivindicación, de venganza, se trata entonces propiamente de un resentimiento, en el sentido completo del término. El resentido no sólo siente la ofensa que le infligieron, sino que la conserva unida a un sentimiento de rencor, de hostilidad hacia las personas causantes del daño, que le impulsa a la revancha.
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